EL REY DE LOS SUEÑOS

Por Fanny-Camili

Capítulo VI

1.-

Caminaba lentamente, disfrutando el paisaje. Estaba en un jardín chino. Desde que había llegado a Hong Kong no había podido visitar uno, pero ahora que estaba en uno se lamentaba no haber ido antes. Era hermoso.

El viento agitaba suavemente su cabello con una brisa gélida anunciando la proximidad del invierno. Tras unos pasos el hermoso sol del atardecer de pronto desapareció. Miro al cielo un poco desconcertada, buscando respuestas de la oscuridad y lo que vio la dejo paralizada: el sol había sido reemplazo por la luna y ésta estaba rodeada por cientos de aves que se arremolinaban a su alrededor. El cielo rugió con furia al tiempo que gotas inmensas caían de él.

- No puede ser –se dijo así misma mirando a todos lados.

El hermoso jardín chino ya no estaba. Volvía a estar en la oscuridad y en una especie de ciudad abandonada y toda de color gris. Estaba en la calle, como siempre ocurría en ese sueño. Tembló y se miró, como se esperaba traía puesta la pijama y no llevaba la llave de su báculo colgando al cuello.

Se dijo que no lloraría, qué ya sabía que tenía que hacer. Y una de esas cosas era correr, porque las aves ya volaban hacia ella. Corrió en la dirección donde buscar refugio, pero antes de llegar se arrepintió. El gato ya no le daba confianza.

Buscando donde esconderse entró a una de las casas abandonadas, éstas no tenían puertas ni ventanas, solo los espacios donde se supone iban cada una de éstas. Afirmó su espalda en una de las murallas y recuperó el aliento.

- ¡Esta vez no podrás escapar! –escuchó rugir a lo que supuso ya era la gárgola- ¡Eres mía!

Miro a su alrededor, necesitaba un plan. No tenía su báculo y mucho menos las cartas, pero a éstas últimas podía invocarlas sin su báculo, para eso necesitaba unos segundos de concentración. Tenía que localizar a sus cartas para poder llamarlas. Corrió escalera arriba por la casa y a mano derecha se metió en lo que tuvo que haber sido una habitación. Estaba, al igual que la casa, llena de polvo y sin mueble o artefacto alguno. Corrió a un rincón dónde no pudiera ser vista y se agacho afirmándose a sus rodillas. Hipo, por las lágrimas que querían salir. Sintió que temblaba y se aferró más fuerte a sus rodillas.

- Debes tranquilizarte –se susurró.

Tomo aire y cerró los ojos. No le costó encontrar sus cartas, llamo a Vuelo, Escudo, Bosque, Luz y Oscuridad.

Inmediatamente unas alas salieron en su espalda.

- ¡Te encontraré! –escucho nuevamente a la gárgola mientras todo temblaba por los pasos que daba.

Acercándose con cuidado a una de las ventanas, miró la dirección en que iba la gárgola. Por suerte, la gárgola le daba la espalda. Con cautela se subió a la ventana y con las alas en su espalda voló en la dirección contraria a la de la gárgola.

Llego a una esquina y realmente no sabía qué camino tomar. Por instinto dobló a la derecha, dónde alumbraba la farola. Aún reticente, al llegar a la farola, recorrió con la mirada buscando al gato, pero éste no estaba.

Sin tomarle mucha importancia se metió de nuevo a la farola. Se sentó en el rincón de siempre y espero. Cerró los ojos y todos los ruidos desaparecieron. Temía abrirlos, pero ya no sentía los grandes pasos de la gárgola.

Con miedo, abrió un ojo. Estaba todo oscuro, de nuevo. Suspiró. Abrió ambos ojos y fijo su vista a la nada. Traía a Luz con ella, se recordó, pero cuando busco sus cartas ya no estaban.

- Pero… -guardó silencio al sentir unos pasos. Se apretó más a sí misma para que nadie la notara. Vio a Kero y Yue, se les quiso acercar, pero desaparecieron.

Y lo supo… estaba en su otro sueño.

Busco a su alrededor, sin esperanzas, a su padre, Touya, a Tomoyo y Meiling, y tal como ya había sucedido todos se alejaron de ella. Busco a Eriol, la última vez él no había desaparecido. Espero con ansias, pero Eriol no apareció. Se agachó en su lugar y abrazó sus piernas ya sin poder controlar sus lágrimas. Se sentía sola y tenía miedo, nunca le había gustado la oscuridad y mucho menos la soledad.

- ¡Shaoran!

Escucho la castaña y levantó la vista. Al frente de ella estaba Shaoran dándole la espalda y una mujer le saltaba al brazo, besándole la mejilla, como muchas veces lo hiciera ella. Pero la mujer pescada al brazo de Shaoran no era ella. Sintió partirse su corazón en mil pedazos, quiso pararse y lo hizo a penas.

- Shaoran… -dijo sin voz.

Pero él, al igual como venía pasando en sus sueños, le sonrío a la muchacha y con ella colgada a su brazo caminaron alejándose de ella.

- No… -decía ya en llantos- ¡Shaoran! –gritó con lo que le quedaba de voz.

Sin esperárselo el aludido se giró. Su corazón se detuvo un momento.

- Shaoran… -volvió a decir.

Pero él la miro de pies a cabeza con desagrado y el ceño fruncido.

- ¿Nos conocemos? –le escucho preguntar.

- Yo… -no sabía qué hacer, esto no había pasado antes.

- No me llames por mi nombre –dijo él antes de volverse a girar aún con la mujer pegada a su brazo.

La castaña cayó al piso, llorando. Tapo su cara con sus manos, intentando controlar su llanto, pero fue inútil. Miró por última vez al frente, por donde iba aún caminando Shaoran con aquella muchacha, él se estaba desvaneciendo.

- …no me dejes… -salió de sus labios antes que todo se volviera oscuro.

Quedó en la oscuridad. Pero segundos antes alcanzo a sentir unas patitas en sus piernas y vio que se le acercaba el gato. Escucho que la llamaba, pero ya se sentía demasiado cansada, así que con sus últimas fuerzas le sonrío y luego cerró sus ojos completamente.

2.-

Ese día Shaoran despertó feliz, pues había tenido una muy buena noche. Bajo a tomar desayuno. Vio a todos listos, tomando sus jugos, leche, té. Dijo buenos días y le devolvieron el saludo. Puso pan en el tostador y miró a los presentes.

- ¿De Sakura ni las luces? –comento graciosamente.

- Ya sabes cómo es esa floja –respondió Kero con la boca llena de un pastel que había encontrado.

Shaoran sonrío. Y mirando a Eriol le pidió que se fijara en las tostadas mientras él iba a despertar a Sakura.

Mientras subía las escaleras pensaba que Sakura jamás cambiaría. Siempre despertaba tarde y andaba corriendo de un lado a otro.

Al llegar a la habitación de la castaña, abrió la puerta y entro despacio, aún era muy temprano y sabía que ella no estaría despierta. Se quedó en la puerta, contemplándola. Al parecer no tenía un buen sueño, se movía mucho. Se acercó preocupado por el hecho de que sus pesadillas hubieran vuelto. Al acercase, notó como de pronto se quedaba quieta y soltaba un suspiro.

- …no me dejes… -salió de sus labios.

Ya cerca de ella pudo notar su rostro húmedo, había estado llorando en el sueño. Estiro una de sus manos para acomodarle unos cuantos cabellos y acercó sus labios a los de ellas para despertarla.

- Sakura, despierta –pedía mientras depositaba pequeños besos en su rostro- Sakura…-insistía- Amor, despierta –pero era inútil no había respuesta de parte de ella.

Con delicadeza, prefirió moverla.

- Sakura, despierta –pidió ya desesperándose.

Asustado y con el corazón en la garganta, acercó su oído a la nariz de ella para comprobar que aún respirara. Luego creyendo que había caído enferma de nuevo, tocó su frente, pero no había rastro de que tuviera fiebre.

Sin mucho analices de su actuar puso ambas manos en los hombros de ella y la zarandeo un poco más fuerte.

- ¡Sakura! ¡Sakura! ¡Despierta!

Al no recibir respuesta se puso de pie rápido para buscar ayuda, pero al abrir la puerta ya venían Kero y Eriol corriendo.

- ¿Sakura está bien? –pregunto Eriol.

Shaoran negó con la cabeza – No despierta.

Kero voló a ella.

- Sentí una disminución de su poder –explicó el pequeño guardián- Intente transformarme y no pude.

Shaoran miró al pequeño guardián con respeto. A pesar de que nunca lograron llevarse bien y hacerse buenos amigos, notaba en la preocupación de él que siempre mostraba con Sakura lo mucho que la adoraba. Sakura lo era todo para él y en el fondo el castaño se lo agradecía. La conexión que se había formado entre Sakura y Kero era muy especial.

- Sakura –intentó despertarla Kero, pero al igual que Shaoran, obtuvo los mismos resultados.

Eriol se acercó a Shaoran.

- ¿Estaba así desde que llegaste?

Shaoran negó.

- Cuando entre a la habitación se movía mucho y de pronto solo se quedó quieta y dijo…

- ¿Qué dijo? –pregunto Kero volando hacia él.

- "No me dejes" –citó a la castaña.

- ¿No me dejes? –Kero cruzo sus bracitos pensativo.

- Si… y luego intenté despertarla.

- Estuvo llorando –comento el guardián- Fue una de sus pesadillas.

- ¿Por qué esa energía la querrá dormida? –se preguntó en voz alta Eriol.

Pero no recibió respuesta, porque la magia de las cartas que se activaba en ese momento llamó su atención. Miraron el libro que estaba sobre el escritorio de Sakura y una a una las cartas salieron. Lo que vieron los dejó sin habla.

Las cartas intentaban tocar a Sakura, pero ninguna podía. La rodearon e intentaron tocarla entre todas, pero tampoco pudieron.

- ¿Qué pasa? –entro corriendo un preocupado Yukito y ante la imagen, no tardó ni dos segundos en trasformase en Yue- ¿Por qué las cartas…? –pero su pregunta quedo en el aire- ¿Qué le paso a Sakura?

- No despierta –fue Eriol el que respondió.

Yue frunció su ceño y se acercó a Sakura, pero al igual que había sucedido con las cartas, no la pudo tocar y le dio una especie de corriente. Miró a todos los presentes buscando respuestas, pero ninguno dijo nada.

- ¿Desde cuándo está así? –pregunto furioso el guardián.

- Esta mañana he venido a despertarla y…-se cortó Shaoran- Pero yo me pude acercar… -dijo mirando a Sakura.

- Inténtalo ahora –sugirió Eriol.

Y Shaoran lo hizo, pero al igual que las cartas y Yue, no pudo. Una especie de campo invisible no se los impedía. Por si las dudas, intentó también Kero y Eriol, pero les fue de la misma forma.

Pronto alertaron a todos en la mansión. Le avisaron a Ieran Li, quien preocupada pidió una reunión urgente con el consejo de sacerdotes. Tomoyo y Meiling ayudaron en lo que podían.

Y como en un abrir y cerrar de ojos pasaron dos días. Dos días dónde no habían podido tocar a Sakura. Donde ninguno había podido conciliar bien el sueño. Donde ni los más sabios podían dar una explicación. Donde los ánimos se estaban poniendo tensos y las esperanzas se estaban acabando. Habían leído cuanto libro de magia habían encontrado. Habían buscado día y noche en Internet si algo podía ayudarles. Habían hecho de todo, pero nada les daba una respuesta o una solución.

Con el paso de esos dos días, tanto Kero como Yue, empezaron a sentir como disminuían sus energías, a pesar de que ambos no recibían directamente energía de Sakura, era como si ella absorbiera la de ellos. Las cartas aún rodeaban a Sakura, pero se turnaban en grupos, porque también sus energías eran disminuidas.

Pero había sido al final de ese segundo día, cuando hicieron un descubrimiento que a lo mejor les explicaría algunas cosas. Fue Tomoyo las que sintió curiosidad por el libro de las cartas Sakura y se acercó a mirarlo, lo abrió y fue entonces que notó que una de las cartas no estaba con Sakura.

- Kero –llamó la amatista.

- ¿Qué? –pregunto el pequeño bostezando y volando hacia ella. Al llegar a su lado, Tomoyo le mostró el libro- ¿Pero…?

- ¿Qué sucede? –se les acercó Eriol por la espalda, provocando que ambos dieran un saltito de susto- ¿Eso es…? –se acercó a mirarla para asegurarse- Esto no puede significar nada bueno –sentenció el peli azul.

Tomoyo miró a Eriol y luego a Kero.

¿Cómo le dirían a Shaoran que la carta Esperanza era la única carta que no había salido del libro?

3.-

Meiling cargaba una torre de libros y caminaba por la universidad. No veía mucho hacia adelante, así que esperaba ir por buen camino. Bufó, sus brazos se estaban cansando y aun no llegaba ni a la mitad de su destino.

La muchacha no se destacaba por ser torpe, pero nada pudo evitar que diera un mal paso y perdiera el equilibrio, lo libros saltaron lejos y ella logró no salir tan mal parada del asunto porque alguien la sujeto, evitando que diera de bruces al suelo.

- Ten cuidado –dijo la voz de un muchacho.

- Cuanto lo siento… -se disculpó ella- Muchas gracias por evitar mi caída, y le se le queda mirando- ¿Nos conocemos? –hiso memoria e inspecciono el rostro del joven- ¡El amigo de Sakura!

Ryu asintió y se dispuso a recoger los libros junto con Meiling.

- Ponlos encima –pidió le pelinegra al recoger la mitad de los libros.

- No creo que sea buena idea.

- Es que tengo que llevarlos todos.

- Yo te ayudo –se ofreció el chico- Además así aprovecho que me cuentes que ha sucedido con Sakura, ¿enfermo de nuevo?

Ambos empezaron a caminar.

- No –y sacudió su cabeza rápidamente- Digo, si –se corrigió. Ryu la miró extrañado- Sakura se agarró un virus en el estómago, que contagio a los demás.

- ¿Y a ti no?

- Aún no –dijo Meiling algo complicada.

- ¿Y qué haces con todos estos libros?

- Traje los certificados médicos de todos y ahora debo pasar por las tareas, para que no se retrasen tanto.

- ¿Trajiste todo esto tu sola y pretendes llevarte todo tu sola?

- Si, nadie más podía venir.

- ¿Quieres que te acompañe a tu casa?

Meiling negó con la cabeza.

- No te preocupes, vine en auto. Si quieres me acompañas al auto a dejar todo.

Ryu asintió y caminaron juntos al estacionamiento, ya en el auto dejaron las cosas en él y Meiling se despidió.

- Muchas gracias. Nos vemos.

- No te preocupes. Por favor saluda a Sakura de mi parte.

Meiling asintió, se despidió con la mano y se subió a su auto para volver a la casa.

Ryu se quedó mirando al auto hasta que lo perdió de vista y, como por arte de magia, desapareció él también.

4.-

Caminaba pesadamente por los grandes corredores de la mansión. La situación con Sakura lo tenía bastante descompensado, ese era el tercer día que ella estaba en aquel estado. No sabía qué hacer o qué pensar. Suspiró pesadamente pensando en qué era lo que iba a pensar su suegro al saber que su pequeña hija no despertaba, estaba seguro que su reacción sería mejor que la de su cuñado, pero sabía que tal vez el dolor sería más grande. Tenía que hacer algo, su madre dijo que antes de avisarles a sus familiares había que agotar todas las posibilidades, pero solo pensar en agotarlas y no poder hacer nada, lo sacaba de quicio. Esa chica tan alegre tenía que estar bien, no podía ser feliz sin ver esos ojos verdes otra vez.

Suspiró de nuevo. Eriol había salido hace horas en busca de respuestas, ya que ese ente que estaba tras Sakura no podía salirse con la suya. Tanto Meiling como Tomoyo andaban en la universidad. Yukito y Yue habían ido con Eriol. Y Su madre, otra vez con el consejo de sabios.

Shaoran entró una vez más a la pieza de Sakura. Trato de tocarla, tal vez por décima vez en la última hora, obteniendo el mismo resultado de siempre: esa descarga que lo alejaba y lo torturaba al mismo tiempo. Sus ojos reflejaban el dolor y la desesperación.

Salió de la habitación entrando rápidamente a la suya, por mucho que le pesara dejar a la castaña tenía que ducharse.

Cuando Shaoran hubo entrado a su habitación, una persona apresurada y sigilosa entró a la de Sakura. Ya dentro, se acercó a la cama y miró a la castaña con atención, se veía aparentemente tranquila, pero estaba demasiado pálida. Estiro una mano, intentado tocarla, pero no pudo.

Suspiró y poso su ojos celestes en las cartas que flotaban a su alrededor, ahí debían estar la mayor parte de sus poderes, pensó. Ryu, sabía que no tenía mucho tiempo, el prometido de Sakura regresaría pronto.

Se concentró y puso las manos por encima del campo de fuerza que cubría a Sakura, provocando una gran descarga, pero no retrocedió, no podía hacerlo si quería llevarse esa magia con él. Pronto una especie de luz azulada empezó a salir de sus manos cubriendo el campo de fuerza de Sakura, logrando comprimirlo un poco.

- No -salió de los labios de la castaña al momento que una luz naranja salía de su cuerpo y era absorbida por Ryu.

- Es…demasiado… -dijo Ryu en un murmullo jalando con más fuerza haciendo que la castaña se sentara al tiempo que el campo se reducía más, al parecer que había una pequeña abertura en el campo.

- Ryu… -dijo la castaña con los ojos ligeramente entreabiertos, pero desmayándose al instante cuando el chico rompió el contacto.

Sudando y respirando entrecortadamente tuvo que apoyarse en sus piernas para recuperar la respiración. Esos poderes lo sobrepasaban y él lo sabía, había agotado la mayor parte de sus energías, pero no se daría por vencido, ésta era su oportunidad, no había nadie a los alrededores y eso muy pocas veces pasaba.

Volvió a tomar aire y colocó de nuevo las manos en el campo de fuerza de Sakura, de nuevo hubo una descarga, pero esta vez fue menor. La luz azulada de nuevo salió de sus manos y la de color naranja de Sakura, pero esta vez con tal fuerza que lo lanzó por la ventana, rompiéndola.

El ruido del vidrio rompiéndose alertó a Shaoran en su habitación, había salido de la ducha y se ponía los pantalones. Los termino de abrochar mientras entraba corriendo a la pieza de Sakura, fijo la vista en la venta rota y luego a Sakura en el suelo y la habitación en una penumbra escalofriante. No habían palabras que explicaran el terror que sintió en ese momento.

Se acercó a levantarla, pero recordó el campo de fuerza. Dejándose llevar por la desesperación, se dejó caer en el suelo y por primera vez desde que había iniciado esa situación, lloro; lo hizo como nunca antes lo había hecho, preso del pánico.

- ¡Ya no puedo más! -grito con desesperación mirando a las cartas que rodeaban a la castaña- Ayúdenme –rogó- No podemos dejarla así –hipo- Ella es mi vida –confeso, perdiendo las energías y sin percatarse de la presencia de Eriol, Tomoyo, Meiling, Yue y Kero, que venían justo llegando cuando el vidrio de la habitación de Sakura se rompía.

El brillo que desprendió el Libro Sakura, encegueció a todos por unos segundos. Cuando el brillo disminuyó, todos vieron a la carta Esperanza que había salido del libro y se había presentado ante Shaoran.

- No llores -pidió la pequeña niña dentro de la carta- Pase lo que pase, todo estará bien –Shaoran la miró atónito- Yo te ayudare. Ella está sola. Siente que está sola, pero nosotros le enseñaremos que no es así, solo que nuestra magia… –dijo mirando a las cartas- …no es suficiente para alcanzarla. Te haré entrar, pero no puedo asegurar cuánto podamos mantenerte con ella.

- ¿Y si les aporto con mi magia? -interfirió Eriol sorprendiendo al castaño.

- ¿Y la nuestra? –dijeron los guardianes.

La carta no espero respuesta y en un segundo todas las cartas rodearon a Shaoran. Eriol, Yue y kero se pusieron a su alrededor también. Por su parte, una de las cartas se salió del círculo y se acercó a la frente de Shaoran, haciendo al instante que cerrara los ojos y cayera completamente dormido.

- La carta Sueño… -dijo Yue, antes que todos cayeran sentados y exhaustos, el poder que habían tenido que dar era mucho.

Tomoyo y Meiling quienes se habían mantenido al margen de todo, se acercaron a ver cómo estaban todos, luego de asegurarse que estaban bien, se acercaron a Shaoran, comprobaron que estaba completamente dormido.

- ¿Podremos…? –dejo sin terminar su pregunta Meiling.

- Solo hay una forma de saberlo –respondió Tomoyo.

- Ten…cuidado…Tomoyo –dijo Eriol apenas. Tomoyo lo miró agradecido por su preocupación.

Y lo que paso después dejo sin aire a todos. Tomoyo había podido tocar a Sakura.

- Lo…logré –dijo sin creérselo.

Yue fue el primero en volar a la castaña y también pudo tocarla, con las fuerzas que le quedaban tomó a Sakura y la coloco con delicadeza sobre la cama. Luego, con cara de pocos amigos, hizo lo mismo con Shaoran, dejándolo junto a la castaña.

Eriol, por su parte, se acercó a Meiling quien analizaba cuidadosamente la ventana rota de Sakura.

- ¿Esto es…?

- Sangre.

- Y hay en distinto lugares.

- ¿Podremos averiguar quién…?

Eriol asintió.

- ¿Qué ven? –curioseo Tomoyo.

- Mira –apunto Meiling y Tomoyo lo hizo.

- Ahí solo hay vidrios rotos.

Eriol y Meiling miraron desconcertados los restos de vidrios y, efectivamente, solo había eso.

- Imposible… -susurraron al unísono.

La sangre había desaparecido, no quedaba ni un solo rastro.

NOTAS DE LAS AUTORAS

BIEN AQUI ESTA EL CAPITULO. POR POCO NO LO SUBO TENIA PROBLEMAS CON EL EXPLORADOR, PERO PARECE QUE TODO ESTA BIEN YA

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