Puedes saltarte lo negrito (Que racista se escuchó eso… Se leyó… Eso) si no te interesa mi vida (Todos lo harán, yo lo sé xD).

Hace una semana intenté adelantar todos los one-shots que pude- y aunque probablemente se salten esto- por varios concursos a los que probablemente no iré .3. Yo solo quería estar exenta en mate (?) -en cambio el profe quiere pelear por mis derechos de estudiante (?) y solo pueden ir el primer y segundo lugar (?)-

Apenas voy saliendo de secundaria, no sé cómo será en la prepa y no han entregado las fichas aquí para el ingreso y moriré ;w; le dejare a onee todos mis fics para que los publique y no prive del mundo de mis horrores literarios (¿?).

¡Estoy un one-shot adelantada! Y soy feliz de la vida (¿?) OoC… Algo de horrorografía… ¡Sorry! Hice lo que pude c:

Los personajes no son míos, si lo fueran, habría muchas Crackparings, mucho de todo (?) Hetalia es de Himaruya, yo solo los "tomo prestados" para entretenerme, no tengo a nadie secuestrado en mi mansión/rancho/choza, Alfred les mintió porque las Irlandas le contaron que Francia estaba rondando por el rancho de todos sin la autorización de Françoise (¿?)

Si, son Irlandas, República de Irlanda e Irlanda del norte… O eso quiero creer ;u; ¡No rompan mis ilusiones!

¡Ah! ¡Este One-shot se convirtió en un Two-shot! .3.


Matthew corrió detrás de Lovino que casi lloraba mientras corría de él.

– ¡Las traes!– gritó el corriendo de vuelta de donde vino.

Lovino se encogió en su lugar sollozando y su primo se acercó a él mientras que los demás mantenían su distancia.

– ¿Qué te pasa cugino*?–preguntó Feliciano con cuidado.

Lovino levantó el rostro lloroso con cuidado.

– ¡Las traes!– gritó casi tirando a su primo para salir corriendo.

Feliciano y los demás niños se quedaron viendo a Lovino que corría y se escondía en unos arbustos.

Nadie entendía la lógica de ellos.

Nadie se movía.

– ¡Julchen! ¡Las traes!– gritó Feliciano golpeándola con una pelota de plástico.

– ¡Ey! ¡No se vale que te golpeen con pelotas!– gritó ella avergonzada.

– ¡Se vale desde ahora!– gritó Isabel.

– Bien… ¡Esto es la guerra!– gritó Beilschmidt.

– ¡Viva la Tomatina*!– gritó nuevamente Carriedo.

Todos los niños salieron corriendo y gritando felizmente.

.

Monica observó a todos sus compañeros y se detuvo en uno en específico.

– Daniel… Creo que Alfred no le ha tocado ser el que tenga que atraparnos…– murmuró muy bajo para que nadie la escuchara.

El Beilschmidt castaño boqueo sorprendido afirmando su conclusión.

– ¡Alfred no ha atrapado!– gritó Daniel.

Todos se quedaron viendo extraño al húngaro, luego le dieron la razón.

– ¡Todos contra Alfred!–

El antes mencionado trago duro y con una sonrisa nerviosa empezó a correr para buscar un escondite por toda la escuela.

– ¡Daniel Beilschmidt Herdevary! ¡Cuando me toque atrapar tu serás mi presa!– gritó Jones – ¡Es más! ¡Ya lo eres!–

El mencionado sonrió nerviosamente hacia su rubia prima por el mal entendido.

– Ya valiste Danny – sonrió la de ojos azules.

.

Alfred se escondió entre las ramas de un árbol para despistar a todos y suspiró cansado.

¡Él no tenía la culpa de que nadie lo atrapara o lo fijaran como objetivo!

Ahora todos iban contra él por esos pequeños detalles, solo esperaba que timbrara pronto para el fin del recreo, aunque no quería ir a clases de matemáticas, no le gustaba esa materia.

Pero al menos podría valer la pena en ese caso.

.

– ¡Daisy! ¡Ven maldita bastarda!– se escuchó gritar.

La antes mencionada volteo a ver al lugar donde se escuchó el grito.

– ¿Habrá pasado algo malo?– preguntó ella

– Probablemente es alguno de esos pedidos de una hora de limite– susurró la rubia recogiendo su cabello en una coleta.

Se observó en el espejo e hizo una pequeña mueca.

Debía cambiar el peinado.

– ¡Daisy! ¡¿Dónde estás?!– se escuchó nuevamente.

– Suerte Vargas– le deseó la inglesa.

– ¡Gracias! Y uhm… Ve~… –Se quedó pensando unos momentos– Intenta con una media – le sonrió y salió corriendo.

Alice iba a decir algo pero calló inmediatamente para intentar lo que la había recomendado la italiana.

Se desató su rubio cabello y lo peinó como le habían dicho, con cuidado de que no le quedara tan despeinado. Se volvió a observar en el espejo y sonrió un poco, le había gustado como quedaba.

Agarró unos pequeños broches de su bolso para después acomodar y abrochar los mismos.

Se volvió a ver y sonrió satisfecha.

Bendita sea Daisy.

Bueno… ella tenía buena mano para muchísimas cosas, especialmente en lo que trabajaba.

"Aunque ella debería de trabajar en un restaurante de comida Italiana, de seguro vendería mucho"

Salió del pequeño cuarto en el que se encontraba para ver el no tan pequeño lugar donde trabajaba, realmente no sabía porque trabajaba en ese lugar en vez de una biblioteca.

Le agradaba mucho más los libros, podría incluso leerlos en el mismo lugar, sería su pequeño paraíso.

Pero lo más probable es por el olor a té y capuchino que le atraía.

– Liz, bonito peinado, me gusta– habló rápidamente una castaña clara– Te necesito para un pedido de las…– observó el reloj que colgaba en la pared– ¡Ya es tarde! ¡Y la novia no llega!– medio gritó ella.

– ¡Eli! Ya llegó, la estamos atendiendo nosotras– se escuchó decir desde el otro lado.

Y es que las hermanas Vargas estaban haciendo casi maravillas con el glaseado del gran pastel en la presencia de la clienta, Daisy hablaba animadamente con ella.

Ella sabía muy bien como distraer a las personas.

– Entonces realmente no me ocupan– comentó Alice.

–… Al parecer no, pero entonces cuéntame de tu vida– sonrió la húngara.

–… ¿Qué tendría que contar?– preguntó ella confundida.

– No lo sé, algo interesante, tu hermano, vecinos, amigos… pretendientes– murmuró lo último.

Kirkland intentó no boquear avergonzada.

– N-No hay nadie…– murmuró.

– ¿Enserio? ¿Segura? Con lo linda que eres– soltó un bufido.

La de lentes sonrió avergonzada.

– Gracias Eli, pero realmente no hay nadie interesante –

– ¿Y Kiku?– preguntó Herdevary.

–… Perdí la oportunidad– susurró la menor.

– Oh… Perdón–

Alice sonrió negando con la cabeza lentamente.

.

Elizaveta observó el panorama.

El lugar estaba medio lleno de gente, probablemente porque todos los jóvenes salían temprano ese día.

Sonrió al ver entrar a un rubio de ojos azules al lugar, podría intentar conseguirle un pretendiente a su amiga.

Lo necesitaba, se veía muy mal que todas ahí tuvieran novio y ella no.

Haría algo al respecto.

Con una sonrisa se acercó al rubio.

– Buenos días y bienvenido– le sonrió Herdevary.

Mon Dieu– susurró él.

Alice observaba todo desde su asiento, encaró una ceja al ver como el rubio sonreía, le daba un pequeño escalofrió todo eso, sabía que no era algo bueno.

Después de un pequeño rato Elizaveta le llamo en silencio, Alice se levantó y caminó hacia donde se encontraban los dos. Lo que ensanchó más la sonrisa de la húngara.

– El amable joven necesita algunos postres, atiéndelo mientras yo voy por aquellas mesas, ¿Bien?– suspiró.

– Ah… si, está bien– murmuró la rubia confundida.

La castaña sonrió al ver que su plan iba bien, cuando llegó a pedir lo que deseaban a una de las universitarias que habían en el lugar se detuvo en seco.

"¿Ese no era un amigo de Gilbert? ¿Uno de su trio?"

Tal vez había hecho algo malo, meter la pata, fregarla, echarlo a perder, de todo.

Solo esperaba que no pasara nada realmente malo, o simplemente no fuera grave.

Era lo único que pedía.

.

– ¿Alguien tan linda como tú puede trabajar aquí?– preguntó el francés.

Alice solo suspiró.

– Gracias por el alago… Pero no acostumbro a hablar con los clientes– murmuró lo primero.

– Podría desmentir eso, siempre hablas con los niños, yo vengo aquí de vez en cuando– le comentó con una sonrisa.

– Una cosa son los niños y otra muy diferente los adultos–

Kirkland estaba avergonzada, simplemente habían descubierto su mentira.

Maldecía a Elizaveta por sus ideas raras de conseguirle lo que fuera que quisiera.

Algún día se lo iba a regresar.

– Ten la carta– murmuró volteando a ver a Herdevary que ignoraba su mirada persistente.

.

Matthew levantó la mano.

– ¿Qué pasa Williams?– preguntó la joven profesora.

– ¿Podremos escoger a nuestro compañero de equipo?– preguntó él.

– No Matthew, no podrán escogerlos, no es como si no los conociera– negó divertida la joven.

– Señorita Emma, ¿Podremos escoger el tema nosotros?– preguntó Feliciano.

– Solo si se portan bien– sonrió ella.

– ¿¡Ya escuchaste Julchen!?–

La mencionada anteriormente solo gruñó por lo bajo mientras que los niños reían.

– ¡Bien!– Sonrió la profesora– Yo escogeré a las parejas–

Suspiros de tristeza, murmuros, golpes y demás no se hicieron esperar cuando ella menciono esas cinco palabras.

Ahora no jugarían con el niño que les hizo eso.

– Diré los nombres y no querré repetirlos, así que presten atención– Emma se sentó en su lugar correspondiente.

Daniel alzó su brazo con lentitud.

– ¿Si?– preguntó ella.

– ¿Podríamos cambiar de parejas si no nos parece?– preguntó él.

Emma suspiró un poco.

– No, no pueden cambiar– murmuró lo suficientemente alto para que pudieran escucharla – ¿Algo más?– preguntó ella nuevamente.

Varios niños alzaron el brazo.

– Que no tenga que ver con el cambio de parejas–

Ya no habían dudas.

La rubia suspiró levemente, a veces era difícil trabajar con niños.

– Bien comencemos…– se quedó unos momentos en silencio– Julchen, dime dos números del uno al…– revisó la lista– treinta–

La antes mencionada solo sudó frío.

– Ehm… ¿Seis?– dijo ella dudando.

Emma simplemente asintió con la cabeza aun mirando las listas.

– ¿Veintiséis? – siguió ella.

– Bien, Monica Beilschmidt e Im Yong Soo – comunicó– ¿Alguna queja?– preguntó.

Los mencionados anteriormente negaron con la cabeza.

– Feliciano, tu turno–

– ¡Tres y trece!– gritó.

– Daniel y Roderich–

Roderich hizo uno mueca de disgusto mientras que el castaño claro solo reía.

– Roderich, un número–

Él simplemente sonrió con burla.

– Cuatro… Y uno–

Julchen hizo una mueca horrorizada.

– Julchen y Nathalia–

– ¡Lo hiciste a propósito!– gritó ella.

– No es cierto, no es mi culpa que tu vayas después de tu hermano y ella sea la primera en la lista– le restó importancia.

Beilschmidt gruñó sin intentar disimularlo.

– ¡Diez y catorce!–

Emma negó con la cabeza.

– Alejandro no está, Isabel vas con Peter–

Solo se escuchó una risa proveniente de su hermano y una mueca asombrada de Carriedo.

"Solo espero que no sea igual que Lovino con el trabajo, todo menos eso"

.

Jones sonrió con felicidad genuina, ¡Él se sabía su número de lista!

– ¡Dieciocho y quince!– gritó con emoción.

Emma sonrió ante la ingenuidad y felicidad mal disimulada del menor.

Se notaba que le gustaba la pequeña mexicana, revisó la lista para confirmar lo pensado e hizo una mueca de decepción.

– Alfred y María… lo siento Al, ella y su hermano no vinieron, por lo tanto te dejaré con otro número…– murmuró lo último.

La felicidad de Alfred se esfumó rápidamente.

Maldecía a la varicela de todas las formas infantiles posibles.

– Te pondré con Matthew, ¿Esta bien?– preguntó ella.

Jones asintió con pesar.

– Animo, en el próximo trabajo los pondré juntos– le animó.

Él agradeció en silencio y su cara dio a parar en su escritorio, después de quitarse sus lentes.

¿Por qué le pasaba eso a él?

Sintió una mano en su espalda y al voltear se encontró a Matthew dándole ánimos silenciosos.

Alfred agradeció en silencio nuevamente e imaginó un futuro con su mejor amiga.

.

– ¡Bien! Silencio por favor– pidió Emma– Ya todos tienen su compañero, su tarea consiste en relatar cómo es la familia del otro, es decir… Uhm… Como la apariencia física, como se comportan con sus compañeros, en que trabajan, cuántos hijos tienen, sus abuelos, tíos, mascotas, donde viven, entre otras cosas, para dentro de… Una o dos semanas, ¿Dudas?– preguntó finalmente.

– ¿Es como ir de pijamada a la casa de tu compañero?– preguntó Peter.

– Uhm…– la rubia lo medito por unos momentos– Si, pero sería a trabajar– sonrió ella.

No se hicieron esperar las sonrisas y voces de los menores pidiendo casi a gritos que llegara el fin de semana.

Simplemente no esperaban que fuera tan fácil.

Aunque realmente no todos estaban emocionados con esa tarea.

Un ejemplo serían los pequeños Matthew y Alfred.

Porque Alfred F. Jones y Matthew Williams no tenían padres, sus hermanos mayores los mantenían.

Y eso nadie lo sabía, tampoco es como si necesitaran saberlo. Es su vida, no la de ellos.

Después de unos minutos inquietantes para los dos, timbraron para anunciar el fin de las clases y por lo tanto, el inicio del tan esperado fin de semana.

Menos para ellos dos.

– ¿Pasa algo malo pequeños?– preguntó preocupada la profesora.

Williams fue el primero en salir de su ensoñación.

– N-no pasa nada señorita Emma– susurró levemente nervioso.

– ¿Seguros? Porque Alfred no ha salido corriendo– apuntó.

El de ojos violetas observó al antes mencionado y negó con la cabeza.

– Al, ya es hora de salir– le movió un poco.

– ¿Pasa algo Alfred?– preguntó nuevamente.

El de ojos azules observó el rostro preocupado de la mayor.

Dio un suspiro interno e intento sonreír como siempre.

– No pasa nada, ¡Ya verá que el trabajo del Hero y Maple será el mejor!–

– ¿Maple?– preguntó indignado el canadiense.

– Me alegro que no pase nada grave…– suspiró ella– Bueno, ya váyanse que sus padres deben de estar esperándolos– sonrió ella.

"Padres ¿Eh?"

.

– Francis…– susurró el menor captando la atención del mencionado.

– ¿Qué pasa Mon petit?– preguntó el francés.

– ¿Qué se siente tener una familia?– preguntó Matthew.

Francis encaró una ceja confundido.

– ¿Qué se siente tenerme como hermano?–

– Es… Me hace sentir muy feliz– el mayor sonrió– Pero a lo que me refiero, es a tener una maman y un papa

– … – suspiró – Se siente muy bien, es como… tener dos hermanos mayores que te quieren y cuidan, te dan mucho amor, quieren lo mejor para ti, no sé cómo describírtelo–

– ¿Cómo eran mamá y papá?– volvió a preguntar.

– ¿Recuerdas a la muchacha de cabello largo y ojos violetas vestida de rojo en la foto de la sala?– preguntó el mayor.

Matthew asintió levemente.

– Era ella, era linda ¿No?–

– ¿Cómo era ella?– preguntó ilusionado.

– Era amable, muy amable, era inteligente, una voz suave y cálida, comprensiva, muy buena en la cocina, hacia unos postres deliciosos, al igual que tu era canadiense–

– ¿Y papá?–

– ¿Podríamos hablar de él después?– preguntó Francis.

– Eh… si– murmuró el menor.

Jaló de la manga del mayor por unos momentos para volver a llamar su atención.

– ¿Qué pasa?– preguntó nuevamente.

–… Q-Quiero algo dulce– susurró Matthew.

– ¡Debiste decirlo antes! Hay un lugar donde venden diferentes postres, es increíble la variedad que tiene ese lugar… de ahí te llevo tu pastel de fresas– rio por lo último.

¡Allons! ¡Allons! ¡Pistes! *

.

– ¿Seguro que no pasa nada Al?– preguntó con preocupación Alicia.

–…Tengo un trabajo que hacer y no sé cómo hacerlo– bufó él.

– ¿Quieres que te ayude?– preguntó ella con una sonrisa.

Jones se lo pensó unos momentos.

Tenía una idea, pero necesitaba a Matthew.

– Si, pero necesito la ayuda de mi compañero– hizo un pequeño puchero.

La rubia de ojos verdes negó con la cabeza aun sonriendo.

– Tengo que regresar a trabajar, hoy no hay el pastel de chocolate que tanto te gusta– se levantó del lugar en el que se encontraba.

Alfred volvió a suspirar, no podría hacer el trabajo con María ¿Y ahora eso? Solo faltaba que su plan no funcionara.

O que no hubiera electricidad en el edificio de departamentos, eso sería horrible.

–… ¿Hay uno de galleta? ¿Nutella? ¿Resses? Algo así… ¿Cajeta?– preguntó casi suplicando.

– Voy a ver si hay algo así, pero yo creo que sí, las codas de tus tías te consienten en comida– murmuró ella.

El estadounidense observó cómo su hermana mayor se alejaba de la mesa, rápidamente saco una hoja y un lápiz de su mochil.

Había escuchado que Matthew tampoco tenía padres, igual que él.

Eso o lo había soñado heroicamente.

Realmente no lo recordaba, solo tenía que comunicarse con Williams para comentarle su plan y preguntarle sobre ello. Desgraciadamente no tenía su número de teléfono y no se sabía todo el camino hacia su casa.

¡Ya tenía quien fuera su "padre"!

Kiku era muy amable y si se lo pedía con una cara de cachorro aceptaría.

¡El plan perfecto!

– El Hero lo hace de nuevo– sonrió él.

De repente recordó a Mei.

Su plan se había hecho pedazos

¿Y si se lo pedía a Toño? Seria para una tarea…

Aun así Chiara se enojaría, su tío Ludwig no podría ser, era demasiado serio.

Gilbert era… Gilbert.

Ivan le daba muchísimo miedo, no había palabra para describir lo mucho que le aterraba.

Y ahora que lo pensaba bien, ellos ya estaban apartados por sus hijos…

Tenía ganas de llorar, su plan perfecto se estaba haciendo trizas.

.

– No puedo estar haciendo eso Matthew, lo siento– negó con la cabeza él.

El pequeño canadiense solo quería llorar de la frustración.

Nada estaba funcionando.

– ¡Por favor!– rogó nuevamente él– estas con muchas mujeres todos los días, es lo mismo–

– Matthew… una cosa es experimentar en el amor y otra cosa es experimentar como cónyuges–

¡Frère! ¡Se il vous plaît! *– volvió a pedir el menor

– Williams, no, no quiero pelear, por favor– suspiró frustradamente.

– Pues ayúdame con esto–

– No puedo hacer eso– murmuró– ¿Tú quieres a una extraña en la casa?– preguntó Francis.

El canadiense se lo pensó unos momentos.

– No…– susurró él.

– Es eso, quisiera ayudarte, pero hacer eso no tiene mucho sentido–

El de ojos violetas hizo un mohín disgustado con su hermano mayor, pero… Tenía sentido, lo que le pedía es casi fantasioso.

Observó a lo lejos a Alfred con una mujer de cabellos rubios que le sonreía a Jones y besaba su frente para luego retirarse.

Ojala él tuviera una mamá así, seria lindo ser despertado así todas las mañanas.

Observó a Francis que estaba con la carta del menú que le habían entregado anteriormente y con cuidado salió corriendo a donde estaba Alfred, ganándose una mirada confusa del parte del mayor.

El americano le miró confuso cuando Matthew llegó a su lado, este se sentó enfrente de él con su permiso.

– ¿Qué haces aquí?– preguntó Alfred después de tragar lo que estaba masticando.

– Mi hermano me trajo, ¿Alguna idea de cómo le haremos?– preguntó él.

– Bupe– se llevó otro trozo de la rebanada a la boca y lo mastico con lentitud pensando– necesito… A alguien más, ¿Y tú?–

– También, ¿Tampoco tienes padres?– preguntó Matthew.

– Que yo sepa nope, Alice me cuida como lo hace tu ehm… ¿Hermano?–

– Si… ¿Quién era quien te trajo el pastel?–

– Mi hermana, ¿Por?–

Williams suspiró.

– No se me ocurre nada– murmuró apoyando la cabeza en la mesa.

– Tal vez debimos hablar con la profesora Emma…– suspiró él.

– Puede que si… per–

– Oh, Al, te traje un poco más de jugo, te lo manda Daisy– observó unos momentos a Matthew antes de sonreír– ¿Tú quieres algo pequeño?–

El canadiense boqueó un poco sorprendido, ¿Lo habían notado? ¿No lo habían ignorado como siempre?

A lo lejos Bonnefoy les observaba con mucho cuidado de que nada le pasara al menor.

– N-No… Gracias– murmuró nervioso.

– ¿Seguro?– preguntó ella nuevamente.

Alfred le observó confundido.

– B-Bueno… ¿Pastel de fresas?– el de ojos violetas estaba muy nervioso.

Kirkland asintió levemente y se retiró.

Matthew aún seguía nervioso.

– ¿Por qué te pusiste nervioso?– preguntó Alfred aun confundido por su actitud.

Williams negó con la cabeza.

– Nada importante– susurró.

Alice regresó con un pequeño plato con una rebanada de pastel de fresas y lo depositó enfrente del canadiense.

– Disfrútalo–

Y despeinó los cabellos del de ojos violetas para después volver a retirarse.

–… Yo quiero una mom así–

– Yo también, pero es mi hermana– negó Jones.

Matthew iba a hablar pero rápidamente se calló.

– ¿Y si le pido que tu hermano y ella sean nuestros padres? Podríamos decir que no llevan mucho…– sugirió el de ojos azules.

Williams sonrió ante la idea de que alguien así fuera su madre.

– ¡Sí! ¿Pero eso no nos convertiría en hermanos?– preguntó él.

Alfred murmuró algunas cosas incomprensibles y suspiró un poco.

– No sé, yo ya no encuentro quien haga de padre– estampó su rostro de nuevo en la mesa.

– Le diré a mi hermano, tu dile a la tuya– se levantó de su lugar después de tomar un bocado de su tan esperado pastel.

Jones observó desde lejos que su mejor amigo estaba emocionado por la idea.

Él tenía que admitir que también lo estaba, tendría una familia. Actuada, pero la tendría.

Eso le hacia muchísima ilusión al menor.

.

Francis observó a su hermano menor que casi lloraba por ese pequeño "experimento" de él y su amigo.

¿Por qué le pasaba eso a él?

Desvió su mirada hacia donde le apuntaba Matthew y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Tal vez su idea no sería tan mala como lo pensó en un momento.

Lo acercaría a la rubia de ojos verdes, eso le gustaba. Aunque por otra parte no porque sería un acercamiento forzoso.

Volvió su vista hacia su canadiense que le miraba suplicante y volvió a observar a donde habían apuntado anteriormente recibiendo una mirada verdosa.

La señorita estaba sonrojada y le miraba a él y nuevamente al pequeño a lado de ella.

La observó negar avergonzada, volver a negar mientras el menor hacia muchos gestos y después de una cara de cachorro por parte del pequeño rubio de ojos azules, acepto resignándose a lo que esperaría en un futuro.

El norteamericano llevó casi corriendo de la mano a la mayor para llegar hacia ellos.

– Lo logré Matthew– sonrió él.

– Yo sigo en el proceso…– suspiró– Realmente me hubiera gustado tener una familia…–murmuró el menor.

Francis suspiró junto con una mueca.

– Aceptaré, pero no sean extremistas con su "experimento"–

– Yo solo quiero pasar el menor tiempo que sea posible con tu hermano – negó Alice con un pequeño sonrojo.

– ¡Oh, vamos! Disfrutaras todo lo que estemos juntos, seremos como una pareja de recién casados– rio el mayor.

– Eso no me hace gracia cara de rana– bufó la inglesa.

– Es la hermosa realidad petit, seremos unos padres para ellos, entonces seremos unos recién casados–

– O podríamos ser unos padres que no se han podido divorciar por los pequeños, esa me gusta muchísimo más–

– Pero entonces los niños estarían decepcionados porque el ejemplo de familia que les darías– negó levemente con la cabeza aun con una sonrisa.

– Me estoy empezando a arrepentir de aceptar todo esto…– murmuró ella.

Los menores observaron a los adultos discutir sobre su experimento, por ahora iban bien, estaban teniendo una "discusión" que tienen las parejas o los padres sobre sus niños, o eso es lo que pensaba Alfred por ver tanta televisión.

"No se preocupen, tendremos la mejor calificación y por fin sabremos lo que se siente tener padres"


¡Primero! No sé cómo se les diga en otros países, pero mi mexicano ser le dice las traes o las atrapadas, siempre las he conocido así xD diversidad lingüística o latina/español (¿?)

¡Es como un trabajo que hice hace un año! Diversidad lingüística… tuve que investigar una misma palabra y su variante en países hermanos, un ejemplo es tortillera-lesbiana, no recuerdo de que país era pero me dio gracia por la gran diversidad que hay simplemente en américa latina. (Por algo el español es uno de los más difíciles de aprender, muchas variantes y según se están tres españoles, Español mexicano, Español latino y el Castellano, pero realmente no estoy segura) Hablando enserio, ¿No han visto el Word y sus muchos españoles? Es awesome~ (¿?)

* Primo en italiano

* La tomatina es una fiesta que se celebra cada año en España, el último miércoles del mes de agosto. Esta consiste en lanzarse tomates por durante, si no me equivoco, una hora, no diré los eventos previos porque es lo único que se en estos momentos. (Mommy Spain, ¿Qué diría Lovi por los santos tomates? Viviste tu vida ¡Que viva el Jefe! ¡Kampai!).

* "¡Vamos! ¡Vamos! ¡Corre! " Según el tan funcional traductor.

* "¡Hermano! ¡Por favor!" Lo mismo de arriba.

"El mañana ya llegó, el cielo no es límite y lo sé.

Si no te levantas hoy, el sol no sale y no puede ser.

Lo mejor, lo mejor de mí no.

Sigo avanzando aun, aquí te encuentras tú.

Tu amor es verdadero, lo quiero, es mío.

Caer nos hace fuertes, ¿Sera cuestión de suerte?

Pero después de todo, estoy aquí a tu lado.

Y agradezco que eres tú, vale la pena si estas tú.

El futuro llegó."