Aviso: Como esta historia recién está empezando, crece lentamente. Es por eso que me recomendaron hacer un grupo en Facebook y así lo hice. Les dejo el link a continuación… (Con espacios porque Fanfiction no me deja publicarlo. Ya saben, quiten los espacios).
www . facebook groups / reencontrandonos . DoloresCullen /
Ya saben que les agradezco enormemente cualquier comentario, ya sea vía review o por Facebook.
No lo retraso más. Dejo que lean tranquilos…
-.-.-
PRIMERA PARTE: Volviendo al inicio.
2 Mayo de 2001.
La única clase que compartía con Rosalie era pintura. Ambas habíamos elegido esa asignatura a pesar de lo mala que éramos para todo tipo de arte. Nos negábamos a pasar el penúltimo año de instituto sin compartir aunque sea una clase. Lo positivo de esto es que nos sentábamos en atriles de dibujo continuos y podíamos platicar durante dos horas. ¿Qué mejor forma de pasar el día que esta?
Rose estaba todavía cabizbaja por la pelea que había tenido con Emmet el día anterior y no daría el brazo a torcer. Era muy orgullosa y esta vez no podía negarlo. Emmet se había dormido en los laureles y ahora Rosalie estaba decepcionada de su descuidada actitud.
- Creo que es lógico que después de dos años Emmet sienta que no hace falta hacer lo mismo que hacían hace dos años. Es un nivel de confianza diferente. – Traté de mediar las cosas.
- Bella, no le estoy pidiendo que me llame todos los días ni que tengamos citas todos los fines de semana pero ¿sabes cuántas veces le vi las últimas semanas fuera del instituto? Cuatro. En dos semanas. Emmet salió de fiesta todos los fines de semana desde hace más de un mes. Aparece por mi casa los domingos para almorzar y enrollarnos cuando mis padres van a la iglesia. ¿Qué tipo de noviazgo es ese? – Rose no usaba su típico tono de voz despectivo sino uno resignado y compungido. No había mucha luz en el final del camino por según cómo me planteaba el asunto.
Emmet era el típico chico popular del instituto y estaba en su último año. Rosalie había caído rendida a sus pies desde que él le habló por primera vez pero se la hizo difícil. Emmet estuvo mucho tiempo detrás de ella hasta que La Reina del Hielo, como la apodaban, se derritió y empezaron a salir. De eso hace dos años.
- Tú sabes que le amo con toda mi alma pero no quiero ser la típica tía con novio solo para tener sexo. No quiero que me use. – Ella trataba de ocultarlo pero podía oír el dolor en su voz.
- Cuidado ahí, Rose. No puedes decir eso de Emmet. Él te quiere y si llega a escuchar que tú piensas eso, le puede hacer muy mal. Tienes que sentarte a hablar con él con el corazón y dejar orgullos y pantallas a un lado. No se me ocurre otra forma. – Y no mentía. Esa era la única forma según yo.
-Tengo miedo de escuchar algo que no quiero pero en algún momento haré de tripas corazón y lo hablaré. Lo juro. Por ahora he decidido venir en mi auto y evitar momentos de tensión hasta que esté segura de qué es lo que voy a hacer. –
-Me parece una idea fantástica. Y muy madura de tu parte. – Le apremié. Ella me regaló una sonrisa y terminamos la clase en silencio.
Cada una continuó con sus clases y nos volvimos a ver en el almuerzo. Emmet estaba con el equipo del instituto y nosotras nos sentamos en dónde siempre. Traté de hablar sobre cualquier otro tema pero Rosalie se la pasaba mirando en la dirección donde su novio se encontraba así que desistí después de un rato y me despedí de ella cuando el timbre sonó.
Estábamos a un mes y días de terminar el ciclo lectivo así que todos los que se habían retrasado durante el año, ahora estaban como locos tratando de hacer trabajos para conseguir créditos extra y no reprobar. Lo bueno era que los que llevábamos el año regularmente, a esta altura nos bastaba con entregar los trabajos asignados y estudiar para los exámenes. Matemáticas iba a ser mi dolor de cabeza pero era cuestión de organización y pasaría de esa tortura como venía haciendo desde siempre.
Después de dos horas más de clases me tocaba ir a trabajar. Estaba nerviosa por ir pero ansiaba ver a Jasper y a demás ¿a quién quería engañar? Quería ver a Edward también. Conduje hacia la casa de mi jefe escuchando música y sonriendo como una estúpida. Llegué un buen rato antes de mi horario así que aproveché el tiempo extra para adelantar tareas y estudiar así pasaba más tiempo jugando con Jasper y no sentados coloreando.
Cuando me fijé en la hora ya se me había hecho tarde así que brinqué fuera de la furgoneta y me apresuré al ascensor. Traía conmigo las llaves de Edward y las llaves de mi propio coche. Una vez que el ascensor se hubo parado, medio corrí a la puerta y me apresuré en entrar. Bendita mi suerte. Apenas entré lo vi. Edward estaba tirado en el sillón, más bien desparramado frente al televisor. Dio un salto cuando me escuchó entrar, asustado. Era tan lindo con su cara de recién despierto.
- Isabella, me has asustado. Me quedé despierto toda la noche terminando unos arreglos del proyecto y debo de haberme quedo dormido. Ahora dime por qué entras como una loca a mi casa – Preguntó rascándose la cabeza y acomodándose en sillón. Me causó ternura ver como se esforzaba en mantener los ojos abiertos.
- Creí que era muy tarde. No se haga problema Señor Cullen. Vaya a dormir tranquilo – Le dije cuando vi que Jasper todavía no daba señales de haberse despertado de su siesta.
- Edward. Dime Edward. – Repitió en todo divertido. – Mejor me tomo un café y espero a que sea de noche. No quiero horarios cambiados. Ya no soy un adolescente y me pasará factura el desvelo. –
- Tampoco es un viejo. No exagere. Voy a hacerle el café y luego despierto a Jasper. – Le molesté. Y me dirigí a la cocina y quise saltar de felicidad cuando caminó detrás de mí.
Me miraba fijamente. El café que él hacía era espantoso así que supuse que estaba tratando de entender qué es lo que hacía mal. Le dejé el café al frente de donde estaba sentado y fui en busca de Jasper.
Aunque el mismo Jasper me haya dicho que no quería que me vaya la noche anterior, podía ser un suplicio levantarle. Hacía la misma cara que ponía Edward cuando estaba enojado y yo quería comérmelo a besos. Lo desperté y él se dejo alzar pero no dijo ni una palabra. Se apoyó en mi hombro y en silencio volvimos a la cocina donde Edward nos esperaba.
Hice la merienda de Jazz y Edward se la dio mientras yo me senté a verlos interactuar. Fue un día normal en la vida de Jasper y el niño estaba tan risueño de tener a su padre con él que Edward decidió no trabajar esa tarde y pasarla con nosotros.
Terminamos ordenando pizza en horario guiri y cenamos tempranísimo viendo una película infantil. Debe de haber sido por mis actividades nocturnas pero me quedé dormida con Jazz arriba de mí y también dormido. Me despertó el flash de una fotografía.
- No pude aguantarme. Se veían preciosos dormidos. – Dijo Edward con voz culpable pero sonriendo.
- Vale, pero cuando la reveles, quiero una copia. – Dije con voz ronca por el sueño.
- ¿Quieres que te lleve a tu casa? No creo que puedas manejar, pequeñaja – Se burló.
- No hace falta. Ya me recuperé del sueño. A demás no estoy tan lejos. ¡Oh! Jazz se durmió sin bañarse. Tendrá que bañarlo usted mañana. No quiero despertarle - ¿Cómo me iba a quedar dormida delante de este hombre? Dios, que no haya dicho nada vergonzoso en sueños.
- Mañana me encargo yo. – Me dijo estirando sus brazos hacia mí para levantar a su hijo y se fue por el pasillo. Aproveché para arreglar mi cabello y salir en busca de mis llaves.
– Me voy entonces Señor Cu… Edward. – Dije cuando lo vi volver.
- Aguarda Bella. Quería arreglar contigo qué pasará en las vacaciones. ¿Te irás a algún lado? ¿Qué planes tienes? Por Jasper quiero decir – Claro, como si pudiera ser por otra cosa.
-Creo que me iré a Arizona a ver a mi madre pero no más de una o dos semanas. Luego, cuando vuelva, estaré aquí. No creo hacer nada. – Le respondí sinceramente.
- Perfecto entonces. Yo llevaré a Jazz a que vea a Renata en Rhode Island así no se olvide de ella, aunque quizás eso sea lo mejor. Podemos hacer coincidir las fechas… Digo así Jasper no te extrañe. – Renata. La mamá de mi Jasper. ¿Cómo una madre puede ver a su hijo una o dos veces al año? Jasper se merecía más que eso.
- Vale, lo arreglamos más adelante. Buenas noches Edward. – Saludé y me dirigí a la puerta
- Buenas noches Bella, conduce con cuidado. – Le dediqué una sonrisa y me fui.
Aunque traté de ser optimista y esperar seguir con el buen rollo que se había formado entre nosotros, a partir del miércoles Edward volvió a exiliarse en su estudio y pasé la semana entera jugando con Jasper y estudiando mientras dejaba al bebé con una película o dibujando. Ese niño era un ángel.
El viernes era hora de irme y Jasper estaba bañado y ya había cenado pero no tenía si siquiera asomo de querer dormirse así que golpeé la guarida del ermitaño y salió, me saludó tomando a Jasper en brazos y metiéndolo en su corralito con unos cubos. Volvió a trabajar en lo que sea que estaba haciendo antes de la interrupción. Me dirigió un "hasta luego" y me largué de su casa.
Conduje a casa desilusionada por su comportamiento. Él no tenía la culpa. En realidad sí, no puede ir por la vida enamorando a la gente y luego desaparecer. Bipolar.
Aparqué en el frente de mi casa y me encontré a Rosalie en las escaleras del porche de mi casa. Eso era nuevo.
- ¿Qué hay Rose? – Le pregunté sentándome a su lado. Ella señaló el pequeño bolso que tenía en su regazo y dijo:
- Lo he dejado con Emmet así que tú y yo vamos a arreglarnos y saldremos de fiesta como cualquier adolescente. – Dijo y para mi sorpresa no había enojo ni tristeza en su voz.
- ¿Estás loca? No estás pensando razonablemente. ¿Estás bien? – Oh dios mío. ¿En qué estaba pensando cuando me hice amiga de Rosalie Hale? – Somos menores de edad. No podemos entrar a ningún lado. –
- Venga Bella, hazlo por mí. Si no nos dejan entrar, nos volvemos. Seamos irresponsables por una noche. Charlie trabaja esta noche y no desconfiará de ti. – Argumentó.
- Claro que confía en mí. Porque no miento. No… busquemos otra forma de divertirnos – Casi le estaba rogando.
- Vale, iré yo sola. Pero luego no me vengas con que nuestra amistad es real y bla bla bla si cuando yo te pido algo me dices que no y además… -
- Iré si paras con ese intento barato de manipulación Rosalie – Dije en todo molesto. Mi amiga saltó y me abrazó como pudo debido a mi posición y entramos a mi casa. Obviamente que me mandó a bañar y jugamos a Barbie Bella durante un buen rato. No podía creer que esté por salir sin haber hablado con mi padre aunque sea. Sabía que Rose iba a conseguir que entrásemos a cualquier lugar y sentía una adrenalina extraña adentro mío. Sonreí como estúpida cuando vi que me gustaba el resultado de las dos horas de trabajo de mi amiga.
Me había hecho encajar en unas calzas de goma que simulaban de ser cuero. Eran pequeñísimas y yo no sé cómo hice pero me las hice entrar. Estaban muy apretadas y no podía creer que en mi cuerpo desgarbado quedaban bien. Parecía como si tuviese el trasero de la mismísima Rosalie. Arriba tenía un top blanco con flores pequeñitas en color rojo oscuro. Pensé que no me iba a gusta pero sí. Me negué de lleno a usar tacones como Rose. En vez de eso, utilicé unas bailarinas negras que pasaban desapercibidas pero para compensar el "pecado" que es no usar tacones de vértigo, dejé que me maquillara más de lo que hubiese permitido. Mi cabello era casi lo mismo de siempre nada más que esta vez, Rose lo moldeó con el secador y entonces mis ondas naturales estaban más marcadas y tenía más brillo.
No entendía como podía ser mejor amiga de Rosalie. Ella era mi opuesto. Mientras yo lo mantenía simple, ella tenía un vestido apretado en el pecho y suelto abajo pero corto. Color borgoña y los famosos tacones. Su maquillaje era como el mío pero el abismo que había de diferencia entre nosotras no desaparecería nunca.
Como buenas adolecentes que éramos nos tomamos un millón de fotos haciendo posturitas. Cada una por separado, juntas haciendo caras divertidas y cuando estábamos seguras que podíamos salir tranquilas nos montamos en el auto de Rose y partimos a La Estancia. Era uno de las pocas discos decentes que había en Forks y logramos ingresar cuando Rose dijo que era hija de Gerard Hale. Típico.
Lo mío no eran las fiestas peor eso no quería decir que no podía divertirme de vez en cuando. Decidimos declinar la mesa que nos ofrecieron por cortesía a los Hale y nos fuimos derecho al bar. Nos sentaríamos ahí, tomaríamos un trago o dos y cuando escuchásemos una canción que valiera la pena ser bailada nos iríamos a la pista de baile y nos dejaríamos llevar. El plan siempre era ese y no me quejaba. Era justo para las dos. Había alcohol y baile para Rosalie y descanso para mí.
Ni bien nos sentamos en la barra, el barman se acercó y después de coquetear con Rose, tomó nuestro pedido y después de no más de cinco minutos nos trajo nuestras copas. Un Cosmo para mí y un Martini para ella.
- Hagamos un brindis Bellita. A la salud de la soltería y la falta de amor – Dijo exaltada alzando su copa y esperando que yo la choque.
- Tú tienes amor y estás soltera porque quieres pero yo sí que brindo por la falta de amor – Reí y tomamos un trago grande o dos después de brindar.
Dejamos las copas vacías y aunque la música no era la mejor, fuimos a bailar de todos modos. Era estimulante el bailar con Resalie. La música estridente se colaba en mi sistema y gracias al poco pero suficiente alcohol en mis venas, las luces y la vibración de los parlantes, las extremidades de mi cuerpo tenían vida propia. Al principio era solo un balanceo que intentaba ser sensual pero luego mis manos se movían como con una fuerza propia. Me tocaba el cuello y de vez en cuando me sostenía el cabello para ventilarme del calor que se apropiaba de mí. Tenía los ojos cerrados y me estaba dejando llevar…
- Bella, creo que tienes un par de admiradores – Grito mi amiga por encima de la música soltando una risita tonta. Abrí los ojos de repente y miré en la dirección que me señalaba y mi mirada se topó con un grupo de tíos sentados mirándonos. Parecían ser varios pero solo unos cuantos nos observaban. Les dediqué una sonrisa coqueta antes de girarme y seguir bailando con Rose pero ahora un poco más pegadas.
- ¡Oh por Dios! No puedo creer que hayas hecho eso. No vinimos de ligue Bella. Ahora tendremos que aguantar que vengan a platicar. ¡Oh por Dios! Ya están viniendo. Bien hecho genio. – Rose soltó los brazos con fuerza a los lados de su cuerpo en obvia señal de frustración.
- Qué va Rose. Nadie ligará con nadie. Solo baila, acepta unos tragos y luego nos iremos. – Intenté sonar positiva pero la verdad que se me había salido el tiro por la culata. Tampoco quería bailar con ellos.
- Hola preciosas. Mis amigos y yo nos preguntábamos si querían tomar algo. En esa mesa de por allá estamos… digo por si quieren pasar el rato. Soy Benjamín, por cierto – Dijo un tío alto, de contextura muscular y unos ojazos. Muy estilo Rosalie.
Después de presentarnos entre todos decidimos ir a su mesa. Eso era mejor que me manosearan bailando conmigo ¿o no?
Resultaron ser cuatro tíos muy majos. Un tal Seth nos saludó cortésmente y volvió a enfrascarse en una ardua discusión por teléfono. Benjamín, Daniel y Sam nos contaron que estaban en la universidad y que habían salido a festejar sus recientes buenas notas. Pronto Sam fue a dar una vuelta en el lugar para conseguir un ligue y Benjamín insistió tanto con Rosalie para bailar que mi amiga terminó accediendo.
Daniel era un pelín más alto que yo, pelo con muchos rulos y colorado. Su rostro estaba salpicado de pecas que le regalaban una dulzura que inspiraba cualquier confianza. Pedimos una ronda de tragos y se sentó a mi lado para seguir platicando.
No quiero mentir. Estábamos coqueteando pero dentro de mí sabía que nada iba a pasar, y tenía la sensación que también él lo sabía. Era solo un coqueteo estúpido.
Dirigí mi vista a la pista buscando a Rosalie para constatar de que todo iba bien y una seña de su parte me lo dejó saber de esa forma.
- A mi amigo le gusta tu amiga – Daniel comentó al notar mi registro.
- Me parece que a mi amiga también. – No quería darle falsas esperanzas pero todo parecía ir demasiado bien en la pista de baile.
- Dime Bella, ¿estás con alguien? – Abrí los ojos grandes y casi me atraganto con lo que estaba tomando.
- ¿Quién? ¿Yo? – Solté una risotada poco femenina. – Nop. Estoy sola. - Contesté. – Supongo que tú no estarías coqueteando conmigo si estuvieras con alguien… ¿o sí? – Le provoqué.
- ¿Entonces sí estamos coqueteando? – Preguntó con risa en su voz y levantando las cejas. – No, también estoy solo. Puede llegar a ser mi día de suerte. – En tus sueños.
Era bien entrada la noche y por fin empezaron a pasar música que sí me gustaba. Rose estaba muy entretenida bailando con Bejamín y yo no tenía otra opción que bailar con Daniel. No estaba tan mal así que lo invité a bailar y el aunque un poco tímido, aceptó. Fuimos al sector donde bailaban nuestros amigos, quienes al ver que nos uníamos a ellos, lo celebraron. No sé cuánto tiempo estuvimos así. Cambiábamos de parejas, nosotras hacíamos pasos que teníamos ensayados y ellos reclamaban nuestra atención inmediatamente. Nos la estábamos pasando mejor de lo que pensamos…
Benjamín ofreció otra ronda de tragos y yo ya estaba rozando mi límite. Se suponía que con un solo trago Rose se animaría a conducir pero no había fuerza en este planeta que me hiciera subir al auto con una Rosalie achispada.
- Rose, tenemos que volver en auto. Creo que es suficiente por esta noche – Le expliqué mientras le quitaba el vaso de vodka con jugo de durazno y lo volvía a poner en el mostrador. Ella me miró y pareció que lo deliberaba antes de volver a tomar el vaso.
- No seas aguafiestas. Siempre podemos llamar a William para que nos busque. ¡Déjate llevar Bella! – Y se tragó como medio vaso de una sola vez. ¿Cómo hacía para buscar una solución fácil para todo lo que se suponía difícil?
Los padres de Rose se la pasaban viajando y rara vez le prestaban atención. Ella vivía con el ama de llaves que la trataba como si fuese una hija y William, su esposo que también le tenía mucho afecto. Él era el chofer de la familia pero desde que Rose tenía su propio auto, su servicio era rara vez requerido.
Decidí que este sería mi último trago y pedí vodka con soda de pomelo. Cuando me lo dieron, me escapé a la pista y bailé con euforia. Tomaba y bailaba como nunca lo había hecho… Había una fuerza ajena a mí que me impulsaba a mover mis caderas en un intento de ser sensual y no fue hasta que mi vaso quedó vacío que busqué con la mirada al resto.
Wow. Mis parpados se sentían pesados y me costaba enfocar la mirada. No los encontré mirando en la dirección en la que los había dejado así que mientras giraba mi cuerpo, mis ojos rastreaban el paradero de alguna cara familiar. Grave error. Un mareo repentino me invadió y tuve que sostenerme del hombro de alguien para no caerme.
- Oye, ¿te encuentras bien? – Me interrogó la tía de la que me había colgado. Sonaba amable así que le mascullé un "sí" y me alejé de ahí.
Estuve vagando un buen rato hasta que me topé con el baño de señoritas y entré. Mi reflejo en el espejo se veía gracioso. Hice un par de muecas que me hubiese gustado retratar. Intenté refrescarme el rostro sin estropear mi maquillaje y lo medio logré. No me gustaban los baños públicos y aunque había entrado, nada me retenía en ese lugar.
El ruido de un cubículo me llamó la atención. Lo miré por un instante pero me di cuenta que solo eran dos posibles borrachos compartiendo algo más que un beso.
Me entretuve con un espejo de cuerpo entero que había del lado interno de la puerta principal y cuando quise darme cuenta, la puerta del cubículo se abrió y salió una mujer veinteañera pelirroja. Los colorados nos invaden, pensé. Una sonrisa se asomaba por su cara de recién follada y se miró en el espejo parándose frente a mí. Ella sí que tenía ropa para acomodarse. Se metió la excusa que tenía de camisa dentro de una falta circular color azul cielo. Tenía que salir de ahí…
Mi mano estaba en la cerradura, hasta la había girado y todo pero un escalofrío cruzó por mi cuerpo cuando en el reflejo del espejo vi a Edward salir del mismo cubículo que Miss Cuerpazo.
Su mirada se encontró con la mía y no sé que encontró en mi rostro pero el suyo su expresión era impagable.
-¿Bella? ¿Qué haces aquí? Este lugar es para mayores – Preguntó sorprendido. Como si no lo hubiese pillado saliendo de follar en un baño en medio de una disco.
- Yo ya me iba – Susurré y me trastabillé al intentar salir. Gracias a Dios logré equilibrarme y no caer al piso. No quería otro papelón. Necesitaba irme de ahí.
Mientras intentaba abrirme paso entre la gente, unas ganas incontrolables de llorar se instalaron en mí. ¡Qué patética era! Creía que podía escuchar como mi corazón se iba rompiendo en pedacitos y todo por un hombre que me había acariciado la mejilla una sola vez en mi vida. ¿Quién me manda a enamorarme de una persona completamente inalcanzable?
-¡Bella! ¿Dónde te habías metido? Hace más de cuarenta minutos que te estoy buscando. Pensé que… - Pero el discurso de Rose se vio interrumpido por un Edward furioso que al parecer me había seguido.
-¡Isabella! ¿Qué haces en este lugar? Y encima así vestida. No puedo creer que el de seguridad te haya dejando entrar. – Sus ojos se fijaron en mí. Sus hermosos y dulces ojos verdes ahora me observaban crispados y podía sentir el poder de su mirada.
- Yo, yo… ya me iba Señor Cullen. Queríamos salir a divertirnos y con Rose pensamos que… -
- Ustedes no pensaron en nada. Hay una buena razón por la cual los menores de edad no pueden entrar a lugares como estos. No creí que fueras tan irresponsable. – Me estaba tratando como a una niña y eso hizo que mi corazón resquebrajado doliera aún más.
Parecía que los problemas nunca iban a acabar. Benjamín vio el altercado y caminó a nuestro encuentro. Edward me tomó de un brazo y hizo el amague de empezar a caminar llevándonos con él y fue cuando Ben intervino.
- Bella, ¿está todo en orden? – Iba a contestar que no se preocupara pero la ira de Edward, que ya empezaba a apaciguarse, resurgió con más poder que antes.
- Isabella está perfectamente. No creo que gracias a ti, de todos modos. Sabes que las dos son menores de edad ¿verdad? Puedo meterte preso solo por haberlas mirado con otra intención. Te lo advierto, aléjate de ellas y piérdete. – No sé qué es lo que vio Benjamín en su advertencia pero decidió despedirse y alejarse de nosotros.
- Bien hecho Robin Hood. Nos cortaste el rollo. – Le reclamó Rose a Edward. Él la ignoró y nos sacó del lugar.
Estábamos a fines de primavera y si bien el clima era mejor en esos días, en Forks nunca dejaba de ponerse fresco de noche. El aire me destempló el cuerpo y otro mareo se apoderó de mí. Edward me sostuvo antes de que me desplomase en el suelo.
- ¿Has estado tomando, Isabella? – Me interrogó con el gesto crispado. No le contesté nada y me zafé de su agarre.
- Suélteme. Ya hemos salido del local y nos iremos a dormir. No tiene que estar tan enojado. Vuelva a divertirse y olvide que nos ha visto. – Fue mi turno de contestar enojada. ¿Por qué hacía tanto escándalo? Al fin y al cabo nadie le estaba arruinado su fiesta.
- Claro, y ¿en qué se irán? ¿Manejará tu amiga borracha o lo harás tú? O mejor llamen a sus amiguitos de adentro. ¿Quieres que vaya a buscarlos? – Me preguntó con ironía. – Yo las llevo. Lo único que falta es que terminen en cualquier lado. – Y empezó a caminar al aparcamiento. –Ya me has escuchado, Isabella. No me hagas decirlo de nuevo. – Dijo cuando vio que ninguna de las dos se movió de su lugar.
- Vamos Bella. Después de todo será mejor no despertar a William a esta hora. – Dicho esto, Rose empezó a caminar detrás de Edward. Yo, simplemente, no podía creer en mi suerte.
Rose subió en la parte trasera del auto y me cerró la puerta en la cara cuando quise sentarme con ella. No era esta la forma en la que me imaginaba que iba a sentarme al lado de Edward en su propio choche por primera vez.
Después de darle la dirección de Rosalie, el viaje fue en un silencio incómodo. Ni siquiera había música como para relajar el ambiente. Llegamos a destino en cuestión de minutos y cuando hice el amague de abrir la puerta, Edward volvió a agarrarme del brazo y un "A tu casa" en tono brusco hizo que me quede en mi lugar.
- Mañana hablamos Bella – Dijo Rose y se despidió con la mano antes de correr hasta la puerta de su casa y desaparecer de mi campo de visión.
No sé cómo es que Edward sabía mi dirección pero manejó como un loco por el mismo camino que solía tomar yo para volver a mi casa. El trayecto que normalmente me tomaba veinticinco minutos duró algo así como diez minutos con Edward al volante. Aparcó al frente de mi casa y abrí la puerta, pero antes de bajar giré mi cuerpo y le encaré:
- Edward yo… -
- Estoy muy decepcionado de tu actitud, Isabella. Ahora mismo quiero que vayas a dormir y pienses en lo que has hecho. – Dijo mirando al frente.
- ¡Oh por Dios! He salido a bailar siendo menor de edad y sí, he tomado un poco pero no creo que sea un pecado capital. ¿Acaso tú nunca lo has hecho? Es solo un poco de diversión. No he matado a nadie. – Mi corazón roto pasó a segundo lugar dándole espacio al enojo que sentía. Simplemente él tenía que dejar de tratarme con a una niña.
- Te pusiste en riesgo. Acepto que no lo veas de la misma manera que yo, pero has salido con una amiga que ha estado bebiendo tanto o más que tú. ¿Y qué me dices de esos tipos? ¿Hace cuánto los conocen? – ¿A dónde quería llegar?
- Ese no es el punto. Nada nos ha pasado, ya lo ve. Entiendo que se sientas con la responsabilidad de traernos a casa pero no hacía falta. Lo último que quería era arruinar sus planes para esta noche… - ¡Qué patética sonaba mi voz! - ¿Quién está con Jasper ahora mismo? – Pregunté de repente cuando caí en cuenta de que su padre y su niñera estaban juntos y no cuidándole precisamente.
- No se trata de ser responsable de nada. No me gusta que estés en esos lugares, Bella. Menos aún si no hay alguien para controlar lo que pasa por ahí… Aún eres muy joven y alguien puede aprovecharse de ustedes. A propósito, no me has arruinado ningún plan. Con respecto a lo que viste, Bella, yo quería explicártelo. – Eso sí que no. Trátame como a una niña y enójate conmigo pero no me vas a contar sobre como tiraste a alguien que no soy yo.
- No me debe ninguna explicación. Es su vida y yo nada tengo que ver. ¿Dónde está Jasper? – Insistí.
- Cayó rendido después que lo dejaras en mi estudio y despertó media hora despué. Se calmó cuando le ofrecí ir a ver a mis padres. Volvió a quedarse dormido allí. – Me explicó y mi corazón volvió a latir regularmente.
- Vale. Gracias por traernos. – Dije y ahora sí me disponía a irme.
- Bella, en serio que lo que viste no fue nada. ¿Hablamos el lunes? – Sus ojos me decían que era sincero pero lo que yo vi me indicaba todo lo contrario. Asentí para que me deje ir y me dio un beso en la frente. Levanté mi rostro y nuestras caras quedaron separadas por partícula de espacio. Le toqué la nariz con la punta de un dedo y le dije:
- Es taaan lindo Señor Cullen. Hasta cuando se pone gruñón es lindo. – Vale, eso no estaba planeado. Un rubor esperado se expandió por mi rostro cuando me di cuenta de lo que dije.
- Creo que has bebido un poco más de lo que me temía. – Su cara era seria pero su tono de voz dejaba claro que no estaba para nada enojado. Dijo eso sin alejarse de mí ni un pelín.
Solté una risa nerviosa y venciendo a la distancia que nos separaba, pegué sus labios a los míos por tres segundos contados y me bajé del auto cerrando la puerta y corriendo a mi casa. Estaba en guerra con la llave que no encajaba con la cerradura. El corazón me latía a dos mil revoluciones y el coche de Edward seguía estacionado en el mismo lugar. Vamos, vamos… cuando logré hacer entrar la llave, giré el picaporte y como un resorte salté adentro de mi casa. Pegué la espalda a la pared y cerré los ojos. ¿En qué embrollo me había metido? ¡Acababa de besar al Señor Cullen!
