CAPITULO # 5

ORGASMO SOÑADO

Por: Tatita Andrew

-Todo bien señor.
-En sus manos está mi futuro. Así que tengo que confiar que será un final feliz
. -Lo será, se le nota en el rostro cuando lo mira.
En la misma calle, otro vehículo se alejaba mientras hacía una llamada.
Después de estar casi toda la noche sin dormir, Candy se había decidido no podía seguir engañando a Terry, a pesar de que lo quería mucho ya no lo amaba como antes, y en verdad a pesar de que apenas lo conocía sabía muy bien que era el nombre de Albert quien su corazón gritaba y ella iba a escuchar a su corazón. Se fue a trabajar a la mañana siguiente y llamó a Terry citándolo en su casa después del trabajo a lo que este accedió gustoso. Una vez en su apartamento espero a que llegará impaciente.
Cuando Terry apareció le iba a dar un beso en los labios pero Candy se apartó.
-¿Qué sucede?
-Tenemos que hablar seriamente.
-Escucho atentamente.
-Terry no sé cómo decirte esto, pero no me pienso casar contigo. -Ya me lo suponía.
-¿Lo sabías? -
Has estado muy rara últimamente, más desde que llegaste de New York, preguntas aquí y allá en el hotel dieron como resultado que tu benefactor Albert Andrew estaba hospedado en el mismo hotel que estabas tú
. -¿sabías que había estado allá?
- Mi secretaria te reconoció cuando saliste corriendo de mi oficina, lo demás lo supe por unas cuantas llamadas.
-¿Hace cuánto me engañabas?
-Algunas veces, me aburría cuando tenía que estar tanto tiempo lejos de la ciudad. -¿Y me lo dices así tan fresco?
-Del mismo modo, que tu fresca te acostaste con otro hombre. ¿Cómo lo confirmaste?
-Anoche, me pregunte porque no quisiste acostarte conmigo, y me quede pacientemente esperando al notar una limosina extraña aparcada en la esquina de tu casa. Y oh sorpresa mi futura esposa entro en ella y se quedó mucho tiempo.
-No sucedió nada.
-La verdad no me importa, porque nos vamos a casar, y una vez que estemos casados no podrás verlo más.
-Sé que estas dolido, pero ya lo nuestro hace mucho que murió, solo estamos juntos por costumbre entiéndelo Terry. y que no se te olvide el hecho de que me engañaste con respecto a trabajo en el hospital.
-Lo hice por ti, jamás lo hubieras conseguido de otro modo
. -No, lo hiciste por ti, querías que tu padre me aceptara y un gran empleo en el Hospital San Juan te ayudaría a que la gente me aceptará sin hacer muchas preguntas sobre mi familia.
-De todos modos, te ayude.
-Pero quería hacerlo a mi modo. ¿No lo entiendes? Ahora nunca sabré si lo hubiera conseguido por mí misma
-Eso ya no importa terminarás con él.
-¿Cómo estas tan seguro?
-Lo sé, porque como me acabas de confirmar odias las mentiras y tu querido amante no te ha dicho toda la verdad.
-¿Cuál verdad?
-Que no es un capullo de rosa como todos suponen
. -¿Estas mintiendo?
-Anda ve a buscarlo a ver quién miente, te aseguro no soy yo, lo mande a investigar y sabes lo que me encontré con que se vino a vivir a nuestra ciudad porque en Chicago, fue acusado de acoso sexual por una empleada de su empresa, salió en todos los periódicos se allá, y después de meses se resolvió todo con una buena compensación a la afectada. ¿Por esa clase de hombre piensas terminar nuestra relación Candy? Yo que tú me lo pensaría dos veces.
Ahora tengo que irme ya me dirás cuando te lo diga por su propia boca que todo lo que te digo es verdad
. Candy se sentía impotente se quedó allí sin mover ni un solo musculo no podía ser verdad, confiaba en Albert pero se preguntaba. ¿Cuánto tiempo lo conocía? Solo unos días, no sabía nada sobre él, su pasado, su familia.
Con determinación tomo su bolso las llaves de su auto y a pesar de que era de noche y que no había avisado iba a su casa, necesitaba escuchar de sus propios labios si todo lo que decía Terry era verdad.

Toco la puerta insistentemente hasta que por fin escucho que abrían el cerrojo. Y en el umbral una dama con canas y varios años la miraba ceñuda y con evidencia clara que no le gustaba para nada la interrupción en su casa a aquellas horas.
-Señorita White, pase por favor. Imagino que su prometido el Sr. Grandchaster no se sabe que está en mi casa. ¿Y a estas horas?
Candy sabía que no iba a ser fácil, se había topado con aquella dama en más de una ocasión en fiestas de beneficencia del Hospital y ella siempre había ido acompañada por Terry. Ahora que se presentará en su casa buscando a su sobrino no le debía hacer ninguna gracia.
-He venido a hablar con Albert.
-Cualquier cosa que tiene que ver con mi sobrino, es asunto mío, así que por favor tome asiento y me lo puede decir a mí.
-Entiendo que tenga desconfianza hacia mi persona, pero le aseguro que es personal.
-Mi sobrino es algo personal para mí, y le aseguro que no veo nada bueno en esta entre ustedes. Porque no le hace un favor, si en verdad lo estima déjelo en paz, le aconsejo que vaya a buscar a su prometido, si fuera él no me hiciera ninguna gracias que mi futura esposa estuviera en la casa de otro hombre. -Él sabe que estoy aquí.
-¿Cómo debo interpretar aquello?
-Señora Elroy le juro que tengo que hablar con su sobrino. Y no me voy a ir de aquí hasta que lo haga. -Debe ser algo importante para que se atreva a contradecirme, le puedo preguntar algo. -Por supuesto.
-¿Qué sentimientos tiene hacia Albert? Candy se ruborizo jamás pensó que se iba a encontrar con tremendo interrogatorio.
-Yo…simplemente no lo sé, pero le aseguro que desde que lo conocí he sido feliz, verdaderamente feliz.
-¿Sabe que su novio es un persona muy influyente en la ciudad? -Sí. -Sabe que un hombre herido en su orgullo es capaz de lo que sea.
-A pesar de todo Terry es una buena persona.
-No lo dudo, pero hasta la persona más buena es capaz de cualquier cosa, cuando se le arrebata lo que es suyo.
-¿No entiendo a dónde quiere llegar señora?
-Le diré las cosas claramente. ¿Está enamorada o no de Albert? Porque si no es así, le aconsejo que se vaya por la misma puerta por donde vino y no le dé falsas esperanzas.
-Lo quiero de verdad. Hasta la anciana se quedó sorprendida por la sinceridad de sus palabras.
-Si eso es cierto, prepárese, porque le tocará luchar por esa relación, su novio no se quedará de brazos cruzados eso se lo aseguro, seré sincera con usted mi sobrino ha sido sufrido mucho en esta vida, le ha tocado luchar por todo lo que tiene, y no puedo permitir que sufra nuevamente. ¿He sido lo suficientemente clara?
-Lo suficiente, para que yo le diga, que lo que menos quiero es que Albert salga lastimado de todo esto, por eso necesito hablar con él y aclarar las cosas. -En ese caso, está en su casa, iré a buscarlo.
Después de varios minutos un Albert entre sonriente y sorprendido aparecía por la escalera.
-¿Candy que haces aquí? El pelo largo ya no se usaba en aquella época, pero él lo traía así tan largo y rebelde como el mismo deseaba acariciarlo y enredar sus dedos, con solo verlo se podía notar que era suave y manejable. Y tan varonil.
-Necesitaba hablar contigo Albert en privado.
-No te preocupes, mi tía no nos interrumpirá sabe ser muy discreta. Bueno cuando quiere
. -Sí se nota, que te quiere mucho.
-¿Acaso te amenazo? No creo que se haya atrevido, le deje bien claro que no se metiera.
-Bueno no ha sido una de las bienvenidas más calurosas que haya tenido, pero no te enojes con ella, solo está preocupada por ti. Se sentó junto a ella.
-¿Qué ha sucedido? ¿Por qué has venido sin avisar? ¿Y a estas horas?
-Albert, necesito que me digas la verdad, y no omitas detalle por favor, deseo saberlo todo
. -No te he mentido en ningún momento, dime de que se trata.
-Es con respecto a tu demanda de acoso sexual ¿es verdad? Albert se levantó y empezó a caminar de un lado a otro impaciente, por un momento Candy tuvo miedo de haber dicho o hecho algo que lo hiciera molestar.
-Es un tema de lo que no me gusta hablar. Se detuvo y la miro preocupado ¿Cómo lo supiste?
-Terry me lo dijo.
-Debí suponerlo, pensé que esa parte de mi vida solo sería un mal recuerdo de mi pasado, pero veo que nunca me podré librar del todo.
-¿Qué sucedió?
-Mariana era una chica muy dulce que llego un día a solicitarme un puesto en mi empresa, venía de un pueblo pequeño sin recomendaciones personales ni de trabajo, pero eran tantas sus ganas de trabajar que me convenció de ayudarla y así lo hice, sabes yo también he tenido que superarme y luchar por todo lo que tengo, por eso no me importo nada de eso, era un excelente trabajadora, al principio empezó haciendo llevando documentación de departamento en departamento pero como te dije era muy eficiente poco a poco fue escaldando peldaños hasta que la convertí en mi asistente personal.
A pesar de todo Candy no pudo dejar de sentir celos por esa mujer que ni conocía.
-Jamás me intereso como mujer, a pesar de que te digo que era muy hermosa, yo la veía como una amiga solamente eso, algunas veces me toco cenar con ella, por más de una ocasión pero siempre por asuntos de trabajo, siempre me gusta quedarme al último y dejar todo lo que tengo pendiente para el otro día resuelto un día antes, en uno de esos días, estaba enfrascado en montones de papeles, que no sé en qué momento se me fue el tiempo cuando Mariana entró con una café, al ver la hora la reprendí y le dije que se fuera a casa, que dejara todo apagado que yo me iba a quedar pero ella insistió que le gustaba trabajar conmigo, de repente y sin previo aviso se colocó a mi espalda y empezó a darme un masaje según ella que estaba estresado, me sentí muy incómodo le dije que parara pero esto solo consiguió que se sentará en mis piernas me levanté sin demora ella me dijo que estaba enamorada de mí y que estaba muy agradecida por haberle dado la oportunidad de trabajar, le dije que no era necesario, que yo lo había hecho de corazón, pero ella ya no escuchaba razones entre más yo la rechazaba más furiosa se ponía empezó a desnudarse allí mismo en mi oficina diciéndome una y otra vez que me amaba y que la follara, pensaba salir por la puerta, pero ella se me prendió del cuello y quiso abrazarme la empujaba pero se apretaba más contra mí, y empezó a rasguñarme por todos lados, el cuello el pecho, el rostro. Al final la tire encima de un sofá y me fui diciéndole que estaba despedida.
-Como supondrás las cosas no quedaron allí al otro día ella había entablado una demanda por acoso sexual, por obvias razones que ya conoces, no tengo cámaras de vigilancias en mi oficina, no había nadie quien corroborara mi historia, para colmo de males, ella se había auto infligido golpes en sus brazos y piernas, y con los rasguños que tenía en el pecho y cuello, dedujeron que habíamos estado forcejeando, sabes Candy viví un infierno todos me acusaban y me señalaban el juicio demoro meses, y tuve que pagar una gran indemnización, gracias a un gran amigo y un hacker en sistemas se pudo recuperar la cinta de video en donde yo me voy y ella sale atrás de mi golpeándose en ambos brazos y piernas. Si no fuera por eso quien sabe cuánto tiempo hubiera pasado en la cárcel siendo inocente.
CONTINUARA...