Me tarde como dos semanas pero ya está aquí el capitulo y ¿Quién diría que lo subiría en pleno sábado? ... pero c'est la vie~
Originalmente era un capitulo súper corto (como de 1000 palabras D : ) que iba a subir la semana pasada pero entre más lo leía y lo leía no me convencía así que lo ajuste y le agregue cosas que espero sean divertidas e interesantes para ustedes.
Unas muy interesantes (hohoho)
Nos leemos abajo
Nota: Este capítulo es un recuento de la semana por lo que está dividido en muchas partes, lo que está en "cursiva" es un recuerdo dentro del recuerdo (¿?) "RECUERDOSEPCION" y así.
-XoxoxoxoxoxxoxoX-
Haikyuu!
ORANGE JUICE
Capitulo. 7 Houdini parte I
La gente pasaba a su alrededor evitando arrollarle en el camino con las mochilas o zapatos. Las miradas eran curiosas pero vagas, le daban la vuelta y pasaban a ser vieja historia aún así había algunos curiosos que se detenían a observar a la figura que se encontraba agachada en el suelo.
El pelirrojo se encontraba en cuclillas, pegado a la escalera y con la boca cubierta por sus dos manos deteniendo su agitada respiración. Esperando que los zumbidos de sus compañeros suprimieran su existencia en ese momento.
Asomó su cabellera por la orilla del pasamano. Rogando por que Kageyama pasara de largo sin notarle, sin distraerse por el cuello de botella que había creado en las escaleras, sin notar que sus compañeros observaban al suelo divertidos hacia un objeto o en su caso una persona. Pedía mucho a los cielos, pero necesitaba que el azabache se pasara de inocente sólo por esa ocasión y concluyera que no había nada en las escaleras de necesitase de su atención.
Con lo poco que había dejado salir de su rostro pudo divisar la mollera del azabache quien observaba el conflicto que había creado con un pie arriba en el primer peldaño listo para inspeccionar la situación, pero tras unos segundos decidió alejarse sin más.
Kageyama, por otro lado, caminaba con dificultad tratando de evitar a sus compañeros quienes se apresuraban por los pasillos para llegar a tiempo su propia aula. Se veía que estaba batallando pues era casi imposible que la muleta no se le atorara en los pies distraídos que corrían por el corredor, provocando en su rostro una mezcla de cólera y frustración, aún así se contenía de soltar todos los adjetivos que se acumulaban en su garganta intentando mantener el control.
Hinata lo siguió con la mirada notando la forma meticulosa en la que observaba los corredores, mochilas y estaturas aparentemente buscándole o eso es lo que podía intuir por la forma en la que los ojos del azabache se distraían con las figuras más pequeñas.
Cuando sintió que su mirada atraería la vista del mayor se volvió tirar en el suelo, esperando a que la campana sonase lo más pronto posible para correr a su aula fuera de peligro. Se golpeó mentalmente por no obligarse a dormir aunque fuera con medicamentos para la alergia, de esa forma tal vez no se hubiera quedado dormido en el camino o tropezado con animales salvajes que estaban dispuestos a robar sus útiles escolares.
Sólo si "tal vez" pero sabía que eso ya no tenía remedio.
Ese día se había levantado mucho más temprano que lo normal, si es que se podía llamar "levantar" puesto que no había podido conciliar el sueño en toda la noche, dando vueltas alrededor de la cama intentando apagar su cerebro de los torrentes de información y el constante acoso mental que le provocaba su memoria. Maldito órgano que no cedía ni ante el recuerdo de una lectura de matemáticas o el conteo de pelotas sobre una red como método de hipnosis.
Se rindió alrededor de las seis de la mañana minutos antes de que el despertador sonase por lo que se levanto sin la necesidad del incesante ruido de la música que tenia predeterminada en su celular como alarma, música que sólo perforaría las pocas neuronas que habían sobrevivido a semejante desvelada. Se sentó en la orilla de la cama y suspiró, sintiéndose como un oficinista al final del día preguntándose a sí mismo: "¿Que hizo mal para merecer eso?".
Su cabeza se sentía inflada como una bolsa de aire a punto de explotar, hinchándose con los rayos de sol que se colaban por las cortinas y golpeaban en sus dilatas pupilas avellanas. Observó el suelo y apretó un poco las sabanas, estaba perdiendo la cabeza con aquel asunto.
Su mente era un mar de ansiedad, lleno de preguntas sobre sí mismo que no podía contestar. Donde la principal cuestión era: ¿Cómo y Cuándo se habían volteado los papeles en la mesa?
Tal vez el "¿cuándo?" ya lo tenía resuelto, puesto que tenía una fecha marcada sobre el calendario de su escritorio. Un círculo de tinta negra indicándole su anhelado viaje a Tokio, mientras que el "¿Cómo?" continuaba siendo un misterio.
Era obvio que Kageyama se traía algo con Kana y que probablemente sus delirios de amor hacia su persona ya habían cambiado, si es que existieron de verdad en un , no podía seguir sacando esa carta. Kageyama se lo había jurado y tenía que creerle. Semejante beso le había plantado para que no fuera verdad y no una sino varias veces. El problema era si seguía siendo un hecho o se había convertido en cuestiones del pasado. La ley del hielo que le había aplicado durante su pequeño viaje a Tokio debía levantar las banderas rojas de alerta. Que citaban:
"Me tuviste pero ahora no. Jodete." Y eso dolía, dolía tanto que no lo podía dejar descansar o si quiera razonar.
Presente o pasado, no tenía sentido buscar respuestas que no encontraría dentro de su cabeza y de las cuales no estaba seguro si quería escuchar.
Eso era lo único que su mente había hilado durante toda la noche, más las respuestas que buscaba sólo una persona podía dárselas y no se atrevía a darle la cara por el momento. No después de haberlo rechazado varias veces, no después de verle compartir con alguien que desde el primer día le hubiera dicho que "sí" sin dudarlo dos segundos, mucho menos jugado con sus sentimientos fingiendo que nada había pasado.
Ahora sólo podía pensar en lo frustrante que debió haber sido para él azabache compartir el mismo techo con quien amaba y no le correspondía. Como cada roce, palabra y mirada pudieron incitar lo mismo que ahora despertaba en sí mismo. Y de eso quizá ya no había nada. Él lo había destruido con su actitud.
No tenía vergüenza si se atrevía a deshacer algo así, le quedaba algo de dignidad si es que así le podía llamar a su cobardía.
Aún así el día no iba a esperar a que estuviera listo por lo que se tenía que levantar y tratar de iniciar el día como si su mente no fuera un montón de cables enredados.
Por esa razón y muchas otras ahora se encontraba en la escuela a hora pico, cuando todos los estudiantes se abarrotaban para llegar a último momento empujando a diestra y siniestra a los estudiantes más lentos.
No era de extrañarse que aunque se había levantado temprano no llegase a tiempo a la escuela puesto que su cuerpo cansado lo traicionaba a cada instante; dormitando mientras piloteaba su bicicleta, raspando la tela de su uniforme con arbustos que no lograba evitar o tirando su mochila incontables veces al caer en baches del tamaño de la luna para luego ser acosado por perros labradores veinte centímetros más grandes que él.
Maldita su estatura.
Cuando menos se dio cuenta ya se encontraba corriendo por las escaleras intentando llegar antes que el profesor con el tiempo justo, antes del chirrido de la campana. Todo eso sólo para tener la mala suerte de toparse con el rostro del azabache observando para todos lados por la última ventana del pasillo, la que daba a la entrada y quedaba en frente a su salón. Tal vez tratando de capturar su pelirroja cabellera entre la multitud y crear una emboscada. Estaba solo, por primera vez en mucho tiempo, y se notaba que lo buscaba con molestia y desesperación. Instintivamente cuando pudo divisarlo, justo antes de que decidiera que la ventana no era una opción, su cuerpo se movió por si sólo escondiéndose en el descanso de las escaleras, agachándose en el suelo para esconder su pequeño cuerpo detrás del muro del pasamano, rezando porque Kageyama no lo hubiera visto desde el fondo del pasillo.
El corazón se le saltaba del pecho. Cada vez más nervioso de ver al azabache. Había tanto que decir, pero tanto que no podía ni siquiera resolver en sus propios pensamientos.
Si se tratara de un perro su cola se movería de un lado a otro abaniqueando la habitación de felicidad por lo que no podía darse el lujo de dejarse ver, se sentía increíblemente ansioso a punto de sacar espuma por la boca.
En cuanto el azabache bajo el pie del peldaño y dio la media vuelta Hinata soltó un suspiro, dejando escapar el aire capturado que había contenido desde que se había tirado al suelo. Sintiéndose aliviado, pues no estaba preparado para verle.
-¿Qué haces? –preguntó un desconcertado Nishinoya. Quien se había sentado a su lado, dándole el susto de su vida.
-¡Eh! ¡AH! ¿Yo? –Trató de inventar algo rápido- ¡Mi dinero! Se me cayeron unas monedas para el almuerzo, pero… -El chico papeaba el suelo nerviosamente sin si quiera mirar donde ponía las manos recibiendo un pisotón- ¡AH! Ocuh! Pero ¡eh! no… no era mucho así que no importa, puedo comer otra cosa -sentenció sobándose la nuca.
-¿Seguro?
-¡Si! ¡Sí! No te preocupes Nishinoya-senpai
Las hormonas del líbero se incendiaron por el renombre, elevando su voz.
-¡No te preocupes Hinata que si te falta dinero este senpai te lo puede invitar! ¡TODO LO QUE QUIERAS MI QUERIDO KOUHAI!
Hinata sonrió de emoción junto con su superior, rogándole a buda por segunda vez en ese día que el escándalo producido por su compañero no atrajera la atención del pelinegro.
Milagrosamente no paso nada.
Sus días se veían más negros que el corazón de Tsukishima.
-XoxoxoxoxoxoX-
En cada oportunidad que tenia de encontrárselo no podía más que esconderse donde quiera que hubiese un pequeño espacio o rincón donde encajar, tomando ventaja de su tamaño compacto Hinata hacia la forma de entrar para evitar ser visto por él azabache. Su corazón se aceleraba tanto que no le permitía pensar ni siquiera en un saludo o en alguna forma apropiada de iniciar una conversación. No podía armar el valor siquiera para verle a los ojos.
Estaba perdido.
Maldecido.
Completamente enamorado del azabache.
Y el pelinegro pues… ya no se veía tan emocionado con la idea.
Mientras más pasaban los días sus palabras lo golpeaban mas fuerte: "Olvídalo" gritaban pequeñas voces en su cabeza cada que su corazón saltaba de alegría al encontrarse con el más alto. Como el eco que recorre una cueva, las palabras del armador recorrían todos los rincones de su cuerpo, recordándole que ahora los papeles eran distintos.
Recordándole que ahora se encontraba en el suelo del salón, abrazado a su mochila. Cubriendo su cuerpo entre la silla del pupitre y la banquilla, intentando callar los latidos de su corazón que parecían tambores de guerra a punto de estallar.
Se estaba comportando como un completo idiota al evitarle, pero qué podía hacer si su corazón se aceleraba con la potencia de una bomba nuclear al instante que lo veía, sabiendo que tal vez si o no Kageyama estaba ahí para terminar por lo sano su declaración de una buena vez y declararle que ese "Olvídalo" significaba todo lo que se rehusaba a creer.
Pero no se podía preocupar por eso en ese momento, no mientras tuviera los talones adormecidos por la mala posición en la que se había instalado hace tan solo unos minutos debajo de su pupitre.
El grupo estaba completamente solo por lo que cualquier ruido revelaría su posición. Apretó los ojos sintiéndose nervioso y a punto de ser descubierto, pues los pasos del azabache se acercaban peligrosamente a su banquilla. Quien consecuentemente lo obligaría a posiblemente explicar qué hacía en el suelo y peor aún a confrontarlo de una vez por todas.
Maldijo el momento en el que olvido hacer la tarea y lo obligaron a quedarse hasta terminarla.
Cuando se encontraba listo para salir del salón, un tanto retrasado para llegar a la práctica, escuchó una voz que lo llamaba desde la puerta corrediza. Reconociéndola al instante tomó todo lo que había sobre el pupitre haciéndolo bolas dentro de la maleta para compactarse en segundos bajo el pupitre. El pelirrojo no contaba con que la mamá de Kageyama lo obligaría a quedarse a clases extra para aprovechar el tiempo suelto que tenía sin las prácticas de voleibol. Información que días después recibiría.
-¡Hinata! –escuchó que gritaron antes de entrar al salón. La puerta crujió con el movimiento y un par de zapatos se internaron dentro del aula- ¿No está? –se dijo a si mismo extrañado.
Hinata se abrazaba a su mochila con dificultad, estático como una gárgola. Rojo de pies a cabeza, sintiendo como el ambiente podía ser partido hasta por el vuelo de una palomilla.
A lo lejos se escuchó una gran multitud corriendo por el pasillo, provocando que las pisadas que se acercaban a su pupitre se detuvieran.
-¡Corran!
-¡Vamos! Le están tirando un bote entero… -unos chicos pasaron gritando por los pasillos, al parecer llamando la atención del azabache.
-¡Qué asco!
-¡Vamos a ver!
Uno de los chicos se detuvo en la entrada de su salón llamando por Kageyama.
-¡Kageyama, ven a ver esto!
Observo sus piernas vacilar pero segundos después enfilarse hacia la puerta.
Hinata espero hasta escuchar el seguro de la puerta y salió de su escondite completamente nervioso intentando hacer el menor ruido posible.
Se aseguro que nadie lo viera y se arrastro por el suelo hasta la puerta corrediza, deslizándola con suavidad. Divisó al azabache asomándose por la ventana distraído con el alboroto que se acumulaba en el patio y aprovecho su oportunidad para escapar.
El escándalo que había fuera de los salones era terrible.
Miércoles, es mitad de semana.
-XoxoxoxoxoxoX-
Del jueves no quería hablar, ni del escondite, ni de la mentira que se tuvo que inventar para explicar porque no se podía cambiar después del entrenamiento mucho menos del hedor que exhalaba su casillero.
"Oh desgracia, bienvenida seas si vienes sola".
-XoxoxoxoxoxoX-
Al quinto día ya tenía una licenciatura en la habilidad del escondite. Cualquier rincón, esquina, superficie era un excelente punto de escondite. Así como los pequeños arbustos de la escuela, en los que se había lanzado para evitar toparse con el azabache quien caminaba por el pasillo del patio directo hacia su salón.
Raspones y arañazos que tendría que explicar después de clases.
-XoxoxoxoxoxoX-
El fin de semana se paso como el último día de clases justo antes del inicio de las vacaciones de verano; Infinitos minutos que no parecen avanzar mientras observas el reloj que mueve sus manecillas con la velocidad de un caracol. Con la cercanía de la briza veraniega a sólo unos cuantos centímetros de tu mano, donde la ventana pegada a tu pupitre deja pasar los destellos de la juventud acariciando tus cabellos.
En pocas palabras horrible.
Y el primer paso a esa etapa fue el sábado.
Sábado, sábado, sábado. El bendito y terrible sábado.
Después de una semana horrible llena de ansiedad y preocupación al fin se podía relajar. Recordando el viernes como la parte de un carrete velado, donde las únicas pruebas de su existencia eran los moretones en su cuerpo y el dolor en las piernas por tanto saltar.
Se limpio las lagañas y observó por la ventana notando que ya era casi medio día. Se rascó el estomago, observando el desastre que era su cuarto para solo bostezar aburrido. Estaba cansado y por fin en muchos días había logrado dormir, así que eran normales las horas que había permanecido en cama.
Dormitó unas cuantas veces, empezando a caer en brazos de Morfeo nuevamente hasta que escuchó una voz llamarle afuera de su habitación.
-¡Hinata! –Escuchó detrás de la puerta- ¡Hinata!
-hmmm… -se quejó bajito.
-¡HINATA! –tocaron su puerta obstinadamente.
-¡Mande! –gritó desde la cama con la almohada en el rostro.
-¡Te he dicho que no le pongas seguro a la puerta!
-Wuaaahgn –respondió el pelirrojo molesto.
-¡Hinta! Escucha… Natsu y yo ya nos vamos. Te dejé dinero en la mesa para que compres comida o para lo que ocupes. Te marcare en la noche ¿sí?
El pelirrojo se levantó de la cama y corrió hacia la puerta sorprendiendo a su madre y hermana quienes se encontraban en el pasillo ya listas para salir.
-¿A dónde van?
-Con tus abuelos... ¿Quieres ir? –preguntó la madre acariciando sus cabellos anaranjados.
-No… -contestó bajito dejándose acariciar, esperando que no lo incluyeran en sus planes.
-Eso pesé… -su madre levantó su mentón para observar las ojeras que se habían formando en el chico, acariciando sus mejillas entre sus palmas- Últimamente vuelves muy cansado de la escuela ¿Está todo bien?
-Sí… -contestó desganado, sabiéndose lejos de la verdad y que esa respuesta tan vaga no complacería a su madre- …es sólo que el entrenamiento ha sido más duro de lo normal… ya sabes, por las nacionales.
-Es tu día libre así que puedes quedarte a dormir… pero no mucho hijo. Procura comer algo y haz algo sobre ese cuarto que es un desastre –pronunció tratando de lucir amenazante pero fallando en el intento.
-Sí mamá –contestó más animado, con el permiso de su madre para quedarse en casa.
El chico las siguió hasta la entrada de la casa descalzo, esperando a que su hermana se pusiera los zapatos mientras su madre buscaba las llaves del auto.
-Otra cosa más…
-¿Qué cosa?
-Dejé algo de ropa en la lavadora, unas cosas son tuyas por favor tiéndelas y quítalas cuando se sequen, que parece que en la noche va a llover -El chico asintió- Si se pone muy feo el camino en la noche, Natsu y yo nos quedaremos allá ¿sí?
-¡MAMÁ! -se quejó la pelirroja esperando por su madre con una mano en la puerta de la casa.
-Ya voy, Natsu… –dijo la mujer observando a su hija sonriente para regresar a Hinata y acariciar por última vez su cabeza despeinada- Trata de descansar hijo y no olvides lo que te pedí.
-Sí mamá, váyanse con cuidado.
-¡AH! Si tienes ropa sucia ve a comprar detergente que ya no hay cariño.
-¡OKAY! –dijo fastidiado.
Su mamá sonrió y se subió al auto junto con su hermana.
Escuchó el auto arrancar y cerró la puerta con llave nuevamente. Ya era pasado de medio día por lo que se tiró un rato en el sillón a comer lo primero que encontró dentro del refrigerador. Encontrando de paso lo horrible de la programación en fin de semana, hurgo entre la mesa y escribió una lista de prioridades que lo distrajeran de su terrible situación, escribiendo con desinterés las actividades del día para no olvidar nada.
Limpiar su habitación estaba en el top de la lista, puesto que efectivamente como había dicho su madre: Era un asco.
Esperaría a que la ropa se terminara de lavar y haría las tareas que su madre le había pedido sólo para hacer tiempo hasta la noche, quizá pedir una pizza, ver una película y volver a dormir esperando porque el lunes jamás llegase.
Apagó el televisor y se adentro en la madriguera que había creado en su propia habitación. Recogió la basura y separo la ropa sucia de la limpia, junto con la que todavía podía volver a usar por un día más pasando por ropa limpia.
Se tiró una o dos veces en su cama tratando de recobrar las fuerzas para seguir con la tediosa tarea. Giró sobre las sabanas cansado, observando la pantalla de su celular para contestar los mensajes acumulados de sus amigos del club y el corto snapchat que Kenma le había enviado, donde sólo figuraba una parte de su ojo y a sus espaldas la pantalla de su televisor enmarcando la ilustración final de un videojuego que acababa de terminar.
"#NailedIt"
Levantó su celular sonriente para tomarse una selfie donde fingiría llorar rodeado de su habitación sucia. Presionó el obturador y observó complacido sus dotes de actor reflejados en la fotografía. Cuando estaba listo para enviarla notó algo que llamó su atención. Justo a sus espaldas en una pequeña orilla se asomaban las letras de "KARASUNO" en blanco sobre un suéter que instantáneamente reconoció enrollado junto con un pijama sucio.
Envió la fotografía y tiró el celular para tomar la prenda, afligido por notar que había dejado que tan precioso objeto se mezclase con el hedor de la ropa sucia.
Separó las prendas y olfateo el suéter.
Estaba perdido, el suéter de Kageyama ya no olía más a él y ahora sólo era una mezcla de calcetines sucios y playeras sudadas. Cabizbajo lo tiró junto con el montón de ropa que tendría que lavar después.
Arreglo un poco más el lugar, dejando un resultado aceptable, que tal vez sólo le duraría una semana más pero no tenía ganas de seguir rebuscando en el sitio, no después el trágico accidente con su tesoro.
Puso el montón de ropa en un canasto y bajó a la lavandería para sustituir la ropa dentro de la lavadora por la suya y poner la humedad en el canasto y llevarla a secar.
Si Kageyama tenía duda de sus habilidades domesticas, tendría que saber lo que es vivir con dos mujeres.
Disipó los deseos de mostrar sus habilidades hogareñas e introdujo la ropa en el aparato sólo para golpear su rostro contra la pared, recordando la ausencia del jabón.
No tenía ganas de salir de la casa, mucho menos para comprar algo como "detergente" pero no tenía remedio, era eso a aguantarse dos horas de regaños por dejar que su ropa sucia se acumulase en su cuarto por tanto tiempo.
"Crees que soy tu sirvienta" ya casi podía escuchar las palabras de su madre rechinando en su odio. Por lo que se puso un suéter ligero y sus tenis deportivos
Camino hasta la tienda más cerca. Una tienda de conveniencia a sólo 5 cuadras de su casa. Observó cansado el lugar casi vacío y se interno en el pasillo de limpieza. Escogiendo entre lavanda o rosas para sus prendas sin mucho interés.
Justo cuando decidió tomar el más barato del estante reconoció una botella familiar. Un detergente con el precio más elevado a diferencia de los demás, un detergente que había tenido el placer de usar durante dos semanas en una casa muy diferente a la suya.
Sin darse cuenta ya tenía el bote en las manos, entregando un dinero que no poseía a la señorita enfrente de la caja registradora. Adiós pizza con extra queso, ahora sólo serás normal.
Caminó rápidamente de regreso, con las orejas rojas y con las llaves listas en la mano para abrir lo más pronto posible la puerta de su casa, como si quisiera ocultar las evidencias de un asesinato apretando la bolsa a su pecho.
Metió la llave en la cerradura y se internó dentro de su hogar, expirando agitadamente al cerrar la puerta. Observó el pasillo buscando por testigos pero sintiéndose seguro de que no había nadie en ese momento.
Cerró con llave y el zumbido de su celular le crispo los pelos de la nuca, haciéndolo soltar la bolsa con el detergente.
Sacó el objeto de su bolsillo y observo la pantalla notando la entrada de un nuevo snapchat proveniente de Kenma. Presiono el botón para observarlo dejando caer el celuar al suelo.
"Aún tienes ese suéter Shoyo" citaba sobre una fotografía de sus ojos.
Tomo el celular del suelo nervioso y le tomo una fotografía al detergente.
"Ya se lo voy a regresar ¡Kenma!"
El citadino contesto rápidamente "Ese es un jabón muy caro Shoyo"
El pelirrojo se volvió a sonrojar y esta vez decidió contestar con una cara tonta intentando distraer al chico de Nekoma "¡Es el que siempre usamos!".
Al parecer las tres papadas funcionaron porque ya no hubo respuesta de felino.
Tiro sus zapatos en el corredor y se enfilo rápidamente hacia la lavandería consciente de lo que estaba a punto de realizar.
Iba a lavar toda su ropa con el mismo detergente que usaba la familia del azabache.
El no era un pervertido.
Por lo menos, no hasta ese día.
Pero eso no lo detuvo de tirar casi media botella dentro de la lavadora y meter toda su ropa junta, esperando que quizá así se sintiera más cercano al azabache.
Tomó la ropa húmeda de su madre y la llevo al patio trasero llenando todos los hilos, de un lado a otro donde el sol golpeaba más fuerte.
El pitidito de a lavadora le anuncio que la suya ya estaba lista y la colgó junto con la otra, un poco más cerca del techo pues ya no había espacio. Ahora sólo tendría que esperar a que se secase con el aire freso y el poco sol que se asomaba entre las nubes.
Eran alrededor de las cuatro de la tarde y aún quedaba mucho tramó para pedir a domicilio su ansiada pizza por lo que decidió que ver la televisión tendría que ser una buena opción, aunque no le animara mucho la idea.
Se sentó en el sillón cubriéndose con una manta que había dejado su hermana en el suelo.
Prendió el televisor y cambio de canales hasta que se topo con un antiguo partido de voleibol de las olimpiadas pasadas, y animoso lo dejo en ese canal, sintiéndose salvado de tener que conformarse con un maratón de películas de Barbie que por supuesto no quería ver.
Se apretó a las sabanas abrazándose a las colchas, gritando de emoción cada vez que el equipo japonés anotaba un punto, sintiendo su sangre arder por dentro. Energía que duraría por el primer set y se extinguiría en el segundo antes de quedarse dormido y tirar el remoto en el suelo.
La saliva comenzó a caer de su boca y comenzó a soñar.
A soñar con Kageyama, su aroma, su figura y su rostro. La presión de sus labios delgados contra los suyos. Su calor.
¿Cómo es que no se había dado cuenta cuanto le gustaba estar alrededor del armador?
Escuchó un trueno rugir a las afueras de su casa y sin darse cuenta la ropa estaba empapándose rápidamente bajo el torrente de agua. Tiró la sabana de su hermana al suelo y como pudo se puso una de las sandalias pues la otra salió volando por la sala al resbalar con la alfombra y golpearse en la frente.
-¡NOOOOOOOO! –gritó desesperadamente.
Abrió el ventanal y comenzó a jalar prenda por prenda intentando cargarla entre sus pequeños brazos aventando la más mojada hacia el interior de la casa, en el suelo.
Para cuando termino su ropa y cabello estaban completamente empapados por lo que decidió meter una gran parte de la ropa a la secadora, antes de meterse a bañar y pescar un resfriado.
Agarró una bola de ropa oscura y la tiró dentro de la secadora, esperando que con suerte saliera un cambio para sí mismo.
Estornudó un par de veces y se talló la piel enchinada.
Tomó una toalla seca y se sumergió en un baño dentro agua caliente. El sonido de fondo de la lluvia lo relajaba mas los truenos incesantes no dejaban de sacarle uno que otro susto evitando que se ahogara por relajarse demasiado dentro del agua.
La luz comenzó a parpadear y tuvo un mal presentimiento.
Rápidamente salió del baño con la toalla en la cintura, observando el agua caer desde el ventanal trasero, preocupado por no conseguir un cambio seco y pensando en lo desafortunado que sería tener que probarse una camiseta y pantalón de su madre.
Ridículo.
Rio un poco mientras separaba la ropa que secaría cuando terminara el ciclo, notando que la mayoría de su ropa estaba afuera de la secadora.
El aparato volvió a pitar y Hinata sacó las prendas secas y calientes listas para usarse. Formó unos montoncitos, doblando la ropa de cada integrante de su familia, notando que la única ropa limpia que había secado para él eran un par de bóxers, unas calcetas oscuras y la sudadera que planeaba regresar a su dueño antes de que cosas malas le pasaran.
Suspiró derrotado, pues tendría que pasar la siguiente media hora en bóxers y calcetas hasta que su ropa estuviera seca. Metió el resto y la encendió.
Un segundo trueno más fuerte que el anterior hizo sus pies vibrar y seguido de eso el sonido de una explosión muy cercana a su casa retumbo en sus odios.
Se abrazó a la toalla que reposaba en su cabeza y observó las luces de su casa parpadear rápidamente hasta que se extinguieron.
Adiós pizza, adiós televisión e internet. Adiós ropa seca.
-¡La ropa! –gritó el pelirrojo asustado de que tendría que pasar el resto de la tarde desnudo hasta que la luz regresase. Se negaba a usar la ropa de su madre y la de su hermana era un completo No-no.
Observo por la habitación, analizando la situación. Dejando su vista caer en cierto objeto preciado.
Sus mejillas se coloraron, tan rojas como el caramelo de manzana. Prendió su celular y observó sobre la lavadora la prenda que se negaba a usar. Limpia, caliente y lista. Tan lista para él.
La metió bajo el montón de ropa de su madre, asegurándose a sí mismo que podía lograrlo, podía pasar el resto de la tarde en bóxers, después de todo no hacia tanto frio y estaba acostumbrado a dormir con ropa ligera.
Salió de la habitación y se dirigió a la sala buscando por la sabana de su hermana para envolverse en ella y resistir un poco más.
Cinco.
Diez.
El agua no paraba y parecía incrementarse al paso de los minutos. Encendió su celular buscando por música que lo distrajera del titiriteo de su cuerpo.
Era un problema ser una persona bajita y friolenta en ese tipo de situaciones.
A los 20 minutos y después del decimo estornudo que le recorrió la espina dorsal con dolor, se rindió. Corriendo hacia la lavandería por el suéter infame.
Revolvió la ropa doblada, dejándose guiar por el tacto de la tela y en cuento lo encontró se lo puso rápidamente sintiendo como se instalaba el calor en su espalda congelada.
-¡Aaaah! Mucho mejor –canturrió contento de librarse del frio.
Se observó ligeramente en el reflejo que podía divisar en el vidrio; Las piernas desnudas apenas cubiertas por el bóxer que llegaba justo debajo de los muslos, con el suéter negro de su amigo lo bastante grande para quedarle flojo de los hombros, cintura y caderas cubriéndolo ligeramente unos centímetros más arriba de la ropa interior. Eso más las calcetas blancas estiradas hasta la mitad de la pantorrilla.
Se sonrojo un poco por su atuendo, pues parecía como ese tipo de chicas que pasaban la noche con su novio y al día siguiente se ponían su ropa.
Removió su cabeza rápidamente, sintiéndose estúpido por el simple hecho de pensar en ello. El no era una chica y quizá no le gustaría ser tocado como una de ellas. Principal razón por la que creía se había negado a una relación con el azabache.
Arrastró la sabana de su hermana por el suelo y la extendió sobre el sofá, encaminándose hacia su habitación, pues con la luz cortada no había mucho que hacer hasta que regresara el servicio.
Se tiró sobre las sabanas y comenzó a hurgar entre las fotografías viejas de su celular tratando de distraerse del aburrimiento. Observando una antigua galería de su segundo viaje a Tokio. Suspiró pasando de foto en foto, intentando con sus pies robarles un poco de calor a las sabanas bajo su cuerpo.
La mayoría eran fotografías de Tanaka y Nishinoya haciendo travesuras, donde en alguna se incluía en el paquete. Comenzó a reír por los recuerdos hasta que se detuvo en una en específico que le habían tomado a él. En la fotografía se encontraban Hinata y Bokuto agotados sobre sus muslos, intentando recuperar el aire después de tanto saltar y aunque el pelirrojo apreciara al as de Fukurodani su atención no estaba enfocada en él.
El pelirrojo observaba lo que se encontraba atrás de ellos.
Un distraído Kageyama se levantaba el frente de la camiseta blanca para secarse el sudor del cuello, revelando las ligeras gotas que mojaban sus formados bíceps y contorneaban sus huesos de la cadera. El cabello ligeramente alborotado y los labios entre abiertos observando a la distancia con el rostro relajado y concentrado.
Se sonrojó al notar tantos detalles que seguramente no debía notar, pero le pareció imposible no recorrer cada centímetro de su piel con atención. Bajó la mirada y puso la fotografía sobre el colchón observando su propio cuerpo.
Piernas pequeñas y delgadas, con abdominales casi invisibles, temiendo confundirlos con un poco de pancita formándose bajo su ombligo. Su cintura era más esbelta al igual que su torso. Lo único que dejaba mostrar un poco de musculo eran sus delgados brazos que utilizaba para rematar todos los días.
Miró la pantalla y se sonrojó pensando en lo reconfortante y cálido que se había sentido cuando Kageyama lo había besado. Que a pesar de sentirse confundido no podía negar lo bien que se había sentido tener su cuerpo sobre el suyo. Acariciándolo.
Se encogió dentro del suéter envolviéndose en el aroma que tanto deseaba recordar y los malos pensamientos comenzaron a llegar.
Hasta ese punto el suéter sólo le había servido de almohada, sabana y nada más.
El no era ese tipo de personas, ese tipo de actividades eran cosas que sólo hacía de vez en cuando y cuando la propia naturaleza lo demandaba. Incluso era de esa chicos que no poseían más que sólo una revista erótica y que al fin del caso no era tan buena ni reveladora.
Pero el pensamiento de Kageyama, el recuerdo, su aroma, habían provocado sensaciones en su cuerpo que no estaba seguro si deseaba admitir puesto que ni las chicas más sensuales habían logrado de esa manera.
Estaba duro.
Resbaló su mano sobre su vientre, levantando ligeramente el suéter hasta su ombligo y comenzó a masajear su entrepierna, acariciando suavemente sobre la delgada tela del bóxer.
Sumergiendo la nariz en el cuello de la sudadera, sintiendo como las mejillas comenzaban acalorarse lentamente.
-hmmmmpf..
Cerró sus ojos y se recargó sobre la almohada, inspirando el aroma que expulsaba la prenda, deseando por la presencia del otro recorriendo cada centímetro de su piel; dejando su calor impregnado sobre esta.
Sus movimientos eran torturosos y lentos. Imaginándose la sensación de las manos del azabache sobre su cuerpo.
Recordó la forma en la que Kagayema levantaba su rostro para besarle, su agitada y nerviosa respiración golpeando contra sus mejillas y odios, mientras intentaba sofocarlo a besos sobre el futon. Devorando con su lengua la piel suave de sus labios.
La sensación de su mano ansiosa viajaba decidida por su vientre para recorrer su cuerpo.
-nnnn… -liberó ahogadamente.
Su respiración se agitó drásticamente mientras acariciaba su miembro. Pronto se sintió con la necesidad de liberar lo que había creado bajo la ropa interior.
-Ahmm… nnnn…
Sus gemidos eran bajitos y temerosos, sintiéndose expuesto y morboso aunque se encontrara solo.
-Aaah… -Intentaba ahogar sus arrebatos de placer en su garganta mordiendo su labio inferior, apretando la tela oscura contra sus dientes pero se le dificultaba mantener la compostura, al tener la imagen tan presente del azabache rozando su cuerpo.
Bajó su ropa interior para liberar su miembro y comenzó a agitar de arriba abajo, pensando en la forma en que el mayor podría tocarlo deliciosamente con sus grandes manos. Mientras le perforaba el cuerpo con su intensa mirada y la forma en la que sus delgados labios harían presión sobre los suyos hasta dejarlos rojos y húmedos necesitados por más y más.
Su mano comenzó a moverse rápidamente recorriendo desde la base hasta la punta, acariciando la cabeza de su falo liberando el líquido pre-seminal que se escurría entre sus manos. Bajó el zíper del suéter, desvistiendo su pecho para tocar sus pezones que se endurecían bajo la ropa y comenzaban a producir calor, llamando por su atención.
Acarició uno de ellos, estirándolo un poco con sus pequeños dedos liberando de su garganta un placentero gemido.
-¡Aaaahnn! –su cuerpo se retorció de placer al tocar el área excitada, arqueando ligeramente su espalda.
Su mirada comenzaba a ser distorsionada producto de las lágrimas que se acumulaban en sus parpados. Se le dificultaba respirar y su cuerpo comenzaba a erguirse sobre la cama restirando las sabanas bajo sus piernas.
Los dedos gordos se le acalambraron estirándose en punta.
-Kage…¡ah! …. Mmhh.. Kageyamh… -su boca trataba de liberar el nombre du amado, pero el placer que provenía de su parte baja se lo evitaba.
Su cuerpo se sobrecalentaba mandando espasmos por su espina dorsal.
-Aaahmm… mmmhhm ..aah …¡Ah! –sintió su miembro endurecerse para seguido sentir como un choque eléctrico le recorría el cuerpo dejando una sensación de satisfacción a su paso.
Se había corrido sobre su mano, sobre las sabanas, sobre el suéter.
Su respiración estaba agitada, las mejillas rojas y el cabello alborotado.
Apenas y si se podía mover pero cuando vio la mancha sobre el suéter y la recopilación de sus estragos dejando la evidencia tras su indecente acto recorriendo su mano, su cara se volvió un rojo escarlata y comenzó a sollozar de desesperación.
A llorar porque era lo peor y porque tendría que andar con la ropa así hasta que regresara la luz, como el completo pervertido en el que se había convertido.
-XoxoxoxoxoxoxoxoX-
¡HUMPF!
Debo decir que tampoco esperaba lo largo de este capítulo, mucho menos su final. Como les mencione era un capitulo pequeñísimo, que apenas y si alcanzaba las mil palabras, pero después de (No se qué droga me tome. Sí, si se, bebí mucho y escribí medio ebria pero juro que aun estaba en mis sentidos) llego a ser de 8 mil y cacho y dije bueno lo corto a la mitad y quedo como en 4 y dije "oh god ni se entiende a donde quiero llegar con esto" así que ajuste algunas cosas y aun así termino en 6 mil. Ósea que básicamente este es un cuarto de lo que originalmente es el total de capitulo extendido y remasterizado (cabe decir que esta es la única parte que está bien escrita, aun debo escribir lo demás *-se mata-*) pero bueno, espero que les haya gustado y que disfrutaran de otro pedacito de Orange Juice que aun va para largo a como veo.
¡Muchas gracias por todos sus review! Cada vez que los leo mi kokorito se emociona como colegiala enamorada. Las amo a todas. Estabs uper depre y me levantaron el animo a los cielos –las besa-
Y como prometí esta vez nuestros cuervitos tuvieron más aparición y Hinata ya hizo lo indebido : P ¡PILLO!
También salió Bokuto ( LO AMO CON LA PASION DE MIL SOLES)
¡OH! Lo olvidaba: Cree un tumblr para mi fanfic ¿Por qué?
Primero porque creo que ya harte a mis amigos con mis cosas de haikyuu, así que ese blog será sólo de eso y segundo porque tengo planeado hacer algunas ilustraciones basadas en el fic, ya tengo algunas así que las pueden checar en el tag de "Fanart". Si gustan seguirlo pueden hacerlo es "hq-orangejuice" pero si no quieren no las obligo ;U;.
Un besito a todas y discúlpenme por no contestar los review, después de subirlo juro que contestare cada uno de ellos por PM.
CIAO~
