CAPITULO 8
ORGASMO SOÑADO
Por. Tatita Andrew
Pensé, que eres una mujer honesta y sincera, hubiera podido perdonarte si me hubieras dicho que volviste con tu prometido, porque lo amabas y no podrías vivir sin él. Me hubiera dolido, pero al menos, lo hubiera entendido ¿Pero esto? Es una de las bajezas más vil, Candy White, soy un hombre íntegro a pesar de lo que muchos podrían decir por allí de mí, jamás me hubiera metido en una relación sólida, si en este caso fuera eso, pero me usaste de la manera más ruin y despiadada, me usaste para tu venganza, para llamar la atención de Terry, pues te felicito Candy, el plan te funciono muy bien, has ganado tú, debo reconocerlo.
-Ah y no te preocupes, desde la escuela me enseñaron a sumar, y en esta ecuación el que sale sobrando soy yo, solo si me lo hubieras dicho desde el principio, hubiéramos estado en lados iguales, también te hubiera follado de mil y una forma para que vieras lo buen amante que soy, tan buen amante, que fingiste que querías tener algo más conmigo…
-Albert… por favor, no sigas, no sigas.
Trato de mantenerse firme, pero no podía sabiendo que pensaba todas esas cosas sobre ella.
-Nuevamente te doy la razón, para que gastar mis palabras en alguien que no vale la pena. Espero que la vida te de lo que has sembrado.
Candy hizo intento de moverse no sabía, para que si para detenerlo o para explicarle porque hacía lo que estaba haciendo.
Antes de que pudiera acercarse Albert levantó la mano deteniéndola.
-No hay necesidad, conozco la salida. Espero que seas feliz.
Y con eso se fue dejando a Candy sola, lo había logrado, estaba segura que después de aquella noche Albert jamás la volvería a buscar, pero porque no se sentía feliz, las lágrimas empezaron a rondar, se había arrepentido de las barbaridades que le había dicho, pero no le quedaba otra opción todo lo hacía por él, y también porque era cobarde que no había podido defender su relación.
Terry se asomó por la puerta.
-Vamos Candy, se ha hecho muy tarde, retócate un poco el maquillaje estas hecho un desastre, pero como te dije amor, has hecho bien, ese hombre no era para ti, juntos vamos a ser felices
. Ella estuvo en la mesa como ida, sonreía de vez en cuando a los socios de Terry pero todo sus pensamientos estaban con Albert, la odiaba estaba completamente segura de eso, recordaba el modo que la miró antes de salir por la puerta, ella sabía muy bien que le costaba confiar en las personas, en especial con las mujeres lo había hecho una vez y le había costado todo su prestigio, incluso estuvo a punto de perder su libertad, jamás volvería a verlo sonreír del modo que cuando lo hacía era como si te dijera que todo iba a estar bien, que las cosas se mejorarían. Albert… suspiro. ¿Por qué las cosas habían tenido que terminar así? Sabía que había hecho lo mas bajo decirle que solo fue un sustituto por la traición de Terry, ya se veía arder en el infierno por las mentiras que le había dicho. Después de dos horas regresaban en el coche. -¿Has estado muy callada? ¿Acaso te dolió terminar con tu amante? Pensé que solo había sido sexy Candy ¿Qué es lo que pasa? Parece que vinieras de un funeral, ni siquiera prestabas atención a la conversación. -Sabes muy bien que no me gusta hablar de negocios, me aburre. -Pero debiste poner más empeño. Por Dios vas a ser mi esposa, siempre vamos a tener invitaciones, reuniones eventos.
-Terry hago lo que puedo, no me provoques, con tus aburridas reuniones.
-Estoy pensando que nos irá bien cuando nos vayamos de luna de miel, allí podremos olvidar todo.
-Si tú lo dices
. Terry freno el carro a rallas.
-Por Dios Candy. ¿Qué no te das cuenta que también es difícil para mi? La mujer a la que amo, tuvo una aventura con otro hombre. ¿Crees que no pienso en eso? ¿Qué fue tan fácil para mí chantajearte para que te quedaras? Sabiendo que lo hacía por tu bien.
-¿Por mí? No me digas.
-Sí, ya te dije, que no quiero que te des de bruces contra la pared, haciéndote ilusiones con un hombre que solo te quiso para follarte, debes entenderlo, te quiero demasiado, para verte sufrir de ese modo.
-¿Ahora estoy sufriendo?
-Se te pasará con el tiempo, pero deberías ser más comprensiva. Ni siquiera puedo tocarte maldita sea, sin pensar que otro hombre ha estado en lugares donde solo yo debí estar, que has disfrutado en sus brazos, me vuelvo loco con pensar en todo eso. Y tu me haces sentir como una canalla que se aprovecho de tu vulnerabilidad para que te cases conmigo. ¿Cómo crees que me siento como hombre?
-Yo no busque esto.
-Ni yo tampoco, pero estamos destinados a estar juntos y por favor no quiero verte nunca más en ese estado, parece que fuera una tortura el siquiera mirarme a los ojos. Candy pudo entender como se sentía Terry él había sido traicionado por su futura esposa, pero ya no dependía de ella, ahora sentía que su vida no tenía sentido y que nada volvería a ser como antes.
El volvió a encender el auto y ella se quedo en silencio mirando por la ventanilla del auto.
-¿Te lo advertí Albert?
-No me vengas a estas horas con sermones, tía, lo se soy un estúpido y siempre lo he sido.
-Discúlpame sobrino, pero que es me da rabia cuando me cuentas que ella se va a casar.
-Así es tía me lo dijo en mi cara.
-No lo puedo creer todavía, parecía tan sincera, tan conmocionada cuando vino a buscarte.
-Todo debe haber sido un teatro, tal vez hasta juntos han planeado todo esto y ahora estarán riéndose de mí.
Me lo tengo bien merecido por volver a confiar en alguien jure que nunca más lo iba a hacer y ahora veme aquí.
-Voy a hablar con ella, tal vez si le hablo de mujer a mujer ella….
-Te lo prohíbo tía por favor… no añadas más leña al fuego.
-Es que me duele el verte así, en ese estado desde que llegaste de hablar con Candy, pareces un trapo sucio, te has bebido media botella de whisky.
-Tal vez el alcohol me ayude a olvidarla tía.
-Lo dudo. Intento quitarle la botella- emborracharse no servirá de nada. -Yo pienso que es una buena idea.
Bebió de la botella nuevamente.
-¿Y que pasará con el proyecto?
-No se.
-¿Se lo darás?
La miro ceñudo
. -Tía por favor, me conoces tan bien que sabes, que no me aprovecharía de esto, para vengarme de ella, ella gano el proyecto, y se lo daré.
-Mi pequeño que puedo hacer por ti.
-Solo abrázame tía, mañana tal vez ni me acuerde de quien es Candy.
Candy ni siquiera estaba pendiente de los preparativos para la boda todo se lo había dejado al padre de Terry con su mujer. Habían pasado muchos días sin saber nada de Albert, cuando regreso a su trabajo, se encontró con la novedad de que había dado la orden estricta de que la dueña del proyecto era Candy y nadie más y sin en algún caso la quisieran sustituir entonces la Multinacional retiraría los fondos para el hospital, tanto se había preocupado por perder su trabajo que solo ahora caía en cuenta que si hubiera tenido la suficiente confianza con Albert él la hubiera ayudado a salir de aquella relación con Terry, ahora estaba completamente segura que ni siquiera le habría importado que su prometido amenazará con hacer publica lo de su juicio, pero ya era demasiado tarde para lamentaciones y cuando empezó a trabajar en la construcción de los departamentos para los familiares de enfermedades crónicas, se dio cuenta que el rubio hablaba en serio con respecto a que no quería volver a verla, había delegado a un miembro de su equipo para que trabajara con ella codo a codo, por un lado sintió verdadero alivio no sabía cómo podía reaccionar con Albert tan cerca y por otra una tristeza y decepción porque tal vez esa hubiera sido su única oportunidad para verlo.
Las cosas entre Terry y ella tampoco iban muy bien ella se había volcado de lleno en el trabajo y a veces se reunían de noche para cenar o algo así, él no había hecho el intento de tocarla ni acelerar las cosas, sabía que también lo había lastimado por su indecisión había herido a las dos personas que más quería en el mundo, podía ver en su mirada el reproche y los celos que lo atormentaba, el trataba de aparentar indiferencia pero Candy lo conocía muy bien y sabía que en cualquier momento las cosas entre ambos iban a estallar.
Albert estaba en aquella barra tomándose un par de tragos de whisky llevaba semanas trabajando más de 24 horas diarias si así conseguía que su vida volviera a la normalidad, miraba a ambos lados en busca de alguien que le hiciera pasar un buen rato en aquel instante, sabía el requisito esencial, guapa, sexy pero sobre todo no tenía que ser rubia, solo con pensar en una rubia se le erizaba la piel, había tenido más que suficiente con aquella mujeres ahora solo se dedicaba a flirtear y a coger con la primera que le diera oportunidad, y justo en ese momento una despampanante morena bailaba muy coqueta y sensualmente mirándolo, vació el vaso de un solo trago y se dirigió a la pista, no deseaba bailar lo único que quería era coger.
-¿Te gusta lo que ves?
Albert la miro de arriba abajo, su pequeño vestido dejaba muy poco a la imaginación tenía unas piernas de infarto y esas tetas eran muy hermosas.
-Sí. ¿Qué te parece si vamos a un sitio más tranquilo?
Ella se enredaba en su cuello como enredadera. Y se movía deslizándose por su cuerpo de arriba abajo tan apretado que cualquiera que estuviera mirando podría jurar que no había ningún centímetro de separación, Albert era un hombre muy ardiente y enseguida su miembro se levantó excitado por lo que veía, a esas alturas ya no podía aguantar llegar a la habitación del hotel donde se hospedaba tenía que hacerla suya en ese instante, su cuerpo se lo pedía a gritos ni siquiera le importaba ¿Quién era? ¿O cómo se llamaba? La agarro del brazo y ella gustosa lo siguió.
La entró en el baño de damas y fue pateando una a una todas las puertas para comprobar que no había nadie. Allí la arrincono contra la pared y empezó a besarla y a tocarle los pechos ella jadeaba, de seguro le gustaba tirar con el primero que le diera oportunidad, y eso iba a hacer se la iba a follar duro y rápido. Ella tiraba de los botones de su camisa pero la detuvo, no había tiempo para desnudarse. -No cariño, las cosas son a mi modo.
Le dio la vuelta rápidamente que quedará de frente contra la pared, así era mucho mejor le gustaba comérsela de ese modo para que mañana ni siquiera pudiera acordarse de su rostro, lo que quería era desahogarse así iba a vivir de ahora en adelante, follando sin poner de por medio el corazón. Al levantarle la falda pudo darse cuenta que cargaba un hilo, sonrío complacido eso facilitaría mucho las cosas.
-Coloca tus manos contra la pared. Y enséñame ese bonito trasero. Ella obedeció muy bien, con una de sus manos, le hizo el hilo a un lado y se bajó la bragueta del pantalón.
-Bájate un poco más que tus manos toquen el suelo.
Así podía darle con todo duro, y hasta el fondo. Sin darle tiempo a reaccionar apenas se estaba agachando la embistió de un solo salvaje y fuerte, sentía su miembro arder dentro. La chica en cuestión sonreía complacida podía jurar que le gustaba el sexo duro.
Y así lo hizo empezó a salir y a entrar en ella muy fuerte cada vez mucho más. Ella intento poner ritmo empujando hacia atrás sus caderas para encontrarse con las embestidas.
Albert la sujeto de las caderas, el llevaba el ritmo y eso tenía que aprender, era mucho más placentero entrar y salir podía sentir como ella se apretaba contra su polla y entonces exploto y pocos minutos después sitió que iba a eyacular y se apartó derramando su semilla en el piso.
-¡Wow ha sido increíble! Pocos hombres me hacen derretir como tú le dijo cuándo se estaba bajando la falda. ¿Vienes por aquí a menudo? Le dio un beso en los labios y se apartó.
-Nunca vuelvo a acostarme con la misma mujer dos veces seguidas, así que muñeca fue un placer conocerte.
Al otro lado de la ciudad Terry iba a cenar a casa de Candy, todavía podía sentir la vagina de su última conquista contrayéndose contra él, volvía a encenderse solo de pensarlo, su mirada mientras llegaba al orgasmo, sus gemidos cuando gritaba su nombre, la forma en que con sus piernas lo apresaba por las caderas, en verdad que lo había disfrutado mucho, ahora tenía que pasar unas horas de infierno con Candy, pensó que hacía bien cuando había continuado con los planes del matrimonio, que las cosas volverían a la normalidad, pero nada podría volver a ser normal, él que siempre creyó que Candy era una chica decente, que sería la esposa perfecta en verdad cualquiera que los viera pensarían que eran la pareja ideal, pero no lo eran.
Cada vez que veía su cara, no se podía olvidar que lo había traicionado, sabía que era una cuestión de celos machistas pero así se sentía, el hombre siempre le gustaba tirar su canita al aire, y él no era la excepción y sobre todo quería pensar que la mujer que se convertiría en su esposa se conservaría pura y digna para él, así lo había criado su padre, pero sobre todo Candy ya no era ni la sombra de la chica traviesa y juvenil que conoció hace años, ahora hablaban poco y como dos desconocidos.
Durante la cena la misma rutina de las noches anteriores, ella muy callada y él intentando llevar conversación. Estaba h arto de todo, estaba fastidiado que su padre le reclamara todos los días por la ausencia de su futura esposa en los asuntos de la boda, que le dijera que Candy no era la esposa para él, y por primera vez en mucho tiempo estaba llegando a pensar que así era. Era la tercera vez que le repetía lo mismo, y ella estaba allí mirando al vacío.
Tenía derecho a que lo trataran con un poco más de respeto maldita sea, iba a ser su esposo. La rabia subió a su cabeza y dejo de pensar, en un segundo volcó todos los platos al suelo.
Ella lo miró horrorizada la tomo de la mano y se la llevó hasta su habitación.
Una vez allí empezó a besarla pero nada, Candy no respondía. La tumbo sobre la cama y se acostó encima de ella.
-¿Terry por favor que haces?
-Lo que debí haber hecho hace varios, días, maldita sea, soy tu prometido, y me tratas como a un extraño, tengo derecho a disfrutar el cuerpo de mi novia cuando yo lo desee.
Empezó a besarle el cuello, luego deslizo sus manos sobre sus muslos y empezó a subirle el vestido en todo momento ella le decía que no, que parara, y eso lo enfureció más.
-¿Por qué no puedo tocarte? ¿Acaso disfrutabas más con él? ¿Qué te hacía que yo no puedo hacerlo?
-Terry…
-No… no me digas Terry. ¿Sabes lo humillante que es esto? Pensar que estás pensando en otro hombre todo el tiempo, que estas soñando con sus caricias, que estas rogando porque sea él y no yo quien este ahora encima de ti.
Se restregó contra ella, ella forcejeaba pero Terry ya no escuchaba razones, en un momento dado tomo sus manos y las coloco encima de su cabeza, mientras le tocaba los pechos y la besaba fuertemente. Y de repente ella se quedó muy quieta como un animalito asustado alzó el rostro y vio que unas lágrimas rodaban por su mejilla.
Y entonces volvió en sí y se dio cuenta lo que estaba haciendo
CONTINUARA…
