Debería de estar durmiendo, tengo tanto sueño, lo que hago por onee… Estoy tan estresada y eso que me faltan unos meses para entrar a la prepa, o al menos cuando escribí esto…
Pero ¡Gracias por la aceptación! Sé que no es mucho, pero uno comienza por algo c: así que agradezco musho los views, follows y favoritos .3. Me hacen sentir especial (¿?).
Los personajes no son míos, si lo fueran, habría muchas Crackparings, mucho de todo (?) Hetalia es de Himaruya, yo solo los "tomo prestados" para entretenerme, no tengo a nadie secuestrado en mi mansión/rancho/choza, Alfred les mintió porque Pruben se lo llevó a nuestra isla y no puede joder a England, se lo deja a merced de Scott y yo no hago nada para detenerlo (¿?).
"– ¡Pongan sus nombres en los papelitos!– les pidió la profesora a sus alumnos.
Los alumnos que participarían en ese pequeño sorteo le hicieron caso, los demás se quedaron platicando haciendo alusión al apodo de la profesora.
Cuando terminaron de hacer lo pedido por la profesora los metieron a una pequeña caja que hizo de tómbola, revolviendo los papelitos, Cuando terminaron sacaron los papelitos por número de lista, o al menos por los que habían participado.
Era un sorteo de intercambio de tarjetas, específicamente de navidad.
La pelinegra se estremeció al encontrarse con los pensamientos de que la persona que le gusta le tocaría con ella o al revés, se le revolvía el estómago y no sabía cómo explicarlo.
Ya a la mitad de todo ese asunto, llegó el turno de Yao, este simplemente sonrió y escribió en su tarjeta con cuidado el nombre de quien le había tocado, caminó con lentitud hacia la fila de Honda, ella intento volver a respirar cuando ya había pasado a varios de sus amigos, pero su mejor amigo estaba detrás de ella.
"Probablemente será para él, son mejores amigos, la suerte no siempre está de mi lado ya qu-"
El chino le estaba abrazando, se sonrojó fuertemente y correspondió torpemente a su abrazo.
– Shèngdàn jiè kuàilè– le susurró con lentitud en su oído sensible. (*)
Ella se estremeció ante el contacto.
El mayor le sonrió cuando se separó y regresó a su lugar después d"
Alfred cerró el libro de golpe y se lo arrebató.
– ¡Al! ¡Mi libro!– se quejó ella.
– Alice, estamos en la playa, vamos a divertirnos– murmuró algo molesto.
– Me acabas de arrebatar mi diversión– frunció el ceño.
– Pshh… Esto no es diversión, las historietas lo son– soltó una pequeña risa.
– ¿Me devuelves mi libro?– preguntó intentando ser amable.
– Nope– balanceó el libro por enfrente de ella.
– Alfred, dame mi jodido libro– bufó fuertemente.
– Ven por él– le mostró la lengua infantilmente.
La de ojos verdes observo desafiante al mayor que paseaba el libro por enfrente de ella, las pagaría muy caro.
Se levantó molesta y salió detrás del estadounidense que había salido corriendo momentos atrás. Como odiaba al de ojos azules cuando se ponía en ese plan tan infantil.
Qué bueno que no tenía hermanos menores y solos tenía a un hermano mayor.
.
– ¡Gane!– festejó la menor con el libro en las manos.
– Eso es trampa y lo sabes… – murmuró molesto el estadounidense.
– Claro que no, tú lo hiciste antes– negó con la cabeza.
– Eso no es justo, ¿Al menos podrías levantarte?– preguntó él.
– Nope, sufre en silencio– rio ella.
– No estoy sufriendo, no pesas mucho, pero si yo fuera el de arriba seria otra cosa muy diferente– le restregó.
Alice iba a replicar, pero, ¿Con qué? No lo sabía.
Ella se encontraba sentada en la espalda de su hermano mayor. Alfred estaba estampado en la arena de la playa.
Había caído en la trampa que le tendió la inglesa.
¡Nadie debería jugar con el nombre de Capitán América!
Ella se recostó en la espalda del estadounidense, observando el mar mientras ignoraba las quejas del mayor.
Su mirada se detuvo en la mirada azulada de un rubio que la observaba con una sonrisa.
Se sonrojó mucho y se levantó dañando a su hermano, causando una pequeña risa en el rubio que la observaba, ella esbozo una sonrisa nerviosa y se escondió detrás del mayor que se estaba levantando adolorido.
– ¡¿Qué te pasa?!– preguntó el estirándose un poco.
– ¡N-nada!– dijo ella aun sonrojada.
– Oww… estas avergonzada, es por tu traje de baño, ¿Verdad? – Preguntó intentando mantener la sonrisa–Te miran raro, si… eso debe de ser eso– murmuró al final para sí mismo.
"¿Pero no es peor que la miren raro y no con deseo?"
– Deberías callarte– murmuró aun molesto.
– No he dicho nada Al– susurró ella confundida.
– Perdón, hablaba conmigo mismo– sonrió.
– ¿Podrías dejar de mirarme así de extraño?– pidió avergonzada.
– Es que… tu traje de baño es extraño–
– No tanto como el tuyo– apunto al mencionado.
Alfred vestía con uno con la bandera estadounidense, muy patriótico.
– ¡¿Ah?! ¡El mío es hermoso!– se ofendió– El tuyo está mal, no sé porque deje que lo trajeras, te comprare uno con mi bandera–
Alice se observó, bikini de dos piezas con la bandera británica, bueno… más bien del Reino Unido ¿Qué tenía de malo? Cubría lo que debía y no dejaba ver tanto, no como la pelirroja de a un lado del rubio que la miraba, pero tampoco tapaba tanto como la castaña debajo de la sombrilla, estaba igual que la rubia de ojos violetas que le sonreía al rubio.
… Oh, le sonreía a él.
¿Y si tenía novia? Jamás pensó en eso.
Bueno… tal vez en donde se hospedarían habrá alguien con quien pasar el rato, aquel de ojos azules estaba descartado.
Suspiró resignada, todo se le iba de las manos.
El español se lo llevó su amiga Chiara, realmente le gustaba pero… al parecer, cuando ella se iba a declarar y él a ella, apareció Chiara. No tiene rencores hacia ella, solo se pregunta ¿Cómo hubiera sido de su vida si hubiera logrado estar con Antonio?
Kiku, Mei se lo había ganado, también le gustaba y se sentía muy a gusto con Kiku, desgraciadamente Kiku se le declaró a Mei mediante una canción en el aula de música, donde siempre se reunían ellos.
¿Ivan? ¿Él contaba? Solo le agradaba, era muy buena persona si se le conocía, se le declaro a ella pero después de querer intentarlo y muchas amenazas por parte de su hermano, él termino con Ying.
Ella sabía que no eran muchas decepciones amorosas, pero el ver a sus amigas con pareja y ella no es…
– Y por eso Alice, la hipotenusa de ocho es la raíz de un árbol–
–… ¿Qué?– preguntó ella confundida.
– No me prestabas atención– negó con la cabeza– Llevo diciendo muchas tonterías durante diez minutos y apenas te dignaste a escucharme– hizo un puchero.
– Perdón… ¿Qué decías? – preguntó suspirando.
– Que si ya querías comer, yo tengo hambre–
– Ah… si, mientras no sean tus asquerosas hamburguesas todo bien– murmuró.
– Tu comida da mucho asco, eso no debería comerse, ya veras, será delicioso, se lo que te digo– se rio él.
.
Ella observo con asombro la casa en la playa en la que se encontraba.
– ¿Por qué no me dijiste sobre esto?– preguntó algo molesta.
– Surprise? – dijo dudando él.
Ella suspiro en respuesta y sonrió un poco, la había impresionado.
– ¿De quién es?– preguntó nuevamente siguiendo al mayor.
– De un amigo, lo conocerás, es buena persona, pero si te toca o hace algo dime y yo actuare sobre él– le comentó como si nada.
"`Actuare sobre él´ Eso suena a un pervertido"
Kirkland asintió levemente con la cabeza en forma de afirmación, seguía observando el espacio, no era muy grande pero era muy acogedora.
Le agradaba la vista que tenia de la playa, era muy linda.
– Oye, y… ¿A tu amigo no le molesta que yo esté aquí?– preguntó ella nuevamente.
– Deberías de dejar de cuestionarme tanto, yo sé lo que hago Liz– la despeinó.
– No, no debería, no sé en qué me vas a meter– murmuró.
– Obviamente en nada malo– se rio él.
Ella le fulminó con la mirada.
– ¿Recuerdas cuando fuimos con aquella familia donde había un niño igual que yo?–
– ¡No es mi culpa que se parecieran tanto!–
*Flashback*
Alice a sus ocho años estaba de viaje con su familia, iba de la mano de su hermano mayor, estaban en una pequeña feria en el centro de la ciudad, los dos habían pedido permiso para perderse por ahí.
Les concedieron el permiso con la condición de que Alfred estuviera al pendiente del celular.
Estaban sentados en una banca cerca de los puestos de comida, ya conocían como era Alfred.
Era mejor estar prevenidos.
Alice comía sin prisas un helado de fresa, mientras que el mayor se agasajaba con varios helados de diferentes sabores.
"No sé cómo es posible que seamos familia"
Él le mandó que se quedara en la misma banca cuando iba a por mas chuches, luego irían a donde ella quisiera.
Ante esta idea ella sonrió y asintió lentamente, esperando pacientemente a cuando Jones regresara para emprender el camino hacia el lugar que quisiera.
¿A dónde debería ir? ¿Algún lugar para asustar a su hermano? ¿La montaña rusa? ¿La rueda de la fortuna? ¿Alguno de esos barcos que se mecían rápidamente? ¿Las tazas?
¡Las tazas! Las tazas como donde bebía té, si, hermoso.
"Pero Alfred vomitaría, como la última vez…"
Mejor no se arriesgaba.
Ahora que lo pensaba detenidamente, tenía menos opciones de lo que pensaba o esperaba.
.
Corrió por el lugar, era espacioso, podría perderse, con una sonrisa volteo a ver detrás de sus pasos encontrándose solamente con su reflejo.
Esa gran sonrisa desapareció al verse sola y perdida en esa gran atracción.
¿Por qué tenía que entrar a esa de espejos? Para la otra pediría las tazas, no importaba si Al vomitaba.
Ella le rogaría si fuera necesario, e incluso a sus padres.
Caminó durante un rato escuchando unos gritos lejanos, quería pensar que era su hermano, o ni si quiera eso, alguna otra persona.
Se quedó quieta unos momentos observando su reflejo en todos los espejos que pudiera ver, pero uno le llamo la atención.
Era un niño parecido a ella, solo que este tenía unas cejas gruesas y bueno… era hombre.
¿Los espejos podían reflejarte como tú genero opuesto? ¿Y si eras de los dos? ¿Cómo podía...?
El pequeño corrió hacia ella, eso le espantó a ella que intentó huir.
– ¡No corras!– le gritó el pequeño rubio.
Ella estaba temblando bajo su tacto, la tenía retenida del brazo delicadamente.
– Necesito tu ayuda… – suspiró – Mi hermano me regresará con mis padres y no quiero, ¿Podrías retenerlo? Necesito ir con Emily… – murmuró.
– B-bueno… si, supongo… pero… Solo no me hagas nada– murmuró ella aun temerosa.
– Nah, no te preocupes, no soy de esas personas malas que hacen daño a la gente, por eso quiero escapar – sonrió él.
Ella se sonrojo pero asintió, no tenía nada que perder.
– Gracias… Arthur Kirkland – susurró él.
– Alice Kirkland– sonrió ella.
– ¿Kirkland? ¿Eres una especia de hermana perdida? – preguntó él confundido.
– No lo sé… Mi hermano es Jones, mi familia es extraña, al parecer nadie es de Reino Unido–
– Mi famil...–
– ¡Arthur Kirkland! ¡Sal de donde estés pequeña escoria!– escucharon gritar.
– ¿…?–
Alice observo al de ojos verdes agarrando lo que parecía lodo, suspiro cansadamente y se acercó a ella.
– Perdón por lo que voy a hacer… pero primero cierra los ojos–
Ella cerró los ojos como había pedido.
– ¿Por qué perd...?– sintió que algo le golpeaba la cara y escurría un poco– ¡Qué asco!– gritó ella.
– Perdón, pero es necesario, gracias por tu ayuda, espero nos volvamos a ver– le sonrió besando su mano y salió corriendo.
– ¡Eso no arregla nada!– gritó ella.
– ¡Tu accediste a ayudarme! ¡No te quejes!– gritó él corriendo y perdiéndose entre los espejos.
Ella murmuró entre dientes todas las malas palabras que un niño de su edad podría saberse, e incluso le mostro la lengua con cuidado de no mancharla de lodo.
.
– ¡Arthur! Me tenías… recorriendo todo esto por tu culpa– murmuró hacia Alice.
Ella iba a hablar pero recordó que tenía que cubrir a su nuevo amigo, así que cerró la boca rápidamente.
– ¿No vas a decir nada? – preguntó molesto.
Alice negó con la cabeza cuidadosamente.
– ¿No me vas a hablar?– le volvió a preguntar molesto.
Ella caminó lentamente hacia donde se había dirigido el rubio molestando aún más a Scott, ¿Qué le pasaba al pequeño bastardo? Le detuvo bruscamente.
– ¿A qué mierda estás jugando mocoso?– le preguntó aún más molesto.
Kirkland trago duro cuando él empezó a sospechar de ella, lo presentía.
Scott se agachó a su altura y con una mirada que le demandaba quedarse quieta, esos ojos verdes fríos, se le hacían tan conocidos y tan extraños.
Con lentitud le limpio las cejas aun tapadas con lodo que escurría lentamente de su rostro.
Suspiró cansadamente al no encontrar esas espesas cejas que tanto caracterizaban a su hermano menor, la maldita gorra tapaba muy bien su cabello largo.
– ¿Sabes dónde están tus padres pequeña?– preguntó con cuidado y recibió una negativa de la menor– ¿Sabes dónde está un niño parecido a ti?– preguntó nuevamente.
Una pequeña pizca de preocupación se asomó por los ojos inexpresivos del escoces.
Alice negó nuevamente sintiéndose mal por no poder ayudar al mayor, lo tomó de la mano y corrió por donde se había ido el menor.
.
– ¡Alfred! ¡Él no es Alice!–
El antes mencionado miro fijamente al que decían que no era su hermanita, veía borroso, no tenía sus lentes a la mano así que no sabía distinguir muy bien.
No sabía de qué hablaban, se veían idénticos, aunque esas cosas en su rostro parecían orugas.
– ¡¿Perdiste a tu hermana?!–
Él se encogió de hombros sin nada con que defenderse, sin sus lentes no podría decir mucho.
Solo escuchó unos lejanos gritos que reconoció como la voz de su hermana y una voz madura y alguien de cabellos rojizos
*Fin flashback*
– ¡No me lo recuerdes!– se avergonzó.
– Muy tarde– murmuró molesta.
– Tienes que admitir que se parecían muchísimo, y aparte no tenía mis lentes, esos son puntos a mi favor–
– ¿Y la voz?–
– No habló en todo el camino–
Ella hizo una mueca al verse en un callejón sin salida, bufó cuando este volteo a verlo.
.
Francis caminaba por su cómoda casa, le encantaba estar en la playa, le encantaba ver a las parejas juntas en el verano, también ver a su pequeña hermana menor divertirse en el agua y bañándose en el mar que se extendía por toda la orilla.
Era relajante pasarla con su hermana en la playa, aunque muchas veces necesitaba de compañía masculina.
Esperaba y Alfred ya haya llegado con su invitado o invitada, no sabía realmente lo que era, pero no habría problemas mientras no incomodaran a su adorada hermana.
Aunque realmente la de la idea fue Madeline…
Unos estruendos se escucharon desde la cocina.
"Si, definitivamente ya llegó"
Suspiró y se dirigió hacia donde se desataba el desastre.
– ¡Pero se supone que debe de haber comida!– escuchó a Alfred gritar.
– ¡La comida la tienes que hacer tú, imbécil!– escuchó una voz femenina.
– ¡No voy a comer esa cosa asquerosa que hacer llamar comida! ¡Es veneno!– gritó aterrorizado el estadounidense.
– ¿¡Qué tienes en contra de la comida británica?!–
– ¡Es toxica!–
– ¡Tus cosas grasosas son toxicas!–
Bonnefoy suspiró antes de entrar a la cocina, no quería entrar, le daba miedo en qué estado pueda estar con Alfred dentro de ella, y no sabe cómo será la joven, ¿Qué tal y si es como Alfred? No es como si tuviera algo de malo que fuera así, pero se haría un revoltijo demasiado grande como para poder controlarlo.
Con lentitud entró a la cocina encontrándola en perfecto estado, o al menos eso es lo que quiere pensar.
Sonrió al ver que la muchacha que le gusto a primera vista era la hermana o invitada de su mejor amigo, tenía oportunidades si esta no tenía novio, pero dudaba que no lo tuviera.
Era muy linda.
Sí, no se había quitado el traje de baño de la bandera del UK, todo bien, si era ella.
Ahora que lo pensaba ¿Y si era novia de Alfred?
¿Tendría que resignarse?
Aunque aún no se daba cuenta de su presencia.
¿Serian puntos a su favor? No lo sabía realmente.
– ¡Alfred! ¡Dame la pala!– bufó ella extendiendo la mano.
– ¡No! ¡Me vas a golpear con ella cuando te la dé!– gritó él sosteniendo la pala como si su vida dependiera de ello.
–…– suspiró profundamente –Prometo ir a comer a donde tú quieras la próxima vez– murmuró.
– Ey, Jones, ¿Peleas con una señorita por una pala de cocina?– preguntó divertido Bonnefoy.
Alice le observó detenidamente y desvió la mirada hacia la palita que quería sonrojándose, Alfred solo le miró abrazando la palita aún más hacia sí.
– ¿Señorita? Déjalo así, ella podría ir por un cucharon y golpearme, no es muy bonito– murmuró.
Kirkland le observó fulminándole con la mirada, ¿Por qué no se le ocurrió a ella ir por algo para golpearlo? Debería de haber un mazo por ahí…
– Bueno… Cualquier mujer o joven es una señorita para mí, incluso tu mexicana es una señorita, si tu fueras una mujer… serias una señorita también, aunque no te imagino como una… – desvió los ojos intentando no imaginarlo.
– Gracias por esa imagen mental, ¿Tienes comida?– preguntó el de ojos azules y lentes.
– Estas en mi cocina–
– Eso no tiene nada que ver, tengo hambre y no hay hamburguesas–
– Alfred Frederick Jones, se nota que no sabes nada de comida– negó con la cabeza y se acomodó un poco su rubio cabello.
Alice se escondió lentamente detrás de su hermano mayor, no quería escuchar una conversación o discusión sobre comida, quería observar al amigo de su hermano con detalles, solo quería saber si tenía novia para poder hacerlo con tranquilidad, no pedía mucho, solo una señal.
Una maldita señal o pista.
.
– ¿Cómo va Madeline?– preguntó Alfred.
– Esta bien, dijo que en un rato volvería a la casa, dijo que tenía que ir a comprar algo para el desayuno de mañana– sonrió él al recordar a su hermana con esa angelical aura.
– ¿Y la dejaste ir sola? ¿Tu?– preguntó confuso nuevamente.
– Si, yo tenía que venir por ustedes… ¿Por ti?– dijo dudando.
– Pero Alice tam…– dejó la frase a medias cuando no la encontró a un lado de ellos.
Bonnefoy murmuró algunas cosas incomprensibles y buscó con la mirada a la rubia, desgraciadamente no se la encontraba, Alfred solo suspiraba cansado.
– ¿Hay alguna tienda con té?– murmuró en forma de pregunta.
– Si, unas tiendas más atrás, ¿Por?–
– Probablemente vio algo que le gustara y se quedara ahí, voy por ella, ¿Vienes?– preguntó él.
– Voy, quien sabe y te pierdes también– río un poco.
. . .
Kirkland observó desde la vitrina el tan famoso té de rosas, había escuchado de él pero jamás tuvo la oportunidad de comprarlo, observó a su hermano y al otro tipo caminando sin detenerse.
Hizo una mueca al verse olvidada después de unos momentos más de duda, suspiró cuando los perdió de vista unos momentos más, bueno, ya ni modo, eso le pasaba por ir como sombra detrás de ellos, ahora su abandono tenía que valer la pena.
Compraría ese té de rosas costara lo que costara.
Y tal vez algo de café para Alfred, sabía que se molestaría por alejarse de ellos, eso lo calmaría un poco.
Entró con lentitud al local y con la misma lentitud recorrió las estanterías, buscando algo que le agradara, encontró el té de rosas y con una sonrisa fue a pagarlo.
Busco en los locales alguna librería, algún libro ficticio o novela le serviría para pasar un buen rato, tendría que ir a una tienda de videojuegos después, preferiría entrar a una tienda de videojuegos a algún mercado solo por café, sería más rápido, luego se reuniría con ellos.
.
Francis encontró una rubia de coleta caminando sin rumbo alguno, su pequeña presa estaba presente, sonrió cuando vio el bolso de lado que había adquirido probablemente en sus compras.
O su escapada, era lo mismo.
Se notaba que era británica, bueno, por lo que había visto.
Eso o le encantaba el Reino Unido.
Probablemente era americana como su amigo, por algo eran hermanos.
Kirkland caminó y paso por un lado de él, desvió la mirada sonrojada y siguió caminando derecha.
Primero su orgullo y dignidad.
– Inglesa, deberías de estar con Al, aquí sola… Alguien podría aprovecharse de la situación– dijo Francis cuando pasó a un lado de él.
– No soy tan débil como parezco, tengo a Alfred de hermano– murmuró mirándole de reojo.
El francés se había acoplado a ella, bueno… más bien caminaba junto a ella, pero después de ese comentario mantenía una sonrisa.
"Alfred es su hermano, hay oportunidad"
– Oh, ¿Eso qué quiere decir?– preguntó él nuevamente.
– Que no por algo sigo viva después de tantos saltos en mi cama y casi en mi persona–
– Pero esa no es excusa para desaparecer y no contestar el celular– se burló un poco.
– Que no lo haya notado es otra cosa…– susurró –más bien lo olvide en el bolso– murmuró desviando la mirada nuevamente.
– Bueno, debes cargarlo siempre, algo malo podría pasar– se encogió de hombros.
– Nope, no pasara nada malo, se cómo prevenirme, gracias– murmuró eso último.
– Hay muchas mujeres que dicen eso, ¿Realmente eres como dices ser?– preguntó Francis.
– ¿Tengo que contestar eso? Es decir, si, eres el amigo de mi hermano, pero hasta ahí, realmente no te conozco, me voy a quedar en tu casa unos días y no se tu nombre ni nada de ti– le observó mientras seguía caminando.
El rubio de ojos azules solo sonrió de lado.
– Francis Bonnefoy, como mi apellido dice, soy de Francia, amigo de la universidad de Alfred, hermano mayor de Madeline Williams, tu compañero hasta que termines las vacaciones y probablemente también compañero de universidad– sonrió él al terminar.
La de ojos verdes se acomodó los lentes con cuidado para ocultar su leve sonrojo.
– Bien… Alice Kirkland, Inglaterra, no necesitas saber de donde realmente– murmuró lo último– hermana menor de Alfred, cosa que ya sabes y no tengo necesidad de repetirlo, soy dos años menor que él, pero me adelantaron y estoy en universidad con él–
– ¿Cómo es que jamás te había visto?–
– Me muevo mucho por el lugar y a veces me encierro en aulas– le restó importancia.
– Bueno, no importa realmente, tendremos tiempo para hablarlo después, pero por ahora dame tu bolso– pidió.
Alice le dio el bolso desconfiando, él solo se lo acomodo.
– Y… ¿Qué vas a hacer?– preguntó confundida ella.
Francis solo sonrió y la cargó estilo nupcial.
– ¡Bájame!– gritó ella.
– No me grites en el oído, al menos no te cargue como aquellos– apuntó con la cabeza a unos jóvenes.
Llevaban a una muchacha como a un costal, ella ya se había resignado.
Ella solo boqueo confundida
– Pero si quieres que te cargue como a ella tu solo dime y lo hare– sonrió nuevamente.
– Preferiría caminar, gracias– bufó ella.
– No, ¿Qué tal y si te vuelves a perder? Alfred me va a matar y después sus padres lo mataran a él, como cuando te confundieron con Arthur–
– ¡Cállate! No necesito que me lo recuerdes– se sonrojó de la vergüenza.
– ¿Ves cómo puedes tomar confianza rápidamente?– pregunto caminando.
– Eso es trampa barbudo–
– ¿Barbudo?– preguntó él
– Si, barbudo– como pudo jalo la casi inexistencia en la barbilla.
– Al menos yo no uso lentes pequeña enanita– murmuró.
– Cara de rana– le retó.
Francis desde ese momento supo que sería difícil entrar a su círculo de amistad, y Alfred supo unos días después en sus vacaciones, que su mejor amigo se volvería un pretendiente de su pequeña hermanita y por lo tanto un rival y un enemigo.
Solo sabía que se lo pondrían demasiado difícil en la universidad, no tenía opción.
"Alfred, tienes amigos demasiado extravagantes"
* Feliz Navidad (?) creo que era obvio… Creo.
Si, le cambie el nombre a Scottland/Escocia, me gustan esos dos Ian y Scott, acostumbro más a Scott~~… Así que shh… .3.
Juro que la aparición de Arthur no estaba planeada, llegó cuando estaba escribiendo y escuchando música… bueno, mentira, estaba viendo un MEP UsUk y luego escribí eso, tengo una meta de hacer los capítulos de al menos 4,000 palabras, pero es difícil xD
"Cause a heartbreaker starts with a broken heart
And I´m broken then run girl, just run
Don´t try to fix me, run away, don´t waste your time with me
Cause a heartbreaker starts with a broken heart without hope"
