Hola, primero que todo haré algunas aclaraciones: he "modificado" la línea temporal con respecto a la serie, por lo tanto, Ryoma y Sakuno siguen estando en primer año, Momo en segundo y Eiji y compañía en tercero. No ha ocurrido el Campeonato Sub-17 pero sí las Nacionales. Probablemente sea irrelevante, pero quería explicarlo por si acaso :) Sin más, los dejo con la lectura y les agradezco los reviews!
Capítulo 4: Resultados inesperados
—He conseguido la información —repitió sin borrar la sonrisa de su rostro, y sin inmutarse ante el semblante arisco, casi incrédulo de su amigo.
Ryoma intuía lo que estaba sucediendo, después de todo, Momo era experto en inmiscuirse en asuntos que no le incumbían en lo absoluto. No supo si sentirse agradecido o molesto por todas las atribuciones que el pelinegro se había tomado.
Takeshi no le quitó un ojo de encima, pero su sonrisa se fue desvaneciendo lentamente, como si se sintiera derrotado por la distancia social que su amigo tenía con él. Momo era todo lo contrario a Ryoma: extrovertido y sincero. Y de lo último, tal vez demasiado. Por eso a veces su actuar lo descolocaba, porque ingenuamente esperaba que el ambarino, aunque fuese una vez, se mostrara verdadero ante él.
Suspiró casi inaudiblemente antes de continuar.
—¿Vas a querer escuchar lo que tengo que decir?
Ryoma fijó sus gatunos ojos en él.
—Ya que te tomaste la molestia —le dijo en un tono que denotaba burla.
El pelinegro iba a soltar una risa sonora pero se contuvo a último minuto. Después de todo, quien iba a recibir una noticia no muy agradable sería él, y entonces Momoshiro sería el último en esbozar una sonrisa burlona.
—Bien —comenzó—, creo que me debes unas cuantas —dijo, alzando levemente la comisura de sus labios—. No ha sido fácil obtener toda esta información.
El ambarino arqueó una ceja y se dispuso a dar media vuelta, sin decirle ni una sola palabra a su amigo. ¿Qué diablos? Nadie le había pedido nada, si él quería investigar por su cuenta era asunto suyo. Aunque… debía admitir que no había sido del todo una mala idea. De hecho, aquello que estaba a punto de serle revelado parecía ser importante y, sin querer admitirlo, quería escuchar lo que su amigo tenía que decirle.
—Está bien, está bien —dijo casi divertido—. Mira, seguí a Sakuno-chan después de los entrenamientos.
Sus ojos se abrieron más de lo normal, pero lo corrigió en el acto. Carraspeó levemente y le hizo una seña vacua al pelinegro para que continuara. No quería que sintiera que estaba interesado, porque no lo estaba.
—Todos esos días, después del colegio, se encontró con Tooyama Kintaro —continuó, reparando en el cambio de semblante de su amigo. Contuvo la risa que estuvo a punto de salir de sus labios—. Si te digo la verdad, hasta a mí me dio curiosidad, sobre todo después de lo del otro día, así que los espié. No hicieron nada fuera de lo común, pero seguía intrigado así que fui más allá.
Ryoma siguió en silencio, escuchando las palabras de su amigo con algo de reticencia. Ya no sabía si quería seguir enterándose de más cosas.
—Como no podía ir directamente hacia ellos y preguntarles qué hacían, me vi en la necesidad de saciar mis dudas averiguando con otras personas. Y así lo hice —Momo hizo una pausa para guardar reservas de aire en sus pulmones—. No fue fácil, pero tuve que recurrir a la única persona que podía ayudarme. Así que me encaminé hacia el Hyotei.
Ryoma, al escuchar aquello, entrecerró los ojos y no comprendió por qué su amigo tuvo que ir hacia ese colegio en primer lugar. Takeshi interpretó su gesto y continuó su relato.
—Oshitari Yuushi —respondió—. Ya sabes, su primo Kenya-san va al Shitenhouji, por lo que tuve que ir y pedirle su número. No sabes lo difícil que fue, no porque Oshitari-san fuese alguien complicado, sino porque no tenía cómo explicarle el que yo quisiera el número telefónico de su primo.
El Echizen asintió sutilmente, volviendo a retomar algo de concentración en lo que Momoshiro le decía.
—Inventé una excusa muy pobre, pero vamos, no me pidas más —prosiguió, dejando al descubierto sus blancos y alineados dientes—. Le dije que quería aprender a ser una estrella tan veloz como Kenya-san —e hizo una mueca extraña que Ryoma no comprendió (tal vez fuese una burla a él mismo, quién sabe) —, y por eso mismo pienso que no me creyó nada. Es muy inteligente, debe haber intuido desde el primer momento que le mentí. El punto es que, para mi sorpresa, me dio el número de su primo sin preguntarme nada.
Ryoma volvió a agitar casi imperceptible su cabeza de arriba abajo, sintiendo algo extraño en su pecho. Algo así como impaciencia.
—La cosa es que llamé a Kenya-san para sacarle información sobre Kintaro y, ¿sabes? Fue una sorpresa lo que me dijo. Me contó que el Capitán Shiraishi fue invitado a una capacitación sobre tenis acá en Tokio, o algo así, la verdad es que no le entendí mucho —comentó, rascándose su cabeza y desordenándose algunos mechones negros de cabello—. Pero le dijeron que podía traer a quien él creyese que tuviese más aptitudes para el juego, y bueno, ya sabes a quién escogió.
—¿Y esto en qué me afecta a mí? —preguntó de mala manera, cruzándose de brazos y esperando una pronta respuesta del pelinegro.
Momo esbozó una sonrisa de suficiencia.
Y Ryoma se arrepintió en el acto de haber hablado de esa manera.
—No he terminado, Echizen. Ya conoces el motivo por el cual ese chico está en la ciudad —Takeshi volvió a respirar profundamente y, deseando beber agua con urgencia por haber hablado tanto, continuó—. Kenya-san es muy simpático, ya sabes, así que le pregunté sobre su equipo de tenis. Me dijo que estaban todos entusiasmados por los nuevos desafíos que tenían por delante, pero había uno que estaba más entusiasmado de lo normal. Que desde el Torneo Nacional lo veía distinto. La verdad, dudo que Tooyama-kun pueda ser más alegre y animado de lo que ya es, pero eso fue lo que me dijo.
El ambarino no quiso escuchar lo que venía después. Mentiría si dijera que no le importaba, porque de ser así, hace rato que hubiese dado por finalizada esa conversación. Le importaba, pero todavía no sabía a ciencia cierta si esa preocupación era desmedida.
Momo esbozó una sonrisa de total burla y pronunció lo que Ryoma no quería escuchar:
—Kenya-san me dijo que, desde que Tooyama-kun está saliendo con Sakuno-chan, está más feliz que nunca.
