Capítulo 7: Tooyama, el insoportable

—¡Juega contra mí, Koshimae!

—No.

—¡Por favor!

—No.

—KOSHIMAEEEEE.

Esta escena se había prolongado —al menos— por diez minutos. Y Ryoma estaba harto. No bastaba con que tuviese que mostrarle al pelirrojo insufrible las canchas callejeras de tenis, sino que además tenía que aguantar sus gritos estrambóticos y escandalosos. Y lo peor era que él era el centro de atención.

"Que alguien me mate", rogó en sus pensamientos.

Su plan de analizar las situaciones con ojo crítico seguía en pie, el único —y gran problema— es que no había averiguado nada como para poder analizarlo. Junto a Sakuno se habían encontrado con Tooyama Kintaro a las afueras del Seigaku, pero éste no había dado muestras de cariño visibles a su novia, por lo que a Ryoma le parecía extraño. Tal vez debería analizar eso.

Y luego, la incesante petición de jugar. Debía admitir que Tooyama jugaba bastante bien al tenis, pero no, no tenía ninguna intención de enfrentarse a él. Y es que nadie podía culparlo: la paciencia no era una de sus virtudes, y era aún más difícil tenerla con el hiperactivo pelirrojo revoloteando y gritándole en el oído.

Cuando él dejó de prestarle atención, se dio cuenta que su foco se dirigió hacia Ryuzaki. Un leve cosquilleo, un signo parecido a la incomodidad apareció dentro del ambarino. Cuando estuvo dispuesto a girar sobre sus pies y retirarse del lugar, una voz conocida lo hizo detenerse.

—Echizen-kun.

Junto a él había llegado Shiraishi, el capitán del equipo del Shitenhouji.

—Gracias por cuidar de Kin-chan —dijo amablemente—. A ti también, Sakuno-chan.

Iba a responder, pero… Gritos y más gritos. Clásico.

—¡SHIRAISHI! ¡El veneno no!

El aludido ignoró olímpicamente a su compañero y no despegó la vista de la joven muchacha.

—De verdad te lo agradezco, desde que estamos acá en Tokio no has parado de ayudarnos. Eres muy amable.

Como era de esperarse, sus mejillas se encendieron escandalosamente ante tan agradable cumplido.

—No me extrañaría que Kin-chan terminase fijándose en ti.

¿Eh? ¿Cómo?

Si es que aquello era posible, las mejillas de la muchacha se enrojecieron aún más, e intentó decir algo pero ninguna palabra —entendible— salió de sus labios, sólo gestos vacuos e imprecisos.

—¿Y tú qué sabes, Shiraishi? No, ¡el veneno no! NOOOOO.

Entre tantos gritos y alborotos, su mente pensó con una inusitada rapidez.

¿O sea que Ryuzaki y Tooyama, alias el insoportable, no eran novios?