antes que nada agradecemos enormemente su respuesta ante este nuevo proyecto y por sus buenos comentarios, debido a eso decidimos publicar el primer capítulo antes de lo planeado esperemos que esta historia sea de su agrado, no olviden dejar sus comentarios!

las escenas están separadas por numeros cuando vean un número es que es una escena que probablemente no tenga que ver con la otra

EL REY DE LOS SUEÑOS

Por Fanny-Camili

Capítulo I

1.-

Bajó del auto. Había sido un viaje agradable.

Apenas bajo del auto el viento le dio en el rostro y agitó su cabello, era una brisa agradable, una brisa de otoño.

El otoño en Hong Kong no era lo mismo que en Tomoeda, era mucho menos frío, así que andaba solo con un chaleco delgado y una bufanda.

Estaba nerviosa. Sentía mariposas en su estómago. Sentía su cara arder, era la primera vez que lo vería luego que…"Shaoran". Sus mejillas enrojecieron. Amaba a ese hombre desde que lo conoció, aunque se dio cuenta tiempo después. Llevaban siete años juntos, desde que se le declaró aquella vez cuando selló la carta vacío.

Habían sido buenos años, con altos y bajos. Era una relación que la mayoría del tiempo paso a distancia, pero eso no había afectado el gran amor que sentía por ese hombre.

"Miau…"

El maullido de un gato la sacó de sus pensamientos. Miró a su alrededor y no vio nada. Por intuición camino buscando al pequeño gato.

- ¿A dónde vas, Sakura? –escuchó a Kero preguntarle.

- Vuelvo en un momento.

- ¡No ayudarás a entrar las maletas! –acusó Kero.

- Anda, Kero, si regreso enseguida –respondía la castaña poniéndole poca atención a su guardián, no quería perder el maullido del gato.

- Déjala, Kerberos –intervino Yukito- No te preocupes, pequeña Sakura, nosotros entraremos las cosas –dijo más a la nada que a la propia Sakura, que ya había avanzado bastante. Ella en respuesta asintió, pues ya solo estaba interesada en el maullido del animal. Tuvo que salir de la casa, pues era afuera donde sentía el maullido.

Volvió a sentirlo. Se detuvo y miró buscando al pequeño animal, pero no lo encontró. Iba a dar su primer paso y sintió algo en sus piernas.

- Ahí estas –dijo mirando al pequeño que se pasaba por las piernas de las castaña buscando algo de cariño- ¿De dónde saliste?.

De respuesta recibió un maullido.

Sonrió y se agacho en cuclillas para acariciar al gato.

- Eres un gato hermoso –dijo mientras acariciaba el lomo del animal y éste se dejaba- Pero… ¿Por qué siento que ya te había visto antes?.

Sakura miró con atención al animal, era muy peculiar; era de color blanco, pero con sus orejas, cola y patas negras.

- Eres muy amigable, pequeño –seguía acariciando al animal- Pero ¿dónde está tu dueño? –miró alrededor, ¿sería de los Li?- A ver –miró la placa del animal- Kazuki; Familia Wang –leyó la placa en voz alta- No eres de aquí, ¿te has perdido? –le preguntó con una sonrisa y acariciándolo, el gato ronroneo en respuesta.

- ¡Aquí estas! -apareció frente a ella y algo agitado por la corrida, un muchacho como de su edad, era alto, buen físico, de pelo negro y ojos celestes. El gato al verlo se alejó de Sakura- Lo siento, espero que mi gata no te causara problemas –habló el chico haciendo una inclinación de cortesía.

- No, no, no te preocupes –insistió Sakura- La verdad que me parece una gata muy interesante. Aunque creí que era un gato –confesó algo apenada- Jamás se me ocurrió comprobarlo –termino riendo.

- Descuida –dijo él- Por cierto, soy Ryu Wang –se presentó él estirando la mano.

- Sakura –estiro la mano y tomo la de él- Kinomoto.

- Que lindo nombre tienes –dijo y al momento se arrepintió- Yo…lo lamento me he sobrepasado.

Sakura le regaló una sonrisa.

- Muchas gracias. Ryu también es un nombre muy lindo. ¿Es chino?

- Si, lo escogió mi madre –la castaña lo miró dudosa- ¿Qué?

- Nada…es que solo creí que cuando nombraste a tu madre tus ojos…

- Ella murió hace poco.

- Lo lamento mucho. Yo también perdí a mi madre, pero de esto hace años –miró al cielo- No debes ponerte triste, de seguro ella está cuidándote desde algún lugar.

Él sonrío.

- Si, es posible. Bueno, Sakura –dijo agachándose a tomar a su gata y al levantarse se percató- Lo lamento de nuevo…es solo que…-bufo- Soy un tonto. Volví a tomarme confianzas. Discúlpame.

Sakura soltó una carcajada agradable.

- Eres muy divertido, Ryu. No te preocupes.

El joven respiró aliviado al ver que ella no se había enojado por tratarla tan cercana habiéndose conocido recién.

- Kazuki y yo te hemos quitado ya mucho tiempo –se inclinó en reverencia nuevamente- Lo siento.

- Ya deja de hacer eso, por favor –pidió la de ojos verdes- Y no te preocupes, no me has causado ningún problema. Además, vengo recién llegando.

Ante lo dicho Ryu abrió los ojos.

- ¿En serio? –ella asintió- Yo también.

Ahora fue el turno de Sakura de abrir los ojos sorprendida.

- Soy chino, pero he vivido la mayor parte del tiempo en Japón con mi madre… -se detuvo un momento y Sakura respeto ese silencio- Bueno…hasta que ella falleció y tuve que venir a China…con mi padre.

- Ya veo, lo siento mucho, espero puedas adaptarte. ¿Sabes? Yo también vengo de Japón –el chico de cabello negro la miró interesado y sorprendido- Y a pesar que nuestras culturas son parecidas y alguien podría pensar que hasta nuestros idiomas son idénticos… hay muchas cosas distintas.

Él asintió. La comprendía.

- Te dejo marchar, Ryu. Espero que todo te salga bien –le estrecho la mano de nuevo.

- Un gusto, Sakura… -se soltaron de las manos y la castaña llevo la suya a la gata que estaba en brazos del joven.

- No vuelvas a escaparte, pequeña –en respuesta la gata ronroneo. Diciendo adiós por última vez Sakura dio media vuelta y emprendió su camino a casa de los Li.

- …Ojalá nos volvamos a encontrar –dijo el joven, pero ella ya no lo podía escuchar.

2.-

Llegó a la mansión tarareando una canción. Cruzó alegremente la puerta buscando a Kero y Yuki con la mirada. En una habitación contigua se escuchaban gritos y canturreos que no pasaron desapercibidos para ella, ya que en su primera visita había pasado lo mismo. No alcanzó a reaccionar para cuando los gritos estaban acercándose.

- ¡Miren! –miro ella por inercia también y la apuntaban- ¡Ahí está nuestra pequeña cuñada! –gritó una de las hermanas de Shaoran al tiempo que todos miraban en la dirección que apuntaba y corrían a ella.

Sin siquiera pensarlo, haciendo caso de su instinto de sobrevivencia, corrió velozmente por uno de los largos pasillos de la mansión Li, y sin tomarse el tiempo de mirar, abrió la primera puerta que encontró y entro; puso cerrojo y se agacho a nivel de sus rodillas para recuperar el aire perdido por el temor que le causaron las hermanas de Shaoran. Escuchó los murmullos de voces adivinando por donde se habría podido ir, hasta que las voces se perdieron y ella suspiró aliviada.

- No sé cómo Shaoran puede vivir así –soltó en voz alta.

- Por lo general es fácil, ya que todas se han casado –dijo una voz conocida a su espalda- Solo están aquí porque quieren verte –explicó el castaño al tiempo que Sakura se giraba para verlo.

Fue en ese momento, al verlo frente a frente, que se percató de la situación: 1) Estaban en un baño;

2) Shaoran tenía metidas las manos en el lavabo con un tremendo sonrojo en el rostro;

3) Si hubiese entrado minutos antes, lo hubiese encontrado en una situación que hubiera incomodado a ambos.

Enrojeció como una farola. Cerró los ojos y los volvió a abrir. Subió la mirada para encontrarse con la ámbar de él. Se miraron unos segundos sonrojados, con el corazón latiendo a mil por hora y con unos inmensos deseos de estar juntos.

- Shaoran –salió el susurro de los labios de la castaña- ¡Shao! –gritó con más emoción, olvidando por completo la situación vergonzosa de hace algunos momentos. Se lanzó sobre él, con las manos por el cuello y las piernas por su cintura y lo besó en los labios y luego en ambas mejillas- Te he extrañado –y lo beso en los labios, exigiendo algo más que una caricia, el chino la apretó más a él y correspondió el beso.

Tras unos segundos, el beso bajo su intensidad y Sakura soltó un poco su agarre para que Shaoran la bajara. Cuando sintió sus pies en el suelo soltó su cuello para que Shaoran no estuviera agachado, pues él había crecido casi una cabeza más que ella.

- También te he extrañado –dijo tocando con uno de sus dedos la punta de la nariz de Sakura- ¿Cómo estuvo el viaje?.

- ¿Cómo crees? –miró ella admirada- Venía en un jet privado –decía sorprendida.

- Son las ventajas de ser mi prometida –soltó orgulloso Li. En respuesta recibió un pequeño golpe a su brazo.

- No seas engreído –le dijo cariñosamente y él la abrazo, fuerte, escondió su rostro en su cuello y aspiró su aroma- Shao… -él no se movió, la sintió ponerse nerviosa, paso su nariz por el cuello de ella, y se removió en sus brazos intentando controlar la risa- ¡Eso me da cosquillas! –él, por piedad, besó esa parte del cuello y saco su cara de ahí, ella respiró aliviada- Eres malo –dijo haciendo un puchero.

El negó con la cabeza y alzó una ceja.

Sakura enrojeció.

- Será mejor que salgamos de aquí antes que alguien nos descubra –sentenció ella.

Y sonriendo se le quedo mirando mientras ella sacaba el seguro de la puerta y la habría con cuidado, asomando primero su cabeza y mirando para ambos lados, asegurándose que no viniera nadie. Le hizo una seña y ambos salieron.

Sin embargo, no duro tanto su alegría por triunfar en huir de las hermanas de Shaoran, pues una vez en el salón, en un segundo, estaban rodeados. A Sakura le salió una gota e intentó responder a todas las preguntas que le hacían.

3.-

Afuera de la mansión Li, el joven inglés bajaba las maletas con cuidado ayudando un poco a Wey, ya estaba un poco mayor para hacer esas cargas. Además, Tomoyo llevaba meses comprando a diestra y siniestra para el momento en que viera a Sakura, por lo tanto no eran solo dos maletas las que había que bajar del automóvil. Sonrió un poco, iba a ser muy divertido ver la expresión de ese par de castaños cuando Tomoyo les obligara a probarse los trajes de boda que había confeccionado y el centenar de otros trajes que traía para el entrenamiento.

- Por Dios -fue la expresión de Tomoyo al entrar a la casa, lo que lo saco a Eriol de sus pensamientos y lo hizo poner atención- ¡Sakura! -dijo animada al ver como las hermanas de Shaoran la tenían en medio haciendo mil y un preguntas indiscretas y Li estaba sentado a su lado sin expresión alguna, lo que le decía que estaba al borde del colapso.

- ¡Tomoyo! –grito de felicidad Sakura, poniéndose de pie y alejándose de sus cuñadas. Corrió hacia la amatista abrazándola- Te he extrañado tanto –se acercó un poco más a su oído- Ya no podía más –le susurro angustiada para luego separarse de ella y recibir de su amiga una sonrisa comprensiva y cálida, como las que siempre le había brindado.

- Hiraguisawa, Tomoyo –dijo Shaoran a modo de saludo con una leve inclinación, llegando junto a ellos y tomando la mano de Sakura.

- Después de todos estos años, Shaoran, creí que ya habíamos olvidado las formalidades –dijo el de ojos azules sonriendo y extendiéndole la mano.

El castaño frunció el ceño. En todos esos años nadie había podido sacarle de la cabeza que Eriol estaba enamorado de Sakura y tenerlo en casa lo ponía un poco nervioso, pero ya bien le había escuchado decir a Meling en alguna ocasión: "al enemigo es mejor tenerlo cerca". Suspiró y tomó la mano del inglés.

- Tienes razón… Eriol –afirmó no muy convencido.

Sakura sonrió, nunca entendió porque Shaoran no podía llevarse bien con Eriol. Espero que lo que tenía que ser un saludo amigable entre su gran amigo y su novio, terminara y no aguantó el saltarle a Eriol al cuello. No era propio de ella, pero no veía al peli azul hace bastantes años.

- Que gusto verte de nuevo –le dijo apenas lo estrecho.

Eriol le devolvió el abrazo con más entusiasmo del esperado. Ante eso, se escuchó la risa delicada de Tomoyo y el bufido de Shaoran.

- A mí también me alegra verte, pequeña Sakura.

Shaoran carraspeó llamando la atención. Sakura soltó a Eriol, pero no se alejó, y volteó a ver al castaño.

- Bien, creo que querrán instalarse –les dijo mirando a la castaña, le estiro la mano, ella se la tomo y la atrajo a él, sintiéndose conforme los guió al segundo piso para que se instalaran en sus habitaciones donde ya los esperaban Yuki y Kero que habían escapado de las hermanas de Shaoran.

Pasaron un amplio corredor y justo al final se detuvieron.

- Aquí está la de Eriol –dijo el castaño señalando una puerta al fondo- Esa de Tomoyo –señalando la que seguía a la de Eriol- Esta es de Sakura –señalando una puerta frente a la habitación de Tomoyo- Y esa, de Yukito –finalizó señalando la que estaba junto a la de Sakura- Sus maletas están en cada una de las habitaciones, así que pueden instalarse y luego les muestro el resto de la mansión.

- ¿Y yo? –hablo Kero mirando al castaño algo molesto- ¿Dónde me quedaré?.

- Con Sakura –contesto un poco extrañado el dueño de casa.

- ¡Eso no! –dijo ofendido el pequeño guardián. Luego entró a la habitación que sería de Sakura y tras unos segundos salió con su pequeña maleta en los brazos- Yo no vuelvo a pasar por eso. No quiero ver nada, ni escuchar nada. Y mucho menos, ir a otro país. La última vez que éstos se pusieron melosos yo termine en México y Yue en Chile –miró con rencor a los castaños, los cuales estaban rojos como tomates.

- kero…que estás diciendo –intentó Sakura llamarle la atención, pero la voz ni le salía.

- Solo la verdad. Así que me quedaré con Yukito, así por lo menos comeré bocadillos nocturnos, con el apetito que él suele tener.

Dicho eso el guardián entró a la habitación que correspondía a Yukito, dejando a los dos castaños completamente avergonzados ante la mirada de todos los presentes. Tomoyo no pudo más que soltar una risita divertida por la situación y lamentaba no haber tenido su cámara a mano y haber grabado el pequeño escándalo de Kero. Eriol, por su parte, sonreía, pero no pasó desapercibido para la amatista que detrás de esa sonrisa se escondía una pequeña melancolía.

Sin necesidad de más comentarios, Eriol, Tomoyo y Yukito entraron a sus respectivas habitaciones otorgando un poco de privacidad al par de castaños.

Sakura sacudió su cabeza, en un intento de desaparecer su sonrojo.

- Y tu habitación, ¿Dónde está? –pregunto la de ojos verdes intentando volver a la normalidad los ánimos.

- Esa –apunto Shaoran una puerta que estaba frente a la de Eriol y al lado de la de Sakura.

- Ya veo… -lo miró de reojo- ¿Lo hiciste a propósito?

Él le paso un brazo por la cintura.

- Por supuesto que no –le confesó con una sonrisa- Mi madre distribuyó las habitaciones –y se puso más serio- Luego de ver tu pesadilla en Japón, pensó que lo mejor era que quedarás rodeada por todos.

Sakura se tensó. Lo cierto es que había metido ese sueño o pesadilla en un baúl de los recuerdos en su mente. No había sido tan terrible, pero la sensación al despertar era lo que no había soportado. Miedo. Soledad. Se estremeció y el joven Li la abrazo.

- Tranquila, todos estamos aquí.

- Lo sé –y le regalo una sonrisa- Todo estará bien.

4.-

Una vez instalados, Shaoran les mostró toda la casa, les presentó a la gente que trabajaba en la mansión y entrada la tarde se sentaron a cenar.

El más contento en esa larga mesa era el pequeño Kero, que al ver la cantidad de postres no hizo más que atacar cuanto tuviera al frente. Sakura apenada se disculpaba por el comportamiento glotón de su guardián. Todos tomaron asiento y tuvieron una cena agradable. A pesar de lo reservada que era la Señora Li, los hizo sentir cómodos y en casa.

Ya terminada la cena, pasaron al salón, donde compartieron todos un agradable momento junto a una tasa de té. Luego que la Señora Li se disculpara para retirarse a su habitación, los más jóvenes siguieron poniéndose al día en todo, pues a pesar que siempre estaban comunicados por teléfono o correo, no se habían visto hace algún tiempo.

Poco a poco la noche empezó a caer sobre la ciudad. Debido a que todos habían tenido un día largo con el ajetreo que significa un viaje, procedieron retirarse a dormir. Se dieron las buenas noches y entraron a sus habitaciones.

Shaoran se quedó un momento más junto a la puerta de Sakura. Entrelazó ambas manos con su prometida y apoyo su frente con la de ella.

- No hemos podido estar juntos –expresó el castaño.

- Ya tendremos mucho tiempo.

- Sabes que nunca es suficiente.

Ella sonrió.

- Lo sé –le concedió- Pero tenemos toda una vida.

- Toda una vida, ¿no? –dijo él pícaramente y ella soltó las manos de él para abrazarlo por el torso.

Shaoran aspiró el aroma de Sakura y la estrechó más a él. Sakura se puso nerviosa y él lo noto.

- No te pongas nerviosa… -dijo algo derrotado- No te haré nada –y deposito un beso en la nuca de la castaña.

Ella se sonrojó.

- No me malinterpretes –y se tomó unos segundos- Yo… -escondió su rostro en el pecho de Shaoran- Quiero…

Shaoran puso atención a las reacciones de Sakura. Él no era muy persuasivo, pero desde que ella y él habían hecho el amor quería aprender aún más los gestos y reacciones de su amada.

- ¿Qué quieres?

- Es solo que… desde que…solo he podido pensar en cómo…. –la sintió tomar aire de nuevo- Cómo sería hacerlo de nuevo –y termino aún más enterrada en el pecho de Shaoran.

El corazón de él sintió alivio. Reconocía que su primera vez no había sido un desplante de sabiduría y talento en el tema, pues ambos eran inexpertos y nada más se dejaron guiar por los instintos; sin embargo, tampoco les había ido tan mal, de lo contrario ninguno estaría tan ansioso de querer repetir lo sucedido.

Bajo la mirada al notar que la castaña tenía la de ella fija en él. Se veía tan hermosa. No contuvo sus deseos y la besó.

El beso partió inocente, pero luego paso a uno más intenso. Ambos sentían que ese contacto no les era suficiente, pero la cuota de racionalidad que quedaba en Sakura la hizo bajar la intensidad del beso.

- No… -lo freno- Están todos…y tu madre…me da vergüenza –le explico sus sentimientos.

Shaoran asintió, comprensivo.

- Buenas noches –le dijo ella, dándole un corto beso en los labios.

- Buenas noches. Descansa.

Y mirándose por última vez a los ojos se despidieron.

Sakura entró a su habitación y le tomo un segundo controlar sus hormonas. Se preparó para dormir, lavo sus dientes y se puso pijama. Como estaba cansada por el viaje, no le costó conciliar el sueño. Pestaño un par de veces, hasta que cerró sus ojos definitivamente.

Cuando los abrió nuevamente sintió el viento acariciar su rostro y mover su cabello. Camino lenta y temerosamente. Se detuvo habiendo dado un par de pasos.

¿Dónde estaba?

¿Por qué no estaba en su cama?

Miro al cielo desconcertada, aún estaba oscuro, pero la luna estaba ahí alumbrando su camino, hasta que muchas aves se arremolinaron tapándola. El cielo rugió y una lluvia intensa comenzó. Con sus brazos quiso cubrir su cabeza.

Esto ya lo había vivido. De ser así, sólo tenía que correr al bulto. Al gato.

Corrió.

Encontró la farola y al gato.

- Ya sabes qué hacer –dijo el gato.

Se colocó bajo la farola y miró con atención, todo ocurría de nuevo: las aves daban de lleno contra el piso a un metro de ella, uniéndose y formando una especie de gárgola que se movió violentamente apenas terminó de formarse.

- ¡Es mía!-gritó con furia la gárgola.

- ¡Nunca! -respondió el gato sin moverse.

De pronto vio como las sombras comenzaban a meterse a la luz de la farola y cubrían sus pies. Gritó aterrorizada.

- ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! –gritaba pataleando y con sus manos cubriendo sus oídos.

- ¡Sakura! -le gritó el gato.

Pero ella no escuchaba.

- ¡Despierta, Sakura!

- ¡Despierta, Sakura!

Y fue entonces que pudo abrir los ojos.

Estaba sentada en la cama, pero todo estaba oscuro. Pestañeo varias veces. Se removió en la cama. Sentía nuevamente eso, el miedo, la soledad. Sentía su rostro húmedo.

- Amor, estoy aquí –dijo Shaoran abrazándola- Tranquila.

Cuando por fin ella dejo de sentir la soledad, le devolvió el abrazo a Shaoran y lloró en su hombro. Ante eso, el castaño atino a acariciar su cabeza y a darle palabras de amor. Tranquilizándola.

Los guardianes al ver que ella ya estaba mejor, decidieron darle un poco de privacidad a su dueña. Los gritos los habían alertados a todos.

Tomoyo colocó una de sus manos en el brazo de Eriol, él la miró.

- Ya despertó. Dejémosla descansar.

El inglés asintió, sin antes volver a posar su mirada azul en la frágil figura de su amiga. Aún tiritaba, pero conforme Shaoran la acariciaba la notaba tranquilizarse. Comprendió entonces que ese era el lugar del castaño y no el suyo.

Todos salieron, aunque Yue se negaba a dejar a Sakura sola, pero Yukito se lo sugería en su interior.

- ¿Estás mejor? ¿Necesitas algo? –preguntó preocupado el joven castaño una vez se fueron todos.

Ella negó con la cabeza.

- ¿Hace cuánto te pasa esto?

- Esta es la segunda vez… -se volvió a recostar.

- ¿Qué es lo que sueñas?

Aves.

Gato.

Miedo.

Soledad.

Negó muchas veces con la cabeza y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

- Ok –le dice tranquilizándola- No hablaremos de ello. ¿Te traigo un vaso con agua?.

Ella negó con la cabeza. No se sentía capaz de hablar sin ponerse a llorar.

- ¿Me quedo hasta que te duermas?

Sakura abrió los ojos.

Shaoran notó lo que ellos transmitían.

- ¿Quieres que me quede contigo?

Sakura siguió mirándolo. Su respiración era agitada. Abrió la boca para decir algo, pero nada salió. Se volvió a sentar para quedar frente a frente con Shaoran.

- Quiero… -y lo besó.

Era un beso exigente. Pasó sus manos por el cuello de él y jugó con el pelo bajo su nuca. Él solo respondía, temía tomar cualquier iniciativa.

Cuando termino el beso, Sakura apoyo su frente con la de él.

- No me hagas pedírtelo, aún no me familiarizo con el tema.

Shaoran no creyó haber escuchado bien, por eso no reaccionó de inmediato. Pero cuando la sintió alejarse, tomó su rostro entre sus manos y la beso apasionadamente.

Él también la deseaba.

Poco a poco la fue recostando y se colocó sobre ella.

No dejó de besarla. Tomó su boca, su cuello, su oreja. Se impregno de cada detalle. De sus gestos, de sus apagados gemidos. Su mano se paseaba entre su cintura y sus senos; la derecha más osada, bajaba hasta su muslo.

La verdad es que deseaba y amaba a Sakura, pero aún se consideraba muy joven para ser padre. No era experto en las relaciones sexuales, pero sabía cómo se traían los bebes al mundo. Su cuota de racionalidad se lo recordó.

- Espera… -intentó separarse de su prometida, pero ella no le dejó- Necesito ir por un condón –le dijo algo avergonzado.

Ella bufó y a él le pareció muy gracioso, pues ella no era de las personas que se frustraban tan fácilmente.

- No es necesario –dijo mirando a cualquier lado y sonrojada- Yo… -se aclaró la garganta, pero habló bajito, avergonzada- Fuialginecologoyyamediólaspastillas.

Shaoran abrió los ojos, no había entendido nada.

- ¿Qué?

Ella bufó otra vez.

- Que llevo mes y medio tomando pastillas.

- Ah –dijo él alargadamente, luego cuando le tomo el peso a lo que escucho le dijo- No me habías contado –la acuso pícaramente.

- Anda, Shaoran…-se removió bajo él avergonzada- No estoy acostumbrada aún a esto…ya sabes… -suspiró- Ya me acostumbrare a hablarte estos temas…pero anda…ahora ya dejémoslo, ¿sí? –pidió roja como un tomate.

Él le regalo la sonrisa más hermosa que ella hubiera visto.

- Está bien, yo también me estoy acostumbrando.

Y luego de eso sobraron las palabras.

notas de las autora

esperamos que fuese de su agrado estaremos esperando ansiosas sus comentarios