Como prometí, aquí está la actualización semanal :) Gracias mil por sus reviews, en serio significan mucho para mí. Espero que les guste el capítulo y que me hagan llegar sus impresiones.
Capítulo 11: El inoportuno entendimiento
—Me temo que eso no va a ser posible, Tooyama —sentenció el peliverde en una seca pero segura oración.
—¿A qué te refieres? —cuestionó Kintaro en una ceñuda mirada.
—Con Ryuzaki estamos ocupados —replicó de forma lacónica.
¿Por qué estaba Tooyama en la ciudad? Ante lo estúpida y obvia que sonó esa pregunta en su cabeza —y arrugando finamente la punta de su nariz—, volvió a replanteársela: ¿A qué se refería con he venido por ti? ¿Acaso iba a llevarse a Ryuzaki a algún lado, o su pregunta tenía otro tipo de connotación? ¿Y por qué diablos de repente todo lo referente a él se trataba de posesividad sobre la nieta de la entrenadora? Aquello no estaba bien, pensó con cierta turbación. Y él tampoco. Hacerse preguntas por todo tampoco era algo normal.
—Oh, pero yo sólo quiero hablar con Sakuno-chan un momento. No tomará demasiado —aseguró agitando su cabeza, en un claro gesto de impaciencia.
Ryoma rodó los ojos en un claro gesto de fastidio mientras que Sakuno observaba sin opinar nada al respecto, pero bastante nerviosa. Cuando ella se acercó con lentitud hacia el ambarino y le preguntó de forma amable, tal vez demasiado amable, tal vez demasiado tierna, con ese sonrojo en sus mejillas tan adorable, si no le molestaba que ella fuera a conversar con Kintaro, no pudo decirle que no. El fastidio que sentía se evaporó al instante al apreciarla por completo, y un vacuo "sí" fue todo lo que salió de sus secos labios.
Empezó a comprender que el efecto que Sakuno tenía en él era muchísimo más fuerte que el de Kintaro y ella en simultáneo. Podía confirmarlo con los sucesos pasados, sobre todo por ese control que tenía sobre ella y la satisfacción, la maldita satisfacción que ello le producía. Sin contar que tocar su piel suave había sido una sensación inesperadamente agradable.
Cuando esas palabras de su padre retumbaron tan nítidas en su mente, como si siempre las hubiese estado guardado para el momento justo, comprendió que estaba completamente jodido.
—Cuando tu madre me conquistó —comenzó esa vez, intentando que Ryoma le prestara atención y esperando que aquello le sirviera para el futuro— porque sí, ella me conquistó —rió— no me di cuenta de ello hasta que ya estaba totalmente embelesado. Me di cuenta porque ridículamente me molestaba que alguien más hablara con ella, o que ella no me hablara a mí, o que ella no me prestara atención. La posesividad en la juventud aumenta más de lo que pudieses desear, y las mujeres utilizan artilugios extraños para cumplir su cometido, incluso si no tienen intención de hacerlo. Acostúmbrate, jovencito, y prepárate.
La analogía de esa historia no podría ser más parecida a la de él.
Parecía que Kintaro había terminado de conversar con Sakuno, porque la chica estaba evidentemente sonrojada y no podía articular ninguna palabra coherente. Ryoma miró con absoluto recelo la escena mientras comenzó a acercarse, hasta quedar frente a ellos.
—¿Y entonces? —preguntó con apremio el pelirrojo, una destello de luz iluminando sus ojos.
—Y-Yo… b-bueno, yo… —tartamudeó, al tiempo que jugaba nerviosamente con sus dedos— C-Claro que podemos salir y-
—Me voy —informó inmediatamente después Ryoma entre dientes, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no hacerlos sonar.
Antes de que Sakuno pudiese decir cualquier cosa para detenerlo o al menos despedirse, el peliverde ya había girado sobre sus talones y había emprendido el tortuoso y ahora desagradable retorno hacia casa.
Maldita sea, no podía haberse dado cuenta de que le gustaba Ryuzaki justo cuando ella aceptaba salir con Tooyama Kintaro. Estaba jodido, y jodido al cuadrado.
