CAPITULO 11

ORGASMO SOÑADO

Por: Tatita Andrew

-¿Albert, pero que te ha pasado? ¿Has tardado mucho?
No fue hasta acercarse a ambos, que se dio cuenta que era Candy la que estaba a escasos centímetros de su sobrino.
-Ya iba tía. Tomo las cervezas en la mano- Este es tu coctel. La miro a Candy, fue un placer verte de nuevo Candy, espero que disfrutes las vacaciones.
Se quedaron las dos mujeres mirándose, Candy un poco tímida sabía que no era del agrado de la señora, pero para su sorpresa se acercó a ella y por encima de la barra le dio un beso en la mejilla.
-¡Candy! Que gusto verte.
¿Gusto verme? ¿Desde cuándo le da tanto gusto? Si prácticamente me quería fusilar
-Sra. Elroy, un gusto. ¿Disfrutando de las vacaciones?
-Nada de señora, puedes decirme tía, si somos viejas amigas. Si, como ves disfrutando un poco en lo que se puede. ¿A mi edad?
-Pero si es aún, usted muy joven.
-No creas muchacha, ya uno tiene sus años, y lo que más quisiera es ver a Albert felizmente casado. ¿Y tú estas casada?
Aquello hizo que Candy se pusiera rígida de imaginar a Albert felizmente casado.
-Yo, claro que no, no pienso en eso. Ya verá, como Albert uno de estos días le da la alegría.
-Me tengo que ir, pero quería ver si podría invitarte mañana a charlar mientras nos tomamos un café. Sé que no fui muy justa contigo cuando te conocí, pero debes entender que uno solo trata de proteger a los suyos.
-Me encantaría dijo con sinceridad.
-Te espero en la terraza a las siete de la noche. No faltes.
Candy sonrió a pesar de que su relación con Albert hubiera fracasado era bueno tener la amistad de alguien como ella.
Cuando llegó Elroy a la mesa, notaba que Albert estaba furioso.
-¿Tía, nos vamos?
-Váyanse ustedes, está cerca el hotel, yo daré un breve paseo.
Albert prácticamente arrastro a Margot de la discoteca, estaba furioso, habría jurado que era inmune a Candy, que después de todo lo que había sufrido, de todo lo que le había costado, ya no sentía nada por ella.
Maldita sea, no más fue verla, que quiso bajarla de aquella barra, y romperle la nariz a cualquier mal nacido que osara ponerle sus ojos encima. ¿Qué diablos le sucedía? ¿No había tenido suficiente? Era una mujer en la que no se podía confiar.
Al llegar al hotel, y sin darle tiempo a reaccionar tomo a su novia, y la tumbo sobre la cama, se arrancó la ropa, y se abalanzó encima de ella, ni siquiera la desvistió simplemente le levantó la falda y le saco el interior.
Necesitaba recordar ¿Por qué la había elegido? Necesitaba demostrarse así mismo que Candy no significaba nada, absolutamente nada para ella.
Mientras se introducía en Margot salvajemente recordó todo el dolor que le había causado la rubia, mientras entraba una y otra vez en ella, recordaba sus palabras, la forma en que lo miraba cuando le dijo que solo lo había utilizado, maldita pensó quiero que sufras, quiero hacerte pagar lo mismo que yo sufrí, cada vez lo hacía con más fuerza se salía y se volvía a introducir, le sujetaba las manos por encima de la cabeza. Porque tenías que hacerlo Candy, porque no fuiste sincera conmigo. Tal vez no te casaste con Terry pero sigues siendo tu amante.
Hacia atrás y hacia adelante se introducía en ella hasta lo más profundo no fue hasta que sintió que ella se movía debajo de él, y los sollozos que se dio cuenta que se estaba comportando como un bruto.
Se levantó enseguida quiso tocarla para disculparse pero ella se puso en posición fetal.
-no me toques.
-Lo siento Margot, discúlpame en verdad, no sé en que estabas pensando.
-Vete, sé muy bien que pusiste así cuando la viste. A esa a la mujer de quien te enamoraste y te rompió el corazón.
Albert salió a tomar aire, y otra razón necesitaba darle espacio, se había comportado como un animal, y la estaba haciendo pagar por la reacción que había tenido al ver a Candy.

Ya casi estaba anocheciendo, Albert la estaba pasando solo pero lo hacía de buena gana, su tía le había dicho que quería pasar un rato con Margot se iban a un spa, y a hacer cosas de chicas, la verdad que no la vio a su novia muy animada con la idea de pasar tiempo con su tía, pero apreciaba el enorme esfuerzo que su tía Elroy hacía por tratar de llevarse bien con ella, era de elogiarla en todo este tiempo jamás se había mostrada interesada, supo que las vacaciones habían sido una buena idea después de todo. Y allí estaba en un jacuzzi privado, solo para clientes exclusivos del hotel por recomendación de su tía, habían algunas mesas en donde las personas podían tomar algo y relajarse, y el se encontraba admirando un folleto de sitios turísticos por visitar.
Estaba vestido informal, con unas bermudas camisa, zapatillas cómodas y una camisa muy fresca, tenía toda la pista de turista pero no le importaba, hace rato estaba un matrimonio mayor disfrutando del jacuzzi en el fondo le dio un poco de envidia de verlos tan enamorados y felices, su relación se había estancado y después de lo sucedido con ella, estaban mas alejados aún el estaba de lo más avergonzada jamás se había comportado de la forma en que lo hizo, pero por un momento perdió la cabeza, Margot por su lado se mostraba molesta con él y trataba de evitarlo o hablarle poco, por eso la razón de haber aceptado que se fuera con su tía, tal vez lejos volvería a ser la de antes, le había pedido perdón y prometió no volver a comportarse así, pero ella estaba furiosa, era verdad que las mujeres tenían un sexto sentido porque lo había visto hablar con Candy y enseguida supo que era la mujer que le había roto el corazón lo acuso de seguir enamorado de ella. Cosa que no era cierto, no podía serlo, ella lo había lastimado y herido solamente fue la impresión de verla después de tantos años, como si la hubiera llamado como un sueño apareció llevaba un vestido demasiado corto, que pasaba de indecente, pero se imagino que por debajo llevaría algún traje de baño, sandalias arrastradas, y unas gafas, no entendía como podía llevarlas si ya casi iba anocheciendo, pero simplemente así era ella.
Candy miraba a las pocas personas que habían en el sitio, como buscando a alguien, se notaba muy molesta y triste a la vez. ¿Quién la habría dejado plantada? Por un momento habría querido ignorarla y continuar con lo que estaba haciendo, justo ella miro hacia su dirección, se notaba que estaba nerviosa no sabía como comportarse, sin saber porque le estaba sonriendo y la llamo hacia su pequeña mesa.
-Hola Candy. ¿Esperabas a alguien? Trate de parecer natural pero por dentro me moría de celos.
-Sí, quede de encontrarme con…. Una amiga, creo que me han dejado plantada.
-¿Quieres sentarte a tomar una cerveza?
No se que diablos me sucede, solo digo que intento ser amable con ella después de todo la han dejado plantado, pero me alegro mucho cuando decidió aceptar.
-Me encantaría ahora que me dejaron plantada no tengo nada mejor que hacer.
Me sonríe de esa manera que hace que mi interior se ilumine, y me siento un imbécil por estar allí con ella imaginándome cosas, se que esta mal pero no puedo evitarlo. Simplemente estoy con Candy.
Al rato estábamos sentados uno al lado de otro era como si todo este tiempo no hubiera pasado entre ellos, se contaron todo lo que habían hecho durante esos dos años, al final deseo saber si esta bien, si es feliz, si tiene alguien que la cuide, no puedo dejarla de mirar mientras sonríe, la forma en que sus pecas se hacen mas grande cuando habla de algo que la enoja. Me doy cuenta que estoy perdido no debería estar sintiendo esto.
La invito a sentarnos en el borde del jacuzzi ella juguetea con los pies en el agua, y yo me acerco y no puedo evitar oler su fragancia.
-Me encanta este lugar es tan bello, es como si sintiera que perteneciera a algún sitio.
Hablo tan bajo y perdida en sus pensamientos que tengo que preguntar.
-¿Te sientes así? ¿Qué no perteneces a ningún sitio?
-Fui criada por mi tía, aunque fue buena conmigo sentía que me faltaba algo. Todo me ha costado en la vida, y siento que desde que te fuiste nada volvió a ser igual. Y todo por mi culpa.
Sintió un gran deseo de acariciarla, mi mano se levanta para tocarla suavemente en el hombro, luego reacciono y me doy cuenta lo que voy a hacer. La bajo y la cierro en un puño para aplacar el impulso.
-Yo también tuve algo de culpa, sabía que tenías un compromiso y me metí en el medio.
-No trates de contrarrestar mi culpa, como me dijiste debí ser más valiente, lo bueno de todo esto es que has encontrado a alguien.
No puedo resistir más es algo más fuerte que yo, no soporto pensar que ha sufrido por mí, mis sentimientos por ella son muy fuerte todavía es como una droga que se mete en mis venas, su perfume, y se que necesito volver a probar sus labios, sinceramente no se si hago bien o es lo correcto pero me voy acercando.
Candy siente que algo cambió entre los dos por un momento siente miedo a como va a reaccionar sabe que Albert tiene novia ahora, pero esta tan cerca que sus hombros se rozan, siente que el aire le falta de pronto y no sabe el rumbo que esta tomando sus pensamientos.
Por eso se levanta de pronto y dice.
-Me voy a bañar.
No tengo tiempo ni de moverme cuando Albert también se levanta como un resorte se quita la camisa y los pantalones quedándose solo en unos apretados bóxers que no dejaban nada ala imaginación mi mandíbula cae hasta el suelo, era todo un Dios griego, recordaba claramente sus cuerpos sudorosos moviéndose frenéticamente, cuanto ansiaba volver a sentirlo dentro suyo. Me da una sonrisa y se zambulle en el jacuzzi.
Lo vio deslizarse por la piscina con gracias en cada brazada iba de un lado a otro de la piscina.
Y luego salió del agua y me dedico una de las sonrisas más hermosas que haya visto el agua deslizándose por su cuerpo juraba que parecía un modelo famoso de algún perfume exótico y prohibido y luego me salpico agua encima, como un niño travieso.
-Ey perezosa ¿te piensas quedar todo el día allí?
Candy miro a todos lados y no sabía porque razón las pocas personas que habían estado allí no estaban ahora estaban completamente solos, y a esas alturas le hubiera dado igual, no llevaba traje de baño pero igual se fue levantando el vestido hasta sacárselo por la cabeza, llevaba un conjunto color café con franjas como de animales, vio como Albert también se quedaba con la boca abierta los dos podemos jugar este juego pensó.
-Ya verás cuando te alcance Albert Andrew.
Y también se zambullo en la piscina pero cuando miro a todos lados, no vio a Albert por ningún lado estaba tan concentrada mirando que no se percató de que este se acercaba sigilosamente por debajo y salió a escasos centímetros de ella. Candy le salpico agua,
-Me asustaste.
Las sonrisas desaparecieron se quedaron mirando por largo rato ella estaba muy nerviosa no sabía que decir y solo se le ocurrió pregunta por su novia.
-¿Cómo están las cosas entre Margot y tú?
-Te podrían decir que estamos bien pero te estaría mintiendo Candy, si te soy sincero en estos momentos lo que menos me importa es Margot, trate de venir aquí pensando en que estas vacaciones salvarían nuestra relación pero no hay nada que salvar, ella es una mujer demasiado concentrada en su trabajo rara vez tenemos tiempo para vernos. Lo que pienso en estos momentos es que tengo una necesidad urgente de besarte.
Y Candy no se pudo resistir más ansiaba ese beso mucho más que él, no había podido pensar en otro hombre en todo este tiempo que no sea en Albert y allí estaba.
Suspiro cuando se acercó a ella y de pronto estaban en el borde de la piscina, se querían devorar con cada beso, en cada uno de ellos había entrega, desesperación anhelo por tantos años separados, sus escasas ropa interior no eran barrera para el fuego que los atravesaba mientras la besaba Albert acariciaba sus pechos por encima de su sujetado hasta hacerlos poner duros. Podía sentir su erección contra su entrada a través de su ropa interior sabía que no podía esperar más.
-Te deseo Albert tómame ahora, he esperado mucho

CONTINUARÁ...