CAPITULO 10

ORGASMO SOÑADO

Por: Tatita Andrew

-Te engañe, te mentí, quería herirte para que me odiaras, jamás me acosté contigo por eso, he soñado con alguien como tú desde que era una niña de seis años, te he visto en mis sueños miles de veces, sentada en ese bar pensé que estaba soñando, quería estar contigo, por eso me acerque hasta tu mesa. Creí que me conocías un poco más que jamás me hubiera atrevido a usarte de esa manera, ni tampoco soy de la clase de personas que se hubiera vengado haciendo lo mismo que me hizo Terry.
-¿No entiendo porque me dices todo esto ahora? ¿Y en que pueda cambiar algo?
-No captas el mensaje, no me voy a casar.
-¿Y?
-¿Cómo qué y? Pensé que en cuanto supieras que estoy libre, te pondrías contento, sé que te herí, pero ahora ya no hay ningún motivo para que no podamos estar juntos. Podemos comenzar desde el principio sin mentiras sin obstáculos sin nadie que se interponga en nuestro camino.
-Entiendo que estés libre, pero eso es algo que ya no me interesa en estos momentos.
-Mira Candy, no te quiero herir por lo que te voy a decir pero voy a ser lo más franco posible, tal vez en algún momento soñé, con que vinieras a buscarme llorando arrepentida, me pedirías perdón y me dirías que no puedes vivir sin mí.
-Y lo estoy haciendo. ¿No lo ves Albert? Yo te quiero, nunca me había sentido así con nadie más.
-Yo no puedo hacerlo, cada cual tomo su decisión y a veces hay momentos en los que ya no se puede remediar el camino que tomamos, hubiera querido que fueras más valiente, hubiera querido que hubieras confiado en mí, yo no te pedía que te enfrentaras al mundo sola, te pedí que lo hicieras conmigo, que entre los dos hubiéramos buscado el modo de salir de esto, de salvar esta relación que apenas estaba comenzando, pero decidiste el camino de los cobardes y con eso llevo que se fuera el respeto que te tenía como mujer y como persona, no te niego que sufrí y que viéndote aquí en este momento parada y mirándome así desearía, poder olvidar todo y aventurarme a tener algo contigo, pero seguí adelante ese fue el camino que me dejaste.
-¿Estas con alguien más?
-Aunque eso no tendría que decírtelo, lo voy a hacer de una vez, para que sepas que nada se puede cambiar, Sí, estoy con alguien, hace días me volví a encontrar con una novia de la secundaria, hablamos, charlamos y hemos vuelto a retomar la relación, tal vez ahora no sienta lo mismo que alguna vez pensé sentir por ti, pero lo voy a intentar, por eso me estoy mudando a otra ciudad, ella tiene un bufete de abogado y he decidido estar más cerca de ella para que la relación funcione. Por lo que entenderás que ya nada se puede salvar.
Candy no pudo le vino un hipo y luego lloro amargamente, se sorbía la nariz para no llorar delante de él, pero no podía evitarlo.
En el altavoz se anunciaba la última llamada del vuelo.
Al ver que lloraba Albert le acarició la mejilla tiernamente hasta que las lágrimas se fueron deteniendo.
-Me hiciste mucho daño Candy, y tal vez nunca vuelva a confiar en nadie como lo hice contigo, pero voy a seguir adelante. No llores, por favor, la vida continúa y espero que tú también puedas olvidar y aprender de tus errores.
Ella se limpió el rostro y trato de sonreír.
-Vete ya tu destino te espera.
-Sí, tengo que irme, tomo su maletín y se fue alejando. A pesar de todo nunca he deseado el mal para ti, Candy en los pocos días que estuvimos juntos fuiste lo mejor que me paso en mucho tiempo. Fue un placer conocerte.
Ella sonrió y le hizo con la mano, se quedó mirando hasta lo último cada uno de sus movimientos para grabarlos en su memoria, su espalda, su largo cabello ondeándose al caminar, sus brazos fuertes, su cintura estrecha y sobre todo aquella sonrisa, que tal vez si las cosas hubiera sido diferente serían para ella todos los días al despertar por las mañanas, después de hacer el amor.
Ya estaba a punto de entrar y perderse entre las puertas cuando se volteó por última vez, le volvió a sonreír y ella hizo todo lo humanamente posible, para corresponder su sonrisa.
Pero una vez que la puerta se hubiera cerrado se desmorono. Se cayó al suelo de rodillas, llorando amargamente sabiendo que en ese avión se iba su príncipe, su corazón, y el hombre de sus sueños.

Habían pasado dos años desde la última vez que Albert había dejado a Candy tratando de contener las lágrimas en el aeropuerto, y allí estaba con su novia en unas vacaciones casi forzada a ver si trataban de revivir la pasión que los había unido en un principio, nadie lo negaba era un tigresa en la cama, pero como dicen por allí, cuando te unes a alguien por deseo solamente al final este termina acabándose y estas con alguien que es completamente extraño para ti.
Creyó que lo más conveniente era irse por unas cuantas semanas a Grecia, le había contado que era bellísimo y unas playas de ensueño, para distraer un poco a su tía y también con su segunda intención de ver si por fin entablaban una especie de tregua entre ambas mujeres que ahora formaban parte de su vida desde la primera vez que la vio su tía le había dejado bien claro que no tragaba para nada a Margot decía que era una muñequita Barbie, que solo servía para adornar nada más que se interesaba más en su trabajo que en él, a veces opinaba igual que su tía habían tenido que planear por meses un tiempo libre en donde ambos pudieran dejar su trabajo, ¿Y no era que no le gustaba que una mujer trabajara? Todo lo contrario pero ella exageraba.
Otros turistas como ellos les habían recomendado aquel lugar una especie de discoteca que se dividía en dos secciones una en donde podías pasarla bien bailando, o si querías algo mucho más tranquilo la cual estaban ellos, e solo te dedicabas a probar cocteles con una música mucho más relajada, habían convencido a su tía Elroy de salir una noche, era el segundo día desde que estaban en la isla y Albert no quería que se quedará metida en el hotel. A su novia no le había gustado mucho la noticia, porque le encantaba bailar y divertirse.
En la mesa había un tenso silencio, apenas las mujeres se dirigían la palabra, por un momento pensó que hubiera sido mejor hacerle caso a Margot y venir los dos solos, en la sección de a los lados se podía escuchar el ruido y la algarabía de los hombres vitoreando y pifiando. Decidió ir por un par de rondas más a la barra, cuando al pasar por las bolitas que hacían de cortina la vio. Al principio tuvo que estregarse los ojos para ver si no había sido un sueño. ¿No podía ser? Que en cualquier parte del mundo donde podría haber estado se encontraba Candy subida en la barra organizando una especie de juegos de quien bebía más cerveza. Por un momento la cólera lo invadió al mirar el diminuto atuendo que llevaba un shorts diminuto que parecía que hubiera pasado por alguna especie de león por lo rasgados que estaban, y la blusa ni quería pensar en ella era blanca y por lo que podía notar desde acá no llevaba sujetador y se amarraba en una especie de nudo por encima de su ombligo. Sin pensarlo dos veces y a pesar de que dijo que no quería saber nunca más de Candy tenía que saber ¿Qué hacía allí? ¿Se habría casado? Y lo que era más importante ¿Qué hacía en la barra? Se olvidó de los cocteles le dio una mirada a su novia y a su tía y se dirigió hacia la barra con los puños apretados, y en cuanto se fue acercando noto que había desaparecido simplemente no estaba. Pensó que tal vez su imaginación o el recuerdo de ella le habían hecho una mala pasada. Pero mucho más allá sirviendo cerveza se encontraba Terry. Eso no podía ser coincidencia e iba a averiguar lo que estaba ocurriendo.
Tenía que ser una broma pensó Candy mientras se tiraba de la barra tan rápido como pudo y se escondía detrás del mostrador.
Era Albert, y al parecer la había visto porque lo vio viniendo hacia donde estaba ella, no podía hablar con él a pesar del todo el tiempo que había pasado todavía no había podido olvidarlo a veces se recriminaba por cómo se habían dado las cosas, pero un día pensó que no era bueno llorar sobre la leche derramada. ¿Qué hacía aquí Dios mío? Pensó
se había tomado una semana de vacaciones en el Hospital y había venido de visitas donde su tía Ponny, todo este tiempo había seguido manteniendo contacto con Terry al decir verdad sin la presión de ser novios y la boda, volvieron a ser los mejores amigos que una vez fueron, se pusieron en contacto y supo por él, que en conjunto con una socia había abierto una nueva discoteca en la ciudad.
¿Quién lo diría Terry dueño de una discoteca? Pero después que se revelo contra su padre, se dijo que los negocios no eran lo suyo se había dedicado a viajar por el mundo y se había encariñado mucho con la isla de Grecia y quien lo podía culpar era un hermoso lugar, con su actual novia la número 3 no la numero 4, decidieron hacerse socios y allí estaba ella, animando un poco el lugar, en las noches se aburría mucho por lo que Terry le dijo que no estaba de más una ayuda y eso había hecho ella.
Se fue caminando por debajo de la barra, hasta llegar a Terry que se acaba de entrar de la parte de atrás por la forma en que se arreglaba el cabello y se metía la camisa en los pantalones supo que se había ido a echar un polvo con Eliza, esos dos si apenas podían mantener las manos alejadas. A veces al ir por más provisiones se había encontrado con numerosas escenas que el Kama Sutra parecería como un cuento de niños comparados con las acrobacias que ella sin querer había sido testigo. Jamás pensó que Eliza fuera tan flexible, si ella pudiera hacer algo así, a quien engañaba no había estado con ningún otro hombre desde Albert.
Terry la miraba divertido.
-¿Buscas monedas en el suelo? Te he dicho que conseguirías más propinas si hicieras alguna especia de shows.
-Shhh, cállate. No me has visto.
-¿Pero de quien te escondes?
-Buenas noches Terry.
Terry sonrió divertido cuando vio al rubio, en un tiempo lo había odiado con toda su alma, pero sabía que Candy estaba locamente y perdidamente enamorada de él.
-Albert, no pensé que diría esto alguna vez, después de todo el rollo, pero que bien que te veo. ¿Te sirvo algo?
-Sí, dos cervezas y una piña colada. ¿Por cierto has visto a Candy?
-A Candy…. Bueno mmm… miraba hacia abajo y la rubia tuvo que darle un puntapié si seguía hecho el tonto Albert la iba a descubrir. –Auch.
-No te escondas Candy. ¿Sé que estas aquí? Te vi encima de la barra.
El corazón se le acelero aunque hubieran pasado mil años, no creía que estuviera preparada para ver nuevamente a Albert. Con toda la dignidad que pudo se incorporó.
-Yo… no me estaba escondiendo….
-¿Y qué hacías allá abajo?
-Sí, ¿Qué hacías allá abajo? Reía divertido Terry.
Candy vio una funda de limones y golpeo con ellas en el estómago a Terry.
-Limones… estaba buscando limones…
-Creo que esta no es mi noche dijo Terry, fue un gusto saludarte Albert, me iré con los limones al otro extremo.
Cuando se quedaron solos ninguno de los dos sabía que decir a lo lejos se podía escuchar a un hombre pidiendo una bebida.
-Pensé que no tenías nada con Terry. ¿Te casaste con él?
-¿Terry? -Pregunto incrédula mientras lo miro al otro extremo de la barra.
-Sí.
-Por supuesto que no. ¿Qué te hace pensar eso?
-Sumo dos más dos. Te encuentro en una isla en Grecia y estas en la misma discoteca que él.
-Estoy de vacaciones visitando a mi tía Ponny, Terry se puso este local, y le estoy dando la mano mientras estoy aquí.
-¿Y tú? ¿Qué haces aquí?
-¿También vine de vacaciones? Con mi novia Margot y mi tía Elroy.
Albert pudo ver como el rostro de Candy se ensombrecía pero no podía ocultarlo, a pesar de todo el tiempo que había pasado no había podido olvidarla, ni siquiera el daño que le había causado, no era nada fácil cuando pensabas compartir tu vida con esa persona.
Candy temió preguntar pero necesitaba saberlo.
-¿Estas bien Albert? ¿Eres feliz?
-Es buena en la cama si quieres saberlo.
-No me refería a eso. ¿En verdad la amas?
Albert iba a responder que no estaba nada bien, que verla había sido como caer de nuevo en sus encantos, que ni pareciera que el tiempo se hubiera detenido y no hubiera pasado dos años, pero apareció Terry le pasó las dos cervezas y el coctel. Y luego a su espalda la voz inconfundible de su tía.

CONTINUARÁ...