HAIKYUU

ORANGE JUICE

Capitulo 4. Confusión

El fin de semana se paso más rápido de lo que imaginaron, por lo menos para Hinata. Para Kageyama era otra historia. Lidiar con sus sentimientos fue más difícil de lo que se imaginó, tener tan cerca a la persona que lo confundía lo hacía mucho más difícil y por su puesto complicado.

Aún así el tiempo voló y Hinata cuido de él por el resto del fin de semana sin ningún problema. Ahora se avecinaba un reto muy duro para ambos: la asistencia escolar.

No sólo era cuidar de Kageyama en la comodidad de su hogar, era llevarlo todos los días a la escuela. Ayudarlo a prepararse, preparar tres comidas diarias, sin dejar de lado las compras para estas, también el almuerzo para ambos, tener la ropa limpia y ayudar con los deberes de la casa, la tarea. Entrenamientos. Miles de cosas que podría enlistar, básicamente había pasado de humilde estudiante a ama de casa, a sus escasos quince años.

No había nada que se pudiese hacer, él era un hombre de palabra y ayudaría a Kageyama hasta que su pie sanara.

Dejó escapar un suspiro seguido de un gran bostezo. Era de mañana, más temprano que nunca, tenía el habito de levantarse temprano para correr por las mañanas pero esa rutina había terminado, por el momento y bajo esas circunstancias.

Se levantó rápidamente a tomar una ducha, mientras Kageyama dormía. Seguían descansando en la misma habitación y por alguna extraña razón Kageyama había creado una barrera de almohadas entre ellos al anochecer. Alegando los malos hábitos nocturnos del menor. Por él no había problema, pero vaya que el chico era quisquilloso.

Hinata sonrío y empezó sus responsabilidades matutinas.

Xoxoxoxoxoxoxox

-¡Tontoyama!

No hubo respuesta.

-¡Tontoyama que se nos va hacer tarde!

Hinata decidió aventar su cuerpo completo sobre el del mayor, evitando tocar su pie lastimado. Kageyama gritó y se arrastró por el suelo.

-¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué…? ¿¡Qué haces!? –tartamudeó.

Hinata se sacudió el uniforme y se sentó sobre el futon.

-¡Es tarde! Vaya… yo pensé que eras madrugador…

-¡Lo soy!

-No parece… mueve ese trasero y vámonos, tu uniforme está ahí –indico Hinata hacia el escritorio- también el desayuno. Subiré las mochilas a la bicicleta ¿ocupas ayuda cambiándote? –dijo con una sonrisa maligna.

Kageyama empezó a sudar frio ¿Cuándo fue la última vez que había visto a Hinata como un ser responsable? Nunca.

-¡Claro que no!- Kageyama observo su reloj de escritorio y le lanzó una almohada al rostro- ¡Son las 6 de la mañana, estúpido Hinata!

Hinata se quitó la almohada y suspiró, frotándose la nariz.

-Sí que eres tonto Kageyama, sabes que no puedo ir tan rápido en la bicicleta si vamos los dos. Por eso nos vamos más temprano…- el chico hizo una pausa y desvió la mirada inflando las mejillas- aparte… ¿quieres que nos vean todos llegar a la escuela juntos abrazados como una pareja?

Kageyama se coloró completamente y le lanzó otra almohada tirándolo sobre el futon

-¡Por supuesto que no! ¡Estoy listo en cinco minutos!

Hinata asintió y se fue de la habitación quejándose del mal trato que recibía por el más alto. Mientras tanto Kageyama se hundía en el mar de sentimientos que le provocaría ese recorrido en bicicleta.

En 15 minutos ya estaban listos y en camino a la escuela.

Kageyama apenas y si podía controlar el deseo de abrazar la espalda del menor y recargar su rostro sobre esta como una dulce colegiala pero su orgullo como hombre se lo impedía. Con todas sus fuerzas mantenía sus manos sobre la cintura del menor y procuraba no moverlas de ahí.

El camino fue terrible y al llegar a la escuela peor. Era plena madrugada y aunque salieron con suficiente tiempo para llegar antes que la mayoría de sus compañeros fue imposible llegar temprano. Llegaron con el tiempo justo, 5 minutos antes de que tocara la campana y alumnos de primero, segundo y tercero los vieron llegar a la escuela abrazados con las caras tan rojas como las de un tomate maduro. La vergüenza y el sonido de los celulares tomando fotografías a sus espaldas los hundían en un mar de miseria.

-¡Ey Kageyama no escondas tu rostro en mi espalda! -gritó Hinata tratando de que Kageyama dejará de esconderse bajo la capucha del suéter de su blazer negro- ¡si yo tengo que pasar esta vergüenza tu también!

Kageyama murmuró algunas palabras atoradas en la tela de su capucha. Hinata aceleró y no miró hacia atrás hasta que llegaron al aparcadero de las bicicletas. Era cierto que deseaba hundir su rostro en la espalda del más chico, pero no de esa manera.

-¡Ey! El aparcadero está muy lejos de la escuela, idiota.

-Quieres que te deje en la puerta ¿cariño?

Kageyama se sonrojó.

-¡Por supuesto que no!

Los chicos tomaron sus cosas y caminaron entre las miradas curiosas de sus compañeros, con las caras más rojas que nunca. Evitando cualquier tipo de contacto visual.

Hinata ayudo a Kageyama a llegar a su salón y se dirigió hacia el suyo, no sin antes de avisarle que lo buscaría más tarde para comer juntos e ir al entrenamiento.

El corazón del azabache dio un vuelco y se golpeó a sí mismo en el estomago para regresarse a la realidad.

Xoxoxoxoxoxoxox

El entrenamiento resulto sumamente aburrido para el setter, probablemente porque se la paso en la banca observando a sus compañeros sudar la gota gorda en la cancha mientras él sólo podía seguir el balón con los ojos. Pero sus ojos, sus preciados ojos lo traicionaban cada vez más. Cada que podía quitar la mirada del balón sus ojos caían en el cuerpo de Hinata. Recorriendo de pies a cabeza al más pequeño. Observando cada musculo y contorción que se reflejaba en su pequeño cuerpo.

Se observó a si mismo siendo miserable, gay y miserable. Suspiró y trató de concentrar sus pensamientos en otra cosa que no fuera Hinata, tal vez con la intención de disolver esos sentimientos que aún no podía resolver.

Tapó su cabeza con la toalla para el sudor y se sumergió en sí mismo.

-¿Quieres una botella de agua?

-¿Hmm? -Kageyama levantó el rostro encontrándose con la mirada calmada y tranquila de Shimizu- No, gracias, ni siquiera estoy jugando como para tomar una.

-Tómala como quiera, las traje para todos.

A lo lejos Yachi repartía las mismas botellas a los demás.

-Gracias…

Ella se sentó a su lado sin decir nada y su mente comenzó a volar una vez más ¿Por qué él no podía haberse fijado en alguien como Shimizu? Una chica lista y hermosa.

Se escucharon gritos a lo lejos y la imagen de Hinata remojado por lo que se presumía una broma de Tanaka y Nishinoya se hizo presente. Shimizu corrió al incidente para acercarle una toalla y lanzar una mirada asesina a los otros dos.

Ella se agacho a secar el cabello de Hinata y este le sonrió provocando la misma reacción en la chica.

Entonces los vio, diablos que los comparo. Hinata no tenía nada que pudiera ganar contra la belleza que era aquella chica, pero sabía que si su corazón latía rápidamente no era por la sonrisa de ella. No tenía sentido que se sintiera así por alguien tan pequeño e imbécil. No tenía sentido, no podía ser un sentimiento que se provocara sólo porque su compañero le parecía adorable.

Se aplasto las sienes con fuerza. Eran frustrantes todos esos sentimientos que querían desbordarse desde el interior de su cabeza.

-¿Qué le sucede al rey? Deprimido porque no puedes jugar con tu títere personal hoy ¿eh?

-Cállate Tsukishima…

-Hooo… invalido y todo y aún tienes las agallas para contestarme. Mira que estamos mejor con Suga en la cancha.

-No molestes más, ni si quiera tengo ganas de contestarte.

-Baah… que aburrido. Llámame cuando su hombría regrese, majestad.

-¿Qué pasa con él?

Interrumpió Hinata, mientras se sentaba a su lado. Kageyama se exalto un poco y tratando de evitar la conversación al beber de su botella y omitir una respuesta, ignorando al menor.

-No es lo mismo… -comento Hinata- Me gusta jugar con Suga, pero no es lo mismo.

Kageyama dejo de beber y volteó a ver a Hinata quien observaba la punta de sus tenis, mientras abrazaba un balón entre sus manos y sus piernas y la hacía rodar de arriba a abajo.

-Definitivamente jugar contigo es lo mejor que me ha pasado en la vida -Hinata sentenció con una gran sonrisa.

El corazón de Kageyama se aceleró, casi escapando de su pecho.

Hinata era tan injusto. Iba por ahí diciendo esas cosas sin pensar, sin considerar sus sentimientos. Podía decirlo, por lo menos podía darse el lujo de decirlo también ¿no? Que para él, pasar tiempo con Hinata también era especial y que jugar en el mismo equipo era molestia pero al mismo tiempo lo mejor que le había pasado.

Probablemente para Hinata no significara lo mismo que para él pero definitivamente pasar tiempo a su lado, era de lo mejor. Si se lo proponía podía ser honesto y decirlo.

Abrió sus labios para devolverle el sentimiento pero fue interrumpido por el capitán.

-¡Buen trabajo chicos! –Gritó Daichi- Vamos a tener una pequeña junta. Reúnanse.

-Ya vengo… –El chico pelirrojo se levanto de la banca- ahmm… ¿Me cuidas la botella? La última la tiró Tanaka en mi cabeza y ya no hay más.

-Claro…

-¡Gracias! -El chico salió corriendo hacia donde estaban sus demás compañeros.

Kageyama sólo observo desde lejos como hablaban entusiasmadamente sobre los próximos partidos además de los puntos buenos y malos de la práctica. Entre sus manos reposaba un deseo incontrolable. Tenía la botella de Hinata en sus manos, parecía infantil, pero quería intentarlo, o más bien una fuerza más grande que la razón parecía forzarlo a intentarlo.

Los labios de Hinata eran pequeños y suaves y hace tan sólo unos segundos habían estado sobre esa botella.

El aura que generaba era más que oscura que la de una tormenta, pero no había nadie que pudiese verlo. Todos estaban demasiado concentrados en la junta, todos le estaban dando la espalda e incluso los profesores estaban más atentos a su pequeño círculo de estudiantes que en él. Era perfecto, si lo hacía, nadie se daría cuenta. Sólo él y nadie más. Podía ser su segundo secreto.

Observo una vez más, nadie le ponía atención. Era su oportunidad.

Elevó la botella hasta sus labios y dio un pequeño sorbo. No era nada parecido a Hinata, o a lo que él se imaginaba serian los labios de Hinata. Observo nuevamente al grupo y se sintió más que desnudo, entre la multitud, el único que le observaba. El único de todos: El pelirrojo.

Lo botella entre sus manos termino aplastada y una mueca retorcida se formo en su rostro. Hinata hizo un ademan de horror y las lagrima rodaron por sus mejillas al ver su botella perdida.

La junta terminó y lo primero que hizo el más chico fue apuntarse para recoger los balones aunque estuviera absuelto de esos deberes, lejos muy lejos del azabache.

Suspiró una vez más y con pesar se levantó de la banquilla. El entrenamiento había terminado y no tenía sentido seguir esperando ahí. Lo menos que podía hacer era recoger las cosas de ambos e ir por la bicicleta del pelirrojo. Era un tramo considerablemente pequeño, así que no había problema si lo recorría con su muleta. Ya se había acostumbrado a la férula, y aunque le dolía un poco el tobillo caminar no era tan malo. Después de todo sólo quería despejar su mente.

Caminó con dificultad entre las canchas y llego hasta el aparcadero donde encontró la bicicleta de su amigo. Depositó su mochila y se dispuso a regresar.

-¿Kageyama? – una voz femenina le llamo – Eres Kageyama ¿verdad? -El chico dio la vuelta y trató de reconocer a voz femenina que lo llamaba pero no logró ubicarla. Probablemente alguien de primer ingreso, al igual que él- ¡Lo sabia! Qué suerte encontrarte... – la chica observo a Kageyama y sonrió- Podría ser que Kageyama ¿no me conoce?

-Lo siento… la verdad es que…

-No te preocupes ¡Lo supuse!… -ella volvió a sonreír amablemente- ¿Vas hacia el gimnasio?

-Si – Kageyama empujó la bicicleta en esa dirección seguido de la chica. Ella se puso a su lado ayudándolo a empujar la bicicleta mientras hablaba.

-Soy de primero, como tú, de hecho nuestras aulas son contiguas

-Hmmm… –Kageyama no sabía a dónde se dirigía esa chica.

-Verás yo… yo soy hmmm… no creo que me recures ni siquiera de esa época… -La chica se detuvo y observo a Kageyama- Yo también soy de Kitagawa Daiichi, solíamos ser compañeros.

-Lo siento pero aún…

-¡Lo sé! –contestó ella, interrumpiendo. Kageyama se mostró confundido- Lo sé, yo… ammm… vi lo que sucedió con Hinata y me preocupe… mucho… y quería, quería decirte que si necesitas algo, puedes pedirme ayuda.

-Gracias pero…

-Lo que quiero decir… - sus mejillas se estaban poniendo considerablemente rojas- ¡Lo que quiero decir…! – Volvió a intentarlo, apretó los puños y continuo- es que… si alguna vez necesitas algo, yo estoy aquí, me refiero a que a mi… a que yo siempre he estado observándote y que a mí… que a mí me gustas Kageyama y me gustaría que… me notaras – sus palabras eran cada vez más confusas y rápidas- ¿Considerarías salir conmigo? –Soltó la pregunta sin más.

Kageyama estaba a punto de hablar cuando la sombra de Hinata capturo la esquina de sus ojos.

-Lo… siento…

La chica se mostró nerviosa y sólo pudo decir unas cuantas palabras más:

-¡Por favor piénsalo!- la chica soltó el manubrio de la bicicleta y se echo a correr. Dejando a Kageyama y Hinata solos.

Hinata se acercó sin decir nada tomando la bicicleta para montarse en ella. Kageyama siguió con la corriente y se sentó en la parte trasera abrazado a él. Pasaron largo rato así, sujetados recorriendo las calles semihabitadas de la ciudad en tranquilidad.

-¡Woah! Debe ser grandioso.

-¿Grandioso que, idiota?

-¡La confesión! ¡La confesión Tontoyama!

-ahhh…

-¿Cómo que "ahh"? Tan vago, seguro las chicas se te confiesan muy seguido, seguro por eso eres así.

-Hhhmm… no es así, idiota… -Kageyama se alejo un poco de Hinata.

-¿Y no saldrás con ella?

-No lo creo…

Hinata siguió pedaleando. Mientras Kageyama observaba como el viento movía con gentileza los costados de su cabello y sonreía bobamente.

-Eso me alegra un poco…

-¿Eh? –Se extraño Kageyama.

-Si tuvieras una novia, seguro te desvivirías por ella.

-¿Eh? ¿Por qué?

-Supongo que me das esa clase de impresión…- Hinata volteo para sonreír y continúo- Bueno mejor así, con una novia, no tendrías tiempo para entrenar conmigo y con el equipo…

Kageyama apretó con suavidad el suéter de Hinata, ligeramente ilusionado. Sus manos sudaban y su corazón estaba acelerado.

-Hinata…

-¿Hmmm?

-¿Quisieras…? –Kageyama rasco su nuca buscando las palabras- ¿Te gusta…? ¿Te gustaría salir conmigo?

Los dos continuaron en silencio hasta que Hinata se detuvo, sólo rodeados por el sonido de las cadenas rotando cada vez más lento, hasta desaparecer.

-¿A qué…?

-¿Hmm? –vaciló el azabache, tocando su nuca y desviando la mirada.

-¿A qué te refieres?

Hinata encaró a Kageyama, apenas sosteniendo el balance sobre el piso. Los dos se observaban a los ojos, mientras el atardecer caía sobre sus espaldas y el sonido de los pájaros enjaulaba su conversación.

-Supongo que… -Kageyama empezaba a sudar. Ni siquiera estaba seguro si quería que Hinata lo supiera en ese momento. No podía estar seguro de lo que sentía o más bien no se podía permitir una respuesta segura en su cabeza, pero sus labios se movían más rápido que sus pensamientos- A que… A que salgas conmigo.

Hinata comenzó a sudar.

-¿De dónde has sacado esa idea? –preguntó, gravemente confundido.

Kageyama trató de contestar con obviedad.

-De qué pasaría si yo tuviera novia y toda esa idea de las confesiones… Tampoco estoy tan mal ¿no?

-¿Enserio? –cuestionó dudoso el pelirrojo.

Pensó dos segundos antes de responder, asimilando sus propias palabras. Sí, sí quería, quería que Hinata lo supiera. O tal vez las pulsaciones de su corazón habían hecho que su sangre se calentara tanto que le habían fundido el cerebro. De cualquier forma contestó con honestidad.

-Enserio…

Hinata se veía confundido, más no le dio alguna respuesta. Vaciló con los ojos y se dio la vuelta comenzando a pedalear nuevamente. Kageyama volvió a agarrarse de sus costados, siendo arrastrado por la mente indecisa de su compañero.

-¡Ahh! ¡Idiota no te muevas tan rápido! ¡Hinata!

Siguieron así por todo el camino y Hinata no volvió a pronunciar palabra, incluso cuando llegaron a su casa.

Desempacaron las mochilas, acomodándose como lo había hecho hasta ahora. Kageyama decidió no ahondar más en el tema, podría estar considerándolo o incluso podría estar pensando en él como el ser más desagradable del universo. Tenía que dejar que lo procesara o por lo menos quería creer que eso estaba sucediendo.

Kageyama no era una persona de paciencia pero por esta ocasión, esta simple y confusa ocasión, lo dejaría pasar.

Abrió la casa y Hinata entró a sus espaldas. Se quitó los zapatos y cuando se adelantaba para tirarse en el sofá a hundirse en los restos de su terrible confesión Hinata jaló de su blazer para llamar su atención.

-Lo que…

-Hmmm

-Lo que paso hace rato… yo…

-Hmmm – Kageyama se sonrojo al instante.

-Yo…

-Hinata… –Kageyama puso una mano sobre los cabellos del pelirrojo, ligeramente tapando la visión del menor para que este no notara su rostro- lo que dije hace rato… puedes olvidarlo…

-¿Eh?

-Sé lo que has de pensar y por eso… puedes… puedes olvidarlo.

-Pero…

Kageyama lo empujó hacia la puerta y siguió su camino.

-Estoy seguro. Haz la cena, idiota.

Él lo sabía, sabía que sus sentimientos no podían ser correspondidos. No había forma de asegurar que lo que sentía era un sentimiento duradero o disentir de la confusión y arrastrar a Hinata junto con él no era una buena idea. No. No tenía porque, ni debía. Nada bueno podía salir de eso.

Kageyama se tiró en el sofá y escuchó las pisadas de su amigo en dirección a la cocina, probablemente a preparar la cena. Se recostó sobre uno de los cojines y decidió aniquilar sus sentimientos sobre la suavidad de la tela.

XoxoxoxoxoxoxoxoxoX

-Kageyama…

Kageyama balbuceó entre sueños.

-Kageyama, la cena…

Abrió sus ojos y se encontró con los de Hinata. Su rostro era una mezcla de melancolía y angustia. Estaba triste por él y lo sabía. Hinata agito su cabello oscuro y se levanto del suelo.

-Voy a preparar los platos, ven a la mesa… -hizo una pausa intentando sonar normal- Tontoyama…

Kageyama se enderezó y lo siguió por el pasillo.

Ambos comieron con la televisión encendida evitando todo tipo de posible interacción.

Cada quien hizo sus deberes y tomaron baños en tiempos separados.

Al llegar a la hora de dormir Hinata ayudó a Kageyama a cambiarse el vendaje y a acomodarse en el futon. Sus mejillas avergonzadas se encendían a cada rose o ligero contacto pero ninguno de los dos dijo nada fuera de lo necesario y cuando por fin las luces se apagaron y el silencio se instalo con locura Kageyama comenzó a hablar.

-Jamás debí haber dicho algo así… lo siento…

-No… no te preocupes… -Hinata rio un poco y observó al chico acostado a su lado- No es necesario… porque… supongo que… tu probablemente no te sientes así ¿no? Yo no te podría gustar… -Hinata comenzaba a hablar con rapidez- ¡Es imposible! ¿Yo? ¿Gustarte? Jajajaja ¡Tendrías que haberte golpeado el cerebro!

Hinata esperó paciente por una respuesta del azabache pero no hubo nada y de pronto un estruendo. Kageyama estaba molesto, y a pesar de su pierna lastimada ahora se encontraba encima de él, aprisionando su rostro por ambos lados con sus manos.

-¿Qué dijiste? -preguntó enojado.

-¿Eh? –Hinata no comprendía la situación.

-¡Repítelo! ¡Repite lo que dijiste!- exasperó.

-¿Qué? ¿A qué te refieres?

-¡De mi! ¡Repítelo!

Hinata buscó en los ojos del contrario por algún tipo de señal, pero sólo pudo observar como estos se humedecían con furia.

-Que tú… probablemente no lo sentías ¡Que yo no te gusto! Ey… Kageyama…

-¡Eso es un montón de mierda!

Kageyama se sentía frustrado, confundido e indeciso y todo eso lo estaba volviendo loco. Pero no podía soportar el fingir que sus sentimientos eran falsos y aceptar que todo podía quedar en el olvido. Él lo había dicho, incluso le había dado el permiso de olvidarlo pero el hecho de que Hinata tomara sus palabras como broma lo hacían enfurecer.

-Pero si tu…

-¡Es un montón de mierda! –Kageyama lo observó con rencor y sin pensarlo bajo lentamente su rostro muy cerca del contrario.

-¡Ey! ¡Kageyama!

-Puedes olvidarlo pero… -Kageyama bajó más su rostro tomando entre sus manos el contrario a la fuerza, silenciando las quejas del menor. Cerró sus ojos, dejando que el aliento del pelirrojo chocara contra sus labios- …pero no te permito decir que mis sentimientos no son reales.

Cerró la distancia y clavo un beso en los labios del pelirrojo. Hinata trataba de empujarlo. Una y otra vez golpeando contra su pecho, hasta que se detuvo sintiendo sus esfuerzos inútiles.

En cuanto la resistencia del menor disminuyo, Kageyama dejó de aplicar fuerza en sus mejillas y se relajó para sostener con suavidad su rostro, acariciando y enredando entre sus dedos su anaranjado cabello.

En un último intento de resistencia intentó jalar de su camisa, pero la forma en la que su rostro era sostenido como la joya más preciada del mundo nublaba su cordura.

Los labios de Kageyama…

Eran suaves.

XOXOXOXXOXOXOXOXOX

HOHOHOHOHOHO

Este es, por mucho, mi capitulo favorito de todo el fic. Así que espero que les haya gustado tanto como a mí porque le invertí todo el amor que tengo por el Kagehina en el. Aparte de que escuchaba "One more time, one more chance" de Masayoshi Yamazaki (si quieren escúchenla o no :P ustedes saben pero esa canción te pone chipi) y ahora sí un capítulo más largo en recompensa por el anterior.
El próximo capítulo puede que me tarde un poco porque aún no lo tengo terminado, empecé a trabajar y todo es un caos, pero de que subo algo subo algo. Ustedes tranquilas yo nerviosa.
¡Muchas gracias a todas las personas que dejaron review me emocione mucho porque fueron muchas personas! Casi siempre trato de contestar todos los review por MP pero si ya no quieren que lo haga y mejor lo publique aquí díganme : ) oh si los que tienen cuenta quieren que deje respuestas por aquí, también es un opción c:
Un beso a todas ¡MUACK!

P.D:
Un review es un piquito que se dan Kageyama y Hinata bajo ese futon ustedes saben.