Disclaimer: la historia no es mía, es de Sarah-Crish Cullen, que muy amablemente me permitió adaptarla con los personajes de Suzanne Collins. Las localizaciones y monumentos de Londres son reales.
Capítulo 2: Adiós Forks... Hola Londres
Una voz gangosa me despertó de mis recuerdos, anunciando que en media hora el vuelo tomaba tierra en el aeropuerto de Heathrow. Una vez que recogí mis tres enormes maletas, y pasé todos los trámites de aduana, me dispuse a buscar un taxi, que me llevara a mi nueva casa.
El aire húmedo y el cielo encapotado, tan parecido a Panem, me dio la bienvenida a Londres.
Di la dirección al taxista, un nombre de unos sesenta años, muy agradable y simpático, el cuál me iba contando y explicando los monumentos; estaba fascinada, todo lo que había soñado visitar estaba allí, el Big Ben, el Parlamento, la Torre de Londres, la Catedral de , Trafalgar Square, la abadía de Westminster... estaba flotando, no podía ser verdad.
Mi universidad y mi apartamento estaban en el centro de Londres, por lo que el viaje en taxi fue un poco largo. Pillamos un poco de atasco en el centro, por lo que me dediqué a observar un edificio impresionante, blanco y enorme, con una enorme verja que lo rodeaba, y custodiado con miles de guardias.
—¿Ese es el palacio de Buckingham? —pregunté al amable conductor.
—Exacto... hay es donde vive la familia real; ¿ves la bandera ondeando a lo alto? —me preguntó mientras yo asentía, a la vez que me siguió explicando.
—Cuándo está la bandera en lo alto del mástil, significa que los reyes están aquí; cuándo están de viaje o en el palacio de Windsor, su residencia de verano, no hay ninguna bandera —me explicaba animadamente, podría dedicarse a ser guía turístico.
—No podría vivir allí... tendría que usar un mapa permanentemente —musité.
El hombre reía suavemente,mientras continuaba contándome.
—Eso mismo pienso yo... incluso el rey lo mencionó un día en una entrevista, que a veces seguía perdiéndose ahí dentro —me relataba mientras los dos nos reíamos.
—El rey es una persona amable, ha impulsado muchas reformas y mejoras para la sociedad y ha hecho mucho por que el país prosperara... es un buen hombre —me dijo el taxista.
—Me imagino que la gente lo admira mucho —le respondí.
—Así es, los ingleses admiramos y queremos a la familia real, la monarquía aquí es una tradición muy arraigada —me seguía relatando.
Después de sortear el atasco, por fin llegamos a la que sería mi nueva casa. Pagué al taxista, dándole una pequeña propina por ser tan amable y atento.
Ante mise encontraba una casa antigua, con la fachada blanca. Los balcones y ventanales le daban un aire del siglo pasado. Por lo queme habían dicho, eran casa antiguas, reformadas por el gobierno y empleadas para estudiantes y personas mayores.
Mi apartamento se encontraba en el segundo piso, únicamente había un apartamento por piso. Me dirigí adentro, y para mi alivio, había un pequeño ascensor.
Al llegar allí,toqué el timbre,al momento sentí unos pasos apresurados llegar a la puerta.
Una chica guapísima, castaña y alta, con ojos azul eléctrico me recibió con una gran sonrisa.
—Me imagino que eres mi compañera Katniss —me dijo amablemente y se inclinó para darme dos besos.
-Así es, pero dime Kat por favor, supongo que tú eres Johanna —le dije una vez le devolví el saludo.
—Llámame Jo... pero vamos pasa, deja que te ayude —dijo mientras se apartaba para que pudiera entrar y me ayudaba con las maletas.
Una vez dentro miré a mi alrededor. El apartamento no era muy grande, pero tampoco diminuto. La amplia sala de estar, con un precioso ventanal, daba al parque que había enfrente de la casa. Todo el suelo de la viviendo era de madera, menos el cuarto de baño y la cocina, lo que le daba un aspecto confortable. Los muebles modernos y nuevos.
La cocina estaba separada del salón por un mostrador, rodeado éste de dos taburetes altos. El cuarto de baño,de colores marrones claros y modernos muebles, estaba en medio de un pequeño pasillo, y a cada lado dos puertas.
—Te estaba esperando para ver los dormitorios y así poder elegir juntas —me explicó Jo con una sonrisa.
Asentí mientras abría una de las puertas. La amplia habitación, de un suave color lila, era luminosa y casi más grande que mi querida habitación de Panem. La espaciosa cama, con una mesilla al lado, estaba pegada a la pared. Enfrente había un enorme armario empotrado. Debajo de la ventana, una amplia mesa de estudios. Los muebles eran de madera detono claro, y juveniles.
Nos dirigimos al otro dormitorio, idéntico al mio, excepto el color de las paredes, pintadas de azul cielo.
Finalmente yo me quedé con la primera habitación, ya que el violeta era uno de mis colores favoritos, y Jo no tuvo inconveniente alguno.
Jo y yo decidimos salir a comprar varias cosas que necesitábamos, entre ellas sábanas y toallas, y de paso iral súper. Estaba agotada, pero si aguantaba hasta la hora de acostarme, me acostumbraría al nuevo horario.
Una vez volvimos, ya había oscurecido, por lo que decidimos hacer sencillo de cenar. Después de recoger todo, nos fuimos a las habitaciones; simplemente coloqué el nórdico y la funda violeta que había adquirido, y me metí en la cama. Mañana ya tendríamos tiempo de ordenar el resto de la casa y de charlar más profundamente acerca de nosotras. Caí rendida en un profundo y reparador sueño.
A la mañana siguiente me desperté relativamente temprano; miré mi reloj, ya adaptado a la hora londinense, y vi que eran las nueve y media de la mañana. Me levanté de un salto de la cama, y me asomé a la ventana. Hacía un poco de frío, pero el cielo estaba despejado.
Salí para darme una ducha y vestirme, la casa estaba sumida en silencio, por lo que deduje que Jo aún no se había despertado.
Una vez duchada y enfundada en unos vaqueros y una camiseta, decidí preparar el desayuno.
Mientras estaba en ello oí a Jo dirigirse al baño; al aparecer ella por la sala ya había preparado café, tostadas y una macedonia de frutas.
—Buenos días —me saludó mientras se estiraba, aún con el pelo húmedo.
—Buenos días Jo, ¿has descansado? —le pregunté mientras terminaba deponer la mesa.
—Si, la verdad es que lo necesitaba; vaya, gracias por el desayuno —me dijo mientras se sentaba y se ponía un café.
—De nada, ya te tocará a ti hacérmelo —le dije riendo.
—Eso está hecho —agregó ella.
Una vez terminamos de desayunar, nos sentamos en el sofá, dispuestas a conocernos más.
—Háblame de ti, creo que eres de un pueblo del Estado de Washintong, ¿cierto? —me preguntó.
—Así es, se llama Panem, allí nací y crecí junto a mis padres —le conté mientras me sentaba en el sofá, con las piernas cruzadas—. Mi padre se llama Paul, es el jefe de policía; su mujer se llama Maylisee —le expliqué.
—¿Su mujer? —preguntó extrañada.
—Si, ella es la segunda mujer de mi padre —le seguía explicando.
—¿Y tu madre?, ¿están divorciados? —me preguntó.
Bajé la vista, mientras mi mirada se tornaba triste.
—Mi madre murió hace cinco años —le contesté con tristeza.
—Oh Katniss, lo siento de veras —me dijo con tono de disculpa y pena en su voz. —Debí haber sido más delicada... —empezó a disculparse.
—No tranquila, no pasa nada; sólo es que me sigue costando hablar de ello —la intenté calmar.
Le conté de mi vida en Panem, así como de la enfermedad y muerte de mamá, ella me escuchaba atentamente, mientras asentía y seguía preguntando. No me era muy fácil abrirme a gente nueva, pero Johanna me inspiraba confianza.
—¿Y que hay de ti Jo?; ya sabes casi todo de mi, hasta de los novios que nunca he tenido, te toca —la animé.
—Pues... nací en Nueva York, pero cuándo tenía dos años ami padre lo trasladaron a Boston. Mi padre es agente del FBI y mi madre decoradora; tengo dos hermanas, son gemelas y este año empiezan el instituto, se llaman Claire y Pohebe —empezó a explicarme.
Pasamos casi toda la mañana en el sofá, hablando de nuestras vidas y de la que nos esperaba durante los próximos años. Johanna se había matriculado en derecho civil, por lo que compartiríamos algunas clases.
El resto del mes pasó rápido. Hicimos turismo, aprovechando que durante el curso no tendríamos tanto tiempo, recorriendo los lugares más famosos de Londres, así como averiguando las diferentes zonas de tiendas, ya que a ambas nos encantaba la ropa y los complementos.
También aprovechamos para salir a cenar y tomar una copa el día de mi cumpleaños, para conocer el animado ambiente de Londres. Terminamos de tramitar los últimos papeleos en la universidad, y comprando los libros necesarios.
Jo y yo comparamos los horarios, compartíamos varias asignaturas, ya que el primer año era bastante general en todas las especializaciones de derecho. Era un alivio, aunque me había adaptado muy bien a Jo, y ella a mi, era bastante tímida en lo que a conocer gente se refiere.
Al contrario, Johanna es atrevida, con un carácter fuerte, May y mi padre dicen que nos compenetraremos bien.
El último viernes antes de que empezaran las clases, íbamos asalir para aprovechar el final de las vacaciones; pero Jo se puso mala del estómago, así que nos quedamos en casa, tumbadas en el sofá delante de la tele.
Pasaba los canales, sin encontrar nada interesante, hasta que dí con un programa de crónica rosa, es decir, de cotilleo puro y duro.
Lo dejé por insistencia de Johanna, que le iban bastante ese tipo de programas. Yo tenía mi libro en mi regazo, mientras mi amiga escuchaba atentamente los cotilleos, hasta que la voz de la presentadora me hizo levantar la vista.
—"Cambiando de asunto, los reyes están de vuelta de su viaje oficial a Suecia y Noruega. Han sido una semanas intensas para sus majestades, recorriendo varias ciudades nórdicas. Por otro lado, fuentes cercanas a la casa real aseguran que el príncipe heredero regresa a Londres, después de haber pasado dos años en la academia militar de Sandhurst, en Alemania. Según se ha hecho saber, el príncipe ya ha completado su formación militar, y va a empezar sus estudios universitarios en el King's College de Londres".
—¿Has oído eso?, el príncipe va a estudiar en nuestra universidad —me dijo Jo asombrada.
—Si, eso parece... —respondí también asombrada, mientras me acordaba del taxista que me trajo a casa, lo que me contó sobre la familia real.
Mientras hablábamos sobre ello, empezaron a pasar imágenes de la familia real por la pantalla. Volvimos la vista hacia la televisión.
Una pareja apareció en ella; él era alto y rubio, con ojos dorados y mirada amable, y ella bajita, con el pelo color caramelo, que le llegaba a los hombros, una mirada dulce y maternal nacía de unos preciosos ojos verde-azulados. Ambos estaban elegantemente vestidos, y ella lucía una impresionante tiara de brillantes; eran el Rey Plutarch II de Inglaterra y su esposa, la Reina Alma, según relataba el narrador.
Al instante, un chico apareció en el aparato,era alto, al igual que el rey; su pelo, de un extraño color rubio-bronce, tenía un ligero despeinado, lo que le hacía aún más atractivo. Y sus ojos eran preciosos, de un color azul intenso; a su lado una chica bajita, con cara simpática y amable sonreía con educación a su lado. Su cabello, negro y cortito, estaba peinado a la moda, con las puntas hacia todos los lados. Sus ojos eran de un color verde-azulados, al igual que los de la Reina Alma.
Estaba alucinada, era un chico guapísimo... ¿Era el príncipe?... El narrador nos sacó de dudas, eran el príncipe Peeta y su hermana, la princesa Annie.
—Wow... no está nada mal —dijo Johanna.
—La verdad es que es muy guapo —dije yo con la mirada puesta en el televisor.
—Si, aunque los prefiero morenos —dijo Johanna, mientras se levantaba del sofá para prepararse una infusión, y de paso traerme un café.
Al regresar ella al sofá, el programa ya había terminado, y daba paso a una comedia romántica, que nos quedamos a ver.
Al acabar la película, nos despedimos mientras nos encaminamos a nuestros dormitorios. Me revolví en la cama, ya que el café que me había tomado no me dejaba conciliar el sueño. Cuándo por fin pude dormir, una melena rubia se coló inconscientemente en mi mente.
N/A: Apuesto a que no se imaginaban que lo del príncipe azul era literal.
Sí, ¡estoy viva!, y quería pedirles mil disculpas por no haber actualizado antes, me metí con mis otras historias y como esta no tenía tantos leídos la dejé de lado.
Acá les dejo una nota que dejó la autora, en este capítulo en el fict original, sobre el espacio temporal en el que va a transcurrir la historia: "En principio, la historia va a transcurrir durante los cinco años universitarios y los dos posteriores. Los primeros cinco capítulos serán durante el primer curso, en los que, ya os adelanto, que no va a pasar mucha cosa. La verdadera historia empezará en el segundo curso de universidad, por lo que éstos primeros capítulos los considero una especie de introducción a la historia, aparte de que, para mi gusto son necesarios para entender lo que va a pasar después."
