Particularmente no creía subir un capitulo hoy, pero heme aquí con un capitulo mucho más largo que el anterior. Tal vez aun me sienta culpable por dejar la historia colgada así como así casi por un mes (I know how that feels). Por un momento pensé en cortarlo en dos para darme un poco de tiempo para escribir, pero no tuve el coraje para hacerlo (aparte de que no supe donde cortarle -*se da un golpe en el escritorio*-).

Sin más los dejo con el fic (es la primera vez que dejo una nota antes del fic pero es que asfdsafdsafdsa *convulsiona* estoy muy feliz por todos los reviews ¡Gracias! *les avienta confeti*

Bueno ya las dejo con el capitulo y continúo al final.

Kissus

-XoxoxoxoxoxoX-

HAIKYUU!

ORANGE JUICE

Capitulo 6. Derrotado

Tres días habían pasado desde la última vez que se vieron, estaba listo para volver, o eso creía, se sentía nervioso pero al mismo tiempo la ansiedad era más fuerte. El campamento no había ido como lo tenía planeado, o sí, no estaba muy claro. Por supuesto que habían tenido partidos increíbles y divertidos, y no podía remplazar los momentos que había compartido con Kenma a quien sólo podía ver en aquellos campamentos o cuando decidían intercambiar una llamada por skype o por mensaje de texto. Las noches en la posada, junto con Tanaka y Nishinoya eran para partirse de la risa y el aprendizaje que había obtenido mediante la experiencia de un partido retador era invaluable.

Un viaje que valoraba infinitamente pero que no se sentía igual.

A lo largo del viaje y durante toda su estadía en Tokio le recordaron a su setter y no sólo a él, al equipo completo quienes lo extrañaban. Todos se sentían incompletos a pesar de que Sugawara hacia un trabajo excelente como armador, todos se llevaban un pedazo de tristeza al saber que su compañero de batalla no se encontraba en la cancha para ayudarlos a ganar.

No se sentía igual, comenzaban a ser un engranaje bien ajustado y les pasaba esto, no los culpaban. Todo había sido un accidente pero les faltaba una parte de su cuerpo; Como cuando duras sentado en la misma posición por mucho tiempo y la pierna se te adormece. La puedes seguir usando pero simplemente no puedes empujarte a hacerlo, porque la sientes separada de tu cuerpo y por más que intentas debes esperar hasta que la sangre vuelva a fluir.

El sentimiento era general pero quien más lo resentía, quien más se renegaba a admitirlo: Era Hinata.

Aunque lo trató de ocultar, por más que intentó aparentar que se divertía y que su mente estaba fundida con la madera del suelo y el hilo de la red, todos podían ver que no estaba ahí. Que su mente estaba dispersada en otro lado y todos sabían dónde estaba ese lugar.

Se recargo en la ventana del autobús, tratando de enfriar su mente con el empañado cristal. La mayoría de sus compañeros estaban dormidos en sus asientos, donde sólo se escuchaban las risas de Nishinoya y los susurros de Tanaka diciendo "Píntale una uniceja, Noya, una uniceja" probablemente molestando a Asahi; quien sólo se deprimiría por dejar que se metieran con él a pesar de ser mayor, pero más tarde serian reprendidos por Suga o Daichi y se haría justicia. En el peor de los casos el reprendido sería Asahi por ser tan débil de corazón.

Comenzó a golpear su frente contra el vidrio mientras apretaba el balón a su estomago, dejando que las mejillas se le sonrojaran por el contraste de temperaturas.

Las gotas de lluvia que se corrían por las ventanas no le daban un buen presentimiento y el que Kageyama no contestará ninguno de sus mensajes de texto durante todo el fin de semana lo tenían al borde de una crisis nerviosa.

Checó por última vez su celular, intentando aparecer en la pantalla mágicamente un mensaje de texto por parte del azabache pero no había nada. Observó por última vez a su alrededor, sonriendo un poco por la uniceja que adornaba el rostro del as de Karasuno. Suspiró y se acorrucó bajo el jersey que llevaba consigo. Uno extra y de algunas tallas más grande que había empezado a usar de frazada.

Uno con un aroma muy diferente al suyo.

-XoxoxoxoxoxoX-

El autobús se detuvo en las instalaciones de la escuela, dejando que los chicos estiraran las piernas y emprendieran camino a casa. Sólo había algunas aulas encendidas junto con las oficinas de maestros, iluminando escasamente el lugar. Eran alrededor de las 10:30 de la noche, y aunque su mamá insistió en recogerlo en el auto a la hora que fuera necesario, este se negó alegando el hecho de que su bicicleta se encontraba ahí y que no había lugar para ella dentro del carro. Siendo un muchacho muy testarudo su mamá aceptó con la condición de que llegara antes de la media noche.

Se despidió de sus compañeros y tomó su bicicleta que había dejado aparcada desde el viernes. Acomodó su maleta en el banquillo trasero justo para empezar a pedalear por el suelo mojado, desesperado por llegar a su destino. No le importaban las manchas o el agua sucia empapándole los talones en el jersey, mucho menos lo resbaladizo del suelo. Él continuó pedaleando hasta encontrarse con la intersección que lo llevaba a su casa o a la del azabache. Ajustó su dirección y continuó por ese camino sin detenerse, sólo iluminado por la pequeña lamparita nocturna que le había integrado hace años a la bicicleta.

Unas casas antes de llegar a su destino se detuvo, bajando de esta para continuar el resto caminando. Lentamente los dientes de la cadena comenzaron a hacer ruido de forma más cronometrada, cargando sólo el peso de su gran maleta. Apagó la lucecilla pues las calles comenzaban a estar iluminados por las luces mercuriales y ya no era necesaria.

Sus pasos eran lentos y temerosos. Estaba a sólo unos metros de la casa del azabache, donde sus piernas traicioneras lo habían llevado sin consultar si quiera por permiso en su propio hogar.

"Sólo vine por el uniforme, el uniforme" se repetía una y otra vez mentalmente mientras más se acercaba. Esa era la excusa que le daría tanto a su madre como a Kageyama.

Escuchó las llantas de un coche acercarse a sus espaldas, obligándolo a subirse a la acera. Lo observó moverse lentamente enfrente de él como si buscara una dirección en específico, deteniéndose justo enfrente de la casa del pelinegro.

Las luces del patio se encendieron y el rechinar de la puertilla oxidada de enfrente resonó. Instintivamente se escondió detrás de un poste de luz, un poste que no era de mucha ayuda pero que disfrazaba un poco su presencia.

-¡Kana! -gritó una voz masculina- …tu mamá está aquí.

Su piel se enchinó, era la primera vez que escuchaba la voz del azabache en tres días y por alguna razón le provocaba cierto calor térmico que se subía hasta sus orejas. Podría estar lejos pero la reconocía.

-¡Mamá! –Dijo la voz femenina, apresurada rodeando el automóvil moviendo su mano animosa- ¡Nos vemos mañana Kageyama!

-¡Cuídate mucho Kageyama! –Anunció una voz adulta, desde adentro del auto– si necesitas quien te llevé mañana envíale un mensaje a Kana.

-Sí, gracias… pero… -respondió con una sonrisa amable y pronunció unas últimas palabras que no logró comprender completamente.

Algo en su estomago se revolvió. Podía enviarle un mensaje a esa chica y regalar esas tontas sonrisas para ella, pero a él no ¿Cómo se supone que lo quería más a él?

El coche oscuro arrancó, mientras Kageyama observaba desde la entrada como se alejaba por la calle poco a poco hasta desaparecer.

Volvió a mover su bicicleta revelando su escondite, para su suerte el pelinegro no lo había notado hasta ese momento. Antes de que pudiera cerrar la puerta de madera asomó su cabellera anaranjada por la barandilla de oxidada.

-¡KA-GE-YA-MA! –canturreó, tratando de sonar juguetón pero en su tono se mostraba algo de molestia. Ocultando el hecho de que había presenciado a la chica salir de su casa hasta ese momento.

-Oh…

-¿Qué pasa? ¡¿Por qué suenas tan desanimado?! –preguntó el chico desde la acera.

-No es eso, es sólo que pensé que llegarían hasta mañana o hasta después de clases –contestó de forma casual, extrañamente más tranquilo de lo que esperaba. Caminó hasta la barandilla y le abrió la puerta- De hecho pensé que hoy dormirías en tu casa de cualquier manera.

-¿No le darás posada a este humilde peregrino? –Kageyama lo vio con cara de pocos amigos, frunciendo el entrecejo- Es broma, es broma, sólo vine por el uniforme. Recordé que todos me los dejé en tu casa después de que… -Hinata hizo una pausa antes de soltar las palabras que intentaba evitar- ¿Es que acaso no me querías ver?- cambió el tema drásticamente.

Kageyama desvió la mirada y empujó al menor con la muleta al interior del patio.

-Sabes que sí… -respondió nerviosamente, apretando los labios de emoción.

La nuca de Hinata tuvo un pequeño escalofrió recorriéndole la piel desnuda que era acariciada por el aire que se colaba entre sus cabellos y la ropa, junto con la sensación de tener al azabache a sus espaldas. Trató de ignorar el comentario mostrándose ocupado al intentar acomodar la bicicleta en el patio.

Los dos caminaron al interior, donde Hinata aventó los zapatos pero sin dejar la mochila que aun colgaba en su espalda.

-Te ves muy bronceado… -comentó el armador- ¿Jugaron afuera en el sol o algo? –Kageyama se acercó a su rostro acariciando un poco sus mejillas descarapeladas.

Hinata abrió los ojos nervioso y con la velocidad de la luz intento buscar una forma de alejarse del contacto del más alto. Escogiendo a su paso la peor forma.

-S…Sí ¡Claro! Pe… pero eso lo sabrías si me hubieras contestado alguno de los mensaje que te mande… -el chico apartó la mano de su rostro y comenzó a caminar- …pero veo que no tuviste ni un segundo para contestarme… ¿Encontraste con quié… -se detuvo para reformar la pregunta- …que diga, con qué divertirte por lo que veo?

Kageyama frunció el ceño intuyendo a lo se refería el pelirrojo, molesto por la implicación del comentario.

-Y bien… ¿A qué viniste en realidad? –preguntó nuevamente, claramente enojado.

-Ya te lo dije sólo por el uniforme ¿Tanto así quieres que me vaya? –dijo el menor sin mirarle a la cara, recorriendo con sus grandes ojos avellana cada esquina del hogar.

-Con ese tipo de acusaciones… ¿Qué es lo que intentas encontrar?

-Nada, nada, mi ropa y mis cosas… eso es todo… -intentaba ser convincente pero sus palabras se enrollaban en su lengua y le evitaban tener una conversación afable con el azabache. Sacando lo peor de sí.

-Si es sólo eso, porque no tratas de buscar en el cuarto… -Kageyama hizo un gesto como si recordara algo que deseaba ocultar y se apresuro a cambiar la frase- …espera aquí y te lo trae…

-No… ¡No! Yo voy por ellas –interrumpió, oliendo lo que el más alto intentaba esconder de él.

-¡Hinata! –Regañó, intentando alcanzar con su pierna lastimada al pelirrojo- ¿Qué tienes? Vienes muy extraño… ¿Sucedió algo en Tokio?

-¡Mucho sol! –dijo enojado, ignorando al azabache.

El chico caminaba hacia la habitación sin siquiera mirar al armador, como si quisiera encontrar las pistas de una asesinato y en frente tuviera al culpable.

-¡Hinata!... tcch –respingó él mayor enojado al tomarle del brazo para acoplarse con dificultad, lastimándose la pierna por la presión que aplicaba al caminar rápido.

Hinata apartó la mano sin mirarlo y siguió caminando hasta la habitación. Kageyama no lo siguió. El pelirrojo estaba molesto, más de lo que se dignaba a admitir, tanto que no podía mirar al azabache a los ojos. Tanto, que no podía dejar de mirar a su hogar como si hubiese sido ultrajado.

-Sólo vine por mi ropa… no estoy buscando nada… -contestó monótono como si de una grabación se tratase.

Kageyama no contesto nada, sólo observo caminar al pelirrojo por el pasillo, resignado. Sin querer había metido la pata hasta al fondo, literal y figurativamente.

Hinata continuó y escuchó como las pisadas del más alto se detenían a sus espaldas para alejarse por las escaleras.

Abrió la habitación y se encontró con lo que sospechaba un futon bien doblado y el aroma de alguien diferente flotando por la habitación. El olor a perfume infantil. Las mejillas se le coloraron y los músculos se le tensaron.

Ella sí se había quedado a dormir como sospechaba.

Rebuscó entre el closet, metiendo su ropa rápidamente. Empujándola dentro de la maleta con odio sin importar si se doblaba o mezclaba con la sucia.

Salió de la habitación y lo primero que hizo fue buscar al azabache por toda la primera planta, dándose por vencido al tener que subir las escaleras hasta la habitación del armador.

-Ya me voy… -dijo desde la entrada.

-Hasta mañana… –contestó desganado, leyendo una revista que tenía en su habitación, restándole importancia a sus palabras.

El pelirrojo retrocedió sobre sus pisadas, sin cerrar la puerta del mayor.

-Cierra la puerta al salir…

Apretó los dientes, sintiendo como el acido se acumulaba en su pequeña bilis, tomó la perilla y le encestó un portazo desde afuera de la habitación.

-¡LO SIENTO! –gritó enojado.

-¡EY! –gritó Kageyama levantándose del escritorio con dificultad, intentando alcanzarlo- ¡Hinata! ¡Idiota, que te detengas! –gritaba molesto.

-¡¿Para qué?! –volteó el menor, unos escalones más abajo del azabache haciéndolo lucir más pequeño de lo normal.

-¡¿Qué es lo que te sucede?! –preguntó calmando su voz.

Hinata dejó caer la mochila sobre la madera y apretó la correa de esta con fuerza para arrastrarla por los escalones hasta quedar en el mismo peldaño.

-¿Por qué…? No… ¿Qué hacía ella aquí?

-¿Eeeeh? –Dijo incrédulo- ¿Estas así por eso? Eres increíble Hinata…

-Si no me vas a decir da igual si me voy….

Kageyama tomó su mano antes de que decidiera bajarse.

-Ella sólo vino a checar como estaba, sólo eso.

-¿Y el futon?

Kageyama vaciló un poco pero de igual forma contestó.

-Ella se quedo ayer… pero… Hinata, estaba llov…

Hinata tomó la correa y se colgó la mochila caminando cuesta abajo hacia el pasillo.

-¡Ey!¡Ey!¡Ey!

-Es suficiente… Ya me voy… quizá así le puedas enviar un mensaje para que venga por ti mañana… -Hinata volteó a verle e infantilmente le sacó la lengua, desquiciando a Kageyama con su actitud tan infantil.

-Hinata…

El chico caminó hacia la puerta sin mirar atrás pero sabía, en su interior, que Kageyama lo perseguiría aunque le cortaran la pierna al día siguiente.

-No paso nada…

-¿Hmmm? A mí no me debes dar ningún tipo de explicación…

-Entre ella y yo… nada de nada… -intentó calmarlo, antes de perder la última gota de paciencia que le quedaba.

-No me importa… -contestó molesto.

-No te creo nada…

-¡NO ME IMPORTA! –gritó enojado.

Kageyama tomó ambas muñecas y lo empujó a la pared obligándolo a encararle.

-Si eso es verdad… si es verdad ¿Por qué me gritas? ¡¿Eh?! ¿Por qué te enojas? ¿De qué me estas tratando de culpar si no me quieres?

Hinata observó al suelo irritado, sin saber cómo contestar aquellas preguntas con sinceridad.

-¡No lo sé! ¡Tontoyama! ¡No lo sé! –respondió irritado, empujándolo con sus muñecas para soltarse de su agarre y dirigiéndose a la puerta más confundido de lo que había llegado.

Dio unos cuantos pasos, pero al sentir como su camiseta era ligeramente estirada por la espalda se detuvo.

-Hinata… ¿Por qué me tratas como si te gustara y luego te alejas…?

Hinata se mantuvo en silencio hasta que decidió encararlo, sus mejillas estaban rojas y su cuerpo temblaba de miedo.

-Yo…

Una luz incandescente atravesó las cortinas, reflejándose en todas las paredes de su hogar, distrayendo al par de adolescentes. Se escuchó un auto derrapar, seguido del sonido de alguien intentando abrir el pequeño portón a toda velocidad.

-¡Tobio! –Se escucho a través de la madera de la puerta-¡Tobio!

Alguien repetía una y otra vez intentando abrir la puerta con unas llaves, nerviosamente chocando contra la perilla una y otra vez, hasta darse cuenta que la puerta ya estaba abierta.

-¡TOBIO! –gritó la madre por última vez antes de entrar por la puerta a abrazar a su hijo. Ignorando la presencia del pelirrojo- ¿Por qué no me llamaste? ¡Eh! –La mujer reclamaba mientras jaloneaba una de las mejillas del azabache- ¿Qué fue? ¿Una fractura? ¿No me digas que jamás volverás a jugar voleibol? ¡Mi hijo! –Gritaba eufórica- ¡MI HIJO, NOOOOOO!

-Mamá eso no…

La mujer sintió la presencia del pequeño Hinata, apartándose del mayor.

-¿Quién eres? –Cuestionó la mujer- ¿Serás acaso un amigo de Tobio? ¿Amigo de Tobio? ¡TOBIO! –mencionó con una sonrisa.

La mujer volvió a abrazar al muchacho.

-¡Mamá! ¿Qué haces aquí? –preguntó avergonzado.

-¿Cómo que "Qué" hago aquí? ¿No es obvio? Tu maestro… ¿Cómo se llamaba? ¿Uka…i? Me marco hace dos días desde Tokio para saber cómo te estaba yendo con la recuperación. Puedes creer mi sorpresa al escuchar que mi hijo estaba lastimado y yo sin enterarme… y luego menciono algo que de un compañero estaba cuidando de ti… -La señora observo al pelirrojo- ¿Podrías ser acaso tú? -La mujer le dio un ligero golpe a Kageyama- pero que muchacho tan más lindo… –La señora acaricio sus cabellos anaranjados de la misma forma en la que Kageyama jaloneaba de su cabeza con rudeza cuando se enojaba, pero de forma más gentil.

-¿A quién le debo las gracias?

-¿Eh? ¿Ah? ¡Sí! Mi nombre es Shoyo, Hinata Shoyo ¡Mucho gusto!

-Vaya, gracias, no pensé que Tobio tuviera tan buenos amigos en la preparatoria y uno tan dedicado… - la señora regresó la mirada a su hijo- ¡Deberías darle las gracias de rodillas! Pero ya lo harás cuando te mejores -sentenció.

Las mejillas de Kageyama estaban rojas, tanto que el color escarlata le recorría hasta la punta de las orejas.

-No es necesario…

-Claro que si… pero ya no te preocupes más, ya estoy aquí, así que ya no tendrás que cuidar de él ¿Necesitas quien te lleve a tu casa? –señaló la mujer levantando las llaves del auto.

-¿Qué? ¡No…no no! Me vine en bicicleta y ma…mañana iba a venir por kageyama.

-¡Que cosas dices! Gracias Hinata pero desde mañana yo llevare a Tobio a la escuela. Será mas cómodo para ambos y esas cosas… así es como debe ser. Me asegurare de enviarle un regalo a tu familia por todo lo que hiciste por nosotros.

Hinata asintió en silencio, escuchando el sin fin de palabras que la animosa madre del azabache no dejaba de canturrear.

Y así como así, antes de que lo supiera, lo habían echado, amablemente, de la casa del azabache "premiándolo" por su amabilidad. Todo había quedado sin resolver, absolutamente nada, peor aún, sin una posibilidad de un reencuentro hasta nuevo aviso.

Incluso peor… ¿Qué es lo que se supone que le iba a decir con ese supuesto 'Yo…'?"

Maldición.

-XoxoxoxoxoxoxoX-

La campana del almuerzo sonó y Hinata se levanto decidido de su pupitre, resolvería las cosas de una buena vez por todas. Tomando el valor necesario hacia el aula del azabache, la cual estaba a sólo unos metros de distancia de la suya.

La noche lo había ayudado a volver a sus sentidos, brindándole la obligación de disculparse con el mayor. Después de todo, Kageyama se había explicado con él, aún y cuando no era necesario aún y cuando él no tenía ninguna razón para mentirle, ni una sola. Después de todo, su relación había empezado a base de una confianza ciega. Claro, hablando de voleibol, pero tal vez podía aplicar en muchas cosas más si lo pensaban más profundamente. Se sentía obligado a solucionar un poco de lo que habían dejado pendiente, ya que gran parte se debía a su propia sensibilidad del momento.

Se detuvo en la entrada y se asomó dentro del aula, encontrándose con el asiento vacío de su compañero.

-¿Hinata? –Preguntó un muchacho dentro del salón- ¿Será… que buscas a Kageyama?

-Hmmm… sí… ¿Fue a las maquinas de afuera?

El chico movió sus manos de un lado a otro negando.

-No, para nada, una chica vino por él y se fueron a comer… su novia ¿quizá?

Hinata trato de reír, pero sólo pudo soltar un bufido irritado.

-No lo es…

-¿Seguro? Se veían muy cercanos… aunque estoy seguro que jamás la había visto…

-¡No lo son! –repitió molesto y se alejó del salón apresurando el paso hacia el lugar más alejado de la sociedad: La azotea. Sabía que muy pocos chicos se asomaban por ese lugar últimamente, porque el sol pegaba muy duro en la mañana pero si era así, era mejor para él. Solo tendría que recargarse en la parte sombreada y comer su almuerzo sin que nadie lo molestase.

"No me molesta" es lo único que podía repetirse una y otra vez, intentando consolarse a sí mismo.

Llegó al lugar y como había predicho el espacio estaba casi desértico. Sólo un grupo de chicas se asomaba por las orillas de la azotea mientras extendían una manta en el suelo para sentarse. Al parecer compañeras de su mismo grupo. Las chicas lo saludaron animosas por lo que decidió acercarse a saludar.

-¿Comerás solo Hinata? –cuestionó una de ellas, mientras desenvolvía su tupper.

Rio un poco y afirmó ligeramente con la cabeza.

-¿Enserio? ¿Kageyama estaba enfadado contigo o algo? –una de ellas le dio un codazo mientras partía sus palillos para comenzar a comer.

-No es así… -contestó desanimado- ya saben… el no puede subir… por la pierna.

-Ohh… es cierto -le dio la razón sin cuestionarlo más.

-Bueno, si es así ¿Por qué no comes con nosotras? Ya estás aquí después de todo ¿no?

-¿Seguras?

-¡Claro! ¡Claro!-gritaron al unisonó sonrientes.

-Siéntate aquí, que hay mucho espacio en la sombra –indicó una de ellas.

Hinata sonrió pues a pesar de sentirse molesto y desear un poco de soledad, necesitaba estar rodeado de gente que lo ayudara a olvidar sus problemas y aquellas chicas eran lo suficientemente alegres para lograrlo.

Las chicas lo incluían en sus conversaciones e incluso lo hacían atragantarse con la comida mientras le ponían nervioso con sus preguntas y la charla de chicas donde no se medían con sus palabras o los temas de conversación. Sabía que las chicas se sentían cómodas en su presencia porque lo veían como un personaje "lindo" pero no entendía hasta que punto hasta ese día. Terminó su comida y decidió mantenerse al margen sólo escuchándolas reír, como una terapia para sí mismo.

-Ey, ya escuchaste… -comentó una de ellas.

-¿Lo de la chica de la clase B? –intuyó la otra.

-Sí, sí la de basket… Vaya que tiene suerte… pero las cosas le salieron demasiado cómodas ¿no crees?

-Que envidia… Dicen que se quedo todo el fin de semana en su casa, seguro hicieron cosas prohibidas.

Las orejas de Hinata se erizaron y como si se tratara de un perro comenzó a moverlas atentamente.

-¿De quién hablan? –en cuanto soltó la pregunta se arrepintió instantáneamente.

Las chicas comenzaron a reír nerviosas olvidando la presencia del pelirrojo, pero sintiendo inofensivo continuar con el cuchicheo.

-¡Hinata! Pero si tu eres amigo de él… seguro lo debes saber todo… ¡No te hagas el que no! Si por eso estas aquí ¿no?

-¿De quién? –intentó sonar ignorante.

-Kageyama y ya sabes ¡Debes de saber! –aseguró.

-¡Kageyama y Kana! ¿Los has visto? Jajajaja ¡por supuesto que sí. Eres su mejor amigo después de todo.

-Sí, sí –afirmó- ¿Qué no es eso por lo que estas comiendo solo hoy? ¡Y no digas que no!

-Es muy considerado de tu parte dejar que tu amigo disfrute del almuerzo con su novia… –La chica lo tomó de los hombros y elevó un pulgar en señal de aprobación– ¡Bien hecho, Hinata!

-Ellos no están saliendo… -susurró molesto- y tampoco se quedo todo el fin de semana en su casa.

-¿Qué no? –dijeron confundidas.

-Por supuesto que no… –comentó- Kageyama…

-Estas ¿seguro?... –preguntó una de las chicas. Una que estaba recargada en la barandilla de pie, mirando hacia las canchas en el primer piso.

-Kageyama… no es bueno con las chicas…

Ella aparto la vista del suelo y observó a Hinata confundida, balanceando su cabeza hacia la izquierda.

-¿Entonces qué es eso? –señaló la chica hacia abajo.

Hinata se levantó del suelo, caminando hacia la posición de la chica. Asomó su melena naranja entre los alambres cruzados de la barda al lado de la chica, sosteniéndose del alambrado con ambas manos.

Sus ojos avellana se abrieron de par en par. Sabía que Kageyama se había ido con ella, varios chicos de su salón lo habían visto y se lo habían dicho, pero muy dentro de su mente quería omitir la realidad y creer que Kageyama se encontraba solo rondando por las maquinas expendedoras pensando en el voleibol.

Pero ahí estaban, sentados en las banquillas. Uno al lado del otro compartiendo el almuerzo, enfrascados en una entretenida conversación.

El rostro de Kageyama estaba serio pero claramente relajado.

Apretó los alambres y se volteó bruscamente, sentándose en el suelo con agresividad.

-¡Están equivocadas!

La otra chica se sentó y se observaron entre ellas.

-Si tu lo dices… -trató de continuar una de ellas- supongo debe ser verdad… pero…

Entre ellas compartieron risas nerviosas.

-Hinata… pero… sabes... –insistió la que se acababa de sentar- dicen que ellos ya pasaron la noche juntos… y Kana no lo ha negado…

Hinata la observó, intentando decir algo para desmentirlo pero nada llego a su mente, pues era verdad. Estaba furioso. Porque él sabía que era cierto, que no tenía forma de decir que no había pasado. Aparte todos sabían que Kageyama estaba viviendo solo por el momento, mientras sus padres estaban fuera, cosa que había cambiado en el momento menos oportuno.

-¡NO PASO NADA ENTRE ELLOS! –gritó enojado, cosa que sus compañeras jamás habían presenciado. No del pequeño Hinata.

Todas dieron un saltillo y se apartaron del camino del pelirrojo quien se había levantado para salir de aquel lugar. Empezó caminando, caminando rápido, corriendo, cada vez se movía más y más rápido sin mirar a su alrededor.

La cabeza le hervía.

Corrió por las escaleras, tratando de evitar a los estudiantes que se le cruzaban en el camino pero fallando miserablemente en algunas ocasiones, empujando tanto chicos como chicas, quienes soltaban maldiciones a su paso. Al llegar al primer piso una pisada en falso le costó una colisión que provoco que un chico tirara todo su almuerzo sobre unos chicos de tercero, quienes cayeron al piso empujando un bote de basura.

Se levantó del suelo y desapareció del lugar antes de que lo pudieran reconocer, tenía una excelente condición física por lo que salir de ahí no fue gran problema. Escucho algunas risas a lo lejos, preocupándolo. Observó rápidamente a su alrededor descubriendo a sus superiores quienes seguían limpiándose la ropa en el suelo. Su cabeza le iba a estallar, maldijo internamente y deseó que no le pasara nada el chico con el que había chocado, abandonándolo a su suerte. Después lideraría con las consecuencias de ser necesario.

Tan rápido y como pudo continúo corriendo hasta llegar al gimnasio. Escuchó gritos a sus espaldas, seguido del estruendo de algo muy grande, pero no hizo nada.

Esperó en el gimnasio hasta que las clases terminaron, encerrándose en el almacén donde no pudieran verlo. Se subió sobre una de las colchonetas y se durmió, esperando por el sonido de la campana.

No sabía que había pasado después de la colisión, pero comprendía que no se trataría de nada bueno.

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

Al despertar corrió de nuevo a su salón buscando por su mochila y su maleta, cambiándose justo a tiempo para llegar a la hora del entrenamiento. Dejando a sus compañeros con muchas dudas sobre su ausencia.

Las chicas con las que había almorzado ahora le evitaban. Suspiró resignado, pensando en cómo compensarlas por su actitud en un futuro.

Dentro del gimnasio se comenzaban a escuchar las pisadas de sus compañeros dando vueltas alrededor de la cancha, mientras algunos ya estaban terminando los estiramientos.

No había ni pista del azabache por lo que Hinata se encontraba distraído, anonado por la presencia de la puerta cerrada de par en par, esperando que se abriera para revelar la figura del mayor. A su lado Nishinoya y Tanaka mantenían una conversación sobre algo serio.

-¿Enserio los mandaron a todos detención? –preguntó Tanaka.

-¡Incluso al de nuestro curso!

Tanaka estruendo una risa.

-Pobres imbéciles, como quiera se lo merecían –Tanaka se limpiaba las lagrimas- Te lo digo Noya, esos idiotas se lo ganaron. Un ángel castigador les dejo caer todo el karma, literalmente.

-Sí pero el pobre de...

-¡Hinata! -gritó Sugawara- ¿Podrías recoger todos los balones y ponerlos en el depósito? Vamos a empezar a rematar.

-¡Osu! –contestó animado, sin terminar de escuchar la conversación de sus amigos, quienes balbuceaban algo de un tercero desaparecido y algo de un plan para castigarlo.

Detención y pelea. Se había metido en un problema enorme.

Dio varias vueltas por el edificio hasta que por fin y quince minutos tarde el azabache se mostró en la entrada.

-¡Kageyama –gritó energético, olvidándose de su actual problema. Kageyama lo observó de pies a cabeza, poniéndolo nervioso, pero por su propio bien decidió ignorar el gesto continuando con la conversación- Pensé que no ibas a venir… ¿Por qué no te has cambiado?

Kageyama se acercó a él sin decir nada pasando la mano por el cuello de su camiseta, y acariciando su mejilla. El chico se sonrojo al ritmo que las palpitaciones de su corazón se aceleraban.

-Idiota, tienes la camiseta al revés y la marca de la colchoneta en el rostro ¿Te quedaste dormido en el almacén?

Kageyama retiró su mano y siguió su camino mientras Hinata observaba nervioso la ausencia de las letras impresas en el frente de su camiseta. Avergonzado se quitó la ropa rápidamente para acomodarla de manera apropiada. Para cuando termino observo a Kageyama entregar un papel al entrenador Ukai e inmediatamente extender una reverencia. A su lado Daichi intentaba sonreír.

-Es una lástima… pero que se le puede hacer… -Kageyama se enderezó y escuchó las palabras del entrenador- …Si el doctor lo dice será mejor hacerle caso.

Hinata se quedó en su lugar escuchando, intentando disimular su ausencia en la cancha al tardar más en recoger los balones que se encontraban alrededor de sus compañeros, fingiendo que se le resbalaban de las manos sólo para recogerlos nuevamente e infiltrarse en la conversación.

-Sí, será lo mejor… Si es para que te recuperes más rápido no tenemos ningún problema.

-Gracias por entender… -finalizó el azabache dando una última reverencia.

-No hay de que Kageyama…

-¿Tu mamá ya te está esperando? –interrumpió el platinado.

-Sí, ella está afuera esperando en el auto.

-Bueno… espero poder vernos aunque sea por los pasillos de la escuela. Cuando tengas los resultados avísanos ¿sí?

-Claro…

-Cuídate mucho, Kageyama, que te necesitaremos para las nacionales –se despidió Ukai sonriéndole al menor quien contesto con un fuerte "¡Osu!".

Sus compañeros regresaron a la práctica mientras que Kageyama se dirigía a la salida. Hinata rodó un balón hasta sus piernas y corrió hacia él, quien lo miraba sorprendido.

-¿Qué sucede Kageyama?

-Ya te cambiaste la camisa…

-Ahhmmm… ¡sí! -carraspeó- ¿Te vas?

Kageyama se sonrojó un poco y pasó una de sus manos por su nuca.

-Sí… -afirmó haciendo una pausa y sin mirarlo directamente- Hinata… sobre lo del otro día… yo… lo siento

-¿Eh?

-Ya sabes… -intentó sacar las palabras de su pecho- lo del be… beso… Kana y yo hemos ha…

El celular del azabache comenzó a sonar.

-¿Mamá?... Sí, sí, ya voy… sí que ya voy…. ¡rayos! –El chico colgó y observó a Hinata nuevamente- sólo olvídalo… -Guardó su celular y sin decir más salió tan rápido como había llegado, evadiendo los balones a su paso.

En menos de lo que se había dado cuenta el entrenamiento había terminado y las palabras de Kageyama aun golpeaban las puertas de su cerebro.

"¿Qué lo olvidara?"

Hinata removió sus cabellos mientras conducía por las calles hasta su hogar, en su ahora individual bicicleta.

Tenía que ser una broma, una mentira. Kageyama, era una persona difícil de descifrar. Primero le decía que le gustaba, le besaba e incluso se enojaba por su incredulidad hacia sus sentimientos y ahora, le decía que "Lo olvidara". ¿Qué parte de todo eso debía olvidar? ¿O se refería a que lo debería olvidar todo completo?

¿Cómo eliminas algo así de tu mente?

Movía los pedales pero sus piernas se sentían pesadas, como si fuesen jaladas por un par de enormes grilletes atornillados al suelo. Levantó el rostro y elevó su mirada nuevamente en aquella intersección que intentaba evitar, la que lo llevaría hacia su casa o la que lo llevaría hacia la del azabache.

Aquel ultimátum le indicaba que no podía ir, no por un tiempo. Dio la vuelta hacia su casa y sintió como los grilles aumentaban de peso, dificultándole el movimiento y aumentando el ritmo de su respiración.

¿Cómo se olvidaba algo así cuando por las noches el aroma de un jersey que no le pertenece lo envolvía bajo las sabanas?

Uno que inconscientemente comenzó a usar desde que se dio cuenta de su existencia dentro de sus pertenencias y que por lo visto no tenía planeado bajo ninguna circunstancia regresar.

No después de los pensamientos indebidos que había tenido bajo la prenda.

-XoxoxoxoxoxoxoxoX-

Locación: Tokio

Día: viernes

Hora aproximada: 10:45 pm

-¡Shoyo! –decía una voz calmada a un distraído pelirrojo.

-¿Ah?

-¡Shoyo! –El chico con cabello rubio jaló de su ropa para que le pusiera atención- ¿Para qué me trajiste hasta aquí? Será mejor que…- el chico se levantó y Hinata lo volvió a abrazar de las piernas para jalarlo al suelo, poniendo un dedo entre sus labios intentando que le chico bajara más la voz.

-¡No te vayas Kenma! Solo me distraje un poco -el pelirrojo decía nerviosamente- ¿De qué hablábamos?

-De eso… -señaló el rubio- tu jersey… ¿Se te agrando en la lavadora? –Kenma parecía desinteresado sobre el tema pero disfrutaba del tiempo compartido con el pelirrojo- Sabes… podríamos hablar de esto en la habitación…

Hinata tanto como Kenma se habían escondido entre las maquinas expendedoras que se encontraban junto a las escaleras de la posada. Todo para evitar ser descubiertos mientras conversaban por un rato.

-¿Este? –Hinata rio nerviosamente, ignorando la sugerencia y prestando su atención a la pregunta. Sus mejillas cobraron color rosa, cosa que notó el armador de Nekoma- …No, es un jersey que tome por error…

-¿De Kageyama? –preguntó sonando casi como una afirmación.

Hinata abrió sus ojos de par en par observando incrédulo el nivel de deducción de su amigo, sintiéndose descubierto al usar la ropa del azabache.

-¿Cómo lo supiste?

-Bueno, es el único del equipo que no está y que no lo necesita… ¿El te lo dio?

-¡No! ¡No! Eso es imposible… ya sabes cómo es Kageyama…

-¿Tú crees? A mí me pareció natural… tú y el son muy cercanos después de todo…

La temperatura de Hinata se elevó haciendo que el chico se encogiera dentro de las ropas de su compañero, intentando fundirse con el material de la ropa por la vergüenza.

-¿Será que ya están saliendo? –preguntó sin ningún dejo de vergüenza.

Su mirada se perdió por un segundo, incrédulo de la pregunta que le acababan de realizar. Sintiendo como de su cabeza salía humo por la implosión de sus neuronas ¿Por qué Kenma creía que estaban saliendo?

-¿Por… po.. por.. por qué piensas eso? –tartamudeó.

-¿No es así?

El chico apartó sus ojos del pelirrojo y prosiguió a observar la pantalla de su celular para contestar un mensaje de texto.

-Era sólo una suposición pero siempre he pensado que tu y Kageyama estarían juntos… -hizo una pausa mientras bloqueaba el aparato para luego observarlo- …eventualmente… pero si no es así ignórame.

El chico era un manojo de colores.

-¿No te parece raro? –intentó cuestionar.

El celular del chico se encendió con un nuevo mensaje el cual contestó rápidamente, respondiendo la pregunta del pelirrojo sin mucho interés.

-No

-¿Ni aunque seamos los dos hombres?

-No

-Y si… si te dijera que –El chico trataba de expulsar las palabras- ¿Qué ya nos hemos besado?

-¿Qué se supone debo de opinar de eso? –el rubio lo miro extrañado.

-¡Lo que sea! Sólo dime…

-Supongo que ya lo veía venir…

-¿Eh? –Dijo confundido- Kenma ¿Por qué? ¿Seguro? ¿Kageyama y yo? ¿Kageyama Tobio y Hinata Shoyo?

-Tu y Kageyama, en mi opinión… –los dedos del felino se agilizaban en la pantalla mientras hablaba con el pelirrojo-…siempre tienen ese acto de estar furiosos el uno con el otro pero en realidad se quieren mucho ¿no? Son como esas parejas que pelean todo el tiempo pero que si a uno de los dos le sucede algo el otro se muere… -Hinata jamás había escuchado tantas palabras salir de la boca del rubio por lo que estaba asombrado tanto por la revelación como por lo mucho que habían sido observados por sus rivales- por eso me parece normal…

-Es verdad que me preocupé mucho cuando se lastimó pero… ¿Piensas que es mutuo?

-Sí

Hinata elevó sus manos atrapando de los hombros e él rubio, provocando que el setter de nekoma comenzara a inquietarse. El chico se levantó del suelo soltándose del agarre del pelirrojo para caminar por el pasillo, intentando evitar al pelirrojo. Suficiente interacción humana había tenido por un día y con Hinata eso significaba agotar sus energías por el resto del mes.

-Kenma… ¡Kenma espera! -el chico lo perseguía intentando sacar más respuestas por parte del mayor.

-¡Kenma! –Gritó Kuro, regalándole una mirada asesina al pelirrojo, quien había secuestrado al valioso armador- Te hemos estado buscando como locos… ¿Y que fue esa forma de contestar mis mensajes?

-Ninguna en especial… -contestó el felino.

-¡Ey, ey, ey! ¿Te sigues metiendo con nuestro armador, zanahoria? –Cuestionó agresivo un muchacho con mohawk al pequeño Hinata- ¿Te estaba molestando Kenma? –El joven rapado observo al rubio quien sólo negó con la cabeza fastidiado- ¿Y si raptamos al chibitan para enseñarle una lección? –Preguntó malicioso el as de Nekoma.

Hinata dio un respingo y se detuvo sobre sus pisadas escondiéndose detrás de un muro.

-Ya le enseñaras una lección en el partido de mañana… - el azabache hizo una pausa para mirarle- Por hoy eres libré… -El capitán de Nekoma le dio una señal para que se retirara y el pelirrojo comenzó a correr en dirección opuesta, sólo deteniéndose para una última pregunta.

Giro sobre sus pies observando como se llevaban a su amigo a regañadientes, por lo que elevo la voz.

-¡¿Y si es mutuo Kenma?! –gritó con todas sus fuerzas.

-Bien por ti entonces –contestó el chico sin mirarle, desapareciendo con sus compañeros.

A lo lejos, un grito mucho más fuerte que el suyo le llegó a sus odios y supo que estaba en problemas.

-¡¿Quién ESTA GRITANDO A ESTA HORA DE LA NOCHE!? –gritó Daichi desde su habitación.

-¡Tú también lo estás haciendo ahora! –intentó tranquilizar Sugawara en un segundo grito.

-XoxoxoxoxoxoxoX-

Gdsagsagdsa Ahora si *se tira por el suelo*

Este capítulo estuvo larguísimo (o eso creo yo ¿?) si las fastidie con tanto blablerio es porque sadfsadfasdfsa todo esto es importante para los sucesos que se vendrán más adelante…. Oh boy…

PERO POR FIN *Le pone una corona de flores a Kenma* ¡POR FIN HINATA ACEPTO SUS SENTIMIENTOS!

¿Se les hacia raro que estuviera tan nerviosito e irritable durante todo el capitulo? Hohohohhhoho ¡HALLELUJAH! *empieza música de coro religioso*

¿Les gusto la mamá de Kageyama? En mi opinión creo que tienden a poner sus padres súper bitchy y a Kageyama como un niño abandonado, pero en mi mente no puedo alejar la imagen mental de que Kageyama en realidad es un niño mimado al que suelen dejar solo por cuestiones de trabajo o cosas así y se siente solito( Sólo vean su carita de chiflason cuando algo lo emociona *internall screaming*) (¿sólo yo pienso así :c? ¿no? ¿Alguien?)

Me disculpo por tantos oc's en este fic, es como si ignorara la existencia de los personajes oficiales pero en el capitulo siguiente tendrán apariciones más grandes ¡SE LOS JURO! (Todo sea por el drama)

Anyway… espero que hayan disfrutado del capítulo y que no las este aburriendo con el desarrollo de la historia, ya pronto se vendrán los besos, apapachos y agarrones nivel M+ (Fifty shades of Orange Juice) jajajaja

Besitos

¡Dejen un review!

*Los leo todos y cada uno con mucho amor y trató de contestarlos sin ser super creepy*

Sus palabras alimentan esta historia y el alma deprimida de esta triste escritora.

Btw… ¿les molestaría si en algún capitulo escribo en primera persona? No es necesario pero podría ocurrir ¿Qué opinan?

Ciao~