Capitulo XXXIII: Un día de locos

05 de enero de 1986

Inverness, Escocia

18:30 hrs

Solo había sido un error…me recriminaba a mí misma mientras corría a través de los bosques nevados. Pero tenía que asumir que en el negocio familiar los errores se pagaban muy caros…. "Ya nunca volverás a cometer otro error porque no vivirás para volver a cometerlos" oí a la voz racional de mi mente.

Aquello no era justo….solo tenía quince años y aún me faltaba tanto por experimentar, pero con la vida que me había sido impuesta tenía que asumir que algún día tendría que acabar así.
Pero de nada servía recriminarme…lo único que tenía que hacer era concentrarme en el macabro juego que me había obligado a participar, si es que en verdad quería sobrevivir.

Había salido a dar un paseo por el bosque que rodeaba la propiedad de los Cullen y poco a poco me había ido alejando de ella hasta llegar a un hermoso prado que se encontraba a varios kilómetros de la casa….y ahora me encontraba huyendo para no ser cazada.

De cazadora había acabado ser presa…. ¡Qué maldita ironía del destino!...sabía que correr no me serviría de nada, ya que él podía sentir mi agitada respiración y los latidos agitados de mi corazón a través de los bosques helados de Escocia esperando pacientemente para acechar, pero tenía que participar en su juego mientras me daba tiempo a pensar en algo para poder salir de esta. El frío viento quemaba mi cara y mis lágrimas (a causa del frío glacial del lugar) empañaban mis ojos.

La noche era oscura…..había luna nueva y las nubes negras tapaban las estrellas del cielo….lo cual en circunstancias normales podía haber sido una ventaja para mí ya que me podría esconder…pero el hecho que mi depredador fuera un vampiro, hacía que el factor de oscuridad se convirtiera en una desventaja debido a las múltiples habilidades de los vampiros…sobretodo del que me perseguía.

Sabía que él podía oír cada paso que daba, cada latido que daba mi corazón, cada bocanada de aire que tomaba, que podía oler mi sangre y mi adrenalina recorriendo cada tramo de mis venas; sabía que podía sentir mi desesperación, mi rabia por haber sido tan torpe, mi miedo, mi ansiedad por agarrarme a unos minutos más de vida y mis escasas esperanzas de poder salir de aquella situación, sobre todo al no estar recuperada del todo.

Y cuando menos lo necesitaba, la ley de Murphy actuó sobre mí, mi pie encontró una piedra y me hizo caer al suelo cuan larga era. Noté como algo similar a un frio y cortante cuchillo rasgaba la piel de mi rodilla y no pude evitar dar un gemido de dolor. Un olor invadió las aletas de mi nariz y comprendí de qué se trataba cuando vi la nieve teñirse de escarlata…y supe que estaba acabada.

Lo que me pareció el sonido de las hojas movidas por el viento, resultó ser mi perdición porque enseguida me percaté que era él…..Ahí estaba, arrogante como un dios y hermoso como un ángel, acurrucado como un felino al acecho, esperando el momento oportuno para atacarme.
Levanté la cabeza como pude y nuestros ojos se encontraron. Y me pareció extraño ver sus ojos negros como el carbón (lo que me decía que estaba muy sediento) con un brillo de frustración, aunque posiblemente fuese un reflejo de lo que había en los míos. ¡Maldita sea! ¿Qué era lo que me pasaba?

Pero el vampiro pronto cambió de expresión y pude ver como sus ojos negros brillaban la exaltación y la lascivia, y sus labios se torcieron en una sonrisa perfecta y perversa….mi corazón saltó del pecho…..No debía estar pensando en eso en aquel momento, pero aquel vampiro me pareció el ser más hermoso que había visto. Sabía que todos los vampiros lo eran, ya que esa era una de sus armas para cazar a sus presas, pero, el vampiro que tenía enfrente era tan bello que no pude creer que se tratase de este mundo…... Parecía tan divino y tan diabólico a la vez…..Definitivamente este ser no era de este mundo.

No podía saber que era lo que más me fascinaba de él. Si su pelo de color entre cobrizo, dorado y broncíneo encrespado, sus ojos negros salvajes y expectantes, sus labios suaves largos y simétricos o su pecho descubierto y musculoso que dejaba entrever un cuerpo armónico y proporcionado.
"Vale, Liz tonta, acabas de cometer otro error. Él sabe utilizar sus armas perfectamente y como tú no te espabiles vas a estar muerta". Pero por un momento me pregunté si era tan malo morir, o por lo menos morir a manos de este ángel caído.

Mi instinto de supervivencia me indico lo contrario y con la mirada busque mis dagas que estaban tiradas en el suelo a varios metros de mí. Lo suficiente para que yo no la pudiese coger sin moverme del sitio….Todo en mi contra.

El vampiro terminó su ronda de tanteo y muy lentamente, con la agilidad y salvaje elegancia de un felino se fue acercando a mí hasta que su rostro quedo a escasos centímetros del mío ya que podía sentir como mi aliento y el suyo, gélido y aromático, se fundían en el ambientara incapaz de levantarme. Apenas era capaz de moverme del sitio.
Sus ojos se volvieron fríos pero en ellos pude ver un pequeño brillo de frustración. ¿Tan poco estimulante había sido para el darme caza? No pude evitar sonreír al pensar que por lo menos no se había divertido tanto como esperaba al darme caza. "Te lo tienes bien merecido", le dije mentalmente aunque era inútil que él me oyese lo que estaba pensando. Note como sus gélidas manos cogían mi barbilla y sus labios se acercaron a mi oreja y entonces le oí susurrar algo de manera insinuante.

- "Es una pena que solo seas una niña….."- su voz era casi tan seductora como su cuerpo- "….pero para esto ya no hay remedio….has cometido un error y eso se paga con sangre, muchacha"

No hacia ninguna falta que él me lo dijera, sabía perfectamente que tenía razón…un error de ese calibre se pagaba con sangre y lo que más me enfurecía era que había sido un pequeño descuido de mi parte por estar en la luna.

- "Siento que te tenga que matar por estar en el lugar y momento equivocado, pero ya que el destino te ha puesto en mis manos no voy a ser tan idiota para dejarte escapar"- continuo con una sonrisa cruel.

- "Dichosa de mi"- conteste en voz baja sin pensarlo.

- "La verdad que si lo eres, pero como has demostrado ser una pequeña valiente te prometo que te haré sufrir lo menos posible"

Pero qué suerte la mía, por lo menos no había caído en manos de una vampiro sádico que se divertiría torturándome mientras se alimentaba de mí. Podía sentir su aliento en mi oído mientras hablaba conmigo.

- "Antes de morir quiero que sepas que ha sido todo un placer darte caza y que deberías saber el honor que tienes por haberte convertido en mi objetivo"

¡Pero que verdadero cabrón! ¡Idiota! Encima tenía que darle las gracias por convertirme en su cena…..era un verdadero asno. Sin embargo, el juego empezó y si quería salir con vida tenía que jugar muy bien mis cartas.

Me tomo de la muñeca para acercarla a su nariz. Comenzó a olisquear el dorso de muñeca, para posteriormente subir por mi brazo, hombro, cuello y clavícula donde se deleitó durante un buen rato. Aquello era el preludio de la muerte, y si hubiera sido una persona normal o estado en mis cinco sentidos estuviera asustada y mejor aún muerta de miedo pero no era así. Miedo era lo último que sentía en esto momentos, me sentía exaltada y excitada; podía sentir como la sangre ardía debajo de mi piel y él lo podía notar.

Aquello lo ensimismo.

"Liz, tonta reacciona o será comida de vampiro" gritaba mi subconsciente pero no podía mover ni un solo musculo.

- "Mmmmm….."-su garganta emitió un leve sonido gutural- "Jamás me había encontrado con algo tan apetecible como tu….. ¡Oh Merlín, eres exquisita!"- dijo con un tono de voz tan exaltada y sensual que parecía que iba a llegar al éxtasis.

Sin darse cuenta, apoyo una mano en mi rodilla y no pude retener el gemido de dolor. Por unos segundos me miro con el ceño fruncido pero cuando vio su mano manchada de rojo, lo comprendió. Sus ojos adquirieron un toque salvaje de excitación, las aletas de su nariz se dilataron al máximo y sus labios se ensancharon en una enorme sonrisa de satisfacción. Soltó un pequeño ronroneo de placer, o al menos pequeño según los estándares de los vampiros porque para mí sonó como un fuerte ronroneo…. ¡pero en qué demonios estás pensando, despabila! Grito mi subconsciente.

El vampiro tomo mi pierna y poso su boca en mi rodilla ensangrentada…..tome aire….y sentí como su lengua recorría cada milímetro de la piel de mi rodilla. Podía sentir como se relamía de gusto, lamiendo la sangre de mi herida. Pequeña lágrimas empezaron a salir de mis ojos y deslizarse por mis mejillas mientras empezaba a estremecerme ligeramente.

Pero no era pánico o miedo lo que sentía, lo cual dado la situación seria lo más lógico sobre la faz de la Tierra, sino era muy parecido al deseo y al placer, aunque no lo quisiera admitir. Él debió notarlo porque dejo de hacer lo que estaba haciendo y volvió a posar su mirada fijamente en mí….. y mi corazón dio un vuelvo.

Si antes era hermoso, en ese momento me pareció un dios surgido del mismo Olimpo….. ¿Cómo demonios se suponía que debía resistir a su hechizo? Me fascinaba el efecto del viento sobre su cabello; el efecto de los últimos rayos del crepúsculo sobre su cuerpo; sus ojos, tan oscuros como la mismas noche, brillando exaltados, excitados y con una pequeña chispa de lujuria que hacía que no pudiera quitar mis ojos de ellos; y para terminar el cuadro, sus labios tenían un sonrisa perversa con un pequeño hilo de sangre como un bello demonio.

Por unos segundos, tuve el loco impulso de juntar mi labios con los suyos y empezar a relamerlos milímetro a milímetro para satisfacer mi curiosidad de como sabría mi sangre en su boca….. "¡Con un maldito demonio Elizabeth, es tu sangre…tu maldita sangre! ¿Acaso estas loca?" grito mi subconsciente a todo pulmón.

La palabra sangre me saco de mi ensimismamiento y la realidad me llego de golpe. Si no hacía algo para defenderme pronto me despediría de este mundo y las consecuencias de eso, era algo que no quería imaginar. En mi estado de shock, vi borrosamente como surgían sus colmillos afilados y estaba a punto de acometerme. Y en ese momento, mi instinto de supervivencia hizo acto de presencia con toda su fuerza.

Todo paso muy rápido que apenas fui consciente de todo, simplemente actué por instinto y anos de entrenamiento. Rápidamente me incorpore y con un movimiento rápido tome un cuchillo que tenía dentro de mi bota. Y me decidí a atacarlo.

Tan solo fue una fracción de segundo, lo que se distrajo pero fue más que suficiente para aprovechar ese error en mi ventaja. Arremetí contra su pecho y él no pudo hacer nada más que intentar protegerse con sus brazos.

Sentí como las dagas de mi padre rasgaba la dura piel de sus antebrazos….escuche un rugido desgarrador salir de su garganta como si se tratara de un animal herido. Por una fracción de segundo, me alegre y empecé a sentir el sabor de la victoria pero recordé que en ese momento, cuando estaba herido y se sentía amenazado, era cuando más peligroso era un vampiro….así que volví a mi estado de fría lógica.

Sus ojos se volvieron negros de la ira y su boca abierta me enseñaba todos los dientes de manera amenazadora. Sin perder ni un segundo de valioso tiempo, me levante y salí corriendo hacia donde se encontraban mis dagas. Casi las tenía en mis manos cuando sentí que algo me tomaban por la pierna con tal fuerza que pude sentir el chasquido de mis huesos romperse. Perdí el equilibrio dando un leve grito agónico por el fuerte dolor que me recorría la pierna…..pero tenía mis dagas en mis manos.

Le vi abalanzarse sobre mí como un león y no tuve tiempo de pensar….o mejor dicho, deje de pensar solo seguí mis instintos. Recordé cada una de las reglas de supervivencia que me habían enseñado mis maestros…. "Nunca muestres tus verdaderos poderos y habilidades hasta que se el momento adecuado" "Nunca subestimes a tu enemigo" "No pienses, no sientas, solo sigue a tus instintos….después lidiaras con las consecuencias"…Merlín, solo esperaba sobrevivir a esta situación. Cerré los ojos y deje que mis instintos me guiaran.

Sentí como el vampiro se acercaba cada vez más hacia mí, por lo que coloque las dagas entre mis manos como si fueran una extensión de mis brazos. Separé ligeramente las piernas para tener más equilibrio y evitar caer ante una envestida, la cual sería fatal para mí…coloqué ambas brazos totalmente extendidos a mis costados y espere lo que sea que pasara sin abrir los ojos.

El vampiro se acercó rápidamente a donde me encontraba, por lo que gire un cuarto de vuelta para esquivarlo y lance una patada trasera hacia su tronco. Tras el sorpresivo golpe, el vampiro cayó al suelo de sentón….Tras el cual, se levantó enfurecido e intento tomar mi mano para retenerme. Así que simplemente esquivé la mano y le golpeé con el dorso de mi mano en la muñeca….y desde ese momento empezó una batalla entre ambos.

Me encontraba en pleno combate con el vampiro; empezamos a "bailar" para esquivar los golpes y devolverlos. Por unos segundos, la tentación de abrir mis ojos y ver al vampiro que me enfrentaba fue más poderosas que todas las reglas aprendidas a través de los años de parte de mis maestros; así que los abrí y fije mi mirada en él.

Vi cómo se acercaba de nuevo a mí. Había una intensidad salvaje en sus pasos grandes, lentos, constantes y con la mirada fija que no parpadeaba amaestrada sobre mí. De repente me sentí como si estuviera de pie ante un depredador mientras éste calculaba sus opciones, preparándose a acercarse para la matanza.

Ya me daba igual que el fuera una criatura hermosa y que al matarlo iba a cometer una profanación. Se trataba de supervivencia. Era él o era yo. Empuñé mis dagas…..cerré los ojos….y las blandí. Al instante pude oír el fuerte ruido de mis dagas, transformadas en diamante de fuego, al chocar y rasgar algo tan duro como un trozo de mármol. No quise mirar el resultado de mi acción. Continué hasta que estuve segura que el vampiro se encontraba inmóvil….. Me sentía muy cansada….. Suspiré…. Volví a cerrar los ojos ya que no quería ver lo que había hecho, aunque en el fondo era conmigo misma con quien debería estar enfadada por haber sido tan torpe. Si no me hubiera interpuesto en su camino, él me hubiera dejado tranquila y en el mundo hubiera tenido un poco más de belleza.

Lentamente me acerque a donde se encontraba el vampiro. Me senté sobre mis piernas junto a su cuerpo. Enfoque mi mirada en su cara…parecía un ángel, tan tranquilo y sin esa mueca de depredador que tenía hace unos segundos. Con un poco de miedo, acerque dos de mis dedos a su cuello para buscar su pulso…..cosa que si tenía, a pesar de ser vampiro, y solté todo el aire que inconscientemente había retenido en mis pulmones.

No pude dejar de pensar que había sobrevivido a este ataque pero, no podía sentir la sensación de victoria que se tiene después de ganar una batalla. Volví a ver fijamente al vampiro que tenía frente a mí, y recé una plegaria de agradecimiento a mis ancestros por haber sobrevivido y que el vampiro estuviera vivos.

Solté un suspiro….y mi mente empezó a bombardearme con todas las consecuencias pero la que más me preocupo fue el hecho de cómo demonios le iba a explicar todo lo sucedido a los Cullen, sobre todo a Carlisle y Esme. Ambos me habían recibido en su casa, a pesar de todas las circunstancias y ahora tenía frente a mí a unos de sus hijos, hecho trizas por la pelea que habían tenido por no haberme fijado en mi camino e interponerme en su caza.

¡¿Cómo demonios le iba a explicar a Carlisle y Esme que había atacado a Edward y que se encontraba hecho trizas por mí?!

05 de enero de 1986

Inverness, Escocia

20:00 hrs

Merlín, pesaba un tonelada…por qué demonios no se ponía a dieta o hacer ejercicio o qué sé yo…..pero es que estar cargando un peso muerto desde las entrañas del bosque de Inverness hasta la casa de los Culles era un completa tortura…Merlín, si se veía tan delgado y sin mayor masa muscular que nunca pensé que me costaría tanto trabajo trasladar el cuerpo de Edward a su casa sin que nadie se diera de cuenta…vale, que me encontraba herida y que no había recuperado del todo de la tortura sufrida hace unas semanas pero no era para tanto…..después del inicio del entrenamiento a escondidas, había recuperado la mitad de la condición que tenía antes de mi visita a los renegados, así que no debía ser ningún problema traslado…a menos que….Claro, debe estar usando un hechizo glamour en su cuerpo, si yo los utilizaba para esconder mi verdadera apariencia (por cuestiones de seguridad), no debía sorprenderme que Masen hiciera lo mismo. Así que esa debía ser la razón por la que me estaba constando tanto trabajo trasladar a Edward desde el bosque a la casa Cullen. Merlín, lo que daría por una cabaña perdida en el bosque para poder descansar durante algunos minutos en un lugar seguro….después de todo esa era la primera regla de sobrevivencia que me habían ensenado todos mis maestros: Nunca pares a descansar en lugar que no es seguro, durante tu descanso bajas todas tus defensas para poder descansar y si el lugar donde esta no es seguro, es muy fácil que te maten.

- "Mmmm"- escuche que Edward se empezaba a despertar pero totalmente desconcertado, girando levemente su cabeza que se encontraba recargaba sobre mi cuello…mala idea haber llevado a Cullen a cuestas sobre mi espalda, pensé pero era la única manera de poder cargar el cuerpo de Cullen.

- "Shhh, tranquilo, no vayas a hacer algo estúpido. Estas mal herido y estoy tratando de llevarte a un lugar seguro"- dije en tono calmo pero no toda la adrenalina corriendo sobre mis venas por si Edward decidía morderme el cuello no había nada que yo pudiera hacer para evitarlo.

- "¿Liz?"- dijo con voz rasposa y somnolienta.

- "Si…Merlín, lo que daría por una cabaña en medio del bosque para descansar"- dije con cansancio.

- "Cerca de la cascada"- dijo de manera lenta y en el mismo tono de voz.

- "¿Disculpa?"-pregunte desconcertada.

- "Cascada…..cabaña…segura"-dijo con mucho esfuerzo antes de volver a desmayarse sobre mí.

Elizabeth estuvo indecisa durante unos segundos sobre qué hacer, si guiarse con el intento de información que Edward le había dado o seguir caminando hasta la casa de los Cullen. Después de unos segundos decidió tentar suerte con la cabaña que decía Edward, después de todo según ella la cascada no se encontraba lejos de donde se encontraban.

Tras unos minutos de caminata, la inquietud y la sensación de angustia empezaron a crecer en el interior de Elizabeth, al no encontrar ningún indicio de la cascada. Estaba empezando a creer que se había equivocado de camino o que no estaba tan cerca de donde ellos estaban como pensaba. Pasados unos segundos, Elizabeth capto la esencia del agua y su cuerpo se relajó completamente. Continuo andando siguiendo la esencia del agua hasta que encontró una pequeña laguna con una hermosa cascada. Elizabeth trato de ubicar la cabaña y la encontró al fondo de la laguna, junto a la cascada que había mencionado Edward. Elizabeth disfruto, por unos segundos, del hermoso y simple espectáculo que tenía ante ella, antes de empezar a caminar de nuevo hacia la cabaña. Tras unos minutos llego hasta ella.

Cuando había abierto la puerta (con cierta dificultada) había encontrado la cabaña totalmente habitable. Tenía unas hermosas y simples cortinas en las ventanas, instalación eléctrica que funcionaba con un generador eléctrico que había visto en un extremo de la cabaña, una pequeña cocina y sala- comedor, y al fondo de todo se encontraba una sencilla, cómoda y hermosa cama King size. Elizabeth bostezo. Tenía que poner a ambos a salvo y descansar.

06 de enero de 1986

Inverness, Escocia

03:00 hrs

Elizabeth despertó lentamente, con la cara sobre la cama. Sentía la garganta seca y con ligero sabor metálico. Estaba cansada, con el cuerpo entumido y ligeramente mareada, e instintivamente se dio cuenta de que la luna estaba en lo más alto del cielo. Su cuerpo parecía hecho de plomo. ¿Dónde demonios se encontraba? Tenía mucho frio y estaba completamente desorientada. Se puso de rodillas e inclino la cabeza para evitar desmayarse del cansancio.

De repente, lo recordó todo y se arrastró a cuatro patas sobre el polvoriento suelo. Apoyando la espalda contra la pared y desde la otra punta de la habitación, miró fijamente la cama, con un ligero miedo que nunca reconocería. Él yacía sobre la cama como si estuviera muerto, con una respiración apenas perceptible. A pesar de todo lo sucedió en las últimas horas y por más que su mente racional tenia inteligentes pensamientos sobre huir de ahí, aun sentía la necesidad de encontrar un modo de ayudarle. Había algo en su interior que no la permitía dejarle. La necesidad de ayudarle era abrumadora, sobrecogedora, tan intensa que sentía obsesionada.

Se llevó las manos a las sienes, que palpitaban con fuerza. Con un suspiro se puso en pie, apoyándose en la pared hasta que el techo de la cabaña dejo de girar.

- "Está claro que has perdido la cabeza, Elizabeth" – susurro de manera audible.

Sabía que lo sentía era iba más allá de la compasión y la necesidad de curar. Algo increíblemente fuerte, dentro de ella, se había comprometido a asegurar la supervivencia de este hombre bajo cualquier circunstancia.

Lentamente, como pudo empezó a andar hacia el baño que se encontraba en la habitación, y unas vez que llego ahí abrió las llaves del lavamanos para poder refrescarse un poco, tirándose un poco de agua fría en la cara y la nuca. Al terminar, dejo que su cabeza colgara de sus hombros mientras trataba de analizar todo lo que estaba viviendo. Levanto su cara y fijo su mirada en el espejo que tenía frente a ella. Su aspecto era grotesco. Parecía una horrible langosta, golpeada y maltratada. Súbitamente, una especie de mareo la hizo caer de rodillas al suelo. Estaba muy débil

06 de enero de 1986

Inverness, Escocia

05:00 hrs

El aire llenaba los pulmones, un pecho subía y bajaba, un corazón comenzaba a latir.

La sensación de angustia le envolvió, robándole el aliento, invadiendo su mente. Permanecía tumbado, esperando a que su mente se adaptara a las atrocidades que le habían hecho a su cuerpo. El hambre aumentaba, penetraba, perforando un agujero que nunca podría ser saciado del todo. En medio de ese hervidero de intensas y violentas emociones apareció, de pronto, algo dulce y suave. Una imagen…..valiente….hermosa…..una mujer. No cualquier mujer, sino Elizabeth. Toda oscuridad y fuego. Caminaba como un ángel allí donde los hombres temían pisar.

Lentamente abrió sus ojos y la vio acurrucada junto a él con su cabeza sobre su pecho. No sabía cómo había llegado a ese lugar pero por alguna extraña razón eso no le molestaba, a pesar que ese contacto tan íntimo solo estaba reservado para los compañeros. Sin embargo, esa posición la sentía tan natural, tan correcta…..pero no quería pensar en ello, simplemente disfrutar de la sensación de paz y tranquilidad que le transmitía la presencia de ese pequeño ángel.

Enrosco un mechón de la sedosa cabellera alrededor de su puno, temiendo despertarla, temiendo que ella estuviera herida. Muy a su pesar, sintió como Liz empezaba a regresar al mundo de los vivos y observo como el aire se empezaba a introducir más rápidamente a sus pulmones, dejando atrás la suave respiración que tenía cuando dormía. Parpadeo. Ella se acurrucaba junto a su cuerpo, buscando su calor, sin darse cuenta siquiera. Cautelosamente, se introdujo ligeramente en su mente tratando de buscar si tenía algún daño o heridas.

Apenas unos momentos después de despertar, su mente ya estaba tratando de asimilar todo lo que le había pasado la noche anterior, repasando una lista de todos sus síntomas y de las consecuencias de los actos que habían sucedido durante el día anterior. Su cuerpo estaba dolorido. Percibió el hambre, la debilidad y la preocupación de su recuperación. Se sentía culpable por haber dormido en lugar de vigilarle. También había una pequeña parte de su mente que le decía que ella tenía la culpa desde un inicio al insistir en que ambos convivieran bajo el mismo techo, a pesar de saber que ella era su Tua cantante. Había compasión por él, temor de que no pudiera superar eso porque aunque no lo admitiera, le gustaba su compañía. Miedo de que quizás ella le hubiese hecho sufrir más, al obligarlo a aceptar ser su guardián porque ella estaba segura de su vida había sido igual de complicada que la suya. Y, sorprendentemente, tenía un gran miedo de la reacción de los Cullen al saber lo sucedido, ya que le gustaba vivir con ellos….sentirse una niña pequeña que todos tenían que cuidar y mimar al ser la más joven de la familia….a no tener que fingir estar fuerte y ser toda poderosa…..a simplemente ser Elizabeth y no una poderosa guerrera sangre pura.

Las cejas de él se arquearon al obtener toda esa información de su pequeña visita a su mente.

- "Nuestro camino es el mismo"- dijo en un susurro bajo.

Elizabeth se incorporó con mucho cuidado y se echó hacia atrás el pelo que estaba salvajemente enredado.

- "¿Cómo estás? ¿Te sientes mejor? ¿Cómo puedes hablarme directamente a la mente, en vez de en voz alta?"- pregunto suavemente, como si el haber estado dormida sobre su pecho fuera lo más normal del mundo.

Edward se limitó a observarla con curiosidad, con aquella oscura e insondable mirada. Elizabeth le miro con cautela.

- "¿No estarás pensando en morderme otra vez, no? Tengo que decirte que no hay un lugar de mi cuerpo que no esté dolorido…"- le dijo dirigiéndole una sonrisa apagada- "solo por curiosidad…..tus vacunas de la rabia están actualizadas ¿no?, en caso de que me muerdas no quiero contraer ninguna enfermedad, sabes"- termino con un ligero tono de humor.

Los ojos de Elizabeth producían una extraña sensación en el interior de Edward, haciendo fluir calor donde no debería. Él dirigió la mirada a sus labios. La forma de su boca le fascinaba, junto con la luz que claramente brillaba en su alma. Elevó una mano para rozar su mejilla, trazando la delicada curva de su mandíbula con su pulgar; las puntas de sus dedos se deslizaron sobre la barbilla hasta encontrar la sedosa perfección de su labio inferior.

A Elizabeth le dio un vuelco el corazón y el calor descendió por su cuerpo. La mano de él se deslizaba hacia su nuca…..lenta e inexorablemente, la forzó a inclinar la cabeza hacia la de él. Cerró los ojos, deseosa pero temía que el volviese a tomar su sangre.

- "Odiaría tener que alimentarte así todos los días"- murmuro en tono rebelde.

Elizabeth fijo su mirada en la de Edward y tuvo una perfecta compresión de la situación. Él necesitaba sangre. Sus ojos reflejaban un dolor cercano a la locura.

- "Necesitas una transfusión…está bien, sin agujas. La pondré en un vaso y podrás bebértela"- termino Elizabeth al ver los ojos negros que la miraban implacables. Elizabeth se encogió de hombros, demasiada cansada para protestar.

La mirada de Edward no se apartó de su rostro mientras Elizabeth le ayudaba a sentarse en la cama y con su ayuda, quedo en una posición cómoda para todas sus heridas. Lentamente se alejó de la cama y camino a la cocina donde había encontrado unas bolsas de sangre durante su inspección de la cabaña, después de haber curado a Edward. Tropezó dos veces mientras iba por la sangre.

- "Tienes que cooperar, Masen. Necesitas la sangre y yo estoy demasiada cansada para luchar contigo"- dijo Elizabeth suavemente mientras dejaba el vaso en la mesita de noche a unos centímetros de su mano y se alejaba lentamente a donde se encontraba la sala.

- "¿Por qué no te alimentas?" – pregunto Edward con tono indiferente pero curioso.

Los negros ojos de Edward parecían pensativos mientras la estudiaban.

Desde su posición segura, al otro lado de la cabaña, Elizabeth le observaba detenidamente. El mero hecho de que la mirara fijamente, la desconcertaba y la dejaba sin aliento. Se sentía demasiado posesiva con su paciente.

Encontraba muy alarmante esa inesperada reacción ante él. Siempre que se encontraba en una misión o en una situación desconocida o peligrosa, mantenía los sentimientos a distancia, alejada, separada de la gente y las cosas que la rodeaban. Su mente se limitaba sencillamente a registrar hechos, para poder tomar las mejores decisiones posibles sin involucrar sus sentimientos y traer consecuencias devastadoras sobre sus acciones. Pero en ese momento, solo podía pensar en Edward….en su dolor y en su sufrimiento…en el modo en que sus ojos la observaban, medio cerrados, atractivos…..casi se da un infarto al análisis lo que acababa de pensar ¿De dónde había salido ese pensamiento?

Sabiendo que a Elizabeth no le gustaría saber que estaba leyendo su mente en ese preciso momento, Edward se comportó como un caballero y simuló estar mínimamente interesado. Era agradable saber que ella le encontraba atractivo. Muy satisfecho consigo mismo, volvió a echarse en la cama y cerró los ojos. Sus negras pestañas contrastaban con la palidez de su tez.

A pesar de que tenía los ojos cerrados, Elizabeth sabía que él podía percibir cada movimiento que hacía.

- "Descansa mientras me doy una ducha y me cambio de ropa"- dijo Elizabeth suavemente mientras se llevaba las manos al pelo, en un inútil esfuerzo por arreglar un poco su salvaje y espesa cabellera.

Él permaneció con los ojos cerrados y la respiración relajada.

- "Puedo percibir tu hambre. Tu necesidad de sangre es casi tan grande como la mía. ¿Por qué intentas ocultármelo?... ¿o es que te ocultas a ti misma tus propias necesidades? Es eso, no reconoces tu hambre, tu necesidad"- termino en un suspiro al darse cuenta de lo que sucedía.

La amabilidad de la voz de Edward llenó su cuerpo de un inesperado calor. Furiosa y aterrada de que él pudiera estar en lo cierto, se dirigió hacia el baño con paso majestuoso, se deshizo de su ropa, y dejó que el agua caliente de la ducha cayera como una cascada sobre su cabeza.

Su risa fue grave y llena de burla.

- "¿Tienes pensado escapar de mí, mi pequeño ángel? Vivo en ti, de la misma manera que tú en mi"

En la ducha, Elizabeth permitió que el agua caliente se deslizara sobre su cuerpo, eliminando el cansancio, la confusión y la suciedad de su cuerpo. Elizabeth prácticamente se estaba quedando dormida de pie.

Minutos más tarde, noto una sensación extraña en su mente, casi como el roce de las alas de una mariposa, y la despertó de pronto. Salió de la ducha y envolvió su largo pelo en una toalla, se envolvió en un albornoz verde, que le quedaba grande. Rápidamente se secó y cambio con una de las camisas de hombre que había encontrado en la cabaña, y salió del baño a comprobar el estado de su paciente. El vaso todavía estaba en la mesilla…. Lleno…... Elizabeth suspiró. Se acercó hasta la cama y se sentó junto a Edward. Con mucha suavidad, le acarició el pelo.

- "Por favor, haz lo que te pido y bébete la sangre. No voy a poder dormir hasta que tú lo hagas, y estoy muy cansada. Aunque sea por esta vez, haz lo que te pido, por favor"

Edward levanto su mano y trazo con los dedos las delicadas líneas de los huesos de la cara de Elizabeth, como si estuviese memorizando cada forma, o la satinada suavidad de sus labios. Extendió la palma a lo largo de su garganta, envolviendo los dedos alrededor de su cuello. La acercó hacia él suavemente, pero sin permitirle echarse atrás.

- "No"- dijo Elizabeth aunque la palabra salió más como un gemido que como una protesta.

Edward aumentó la presión, pero casi con ternura, hasta que colocó su pequeño cuerpo al lado del suyo sobre la cama. Su pulgar encontró el punto donde el pulso de Elizabeth latía frenéticamente en el cuello. Elizabeth sabía que debía resistirse pero, por alguna razón, eso ya no le parecía importante mientras yacía indefensa entre sus brazos. Sintió la boca de Edward deslizándose sobre la piel desnuda, como un susurro, una tentación. La acariciaba lentamente con la lengua. Se detuvo justo donde se encontraba su vena y se quedó inmóvil como si estuviera esperando algo. Y tras unos segundos levanto lentamente su cabeza.

Se miraron fijamente el uno al otro hasta que la diversión de él se coló en su cabeza, en su mente. Una risa ronca, masculina, traviesa. Su cara no mostraba ninguna señal... ni siquiera un parpadeo en sus ojos de hielo, pero sabía que se estaba riendo de ella.

Tras unos segundos, Edward se giró levemente, tomo el vaso y se tomó su contenido de golpe mientras Elizabeth aún se encontraba sorprendida de lo que acababa de suceder.

06 de enero de 1986

Inverness, Escocia

07:00 hrs

Edward maldijo su debilidad, tanto de cuerpo como de mente. Necesitaba más sangre….caliente sangre humana….. Aceleraría su curación. Elizabeth gimió suavemente, y el ese sonido le atravesó como un cuchillo. Estaba temblando, incluso con de todas las cobijas. Edward dirigió la mirada rápidamente a su rostro…Elizabeth estaba sufriendo. Podía percibirlo en su mente, en la tensión de todo su cuerpo. Instintivamente, Elizabeth colocó una mano sobre su estómago, con los dedos extendidos. El delgado cuerpo de Elizabeth se contorsionó una vez, se detuvo, y se contorsionó de nuevo. Gimió y se dio la vuelta, encogiéndose hasta adoptar la posición fetal, haciéndose tan pequeña como le era posible. Edward se dio cuenta que estaba sudando frio.

- "Shhhh, mi pequeño ángel…todo está bien…nadie puede dañarte, no lo pienso permitir" – susurro Edward tratando de tranquilizarla.

Elizabeth se encontraba en medio de otras de sus pesadillas…..de la pesadilla de la muerte de sus padres; cuando unas suaves palabras penetraron en su mente. La voz parecía tan tierna, tan distinto a lo que había escuchado en los últimas semana. Ya no le importaba si se estaba volviendo loca, o si se estaba inventando su voz; la voz de su mente tenía una especie de cualidad calmante. Sin embargo, no era suficiente para detener a sus pesadillas. Volvía a vivir la muerte de su familia y ella no podía hacer nada para evitarlo.

- "Nooooooooo"- grito Elizabeth mientras se despertaba agitada, sorprendiendo a Edward.

Elizabeth se levantó rápidamente de la cama y se dirigió al cuarto de baño antes de que Edward pudiera reaccionar. En el cuarto de baño, Elizabeth se salpicó agua fría sobre su cara mientras trataba de volver a controlar su respiración y su ritmo cardiaco. Podía percibir las revueltas emociones de Edward. Estaba frustrado por su incapacidad para ayudarla, y determinado a alcanzarla, sin importarle sus heridas, a pesar de que ella no respondía a sus llamadas. Le asombraba que él necesitase ayudarla. Era una absorbente emoción que vibraba en la atmósfera de la habitación. Elizabeth no quería que la viera en ese estado, tan vulnerable…..pero a la vez, quería permitirle que la consolara.

- "Elizabeth, ven junto a mí, a mi lado…déjame ayudarte"

- "No puedo"

- "Debes hacerlo"- dijo en un tono de voz grave, una tentación de terciopelo negro, imposible de ignorar.

Elizabeth se apartó de la pared en la que estaba apoyaba y regresó al dormitorio, con la cara pálida y sombras oscuras bajo los ojos. Las magulladuras y las heridas de su cuerpo destacaban llamativamente. Parecía tan frágil, que Edward tuvo miedo de que se rompiera si volvía a caerse. Extendió una mano hacía ella, y la expresión de sus oscuros ojos era una mezcla de amabilidad y demanda.

- "Probablemente me hayas contagiado la rabia"- mascullo Elizabeth con rebeldía.

- "¡Ven ahora mismo! No puedo soportar tu sufrimiento ni un momento más"

Deliberadamente, Edward usó aquel tono fascinante, para que Elizabeth sintiera la necesidad abrumadora de hacer lo que él le pedía. La voz parecía resonar en su mente, incitándola a avanzar hasta que llegó a la cama, acurrucándose sobre sí misma y enterrando la cara en la almohada, deseando morir de una vez.

Elizabeth estaba a su lado, atrapada en su propio mundo de sufrimiento, del cual no quería hablar…. algo andaba realmente mal pero no sabía que era. Le dolía la cabeza. Se maldijo a sí mismo y envolvió un brazo de manera protectora alrededor de su cintura, poniéndola lo más cómoda posible. El amanecer se alzaba sobre ellos, y casi sin darse cuenta, hizo la única cosa que podía hacer. Envió una orden tajante que les obligaría a ambos a dormir.