¡Tengo frío! Y no hay clases en mi secundaria, al menos hasta el martes ;w; No tengo nada que hacer ahora (¿?)
Tengo hambre… algo de horrorografía… ¡Y OoC! ¡Sorry! Hice lo que pude c:
Los personajes no son míos, si lo fueran, habría muchas Crackparings, mucho de todo (?) Hetalia es de Himaruya, yo solo los "tomo prestados" para entretenerme, no tengo a nadie secuestrado en mi mansión/rancho/choza, Alfred les mintió, es solo porque… Ehm… Porque en la casa de Preuben no hay hamburguesas (¿?)
Por más que buscaba un "por qué" a los hechos no lo encontraba.
A nada y eso le estresaba muchísimo.
Quería irse a su casa a dormir, era lo único que quería hacer en esos momentos de ansiedad.
Muchas cosas pasaban rápidamente por su mente, y se desvanecían con la misma rapidez con la que aparecían.
Matthew no ayudaba mucho, ni él ni sus hermanos mayores.
Es más, ¿Cómo se conocían todos ellos?
Nada en esos momentos tenía sentido y mucho menos lo de sus hermanos, simplemente no lo tenía.
O al menos ella no lo encontraba, probablemente fue en esos días donde ellos fueron de visita a su departamento de sorpresa y se encontraron con él haciendo alguna travesura para el mayor.
Eso quería pensar.
Pero eran tantas posibilidades que ya se había perdido y ya no sabía ni en donde había empezado.
Como siempre que profundizaba demasiado en sus pensamientos.
Ni si quiera sabia como es que esos dos se conocían.
Demasiadas preguntas sin respuestas.
.
Matthew observaba algunas partituras viejas, como le ponían melancólico.
Sonrió cuando leyó la canción que cantó Alice cuando él estaba en el kínder.
¿Hace cuánto había pasado de eso?
Fácilmente pasaba de los cinco años, probablemente unos cinco o seis años desde ese acontecimiento.
Mientras buscaba en la caja ya desgastada de madera, Scone le ayudaba un poco con algunas carpetas debajo de otras cajas.
Como quería a ese cachorro, aunque no le veía cara de esa cosa.
Alfred debió tener muchísima más imaginación con el nombre del pobre animal, ¿De dónde conseguía escribir y realizar tantas canciones? ¿De dónde? Porque el pobre cachorro no tenía la culpa de nada.
O al menos eso pensaba él.
Observó entre otras hojas viejas lo que parecía un diario viejo, lo dejó a un lado y siguió revisando entre otros cuadernos desgastados.
Encontró uno de hace más o menos doce años de antigüedad, con cuidado lo abrió y paso sus dedos por las desgastadas hojas de papel.
Escrito con pluma negra, azul y algunos pequeños dibujitos con tinta de color rojo o los dos antes mencionados, se encontraban más letras de canciones, de cuando él era un niño enamorado.
Sonrió al reconocer las primeras letras que había escrito para ella.
Nada de eso debería de ser así, él jamás debió cruzar la calle, debió quedarse con los dos.
Todo pudo haber sido tan diferente si tan solo él no hubiera sido tan inocente al perseguir ese cachorro.
Después de tantos años la culpa aun lo carcomía.
Porque Alfred Frederick Jones aún podría haber estado con ellos.
Porque en vez de estar visitándolo cada semana podría estar viéndolo a la cara.
Porque le pudo haber enseñado a componer canciones para Alice, quien le cuidaba desde que se conocieron.
Porque pudo agradecer todo lo que habían hecho por él.
Porque en esos momentos podría no estar llorando por su ausencia y estarse gastando bromas o jugar con algún nuevo miembro de la familia
¿Por qué las cosas debían ser así?
¿Por qué él se tardó en aparecer?
Por algo Matthew Williams guardaba tanto rencor hacia esas personas.
Aunque sabía que fue un accidente.
Él ya no era el niño inocente y estúpido que alguna vez fue.
.
El "niño" de doce años caminaba sonriente por las calles.
Nadie que lo mirara sabría que sufría por dentro, que cargaba con la conciencia de que su hermano se había sacrificado por él.
Y él no le pudo salvar.
Nadie debía saber de eso.
Cruzó varias calles antes de llegar al kínder que estaba a unas cuadras del trabajo de Alice.
Observó con cuidado la libreta desgastada que llevaba consigo.
En la portada se podría apreciar unas letras algo temblorosas y algo mal hechas, probablemente cuando él todavía no sabía escribir bien.
"Bunny Alice, Al the Hero and Matty" releyó por sexta vez.
Realmente no sabía si era masoquista por llevar eso a donde se le podía estropear o simplemente quería llevar algo que le recuerde a él, como todos los días.
O tal vez, solo era eso de que no quería sentirse como un acosador o un loco, porque así se sentía casi todos los días.
Guardó con un poco de recelo el antiguo cuaderno cuando su "hermana" se le acercó gritando.
– ¡Matt! ¡Bro! ¡Adivina lo que me pasó hoy en la escuela!– sonrió la menor de los dos.
El antes mencionado lo observó de reojo y bufó silenciosamente.
– ¿Que te pasó?– preguntó él en un murmuro.
La sonrisa de la de ojos azules desapareció.
– ¿Por qué jamás me llamas hermana? ¿O si quiera por mi nombre?– preguntó en un hilo de voz.
El de ojos violetas le observó unos momentos para voltear la mirada.
¿Cómo decirle que era idéntica al hermano que perdió? ¿Cómo hacerlo sin echarse a llorar?
¿Cómo decirle que incluso tiene el nombre que él había querido siempre para una hija con Alice? ¿Cómo decirle que lo único que la diferenciaba era el ser mujer?
¿Cómo hacerlo sin herirla más de lo que ya lo hace? ¿Cómo?
Tragó duro unos momentos antes de contestar.
– ¿Realmente importa?– preguntó en un susurro.
Eso no era lo que él quería decir, pero era su forma de defenderse, desde que Jones había desaparecido de su vida.
– Si…– murmuró– En toda mi vida jamás me has llamado de ninguna forma "cariñosa"–
– ¿Realmente quieres saber por qué?– fue más una pregunta para sí mismo que para ella.
– ¡Sí! Somos Bros, quiero saber por qué tratas con más cariño a tus amigas que a tu hermana– murmuró en un puchero.
El mayor rodó los ojos un poco divertido.
Hermanas celosas, ¿Quién las entendía?
Aunque ahora que lo pensaba él siempre cela a Alice, siempre.
– Te llevaré a donde Alice y yo siempre vamos, pero con la condición de que no harás nada imprudente y mantendrás la compostura–
Emily asintió energéticamente con una sonrisa.
Tal vez ella debió recriminarle eso hace tiempo.
.
Alice acomodaba el cuarto de su pequeña.
Emily se parecía tanto a Alfred, y eso le ponía…
No sabía ni cómo explicarlo.
Solo intentaba aprovechar todo lo que podía para que Matthew se llevara bien con ella.
Cuando le dijo en la mañana que iría con ella al lugar de siempre, intentó pensar que era una buena señal.
La menor había hablado con ella después, antes y durante su llanto por la actitud fría de su "hermano"
Aunque Williams decía que no podía decirle hermana por motivos personales, realmente le confundía la actitud con la menor.
Con Arthur no se porta de esa forma.
A veces le encontraba jugando con él o se ofrecía a cuidarlo cuando ella no se encontraba.
O también le encontraba en la habitación de Emily vigilando su sueño con una cara que decía que quería llorar, quería pensar que es porque se parece demasiado a su hermano mayor.
Ella sabía que no podría superarlo y la pequeña rubia era un golpe duro hacia él.
Y no nada más hacia él, hacia ella también.
Solo esperaba en esos momentos que Francis llegara rápido, no es que no le gustara estar con sus otros dos niños, pero entre Arthur y la otra pequeña se le dificultaba todo, y solo porque no estaba la otra rubia ayudándole.
La vida era tan difícil cuando es adulta y madre.
.
Matthew susurró unas palabras de bienvenida en conjunto con una sonrisa.
Emily sintió una punzada de envidia hacia la persona que profesaba esas palabras.
¿Por qué le preguntó si quería venir? ¿Para burlarse de ella? Ya tenía con sus amigas que le sonreían a toda hora queriendo ser amables con ella.
¡Ella ya se sabía sus sucios trucos! ¡Ella no caería!
… O al menos no sin galletas de chocolate.
Observó al mayor tocando una suave y tranquila melodía con su guitarra, él sabía que no era experto y se equivocaba, pero le era suficiente para enseñárselo, él sabía que le haría muy feliz ver esos avances en su hobbies.
Y la pequeña rubia seguía sin entender nada, no sabía por qué estaban ahí, ni mucho menos porque le dedicaba eso a una persona, no veía a nadie por los alrededores.
Solo montones de tierra con piedras redondas, nada más.
Frunció el ceño cuando la canción termino.
Debía ser una mujer muy bella como para que su hermano se fijara en ella, tenía muchas amigas bonitas, él debía tener algo que hiciera que las niñas de su edad quisieran estar con él.
Aunque no sabía cómo, o el que.
Tenía tantas dudas sobre esos aspectos de su vida.
Porque Matthew Williams era un misterio para Emily Bonnefoy Kirkland.
.
Francis observaba a su pequeña Emily toda nerviosa o ansiosa.
Ya realmente no sabía distinguir una cosa de la otra en la pequeña.
Tal vez había bebido café y estaba imperactiva.
Nuevamente, ya no sabía.
Solo sabía que Matthew se mantenía más distante que de costumbre.
Y él sabía de antemano que él no era así antes.
Era muy feliz, y aunque no era muy social, se debía a su timidez, antes lo comparaba con un libro abierto.
Ahora lo comparaba con un libro de muchos años de antigüedad que en su tiempo habían sido sus años de gloria, tan desgastado que ya no se podía leer con claridad.
Muchas cosas pasaban en su vida.
Muchas veces había intentado hablar con él e intentar arreglar las cosas, pero simplemente parecía demasiado dolido.
Le había intentado dar ayuda para superar todo.
Decía que estaba bien y no ocupaba un psicólogo ni nada parecido.
Y es que, su pequeña Emily si se parecía a Alfred.
Bonnefoy tenía el pensamiento de que la vida le dio otra oportunidad de arreglar las cosas con Jones a través de su pequeña rubia.
Pero Matthew estaba tan reacio con eso.
Después de tantos años, le seguía llamando por su nombre y no le miraba de buena manera. Cuando antes se mostraba muy feliz cuando le veía.
Extrañaba a su pequeño Matthew.
.
Alice le mostraba una sonrisa a Williams que estaba escribiendo en una libreta mientras que la rubia de ojos azules rayaba una hoja de otro cuaderno con diferentes colores.
– Matt, ¿Entonces podrás cuidar un rato a tus primos?– preguntó Kirkland mientras depositaba con cuidado una taza de capuchino.
Porque el canadiense había tomado un gusto por aquella bebida caliente, y lo único que le molestaba de aquella bebida es que en algunos casos era más espuma que líquido.
Agradecía que esa pequeña cafetería no fuera coda con sus productos.
A veces se pasaban con la abundancia, pero no le molestaba en lo absoluto.
Había aprendido a saber por medio de esos pequeños detalles cuál de sus tías había sido la que le llevaba ese pequeño obsequio.
– El tiempo que quieras Bunny– sonrió él bebiendo con cuidado.
La sonrisa de la inglesa se ensanchó, ¿Hace cuánto que no le decía de esa forma?
Solo sabía que no había pasado tanto tiempo, pero le traía muchos recuerdos, tanto buenos como malos.
– Gracias Matt, ah, puedes invitar a tus amigas si quieres, tú sabes, para que te ayuden con el ejército– rio ella.
– Si, ustedes diviértanse y tárdense todo el tiempo que quieran, me las arreglaré para que no lloren por su ausencia–
– Esta bien, pero llamaré para corroborar, y si pasa algo llámanos, o llámame, como quieras– le susurró ella.
Él asintió nuevamente dando otro sorbo a su capuchino.
Él sabía que su trabajo comenzaría cuando cerraran el lugar, después Francis les llevaría a la casa, y después de reunirse todos ahí, pues…
Ellos se irían de fiesta y le dejarían con todos sus primos.
Tenía el consuelo de que sus mejores amigas estarían ahí para apoyarle.
O bueno… debía de llamarles para ver si le podían acompañar.
Al menos sabía que a Elise sería un poco más fácil porque Ludwig era su hermano, él no le dejaría con toda la carga, así que se podría quedar con toda seguridad.
El problema era Irunya, su hermano si podía confiar en él, ya lo había hecho, y su hermana mayor también le apoyaba, por el simple hecho de que habían hecho muchas pijamadas improvisadas entre ellos.
Solo esperaba que no fuera tan malo como se lo imaginaba.
.
Alice observaba el celular menos de cada cinco minutos.
Realmente le preocupaba el que Matthew se quedara con todos sus primos, porque no eran pocos.
Eran una familia algo… "grande".
Porque realmente no eran sus tíos, solo era una vieja costumbre de tratar a los amigos de sus mayores como tíos, así se acostumbró Matthew y él así los acostumbró a todos por ser el mayor.
Suspiró cuando sintió una mano en su hombro, sonrió un poco y se volteó a encarar a la persona que le había llamado en silencio.
Lo único que recibió fue una mirada de confianza. Una de Francis.
Porque a su esposo no le preocupaba realmente eso, tenía confianza en Williams.
Él sabía que podría con toda la revolución.
Observó la preocupación de en los ojos esmeraldas de su esposa y besó con cuidado una de sus mejillas.
Tenía que calmarla un poco.
– No te preocupes mon petit– le susurró él cuando sintió la mirada de la más baja en él– Todo saldrá bien, le tienes confianza ¿No?– preguntó el mayor.
Alice asintió suavemente con la cabeza, ella tenía fe en el canadiense, de quienes no era de los más pequeños.
Matthew tenía un límite como todos ellos.
¿Qué pasa si conocen ese lado lastimado y oscuro de él?
Realmente le preocupa lo que le puedan hacer a la paciencia del mayor.
– Amor, deja de pensar en eso, vinimos a divertirnos, en un rato le llamas, déjale un poco tranquilo– le abrazó para llevarla por la pista del salón.
Ella realmente lo intentó, pero no podía olvidar el tema.
Solo cuando los labios del francés se posaron en los suyos se pudo olvidar de todo lo que le atormentaba.
Realmente él sabía cómo hacerle olvidar las cosas.
Tal vez ir a esa boda no iba a ser tan malo.
Tuvieron que cerrar temprano para ir, tenía que valer la pena, aparte de su pequeño Matthew.
Tenía que olvidar eso durante unos momentos, le había prometido divertirse.
Tendría que cumplirlo.
.
Matthew tenía una guitarra y tarareaba una canción.
Observó que los menores seguían comiendo galletas que habían dejado hace unas horas para ellos, escuchó que golpeaban la puerta con cuidado.
Con delicadeza dejó la guitarra en el sillón donde estaba sentado y fue a abrir la puerta.
Del otro lado se encontraba Irunya con la respiración agitada, probablemente había corrido, esperaba que no desde su casa.
– ¡Perdón Matthew! Le pedí permiso a Iván para venir y me dijo que sí, pero tenía que limpiar el cuarto de mi hermana… No quiero volver a entrar ahí– murmuró ella.
– Creo que por algo tu hermano le tiene miedo– susurró el mayor.
Ella asintió levemente con la cabeza y el canadiense le dejó entrar para después cerrar la puerta con seguro.
Ahora podía dejar de estar pendiente de la entrada.
Suspiró con una sonrisa y rasgó las cuerdas de la guitarra creando un sonido no tan rápido, tenía que seguir practicando.
Emily se sentó enfrente de él, esperando a que él cantara una canción.
Williams negó levemente con la cabeza siguiendo diferentes ritmos.
Poco a poco donde se debía encontrar la mesa de centro de la sala, se encontraban algunos de sus primos, otros estaban en los sillones con algunas galletas, en la alfombra de la sala, pero todos esperando a que él cantara algo.
El canadiense suspiró cansadamente y dejó la guitarra.
–… debajo de mi cama hay una caja de madera, carpeta estadounidense– murmuró él.
Emily asintió emocionada, ¡Por fin entraría al cuarto de su hermano! Corrió hacia donde le dijeron para encontrarse la caja y la carpeta en donde correspondía.
Con cuidado buscó algunas composiciones, parecía que no todas eran de él, por la letra y todo lo que decía.
No desconocía a su hermano siempre.
Con una sonrisa saco algunas hojas y corrió hacia donde la esperaban todos.
Matthew al ver la letra tembló un poco.
Era la canción que le cantaban Alice y Alfred de pequeño.
Con un nudo en la garganta y con ganas de llorar empezó a rasgar las cuerdas con cuidado de no equivocarse.
Le dolería tanto equivocarse en eso.
.
– Alice, ¿Sabías que te amo?– le sonrió de nuevo el francés.
Kirkland se sonrojó notoriamente después de asentir con cuidado de que no se viera demasiado el sonrojo.
La sonrisa de Bonnefoy se ensanchó aún más.
– No puedo creer que aun te sigas sonrojando con eso, después de tantos años–
– ¡Deja de molestarme!–
Se estaba ahogando en su propia vergüenza.
– Era broma… Bueno, no, simplemente se me hace curioso y lindo ese pequeño detalle, los hombres también sentimos ¿Sabes?– preguntó él.
– Lo sé, pero me recordaste cuando apenas nos conocimos, fue tan extraño, me sentía acosada– murmuró ella.
– Gracias por pensar en mí en un acosador cuando yo solo acompañaba a Gilbo y a Toño con sus respectivas novias– le observó de reojo.
– No apartabas la mirada de mí, me sentía acosada– siguió ella.
– Pero no era así, bueno… solo te observaba, pero nada más– rio él.
– Eso no ayuda en nada– rodó los ojos la menor.
– Bueno, ya anda, llama a Matthew para que te sientas mejor– le acaricio con cuidado el rostro.
Ella implemente se volvió a sonrojar aún más.
Murmurando muchas cosas incomprensibles para los oídos franceses, tomó su celular y marcó al del canadiense.
"¿Hola?"
– ¿Elise?– preguntó ella confundida– Hola querida, ¿Sabes dónde está Matt?– preguntó nuevamente.
"Bueno… ¿Cómo decirlo?"
– ¿Pasa algo malo?– se preocupó la mayor.
"¿Ah? ¡No, no! No pasa nada malo, pero… ¿Recuerda como usted nos entretenía con sus canciones?"
La inglesa se lo pensó unos momentos mientras su esposo le observaba atento.
– Si, era divertido– sonrió al recordar esos momentos– ¿Matthew está cantándoles?–
"Si, deje me acerco un poco a él"
Alice hizo lo mismo con Francis que ahora se encontraba enfrente de ella.
Le hizo una seña de que se acercara al celular en su mano y un poco después se escuchó un poco el sonido de una guitarra.
Y la voz de su pequeño rubio cantando.
Para su sorpresa en español.
La canción que los tres compusieron.
Una sonrisa se asomó en los labios franceses.
– Gracias Eli, le mandas mis saludos a Matt, diviértanse–
Antes de que le respondiera colgó para no seguir molestando.
Le sorprendía que se supiera aun esa canción.
O que hubiera aceptado cantar para los menores.
Le sorprendían tantas cosas.
– Está todo bien, deja de preocuparte, lo tiene bajo control– le susurró él.
Alice asintió esta vez con una sonrisa y arrastró a Francis para bailar nuevamente.
Ya no tenia de que preocuparse, ahora simplemente disfrutaría de la compañía de su esposo.
.
– Ella es Emily, la traje la última vez, es la hija de Bunny Alice y de… Francis– murmuró lo último.
La menor aún seguía sin entender, no encontraba a nadie por esos lugares.
– Tal vez he sido mal hermano, pero ¿Sabes?– preguntó él sonriente y con los ojos cristalinos– Se parece tanto a ti, me da la sensación de que… Estás conmigo pero en forma de niña–
Emily empezaba a entender todo. O al menos eso creía ella.
– Me es tan confuso Al, incluso tiene el nombre que querías ponerle a tu hija, ¡Es como si fueras tú! O una hija tuya, realmente es muy extraño y confuso– empezó a reír él.
La pequeña Bonnefoy ya entendía lo que pasaba en ese lugar.
– Ah, también me hizo cantarles la canción en español que siempre me cantabas, tú debes de saber de cual hablo, es decir… es la única en español– observó el cielo despejado.
– Bro, ¿Alfred dónde está? ¿Está ahí arriba?– preguntó insegura la niña.
– Quiero pensar eso, si no está arriba debe de estar más cerca de lo que pienso– contestó Matthew.
– ¿Eso qué quiere decir?– preguntó ella.
– Nada, en un rato nos vamos– susurró él.
Emily asintió mientras observaba una foto que estaba en donde decía el nombre del conocido de su hermano.
Realmente se parecían.
Debía ser muy doloroso para su hermano mayor el verla siempre.
.
Francis observó que Emily llegaba corriendo hacia Arthur, entre su rápido hablar decía que algo de cambiarse.
Realmente luego ella les diría a ellos.
Siempre lo hacía.
Probablemente había descubierto por qué su hermano mayor le trataba de esa forma.
Incluso tal vez ya habían arreglado las cosas entre ellos.
O ella entender.
Realmente no sabía mucho, eran niños, no podían tener tantos problemas desde pequeños.
Apenas estaban viviendo la vida.
¡No tenían nada de qué preocuparse como ellos los adultos!
Deberían disfrutar de su infancia antes de que crecieran y se volvieran amargados como Alice cuando apenas la pretendía.
Sí que era amargada con los franceses desconocidos.
Tardó mucho en que ella si quiera volteara a verlo.
¡Y ahora tenía cuatro hijos!
Bueno… Matthew se supone que es hermano de Alice o algo así.
Emily, Arthur y la pequeña Marianne.
Su pequeña bebé francesa igual que su padre.
No es que despreciara a los demás, pero es que Matthew le odiaba por lo de Alfred, tenía que entender que fue un accidente y que si por él fuera jamás hubiera puesto un pie en el hospital, Emily era demasiado imperativa para su gusto, demasiado "americana", Arthur tiene un gusto muy pésimo en la comida, como el "caballero inglés" que es él. Y estaba Marianne.
Él se aseguraría de que nadie la arruinara, la sangre francesa - e inglesa- corría por sus venas.
Tenía que tener un muy buen gusto en la cocina y moda, no como su pequeño cejon.
¿De dónde habían salido esas cejas?
Él no conocía a nadie de la familia de Kirkland que tuviera cejas así. Bueno, más bien no conocía a su familia.
Solo a sus hermanos cuando se colaban en la casa.
Son unas bestias.
Se mordió el labio al pensar que hubiera pasado si Alice hubiera salido con las cejas iguales a sus hermanos.
Cualquier mujer era hermosa sea como sea… Pero…
Habían preferencias.
¿Qué le hubiera hecho su esposa si hubiera escuchado sus pensamientos?
Probablemente nada de sexo durante un muy buen tiempo.
Y ni si quiera besos o su "almuerzo".
Tal vez hasta Arthur le diría que la había jodido y también le aplicaría la ley de hielo.
Matthew se iría del lado de Kirkland y pues… Emily.
Realmente no sabía de qué lado se iría.
Tal vez estaría de réferi en medio.
¡Todos se irían al equipo de Kirkland! No era mal padre como para que le abandonaran y se fueran con su madre.
Les daba una casa, cobijo, comida, luz, agua, juegos, muñecas, comida, amor, juguetes, comida, noches de insomnio, televisión, no los castigaba, comida, escuela, les dejaba ser libres, mas comida.
¿Qué había hecho mal? ¿Es por su pasado?
¿Alice les había contado como la pretendía? ¡No tenía nada de malo!
¡Fue tu BFT! ¡Él lo juraba!
Un golpe lo regresó a la realidad.
– I´m sorry– estalló en carcajadas Arthur– No pude evitarlo, tenías una cara de horror y era la oportunidad perfecta– picoteó la cara del francés.
– ¿Qué traes con mi rostro?– preguntó él.
– Estas barbudo dad– rascó la barbilla del mayor.
– Eso no se le dice a tus mayores–
– Tampoco puedes decirle a tus hijos que Marianne es tu favorita– bufó el menor.
– Ow, estas celoso Arty– se burló el francés.
– No, solo que no se me hace justo para tus otros hijos y menos Emily que siempre pensó que ella era la favorita por ser la única niña– murmuró él.
– Si claro, ve a jugar con tus amigos imaginarios, necesito pensar que hice mal para que se fueran con su madre–
– Wut? Pero si estamos viviendo en la misma casa, por cosas como esas un niño siempre prefiere a su mommy– se fue corriendo después de observar la cara horrorizada de su padre.
"Alice, llegaré a ser el favorito de los niños, e incluso de Matthew, también haré que él y Emily se reconcilien, seré su favorito"
La canción a la que se refieren es "Maruku Naru" de Vocaloid, en los tiempos donde escribía otra historia (¿?) NO encontré un fandub en inglés, pero si en Vocaloid Español, lo cual es un poco extraño… O no había o soy pésima en buscar, ni si quiera se si se pueda adaptar a la guitarra, pero déjenme ser (¿?)
"Por eso yo redonda seré
No importa lo que me haga caer yo seguiré rodando
A donde el mundo me lleve"
