EL REY DE LOS SUEÑOS
Por Fanny-Camili
Capítulo VIII
1.-
Los días habían pasado con rapidez; como si nada, habían pasado un par de meses. El primer semestre de clases había concluido.
En todo ese tiempo, Sakura no podía haberse sentido más segura, por un lado, los sueños extraños habían terminado y, por el otro, la sobreprotección en que la tenían sus amigos y, particularmente, su prometido, habían restaurado su confianza, tanto en ella misma como en la de sus seres queridos.
Ante sus alegres pensamientos, la castaña sonrío ligeramente. Estaba sentada en el taburete de su habitación mientras cepillaba su cabello; con ella estaba Tomoyo, que la miraba sentada desde los pies de la cama. Conversaban animadamente, como hace mucho no lo habían podido hacer. Tomoyo terminó de decir algo sobre un desfile en París y se quedó mirando a la ventana, desde su posición. Sakura, a través del espejo se quedó mirando el perfecto perfil de su amiga y recordó la confesión que le hiciera la amatista respecto a la relación que tenía con Eriol; una relación que había iniciado en Inglaterra, pero que no había prosperado y que hace unas semanas la habían retomado.
Sinceramente, la castaña no era prejuiciosa ni criada a la antigua, pero el hecho de que su amiga fuera tan liberal, por lo menos en su opinión, si le parecía extraño. Eso de tener relaciones sexuales solo por la amistad a Sakura no le parecía, por lo menos, no para Tomoyo, pero también era muy respetuosa de la vida privada y de las decisiones personales.
- Cuando te dije que estaba bien –hablo Tomoyo volviendo su atención a Sakura- Es porque, efectivamente, estoy bien.
Sakura bufó.
- ¿Cómo vas a estar bien? –suspiró rendida- La verdad, no los entiendo –guardó silencio y se giró para mirar de frente a su amiga y no a través del espejo- ¿Tú le quieres?
Tomoyo río bajito y con una de sus manos contuvo esa risita. Sakura podía ser muy tímida a veces.
- Claro –afirmo sincera- Es mi amigo y nos conocemos hace muchos años, ¿cómo no voy a quererlo?
Sakura bufó por segunda vez y Tomoyo pensó que esa manía de ella de bufar se la había contagiado Shaoran.
- ¡Tomoyo! –le llamo la atención graciosamente- Sabes que no estoy preguntando eso –frunció levemente el ceño- Contéstame lo que realmente te pregunte.
Tomoyo era una mujer segura y decidida. Todas las decisiones de su vida habían sido tomadas a conciencia, unas habían salido bien y otras no tanto, pero eso no la preocupaba, era la ley de la vida. Las buenas decisiones las había disfrutado y las no tan buenas, le habían dejado una enseñanza, por mucho que a veces costaba verla. Era una mujer madura. Y sobre sus sentimientos, pues sobraba decir que con la única persona que se mostraba abierta a demostrar sus sentimientos era con Sakura.
- Lo quiero –le confeso a su amiga.
- ¿Y se lo has dicho?
- Él lo sabe –dijo poniéndose de pie.
Sakura bufó por tercera vez y Tomoyo no contuvo la risita.
- Eriol y tú se parecen mucho –anunció con algo de frustración- Nunca sé qué piensan o qué sienten, pero ustedes parecieran que me leen como a un libro.
- Es porque te queremos.
- Es porque son observadores.
- Observamos a la gente que nos importa –dijo Tomoyo y aprovecho de fijar su mirada en su amiga. Desde que había despertado después de esos tres días Sakura había cambiado, aún no podía descifrar qué era exactamente lo que había cambiado en ella, pero estaba segura del hecho, aunque nadie más lo notara y pareciera todo normal.
- Tomoyo… -dudo la castaña.
- Dime –dijo amablemente la amatista.
- Tu…
- Tienes toda mi confianza y discreción –apoyo Tomoyo al notar el sonrojo en el rostro de Sakura- Lo que quieras hablar, podemos hablarlo.
Tomoyo sabía que tarde o temprano ese tipo de conversaciones se iban a dar.
Sakura había crecido con un hermano y su papá, y a pesar que la habían criado muy bien, había ciertas cosas que Tomoyo sabía solo se podían hablar con una mujer, con una madre, preferentemente. Tomoyo tenía a la suya y gracias a ella había podido enfrentarse a muchas cosas que ocurrían en su adolescencia, por su parte, Sakura estuvo sola.
- No quiero detalles –se adelantó en decir la castaña, lo que causo que Tomoyo riera.
- No te los daré, descuida.
- No, en realidad ya no quiero saber –se arrepintió Sakura.
- No me quejo –confeso Tomoyo y Sakura se tapó los oídos.
- Dije que no quiero saber nada.
- Sakura –y se acercó a tomarle las manos para que se destapara los oídos- Recuerda como todos nos tuvimos que enterar de tus… -y Sakura enrojeció- Y no podemos decir que no eran intensos.
- ¡Tomoyo!
- ¡Sakura!
Soltó un suspiro.
- Bueno, si…Shaoran es…intenso.
- Y qué lo digas…mira que en su primera vez mandar a Kero y a Yue a otro país –dejo salir una carcajada- Los colores, las cartas.
- Pero no todo fue su culpa.
- Oh, por supuesto que no –concedió graciosamente la amatista.
Sakura, sintiéndose ya en confianza se relajó. Sentía la necesidad de comentar algunas cosas con una chica y no sólo con Shaoran. Necesitaba ese punto de vista que solo tu mejor amiga tiene, para disfrutar como chicas esas cosas y detalles divertidos.
- Me gusta todo eso.
- Te entiendo –y se puso seria- Aunque no apruebes mi relación así como está, te debo decir que él ha sido el primero y el único.
- Tomoyo, tu… ¿Estás enamorada?
- Es posible… A Eriol y a mí nos unen muchas cosas en común –miro directamente a Sakura.
- ¿Y no es aburrido? Digo –se corrigió- Ambos se parecen mucho, son observadores, reservados, inteligentes, talentosos, buenos amigos…
- Ya, ya –la interrumpió Tomoyo- Ya entendí –tomo su tiempo antes de contestar- No es aburrido, aunque efectivamente tenemos casi los mismos gustos en muchas cosas. Tú y Shaoran también tienen muchos gustos en común, les gusta divertirse, ir al cine, el helado, el chocolate, el teatro, los festivales… ¿Te aburres con él?
Sakura lo meditó, Tomoyo tenía razón. Negó con la cabeza.
- Pero nuestras personalidades son distintas –contraatacó.
- La de Eriol y la mía también, aunque no lo creas. Eriol no es tan reservado como aparenta, ya tienes de ejemplo cuando íbamos al colegio y le seguía las mentiras a Yamasaki –soltó con una carcajada- Y como tú y Shaoran se lo creían todo.
- ¿Y…en eso? –preguntó tímida, pero con curiosidad Sakura.
- No es reservado.
- ¡Te gusta!
- Por supuesto, desde la primera vez –dijo pícara la amatista y Sakura río.
- A mí también –dijo cómplice- Desde la primera vez.
Sakura y Tomoyo continuaron hablando, contándose e intercambiándose detalles de esas etapas de su vida. Ambas disfrutaron esa conversación necesaria para sus espíritus femeninos.
2.-
Miró la habitación con atención; pocas veces entraba al despacho de su madre, pero la conversación que tendría con Eriol tenía que ser ahí, de esa formaba evitaba que Sakura pudiera escucharlos y sospechar algo, después de todo Ryu no era su gran amigo, pero la castaña le tenía mucho aprecio y no podía ponerlo sobre aviso.
- Honestamente, no sé qué más podemos hacer –partió diciendo Shaoran tirando el sobre con documentos sobre el escritorio. El consejo había hecho una investigación profunda, que de profunda no tenía nada. Les habían enviado un informa que no contenía novedad alguna. Eso, sumado a que llevaban un mes siguiendo a Ryu sin mucho éxito, lo más cerca que habían estado era a unas cuadras de la universidad; la única que parecía tener éxito en esa misión era la obstinada de Meiling, que se había propuesto de vigilante permanente.
- ¿Y si tratamos de nuevo con Kero? –propuso Eriol con una sonrisa tranquila, de esas que lo caracterizan. De respuesta el castaño frunció el ceño.
- La última vez se metió a una pastelería y lo perdió.
- Lo que no entiendo es por qué no puedo localizar su presencia –expreso Eriol más para sí que para su interlocutor.
- Suele ocurrir eso con las energías en Hong Long –explicó Shaoran algo que Eriol sabía- Después de todo es un lugar que concentra mucha magia.
Pero Eriol intuía que había algo más y Shaoran también, pero ninguno quiso ahondar en ese tema, no mientras no tuvieran algo concreto.
Estuvieron en silencio algunos minutos. Shaoran miraban atentamente a Eriol y éste último supo de inmediato lo que seguía, sin mirar de frente al castaño sonrío de forma traviesa, un poco siniestra.
- No solo quería hablar de esto contigo –interrumpió el silencio Shaoran.
- Escucho –respondió Eriol poniendo atención y poniéndose serio, pero con una sonrisa interna que se intensificó al notar el nerviosismo que intentaba ocultar el castaño.
- Quiero que me respondas algo –fijo su mirada ámbar en la azulada de él- Pero quiero solo la verdad –advirtió.
- Está bien, solo la verdad –prometió Eriol.
- ¿Estás o estuviste enamorado de Sakura? –soltó Shaoran sin titubeos.
Para el castaño ese tema había estado entre ellos desde que se conocieron y nunca lo habían aclarado. Es cierto que llevaba con Sakura siete años, pero tenía la necesidad personal de resolver ese asunto pendiente. Fijo su mirada en Eriol cuando éste con seriedad en su rostro asintió con su cabeza. Shaoran gruñó.
- Agradezco tu honestidad –dijo el chino entre dientes- Espero que estés consiente que después de esto, tal vez, jamás te deje estar cerca de Sakura –amenazo con celos.
Eriol miró a su amigo y se dijo que el castaño bien podía tener diez o diecinueve años y se comportaría igual. No pudo evitar sonreír, malvadamente.
- Sabes perfectamente que tus amenazas jamás me detendrán –le dijo Eriol.
Shaoran volvió a gruñir y se le quedo mirando amenazadoramente.
- Ni lo sueñes, Hiraguisawa.
- Querías sinceridad y ahí la tienes –lo enfrento Eriol- ¿Tienes otra pregunta? –el castaño negó con la cabeza- Pues yo tengo una –Shaoran lo miró interesado, pero aun con el ceño fruncido- ¿Dejemos la rivalidades? –pregunto estirando una mano.
Shaoran miró la mano y luego el rostro de Eriol, luego su mano de nuevo.
- ¿Estás…?
Eriol negó con su cabeza interrumpiéndolo. Retiro su mano y cruzo sus brazos.
- Estuve enamorado de Sakura. Mentiría si te dijera lo contrario –confeso- Pero ella te ama y yo ya lo asumí y superé –Shaoran lo miró sin creer lo que decía.
- ¿Estás jugando conmigo? –pregunto enojado.
Eriol suspiró.
- Por supuesto que no. Preguntaste "¿Estás o estuviste….?", y fui sincero, lo estuve.
Shaoran bufó sin dejar de fruncir su ceño. Eriol no pudo evitar soltar una carcajada mientras se acercaba al joven chino y ponía uno de sus brazos en el hombro del castaño.
- ¿Olvidaste quién ayudo a que estuvieras ciento por ciento seguro de tus sentimientos? A mi pesar, debo agregar –miró la cara de desconcierto de Shaoran y suspiró- Meiling tenía mucha razón en decir en alguna ocasión que ustedes son muy lentos.
- ¿Qué tuviste tú que ver con todo esto? –pregunto confundido el castaño.
- Gracias a mis "travesuras", pudiste tener ciertas ocasiones como la del ascensor con Sakura. Después de eso, si mal no recuerdo, ella empezó a llamarte por tu nombre.
- Ah… -recordó Shaoran avergonzado- Entonces… -dudo el castaño- ¿Ya no sientes nada por Sakura?
- Si siento cosas por Sakura, pero son de amistad, la adoro y haría lo que fuera porque estuviera bien –Shaoran al fin pudo respirar tranquilo.
- Es lo que ella provoca… -sonrío- Que todo el mundo quiera cuidarla.
- Así es –espero unos segundos- Además, y para tu tranquilidad, ahora estoy con alguien.
Shaoran abrió los ojos sorprendido, esa confesión no se la esperaba.
¿Eriol con alguien?
¿Con quién?
Cuando lo supo se sorprendió, porque no se lo esperaba, pero más aún quería correr a contárselo a Sakura. Ella sí tendría más detalles. Tras esos pensamientos y algunos momentos después se reprendió. Ni que fuera una vieja chismosa.
3.-
Caminaba fastidiado a su casa. Las clases cada día eran más pesadas y no, precisamente, por los temas, si no, por Sakura, quien tenía su vida convertida en un total y absoluto caos.
El prometido de la castaña y su amigo, no dejaban de mirar a Ryu con ganas de cortarle el cuello y un par de veces los había descubierto siguiéndolo, provocando que tuviera que meterse a una tienda para perder el tiempo.
No había dudas de que sospechaban algo. El punto ahora, era saber cuánto sabían y cuánto eran capaces de descubrir. Y si dado todo eso, aún le quedaba tiempo a él para actuar.
Pero el destino se había empecinado con él, porque no solo estaba el hecho de que tenía que andar cuidándose la espalda. Estaba lo otro; la prima de Li se había empeñado en volverse muégano* personal. Y no es que la muchacha le cayera mal, pero tenía una personalidad un tanto agotadora y eso lo tenía un poco cansado.
- ¡Ryu! –escucho a su espalda y sudó frío.
- No puede ser.
- ¿Por qué saliste sin mí? –exigió saber la peli negra ya a su lado.
- Porque ya es hora de que me vaya a casa –contesto cansado.
- Pero dijiste que me llevarías al parque.
- Meiling… -empezó, pero se arrepintió de inmediato, no gastaría sus últimas energías en pelear una batalla que ya tenía perdida- Está bien, vamos.
Llegaron al parque y por suerte Meiling solo pidió un helado. Compraron dos, uno para cada uno y se sentaron a ver el atardecer. Extrañamente Meiling no interrumpió el momento y disfruto de ese silencio con él. Terminaron sus helados y se despidieron, Meiling disculpándose porque tenía que volver a la universidad ya que había olvidado algo. Se hubiera ofrecido a acompañarla de no ser que un cansancio poco normal lo invadió. Ocuparía sus últimas fuerzas en llegar a casa. Pero al dar un par de pasos se detuvo en seco. Ya no podía esperar más, tenía que hacer algo antes que ellos lo descubrieran. Sin meditarlo más y obedeciendo su impulso, dio media vuelta y se encamino a la mansión de los Li.
Su cansancio podría esperar.
4.-
Se encontraba en su habitación, en su escritorio con un libro y un cuaderno abierto. Apoyaba su codo izquierdo en el escritorio y su cabeza en la mano. En su mano derecha jugaba su lápiz. Y en su mente en vez de su tarea tenía recuerdos de esa mañana que la hacían sonrojarse.
Era su primera vez en la ducha del baño y no se podía quejar. Shaoran había mejorado mucho. La había hecho desearlo como nunca y como siempre. Aún, siendo ya entrada la tarde, sentía en su cuerpo las manos de Shaoran por sus muslos, su intimidad y sus caderas; aún sentía la boca de él por su cuello, sus senos y su vientre. No entendía cómo ese hombre solo con mirarla la hacía sentir la mujer más hermosa y deseada del mundo. Cuando estaba con él sentía que todo lo que hacía o decía era sexy. Y cuando él entraba en ella, era como volver a nacer en sus brazos.
Suspiro, sintiendo un poco de calor.
Lo cierto era que ahora que ya podían controlar sus magias, sus encuentros eran más seguidos. Y se sentía avergonzada, porque que él quisiera hacerlo todo el tiempo, era normal, pero que ella quisiera hacerlo todo el tiempo, quizás no. O quizás sí y estaba siendo prejuiciosa con ella misma.
Bufo. Tendría que consultárselo en algún momento a Tomoyo.
Volvió su atención a la tarea que aún seguía incompleta. Miro el libro y bostezo. Sin muchas ganas de terminar su tarea, poso sus brazos cruzados sobre el escritorio y allí deposito su cabeza. Volvió a bostezar y un cansancio que segundos antes no sentía empezó a invadirla. Tras intentar de mantener sus ojos abiertos un par de veces, terminó cerrándolos y se durmió profundamente.
El viento agitaba suavemente su cabello con una brisa gélida anunciando la proximidad del invierno, sus pasos eran pausados, torpes y me atrevo a decir que temerosos.
Miro al cielo un poco desconcertada, ya que éste había oscurecido de pronto y cientos de aves se arremolinaban alrededor de la luna. El cielo rugió con furia al tiempo que gotas inmensas caían de él.
- No puede ser –dijo en un susurro.
Comenzó a correr por la calle desesperada buscando algún refugio.
- ¡No puede ser! –volvió a decir siendo presa del pánico- Esto no está pasando –se dijo una vez que decidió dejar de correr- Esto no está pasando.
Las aves dieron contra el suelo a su espalda y una sombra gigante se formó detrás de ella.
- ¡Eres mía! –rugió la gárgola con sorna.
- No puede ser –insistía la castaña cerrando los ojos y tapándose los oídos- ¡Esto ya se había terminado! –decidió, con una valentía poco común en ella, darse la vuelta y afrontar a la gárgola- ¡Lárgate de mi sueño!
La gárgola soltó un ruido que simulo ser una carcajada.
- Ya eres mía –sentenció y levantó una de sus manos sobre la cabeza de Sakura.
La castaña se agachó por inercia y llevo los brazos a cubrir su cabeza.
- Despiértate, despiértate –decía como mantra. Cuando el puño de la gárgola estuvo a solo milímetros de su cabeza, grito.
- ¡Despiértate! –empezó en su sueño y terminó despierta.
Una ráfaga muy fuerte hizo que su ventana se abriera de par en par y la lanzara lejos de su silla. Su espalda dio con la puerta y cayó al piso.
En la mansión se sintió de repente un temblor. Pusieron sus sentidos alertas y escucharon los gritos provenientes de la habitación de Sakura, todos quienes estaban allí corrieron a verla.
Shaoran, seguido de Eriol, Yue y Kero, abrió la puerta de Sakura, por suerte ella no estaba detrás, pero estaba en el suelo quejándose de dolor. El castaño corrió a ella, pero Eriol lo detuvo y fue cuando notó una tenue silueta.
- ¿Qué demonios…? –vociferó enojado.
- La gárgola de los sueños de Sakura –explicó Eriol.
Sin esperar esta vez, Shaoran corrió a tomar a Sakura en brazos, por la ventana abierta se notó que el cielo oscureció. Ambos jóvenes se acercaron a mirar y lo que vieron no pudieron creerlo. Había en el cielo sobre el jardín, al que daba la ventana de Sakura, miles de aves de nueve cabezas que se estrellaban contra la mansión, cuando notaron que algunas volaban en dirección a la ventana corrieron alejándose, pero no fue necesario que llegaran tan lejos, porque la carta Escudo apareció rodeando a los presentes.
Kero y Yue salieron de la esfera que había formado escudo para atacar a las aves, las que iban desapareciendo pero se sumaban a la silueta poco nítida de la gran gárgola, la que se hacía más y más grande, y, por ende, más nítida.
- ¡Son míos! –se escuchó una voz como de inframundo.
Sakura ya reincorporada pidió ayuda a las cartas Viento y Agua, las que envolviendo la silueta y la lanzaron con fuerza fuera de la habitación. Mientras caía por la ventana, la gárgola desapareció en medio de un tornado de energía de color azul. Luego el cielo volvió a su normalidad.
En el momento preciso que la silueta de la gárgola desapareció, Yue sintió una energía carca, pero Kero había sido más rápido y había volado al lugar desde donde provenía. Ambos llegaron al árbol del patio, pero no vieron nada. Kero se elevó al cielo para mirar los alrededores de la mansión, fue entonces como casi un punto negro, vio a un joven cojeando ligeramente y que intentaba correr y huir de ahí.
Lo reconoció al instante.
Era Ryu, el amigo de Sakura.
