CAPITULO # 3

ORGASMO SOÑADO

Por: Tatita Andrew

Candy se encontraba muy nerviosa golpeaba los dedos sobre el elegante escritorio ya había pasado una hora desde que había presentado su proyecto sobre crear un bloque de apartamentos adyacentes junto a la sala de enfermos con enfermedades crónicas del Hospital Santa María, no solo para los enfermos que venían de otras ciudades a hacerse atender y no tenían familias ni dinero para hospedarse y tampoco contaban con camas disponibles dentro del hospital sino también para sus familiares, a veces los tratamientos duraban días incluso meses, entre las terapias y exámenes.
Por eso de la necesidad de ayudarles de esta manera, Albert había estado muy serio presidiendo la junta como Gerente y algunos ejecutivos que a su parecer estaban acostumbrados a no mostrar reacción alguna, ella había estado muy nerviosa mientras exponía todo, Albert la miraba frío y distante en nada se parecía al hombre con quien había tenido una noche única, y quien la hacía estremecer con solo una llamada.
Después de eso le dijo que lo esperara en la oficina y eso hacía ya veinte minutos de pronto vio un expediente con su nombre y eso la sorprendió intento de reojo para ver de qué se trataba pero estaba debajo de otros documentos, tampoco quería levantarse Albert podría entrar en cualquier momento y la sorprendería hurgando. Por eso lo más lógico fue desde donde estaba intentar ver algo de lo que decía allí.
Albert se había quedado un poco más dentro de la sala de juntas analizando cuál de todos los proyectos era el que socialmente ayudaría no solo a los enfermos sino también a sus familias lo mejor habría sido que le hubiera dicho a Candy que se fuera, y cuando hubieran resuelto algo, la llamaría para saber su decisión, pero no pudo evitar decírselo personalmente a pesar de que sabía a ciencia cierta que lo mejor era no estar cerca de ella simplemente no podía alejarse era algo más fuerte que él, incluso durante la junta estuvo serio y esquivo para poder escuchar su idea imparcialmente sin tela de juicio alguno. Le dio la orden a su secretaria de que no lo interrumpiera por nada del mundo.
Le diría la resolución que se tomó y eso era todo pondría distancia entre ambos a pesar de que estaba seguro que jamás podría olvidar la noche que habían compartido.
Abrió la puerta de su despacho y se encontró con la escena más erótica de su vida, Candy recostada sobre su escritorio trataba de alcanzar algo, pero como estaba fuera de su alcance se empinaba más sobre este y la falda que tan formal le había parecido durante la junta ahora se levantaba dejando ver una muy buena parte de sus bragas y su delicioso trasero.
Ni siquiera le importo que estuviera hurgando en sus cosas, puso el cerrojo y avanzo despacio sin hacer ruido como un león cuando está a punto de atrapar su comida todos sus sentido estaban alerta podía ver todos sus movimientos. La tomó por la cintura – Candy brinco asustada pero la atrajo con presión hacía su duro cuerpo y le susurró al oído.
-No te muevas.
Respiraba con dificultad sentía sobre su pecho como la respiración de ella subía y bajaba, sus manos dejaron su cintura para ir bajando por sus caderas, y luego sus muslos que lo llevarían hasta el lugar donde más ansiaba. La beso en el cuello mientras seguía rozando sus muslos, ella instintivamente froto su trasero contra su tremenda erección. Y esa fue su perdición.
-Juro por Dios que he tratado de controlarme, quería mantenerme lo más alejado de ti, pero simplemente no puedo.
-No lo hagas. Susurró. Albert suspiro.
-Debo hacerlo, Candy ¿estás a punto de casarte? Y no puedo meterme entre ambos y eso me mata.
-Arderé en el infierno, pero no me importa quiero que me tomes ahora. Por favor.
Su mano busco el final de su falda, encontró su ropa interior y la hizo a un lado con destreza.
Ella seguía apoyada sobre su hombro, y estaba seguro que si la soltaba se caería. Introdujo primero un dedo y luego otro empapándolo con su esencia. Explorando cada pliegue de su interior. Saco los dedos y lo introdujo en su boca a lo cual Candy los lamia y los chupo que hizo que su polla latiera mucho más dura y palpitante.
-Recuéstate sobre el escritorio. Así lo hizo.
-Coloca tus manos sobre él.
Ella suspiro, simplemente era algo que necesitaba en aquel momento, deseaba sentirse controlada y llena por él. Le levantó la falda hasta la cintura. Luego deslizo sus bragas color rosa.
-Abre tus piernas.
Candy jamás se imaginó estar totalmente con su sexo expuesto sobre un escritorio y en tacones. Podía sentir la mirada del rubio tras ella, como si estuviera admirando la obra de arte más bella del mundo.
-Ábrete un poco más.
Candy obedeció ciegamente.
Luego le beso el suave trasero y se arrodillo tras ella. Como un gato lamiendo en su plato de leche favorito así disfrutaba su lengua de arriba hacia abajo lamiendo su deliciosa esencia y luego empezó a chuparla nunca se cansaría de aquel sabor único en el mundo.

Candy apretaba sus manos con fuerzas sobre el escritorio. Estaban en su oficina, en cualquier momento podría entrar alguien pero no le importaba, incluso saberlo le producía un cosquilleo por todo su cuerpo, de que la pudieran descubrir siendo saboreada de aquella manera, quería mucho más intento levantar sus caderas pero desde abajo Albert se lo impidió colocando una mano sobre su trasero para que no tuviera oportunidad de moverse, aquello era una tortura una lenta y deliciosa tortura.
-Albert…. Por favor.
-¿Dime que quieres?
-quiero sentirte.
-Ya lo estás haciendo.
-No, así rogo quiero sentirte dentro de mí, que me llenes por completo.
Albert se levantó le dio la vuelta y la miro directo a los ojos, sus ojos le prometían muchas cosas, sus senos se veían dolorosamente excitados a través de la blusa, y su respiración era una invitación.
Le abrió los primeros botones sacó su pezón y empezó a mordisquearlo. Candy sentía que ya no podía más, una sensación de estar subiendo y de que se iba de su cuerpo muy alto alto.
-Tómame ya Albert.
La tomo en brazos, la levantó y la sentó en el borde del escritorio.
-Entiende que soy muy posesivo - introdujo de nuevo los dedos en su interior - ¡Esto preciosidad es mía por hoy! Si te tomo ahora, debes prometerme que no dejarás que nadie más te toque hoy, quiero tener mi esencia en ti, mi olor en ti, que cuando no estés conmigo pienses que solo yo te he poseído. De la forma que quise.
-Sí, te lo prometo no dejaré que nadie más lo haga. Saco sus dedos que estaban dentro de ella, se abrió la bragueta y su miembro se irguió libre y hermoso listo para la batalla. Jugueteó un poco en su entrada para torturarla un poco más. -Por favor fue un ruego que llegó hasta su corazón. Y la penetro con fuerza lo más profundo que pudo, quería clavarse en ella, a pesar de que le pertenecía a otro, dejar su huella, marcarla como suya aunque fuera por ese momento. Una vez enterrado cuando sus pliegues le dieron la bienvenida gustoso y se acoplaban a su gran tamaño. Reunió toda su voluntad para decirle.
-Mírame Candy, hoy eres mía, repítelo. .
Candy lo sabía era suya desde niña, desde que vino a rescatarla y enseñarle la luz, era suya cuando todos esos años había soñado con su príncipe que venía a llevársela, era suya desde aquel sueño donde deseaba alcanzar ese orgasmo soñado, era suya desde que lo vio en aquel bar y supo que era el hombre de sus sueños, y ahora era completamente suya allí de carne y hueso convertido en la más hermosa fantasía, pero solo pudo decir.
-Soy tuya, solo tuya
Y empezó las embestidas hacia arribas con todas sus fuerzas ella se agarró de sus hombros mientras Albert la agarro por su trasero para levantarla y buscar el ángulo adecuado, ella cabalgaba sobre él, mientras el empujaba con fuerza hacia arriba cuando se chocaban en cada embestida sentían que la misma vida se iba con cada empuje, Candy estaba cerca, sabía que todo había valido la pena, para estar así llena de él por completo, y se dejó arrastrar un orgasmo tan intenso que tuvo que morder su hombro para no gritar de placer, sentía que estaba muriendo pero si eso era así entonces que la muerte sea bienvenida porque no conocía una mejor forma de morir, sus piernas se tensaron a su alrededor, su sexo latía en convulsiones, su piel estaba completamente erizada y estallo en mil pedazos y junto con ella, también lo hizo su rubio.
Poco a poco volvió a la tierra y envuelta en sus brazos trató de normalizar su respiración y la realidad la golpeó fuertemente, ella estaba traicionando a Terry muy aparte de que él le hiciera lo mismo, ella no era así, jamás se dejaba llevar por sus deseos prácticamente le había rogado al hombre que la sostenía fuertemente para que la poseyera sobre un escritorio, en donde estaba su decencia su decoro, su fidelidad ante su prometido, lo sabía exactamente desaparecieron en el instante en que lo vio por primera vez.
Se separó abruptamente de él, se abrocho los botones se bajó la falda y trato de arreglarse el cabello, podía escuchar que Albert decía su nombre preocupado pero ella estaba observando aquella escena como si estuviera fuera de cuerpo.
-Tengo que irme.
-¿Candy? Tenemos que hablar, ¡espera!
Tomo su bolso y documentos paso junto a él, sin poder mirarlo a la cara, mientras se arreglaba el pantalón y solo pudo murmurar un.
-Lo siento…
antes de salir corriendo como escapando de sus demonios.

CONTINUARA...