Mientras sus ojos derramaban lágrimas de fuego y en su pecho sentía el rebatir de mil olas, la gran deidad del viento observó cómo oscuros seres le rodeaban, atendían a su llamado, dispuestos a crear un teatro con él. El primero en materializarse fue Trip, segundo yokai al mando después de Virus. Aunque, se dice, son un mismo ser dividido. Koujaku no sabía mucho al respecto, como deidad jamás le interesó saber acerca de esas criaturas inútiles y profanas que con tanto empeño se metían con la perfecta creación del universo.

—¿Oh? ¿Qué aqueja a la gran deidad el viento? —se burló Trip, mientras sus grandes alas de cuervo se desvanecían lentamente. Koujaku, apretando los dientes, musitó agriamente:

—Acepto el trato, quiero que desaparezcan a ese humano por siempre, que Noiz no sea capaz de encontrarle jamás, ¿Qué desean a cambio de eso?

El demonio tomó asiento y meditó un momento, sus ojos azules brillaron con un resplandor rojizo que mostraba tenebrosamente su verdadera naturaleza. Hubo un silencio espectral, Koujaku aguardó casi impaciente, el frio de la oscuridad estaba atormentando su ser, pero el fuego de la ira avivaba su necedad.

—Este es el trato, te daremos cuanto desees, a cambio de una memoria, solo una.

—¿Cuál? —inquirió Koujaku.

—No lo sabemos, la cobraremos en su momento —espetó casi indiferente, como si de un juego absurdo se tratase.

La deidad del viento, cuyo corazón lloraba tristemente, cedió ante los impulsos del dolor y la rabia olvidando aquello que era correcto, ¡celos inverosímiles! Sin pensarlo un solo instante o meditarlo, o si quiera ver tras la máscara de maravilla que lucía con grandeza el yokai, aceptó.

—Cuando el sol se oculte mañana, tu deseo será realidad, cuando el tiempo llegue vendremos por lo que nos corresponde —anunció el demonio. Y sin más batió sus grandes alas de cuervo y se alejó rápidamente.

La deidad del viento se estremeció, su piel clamó el sentimiento de mal augurio, ¿estaría bien? No, de ninguna forma podía estar bien, él, la gran deidad había hecho un contrato con un demonio del bajo mundo y eso no podía ser bueno. Sin embargo, si con ello podía liberar a Noiz, y podía todo volver a su resplandor original… entonces el precio, fuese cual fuese, sería poco.

Mientras los cielos anunciaban el amanecer, el dios del mar bajó a la tierra en su forma humana, tenía ganas de hablar con el hijo de la tierra cuyo corazón amaba. Mientras se habría paso con suavidad buscó el barco en medio del mar que pertenecía a Clear. Sin inmutarse caminó sobre las aguas que no le permitieron hundirse, llegó a su destino y abordó.

Clear, que se había quedado dormido en la cubierta, sintió un ligero vaivén, sin embargo no se despertó, deseaba seguir soñando, pues en sus sueños podía ver una y otra vez a la deidad del mar, cuyo precioso nombre había entregado, a él y nadie más. Noiz, al verle, sonrió ligeramente, sus ojos brillaron con dulzura. Se acercó al humano que tan apaciblemente dormía, le tomó delicadamente en brazos y le cubrió son sus mantos, tomó asiento y ahí, en silencio, el arrulló con su voz mientras el mar les conducía por caminos dulces, las aguas eran claras y el astro sol salía anunciando a la vida que era momento de renacer.

Noiz, estaba listo para decirle a Clear, con palabras, lo que él era, deseaba decirle todo, para que, cuando Noiz bajase a la tierra ambos se encontraran y supieran del otro. La deidad del mar, acarició los blancos y puros mechones del hermoso cabello de su ser amado, ¿no era un dios en verdad? Aun no podía sacarlo de su raciocinio, esa criatura había conseguido lo que ningún otro ser logró durante largos milenios. La guerra comenzó a tener un gusto agrio y la empatía acarició su corazón por primera vez, ahora el humano, el hijo de la tierra era hermoso a sus ojos, no solo una triste existencia inferior. Era mucho más que eso.

—Te amo —le susurró tan suave como la brisa matutina que ahora acariciaba sus cabellos alvinos.

Los ocelos de Clear se abrieron lentamente, descubriendo con el amanecer unos ojos verdes resplandecientes en afecto, conocía ese rostro, tan hermoso como las flores silvestres de los días cálidos en verano. Sus labios esbozaron una sonrisa, una pintada de ternura, ¿Qué hacía él ahí? No importaba ya, en su corazón no hubo miedo ni reflejo de temor, su ser todo bien y el contrario de exaltarse simplemente permaneció ahí, observando esos ojos felinos cuyos tonos hade le encantaban magníficamente. ¿Qué era ese sentimiento tan confortable en su pecho? ¿Por qué sentía ternura en su corazón? La razón estaba muda y el corazón cantaba serenos sus deseos.

—¿Eres tú, quien creo eres? —pregunta Clear, al cabo de unos minutos de silencio.

—Sí, ¿puedes reconocerme?

—Mis ojos no —admitió Clear, suspirando—, sin embargo, mi corazón me habla tan claramente que me es imposible denegar lo que canta.

Aunque lo más mágico había sucedido ya, Noiz tenía el temor de que su amado humano creyera que todo había sido un sueño, pero, ahora no tenía duda alguna, Clear recordaba todo y seguramente mantendría su palabra. Como fuera, las palabras del alvino conmovieron nuevamente el corazón de la deidad, ¿Cómo era posible enamorarse más de lo que ya estaba? Noiz estaba radiante en euforia, sus ojos, libres, podían apreciar la verdadera belleza humana, su alma embelesada ardía en deseos repletos de ternura.

—Una vez más, Clear, has respondido bien —anunció, mientras besaba su mejilla.

—Entonces ¿no fue un sueño? —preguntó Clear, con la inocencia de un niño.

—No, mi corazón te pertenece, no ha sido un sueño.

—Mi corazón le pertenece al mar, en pocas palabras, es solo tuyo —respondió Clear.

Aunque Clear estaba tomándolo maravillosamente, aun le costaba entender que todo era real, sin embargo, su fe y su devoción le permitían ver y entender como algo tangible y real aquello que otros jamás lograban entender o ver hasta la hora de sus muertes. El corazón de Clear soltó un largo suspiro, ¿Cómo iba saber que al entregar su corazón al mar pasaría todo esto? Y no había pisca de codicia o interés en él, sus intenciones eran tan puras como sus sentimientos mismos.

Noiz no dijo más, selló sus labios, ¿Qué palabra podría expresar lo inexpresable? Las acciones lo eran todo en este arte tan sutil, aun si él creaba y controlaba los mares y océanos, ¿Por qué era tan nuevo y complicado el expresar afecto? Noiz ahora comprendía un poco a Mink, deidad de la tierra, que con tanta paciencia y esmero fue aprendiendo a expresar su amor por los humanos, a dar lo que el corazón deseaba conforme a la divina e irrevocable balanza de la justicia. Era muy difícil para Noiz el expresar amor, aun si podía sentirlo en su pello tan vivo como mil llamaradas, eso no afectaba al hecho de la dificultad que conllevaba el exteriorizarlo. Las acciones se convirtieron en respuesta y el tacto en amor. Por ello, tomó los labios de Clear tan suave y dulcemente como le era posible, cual dulce néctar de flor acarició lentamente los labios ajenos, cual pétalos frágiles y carnosos, le besó con amor, intentado probar así que ahora su corazón le pertenecía enteramente a ese humano.

Su amor… era cósmico.

Clear y Noiz pasaron todo el rato juntos, se besaron, bailaron, cantaron, se abrazaron y tocaron sus manos, intercambiaron besos una y otra vez, jamás se había visto en toda la galaxia un amor tan grade, los otros dioses miraban encantados al dios del mar, en especial Mink, estaba orgulloso al ver que el horrible y temible dios del mar, amante de la guerra, ahora… estaba por completo enamorado por una criatura simple, humana, un hijo de la tierra. Aquel fue un día de alegría y fiesta, los mares cantaron alegres y el tiempo fue maravilloso.

Cuando llegó la hora de despedirse, Noiz bajó el barco, ambos estaban ya en el muelle. Antes de irse Noiz tomó la mano de su amado y la besó, ambos se besaron una vez más y se despidieron.

—¿Te veré mañana? —preguntó el albino.

—Sí, y en tus sueños me veras, estoy contigo en todo momento —respondió la deidad del mar, sonriendo, con ojos melosos en dulzura.

—Lo sé, mi corazón es tuyo y el tuyo es mío —agregó Clear, luego de un último beso… si tan solo Clear hubiera sabido… que ese sería el último de todos.

—Ah~ que ternura, ¿no te parece dulce, Trip? —preguntó el yokai mayor, a su compañero, mientras observaban la romántica escena desde la lejanía. Trip le dedicó una media sonrisa a su mayor, ambos estaban burlándose, o… quizá les parecía demasiado gracioso, demasiado irónico.

—¿Crees que note ese humano la diferencia?

—No estoy seguro, pero, no importa, después de todo… podemos hacerlo por las buenas o por las malas, y luego cobraremos nuestro premio como se debe —respondió Virus, el demonio negro sonrió con malicia, en sus ojos podía verse la perversidad de mil criaturas negras del abismo, la sed de dolor y maldad no tenía fin en aquellos ocelos de perdición. Trip solo le observó en silencio, incluso a veces él mismo sentía cierto temor cuando observaba esa extraña mirada en Virus, no había duda, él era un yokai superior.

—Fue sencillo engañarle —agregó Trip, pensando en Koujaku.

—Siempre es sencillo, en especial cuando los corazones están manchados por lo celos, ¿no son maravillosos los celos? Son lo único que puede transformar el amor en algo podrido, los celos son la única fuerza del mundo capaz de deformar el cariño —Virus soltó una suave risa, se mofaba gustoso, ¿Cuántas personas habían caído a causa de sus propias ambiciones? Algunos creyendo que lo que hacían sería perdonado y justificado a causa de amor, cuando en realidad eran envidia y celos pútridos ocultos en los confines de sus egos.

—Entonces, solo queda esperar a la noche.

—Sí, solo entonces saldremos a escena.

—¿Quién eres? —preguntó Clear, su mirada mostraba temor.

—¿No me reconoces? ¿No soy yo tu amado Noiz?

Frente a Clear estaba parado Noiz, o por lo menos el cuerpo humano de Noiz, no era él, fuera lo que fueres que estaba parado frente a él no era su amada deidad del mar, puesto que su verdadero amor era dulzura, hacía cantar a su corazón e irradiaba vida… en cambio, la criatura frente a suyo, estaba hueca, no tenía corazón, era tiniebla pura, era solo un triste disfraz.

—Supuse te darías cuenta —dijo él—. Parece que en verdad han sellado el contrato.

—¿Qué contrato? ¿De qué me estás hablando? —Clear retrocedió confuso, la criatura dio un paso al frente.

—Cuando un dios y un humano intercambian corazones, sellan un contrato, es algo… digamos que no se puede colocar en papel y es muy difícil de romper, sin embargo, creo que me las arreglaré.

Tinieblas cubrieron al sujeto, hasta consumirle por completo, cuando las oscuras fuerzas se dispersaron dejaron a un joven rubio de ojos azules, estaba exquisitamente vestido, parecía un demonio perfecto, muy hermoso en realidad, con ropajes negros de alta excelencia. Lo primero que el hijo de la tierra pensó al verle era que él sin duda no era más que un yokai, pero ¿Qué quería un yokai con él? ¿Había hecho algo malo? Clear tembló, una corriente de gélida incertidumbre azotó su cuerpo.

—No es nada personal —prosiguió él—, incluso te haré un favor.

—¿Qué quieres hacerme?

—Haré que las profecías se cumplan, serás un dios, pasará todo lo que deba pasar… pero, a causa de cierto trato que han hecho conmigo cambiaré las cosas un poco, no te preocupes, no dolerá tanto como crees —dio un paso al frente, su dedo índice se deslizó por la mejilla trazando el camino hasta su cuello, en aquel momento, Clear supo… que nada podría ir bien, pues en ese tacto, sintió la muerte misma.

Virus chasqueó los dedos, un cuervo gigante aterrizó en el barco de Clear, que, asustado, cayó al suelo por reflejo, en sus inocentes ocelos se reflejó todo su temor. El cuervo tomó forma humana también, sus alas fueron lo único que no desapareció. El joven de las alas de cuervo se aproximó al hijo de la tierra, le sujetó con fuerza y apenas tocó sus labios con el dedo estos parecieron sellarse en contra de la voluntad de su dueño, trató de gritar pero no pudo. Virus les observó en silencio.

—Cuando destruyas el sello de protección en él tráelo ante mí, yo iré preparando el resto. No dejes ni el más mínimo gramo de pureza en él, destruye… el corazón de la deidad del mar que habita en él —con gracia y fría elegancia, luego de una tranquila sonrisa, el yokai mayor se dio la vuelta y desapareció del lugar, tenía que encargarse de que el dios del mar no pudiera interferir en lo absoluto, aunque, Koujaku ya debía tenerle bien entretenido.

Trip observó a su víctima, se relamió los labios y le observó cual bestia furiosa, después se encerró con él en el pequeño camarote… y le profanó hasta destrozarle.

—¿Te sientes bien, Noiz? —preguntó Koujaku, mientras sostenía a la deidad del mar.

—No, creo que… bebí demasiado.

—Te dije que no debías, pero, al menos hemos festejado en nuestro hogar tu relación con el futuro dios de la luz.

—Pensé… que no estaba de acuerdo.

—Creo, que si le amas entonces no hay problema….

La deidad del viento le dio un licor especial a Noiz, este licor tan fuerte era capaz de mantenerle atontado y manso, necesitaba tenerle bien distraído y tranquilo, para que así todo sucediera con calma. Koujaku mentía con todos sus dientes, y sin embargo, como todo era en nombre del amor, como todo era para proteger a su adorado amigo, compañero de guerras y danzas, creador de destrucción… entonces todo era justificable.

Esa noche, con Noiz completamente fuera de sí, ambos hicieron el amor. O… eso creyó Noiz, que, víctima de las drogas en el alcohol, hiso el amor con la deidad del viento pensando que era Clear de quien se trataba. Noiz se entregó a alguien más… él también rompió algo, el corazón que tenía a su cuidado, todo… todo fue devorado por las mentiras y la infidelidad, aquella noche… todo fue de mal en peor.

Koujaku no era feliz pese a todo, ya que sabía muy bien que su corazón no le pertenecía al dios del mar y que el corazón de Noiz no era suyo…

Virus, mientras todos dormían, se infiltró en la tierra de los dioses donde jamás debía pisar. Esa noche, gracias a la fuerza y poderío que Koujaku le había entregado colocó una maldición en todos, en especial en Noiz, era algo… especial que afectaría en especial a Noiz, ya que, una venda negra fue colocada en su corazón, él jamás sería capaz de ver a Clear de nuevo, no podría encontrarle nunca más. Solo hacía falta esperar que la bomba eclosionara destrozando su ser.

—¡! —Noiz se despertó con una exhalación fuerte, casi espantado, algo malo había pasado, ahora podía sentirlo, una vez que fue libre de los efectos del alcohol todo se volvió claro y al mismo tiempo oscuro como el abismo más penumbroso y aterrador. Koujaku a su lado dormía, y los recuerdos le azotaron cual torbellino ¡que había hecho!... No, eso no podía estar pasando, ¡no podía ser cierto! Y entonces, en el mar de miedo y la tormenta de su mente… un horrible frio gélido crujió en su pecho, ¿Por qué ya no sentía el dulce calor? ¿Por qué no podía sentir nada…? ¿Por qué…? Se sintió tan vacío.

¿Por qué no podía sentir a Clear?...

Alterado, Noiz salió disparado y bajó a la tierra, la noche era especialmente tenebrosa y oscura.

Buscó y buscó pero no encontraba nada. Entonces encontró el barco de Clear… subió en él pero no había nadie, incluso el barco parecía haber sido devorado por la oscuridad y el paso del tiempo, eso no le dio un buen presentimiento. El terror le invadió por primera vez, y a paso lento se dirigió al camarote de Clear, deseando verle ahí, durmiendo apacible como siempre. Sus dedos humanos tocaron la puerta y esta se abrió… cuando entró observó que todo estaba destrozado, había sangre en todas partes, en pocas cantidades, había rasgaduras en todas partes como si una bestia hubiera estado allí, también había plumas negras y el lecho de Clear estaba destruido… pero lo que más aterró a Noiz, fue que en la pared, había un símbolo dibujado, no pertenecía a ningún humano o bestia de la tierra, era… el signo de un yokai.

Noiz, aterrado, salió del lugar en busca de Clear…

—¿Esta listo? —preguntó Virus. Trip sostenía a Clear, este estaba vestido con mantos ceremoniales, sus ojos estaban vendados y sus labios sellados, pero podían verse las lágrimas en su rostro.

—Sí, dime, ¿Qué planeas hacer?

—Bueno —dijo Virus, mientras caminaba en la infinidad del espacio, él podía hacerlo, pues era un Yokai. Trip le seguía cargando al humano en manos. Por un momento Virus vio la tierra, pareció escuchar un grito de dolor y horror "seguramente, ya lo notó", pensó feliz—. El destino y el oráculo mismo ya escribieron que al morir este humano su espíritu sería liberado de su cuerpo humano y le sería concedido el poder de la luz, eso ya no puede alterarse, ni nosotros podemos ir en contra del destino…. No obstante, podemos… cambiar algunos detalles.

—¿Cómo? —preguntó Trip.

—Se convertirá en un dios, será la nueva luz de la noche en tinieblas… sin embardo él no lo sabrá, y le encerraremos aquí, donde todos podrán observarlo, adorarlo y sin embargo… jamás liberarlo.

Un enorme cuerpo celeste, apagado, fue colocado frente a la tierra. Era gigante.

—¿Y cómo…?

—Los humanos y dioses pensaran que esta roca ha sido atraída por la tierra misma y creerán que la luz proveniente de esta es solo un reflejo de la deidad del sol, todos pensaran que es la luz del día reflejada que alumbrará las noches cuando en otros lados amanezca —Virus y Trip observaron el mundo humano—. Será algo poco favorable en un futuro… pero, hemos hecho un trato.

—Valdrá la pena.

—Eso es verdad.

Trip dejó el cuerpo de Clear sobre el manto de estrellas. Las uñas de Virus crecieron cual agujas. Parecía que estaba a punto de realizar una difícil operación.

—¿Colocaste nuestro sello verdad?

—Sí, y removí la protección, ahora puedes tocarlo —aseguró Trip, sus alas negras parecían batirse con ansiedad.

Entonces, Virus encajó sus manos en el pecho del humano, no rasgó la carne, estas parecieron entrar mucho más profundo, era un rito especial, no deseaba extraer nada de su cuerpo humano, deseaba extraer algo más. Virus parecía estar haciendo algo demasiado trabajoso, incluso apretó los labios como si fuera una tortura estar cerca de ese humano y lo era… estaba arrancándole el alma, pero esta era tan luminosa pese a todo que casi quemaba sus manos, era insoportable, tanta luz y pureza mártir. Con un tirón más Clear murió al ser separado de su alma, que comenzó a transformarse, tomaría pronto la forma de un dios, pero… Trip y Virus lanzaron dos flechas hacia él, tan negras como el ébano. La transformación se completó, sin embargo, cierta semilla implantada antes logró hacer que Clear, el dios de la luz jamás despertara, incluso olvidó que era él y su existencia misma. Virus le ocultó en el cuerpo celeste, que al recibir el espíritu dormido de la nueva deidad comenzó a brillar con fulgor, iluminando toda la tierra de noche. Luego de sellarlo por completo, Virus y Trip se deshicieron el cuerpo humano de Clear y se marcharon, ahora solo se quedaba esperar.

¿Cuánto tiempo estuvo buscando? Noiz estaba destrozado, aterrado, la incertidumbre se apoderó de él, estaba exhausto, no pudo encontrar a Clear. Sin fuerzas ya, y con un negro pesar en su pecho, seguido de una punzada de dolor cayó al suelo, jadeante se preguntaba ¿Qué estaba pasando?

Y de pronto, en medio de la penumbra surgió una luz… una luz tan blanca que cubrió al anochecer. Noiz alzó la vista, y vio algo que brillaba en el firmamento, era hermoso, como una perla… era tan divino, y no supo por qué, pero… al ver ese astro, las lágrimas comenzaron a brotar cual raudales, lloró desconsoladamente sin saber exactamente porque… la razón es que una pequeña parte de él entendió que eso… era su amado, que esa luz era de él, pero conscientemente nunca lo supo. La maldición en él le impidió reconocer el espíritu dormido de la nueva deidad que alguna vez le perteneció en su forma humana.

Esa fatídica noche… nació la luna.