CAPITULO 12
ORGASMO SOÑADO
Por: Tatita Andrew
Albert la empieza a besar por el cuello y ella gime se frota contra él buscando calmar las ansias desenfrenadas que tiene por ese hombre, el con paciencia le empieza a besar los pechos, la toma de las caderas y también la frota contra él.
-Por favor -ruega Candy con los ojos cerrados. -He soñado tantas noches con estar así contigo.
-Debo tomarte ahora Candy te deseo con locura.
Sin desvestirse incluso sin sacarse nada. Albert hace a un lado el interior de Candy y luego sacándose el miembro la penetra sin más demora es algo salvaje, rápido y loco, los dos se desean con desesperación pensaron que jamás volverían a estar así uno en brazos del otro.
Ella lo muerde en el hombro para ahogar los gritos que le provocan, el agua es como una danza mágica que les dicta el ritmo, solo se escuchan los breves gemidos y el sonido del agua cuando sus cuerpos chocan. Y de pronto Candy ya no puede esperar más, lo ama con locura, sabe que tal vez no tenga otra oportunidad, y se deja llevar hasta estallar en un potente orgasmo, siempre ha sido así con él sabe dónde tocarla, y como. Segundos después, Albert murmura contra su boca y también se vierte dentro de ella, sabiendo que la ha deseado todo este tiempo, jamás ha estado con una mujer que lo vuelva loco de deseo que le haga olvidar del mundo y de todos.
Luego las cosas no quedaron allí, con la ropa en las manos, y mojados Albert se roba unas toallas y se van a un lugar mucho más privado es una zona reservada, una especie de jardín con asientos con flores y arboles por doquier.
Vuelven a hacer el amor Albert se sienta sobre una banqueta y la coloca a Candy encima suyo, le gusta ver la forma en que lo mira cuando está dentro de ella, sus gemidos, la forma en que se entrega, esta vez lo hacen mucho más despacio casi con miedo a moverse, Candy se siente en la gloria, no puede describir cual es la sensación de tenerlo a dentro, solo sabe que se siente llena otra vez, completa como si fuera a Albert a quien estuviera esperando toda la vida.
La sostiene de las caderas mientras ella lo mira a los ojos y lo besa, sube y baja encima de él con un ritmo tan lento que al final no puede resistirse más y empieza a moverse con más prisa su cuerpo se lo exige que se frote contra el de arriba abajo hacia adelante y atrás, y el también empuja hacia arriba sus sexos chocas una y otra vez, la levanta por las caderas y la vuelve a hacer caer justo en su miembro, son tan perfectos juntos que después de hacer el amor y estallar nuevamente los dos en otro orgasmo Candy no lo puede evitar rompe a llorar, por todos los sentimientos encontrados, la ruptura, la soledad, la tristeza, la añoranza de todo este tiempo lo ama, y no sabe si para Albert solo será un encuentro de sexo.
Albert siente caer las lágrimas sobre su hombro.
-Mi pequeña- le acaricia la espalda. ¿Qué sucede? ¿He sido un bruto? Perdóname es que tengo tantas ganas de estar contigo.
-Albert siempre contigo, es alucinante.
-¿Por qué lloras?
-Es todo, el reencuentro, el volverte a ver. Las noches que deseaba estar contigo.
-Te voy a demostrar lo bien que estamos juntos, jamás me cansaré de ti.
Dos veces más hicieron el amor, era como si quisieran recuperar todo el tiempo que estuvieron juntos. Luego Candy sabía que tenía que irse, ya era muy noche y le había prometido a Terry que lo ayudaría, pero no quería romper el hechizo.
-Tengo que irme.
Se trataron de arreglar lo mejor que pudieron, Candy sonrió cuando Albert empezó a caminar con ella tomados de la mano, eso le demostraba que no se arrepentía de lo que había sucedido, pero casi temía miedo mirarlo, iba en silencio, con tantas dudas. ¿Seguiría Albert con Margot? ¿Cómo quedaría ella en todo esto? ¿Quería volver a verla? Ella estaba a aceptar cada cosa que Albert le dijera.
Antes de que llegara a un lugar donde se encontraban ya varios clientes, Albert la alzó en brazos la coloco sobre su erección y beso tan tiernamente y apasionadamente que ella por un momento pensó que iba a llorar nuevamente.
-¿Cuándo te volveré a ver? Pregunto antes de soltarla
-¿Quieres volver a verme?
-Por supuesto.
Ella sonrío alegre pero se acordó de la novia.
-¿Y Margot?
-Voy a terminar con ella, pero debes tenerme paciencia, no puedo terminar con ella en plenas vacaciones, pero lo hare en cuanto lleguemos solo serán un par de días más. ¿Puedes hacerlo?
Ella pensó que lo podía esperar toda la vida, confiaba en él y sabía que lo haría, no podía exigirle más, porque también sentía pena por la novia. Albert era un hombre difícil de olvidar.
-Lo haré Albert, te esperare hasta que decidas que es el momento adecuado.
Se volvieron a besar y ella se fue donde su tía, antes de irse al bar.
Al llegar al hotel Margot ya no estaba furiosa, súbitamente había cambiado su actitud y se mostraba más cariñosa con él, no podía esperar para que terminaran los días que iban a pasar allí y decirle que no podían seguir juntos.
Cuando su tía le guiño un ojo y le pregunto.
-¿Disfrutaste tu tiempo a solas?
Albert sonrió pícaramente, al notar que su tía era todo menos inocente, por un lado se complacía de que hubiera organizado ese encuentro con Candy y por otro de que al fin la aceptara ese era un gran paso, luego cuando estuvieran a solas le preguntaría sobre el plan de casamentera que seguramente estaba fraguando en esa cabeza llena de canas. Mientras Margot le conversaba lo horrible que había sido su día con su tía Elroy.
Su tía fue el enlace para todos los encuentros que se suscitaron días después, por ejemplo iban a tomar el desayuno en el mismo sitio donde Candy estaba con otras amigas desayunando, y cuando esta dirigió al baño no lo pensó más.
Con una disculpas y mirando que nadie lo seguía se adentró en el baño de mujeres, cerró la puerta con llave, y sin darle tiempo a nada, la empezó a besar por la nuca, el cuello luego la volteó la subió en un lavamanos, y le subió el vestido hasta la cintura.
-Albert….
-Shhh, no digas nada te he extrañado.
-Pero si hicimos el amor hace unas horas.
-No me canso de ti, Candy. ¿No sé qué me has hecho? Pero entre más te tengo más te deseo.
Dejaron de hablar cuando Albert se introdujo en ella hasta el fondo, ella apenas era consciente que prácticamente la sostenía en sus brazos y la subía y bajaba contra él.
-Te Amo Albert le dijo.
El no dijo nada, ya una vez se lo había dicho él a ella, y ella no había respondido tenía miedo volver a sufrir nuevamente. Pero con cada embestida le demostró todo lo que sentía por ella.
Candy a su vez también tenía miedo, era mucho tiempo el que había sufrido sola, esperando que Albert volviera y le dijera nuevamente que la amaba, pero tendría paciencia, a pesar de que no quería volver a sufrir, porque lo amaba y quería demostrárselo.
Ambos gimieron y se entregaron a otro orgasmo así era, cada vez que estaban juntos, como una explosión de fuegos artificiales, Albert dejo que Candy saliera primero. Y luego salió él.
Su tía había hecho muy bien en entretener a Margot y cada cierto tiempo, miraba a la mesa donde estaba Candy y sabía que esas mejillas sonrojadas y ese fuego en sus ojos era por su encuentro.
Un día después algo raro sucedió Margot la busco en el bar a Candy y esta vez andaba sola.
-¿Tú debes ser Candy?
Candy la miro con recelo.
-Sí
-Hola soy Margot, la novia de Albert, él me ha hablado mucho de ti, sé que fuiste muy importante en su vida, pero ahora yo soy la novia, no quiero que exista resentimientos entre ambas si podemos ser amigas, te lo agradecería mucho.
-Mmmm, no sé. Tengo que trabajar.
Candy pensó que no le gustaba la idea, de ser amiga de la mujer por quien Albert se había mudado y la había dejado a ella en el aeropuerto, y tampoco quería recordar cuantas veces habían tenido sexo durante todo ese tiempo.
-Por favor, entiendo que fuiste alguien muy importante en su vida, incluso su tía que alguna vez la escucha hablar de ti, ahora habla de ti maravillas, no te pido que seamos las mejores amigas, pero por lo menos llevarnos bien para que Albert se dé cuenta que soy una buena mujer.
Candy no sabía en qué lio se iba a meter. Pero estrecho la mano de la modelo que tenía al frente y trato de sonreír.
Cuando esta hizo ademan de llamar a Albert que al parecer andaba buscándolo y cuando las vio a las dos juntas se acercó con el ceño fruncido.
-Amor se acercó a él besándolo súbitamente- Candy y yo hemos decidido ser amigas. ¿No te parece una buena idea? Ella quiere ayudarme a que nuestra relación funcione.
-¿Eso es cierto Candy? La miro intrigado y con cara de pocos amigos.
Ella no sabía que responder y solo asintió con la cabeza mientras Terry la llamaba porque la barra estaba llena. En que lio se había metido pensaba la rubia.
Albert estaba molesto prácticamente Candy había decidido a ser amiga de Margot. ¿Pero que diablos le ocurría? En que cabeza podía aceptar aquello, ni siquiera pudo refutarle nada porque ella se había dedicado a ayudar en la barra y Margot prácticamente lo había sacado a rastras de la discoteca aduciendo que le dolía la cabeza. Y para colmo su tía le había pedido hablar en privado con él dentro de la biblioteca.
-¿Y tu novia?
-Se sentía enferma esta descansando en el cuarto.
-Es lo mejor tengo que hablar seriamente contigo. ¿Qué esperas para terminar con ella? Acaso pretendes estar con dos mujeres a la vez, te creía más inteligente.
-Tía, no es lo que crees, ya he hablado con Candy y esta de acuerdo le pedí tiempo.
-¿Tiempo para que? No me digas que dudas de tus sentimientos Albert, pues con los ojos cerrados te podría asegurar que la mujer que te mueve el piso es cierta rubia de ojos verdes.
-Sabes que sí tía, yo amo a Candy, lo sabes muy bien, no se trata de eso.
-¿Entonces?
-Voy a ser sincero contigo, yo planee estas vacaciones porque note que mi relación con Margot estaba estancada.
-Ya era hora.
-Tía por favor, pareces una chiquilla.
-Esta bien continúa.
-Pero al ver a Candy nuevamente me di cuenta, que nunca he dejado de amarla que todo este tiempo he estado atado a la mujer equivocada. Y que a pesar de todo lo que paso entre nosotros yo ya la he perdonado. -¿Entonces porque no te deshaces de esa bruja?
-Por lo que te estoy diciendo. ¿Cómo puedo terminarla justo en vacaciones? Sería muy cruel de mi parte, por eso le pedí a Candy que me diera unos días mientras arreglo mi situación. Y ella acepto. -Claro, ¿Cómo no va a aceptar si esta enamorada de ti? Pobre Candy. ¿Sabes lo difícil que será para ella verte junto a esa bruja? Pienso que has hecho mal debiste terminar sin más demora. -Tía somos tan distintos ella esta enfocada en su trabajo pero siempre ha sido buena conmigo, veras como todo se resuelve bien.
-¿Buena contigo? De que hablas, se aprovecho que estabas dolido por lo de Candy, para convencerte de dejar la ciudad e irte tras ella, tú eres bueno entiendes poco de mujeres pero ella nunca te ha querido solo te ha manipulado para que hagas lo que ella quiere incluso ahora, quieres estar con Candy y debes esperar hasta que regreses.
-Tranquila tía, ella no es tan mala como piensas. Albert se acercó y la abrazo, veras como en pocos días, seré feliz con la mujer que amo.
-Espero que no te equivoques sobrino. Me dolería mucho verte sufrir otra vez. Lo que ninguno de los dos se había percatado es que no habían cerrado la puerta, y Margot había escuchado toda la conversación.
A la mañana siguiente Albert se levanto sonriente faltaba apenas dos días, para que se fueran de Grecia y al fin podría hablar con Margot pero al ir en busca de esta había salido sin decirle nada, a medida que pasaron las horas se sentía muy intrigado en ningún momento se iba sin decir nada. Cuando paso otro rato más decidió que lo mejor era llamarla. Se moría por ir a ver a Candy pero necesitaba saber donde se encontraba su novia, para saber de cuanto tiempo disponía. -¿Margot?
-Hola Albert.
-¿Estas bien? ¿Estaba preocupado? Me levanta y no te encontré. Hubo pausa en la línea, por un momento Albert pensó que no lo había escuchado
. -Sí, mi amor decidí salir por allí. ¿Me extrañaste?
Albert suspiro deseaba con todas su fuerzas que aquella farsa terminara y poder seguir su vida con Candy.
-Por supuesto eres mi novia.
-Que tierno, dame una media hora, termino aquí y nos encontramos en el hotel, tal vez y nos pongamos románticos… ¿Dime lo mucho que me quieres?
-Ya lo sabes, te lo he dicho.
-No me canso de escuchártelo.
Albert estaba irritado con tanta cursilería.
-Sí, te quiero.
-Y yo a ti mi amor, nos vemos dentro de un rato. En la cafetería de un restaurante Margot colgaba el celular con una sonrisa de satisfacción.
-Te lo digo Candy, hombres desapareces por unos minutos y no pueden vivir sin ti, es que así es Albert tan romántico, perdón no debería hablarte de esto. – Coloco su mano encima de la de ella- se que ustedes tuvieron algo. Es bien padre que estemos charlando tan animadamente a pesar de que tu tuviste algo con él, se que fueron pocos días, por lo que no te debe importar mucho.
Candy se maldecía una y otra vez por no poder decir que no cuando alguien le pedía algo, por la forma en que la miraba Margot se dio cuenta claramente cuales eran sus intenciones desde el principio de la supuesta invitación a tomar café, no había parado de hablar de lo mucho que ella y Albert se querían. Y que incluso el había decidido cambiarse de ciudad para estar mas cerca de ella. Sabía que se lo merecía por estúpida, tener que escuchar de boca de otra mujer que amaba al mismo hombre que ella. Y cuando la llamo fue peor.
Albert la amaba de eso estaba segura se lo había demostrado todas las veces en que se habían encontrado la forma en que la miraba, la tocaba, pero desde que se habían vuelto a encontrar no le había dicho nuevamente que la amaba, sabía que estaba dolido por lo que ella le había hecho, pero deseaba que en el futuro se lo dijera
. Pero escuchar por teléfono que la quería le había dolido no lo negaba, que diablos estaba haciendo allí debería tomarla de los cabellos y dejarle bien claro que ese hombre era suyo. Pero había aceptado a ser las cosas del modo que nadie saliera lastimado y tenía que soportar. No dijo nada a sus comentarios se guardo su orgullo, y le dijo que debía regresar al bar, Margot dijo que se iba a encontrar con Albert y ella se sentía morir, al final le dolía tanto la cabeza que la morena le obsequio una pastilla que era muy buena y aliviaba el malestar enseguida, eso esperaba Candy se despidieron y rogo nunca más volver a verla, porque había decidido que jamás trataría de llevarse bien con ella. Eran más de las ocho y media de la noche, cuando Candy llego al bar.
-¿Dónde te había metido?
-Salí con Margot a tomar un café.
-Candy, sinceramente o eres tan buena que mereces que te hagan un monumento o eres tan tonta que no te das cuenta. ¿No sabes que ninguna mujer en su sano juicio querría tomar un café con la ex de su novio? Esa mujer esta tramando algo, y tu no te das cuenta, conste que lo advertí, no me vengas a llorar después.
-Terry por favor, ya no me sermonees, ya me di cuenta de todo, me di cuenta apenas nos sentamos todo el tiempo me hizo referencia de lo bien que iba su relación con Albert cuando yo se que no es así, y yo caí como una estúpida, golpéame con un bate de beisbol la próxima vez que me veas actuar como una loca.
-Verás que me estas dando bandera roja, así que no te quejes. -Ey bonita sírveme dos cervezas.
-El deber me llama. Intento sonreírle a Terry. Pero un rato más tarde la cabeza empezaba a darle vueltas, se sentía completamente mareada aunque ella sabía que no había bebido gota de alcohol era algo que nunca hacía cuando le tocaba ayudar en el bar.
-Bonita- sonrió Terry- Porque no animas esto un poco con algún concurso allá arriba.
Pero al ver que Candy se tocaba la sien se preocupo. ¿Te encuentras bien?
-Me duele la cabeza.
-¿Tomaste algo?
-Sí, Margot me dio una pastilla, no te preocupes ya se me pasara, ahora tómame en tus brazos y súbeme a la barra.
-¿Estas segura? Si no te encuentras bien, puedo pedirle a Nina que lo haga.
-Estas loco y perderme la diversión. Pero las cosas no le salieron como Candy estaba pensando en cuanto se subió a la barra, se sintió tan mareada que quiso caerse. Algunos hombres que ya estaban bastante borrachos empezaron a pifiarla, y a gritarle que se mueva bien. Ella intentaba coordinar sus ideas pero sus piernas no le respondían.
No supo como pero los ánimos se caldearon en un instante paso de sentirse mareada a que varios hombres intentaran jalar de la falda que llevaba, ella intentaba con todas sus fuerzas agarrarse la prenda, se sentía mal, y no quería quedarse desnuda delante de todos esos extraños.
Pero mientras ella jalaba hacia abajo y un hombre de manos grandes lo hacía hacia arriba, la falda se rasgo después todo fue un caos, los hombres se alteraron todos querían subir a la barra, y luego otro segundo más Terry se dio de puñetazos con uno de los borrachos y con ayuda del guardia de seguridad logro que las cosas se calmaran después todo se volvió negro. Terry tomo en brazos a Candy y salto al suelo desde la barra. ¿No sabía que sucedía pero Candy se veía mal?
-Tranquila. Le susurro contra el cabello. Nani encárgate de todo con el resto de las chicas mientras regreso, llevaré a Candy a la parte de atrás hasta que se recupere. Mientras tanto Albert prácticamente corría las pocas cuadras que separaban el hotel del bar. No sabía porque Margot había insistido tanto en que tenía que ver con sus propios ojos lo que ocurría. Pero deseaba averiguarlo.
CONTINUARA...
