Hola a todos, espero que se encuentren bien. Solo quería comentarles (aunque no tengo entera claridad) que no quedan muchos capítulos para que esta historia finalice. En la próxima entrega les daré un número concreto. Espero que disfruten de este capítulo :) Saludos a todos.
Capítulo 16: Shiraishi vs Ryoga
Shiraishi se mecía levemente en su butaca del tren mientras éste avanzaba a toda velocidad. A su lado, Kintaro parecía disfrutar mucho el paisaje que se presentaba ante sus ojos. Habían cogido el primer tren que salía con destino a Tokio.
Shiraishi, como buen capitán, había estado muy pendiente de su compañero desde que se había puesto a trabajar en un local de comida rápida para juntar dinero e ir a visitar regularmente a Sakuno. Siempre iba a verlo cuando su turno terminaba y le llevaba su comida favorita, que curiosamente era cualquier cosa que resultara tener buen sabor. También se preocupaba constantemente por su salud, ya que la rutina escuela-tenis-trabajo era sumamente agotadora, pero Kintaro (pese a poseer más ojeras de lo normal) mantenía su buen humor intacto, y también aprovechaba de dormir en cada ocasión que se le presentaba.
Sin embargo, el capitán del Shitenhouji realmente quería que las cosas entre su pequeño compañero y la muchacha del Seigaku funcionaran. Por ese motivo fue que decidió acompañarlo a Tokio. Quería ver si era efectivamente posible que ambos pudieran, al fin, estar juntos. Tal vez, si le aconsejaba un poco, si le ayudaba de cierta forma, se sentiría tranquilo.
Cuando llegaron, un par de horas después, caminaron por las largas y anchas calles de la ciudad hasta que sus pies los dejaron, sin intención, en las canchas callejeras de tenis. Se miraron, con brillo contenido en los ojos, sacaron sus raquetas y se dispusieron a jugar.
El ambiente ya no se sentía tan caluroso como hace algunos días, por lo que la brisa que les llegaba al rostro era refrescante, y contrastaba con el calor que sentían al ponerse a jugar. Y pese a que, casi una hora después de haber comenzado, Kintaro no pudo ganarle a su contrincante, ambos se divirtieron mucho. Jugar tenis era, por lejos, lo que más les gustaba hacer en el mundo.
Se retiraron de ahí, muy a gusto, y se encaminaron hacia la casa de Sakuno. Parecía que nada podía arruinar el aura de felicidad que los rodeaba en esos momentos, hasta que se toparon de frente con Ryoma, y con alguien que se le parecía mucho.
Ryoma andaba de mal humor, ya que a su maravilloso hermano se le había ocurrido la inteligentísima idea de que ambos tenían que salir a dar un paseo, ya que no se habían visto en mucho tiempo. Pero Ryoma no era estúpido, y sabía perfectamente que el camino que habían tomado los llevaba directamente hacia la casa de la joven Ryuzaki.
Su hermano parecía haberse obsesionado con el tema. No dejaba de mencionarla apenas podía, y siempre estaba murmurando cosas. Ryoma simplemente trataba de no prestarle atención, de ignorarlo cada vez que podía.
—¡Koshimae! —gritó emocionado Kintaro—. ¿Qué tal un partido? Acabo de jugar uno, claro, pero no estoy cansado.
La sonrisa imborrable que se formó en los labios del pelirrojo le produjo a Ryoma un revoltijo en el estómago.
—Enano, no me has presentado a tus amigos —interrumpió Ryoga, simulando un tono ofendido.
—Perdona mi falta de respeto —se disculpó de inmediato Shiraishi—. Soy Shiraishi Kuranosuke, y él es mi compañero Tooyama Kintaro. Ambos somos de la escuela secundaria Shitenhouji —recitó solemnemente el de pelo plateado, estirando su mano.
—Ooooohh —dejó escapar Ryoga—, son de Osaka —dijo, estrechando la mano del muchacho—. Su equipo de tenis es famoso.
Shiraishi sonrió complacido al escuchar aquellas palabras.
—Gracias, en realidad trabajamos duro para ir mejorando día a día.
—Mi nombre es Echizen Ryoga —retomó él—, y soy el hermano mayor de este enano —dijo divertido, apuntando a Ryoma.
El aludido dejó escapar un bufido.
—Yo me largo de aquí.
—Tú no vas a ningún lado —espetó, agarrándolo por el cuello de la chaqueta—. Todavía no hemos terminado de caminar.
Ah, pero claro, por ser el hermano mayor tenía todo el derecho de obligarlo a hacer lo que él quisiera. Ryoma, a veces, aborrecía tenerlo como hermano.
—Y de casualidad, ¿qué están haciendo en Tokio?
—Ah, bueno —comentó Shiraishi con simpleza—, en realidad estamos aquí para visitar a alguien.
Ryoga notó que el capitán miró de reojo a su pelirrojo compañero.
—¡Me muero por probar sus onigiris otra vez! —exclamó emocionado Kintaro.
Onigiris deliciosos, un camino que extrañamente se parecía al de ellos…
—¿Y esa persona es tan buen tenista como ustedes? —quiso saber Ryoga.
Shiraishi iba a contestar, pero Kintaro se le adelantó.
—Koshimae le está enseñando tenis, así que sí, es muy buena.
Ryoma arrugó su ceño, molesto, pero Ryoga ató un par de cabos y lo entendió todo.
—Oh —dejó escapar, preso de la sorpresa. Sus ojos se posaron brevemente en los de su hermano, que lo miraba con una mezcla de enojo y curiosidad—. Entiendo perfectamente. Bien, nosotros debemos irnos, no queremos entretenerlos más. —Volvió a estrechar la mano de Shiraishi y luego caminó con celeridad.
Ryoma no escuchó lo que le dijo Kintaro, solo se percató de que ya no se encontraba ahí. La actitud de su hermano se había vuelto, de repente, extraña.
—¿Qué pasa? —le dijo cuando lo alcanzó, unos metros más allá.
El menor de los Echizen pudo notar que Ryoga tenía las manos en los bolsillos y la cabeza gacha, y murmuraba algo lentamente.
—¿Ryo…ga? —aventuró, comenzando a preocuparse.
—¿Entiendes lo que está pasando, enano? —le preguntó despacio, en una serenidad alarmante y un tanto filosa.
—No, y serías muy amable si me pudieras explicar —dijo con algo de impaciencia y chasqueando la lengua.
Ryoga lo miró a los ojos por primera vez, y el ambarino pudo notar la seriedad que expelían los orbes del mayor.
—Esos chicos van a visitar a Ryuzaki —soltó sin rodeos. Ryoma lo iba a interrumpir, diciéndole que obviamente eso ya lo sabía, pero Ryoga no lo dejó—. Vienen regularmente, ¿verdad? Sabes que el boleto de tren no sale muy barato que digamos, así que el chico pelirrojo debe tener un trabajo para costear todo eso. ¿Entiendes lo que eso significa? Significa —susurró con suavidad— que ese muchacho está realmente dispuesto a conquistar a Ryuzaki.
—Lamento arruinar tu fiesta —dijo con una fingida tranquilidad, escondiendo un dejo de amargura—, pero ellos ya están saliendo, yo mismo presencié cuando él se lo pidió.
Ryoga alzó una ceja.
—¿Estás seguro? ¿Crees que dos personas que recién están saliendo admitan a un tercero en su relación? Ese chico, Shiraishi, ¿crees que vino aquí para ser el llavero de esos dos? —Ryoma no entendió lo último, pero siguió escuchando—. No, claro que no —negó el mayor rápidamente, mordiéndose el labio inferior—, él vino a Tokio para hacer exactamente lo que yo pretendo hacer. Está aquí para asegurarse de que a Tooyama le resulte con Sakuno-chan.
A Ryoma le costaba seguirle el ritmo a su hermano. Un rayo de esperanza se abrió paso en su ser, pero no podía dejar de pensar en las dos veces en que se había enterado de que ellos eran novios. La primera vez se lo contó Momoshiro, y de cierta forma su versión calzaba con los hechos, pero, claro, quizás Momo se había equivocado, quizás Kenya-san se había equivocado… Y la segunda vez, pensó con renovada amargura, él estaba ahí, él los escuchó con perfecta claridad. "C-Claro que podemos salir y…", había dicho ella. ¿Cómo, si no, interpretar aquellas palabras?
—¿Le has preguntado directamente a ella? —lo interrumpió.
Ryoga dejó escapar un suspiro cansino cuando su hermano negó lentamente con la cabeza.
—Creo —pronunció con suficiencia— que es hora de que te asesores con los que saben. Con mi ayuda, quizá no pierdas a la chica —finalizó, con una sonrisa enorme en el rostro, dejando a Ryoma impresionado a su lado.
