Capítulo 20: Empezar

Un mes había transcurrido con suma lentitud. Un mes que, ahora, sentía de lleno la caída del otoño y el frío parcial que se asentaba en cada rincón de la ciudad. Un mes que no había traído la tranquilidad mental que Ryoma necesitaba. Era complicado porque no sabía cómo dejar de pensar en ella si tenía que verla todos los días en la escuela. Le había hecho caso a Tomoka y no había intentado hablarle desde que ambos tuvieron esa conversación.

¿Cómo poder olvidar todo lo malo que has hecho cuando constantemente ves a la persona a la que has lastimado todos los días? ¿Cómo poder sentirte tranquilo y finalmente avanzar cuando sabes que hay un tema pendiente que debes resolver, pero solo el tiempo te dirá cuándo y dónde? Así se sentía Ryoma. Sus niveles de frustración no solo habían crecido mucho, sino que también se habían gestado dentro de él y se habían manifestado por primera vez.

El peliverde pensó que nunca más podría hablar con ella, porque la situación se veía tan negra que no había luz que pudiera alumbrar el camino. Sin embargo, cuando otra semana pasó —y Ryoma pensó que no iba a poder aguantar no hablar con ella nunca más—, Sakuno se acercó con un aire de cautela a su asiento.

—Ryoma-kun.

Todos los músculos de su cuerpo se tensaron al volver a escuchar su nombre salir de sus labios como un susurro. Se alegró con la misma emoción que siente una persona al ver de nuevo a un viejo amigo; sintió el corazón zumbarle en los oídos y las manos un tanto húmedas por el nerviosismo del esperado encuentro.

Cuando Ryoma alzó su rostro y miró esos ojos carmesí, sintió que se le iba el mundo. Sus ojos mostraban una determinación que él no había visto jamás, y el contorno de ellos la hacía ver más adulta de lo que realmente era; su cabello, tan criticado por él, seguía estando trenzado y largo, brillante, pero había algo, quizás en su aura o en la forma en que ella lo miraba, que le hizo comprender que Ryuzaki Sakuno había cambiado.

—Me gustaría hablar un momento contigo.

Su tono de voz no denotaba apuro, ni tampoco parecía que estuviera particularmente animada. No, lo que su tono demostraba era que ella estaba total y absolutamente tranquila.

—Claro.

El sonido que salió de lo profundo de su garganta se escuchó áspero, como si necesitara aclarársela antes de hablar, y débil, como si los nervios se lo hubieran comido por completo. Se levantó con parsimonia de su asiento y, cuando lo hizo, se sintió pesado, como si acarreara el peso de varias decenas de kilos sobre su cuerpo.

Salieron de la sala de clases y la siguió por los pasillos del colegio en silencio, sin pensar en nada y a la vez en todo, porque su mente en ese momento era un brillante caos. Ella lo guio hacia el patio, donde el pasto de los jardines parecía esperarlos. Cuando llegaron, Sakuno se sentó grácilmente en la superficie y esperó a que él lo hiciera también. Ryoma lo hizo, y luego se quedó mirando sus orbes cobrizos. Pese al otoño, el pasto no estaba húmedo.

—Realmente lamento lo que pasó.

Las palabras escaparon con desesperación de su boca, pues llevaba reteniéndolas durante más de un mes.

—Nunca quise que nada de eso pasara, nunca quise dañarte así, soy un estúpido…

Ella no le respondió, sino que continuó sosteniéndole la mirada, lo que le indicó a Ryoma que estaba de acuerdo con lo que acababa de decir, que realmente era un estúpido, pero Sakuno seguía siendo muy amable y su forma de admitirlo no era asintiendo, sino guardando silencio.

Incluso en esas circunstancias, Ryoma afirmaba su interés por ella.

—Lo entiendo —dijo ella luego de un minuto—. Entiendo que este no era el momento.

Claro, este no era el momento para estar con el idiota de Tooyama o con el estúpido de Echizen.

El silencio perduró otro minuto, y Ryoma no comprendió por qué, si ella lo llamó para conversar, se quedaba callada. Pero la respuesta le llegó cuando los recuerdos de su conversación con Tomoka salieron a flote. Este es el momento que ella eligió para que él pudiera disculparse.

Siempre se sintió muy por sobre todos, como si fuera invencible, pero ahora parecía que Ryuzaki iba un paso delante de él, actuando con la madurez que él carecía, la que le hacía tanta falta.

—¿Podrás… —Ryoma se aclaró la garganta para sonar más firme—, podrás perdonarme algún día?

—El perdón… —respondió con voz soñadora—. No podría no perdonarte —dijo al fin, con una sonrisa adornando su rostro.

Había algo que Ryoma definitivamente no estaba entendiendo: o Ryuzaki estaba demasiado avanzada para la madurez mental de un joven de 13 años, o…

—¿Ryuzaki? —murmuró con premura—. ¿A quién hubieras elegido? ¿A Tooyama —hizo una mueca cuando pronunció ese nombre— o a mí?

Ryoma jamás consideró en su mente la posibilidad de que no fuese a escoger a ninguno de los dos.

—Elegir… —repitió con el mismo tono soñador—. No lo entiendes, Ryoma-kun, esto jamás se trató de elegir a alguien.

Pero para él era muy claro: o el mono de la jungla o él.

—¿Entonces…?

—Se trata —dijo suspirando— de lo que realmente quieres ahí dentro —y le apuntó al centro del pecho—, de lo que te impulsa todos los días, de tu motor… Nunca se trató de elegir, porque nunca hubo opciones. Siempre fue solo uno.

El corazón de Ryoma latía tan fuerte que sentía que se le iba a salir del pecho, y sintió terror de que ella pudiera escucharlo.

—¿No lo sabes? —preguntó con voz calmada.

—Tooyama —soltó automáticamente, sin pensárselo.

De repente se sintió muy decepcionado de no haber sido él, porque de verdad quería ser esa persona. Pero ella negó con la cabeza y él no pudo respirar, porque los pulmones le explotaron.

—Tooyama-kun siempre fue muy amable conmigo, siempre me invitaba a lugares bonitos, y realmente lo pasé muy bien con él, pero cuando no sientes esa sensación en las tripas es porque simplemente sabes que no es el indicado. Yo siempre lo consideré mi amigo.

Las palabras de Sakuno entraron con mucha claridad en los oídos de Ryoma, pero luego se convirtieron en un zumbido.

—Yo… —susurró con un hilo de voz.

El mundo se le derrumbó por segunda vez cuando ella asintió lentamente. En una señal de debilidad que hace unos meses jamás habría tolerado, se agarró el flequillo con los dedos y acunó el rostro con ambas manos. Las palabras de Sakuno se amplificaron en su cabeza: Es una pena que no hayas podido esperar.

Sentía unas terribles ganas de llorar.

—Soy un estúpido —repitió con la voz cortada. No había otra palabra mejor para definirlo.

—Fuiste un impaciente —puntualizó Sakuno con un deje de decepción.

¿Cómo era posible? ¿Cómo era posible que ella siempre lo haya querido pero aun así no pudieran estar juntos? ¿Cómo habían llegado a este punto? Pero la respuesta era obvia: él, y solo él era el culpable de toda esta situación. Él y su ridícula forma de no poder contenerse.

—¿Y ahora qué?

¿Qué seguía ahora?, ¿verse todos los días sin poder contener los impulsos?, ¿intentar superarlo y seguir adelante? Sakuno suspiró antes de contestar:

—Y ahora avanzamos.

La simplicidad con que dijo aquello le confirmó a Ryoma que Ryuzaki tuvo mucho tiempo para meditar sobre el tema, sobre ella y sobre él.

—No quiero avanzar —admitió con los dientes muy apretados—. Solo quiero retroceder a ese momento y borrarlo para siempre.

Ella esbozó una sonrisa de comprensión y luego, sin previo aviso, se acercó a él. El pasto desprendió todo el olor de la naturaleza e inundó las fosas nasales del peliverde.

—Aún soy pequeña, y sé que me falta mucho por aprender —comenzó. Sus dedos juguetearon un momento con la hierba—, pero sé que las cosas pasan por una razón. No era mi tiempo para estar con Tooyama-kun, ni tampoco para estar contigo, pero mis buenas amigas me han enseñado que hay que aprender de lo bueno y lo malo que nos ocurre.

O sea, en palabras sencillas, Ryuzaki le estaba diciendo que, pese a que ambos se gustaban, y ambos desearon estar juntos en algún momento, ya no podían. No por ahora.

Ryoma comenzaba a entender. Él le había hecho mucho daño, y eso no se remediaba tan fácilmente. Primero había que sanar para luego intentarlo.

—¿Has hablado con Tooyama? —preguntó intentando sonar casual, pero notó que falló estrepitosamente porque Sakuno no solo se reía con la boca, sino con la mirada.

—Fui a visitarlo a Osaka hace un par de semanas. —El peliverde se tensó al igual que lo haría un gato, pero no dijo nada—. Me disculpé con él —prosiguió— y también le agradecí muchas cosas. Estaba contento.

Pero Ryoma sabía que no era así, y hubiera apostado lo que fuera a que Tooyama estaba decepcionado.

—¿Seguirá viniendo? —preguntó, sin querer sonar demasiado curioso.

—No —contestó ella, moviendo de un lado a otro la cabeza—. No por ahora. No creo que sea lo correcto.

Ryoma sabía que no podía sentirse bien a costa del dolor de Tooyama, pero no pudo no sentirse aliviado al escuchar aquello.

—Entiendo.

El silencio reinó unos segundos más, aunque la tensión no se hizo presente.

—Ryuzaki…

¿Y si simplemente lo hacía? Ya no podía caer más bajo, estaba al fondo, no tenía nada que perder.

—Me gustaría enmendar mi error —continuó cuando ella lo miró a sus ojos gatunos—. Me gustaría… volver a intentarlo contigo.

¿Y si empezaban de nuevo? ¿Y si él le demostraba que no solo le gustaba, pese a todo, sino que quería jugársela por ella? Estaba dispuesto a intentarlo, porque la revelación que acababa de tener le indicaba que era mejor intentarlo a que quedarse con el sabor amargo del "qué hubiera pasado si…".

Sakuno no le respondió, sino que le sostuvo la mirada hasta que la comisura de sus ojos se curvó.

—Mi nombre es Echizen Ryoma —le dijo con un esbozo de sonrisa asomándose por sus labios, y estiró su mano.

—Ryuzaki Sakuno —replicó, estrechándosela.

Ryoma pudo notar de inmediato el efecto: sus ojos, antes tranquilos pero opacos, ahora transmitían una luz titilante. Su sonrisa se estrechó.

Empezar era justo lo que ambos necesitaban. Empezar para avanzar.

—He oído que vas a mi clase —siguió él.

—Y yo he oído que eres un tenista sensacional —respondió ella.

Sonreía. Por primera vez en muchos meses, Sakuno sonreía de verdad: no con falsa modestia, no con incomodidad, no con premura, no con nerviosismo, sino con genuina alegría.

Ya no había espacio para el dolor, para sentirse estúpido, para arrepentirse de los actos cometidos. Ryoma admitía que la debilidad se había apoderado de él durante mucho tiempo, pero ya no más; debía eliminarla y no dejarla entrar más. Cuando se dio cuenta de todas estas cosas, el día le pareció más bonito, el cielo más despejado, la escuela le pareció más acogedora, y la mujer que ahora caminaba a su lado —porque sí, Sakuno se estaba transformando poco a poco en una mujer, dejando atrás a la pequeña y tímida niña— le parecía increíble, aunque no pudiera tenerla.

Iba a intentarlo. Iba a demostrarle a ella, a los demás y a sí mismo, que de los errores se puede aprender, y que cosas buenas llegan con la enseñanza. Aunque le costara, aunque se tardara, aunque quisiera rendirse, iba a hacerlo. Iba a reconquistar a la chica que lo había hecho crecer.

Fin


Se siente extraño, muy extraño terminar esta historia, sobre todo porque creo que la extrañaré un montón. Comencé a escribirla cuando las cosas en mi vida eran más sencillas, cuando parecía que tenía todo y de repente lo perdí. Lo siento por ponerme nostálgica, pero todos llevamos a un Ryoma adentro, uno que quizás no actúa de la mejor manera, y a una Sakuno, que busca salir adelante pese al dolor.

Fue más de un año y medio de publicación, y la verdad es que estoy satisfecha. Me alegra haber encontrado a lectores como ustedes, dispuestos a recibir mi historia. No quiero nombrarlos a todos, porque sé que alguno me faltará, pero quiero decirles gracias, a todos y cada uno de los que siguieron esta historia hasta el final. A los incondicionales, que siempre dejaron review y manifestaron su apoyo; a los esporádicos, que comentaban cuando creían necesario, cosa que respeto; a los que jamás comentaron, pero que agregaron a favs y follows; y a los anónimos, a aquellos que siempre estuvieron pendientes de la historia, revisando cada cierto tiempo para ver si había actualizado. Quizás esta historia sea una más dentro del fandom de PoT (ni la más popular ni la más olvidada), pero para mí significa mucho.

Lo que viene para mi futuro como escritora es el siguiente (lo publico porque ya varios me han preguntado sobre si escribiré más historias): me tomaré un largo descanso, principalmente porque el tiempo no me acompaña en esta etapa de mi vida. Volveré, sí (al menos tengo esa intención), aunque fecha concreta no hay. Solo quiero anunciar que el próximo longfic será el último (al menos dentro de mis planes), y que será lo más maduro (y oscuro) que habré publicado jamás. La idea no ha parado de rondarme desde el 2013, pero no podía darme el lujo de escribir otra historia y dejar las otras tres a medio camino, así que lo primero era terminarlas, y, ahora que lo he hecho, lo segundo es escribir la mayor parte de los capítulos, no solo para que ustedes tengan una actualización constante del fic, sino porque tiene que estar muy bien estructurado, no quiero que se me escape nada.

Otra vez: gracias, gracias, gracias. Espero haber estado a la altura y no haberlos decepcionado con el final. Lamento si algunos quisieron que Sakuno se quedara con Tooyama, o si algunos quisieron que Ryoma y Sakuno terminaran juntos pese a todo. Mi intención con esta historia fue justamente reflejar lo complejas que se vuelven las cosas cuando los sentimientos se desbordan, cuando la gente comete estupideces, cuando pierdes las oportunidades; pero también, debido a lo que he aprendido en la vida, es sano perdonar, aceptar y seguir adelante, y sobre todo dar segundas oportunidades, porque bueno, nadie es perfecto.

Decir "adiós" se leerá muy trágico, así que solo puedo decir: hasta pronto.

Gracias totales.