HAIKYUU!
ORANGE JUICE
CAPITULO 5. Beso
Hinata se había dejado llevar por el momento, sintiendo el calor del contrario infiltrarse por su propio cuerpo. Se sentía débil y le temblaban las piernas, no había un sólo pensamiento que pudiera consolidarse en su mente. Era como si su cerebro se hubiera desconectado totalmente de su cuerpo y dejara a la deriva sus extremidades. Kageyama sostenía su rostro y agudizaba el beso, una y otra vez tomando el aire necesario sólo para volver a tomar sus labios y acariciarlos con suavidad contra los suyos.
Quejidos y sonidos húmedos era lo único que se oía dentro de aquella habitación, donde nadie era testigo más que las cuatro paredes que los rodeaban.
El azabache comenzó a bajar sus manos para recorrer las costillas del menor pero en cuanto sus manos decidieron investigar la fresca piel de su vientre Hinata se separo finalmente de sus labios en completo nerviosismo.
-¡¿Qué rayos te pasa?! –dijo el pelirrojo mientras empujaba al más alto, tomando del suelo una de las colchas con las que se había arropado antes del asalto a su pequeño cuerpo. Dejando en el suelo a un abatido Kageyama completamente avergonzado.
-Carajo…-susurró mirando hacia la puerta por donde había escapado él pelirrojo.
Se había dejado llevar por esos sentimientos que tenia hacia él pelirrojo. Sentimientos que debían haber quedado encerrados en su pecho, pero el hecho de que Hinata tomara a broma sus sentimientos había encendido un flujo de rabia que el mismo desconocía. Simplemente no podía soportar la idea de Hinata minimizando a una simple broma sus sentimientos. No tenía sentido y no lo podía aceptar.
Suspiró, encontrándose acorralado entre la decisión de encarar la situación o ignorarla. Si lo dejaba pasar posiblemente Hinata jamás le volvería a dirigir la palabra, ni por el amor que le tenía al voleibol.
Buscó su férula en el suelo y se la colocó con cuidado antes de salir de la habitación. Había dos opciones donde podía buscar al menor: En la sala, donde cualquiera podría encontrarlo o en su habitación donde tendría dificultad para alcanzarlo. Optó por la primera.
Dio unos cuantos pasos y observó el cuerpo de Hinata envuelto en la colcha de su habitación, convertido una oruga sobre el mullido sillón.
-Si duermes ahí, te dará un resfriado o algo.
El cuerpo del menor se tensó dando un respingo bajo las mantas más no hubo respuesta.
Kageyama se acercó un poco más y observo como el menor intentaba alejarse de él, acorralándose a sí mismo en la esquina del sofá.
-¿Sabes? No pienso hacer nada más… así que… podrías dejar de estar tan nervioso, idiota.
-¡¿Qué?! –Gritó enojado- ¿Cómo te atreves a llamarme idiota después de lo que hiciste? -Al recordar la situación rápidamente cubrió sus labios y se volvió a encoger dentro de la colcha.
Kageyama se sentó a su lado y prendió el televisor. Esperando a que Hinata volviera a asomar el rostro, tratando de recobrar su confianza como si de un perro herido se tratase.
Poco a poco y por mera curiosidad a lo que sucedía dentro del televisor el pelirrojo volvió a asomar el rostro, sólo la mitad, dejando a la vista sus preocupados ojos. Kageyama notó al más pequeño asomarse lentamente, riendo un poco por la simpleza del menor. Antes de comenzar a hablar espero que la película terminara, cosa de que Hinata olvidara los nervios.
La película terminó y como si nada hubiera pasado ambos estaban bajo la misma colcha refugiados del frio matutino. Algunos infomerciales comenzaron a pasar y Kageyama finalmente comenzó a hablar.
-Hina…
-¡Espera!
-Pero…
-¡Espera!
-No
-¡QUE ESPERES!
-¡DEJAME HABLAR CARAJO! -Hinata observó a Kageyama, asustado- Cuando terminé puedes decir lo que quieras, pero primero escúchame.
Hinata asintió y se envolvió en la colcha tratando de protegerse. Kageyama carraspeó.
-Primero que nada, quiero que sepas… que… apestas en el voleibol
-¿Eh? ¡TONTOYAMA! ¡¿Quieres…!?
-¡Shhh!
Hinata volvió a su lugar.
-Eres un dolor en el trasero, tienes el tamaño de una pulga y no eres nada listo. El color de tu cabello, tu estatura, tu personalidad ¡TODO! Hinata escúchame, todo, todo lo odio.
-Entonces…
-¡Aparte jamás te callas!
Hinata se volvió a encoger dentro de las sabanas, apenas y asomando los ojos.
-Y aún así… por encima de todo y de que eres hombre… me enamoré de ti. No necesito que me correspondas, no sé de dónde o cómo surgieron estos sentimientos ni mucho menos cuándo, pero estoy seguro que lo que siento por ti es real.
Hinata bajo la mirada, sus mejillas y la punta de su nariz estaban rojas, incluso sus pequeñas orejas asomaban un claro carmesí.
-Por eso… ¿Podrías considerarlo? –hizo una pausa y tartamudeó- Idi… Idiota…
Hinata comenzó a reír y Kageyama estuvo a punto de molerlo a golpes.
-¡Basta! ¡Basta! –Volvió a reír- ¡No me rio de ti! -volvió a reír- Quien diría que mi primera confesión fuera a venir del rey –Kageyama frunció aún más el ceño- ¡Tranquilo! Y no sólo una vez sino dos.
Hinata rio nervioso y fue poniendo un semblante serio.
-Yo… no sé lo que siento… Si me preguntaras del beso… no creo haberlo odiado… completamente, pero… tampoco tengo ese tipo de sentimientos hacia ti… -Kagayema retomo su lugar- Pero… si tu quieres… ¿Podrías darme tiempo?
Kageyama lo observo dudoso, con las mejillas acaloradas y con el cuerpo ligeramente tembloroso. Bajó el rostro observando al mullido sillón de la sala, alzó un brazo apuntándolo hacia el pelirrojo pero encestando un puñetazo directo en el cojín que descansaba a su lado.
-¡COMO SEA! –gritó frustrado, levantándose del sillón dejando a Hinata a la expectativa, sólo observando como Kageyama se alejaba lamentablemente con su pie lastimado hacia su habitación compartida.
-¡Tontoyama! – susurró, con las mejillas sonrojadas comenzando a reír tranquilo.
XOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXOX
Después de aquel desastroso evento en el que no llegaron a nada, las cosas se habían calmado, por lo menos, para el pelirrojo. Pasando por inadvertido diariamente los sentimientos del azabache. Casualmente cruzando por su mente sólo de vez en cuando y sin mucha preocupación.
Una semana, su primera semana y nada. Absolutamente nada.
Un vacio de eventos que comenzaban a resonar con eco topando con las paredes de la vergüenza.
Kageyama comenzaba a dudar si podría con su ritmo.
-Kageyama ¿Cómo vas con la pierna? –preguntó un sudoroso Daichi.
-Supongo que mejor, la verdad ya no duele tanto como antes.
Daichi lo observó un poco ansioso.
-Es una lástima… supongo que no estarás listo para este fin de semana ¿verdad?
-Lo siento, pero no lo creó.
-Me lo suponía –Daichi miró hacia la cancha y Kageyama presintió la pregunto que se le avecinaba– Y Hinata… ¿se quedara contigo?
-Le dije que no es necesario que se quede conmigo. Es sólo un fin de semana puedo cuidarme sólo por unos tres días ¿no?
Daichi rio comprensivo.
-Claro –Daichi lo observo- pero debes convencerlo o no lo hará ¿entiendes?
-¡Sí!
-Bien, vuelvo a la práctica. ¡Animo Kageyama!
-¡Si! –Contestó fuerte y claro ante su capitán pero en cuanto se alejó relajó los músculos y suspiró.
Ya se había llegado la fecha. Era la temporada del campamento de verano y todos los integrantes del club del vóleibol estaban invitados a pasar un fin de semana en las instalaciones de Nekoma para una serie de partidos amistosos. En su condición, la idea más factible era que el joven reposara en casa. Ordenes del doctor. Pero no por eso podía darse el lujo de detener a Hinata y hacer que pasara un fin de semana en su casa atendiendo sus necesidades.
Después de todo ambos compartían un deseo "Permanecer en la cancha el mayor tiempo posible".
Y era su condena.
Tenía que dejar que el muchacho se fuera por unos días. Su pesar no era por los servicios que le brindaba el otro. Sino por la compañía que le brindaba y que por el simple hecho de tenerlo en su casa lo hacía increíblemente feliz. Y a pesar de que sus sentimientos habían sido botados al letargo del "Ya veremos" podía soportarlo, porque podía pasar horas y horas al lado del pelirrojo sin sentirse culpable.
Pero ahora, debía dejarlo ir por tres días.
Tres días en los que posiblemente Hinata se olvidaría de él y seria desplazado por una pelota de trescientos miligramos. No tenía sentido tratar de competir con la mayor afición del pelirrojo. Era como si tratara de golpear el aire. Inútil.
-¡Kageyama! ¡Kageyama! –Gritó el entrenador Ukai, sacándolo de sus pensamientos.
-¿¡Si?! -se levantó de su asiento.
-Sé que estas lastimado pero… ¿Podrías traer unos documentos que dejé en el almacén? Los necesitaré después del entrenamiento y los chicos están muy concentrados para enviar a uno de ellos.
-Claro… -contestó animado, sintiéndose útil para el equipo después de mucho tiempo.
A paso presuroso se adelantó al almacén. Encargándose de su nueva tarea. Intentando ser lo más rápido que su pierna le podía permitir.
En cuanto llego al edificio subió las escaleras y se adentró en el almacén del club. Buscando entre todos los rincones los papeles que el maestro Ukai le había encargado.
Sin mucha dificultad los encontró sobre uno de los casilleros, pero en cuanto dio la vuelta tropezó con uno de los balones que se encontraban en el suelo, haciendo un estruendo que recorrió por completo el edificio.
Se escucharon unos pasos afuera y Kageyama perdió la conciencia por unos segundos. Cuando se dio cuenta ya estaba sobre las piernas de alguien. Alguien cálido que acariciaba sus cabellos con amabilidad.
-Kageyama… ¡Kageyama!
-Hina… -trató de pronunciar.
-Kageyama –Pronuncio nuevamente- Gracias al cielo, pensé que te daría una contusión.
-Kageyama enfocó nuevamente y reconoció una figura femenina.
-¿Qui…?
-Tranquilo –pronuncio ella- soy yo…
Kageyama cerró los ojos unos segundos para aclarar su vista y enfocar a quien le hablaba.
Carajo.
Era ella.
La chica de la confesión.
Kageyama trató de reincorporarse, levantándose lentamente de las piernas de la chica con la ayuda de la misma.
-¿Te sientes bien? ¿Quieres ir a la enfermería?
-No… estoy bien -trató de levantarse pero sus piernas se lo impidieron- sheez..- rechistó.
-No estás para nada bien –ella lo tomó del brazos y lo ayudo a ponerse de pie- Vamos te acompaño.
XOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXOX
A tropiezos llegaron a la enfermería. Donde el doctor reviso a Kageyama una vez más, pero esta vez en compañía de la chica.
-Vaya chico, te sigues dando de golpes en tu cabeza ¿estás seguro que quieres seguir en ese club? -Kageyama sonrió apáticamente ante la pregunta del doctor, quien sólo atino a continuar con su diagnostico- Tu pierna se lastimo un poco, no estoy seguro que tanto, pues necesitaríamos otra radiografía, pero seguro te has ganado otra semana con esa cosa. Por otro lado lo demás sólo fue mareo por el impacto y moretones aquí y allá que no notaras en el transcurso del día.
La chica suspiro aliviada y el doctor sonrió.
-¿Tu novia? –río el doctor- que lindo que ella te haya encontrado ¡Ah, la juventud!
Kageyama trató de negarlo pero la chica comenzó a disparar palabras sin sentido interrumpiéndolo a cada segundo, sin dejarlo dar una respuesta concreta.
-Bueno chicos iré por un poco de alcohol para desinfectar los raspones de Kageyama. Esperen aquí ¿sí?
Ambos asintieron y se quedaron en silencio por unos segundos.
-Perdona pero… -comenzó a hablar el azabache- me has ayudado todo ese tiempo pero… aún no se tu nombre.
-Kana… -respondió tímidamente encogiéndose sobre el banquillo y dejando ver su rostro sonrosado.
-Gracias, Kana… -Kageyama intentó ser amable con ella, pues lo había ayudado y tampoco era como si fuera un completo insensible.
-¿Eh? ¡Ah! ¡No fue nada! -Ella levantó su rostro y movió vigorosamente sus manos de un lado a otro en un acto de nerviosismo- En verdad… -bajó sus manos y se calmó- …me da gusto haber estado ahí para ayudarte.
-¿Eh? –comentó confundido.
-¡Sí! Estoy segura que jamás habría reunido el valor para volverte a hablar si algo no me hubiese obligado. Así que estoy feliz… bueno no porque te hayas lastimado… si no que… ya sabes…
-¿Por eso ya no te había visto? –interrumpió.
La chica levantó su rostro sorprendida por la respuesta del azabache, dejando escapar una sonrisa.
-¿Me estuviste buscando?
Kageyama se sonrojó.
-¡Por supuesto que no! ¡Tonta! –exasperó.
Ella se encogió nuevamente pero volvió a encararlo dejando escapar una suave sonrisa.
-Me lo supuse… pero está bien.
-¿A qué te refieres?
Hubo un silencio y las puertas de la enfermería se abrieron, revelando la figura del doctor.
-Bueno chicos, sólo cauterizo sus heridas y son libres de seguir con su cita.
-¡QUE NO…!
-Ya, ya, ya – interrumpió el doctor y le ensarto el pedazo de algodón en la herida liberando un rugido desde el interior de kageyama.
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Ambos chicos salieron de la enfermería con rumbo al gimnasio de voleibol. Por el tiempo de su ausencia, probablemente el equipo estaría preocupado buscándolo por todos lados sin imaginarse su segunda visita a la enfermería.
Cuando llegaron al gimnasio ya no había nadie en su interior, por lo que suponía que lo estrían buscando en las aulas o a los alrededores y su responsabilidad era permanecer ahí para facilitar las cosas a sus compañeros cuando regresaran. En algún momento u otro se darían cuenta de la escena del homicidio que había dejado a sus espaldas y estrían como locos buscando su cadáver. Por lo pronto decidió sentarse en la entrada del gimnasio.
-Ya es tarde –comentó- deberías ir a tu casa… Kana.
Ella observo su celular, notando la hora y dando un ligero respingo.
-¡AH! Me fui sin decirle nada al equipo ¡Me van a matar mañana!
Kageyama observo la ropa de la chica notando el conjunto deportivo, sorprendido.
-¿Estás en un club?
-¿Eh? ¿Ah? ¡Sí! –Titubeo- estoy en el club de basquetbol… aunque… no sé si lo podrías llamar ser "parte" de él.
-¿En qué posición?
-Soy playmaker
-Entonces eres buena ¿no?
-Para nada… sólo tengo la posición porque soy la más baja y no hay nadie más para el puesto –pronunció triste, recordándole a Hinata –ser pivot sería mi sueño pero jamás podría logra…
-¡Que tiene de malo con ser pequeño! –Exasperó- Tu podrías ser pívot si quisieras.
La chica lo observó, sorprendida y comenzó a reír.
-¿Qué es tan graciosos?
-Nunca pensé recibir un regaño de ti… por algo así –rio nuevamente- ¡Tienes razón! Seré Pívot ¡Lo juro!
Kageyama asintió y ella le sonrió.
-Kageyama…
-¿Hmm?
-Escuche que tu equipo ira a Tokio por un entrenamiento ¿Tú también iras?
Kageyama entristeció.
-Con esta pierna, no puedo ir.
-¿Shoyo irá?
-Sí, por el equipo debe ir. No se puede quedar conmigo.
-¡Lo sabía! -sonrió.
-Entonces… podría… -dudó- ¿podría ir a ayudarte?
-¿Qué?
-Hmm… escuche por uno de mis compañeros que te vio con Shoyo y que supuestamente está cuidando de ti ¿es eso cierto? -Kageyama se sonrojó y frunció el seño, asustando a la chica -¡NO TE ENOJES! No lo dijeron en mal sentido. Es solo que… que si Shoyo se va ¿Quién te va a cuidar?
-No te preocupes…-contesto rápidamente- puedo hacerlo yo solo…
-Yo podría ir unas horas… sólo a ver como estas… -dijo tímidamente- …por favor… para saber que estas bien. Llámalo mi forma de pagarte por darme los ánimos para ser pívot.
-¿Eh
-¡KAGEYAMA! ¡IDIOTA! –se escuchó la voz de Hinata corriendo hacia ellos gritando a los cuatro vientos. Empujando ligeramente a Kana en el camino, sin darse cuenta. A lo que Kageyama reaccionó con rapidez tomándola de la cintura, para evitar que se cayera.
-¡Cuidado! –gritó el azabache.
-¡AAAH!
Ella se sujeto a él y se recargó en su pecho por unos segundos.
-Kageyama…
Se observaron a los ojos y ella rápidamente comenzó a tomar un color carmesí.
-¡Te veo el fin de semana! –Gritó, empujándolo ligeramente para recuperar el equilibrio. Confirmando sin su autorización de su visita, antes de salir corriendo de la escena.
Ambos se quedaron anonadados por la rapidez con la que la chica emprendía camino hacia los edificios de la preparatoria.
-¿Kana? –cuestiono Hinata.
-¿Qué tiene?
-¿Ese es su nombre?
-Eso no importa… - contesto Kageyama tratando de restarle importancia mientras revolvía los cabellos de Hinata, a lo que el pelirrojo reaccionó ligeramente preocupado. Kageyama se adelanto hacia el edificio mientras que Hinata observaba la espalda de la chica alejarse, con un visible puchero en el rostro hasta que desapareció de su vista.
XOXOXOXOXOXOXOXOXOX
El camino hacia su casa fue silencioso. Kageyama atado a su espalda en una incómoda posición mientras el pelirrojo daba lo mejor de sí para llegar a su hogar con rapidez. Estaban a tan sólo unas horas de viajar a Tokio para encontrarse con sus queridos rivales. Aunque admitía que la idea lo mantenía en éxtasis, por más que trataba de concentrarse en su añorado viaje había algo que lo estaba molestando. Un problema de 181 centímetros y que estaba complicando las cosas.
Si bien había escuchado y si sus sentidos no le estaban fallando había escuchado un "¡Te veo el fin de semana!" provenir de los labios de la recién descubierta Kana. Una chica aparentemente enamorada de Kageyama. Una chica que clamaba a los siete mares una visita a su hogar, mientras él no estaba. Lo que significaba un encuentro a solas.
Kageyama y Kana.
Sus mejillas se sonrojaron. No sabía si era emoción, coraje, celos o lo que fuera que se estuviera manifestando, pero posiblemente el vuelco que su estómago daba le daba a pensar que esa visita no significaba nada bueno.
Si comparaba la sensación en su estomago a la que le provocaba un partido era exactamente el mismo malestar. Unas ganas de vomitar llenas de nerviosismo que no se irían hasta que tranquilizara su mente.
Llegaron a su casa y la escena que se había repetido diariamente por toda esa semana parecía, desde afuera, la misma. Kageyama tomaría una ducha en lo que Hinata preparaba la cena y al terminar Kageyama prepararía la mesa en lo que Hinata tomaba su turno. Como era fin de semana dejarían los deberes para el final del día antes de dormir, verían algún programa de televisión. Probablemente pelearían antes de dormir y se irían directo a la cama listos para el fin de semana. Ignorando completamente sus sentimientos.
Se llevaron ambos paltos a la sala y decidieron ver la televisión antes de ir a dormir. Hinata tendría que madrugar pero Kageyama podría dormir hasta tarde por ese fin de semana.
-Así que…
-Así que ¿Qué? -preguntó Kageyama molesto tratando de poner atención al televisor.
-Kana…
-Sigues con ella, idiota. Es una conocida. C – O – N – O C –I- D - A… -deletreó.
-Una conocida que vendrá el fin de semana.
-Eso qué, tú estás viviendo prácticamente aquí y nadie dice nada.
-"¡ESO!" y "¡ESTO!" Son dos cosas diferentes –enfatizó el pelirrojo.
-Claro que no, apúrate y termina tu platillo idiota.
-¿Qué? ¡No! ¡Kageyama!
-¿Por qué estas tan molesto?
-¡Yo no estoy molesto!
Kageyama despegó los ojos del televisor y lo observó fríamente. Acercándose su índice y pulgar hasta su rostro con lentitud.
-¡Por supuesto que sí!- Kageyama le inserto un golpe en medio de las cejas dejando una marca entre estas- Sólo mira que arrugado tienes ahí.
Hinata tapó su frente y se acercó a Kageyama.
-Entonces… ¿A que va a venir ella?
Kageyama suspiró y volvió a posar su vista sobre el televisor.
-A lo mismo que tu… -contesto recargando su mano sobre su mentón.
-¿Eh?
-A cuidarme, idiota, a cuidarme.
-Pero ella… ¿Por qué haría algo así? –le cuestionó.
-No lo sé, ella sólo dijo que vendría a dar una vuelta. Algo de devolverme el favor… tampoco es como si la fuera a dejar quedarse a dormir… -Kageyama se detuvo antes de terminar su oración, dándose cuenta de la situación, encarando al pelirrojo para dejar escapar una ligera sonrisa terrorífica-… ¿o debería?
Hinata se exaltó, tomó un cojín y se lo aventó en la cara.
-¡Kageyama pervertido!
Kageyama se quitó el cojín del rostro y lo tiró de lado abalanzándose sobre el menor.
-¡QUIERES PELEA!
Hinata intentó empujarlo pero por el miedo a lastimarlo no aplicaba mucha fuerza, mientras que el mayor se le quedaba mirando seriamente apretándolo de los brazos para inmovilizarlo.
-¿Qué…? –Preguntó recargado en el suelo, tratando de evitar los ojos el azabache más no hubo respuesta– Kageyama… -llamó confundido al no conseguir nada.
Kageyama aplicaba más fuerza sobre sus hombros hasta que el menor se quejo.
-¡AAAH!- gritó, empujándolo a su lugar sin importar la fuerza -¿Qué te sucede?
-¡¿Qué te sucede a ti?! –Preguntó exaltado el azabache.
-¿A mí?
-¡Sí a ti! ¿Qué es lo que te molesta de que venga ella?
-¡DIJE QUE NADA!
-¡Ahí esta! -señalo el mayor- dices que nada, que nada y ahí está. Tu ceño se volvió a fruncir y levantas el tono, molesto.
-¿Qué? Yo no hago eso
-¡LO HACES!
Hinata lo observo rabioso y se levantó del suelo, tomando sus platos de la mesita de centro. Al dar unos pasos Kageyama lo sostuvo de una mano.
-¿Te gusto?
-¡EEEEEEEEEEEH! –preguntó exaltado.
-No encuentro otra razón para que te comportes así –Kageyama se recargo del brazo del menor y se levantó del suelo para estar a su altura.
-¡NO! Por supuesto que no
-Entones… le debería decir a Kana que se quede…
-Eso no…
-¿Eh?
-Entonces dime qué quieres que haga…
Hubo un silencio y de pronto un estruendo.
Kageyama tomaba de la camiseta al menor y lo empujaba hacia la pared provocando que los platos cayeran al suelo rompiéndose a su paso.
-¡EY! ¡KAGEYAMA!
-¿Qué es lo que quieres?
-¡ESO DEBERIA DECIR YO! ¿Qué pretendes con esto? –cuestionó el menor al encontrase sin salida entre la cara del azabache y la pared. Frente a frente.
Kageyama se mantuvo serio, intentando captar los ojos del menor.
-Bésame
-¿Eh?...
-Eso… que me beses
-¿A dónde se supone que vamos a llegar con eso?
-¿Me odias?
Hinata se quedó serio más no lo podía mirar a los ojos.
-No
-¿Odias a Kana?
-Ni la conozco –frunció el ceño.
-¡Ahí está otra vez!
-No es cierto -se tapo la frente con su mano derecha a lo que Kageyama reacciono tomándola con gentileza y separándola de su rostro, entrelazándola con la suya.
-Obviamente estas enojado… -Hinata no contesto nada, hipnotizado por el agarre del mayor apartando su mano de su rostro- …pero me gusta…
-¿Eh?
Kageyama se acerco a sus labios, acorralando al pelirrojo con su mano izquierda y sosteniéndolo con la derecha.
-No me des esperanzas… idiota.
Hinata instintivamente cerró sus ojos al sentir el aliento del azabache rosar con su rostro, sintiendo sus piernas temblar y sus mejillas arder. El corazón le palpitaba fuertemente y ensordecía sus oídos a lo que su cuerpo reaccionaba elevando sus talones para acercar su rostro al del mayor.
-Hinata… -pronuncio el azabache.
El menor abrió un ojo tímidamente tratando de averiguar porque tardaba tanto en llegar lo que suponía un beso, encontrándose con el rostro expectante de Kageyama.
-Yo no te voy a besar…-sentenció- …tienes que hacerlo tú.
Su cara se volvió una amapola o la perfecta representación del ojo de Sauron. Un rojo carmesí que no sabía que existía.
-¿Qué?¿ ¿Qué ¿Qué? ¿Qué? -Tartamudeó- ¿Qué diablos dices Kageyama?
-Yo no te pienso besar. Si lo hago yo no tiene caso. El que no sabe lo que siente eres tú.
-¿Qué? Por supuesto que no lo iba a hacer…
-¿Seguro?
-¡Si!
-Entonces porque sigues de puntillas…- señaló el azabache mirando hacia sus pies.
-¡EEEEEEEEEEEH! –Hinata bajó sus talones rápidamente- ¡ESO! ¡ESO…! ¡SÓLO ES!
Kageyama alzo su mano y tapo su boca recargando su nuca contra el muro, encarcelando su aliento en la palma de su mano.
-¿Entonces quieres que lo haga yo?
Hinata sintió un escalofrió y aparató la mano del mayor rápidamente, corriendo para encerrarse en el baño para tranquilizarse.
En cuanto puso el seguro deslizo su espalda por la puerta y se sentó en el suelo tapando sus labios, apretando su acelerado pecho contra las piernas que estaban convertidas en un par de espaguetis.
Lo sabía, estaba esperando por ese beso.
Tal vez más de lo que pensaba.
XOXOXOXOXOXOXOXOX
La mañana llego y como habían previsto Hinata emprendería camino hacia Tokio mientras Kageyama se quedaría sólo por el resto del fin de semana. El pelirrojo tomaba sus maletas mientras el azabache lo perseguía con la mirada recoger sus pertenencias para el corto viaje, mientras que el pelirrojo evitaba su mirada a toda costa. Apenas y si habían cruzado palabra durante el desayuno o cuando recogían el desastre que habían dejado la noche anterior en la sala.
-¿Tienes todo?
-Sí… por última vez sí ¿Ahora eres mi mamá Kageyama?
-Ya quisieras -se cruzó de brazos recargándose en la pared.
Hinata se colgó la maleta y tomó algunas botellas de agua del desayunador encaminándose a la puerta.
-Dejé comida para que la recalientes, Tontoyama –trató de sonar casual- No te metas a bañar sin sandalias o sin un casco no quiero llegar y encontrar tu cuerpo podrido y desnudo…
-No será así… -contestó cortante señalando que no seguiría su juego infantil.
A pesar de ser un cabeza hueca entendía las reacciones de Kageyama. Lo había rechazado por segunda vez, y ahora era su culpa.
Kana iría a hacerle compañía y eso no le agradaba.
Kana…
Se quedo mirando al suelo.
-¡Ey, idiota, se te hará tarde no hagas el bobo!
-¡AH! ¡Es cierto será mejor que me vaya…!
Hinata camino hacia la puerta deteniéndose en el recibidor para cambiar sus zapatos. Se levanto del suelo y sin dar vuelta atrás trató de despedirse.
-Nos vemos el lunes, Kageyama.
El pelirrojo tomó la perilla de la puerta pero antes de poder darle un pequeño giro a la manija su mano fue sostenida por la del azabache. Mientras su espalda era rodeada por el pecho del más alto, acorralando una vez más.
-¡Kageyama! –trató de darse la vuelta pero fue envuelto en el abrazo el mayor.
-Es tu última oportunidad…
-¿hmmm?
La mano de Kageyama se colaba entre sus dígitos sosteniéndola y atrapándola entre la puerta y su mano. Recargando su mejilla sobre la del más pequeño. Hinata se dio la media vuelta intentando alejar al mayor pero quedando acorralado entre su mirada seria.
-Estoy así de demandarte por acoso sexual… ¿sabes? –amenazó tímidamente el pelirrojo.
-Si no lo haces no lo sabrás… -contestó el azabache evitando por primera vez su mirada. Clavando el rostro en el suelo – sintiendo como el menor lo empujaba ligeramente.
-¡Esta bien! –dijo el menor.
-¿Eh? –levantó el rostro asombrado.
-Lo haré… -dijo evitando su mirada.
-¿Seguro?
-hmmmm… mmm… si…-respondió dudoso.
Kageyama quitó el agarre que encarcelaba al menor a lo que Hinata reacciono dándole la cara.
-Pero… -continuó.
-¿Si?
-Cierra los ojos…
Kageyama se sonrojo, apretó los labios tratando de ocultar su emoción y cerró los ojos.
Hinata lo observo unos segundos, dudando por última vez si lo que estaba haciendo estaba bien, pero antes de que se diera cuenta ya estaba tomando la camisa del mayor. Rodeando con sus brazos su cuello.
-Agáchate un poco… -pronunció en voz baja.
A lo que Kageyama atendió rápidamente.
-No respires tan fuerte tampoco.
Kageyama abrió los ojos y se tapó la nariz, avergonzado.
En acto reflejo puso sus manos sobre los ojos el mayor casi empujándolo hacia atrás a lo que Kageyama reacciono enojado.
-¿Qué haces idiota?
-¡Lo siento! ¡Lo siento! -repitió asustado- ya, ya, cierra los ojos.
Kageyama lo observo y se inclino sobre el menor acercando su rostro para que lo pudiera alcanzar. Hinata alzo nuevamente los brazos alcanzando su camiseta y acercándola a su cuerpo mientras que el contrario lo rodeaba con sus brazos por la cintura.
Poco a poco fue pausando su respiración así como la de Kageyama dejaba de causarle cosquillas sobre el rostro. Cerró sus ojos al igual que el azabache, inclinándose lentamente.
La habitación estaba en silencio solo se podía escuchar el "tick tack" del reloj analógico que colgaba desde el pasillo.
Sus labios estaban a punto de tocarse. Las piernas le temblaron nuevamente. Trago saliva y se levanto sobre sus puntillas sintiéndose avergonzando de sí mismo a lo que sus orejas ardían sin control. El tiempo se había detenido no había marcha atrás unos milímetros más y sus labios estarían unidos.
-Kageyama -se escuchó en una voz ajena- ¡Kageyama!¡Estas? –la voz resonó mas cerca y alguien abrió la puerta abruptamente separando al dúo de su abrazo.
-¡Bueno ya me voy! –declaró nervioso colocándose las maletas con rapidez.
-¿Shoyo? –dijo la chica, tratando de evitar al misil en el que se había convertido el muchacho.
-¿Eh? ¡Ah! ¿Qué tal? ¡YA ME VOY KAGEYAMA! –Hinata ato rápidamente sus agujetas y salió corriendo de la casa del azabache sin mirar atrás.
Kana se quedo observando al pelirrojo montar su bicicleta rápidamente sin decir mirar atrás o sin siquiera despedirse apropiadamente.
-¿Se le hizo tarde? -Preguntó la chica observando a Kageyama, quien se encontraba sin aliento recargado en la pared inmóvil.
-Sí… se le hizo tarde.
XOXOXOXOXOXOXOXOX
Waaaaaaaaaaaaa~
Estoy lista para que me claven las antorchas y las trincheras en los ojos y en el estómago por lo mucho que me tarde :c ¡Lo siento!
Pero de verdad no tuve ni un segundo para escribir: Me dio un gripon que me mando a la cama por toda una semana *llora porque paso el 24 en cama mientras su familia comía tamales en felicidad* Luego me fui de vacaciones con mi familia y no tenía ni internet ni laptop y ya que regresé me apuré con muchas cosas de la graduación que tenía atrasadas :c pero dejemos de lado el blahblahberio personal, de verdad lo siento y por eso quise redimirme con un capitulo especialmente largo y con mucha tensión setsual para ustedes :P
Ese Kageyama ya le robo muchos besos a Hinata
(Espero que no me odien por meter un Oc pero sólo es por méritos de drama :P después se ira lo juro)
Muchas gracias a las que me dejaron un review 3 y todos los follows y favs ¡Ya somos muchas! Me da mucho gusto que la historia les está gustando, prometo que ya voy a volver a actualizar seguido, sólo el trabajo me lo permita.
Espero se hayan pasado bonitas fiestas y que este año esté lleno de muchas alegrías para todas ustedes.
BESOS :3
Espero sus comentarioooos :3
