Hola a todas, espero que se encuentren bien. No sé si les comenté que no tengo computador, así que ha estado bastante jodido poder escribir. Sin embargo lo he hecho y este es el resultado. Quiero agradecer a todas las personitas que se han dedicado a dejarme un review, en verdad lo agradezco montones, son el ánimo que necesito para seguir escribiendo. Y para las lectoras fantasmas, espero que se animen a dejarme sus comentarios porque, ¿saben?, esta historia tiene muchos views (visitas) y muy pocos comentarios, y eso me hace pensar que no les gusta la historia.

También quiero comentar que creé una página en facebook para recomendar fanfics, se llama "Recomiendo fanfics" (el link está en mi perfil). Espero que se unan y así podamos, entre todas, hacer una distribución masiva de nuestros escritos. Saludos y nos leemos en la próxima entrega.

Como escritora de fics me adhiero y promuevo la campaña: "Con voz y voto, porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y seguir corriendo".


Capítulo 15: Inesperadamente bien

—¿Por qué estás haciendo esto? —suspiró mientras intentaba inútilmente zafarse del agarre de su hermano.

Llevaban unos cinco minutos caminando a paso mesurado por las calles de Tokio, y su hermano no había pronunciado ni una sola palabra desde que ambos dejaron la residencia Echizen. Por el contrario, el mayor se dedicaba a tararear una canción animadamente mientras Ryoma esperaba un tanto impaciente una respuesta.

—Algún día me lo agradecerás —respondió simplemente y con una sonrisa adornando sus labios.

Ryoma bufó. No le parecía sano que su hermano hubiese llegado recién de Estados Unidos y ya estuviera vagando por las calles de Japón. Pero lo peor eran esas respuestas tan ambiguas, que por supuesto le decían a Ryoma... nada. No le decían absolutamente nada, y a estas alturas la situación se estaba tornando crítica para él. ¿Qué necesidad había de hacerse el cool diciendo esas palabras? Apostaba lo que fuese a que ni él se las creía. Palabrería barata y sin sentido, típica de alguien mayor, pensó el ambarino.

—Sí, claro —masculló tan bajo que pensó que con eso Ryoga no lo escucharía, pero él simplemente rió por lo bajo. Una risa escurridiza que sacaba a Ryoma de sus malditas casillas.

El mayor tenía muy claro lo que tenía que hacer: juntar a Ryoma con la famosa chica que lo tenía en ese estado. Y es que estaba convencido de que su hermano estaba pasando por esa fase de su adolescencia en la que las hormonas se revoloteaban en su interior y daban vuelta su mundo, haciéndolo sentir cosas que "nunca le pasarían a él". Lo sabía con solo ver sus ojos turbulentos y observar su comportamiento. Y también sabía que su hermano no haría nada que lo hiciera salir de su zona de confort, así que si él no lo hacía, Ryoga tendría que juntarlos a la fuerza.

—Y dime, enano, ¿dónde vive ella?, ¿es del Seigaku?

La forma en que él hablaba de Ryuzaki, con un tono tan relajado y como si la conociera desde siempre, le cabreaba.

—No te importa. Me voy, esto no tiene sentido.

—Ajá, entonces reconoces que sí hay alguien —dijo con un brillo malicioso en los ojos mientras le apuntaba acusadoramente con su índice.

Ryoma no disimuló el bufido sonoro que salió de su boca, igual al de un perro que se atora con un infame pedazo de comida. Estaba volviendo a ser impulsivo y eso no estaba bien. Vio el triunfo en el rostro de su hermano y entonces decidió no seguir oponiéndose. Ryoga iba a averiguarlo todo tarde o temprano, y prefería no gastar sus energías en llevarle la contra y usarlas en algo más productivo.

Con un último suspiro escapándose de sus labios, Ryoma le indicó al mayor el camino a la casa de Ryuzaki. Y entonces, con un Ryoga satisfecho y un Ryoma humillado y vencido, ambos se encaminaron hacia un destino que, para uno de ellos parecía auspicioso y, para el otro, desastroso.


Sakuno parpadeó al menos unas cinco veces antes de asumir por completo que Ryoma y alguien muy parecido a él estaban parados frente a la puerta de su casa, aunque ambos con expresiones disímiles: uno con una gran sonrisa en el rostro y el otro con una expresión de desdén que pensó que no se borraría tan fácilmente.

—Hola, sentimos llegar sin avisar. Soy Ryoga, el hermano mayor de este enano. —Ryoga dijo aquello con tanta tranquilidad y familiaridad que parecía como si nunca hubiese abandonado Japón.

—Soy Ryuzaki Sakuno —respondió un tanto cohibida. Ryoga se parecía muchísimo a Ryoma, pensó ella, aunque la diferencia de edad era notoria.

—Escuchen, tengo que irme, tengo mucho que hacer en la ciudad —comentó Ryoga con celeridad. Con la misma velocidad de sus palabras colocó unos billetes en el bolsillo izquierdo de su pequeño hermano antes de que él pudiese detenerlo.

Los ojos del ambarino se abrieron como platos al notar que su hermano se alejaba de la puerta de la casa con una sonrisa llena de perversión clavada en su rostro. El rictus de Ryoma se transformó en aversión pura hacia quien decía llamarse su hermano. Algún día lo destriparía y le daría los restos a un perro, algún día.

Sakuno, distraída todavía con la repentina ida del mayor, cayó tarde en la cuenta de que el peliverde seguía tras la reja de su casa. Reprimiéndose mentalmente por lo que consideraba un actuar de poca educación, la cobriza lo invitó a pasar, pero grande fue su sorpresa al escuchar la negativa del muchacho.

Con pesar, Ryoma vio cómo se formaba una sutil mueca de tristeza en el níveo rostro de la chica.

—Salgamos.

Fue una simple palabra, tan solo una palabra con tono ronco que salió de sus labios para cambiar su semblante nuevamente. Como un rayo Sakuno entró a la estancia, recogió un diminuto bolso y un delgado chaleco y, en unos segundos, ambos se encontraron caminando en la calle, silentes y sin destino aparente.

Fue la cobriza quien se decidió a romper el silencio.

—¿Tu hermano vive fuera del país?

Ryoma estancó las manos en los bolsillos de su pantalón mientras contestaba:

—Sí, en Estados Unidos.

Sakuno formó una clara y visible "O" en sus labios al enterarse de aquello. De hecho, enterarse de que Ryoma tenía un hermano era algo que no se esperaba en lo absoluto. Su abuela tampoco lo había mencionado nunca, y eso que ella era cercana a la familia Echizen.

Ryoma dobló en una esquina y la muchacha lo siguió, jugando con sus dedos por el nervio que le provocaba estar a solas con él.

—Es adoptado —dijo de repente, pillándola desprevenida mientras ella alzaba sus cejas—. Su madre murió y mi padre lo adoptó cuando vivía en Estados Unidos. Pero luego perdió la custodia así que no pudo seguir viviendo con nosotros —Sakuno asintió, prestándole suma atención al muchacho—. No sé por qué ha vuelto, es un fastidio.

La cobriza soltó una risa fresca y Ryoma esbozó una leve sonrisa. De repente todo el ambiente se volvió muy cómodo, algo que él pensó que no ocurriría dado los acontecimientos recién ocurridos.

Luego de caminar varias cuadras por la ciudad se encontraron frente a un hermoso parque lleno de verdes árboles. En el centro había un carrito de jugos naturales, y ambos se acercaron a él. Después de comprar jugos de exóticos sabores —Ryoma pagó y Sakuno se ruborizó por eso— fueron a sentarse a una banca de madera. El ambiente no podía sentirse más relajado en esos momentos.

—Es curioso que tú y Ryoga-san no tengan parentesco sanguíneo —comentó la muchacha mientras sorbía de su bebida—. Se parecen demasiado.

Ryoma bufó.

—Me encantaría no parecerme tanto —masculló por lo bajo.

—Parece ser una buena persona —continuó ella.

El ambarino no quería ser grosero, de verdad que no —y menos con ella—, pero ya estaba hartísimo de hablar del cretino de su hermano, así que optó por asentir y guardar silencio, el que terminó siendo su mejor aliado pues Ryuzaki no volvió a mencionar el tema.

Sin embargo, el silencio no fue incómodo en lo absoluto. Por el contrario, Ryoma se encontró a sí mismo observando el paisaje con una postura totalmente relajada mientras Sakuno disfrutaba de su helado jugo de maracuyá. Fue por ese motivo que el peliverde no preguntó por Tooyama. Se le había cruzado por la cabeza preguntarle derechamente cuál era exactamente la relación que ambos tenían, pero el ambiente se había tornado tan placentero que mencionarlo arruinaría todo. Sí, ya habría tiempo para saber de aquello.

—Gracias, Ryoma-kun —dijo ella, mirándolo directamente a los ojos.

—¿Gracias por…?

—Por sacarme de mi casa —respondió—. No tuve un buen día hoy en la práctica de tenis así que no estaba de buen humor, pero tú y tu hermano lo cambiaron todo —continuó decidida—. Gracias.

Ryoma tragó grueso mientras desviaba levemente sus orbes de los de ella. Joder, no podía soportar esa mirada si ella decía eso de aquella manera tan… tan…

—Hmph. ¿Qué pasó?

Sakuno suspiró.

—Lo de siempre: no soy suficientemente buena.

El ambarino odió la mueca de tristeza que se posó en el rostro de la muchacha.

—Es cierto que deberías doblar más las rodillas y menos los codos… y que tu cabello es demasiado largo… pero siempre puedes mejorar.

La cobriza entendió de inmediato el peculiar estilo del muchacho para subirle el ánimo y sonrió agradecidamente por el gesto. Y entonces, cuando el crepúsculo llegó y ambos se encaminaron hacia sus respectivos hogares, Ryoma pensó que quizá sí debería agradecer a su hermano por esto, porque todo había resultado inesperadamente bien.