Capítulo 10: Visajes
Sakuno todavía no podía comprender por qué estaba ahí con Ryoma, ambos bajo el apabullante sol respirando entrecortadamente y con gotas de sudor perlado cubriendo sus finos rostros. Era inverosímil que el chico la hubiese invitado a ese lugar y ahora los dos jóvenes se encontraran en esa… situación.
El pecho de Ryoma subía y bajaba a ritmos irregulares mientras que Sakuno se aferraba a su propio pecho, en un acto reflejo para no caer desfallecida al suelo por tanto agotamiento, e inhalando y exhalando de forma paulatina para poder regular su respiración. Aquello se había sentido tan jodidamente bien, pensó la cobriza para sus adentros. Ryoma sí que sabía hacerlo. Se limpió sus ropas y se alisó el borde de su falda, colocándose en esa pose para retomar la tarea.
Justo cuando Ryoma le iba a hacer señas para continuar aquello pospuesto por el cansancio —con una mueca de satisfacción en el rostro al ver que ella volvía a sonrojarse escandalosamente—, una estruendosa voz que lamentó reconocer al instante se alzó en toda la extensión del lugar.
—KOSHIMAEEEEEE.
Una secuencia de gestos se adueñó del rostro del ambarino. Primero, sus ojos se abrieron como platos al verlo ahí —aunque lo corrigió casi al instante— después de pensar que no lo volvería a ver en un largo tiempo, luego sus cejas se arrugaron con desdén y, finalmente, una mueca de total hastío se formó en la comisura de sus labios, sin importarle lo visible de la misma.
—¡Hola, hola! —canturreó, agitando sus manos efusivamente— ¿Qué están haciendo, Koshimae, Sakuno-chan? —preguntó con inocencia al verlos en esa posición.
—Jugamos —contestó el muchacho ante la obviedad de su pregunta.
—¡Claro que juegan! No me has dejado terminar, Koshimae.
Ryoma estuvo a punto de soltarle un venenoso "no me interesa", pero se contuvo a último minuto. Ante todo estaba la compostura y la sobriedad.
—Tooyama-kun —suspiró la cobriza, tan sorprendida como emocionada mientras se limpiaba el sudor de su pulcro rostro—, ¿qué haces aquí?
Ryoma grabó ese momento por siempre en su memoria cuando vio a Kintaro, por primera vez desde que lo conocía, hacer un ademán de suficiencia y adoptar una postura de seguridad casi innata.
—He venido por ti —declaró.
Sakuno no comprendió al principio la intensidad de sus palabras, pero cuando cayó en la cuenta de que se refería a ella, su cara hirvió de vergüenza al tiempo que miraba hacia otro lado, de repente encontrando de lo más interesante el paisaje conocidísimo frente a ella, y abriendo su boca abusivamente formando una larga "O".
Ryoma dejó escapar un gruñido poco audible ante el prospecto. Ahora que su concentración y, por supuesto, su control sobre Ryuzaki habían vuelto, no iba a dejar que situaciones del pasado se repitieran de nuevo. Ryuzaki era su compañera, ella le había pedido ayuda con el tenis a él, ella se sonrojaba y titubeaba por él, y no iba a permitir que un pseudo-conocido insufrible se entrometiera en su rutina con ella.
—Me temo que eso no va a ser posible, Tooyama —sentenció el peliverde en una seca pero segura oración.
Hoy quiero saludarlas desde aquí abajo. Y bien, ¿qué les ha parecido? Y díganme la verdad, ¿qué pensaron con los primeros párrafos? ¿Cumplí mi cometido de sorprenderlas? xD
