Okey, tenía pensado subir este capítulo mañana, pero me di cuenta de que el tiempo no me alcanzaría, así que lo cuelgo hoy. Estoy en las nubes con el apoyo que recibí en el capítulo anterior, ¡muchísimas gracias! Espero que esta actualización responda algunas dudas, y si no lo hace, no se preocupen, porque el último es bastante aclaratorio.
Nos leemos en el úuuuultimo capítulo. Gracias por todo :)
Capítulo 19: Mejores, y con razón
Los días habían pasado lento, tan lento como el proceso de marchitamiento de las hojas que finalmente terminan en la superficie del suelo. Tan lento y tortuoso como un ser inmortal que ve eras y eras pasar frente a sus ojos sin notar en su cuerpo el paso de los años. Ryoma se sentía terriblemente desdichado, y ver un segundo rostro impregnado en decepción no era lo que necesitaba, aunque quizás se lo merecía.
—Enano —le había dicho Ryoga ni bien su hermano menor terminó de hablar esa misma tarde—, con esto solo confirmo que eres un engreído y un niño al que todavía le falta crecer.
Ryuzaki había aprendido a ignorarlo por completo: hacía parecer como que él solo era moléculas de oxígeno ocupando espacio, y no un cuerpo uniforme con voluntad propia. Su indiferencia era tanta que Ryoma nunca antes se había sentido tan desgraciado en su vida, y no era para menos: siempre había sido una persona que llamaba inmensamente la atención. Y todo aquello hacía confirmar, incluso con más énfasis, que ella era importante para él, y quizás en niveles que todavía no podía comprender.
Ryoma se sentía, por segunda vez, en la otra cara de la moneda. En el pasado siempre se le acercaron un montón de chicas que no sabían expresarse y que, al final, se iban tremendamente contrariadas por no haber podido decir ni una sola frase coherente. Él, por supuesto, no sabía qué diablos les ocurría, y simplemente ignoraba la situación. Ahora tenía que soportar tomar un poco de su propia medicina al no saber cómo acercarse a Ryuzaki para hablarle. Cada vez que tenía la intención de hacerlo ella colocaba una barrera invisible tan potente que no podía traspasarla. Su mirada, sus gestos, el tono de su voz, todo le indicaba que no tenía absolutamente ninguna posibilidad con ella.
Hubiera deseado lo que fuera por devolver el tiempo y regresar a ese momento en el parque, mientras se encontraba observándolos tras el árbol, sin que la inoportuna impaciencia e impulsividad lo embriagaran y decidieran hacerlo pasar por esta especie de infierno. Pero ya era demasiado tarde, y con el paso de los días había aceptado a regañadientes que tenía que aprender a vivir con ese error.
Pero era difícil, muy difícil. Ahora recién entendía la frustración de aquellos que jugaban tenis pero que apestaban en ello, y aun así intentaban mejorar día a día. ¿Qué los impulsaba a hacerlo, si cometían error tras error? Nadie nunca le había enseñado a reponerse de una decepción de esta envergadura, así que supuso que solo el tiempo podría ayudarlo a superar aquello y a encontrar las soluciones adecuadas.
Sin embargo, que Tomoka quisiera conversar con él le pareció un asunto normal y esperado, e incluso se sintió alegre por ello. Era lo más cercano a Ryuzaki que tenía por el momento.
—Ryoma.
El aludido no pudo evitar notar que la chica ya no usaba el otrora molesto honorífico para referirse a él. Aquello demostraba lo mucho que habían cambiado las cosas hacia su persona en los últimos días.
—No vengo de parte de Sakuno —se apresuró a aclarar, mientras ambos tomaban asiento en la banca de madera que se hallaba cerca de la máquina expendedora de bebidas del colegio—. Hago esto porque no puedo soportar ver a mi amiga así.
Ryoma no respondió, así que ella tomó su silencio como una afirmación para continuar.
—Ella siempre te quiso y te admiró mucho.
Aquellas palabras le llegaron como flechas filosas en su pecho porque confirmó lo que él ya sabía: que ella siempre tuvo un corazón grande y noble. Pero lo peor fue escucharlas en pasado, como dejando claro que aquellos tiempos no iban a volver.
—Le debes una gran disculpa por todo lo que le dijiste —le dijo en tono de reproche y decepción.
El ambarino iba a decirle que sí, que él estaba dispuesto a conversar con ella y a dejarse la piel en ello si con eso lograba que Ryuzaki lo escuchara y perdonara —o que por lo menos no lo ignorara de la forma dolorosa en que lo hacía—, pero Tomoka fue más rápida y no lo dejó hablar.
—No —lo detuvo—. Tienes que hacerlo cuando ella esté lista, no cuando tú quieras. Si hay algo que esa chiquilla del Fudomine me enseñó —comentó, haciendo una clara alusión a Ann— es que las heridas sanan a tiempos distintos de acuerdo a la persona, y no puedes forzarlos solo porque estás demasiado ansioso por recuperar su confianza.
En otras circunstancias, cuando su única prioridad y pensamiento era el tenis, Ryoma se hubiese impresionado sobremanera. Pero dada la situación en que se encontraba, no lo hacía porque sabía que ella tenía toda la maldita razón del mundo. No tenía ningún derecho a presionar a Ryuzaki siendo que él había sido el culpable de todo lo que estaba pasando, tanto el sufrimiento de ella como el suyo propio. Y tampoco se impresionaba porque se había dado cuenta de que estas situaciones le habían hecho aprender ciertos aspectos de la vida. Quizás no había madurado —y teniendo en cuenta que apenas tenía trece años y recién ahora había comenzado a comprender y aceptar ciertas cosas, era seguro que no era una persona madura— pero sí había dejado que la vida le enseñara un par de lecciones.
—Lo siento mucho. Siento haberte decepcionado a ti también.
Su lamento era sincero, Tomoka podía verlo en sus gatunos ojos.
—Espero que no vuelvas a fallar en el futuro.
Y el peliverde pudo ver en sus orbes que ella también era honesta con lo que decía. Y de repente sintió una tranquilidad tan grande de que Sakuno tuviera una mejor amiga como Tomoka, ya que los malos ratos —y él le había hecho pasar muchos— serían un peso mucho más liviano de cargar con ella a su lado.
—Ah, y tenlo muy presente —dijo mientras se levantaba y le daba la espalda—: cuando ella quiera hablar contigo serás muy afortunado porque te estará dando una segunda oportunidad.
Ryoma no necesitaba escuchar esas palabras salir de su boca para saber que ella tenía razón. El único problema, pensó con una inusual calidez que hace mucho no invadía su pecho, era que no sabía cuándo diablos eso pasaría.
