CAPITULO # 6

ORGASMO SOÑADO

Por : Tatita Andrew

Oh Albert lo que me cuentas es horrible. Se lanzó a sus brazos aún con la sospecha y las dudas en su interior sabía que tenía que haber una explicación lógica, pero la verdad superaba todo cuanto ella hubiera pensado
- ¿Cómo pudo esa mujer hacerte eso? Dijo apoyada sobre su pecho.
-A veces el amor se vuelve obsesión, y se pierde sentido de la realidad. ¿Creíste todas las cosas que se decían de mí?
-No, solo es que… necesitaba escucharlo de tu boca. Candy lo busco con sus labios y empezaron un beso intenso y muy caliente, Albert le subió la falda por los muslos mientras se los acariciaba, diciéndose todo en ese beso.
-Te necesito Candy, quiero que me hagas olvidar todo esto, por un momento. Ella empezó a frotarse contra su cremallera, contra su dura erección lo deseaba tanto que ni siquiera la ropa interior era obstáculo, sentía claramente la punta de su miembro contra su entrada, ella estaba húmeda y resbaladiza.
-Tómame Albert.
-Sabes que mi tía podría bajar en cualquier momento.
-Pero tengo tantas ganas de ti.
-Quiero verte correrte, me complace ver como gimes y te mueves y saber que soy yo quien te produce tal placer, pero tienes que hacerlo bien, quedarte muy quieta y sin hacer ruido no quiero escandalizar a mi tía. Candy asintió.
Le quito las bragas y se la llevó a la nariz, aquella esencia lleno sus fosas nasales
. -Hueles tan bien.
Se guardó sus bragas color negro como el pecado en el bolsillo de su pantalón.
Y empezó a jugar con su clítoris, siempre manteniendo la mirada en ella que se mantenía subida en su regazo, también libero uno de sus senos y empezó a lamerlo dulcemente cuando este se puso duro como una roca, empezó a darle pequeños mordiscos la sensación era tan intensa estaba inmovilizada con las manos de ella en sus hombros, dos dedos introducidos en su interior con la misma mano masajeando su clítoris con el pulgar de arriba hacia abajo, la mantenía sujeta y quieta con la otra mano por las nalgas, mientras seguía mordiendo con más intensidad su pezón, Candy no podía moverse, no podía gemir, y eso intensificaba su placer porque las dos piernas estaban a los lados de las caderas de Albert se mordía el labio para no gritar de dolor y placer, los mordiscos en su pezón eran una tortura dolorosa y dulce este enviaba una corriente eléctrica hasta la punta de los pies, quería frotarse con Albert pero la tenía bien sujeta por el trasero, sentía los pasos de la tía en la parte de arriba de la casa, y estaba segura que en cualquier momento estaría con ellos, pero estaba en el punto de no retorno, su cuerpo se lo anunciaba sus pezones duros, su vagina se contraía y se preparaba para lo que tanto le gustaba, los dedos no dejaba de moverse y ella los apretaba fuertemente apretándolos en su interior su clítoris estaba grande y turgente hundió su rostro entre el cuello de Albert y su hombro y cuando sintió que explotaba ahogo el grito en su hombro mordiéndolo para no gritar, su cuerpo cayo rendido y satisfecho encima del rubio quien la separo un poco para mirarla.
-¿Sabes lo linda y sexy que te ves en estos momentos? Tus pechos hinchados, tu rostro sonrojado tus ojos lánguidos, tu olor a placer. Eres sensacional Candy la beso en la frente.
-Tú eres el sensacional. No tuvo tiempo a moverse ni nada porque en ese instante la tía aparecía por la escalera.
-Ujum. Espero no interrumpir.
Candy se levantó despacio no quería dar a notar que estaba sin ropa interior, no quería ni imaginarse el aspecto que tendría algo así como Albert intentó incorporarse sin dar a notar nada.
-Si ya hemos terminado de aclarar las cosas.
-Creo que es muy tarde Albert, deberías llevar a la Srta. White a su casa.
-Eso precisamente iba a hacer tía. Vamos Candy yo conduzco.
Y Candy lo agradeció no creía encontrarse en condiciones de conducir después de que su cuerpo todavía temblaba por el orgasmo intento sonreír un poco a la tía que la miraba sin dar señales de estar feliz o enojada.
Al llegar frente a su apartamento, le pidió a Albert entrar a la casa.
-No puedo pequeña – le acarició la mejilla- No me diste tiempo a contarte que salgo de viaje esta noche estaré fuera de la ciudad por asuntos de trabajo por tres días.
-¿Tres días? Se me harán una eternidad
. -Me extrañaras…
-Dame motivos para hacerlo.
-Candy no me puedo resistir cuando me pones esa carita, que no digan que he dejado a una mujer necesitada en apuros.
Te daré motivos para que no me olvides en mi ausencia.
Una vez en el interior Albert no le dio tiempo a reaccionar la arrincono contra la puerta mientras la besaba tan intensamente que creyó que se iba a desmayar. Luego la tomo en brazos y se la coloco en la cintura con la otra mano voto al suelo todo lo que había sobre una mesa y la apoyo allí.
-Sabes que cuando te tome en mi oficina, y me mostraste ese hermoso culito tuyo – lo dijo mientras lo acariciaba – vi una cosa de la más deliciosa, y entonces lo supe y sabía que tenía que ser mío. La bajo e hizo que se colocara de espaldas a él, en la misma posición que la oficina con las manos estiradas sobre el escritorio con el culo al aire.
Abrió sus glúteos y paso un dedo de arriba hacia abajo por el canal de entrada. Candy se puso tensa por la intrusión.
-¿Albert? ¿Qué haces? No creo que sea buena idea.
-Te aseguro que lo disfrutaras.
-Yo… no creo que sea así, alguna vez quise intentarlo con Terry pero no funciono y desde allí me dije que eso no era para mí.
-Confía en mí sé lo que hago.
Alzó la falda hasta la cintura y empezó a masajear sus cachetes.
Los sobaba tiernamente casi sutilmente como una caricia, Candy que ya estaba exhausta por el orgasmo estaba quedándose dormida sobre la mesa, cuando sintió un golpe seco en uno de sus cachetes del trasero por lo que se sobresaltó enseguida empezó a sentir el pinchazo, la quemazón y el ardor.
Luego nuevamente otra caricia.
Ella quiso protestar jamás en su vida nadie la había golpeado, debería sentirse ultrajada, y molesta pero para su sorpresa, su cuerpo pensaba todo lo contrario porque su vagina se empezó a contraer y a humedecerse con cada azote, lo siguió haciendo acariciando y golpeando nunca anticipaba donde iba a golpearla otra vez, porque siempre lo hacía en un sitio diferente. -Me encanta sentir mi palma contra tu trasero, es tan suave, redondo, esto no es por castigo Candy. Debes entenderlo, esto es por placer.
Ya ni lo escuchaba a ese punto estaba jadeando y rogando para que no parara, su trasero le dolía la piel en esa zona le ardía pero quería más. Albert llevo un dedo a su vagina y murmuro complacido.
-Sabía que te iba a gustar mojo uno de sus dedos en el interior de su humedad. Y luego lo saco y lo llevo hasta la puerta de entrada de su trasero. Con la otra mano empezó a acariciar nuevamente su clítoris, Candy estaba tan excitada que ni siquiera hizo ademan de moverse cuando Albert introdujo un dedo en el apretado anillo de su trasero.
-Vamos a tener que improvisar - dijo entrando lentamente en su apretado anillo con delicadeza
- porque deseo ser el primero que folle este culito, duro y hasta lo más profundo para que cuando este lejos y te sientas adolorida, recuerdes que yo te tome de esta forma, como nadie lo ha hecho hasta hoy.
Ella solo jadeaba al principio se sentía incomoda por aquella intrusión pero no podía pensar porque Albert no dejaba en ningún momento de acariciar su clítoris, cuando se dio cuenta Albert murmuraba satisfecho lo bien que se sentía haber follado su entrada con el dedo lo saco, y luego introdujo dos, podía escuchar su voz ronca por el deseo.

Ahora voy a tomarte con mi pené, sé que puedes hacerlo amor, tu cuerpo me recibirá de la forma en que yo deseo.
Dejo un momento de acariciarla ella se quedó inmóvil escuchando como bajaba su bragueta y salía de sus pantalones, luego sintió la tremenda punta, sobre su orificio.
Y otra vez arremetió contra su clítoris que ya estaba protestando por más caricias, solo estaba allí en su entrada sin hacer movimientos de entrar canalizando el tamaño y la profundidad.
Y cuando no pudo más exploto en un orgasmo que hizo que todo su cuerpo se apoyará sobre la mesa.
Fue en el mismo momento del orgasmo en que Albert decidió que era el momento de penetrarla lo hizo de una forma que ni siquiera le dolía, el anillo en el trasero estaba cediendo podía sentir claramente que se abría y se acomodaba a su gran erección.
-Oh, esta tan apretado mi amor, tómame todo.
En ningún momento dejo de acariciar su clítoris, y por lo excitada que estaba sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que volviera a sucumbir al placer, ella apoyo la mejilla en la mesa mientras Albert ya había roto todas las barreras, y lo aceptaba gustosa en su interior, sentía que entraba y salía se sentía tan delicioso, jamás pensó que sería tomada de aquella manera tan primitiva pero así era Albert, tan posesivo y fuera de lo común, Albert se apoyó contra su espalda intensificando las arremetidas, podía escuchar su respiración en su oído y supo que al igual que ella estaba muy cerca, y ella por Dios juraba que lo estaba los dos placeres al mismo tiempo, era tan intenso que pensó que iba a desmayarse, cuando exploto nuevamente y Albert lo hizo al mismo tiempo llenando todo su orificio con su semilla, marcándola como suya, para toda la vida. Sintió que Albert también cayo rendido sobre ella y así se quedaron jadeando y en silencio mientras poco a poco sus respiraciones volvían a la normalidad.
La ayudo a incorporarse y fue por una vaselina suave que se usaba en los bebes y la acostó boca abajo en su regazo y le aplico suavemente y con mucha delicadeza en el trasero que estaba adolorido y en su entrada.
-¿Sabes que tienes un color tan bonito?
Luego la sentó en sus piernas mientras se abrazaba y Albert la zarandeo sutilmente.
-No te duermas pequeña, tengo que irme y debemos hablar
. Por lo que entendí, pero quiero que me lo digas claramente es que has desistido de tu compromiso de casarte.
-Sí, Albert te elijó a ti, no puedo seguir con Terry, ya se lo dije.
-¿Y cómo lo tomo?
-Como verás sabía lo de tu demanda, y pensó que iba a terminar contigo, pero estoy segura que se lo tomará a bien.
-¿Lo conoces bien? ¿Estas completamente segura? Que se quedará tranquilo sabiendo que otro hombre le roba a su futura esposa. -Ya le dije que iba no quería estar con él, sé que le costara, son muchos años que llevamos siendo novios, yo… en verdad lo quiero, y siempre lo querré, pero ya no estoy enamorada de él. -Confió en ti, pequeña, haz las cosas bien, no debes dejar cabos sueltos, si yo estuviera en su lugar no te dejaría ir tan fácil. Le tomo el rostro entre las manos. -Pero mírame bien, que no trate de manipularte para que te quedes con él, pronto encontrará a alguien que lo haga feliz, como lo vamos a ser nosotros.
Se fuerte por favor.
-Lo haré Albert, vete tranquilo.
-No te quisiera dejar y enfrentar esto tu sola, pero tengo planeado esto hace mucho tiempo antes de conocerte es algo que no puedo postergar además del hecho de que no quiero añadir más leña al fuego, creo que deberían hablar los dos como seres civilizados.
-No te preocupes todo saldrá bien. Albert la besó en la boca y se separó para decirlo lo que sentía, sabía que era una locura, pero amaba a esa mujer desde el primer momento en que la vio
. -Te quiero Candy más de lo que te imaginas.
Candy abrió los ojos como platos, jamás pensó que Albert le diría algo así, pero no dijo nada solo se abrazó a él fuertemente, necesitaba sentirse libre del todo para poder decirle todo lo que sentía sin sentir que estaba haciendo algo malo. Se despidieron en la puerta y Albert quedó de venir a verla para invitarla a cenar el día jueves que era su regreso.
A la mañana siguiente extrañaba a Albert, no había pasado un solo día desde que había partido y ya lo extrañaba regresaba a su casa cuando Terry la esperaba en la entrada. -¿Terry? ¿Pero qué haces aquí? -Entremos tenemos que hablar. Sabía que esta conversación se iba a dar pero lo que no suponía era que fuera tan pronto al entrar este la miro de arriba abajo. -¿Supongo que anoche fue tu ultimo revolcón con el tal Andrew? -No sé de qué hablas, ¿Quieres hablar hablemos? Ayer te dije que quería terminar nuestra relación y hoy te lo vuelvo a repetir no me pienso casar contigo. -Sinceramente, pensé que eras una chica más inteligente, te di todas las pruebas que necesitabas para que dejarás al maldito y ahora me vienes con esas. Que mentiras te dijo, que era a él a quien intentaron seducir, y tu claro que le creíste como una tonta, pensé que te ibas a dar el último revolcón y volver a sentar cabeza y concentrarte en nuestra boda. -Yo le creo. -Por supuesto debe ser tan bueno mintiendo como lo debe ser en la cama, para que te revolcaras con él en un auto. -Maldito… Candy intentó acercarse a él y darle una bofetada pero Terry la tomo de la mano y la zarandeó.
-¿Acaso te ofendo? Con tu comportamiento de los últimos días me has dejado bien claro que solo eres una calienta bragas y una putilla de a peso. -Terry por favor, suéltame no hagas esto más difícil.
-¿Difícil? ¿Crees que voy a permitir que hagas el ridículo? Revolcándote con un pervertido, no Candy te quiero demasiado para eso. Quise que decidieras y te dieras cuenta la clase de hombre que es el tal Andrew, pero ahora me has dejado claro que has perdido juicio de razonamiento, por lo que me toca a mí hacerte ver como son las cosas. La soltó bruscamente y le dio una carpeta con documentos.
-¿Qué es esto? Candy incluso temía mirar, jamás lo había visto a Terry así incluso pensaba que debía salvarla de Albert.
-Es el historial del juicio de tu amante, y algunas cosas extras. Abrió el portafolio negro y en realidad allí estaba la declaración de la tal Mariana pero también había fotos de ella tomada desde una cámara a distancia, de Candy con Albert cuando estaban en la limosina, las fotos se veían un poco comprometedoras.
CONTINUARA...