Hola mis juguitos de naranja, me siento un poco mal por lo corto que es este capítulo pero espero me perdonen por ello.

*se va llorando*

Nota: Este capítulo es la segunda parte del anterior, pero digamos que todos los recuerdos ya han pasado y ahora vemos el Hinata del presente.

-XoxoxoxoxoxoX-

Haikyuu!

ORANGE JUICE

Capitulo. 7 Houdini parte II

Después del incidente con el suéter, se enrolló bajo las sabanas intentando fundirse con el colchón. Eso era su fin, se había ido para siempre lo que quedaba de su dignidad y su cordura.

Intentó borrar la foto de Kageyama de su celular pero por más que su mente le decía que sí, que era necesario, su corazón no lo dejaba articular el movimiento necesario para oprimir las dos teclas que necesitaba para realizar tal acción. Bloqueó el celular y lo tiró al piso lejos de él y sus pervertidos pensamientos.

Pasó unos minutos sintiéndose el peor depravado de la historia. La imagen del cuerpo de Kageyama lo había puesto en esa condición y debía aceptarlo se había sentido bien, si de sólo imaginarlo lo había puesto de esa manera no se imaginaba la forma en la que se sentiría si Kageyama lo tocara de verdad y de esa forma tan excitante.

Sintió su corazón acelerarse por enésima vez y se retorció sobre el colchón pataleando.

-¡TU CALLATE! –le reclamó a su corazón- ¡NO TIENES DERECHO A HABLAR AQUÍ!

No había rostro, mueca o palabra que pudiera salir de su boca al haber hecho eso y ahora le reclamaba su corazón por reaccionar naturalmente.

Ver a Kageyama al rostro, después de lo que había hecho pensando en él, no había forma de que pudiera mostrar su trasero nunca jamás frente a él. Si había alguna posibilidad, una pizca de esperanza de enfrentarse a al azabache ahora se había esfumado para siempre.

Gritó un par de veces sofocándose en la almohada de frustración.

-¡Estúpido Tontoyama! –gritaba con los ojos hinchados.

Después de unos minutos desquitándose con su cama respiró profundamente y se acomodó la ropa en la oscuridad, escuchando como las gotas de lluvia comenzaban a ser un ligero sereno, dejándolo en pausa por varias minutos hasta que la luz en su habitación parpadeo y lo regresó a sus sentidos.

Se levantó de la cama aturdido, casi robóticamente realizando paso por paso las acciones que tenía que realizar antes de ir a dormir; Lavó el suéter una vez más, lo seco y metió dentro de una bolsa de papel que resguardo hasta el fondo de su armario donde nunca, nunca jamás dejaría que tan maldecido objeto se acercara a sus impuras manos.

Pero ahora toda su ropa olía a él y cada prenda que usara estaba impregnada de su recuerdo.

Maldita sea.

-XoxoxoxoxoxoX-

A la segunda semana contaba con un doctorado en la licenciatura de desaparición, perfecto para ser el sucesor de Houdini, se había prometido desaparecer de la faz de la tierra de una vez por todas y lo había logrado. Incluso se corroía el rumor en el que si veías la cabellera naranja de Hinata, excluyendo las clases y el gimnasio, podías pedir un deseo, pues era casi cien por ciento seguro que se cumpliría. Así de imposible era encontrarle.

Se estaba convirtiendo en una leyenda y no de la forma en la que había deseado. Se sentía terrible, física y moralmente pero no podía hacer nada al respecto, la angustia se amontonaba en su estomago amarrando fuertemente sus órganos e intestinos haciéndolo sentir enfermo.

Aún así la paciencia tiene un límite y Kageyama era un caso especial.

El azabache se encontraba caminando en dirección al gimnasio dejando caer sus pesadas pisadas y remolineando con la muleta para avanzar más rápido. Tenía que ser rápido pues sólo podía aprovechar los 15 minutos que les daban para merendar antes de empezar las asesorías vespertinas para buscar a Hinata y caminar con esos objetos no era fácil ni rápido. Por suerte ya casi era tiempo de visitar al doctor una vez más y podía deshacerse de esas cosas.

Empujó la puerta, observando de un lado a otro rápidamente sin encontrar la melena anaranjada que ansiaba ver desde hace unos días. Murmuró frases incomprensibles, llamando la atención de los únicos que se encontraban dentro edificio; Suga y Daichi quienes acomodaban animosos la red a mitad de la cancha.

-¡OH! –Sonrió el platinado al menor, notando la desesperación que se reflejaba en su rostro y las pequeñas gotas de sudor que se escapaban por su flequillo- ¿Pasa algo Kageyama? –Preguntó tratando de descifrar la situación, al ver al azabache rondando por el gimnasio después de mucho tiempo– es raro verte por aquí en estos días…

-¿Y Hinata? –interrumpió.

-Hmmmm… Creo que dijo algo de que llegaría tarde en el almuerzo… pero no recuerdo bien porque… creó que se sentía mal del estomago

-Tchh… -rezongó.

-¿Qué sucede?

-Nada… -contestó molesto, intentando sacase de encima a su superior.

Sugawara soltó la red y se acercó al azabache preocupado, notando el tono en el que le había contestado.

-¿Le hiciste algo, Kageyama? Ciertamente esta semana él ha estado un poco… y esta lo del rumor…

-¡NADA! –gritó enojado apartando al mayor de su lado para regresar a su salón.

-¡Ey! ¡KAGEYAMA! –gritó Daichi a las espaldas de Sugawara, quien se veía claramente molesto por la forma en la que le había contestado a su amigo.

Sugawara puso una mano delante de Daichi para detenerlo antes de que reprendiera al azabache.

-Ya se le pasara, no te preocupes… -sonrió el platinado intentando no sonar afectado por su actitud.

-Suga…

Daichi retrocedió un paso inconforme por la decisión de su amigo pero aún así le hizo caso en silencio. Sugawara asintió y observo un punto detrás de él, concentrado. Su dedo índice se levanto señalando hacia esa dirección y Daichi se dio la media vuelta intentando buscar por lo que el platinado apuntaba-… probablemente el problema sea él… -mencionó preocupado.

Un pequeño mechón anaranjado se asomaba por las rejillas de las ventanas traseras del edificio y Daichi no pudo más que suspirar por lo torpes que eran sus pequeños compañeros.

Hinata se encontraba pegado de espaldas al muro del gimnasio, escuchando desde el patio trasero lo que había sucedido dentro del edificio, cabizbajo e inmóvil por la escena que había provocado entre Kageyama y sus superiores. Se abrazo a su pelota de voleibol, apretándola fuertemente contra su estomago intentando calmar las nauseas de culpabilidad y enfermedad que se revolvían en su estomago.

Se agachó en el suelo y esperó a que las voces de sus otros compañeros llenaran las paredes del gimnasio.

-¡A correr! –escuchó a Daichi gritar y fue hasta ese momento que decidió que era tiempo de mostrar su rostro para el entrenamiento.

Con un aligera reverencia se incorporó e hizo su parte intentando no estorbar a los demás, notando las miradas preocupadas que descargaban su capitán y vice-capitán.

El entrenamiento no fue como esperaba y por más que lo intentó no pudo mantenerse a la par con sus compañeros. Terminando en un desastroso vomito a mitad de la cancha, provocando que le dieran días libres del club para que se recuperara de su posible "infección estomacal" si es que así se le podía llamar.

Sugawara lo acompaño a las puertas de la escuela tratando de reconfortarlo al palmear su espalda delicadamente.

-Aquí es suficiente –agradeció el pelirrojo.

-¿Seguro? Si quieres podría acompañarte a tu casa si te sientes muy mal.

-¡No, no! Lo digo en serio, en la bicicleta llegare más rápido y no quiero que faltes a la práctica por mi –el chico trato de sonreír pero su rostro palidecía con cada movimiento.

Sugawara se resignó a creerle ya que se notaba obstinado a escucharlo y sólo pudo hacer lo que mejor sabia hacer: Darle palabras de apoyo.

-¡Ya verás que mañana te sentirás mejor! –trató de animar el platinado no muy convencido pero regalándole su mejor sonrisa.

-Eso espero… -contestó el pelirrojo sobando su estomago lentamente y apreto la cinta de su mochila a su pecho para retirarse con una ligera reverencia y el sonido de la cadena dando vueltas.

-XoxoxoxoxoxoX-

Lunes, martes, miércoles, jueves y viernes. Los días comenzaron a pasar, lenta y dolorosamente para ambos. Tenía que saberlo, que la gente tiene cierto límite, que cuando te desapareces de esa forma, mandas señales confusas y que la gente no sabe qué hacer.

"¡Te Odio!"

"¿Me odias?"

"Quizá me odia…"

Tenía que saber que el último día por el que Kageyama buscaría por él, seria ese lunes y que después de ese día a la única que buscaría seria a Kana, olvidándolo de una buena vez.

Kageyama había dejado de preguntar por él, pero sus ojos aún se desviaban al notar figuras de un metro sesenta rondar cerca de él.

Poco a poco la distancia entre ellos aumentaba desmesuradamente y el principal culpable era él por desaparecer, no tenía derecho a deprimirse por la miseria que el mismo había provocado para sí mismo, sabiendo de antemano las consecuencias de evitar a alguien. Primero la casa, clases, almuerzos y por último los entrenamientos. No había un momento en el que se hubiesen cruzado ni por un segundo, por lo menos para Kageyama. Hinata siempre estaba ahí, con sus mejillas rojas y las piernas temblorosas, escondido en algún lugar, observando desde la distancia el tiempo que su cuerpo se atrevía a reposar sus ojos avellanas sobre su cuerpo preocupado. Comiéndose los celos que le provocaba ver como Kana se acercaba más y más al azabache, como cada vez su distancia y la de Kana se encontraban en polos opuestos.

Y todo por su culpa.

El se había vuelto más silencioso y la escuela mucho más ruidosa; gritos, peleas y chismes que no dejaban de recorrer los pasillos sin control, pero a su alrededor todo parecía ser más tranquilo. Como si hubiese creado una burbuja de silencio a su alrededor. Se había distanciado tanto de Kageyama como de sus amigos, a duras penas y si lograba intercambiar algunas palabras con sus compañeros de grupo, quienes se alarmaban de su repentina e incesante soledad. Incluso sus notas habían comenzado a tener un incremento positivo, cosa que sus maestros se cotilleaban a celebrar.

Para el domingo su cuerpo estaba totalmente deshecho: ojeras, raspones, uniformes manchados y descocidos. Evitar a Kageyama se había vuelto una tarea más difícil de lo que se había imaginado y más cuando el azabache mostraba esa ligera expresión de soledad que rápidamente se fruncía al avanzar los días, gesto que se suavizaba al interactuar con Kana.

Observo su habitación de un lado a otro y decidió que no podía permanecer en la escena del crimen por más tiempo, no después de que su madre encontrara la botella de jabón y decidiera que sería el nuevo detergente favorito de la casa.

Los recuerdos de la semana pasada aún estaban frescos y grabados en su piel, por lo que al idea de pasar un fin de semana encerrado en su hogar se habían vuelto un completo y gigantesco "NO", cualquier excusa que lo mantuviera alejado de su hogar, y en especifico de su habitación, sonaba mejor.

Se abalanzo sin dirección por un buen rato hasta que decidió que su mejor opción era la de perderse por el centro comercial en completa soledad, intentando perderse entre la multitud.

Camino por varias horas y en su mano cargaba una bolsa con un par de nuevas rodilleras y calcetas deportivas que acababa de comprar, no las necesitaba pero servían como una buena oportunidad para despejar su mente y salir del encierro que había creado a su alrededor.

El atardecer comenzaba a desparecer para convertirse en oscuridad mientras Hinata caminaba cabizbajo por las calles intentando evitar a los transeúntes que se le cruzaran por el camino quienes chocaban ligeramente con su cuerpo empujándolo unos pasos atrás.

No les prestaba mucha atención ni a sus gritos y mucho menos a sus regaños, pues no se sentía ni con el humor para respirar ese día y aunque lo intentara, se encontraba más encantado por las grietas del suelo que por lo que pasaba a su alrededor o a su propio cuerpo.

Un golpe contundente contra el pecho de alguien lo hizo levantar el rostro.

-Ouch… -se quejó bajito sin llamar mucho la atención sobándose la nariz.

-¿Hinata? –preguntó un joven platinado.

El pelirrojo levantó su rostro, revelando las ojeras y las marcas rojas bajo sus ojos al aguantarse las lágrimas por mucho tiempo. Intentó disimular una sonrisa que evitara el cuestionamiento de su estado, pero le fue imposible evitar que el mayor se diera cuenta de su apariencia. Sugawara se agacho a la altura del menor para estudiar su rostro, asustado observó lo fatigado que se encontraba y lo rojas de sus ojeras. Volteó a su alrededor tratando de buscar por algún tipo de asalto pero no encontró ningún tipo señal que le indicase que había sucedió.

-¿Te hicieron algo? ¿Te robaron? ¿Qué pasó? –preguntó preocupado escudriñando al menor.

El platinado volteaba para todos lados sin encontrar nada, notando que el pelirrojo se agarraba de su camisa con necesidad.

-Hinata…

-XoxoxoxoxoxoX-

Sugawara entró a su habitación con dos vasos de té helado en mano. Puso el suyo sobre la mesita de centro y le entregó uno al menor, quien se encontraba sobre su cama abrazado a una enorme almohada. Le sonrió y se sentó en el suelo, dándole un sorbo a su propia bebida, esperando a que el menor le imitara y calmara sus nervios antes de hablar.

El platinado lo había arrastrado hasta su casa, preocupado por el estado en el que se encontraba Hinata, objetando por cualquier tipo de resistencia y obligándolo a permanecer en su hogar hasta el día siguiente cuando su aspecto no fuera tan deplorable y pudiera hacerse responsable de su propio cuerpo.

Hinata vaciló un poco antes de tomar de la bebida, esperando a que su superior comenzara la ronda de preguntas que sabia se le avecinaban apenas y terminara su trago.

Sugawara carraspeó aclarándose la garganta regalándole una sonrisa gentil.

-Puedes tomar un baño caliente si quieres… -trató de iniciar una conversación.

-No, gracias –declinó el pelirrojo sin mirarle a los ojos.

-¿Ya te sientes mejor de tu estomago?

-Mhhm –asintió con el popote en los labios.

Sugawara suspiró y contempló un mejor acercamiento al preguntar de forma más directa.

-¿Y bien? ¿Cuál es el problema? –cuestionó amablemente.

Hinata se cruzó de piernas sobre el colchón, inclinando su cuerpo sobre la gran almohada que le cubría casi todo el pecho, inflando sus cachetes sobre la inflada tela. Termino su bebida y se abalanzó hacia adelante para poner el vaso sobre el escritorio del palatinado y así poder abrazarse con ambos brazos de la almohada.

El platinado observó las acciones del pelirrojo y continúo.

-Puedes contarme lo que sea Hinata, no me reiré –agregó intentando calmar las tormentas que se arremolinaban en la cabeza del menor y que se ahogaban en su garganta.

-¿Lo que… lo que sea? –preguntó ilusionado, dejando ver sólo el avellana de sus ojos por sobre la orilla de la almohada.

-¡Lo que sea! …sino no te hubiera traído hasta acá ¿no crees?

-hmmm… sí… -contestó intentando formar una sonrisa en sus labios- …pero… ¿No le contaras a nadie? ¿Ni siquiera Daichi?

-Ni a Daichi… -aseguró, aunque al igual que él ya sospechaba que algo sucedía entre él y Kageyama- …o a cualquier persona en este mundo –Sugawara puso su mano sobre su corazón en señal de juramento.

Hinata observó al mayor y sus mejillas se acaloraron un poco, observo al suelo tratando de buscar la forma de explicar lo que le sucedía. Apretó su rostro contra la almohada, intentando asfixiar las palabras que saldrían de sus labios en completa frustración.

-Kageyamhasemeconhmpfesó –pronunció el pelirrojo ahogando su voz contra la tela rellena. Se veía rojo de pies a cabeza, con las puntas de los dedos del pie apretadas a sus plantas. Su rostro estaba completamente hundido en la tela y sólo las erizadas puntas de sus cabellos se podían observar desde la orilla de la almohada, desafiando las leyes de la gravedad.

-Si hablas con la almohada en la boca no te puedo entender –reclamó con gentileza, intentando ser comprensivo al permanecer en su lugar- ¿Me lo repites?

Hinata asomó sus ojos nuevamente, elevando su rostro hasta revelar sus labios nerviosos para explicar lo sucedido. Carraspeó y dudó unas cuantas veces antes de volver a hablar.

-Kageyama…

-Oh… -Dijo intuyendo la dirección de la conversación- ¿aja?

-Semhcomphesfo -volvió a repetir con la almohada en la boca. Esta vez sólo cubriendo la mitad de su rostro.

-¡Hinata! –El platinado le quitó la almohada y la aventó a la esquina de la habitación, resignado, intentado sacar las palabras del menor a la fuerza al subirse al cama para perseguirlo- ¡Así no vamos a hacer ningún progreso! –señaló.

Hinata se arrinconó en el colchón, huyendo del agarre del mayor arrastrándose por las cobijas y enredándose con ellas. Dio unas cuantas patadas al aire alejando al mayor de su zona de confort, sintiéndose desnudo sin la almohada que protegía su avergonzado cuerpo.

Suga intentó acercarse nuevamente pero lo único que provoco fue que el pelirrojo se metiera bajo las sabanas del platinado. Suspiró en frustración observando la figura que se formaba bajo las sabanas.

-Hinata… -pronunció pausadamente- ¿Tiene que ver con Kageyama, no? Sabem… -Se detuvo antes de mencionar a Daichi dentro del paquete, reformulando su oración- Sé que está pasando algo entre ustedes dos… pero si no me lo dices ¿Cómo te puedo ayudar? –suplicó, sentándose a su lado en la cama, retomando su posición calmada.

El menor metió su rostro en la cuenca que se había formado entre sus piernas y sus brazos, subiendo la colcha hasta su cabeza para esconder completamente su cuerpo.

-¡HINATA! –gritó el mayor perdiendo la paciencia. Sugawara comenzó a jalonear de la sabana, tratando de evitar los manotazos que soltaba el pelirrojo bajo la colcha. Estuvieron así unos minutos hasta que la voz externa de su madre preocupada los detuvo.

-Koushi… cariño… ¿todo bien ahí adentro?

-¡Ah! Mmmh… ¡Sí mamá todo bien!... –el platinado le daba ligeros jalones a la sabana mientras Hinata chillaba agudamente- ¡Hinata y yo tratábamos de matar un cucaracho… ¡AH! ¡Ahí está, mátalo Hinata! –El platinado aventó una de sus pantuflas contra el closet provocando un ruido sordo sobre la madera- pero… pero ya… ya esta muerta.

-Limpia eso hijo, no lo vayas a dejar ahí tirado.

-¡S-sí mamá! –tartamudeó regresando a su tarea.

Esperó a que los pasos de su madre se alejaran y Sugawara continúo con el forcejeo en silencio, pellizcando los las costillas de Hinata, que lo hacían retorcerse de dolor y aflojaban su agarre.

-¡Awawawawaw! –sé quejaba el pelirrojo bajo las sabanas-¡BASTA! ¡BASTA!

-¡SAL DE AHÍ! –pronuncio el mayor, consiguiendo pellizcar una de sus mejillas bajo la tela.

-¡AAAAAH! ¡NO! ¡YA! ¡ASI! –Hinata dejó de poner resistencia, asomando sólo la orilla de sus ojos avellana, levantando las puntas de sus dedos en señal de tregua- ¿Te molesta si te lo digo así? –preguntó sumiéndose bajo la colcha nuevamente protegiendo sus mejillas.

-Si así te sientes cómodo, no tengo ningún problema... pero ya dime que sucede.

Hinata suspiró y comenzó a hablar, abrazado por las cobijas que le envolvían, cubriendo su vergüenza.

-Kageyama dijo… dijo que… -el pequeño apenas y si podía hilar las palabras, pero hacia su mejor esfuerzo para confesar sus sentimientos-…que… le gustaba… hace como tres semanas… -Sugawara escuchaba al menor sin reaccionar demasiado, observando el pequeño bulto tembloroso que se había formado en su cama- …y le dije que no…

Al pronunciar lo último el platinado parpadeó varias veces extrañado.

-Pero pensé que ti te gustaba Kageya…mah… –su lengua dejó escapar esa última teoría, a lo que el platinado reaccionó cubriéndose la boca esperando no haber dicho nada indebido que arruinara la poca confianza que había logrado con el menor.

-¡No, no, no! –repitió Hinata uno y otra vez, al fin saliendo de su escondite, despeinando sus cabellos.

-¿No?... ¿y qué paso?

-Ustedes saben que he estado cuidando de él… desde lo del accidente.

-No me digas que tu y el… -pronunció incrédulo y a punto de estallar como una madre que se acaba de enterar que ya le deshojaron la margarita a su hija más pequeña.

-¡NO!... mmmm…. nada de eso… quizá un poco… -Los ojos de Sugawara se abrieron como platos y su boca era un completo circulo que se formaba para exclamar algo, siendo interrumpido por Hinata- ¡PERO ¡PERO! Pero, pero… mientras estaba en su casa… él sólo me… él me beso…. –el platinado relajo su semblante- …pero luego llego Kana.

-¿Kana? –preguntó escuchando el nombre de aquella chica por primera vez.

-La chica con la que Kageyama ha salido últimamente.

-Ohhhh… creo que la he visto un par de veces con él -Sugawara rascó su mejilla, intentando no desanimar mucho al menor- Entonces, bien por ti ¿no?

-¡No!

-¿Por qué no?

-¡Porque todo eso fue antes de irnos a Tokio! Antes de…. Antes de que Kageyama… de que él me dijera: "Como puedes saberlo si no lo intentas" –citó el pelirrojo aplanando su cabello intentando imitar al azabache mientras fruncía el ceño-…y el problema es que lo pensé ¡De verdad lo considere!... de verdad lo quise besar. Luego llegó Kana y se quedo con él en su casa y nosotros nos fuimos a Tokio y me lleve su jersey y sólo podía pensar en él y como ella… ella se quedaría solas con él… Luego Kenma… Kenma comenzó a decir cosas que me confundieron más ¡KENMA! ¡KENMA Y SUS IDEAS! Y sobre todo, por sobre todo… ¡ESOS DOS! …están juntos en todas partes… ¡LAS COSAS QUE DICEN DE ELLOS SUGAWARA! -Hinata se tropezaba con su propia lengua amontonando todos los sucesos que le habían pasado desde la fisura del azabache- Y el fin de semana pasado… ¡Sugawara-senpai! ¡YO NO SOY UN PERVERTIDO! –gritó con todo lo que le quedaba de fuerza.

-¿Un pervertido?

Hinata bajo la mirada mientras sus orejas se coloraban completamente.

-Lo hice… pensando en Kageyammah -El menor volvió a hundir su rostro en la tela, comenzando a llorar.

Sugawara trató de calmarlo dándole unas palmadas en la espalda y pasándole el vaso de té para que detuviera la invasión de flujo nasal en sus pertenencias. Al igual que Hinata sus mejillas estaban ligeramente rojas por la confesión que acababa de escuchar y con la sensación de que su familia había escuchado todo en la sala de abajo.

Tomó unos segundos para respirar y acarició la cabeza del pelirrojo esperando a que el menor levantará el rostro para limpiarle las lagrimas.

-Ya, ya… lo entiendo… tranquilo… eso es normal Hinata -Sugawara pasó su mano por su cabello intentando calmarlo- Y ahora…. ¿Qué estás haciendo para arreglarlo?

Hinata se tiró sobre el colchón derrotado, extendiendo sus brazos de par en par.

-Pretender que no paso nada y esconderme de Kageyama.

Sugawara intentó sonreír un poco, fallando en el intento, decepcionado por la respuesta que había obtenido. Observó a Hinata quien se aplastaba la cabeza con amabas manos lleno de sufrimiento y se abrazo a sus piernas, dejando que él pelirrojo se estirara por la cama.

-Pero… ¿Cuál es el punto de pretender que jamás se confesó? -Preguntó serio- ¿Por qué no simplemente sales con él? Se te confesó después de todo.

-¡No puedo! –Se tapó el rostro- ¡No puedo pensar en Kageyama en más que sólo amigos!

-¿Por qué no? Si acabas de decir que te molesta verlo con alguien más seguro es porque te gusta…

-¡SON! –exclamó- S-son las… las cosas que hacen los novios… de sólo pensarlo –su rostro se tornó escarlata- ¡No puedo! Me da vergüenza: Besarnos, tomarnos de las manos… y lo que viene después… ¡No!

Sugawara rio bajito por el ultimo comentario y por lo ingenuo que era él pelirrojo.

-¡Eso sólo es vergüenza Hinata! Por supuesto que puedes con eso y si no funciona ¿Por qué no simplemente vuelven a cómo eran las cosas antes?

-Eso nunca funcionaria… -contestó observando al techo.

-¿Qué el voleibol no es suficiente razón para que sobrepasen "eso" si no funciona?

Hinata dudó antes de contestar

-pero…

Sugawara le quitó las manos del rostro y le quitó el cabello revuelto que se había acumulado en su frente.

-Sabes, Hinata, a veces las relaciones empiezan siendo algo unilateral y más adelante te enamoras de aquella persona… Tal vez Kageyama no te gustaba en un principio, pero por lo que veo ahora te gusta más de lo que crees… es un tanto injusto para él que lo trates así.

-El problema…

-¿Más?

-El problema es que ya pasó… seguro ahora le gusta esa chica ¡¿HAZ VISTO COMO SE VEN A LOS OJOS?! Es como cuando vez a Kenma sonreír ¡PRECIOSO!

Sugawara sonrió.

-Hinata ¿Sabes que Kageyama te ha estado buscando todos los días desde que decidiste convertirte en un fantasma? Incluso ahora… creo que te sigue buscando entre la multitud

Hinata se sonrojó.

-Eso…creo…

-¿Y eso no te dice algo?

-Probablemente sólo quiere retirar sus palabras- reclamó necio el pelirrojo.

Suga se recargó en sus piernas pensativo, asomando sólo una parte de sus ojos, revelando un rostro melancólico- Pobre de Kageyama… con lo que le habrá costado confesarse…

Hinata observó a Sugawara sintiéndose culpable de lo que acababa de decir. Notando por primera vez lo que esas palabras significaban. Kageyama había juntado un valor extraordinario para decirle aquellas palabras, no una, sino dos, dándole el espacio que le había pedido para intentar analizarlo, siendo que él no había pensado en ellos hasta ese momento, mientras que él no tenía ni siquiera el valor para corresponderle de buena o mala manera. Era de lo peor, si Kageyama quería retirar sus palabras no tenía el derecho de mantenerlo en espera por más tiempo.

-Ahora sólo te tienes que confesarte tu ¿no? Si él pudo esperar por ti, yo creo que puedes hacer lo mismo por él… -De la cabeza del pelirrojo comenzó a salir humo al escuchar el consejo del mayor- y si todo resulta bien y no te sientes cómodo con esas cosas, no tienen porque hacerlas inmediatamente… pueden ir a su propio paso ¿sabes?

-¡Pero…!

Sugawara lo observó comprensivo intentando callar la última excusa que saldría de los labios del menor.

-Pero… que no es más triste si él no puede saber lo que tú sientes por él.

Sugawara le regaló una sonrisa y Hinata le correspondió con las mejillas rojas, asintiendo por última vez.

-¡SI!

-XoxoxoxoxoxoX-

Apenas amaneció y el pelirrojo se dirigió a su casa, agradeciéndole a Sugawara por dejarlo pasar la noche en su hogar. Tomó una ducha y se puso el uniforme más presentable que aún poseía y de esta forma salir de su casa lo más rápido posible, sin siquiera mirar al desayuno que había preparado su madre. Por fin estaba seguro de algo y su cara no se veía tan horrible como la noche anterior, de hecho por fin había podido descansar después de mucho tiempo.

Se montó en su bicicleta para conducir hasta la escuela, con la decisión en mente de terminar el juego de los policías y ladrones para empezar a confesar ante el juzgado.

Sugawara tenía razón, si no se sentían cómodos podían regresar las cosas a cómo eran antes. Eran lo suficiente maduros para sobrepasar algo así. Y juntos tenían una meta que de cualquier forma los mantendría unidos por muchos años. No tenía nada a que temer.

Dejó sonar los frenos y corrió hasta su aula esperando que llegara la hora de salida, para hablar con el azabache.

A su alrededor los murmuros de su compañeros se hicieron notorios. Pequeños grupos aquí y allá que susurraban la hora y lugar de alguna pelea en la que no estaba muy interesado, puesto que en su mente él tenía otra meta.

Se sentó en su lugar entusiasmado, notando como sus compañeros se acercaban con cautela a su alrededor. Les regalo una brillante sonrisa lo que les indicaba que ahora todo estaba bien y se podían acercar a él.

-¿Te sientes mejor Shoyo? –pregunto uno de sus compañeros.

-¡Muy bien! –gritó animado.

-XoxoxoxoxoxoX-

Disculpen las faltas de ortografía, corregí este capítulo como diablo.

Waaaah este capítulo se me hizo muy cansado de terminar. Supongo que el estrés de Hinata se me paso un poquito porque por más que trataba de avanzarlo me sentía frustrada con los sentimientos de nuestro pequeño pelirrojo pero aaaaaaaah~ lo bueno es que esto ya termino y eso se los puedo asegurar *wink* *Wink*

En el próximo capítulo al fin se reunirán nuestros pequeños enamorados, pero estoy por segura que no se esperan lo que viene hohohohohohoh

Por otro lado ¡WOW! Muchas gracias a todos los que le dieron follow a mi tumblr y las personas de tumblr que vinieron a fanficiton a darme follow *llora conmovida* Les prometo que actualizare el fanart más seguido, que ya tengo algunas iniciadas.

También me han preguntado mucho si habrá lemon en un futuro y eso es un definitivo "SI" peeeero eso irá más adelante, vamos lento pero seguros :P

Nos leemos pronto!

Dejen review o Hinata jamás se reunirá con Kageyama : D MUAJAJAJAJA (es broma, pero puede ser real : P )

CIAO~

P.D: Mañana contesto todos los reviews