Capitulo extra largo para todas ustedes hermosas, muchas gracias por todo el apoyo!
Nos leemos abajo c:
Haikyuu!
ORANGE JUICE
Capitulo. 9 Suspensión
Las horas de clases pasaron con una increíble lentitud y esperar por cada campanada que indicaba el cambio de hora era peor. Era como si las manecillas se resistieran a moverse y lo miraran con sorna, obligándolo a mirar una y otra vez para admirar el puntero en el mismo minuto inmóvil.
Lunes el tiempo parecía prácticamente congelarse.
Las voces de sus maestros sonaban como sonidos sacados de alguna película vieja, seguido de una banda sonora incrustada con malos efectos. A pesar de haberse levantado con mucho ánimo para iniciar el día y aclarar sus sentimientos con él azabache las lecturas estaba drenando su energía, por lo que Hinata no dejaba de golpear el lápiz contra el pupitre desesperado, garabateando de vez en cuando algún apunte que creyera importante pero dejándolo sin terminar por la falta de atención que podía canalizar al pizarrón.
Si podía hacer algo de provecho con ese tiempo, era el pensar en que le diría al moreno cuando lo viera, pero comprendía que ese tipo de conversaciones internas e importantes sólo salían bien en la mente, pues cuando lo había puesto en práctica en ninguna ocasión le había resultado, pues su lengua se enrollaba y las mejillas se le entumecían de los nervios. Aún así comenzó a hilar algunos escenarios en los que podía encontrarse con el mayor.
Desastrosos encuentros en los que en cada uno terminaba aporreado por la muleta del mayor.
Por otro lado tenía que considerar el factor Kana ¿Qué haría si Kana estaba con él? Seguro la situación no podía continuar de esa manera y no era una opción que las cosas continuaran así, puesto que quería conservar un poco de cabello antes de los dieciocho y los nervios que le producía encontrarse con el otro le estaban provocando entradas o eso es lo que él quería creer.
Se recargo en el pupitre, descansando la cabeza sobre las páginas en blanco de su libreta, relajándose con el sonido del viento que ondeaba las cortinas del aula y el golpeteo constante del gis contra la pizarra.
Si se dejaba ir podría caer dormido una vez más.
-Hina… psst… -el pelirrojo escuchó el murmuro de su nombre a cargo de una voz femenina, observó a sus lados sin notar a quien le llamaba así que lo atajo a su imaginación cerrando los ojos una vez más- Shoo… -la voz volvió a nombrarlo y el pelirrojo levanto su rostro encontrándose con un pequeño papel doblado enfrente de sus ojos- Shooo… -volvió a susurrar esta vez un más fuerte y con algo de miedo en su voz.
-Hmmm… -cuestionó con un ligero gruñido.
-Apúrate, apúrate… -la chica de adelante sacudía su mano para que el pelirrojo tomara el papel, mientras le tiraba miradas fugaces al profesor para no ser descubierta.
Hinata tomó el papel y con un pequeño crujido lo desdoblo.
"En la sali-"
De sus manos unas más grandes y arrugadas tomaron el papel de entre las suyas, seguido de ojos cansados y arrugados que lo observaban con decepción.
-Vaya, vaya con que pasando notas de amor en mi clase… -el hombre mayor camino entre los pupitres observando a todos su alumnos- pero parece que esta cita nunca se va a hacer… -el hombre tomo el papel, lo hizo bolito y fue a volar por la ventana.
-Sí es tan importante esta información gustaría buscarla en el patio joven Hinata.
Hinata vibraba en su asiento, pues no necesitaba de problemas, en especial ese día.
-¡N-no! ¡Está bien profesor!
-Bueno si no le apetece ir al patio… me haría el favor de permanecer en el pasillo para reflexionar sus acciones.
-¡PERO! –el pelirrojo se levantó del asiento intentando disuadir al profesor.
-Es eso o la sala del prefecto ¿Qué prefiere?
Hinata apretó los labios formando una línea delgada con ellos y resignado salió del salón.
-Permanezca de pie al lado de la puerta y en silencio.
Hinata asintió y se dirigió a su lugar en la puerta afuerda del salón. Para su suerte el pasillo estaba desierto y no había señales del prefecto en algún lugar, pues sabía que si lo veía en el pasillo de cualquier forma lo iba a regañar. Suspiró aliviado y se recargó contra la pared para descansar la postura, entretenido con el movimiento de sus pies.
Tanta era su mala suerte que la clase que cursaba era doble por lo que pasaría el doble de tiempo fingiendo ser un estatua fuera del aula o hasta que el profesor se apiadara de su alama, de cualquier forma, no ponía sus esperanzas en ello pues la primera clase siempre era la peor, y ese maestro era conocido por no dar su brazo a torcer.
Los minutos pasaron y su espalda comenzaba a matarle, por supuesto que tenía la capacidad física para permanecer en esa posición pero el aburrimiento le estaba consumiendo la fuerza física.
Escuchó el movimiento de pupitres al final del pasillo y supuso que el cambio de clase ya se aproximaba, por lo menos ahora sólo le faltaría una hora de castigo.
Se asomó por la orilla de la puerta corrediza, observando al maestro que aún permanecía junto a la pizarra, las campanadas del cambio de hora sonaron y espero por alguna reacción que le indicara algún tipo de piedad más no vio nada por el estilo.
Las voces al final del pasillo se fueron incrementando y fue hasta entonces que cayó en cuenta sobre la clase que pasaría enfrente de él. Se apretó a su uniforme y se agarró fuerte de su estomago con ambas manos, sintiendo como el sudor helado se empezaba a escurrir por su frente.
Era la clase de Kageyama.
Se sabía su horario, de qué otra forma lo había podido evitar todo ese tiempo sino sabiéndose cada paso que daría el azabache.
Estaba nervioso se cruzaría con el después de mucho tiempo.
Escuchó las pisadas y pronto comenzó a ver el tumulto de gente que salía en orden por el pasillo. Una fila de hombres se formo afuera del aula, mientras que las chicas esperarían en el salón para cambiarse adentro.
Los chicos comenzaron a caminar en su dirección y su cuerpo se tensó. Se encontraría con Kageyama casi hasta el final de la fila, pues era de los chicos más altos en su grado.
Cuando la fila llegó hasta su lugar intentó poner la postura más recta que pudo mientras sus mejillas se coloraban por las sórdidas risas de sus compañeros riéndose de su desgracia.
-¡Buena postura Sho! –gritó uno de los chicos.
-Tenemos una nueva estatua en Karasuno ¡vean!
Su mirada estaba al frente intentando calmar sus nervios evitando mirar al final de la fila. Sus labios eran un zigzag de nervios que se retorcían al escuchar los pasos pesados de alguien a quien ya conocía muy bien. Era como si sintiera el aura maligna que le clavaba la mirada a unos cuantos metros.
Sus ojos vacilaron, mirando de reojo a quien sabía encontraría en ese lugar y termino volteando completamente su rostro para encararle. Sus piernas temblaron y el corazón cobro peso batallando para palpitar.
Kageyama estaba ahí, con sus ojos azules preocupados clavados en él. Se encontraba unos cuantos pasos atrás de la fila real, pues no podía mantener el paso de sus compañeros.
-Kage… -intentó llamar pero se detuvo antes de completar su nombre. Si no quería ser llevado con el prefecto se debía mantener en silencio, esa era la regla y con el ruido que había en el pasillo se debía encontrar en la mira del profesor.
El azabache lo observaba con una mezcla de furia, preocupación y si lo podía reconocer un ligero sonrojo colocado en sus mejillas y nariz, más sin embargo se encontraba en silencio.
Hinata se exaltó al notar como el azabache comenzaba a mover sus labios, intentando hablar en clave para comunicarse con él.
Por lo que pudo descifrar sus labios le preguntaban qué hacia ahí, pero en cuanto levantó las manos para proteger los costados de su boca y ocultar su voz, la puerta del salón se abrió de par en par.
-Parece que hay demasiada diversión en el pasillo ¿Qué te parece si mejor te cambiamos el castigo?
Hinata observó a Kageyama quien ya se encontraba a sólo unos pasos de él e intento formular algunas palabras que le indicasen que lo quería ver, más el brazo de su profesor lo jaloneó dentro del aula sin siquiera poder cavilar algún plan.
La puerta se cerró atrás de sí y lo único que pudo observar fue el rostro de Kageyama intentando alcanzarlo con una mano antes de que la puerta se corriese completamente.
El maestro lo mando a su asiento y los pasos de Kageyama continuaron por el pasillo hasta desaparecer.
-Hablaremos de su asunto al final de la clase… vaya a sentarse a su lugar.
Esa había sido su primera clase y ya estaba castigado. Después de mucho tiempo deseaba arreglar las cosas y ahora el destino tenia la necesidad de cobrársela con todas las de la ley haciéndolo sufrir.
Recordó a Kageyama y decidió que de alguna forma se lo merecía.
-XoxoxoxoxoxoxoxoxoX-
La segunda y la tercera clase no contaron con escenarios parecidos a los de la mañana, pero para su suerte eso indicaba que sólo tendría que limpiar el salón y buscar por Kageyama en el tiempo restante; Si hablaba con su capitán, podrían permitirle llegar tarde para componer su castigo y quizá si lo hacía muy rápido podría buscar a Kageyama en el tiempo sobrante antes de que iniciara su asesorías.
La maestra de la última clase antes del receso tomaba más tiempo de lo normal, por lo que todos sus compañeros se encontraban de pie, creando pequeños círculos antes de que llegase.
Para su sorpresa esta vez se encontraba solo, pues eran las consecuencias de mandar al carajo toda interacción después de dos semanas y no era de extrañar la desolación en la que se encontraba.
Para su suerte los chicos que habían hablado con él en la mañana se volvieron a acercar, hablando de cosas que no comprendía, por lo que su participación era mínima.
Volteó a su alrededor y notó como las voces comenzaban a bajar, tanto hombres como chicas se secreteaban algo a voces y en su grupo se hacía lo mismo.
-¿Vieron la nota?
-Sí, sí –contestaron unos chicos al unisonó.
-Parece que va a estar bueno no. Aunque me da un poco de….
-¿La nota? –preguntó Hinata.
-Oh es cierto, sacaron a Sho antes de que la pudiera leer –los chicos se disculparon en grupo lamentándose por su castigo.
-¿Y que decía? –intentó sonreír olvidando lo del castigo y esperando una respuesta.
-Hinata, debes venir va a haber una p… -La puerta del salón se abrió revelando a la maestra claramente molesta por alguna situación. Todos los alumnos corrieron a sus pupitres y se acomodaron en sus asientos, esperando no ser las victimas de su ira.
-¿Qué decía…? –susurró bajito el pelirrojo.
El chico de al lado cubrió su boca y bajó su cuello intentando restarse altura del perímetro que escaneaba la profesora.
-Va a haber una pe…-
-¡TU! –Gritó la maestra apuntando a su compañero- Pagina 56 léela en voz alta.
El chico se disculpó por no poderle contar y saco rápidamente su libro intentando no tartamudear en su lectura.
Era raro, sus compañeros habían tenido esa actitud desde hace varios días, no es que no la hubiese notado pero simplemente no le había cobrado la importancia que merecía, pues para sus ojos se trataba de otro chisme más, pero esta vez no.
También estaba el asunto de que su mente estaba puesta en un par de ojos azules que lo atormentaban de noche y de día.
Se sintió curioso durante toda la clase pero no pudo conseguir respuestas de nadie, y pensar en recobrar la nota del patio no era opción prudente. Sin más dejo al asunto ser, pues no tenía nada que ver con él.
Se sentia diferente, y no de una buena manera, pero lo podía manejar. De alguna u otra forma se enteraría durante el día por el momento se podía concentrar en mantenerse bien portado para salir corriendo del salón cuando terminara la clase para buscar por Kageyama.
Su corazón retumbo y apretó la tela obscura de su uniforme calmando la presión arterial que comenzaba a viajar por su cerebro.
Estaba demasiado emocionado que podía escuchar su asiento temblar junto con su cuerpo y el rugido de su corazón chocando contra su caja torácica.
Intentó calmarse respirando lentamente. Sí el sólo pensamiento de verle una vez más le provocaba esa reacciones ¿Qué pasaría cuando lo viera de verdad? Tomó el libro del pupitre y se lo estrelló contra el rostro tratando de esconder sus mejillas rojas y la sonrisa torcida que se reflejaba en su rostro.
-¡HINATA SIGUES TU! –la maestra le apuntó y Hinata tiró el libro del susto haciéndolo sonar fuertemente.
-¡S-s-s-SI! –tartamudeo recogiendo el libro y aplicándose en la lectura.
Tenía que ser paciente, ya sólo faltaban unos minutos más. Unos minutos más y se podría reunir con Kageyama. Podría ver a Kageyama, no de lejos o escondido bajo un banca sin si quiera notar las facciones de su rostro moldearse al conversar, podría observar su coyunturas de toda su piel y ver el arrugamiento de sus parpados al observarle con atención, las delgadas cejas fruncirse y la línea delgada que eran sus labios.
Sonrió para sí mismo y continúo leyendo hasta que su turno termino.
No importaba el tiempo que tuviera que esperar, lo esperaría por él.
-XoxoxoxoxoxoxoxoxoX-
En cuanto sonó la campana el libro cayó de sus manos y todo fue a parar en una bola de útiles escolares dentro de su mochila. Algunos chicos se le acercaron tratando de explicar lo del papel pero simplemente los corto explicando que tenía prisa y que le podían decir después.
Sus piernas se elevaban en paso yogui mientras hablaba y se alejaba de sus compañeros, saliendo disparado del salón.
Kageyama siempre recurría a las maquinas expendedoras por un poco de leche por lo que supuso que lo encontraría en ese lugar, quizá tuviese que esperar a que llegase pues aún tenía su problema al andar y no tenía tanto sentido apresurarse pero sintió la necesidad de llegar antes que él.
Tal vez esperarlo con dos envases en mano e invitarle uno casualmente en forma de disculpa.
Si Kageyama era como lo recordaba, un golpe y unos gritos bastarían para arreglarse.
Cualquier excusa era buena.
No tenía muy concreto que iba a hacer o que iba decir hasta ese momento, pero estaba seguro que algo le vendría en mente cuando lo encontrara.
Busco aquí y allá pero sin mucha pista del mayor, preguntado a sus compañeros por su ubicación donde muchos no tenían idea de donde se encontraba. Sin más se centro en la máquina expendedora a buscar algo de tomar.
Observó la máquina y supuso que tomaría un tiempo para que el chico pudiera llegar hasta ahí por lo que se entretuvo observando los productos que se encontraban dentro de la maquina.
Sacó su cartera y presionó los botones que le entregarían la bebida favorita de Kageyama. Sonrió con una mueca torcida que le llegaban hasta las orejas por obtener algo que seguro haría feliz al mayor. Apenas y si podía mantén la punta de sus talones en el piso intentando saltar de alegría.
La gente que pasaba a sus espaldas comenzaba a susurrar por sus acciones por lo que trató de disimular su alegría al beber de su propia bebida antes que el mayor.
-¡Ey, idiota! –escuchó a la voz grave que tanto necesitaba. Sintió un tibio cosquilleo caer en su estomago, mezclándose con su sangre y el acido gástrico, haciendo que sus piernas falsearan, olvidando como coordinar entre sus brazos y pies.
Sostuvo ambos envases firme e intentó dar la media vuelta para sonreírle al azabache. Sus ojos se abrieron de inmediato al ser atrapado por el brazo de kageyama que lo encarcelaba contra la máquina expendedora y su rostro enfrente del suyo.
-¡Ka-ka-ka-kageyama! -tartamudeó balanceando los empaques en sus manos tratandó de no dejarlos caer al piso por culpa de su nerviosismo.
Lo miró a los ojos y su cuerpo se paralizo, sus pensamientos se fueron en blanco sin poder articular más que pedazos cortos de su nombre. No tenía nada que decir, las palabras se hacían nudos en su cerebro antes de poder unir dos letras juntas.
Sentía la necesidad de correr, esconderse atrás del máquina expendedora o crear un pozo en el suelo que lo tragara y se lo llevara con él. Que conveniente sería ser invadido por los hombres topo en ese momento, pero no había forma de que eso sucediera.
Observo el jugo y la leche que sostenía en sus manos y extendió el de leche para el mayor casi aplastándolo contra su cara para alejarlo unos centímetros de su cuerpo.
-¡E-es-esto es para ti! –gritoneó pegándose contra la maquina.
Kageyama tomó el envase y lo inspecciono con curiosidad, su rostro se relajo por unos segundos contento con el producto que había recibido pero en cuanto volvió a posar sus ojos sobre los de Hinata sus labios se volvieron a fruncir.
-¿Qué carajo es esto?
-Tu beb-bebida favo…
-¡No me refiero a eso, idiota! –Kageyama tomó la leche y se la regresó aplastándola contra su pecho. Hinata intentó alejarlo con sus manos pero no pudo- Me has estado evitando y quiero saber por qué– sus palabras eran ásperas y cortaban en los odios de Hinata con amargura.
Kageyama estaba realmente molesto. Hinata intentó regresarle la leche una vez más pero Kageyama ya se encontraba con los brazos cruzados inspeccionándolo de arriba abajo.
-Primero pensé que era mi imaginación, pero de la nada nadie sabía nada de ti y se me hizo extraño… Hinata… el tipo gritón no está en ningún lado ¡IMPOSIBLE!
Hinata escondía la mirada y se cubría con sus cabellos largos del flequillo, dejando que Kageyama expulsara toda esa frustración que se había acumulado en su interior. Le odiaba, y no lo culpaba. Seguro ahora creía que esa era la forma de Hinata de decirle que no había forma de que le gustase, que lo prefería a cien metros lejos de él.
El también estaba frustrado, era imposible que Kageyama creyera que de buenas a primeras iba a aceptarlo todo. Ni si quiera sabía que tenía algo por los hombres, mucho menos por Kageyama.
Tuvo el tiempo para meditarlo y Kageyama mejor que todos debía entender que Hinata era un cabeza dura que sólo pensaba en golpear sus pases.
Después de todo este tiempo había formado algo de valor y su cabeza ahora estaba limpia, si el azabache ya no quería nada con él estaba bien… después de todo era su culpa.
Y comenzó a enojarse. Enojarse consigo mismo, con Kageyama por confesarse, por no meditarlo más de un día, por besarle y hacerlo sentir como un idiota insensible. Lo odiaba por hacerlo sentir inestable, débil e inseguro.
-¡Ey! ¿Qué te traes? –Cuestiono el azabache pateando sus pantorrillas ligeramente para llamar su atención- ¡Hinata!
-¡Nada! –Gritó enojado el pelirrojo- ¡NO TENGO NADA!
-Ey... -Kageyama bajo la voz sorprendido, tomando de la camiseta al pelirrojo molesto.
-¡Tu! –Su voz comenzó a flaquear formándose una bola caliente arriba de su garganta- ¡TU! ¡T-Ti-Tienes ide…!
-¡AAAAAAAAAH! –el gritó de alguien ajeno a ellos los saco de su conversación, provocando que ambos voltearan a su alrededor notando que ahora se encontraban rodeados de gente. No observándolos a ellos, si no observando el patio a un pequeño grupo de gente. Sus voces apenas eran audibles siendo cubiertas por los murmuros y gritos que se acumulaban a su alrededor. Sin darse cuenta ya estaban rodeados por una multitud de alumnos que se asomaban de todas partes; los pasillos, ventanas y corredores. Todos observando al centro del patio.
Hinata y Kageyama se miraron por uno segundos
Tres chicos de aspecto mayor se encontraban en el suelo, manchados hasta la cabeza de comida podrida y restos de basura, los tres estaban molestos y trataban de quitarse las manchas embarradas en su ropa.
Enfrente de ellos un chico más bajito y de grado menor se encontraba a la defensiva sosteniendo un tubo de metal, se veía nervioso, como si fuera la primera vez en su vida que hubiese hecho algo terrible y su madre estuviera a punto de regañarlo. Su ropa estaba mojada y las piernas le temblaban, pero en su rostro se reflejaba la ira, ese chico estaba furioso.
Sus manos pequeñas apretaban con fuerza el tubo de metal, apuntándolo peligrosamente a las cabezas de los chicos más grandes.
El más alto y de cabeza rapada se levanto del suelo afilando sus puños para golpear al menor pero fue detenido con un sórdido golpe en el hombro con la barra de metal.
-¡Basta! –gritó uno de los mayores que aún se sacudían la basura.
El chico comenzó a reír y blandió el tubo en su dirección, dejando que el otro se sobara su brazo.
-¡¿Y cuando yo les dije que me dejaran en paz por qué no lo hicieron?!
-¡Vas a lastimar a alguien con eso! Noso… –gritó él otro.
-¡Cállate! –Gritó enfurecido- ¡Tienen semanas haciéndome bromas! Incluso hoy mojaron mi ropa pero… -golpeó el tubo contra el suelo haciéndolo sonar- pero ahora que se voltean los papeles y tienen miedo.
–Vamos que sólo eran bromas pequeñas –intentó justificarse uno de ellos.
El chico tomó la barra de metal y le encesto un golpe en las costillas tirándolo al suelo.
-¡¿Esta te parece una broma pequeña?! –gritoneó observando cómo los chicos se revolcaban de dolor.
Aunque todos estaban manchados de comida y llenos de moretones Hinata los observo reconociendo a las cuatro figuras en el centro del patio. Se soltó del agarre del azabache para acercarse a la zona de guerra instintivamente, intentando hacer algo por detener la situación.
-PA… PA… ¡PARA! –gritó desde su lugar rodeado de un pequeño grupo de gente, sintiendo como el blazer de su uniforme era jalado por la mano del azabache. Volteó a verle pero no pudo detenerse y continúo. Tenía que hacer algo.
El chico observó a Hinata de pies a cabeza, apartando la vista de los chicos de tercero quienes se alejaban cojeando apoyados por el único chico que no había sido golpeado. Sus compañeros se acercaban a ellos intentando auxiliarlos, pues dos de ellos estaban sangrando, en especial el que tenía el golpe en la cabeza.
El de la barra se estremeció al reconocer al pelirrojo- ¡Tu…! –susurró para sí mismo. Apretando la barra a su pecho y formando una línea con sus labios.
Hinata retrocedió unos pasos sintiéndose amenazado, y su cuerpo se paralizo al escuchar las palabras de odio que salían de la boca del mayor.
-¡TU ERES EL CHICO DE LA ESCALERA! POR TU CULPA ESTOS TRES IDIOTAS ME HAN HECHO DE TODO! –confirmó señalando al grupo de chicos que se encontraban en el suelo siendo auxiliados por sus compañeros- ¡PERO AHORA ME LAS PAGARAS! ¡ES TU CULPA! ¡TU CULPA!
El chico elevó la barra de metal, inclinado sus rodillas para empezar a cargar contra el pelirrojo. Intentando blandir el pedazo de tubo como una espada y estrellarlo contra el cuerpo del pelirrojo.
Sus piernas temblaron, no sabía si correr o si quedarse ahí para recibir el golpe.
No era tonto el instinto le decía lo que debía hacer y eso era moverse de ese lugar, tenia los reflejos y la agilidad para esquivarlo, pero algo en el fondo de su mente le decía que "no" y le clavaba las piernas al suelo.
Después de todo aquel chico tenía razón, si le habían hecho algo durante esos días era su culpa. El día que huyo de la terraza jamás se disculpo con ese muchacho, jamás pensó que lo estuviera pasando tan mal, jamás pensó que las cosas llegarían tan lejos mientras huía y se escondía como un bebé asustado de sus problemas. Quizá era el karma por ser un idiota y quizá se lo merecía.
Decidió que era su castigo y aceptó dejarse golpear por él mayor sólo cubriendo su rostro con sus antebrazos. Cerró sus parpados y los apretó fuertemente para no presenciar la fuerza bruta con la que sería golpeado.
El tiempo estaba detenido en cámara lenta, cada pisada suspendía de la tierra a su paso y a su alrededor la gente se alejaba de su cuerpo, sabiendo lo que iba a pasar después.
Sería molido a golpes enfrente de todos ellos.
Apretó los dientes y escuchó que alguien gritaba su nombre a sus espaldas con desesperación, pero no pudo reconocer la voz grave y profunda que se aproximaba a su cuerpo.
Abrió ligeramente su ojo izquierdo curioso, intentando observar que pasaba, sintiendo el toque tibio de una mano que lo empujaba unos pasos atrás y se ponía enfrente de él protegiéndolo del golpe.
Sus ojos se abrieron de golpe y sus brazos se extendieron intentando alcanzar el blazer del azabache quien se encontraba frente a él, intentando amortiguar el golpe en su lugar. Su rostro estaba descubierto y sin ningún tipo de brazo que amortiguara el tubo de metal.
Kageyama lo estaba defendiendo, listo para ser noqueado por una barra de metal por él.
Quiso gritar, pedir por ayuda, detener el tiempo y desaparecer, pero no podía. La barra ya casi estaba pegada a su rostro y su manos a penas y si alcanzaban a tocar el blazer de su uniforme oscuro.
Su corazón se acelero y sus brazos se movieron sin consultar a su cerebro.
Hinata tenía buenos reflejos, siempre era elogiado por ellos pero por esta vez, por esta vez deseaba ser un poco más rápido, más ágil, que su cuerpo no lo traicionara y lo ayudara. Deseaba por buenos y mejores reflejos que lo ayudaron a empujar a Kageyama al suelo, no lo quería volver a lastimar, no otra vez. Ya era suficiente de todo eso.
Se impulsó hacia adelante con todo su cuerpo, jalando del cuerpo de Kageyama para tirarlo al suelo con su propio peso.
La barra alcanzo a golpear una parte del rostro del pelirrojo, sólo rozando su mejilla cortándolo ligeramente. Aún así el impulso y la fuerza sobrante que había sido aplicada en el golpe hizo que la barra saliera volando por encima de ellos. Dejando caer sobre sus cuerpos el del mayor quien gritaba al ver volando su arma incrustarse con el muro.
Primero fue el sonido sordo de los cuerpos contra el suelo, luego el metal golpeando contra el muro y por último el grito de una chica recibiéndola fuerza final del golpe.
-¡KYAAAA! –se escuchó un grito femenino dentro de la multitud seguido por otros chillidos horrorizados. Una estudiante de cabello corto y pelirrojo se encontraba en el suelo con la barra de metal encima de ella. Se notaba que había recibido el golpe en toda la espalda dejándola sin aire en el suelo.
A su alrededor la gente estaba vuelta loca. Los chicos tomaron entre sus brazos al de la barra deteniéndole para que no escapara.
-¡SUELTENME! –gritoneaba acobardado.
Las chicas intentaban ayudar a la que estaba medio inconsciente en el suelo con el uniforme revuelto.
-¡Llamen a un profesor! –gritaban preocupadas a su alrededor. La chica se veía adolorida, sin poder respirar ahogándose por la falta de oxigeno.
Kageyama se incorporo antes que él pelirrojo y se paró de inmediato a tratar de auxiliar a la chica.
Los profesores llegaron y tomaron al pelirrojo de la mano jalándolo hacia las oficinas junto con los demás chicos. Intentó observar el rostro de la chica a quien estaban tratando de ayudar afilando la mirada y reconociendo la figura que poco a poco abría los ojos con pesadez.
Kana.
-XoxoxoxoxoxoX-
Cinco personas se encontraban sentadas en la sala de espera afuera de la dirección; todos con las cabezas gachas y los hombros tensos. A su lado, y sólo separados por un asiento se encontraban los chicos de tercero quienes se veían en agonía preocupados por las consecuencias que les podía traer para graduarse esa pelea. Y al final de la fila, con dos asientos de separación, se encontraba el chico de segundo. Quien se veía aturdido entre el bullicio, aún con la rabia hirviéndole en la sangre, se mordía las uñas con desesperación y agitaba sus piernas cronométricamente sólo despegando el talón del suelo. Tal vez conteniendo las palabras que tenía preparadas para soltarle, culparle una vez más por todo lo que le estaba pasando.
Hinata por su lado mantenía la distancia, intentando no cruzar la mirada con ninguno de los otros, dedicando toda su atención al piso, al techo y a los anuncios escolares que rara vez leía pero que parecían ser un buen escape por esa ocasión.
Kageyama se había ido con Kana a la enfermería, o eso podía suponer pues no fue llamado al a dirección junto con los otros chicos y se veía realmente preocupado cuando se dio cuenta de quien se encontraba en el piso.
Estaba celoso, enojado y frustrado.
¿Si él se hubiera golpeado con la barra Kageyama estaría con él en la enfermería?
Por supuesto que sí, y por eso le dolía. Le dolía porque sabía la forma egoísta en la que se quería aprovechar de una tragedia para formar un tiempo asolas con el azabache.
¿En qué momento había empezado a jugar sucio? El no era así.
Intentó observar a sus compañeros de condena, quienes lo recibieron con ojos afilados y rencorosos. Se levantó un poco de su asiento y se alejo el diámetro de un asiento más para resguardarse en la seguridad de la secretaria que los observaba desde su escritorio, quien los había amenazado previamente con una segura expulsión si iniciaban una escena más en su presencia.
Hacía calor, muchísimo calor en esa oficina y la luz fuerte que se colaba parecía encerrarlo en una caja de zapatos. Se sentía sofocado.
La puerta corrediza rechinó y de adentro se asomó uno de los profesores extendiendo su brazo para indicarles a los jóvenes que entraran a la oficina.
Dentro de la sala se encontraba varios de sus profesores, entre ellos el profesor Takeda quien se mostraba terriblemente preocupado por Hinata.
Los hicieron sentarse uno al lado del otro, sin espacios que los resguardaran entre si y así confrontar la situación.
El prefecto elevaba su peluquín con los vapores que emanaba su sudada cabeza llena de ira. Estaba tan rojo de la cólera que su pecho se inflaba entre cada bocanada de aire que lograba inhalar antes de gritarles.
Cada que su voz se elevaba una decima más sus cuerpos se estremecían, ninguno podía levantar el rostro del suelo y sólo se dedicaban a escuchar.
Después de un rato los de tercero contaron lo sucedido, desde que el chico de segundo les tiro la comida encima, responsabilizándolo del último incidente en el patio.
El de segundo los acusó del acoso que había sido víctima hasta ese día, admitiendo ligeramente su venganza. Y por último la forma en la que había sucedió el choque, la razón por la que había "decidido" tirar la comida sobre los alumnos de tercero: Hinata.
Hinata intento explicar la razón por la que había corrido por las escaleras, pero no había forma de justificar que lo había hecho por celos. Así que sólo acepto que no debió haber corrido, no debió haber huido, y mucho menos alejarse sin disculparse con sus superiores.
Los profesores exhalaron fuertemente, junto con el prefecto quien recargaba su rostro sobre el reverso de sus manos. Bajó su frente para tallarla con sus palmas y estiro sus arrugas para desparecer sus cejas fruncidas.
-No puedo hacer mucho por ustedes, chicos. Tienen suerte que la chica nos pidió que no los expulsáramos, porque claramente eso es lo que íbamos a hacer –El prefecto pusó su mano sobre el escritorio con un puño cerrado mientras que con la otra señalo al de segundo y los chicos de tercero- Ustedes cuatro estarán suspendidos una semana, con deberes extra y clases recuperadoras durante ese periodo.
Hinata apretó sus manos esperando lo peor.
-Mientras tu… ¿Sabes? Esa chica me pidió en específico que no los expulsara por ti y el maestro Takeda también pidió mucho por ti, él incluso lo pidió de rod… -el hombre suspiró omitiendo la palabra- … Esperó les agradezcas apropiadamente un vez que termine todo esto… -El hombre paso un mano por su rostro limpiándose el sudor, suspiró pesadamente y continúo- Verás, aunque estos chicos iniciaron todo el alboroto del patio, tu eres el original responsable. Entiendes que te debes hacer cargo ¿verdad?
Hinata asintió.
-Bien, porque tendrás dos semanas de suspensión, empezando desde hoy, clases extras más una carta a mano de disculpa para la joven Kana y de ser necesario pagar sus gastos médicos ¿Estás de acuerdo?
-Sí…- susurró en tono bajito, mirando a su profesor.
-Siendo así, pueden retirarse. Sus padres están en camino para recogerlos.
Los cinco chicos se levantaron lentamente, siendo acompañados por sus tutores quienes los empujaban para que avanzaran rápido. Al final de la fila se encontraba Hinata quien era detenido por Takeda esperando que la sala se vaciara para hablar con él.
No había palabras en su diccionario que lo ayudaran a definir esa situación más que: Aceptación, resignación y por ultima "Suspensión".
La cabeza le pulsaba. No sólo por los gritos que le provocaron un dolor de cabeza, sino por el golpe que se había dado en el suelo con el cuerpo de Kageyama. La mejilla le ardía por el rasguño del tubo y le provocaba escozor.
Era una suerte que el entrenador no se encontrara a esas horas de la mañana en la escuela, pues cuando escuchara palabra de lo que había sucedido, seguro también recibiría una reprenda de su parte, mientras tanto escucharía las palabras del profesor Takeda y ya en su momento se preocuparía de Ukai.
La sala se quedo vacía, siendo habitada solo por Takeda y Hinata.
-Prof…
-Tranquilo –señaló Takeda con una sonrisa- no pienso regañarte más Hinata.
-¡Pero…!
Takeda pusó una mano sobre su hombro.
-Hinata… estoy seguro de que todo fue un accidente que se salió de tus manos.
Hinata asintió conteniendo las lágrimas.
-Kageyama estaba muy preocupado por ti… incluso fue con esa chica para pedirle que hablara por ti.
Hinata lo observó a los ojos e intentó hablar pero fue detenido por las palabras de Takeda.
-Haz estado muy preocupado por algo estos días ¿no es asi? Todos estamos muy preocupados por ti, Hinata. Deberías tomar este tiempo para descansar y arreglar tus problemas; La escuela, el club, todos te estarán esperando cuando estés mejor, así que no te preocupes.
Hinata se aguantó las lágrimas y le sonrió al moreno.
-Muchas gra-gracias –pronunció con dificultad ya que su garganta estaba completamente cerrada por los nervios, recibiendo otra sonrisa del mayor.
-Deberías ver a esa chica en lo que llegan tus padres, ella aún está en la enfermería.
El pelirrojo lo observó.
-¿Puedo?
-Ve… Agrádesele personalmente lo que hizo por ti -Takeda se hizo a un lado para que el pelirrojo pasase- pero no olvides hacer la carta. Esa la tienes que entregar primero al prefecto.
Hinata dio unos pasos al frente, recorriendo la puerta ligeramente antes de recibir un último aviso por su profesor.
-Tu mamá estará aquí en 10 minutos, trata de ser breve ¿si?
-¡Si! –respondió y se encamino a la enfermería. A paso rápido sin llegar a correr, pues eso le había ocasionado la suspensión.
Había perdido la mitad de las clases sentado en aquella oficina, sus pasos se extendían lo más que le permitían sus cortas piernas, intentando llegar con rapidez a la enfermería.
Era una suerte que la enfermería estuviera cerca de la dirección así que no tardaría mucho en llegar, dio la media vuelta en las escaleras y continuó hasta la mitad del pasillo, con las piernas temblorosas y el pulso acelerado.
Al llegar a la enfermería no tenía idea sobre que decir o hacer, pero debía hacer algo. El odio que había acumulado por esa chica era demasiado para lo que ella había hecho por él. Kageyama tenía razón en agradarle alguien tan buena. Tenía que decirle algo, lo que fuera.
Recorrió la puerta lentamente sin hacer mucho ruido y asomó su cabellera anaranjada poco a poco dentro de la habitación.
-¿Kageyama? –escuchó una voz femenina y su cuerpo se estremeció.
¿Cómo no se le había ocurrido que si veía a Kana seguro tendría que afrontarlos a los dos en el mismo lugar? Aún así se interno en el salón, recorriendo la cortina blanca que cubría la camilla.
Sus ojos se interceptaron con los de Kana, quien se abrochaba la blusa para tapar el vendaje sobre su hombro. Sus ojos estaban rojos e hinchados y el moretón sobre su piel sobresalía del vendaje que le habían colocado.
-Lo siento… pensé que… -intento disculparse por encontrarla a medio vestir.
-Está bien –le interrumpió.
Hinata tragó saliva.
-Yo… hmmm … ¡Lo siento mucho! –el pelirrojo hizo un reverencia cerrando los ojos, su cabeza casi tocando el suelo por la inclinación.
La chica se acomodó el moño de la blusa y lo observó con recelo.
-Está bien… –dijo en un tono más bajo.
Hinata la observó confundido.
-No… de verdad… yo lo… -intento nuevamente.
-De… detente –la chica apretó sus labios en una línea.
Hinata se paro derecho y la observó.
-Yo… de verdad no quería que te vieras involucrada ¡Lo juro! Ni siquiera yo sabía de la pelea… -la chica se negaba a mirarlo aún así decidió continuar- hmm… sobre tu hombro… ¡Yo lo pagare todo así que no te preocupes! –Hinata puso una mano atrás de su cabeza extendiendo la otra frente a él- Sobre todo, sobre todo, grac-gracias por hablar por mí, por la susp…
-¿Qué con eso…? –susurró la chica más para sí misma que para Hinata.
-Yo…
-Jamás había visto a Kageyama tan preocupado por alguien -contesto la chica- y ese tenias que ser tu…
- No t…
-¿Qué se traen usted dos? –cuestionó recelosa al fin decidiéndose a mirarle a los ojos.
-A que te…
-¡No mientas! –dijo elevando la voz ligeramente con los ojos un rojizos.
-Yo… No…
-Incluso después de que yo… -la chica bajo el rostro hacia el piso moviendo sus dedos nerviosamente– Hinata… será que a ti te g…
La puerta de la enfermería tronó, revelando la figura del azabache quien abría los ojos, sorprendido pero pasó a un lado del pelirrojo sin decir nada.
-¡Kageyama! –anunció la chica asustada.
Hinata lo observó pasar a su lado mientras el azabache sólo lo veía extrañado.
-¿Cómo sigues?
-B…Bien –tartamudeó ella.
-¿Tu hombro?
-Su… supongo que mejorara.
-Déjame ver…
La conversación que pasaba frente a sus ojos era tan intima, era una forma de hablar que no conocía del azabache. Era como ver a una persona completamente diferente en el cuerpo del azabache.
-No… -se rehusó la chica apretando su blusa y desviando la mirada a Hinata quien seguía de pie a su lado.
Kageyama volvió a ver a Hinata y lo comprendió.
-Hina… -su voz carraspeó– Hinata…
-¡AH! –el pelirrojo gritó interrumpiendo al mayor– Mam… mamá debe… debe… ya debe haber llegado… yo ahm –sus manos se movían nerviosamente- yo ahm… yo me te… tengo que ir –bajó las manos con una expresión seria sin mirarles- de… después de todo… estoy sus…supendido –sus palabras se confundían con risas nerviosas y se mezclaban unas con otras- Así que… los… los veo después… -clavo la vista en el piso y salió de la enfermería rápidamente cerrando de un jalón la puerta.
Que le importaba si lo veían correr una vez más, si le daban una semana más de castigo le venía valiendo poco, de igual manera lo que se formaba entre Kageyama y Kana era algo muy diferente a lo suyo.
Que idiota, al pensar que lo podía arreglar todo con un jarrón de sonrisas y un envase de leche pasterizada.
Idiota.
Realmente era un idiota.
Disminuyó el paso una vez que llego a las escaleras y dejop que el flujo nasal junto con lagrimas se acumularan en su rostro. Caminando a paso lento mientras bajaba los escalones de poco a poco intentando limpiarse los fluidos del rostro.
-¡Hinata! –escuchó que lo llamaban. Observó a su madre en la entrada de la escuela hablando con el profesor Takeda, quien intentaba calmar los nervios de la mujer.
Se veía realmente furiosa dando zancadas para alcanzarlo y jalarlo de la oreja fuera de la escuela.
Poco había visto su madre de las lágrimas que inundaban sus ojos, o tal vez adjudicaba su dolor a la culpabilidad por estar suspendido. De cualquier forma su madre no grito, no lo regaño, ni si quiera hizo algún tipo de comentario. Todo era silencio.
-Ve por… ve por tu bicicleta y métela en el asiento trasero como puedas…
Su madre se sentó en el asiento delantero encendiendo el coche, al fin soltando la oreja del menor. Quien hizo como se le ordeno, tomando su vehículo del aparcamiento y metiéndolo a la fuerza en el asiento trasero.
Subió al auto y observó a su madre arrancar mientras se ponía el cinturón de seguridad con fuerza bruta. Una vez más no hubo palabras, no hasta que llegaron a su casa, donde las luces del patio iluminaban las largas sobras del atardecer.
-Sho… -susurró su mamá- ¿Qué está pasando contigo?
¿Qué estaba pasando con él? Esa era una muy buena pregunta, ya que ni siquiera él podía contestarla. Últimamente tenía una muy mala mañana de arruinarlo todo.
-Lo… lo siento mamá –contestó bajito con la nariz roja y los ojos cansados.
Su mamá presionó sus ojos y suspiró.
-Bueno… de qué sirve que te castigue más si ya tienes suficiente con lo de la escuela –su madre se volteo en su dirección y acaricio su cabeza, intentando comprender lo que le pasaba, dejando que su hijo llorase una vez más en silencio.
-Todo va a mejor Sho, lo prometo.
-Sí… -contestó bajito con los labios apretados mientras su madre lo abrazaba contra su pecho.
Lloraba por estar suspendido, por Kageyama, por su equipo. ¿A cuántas personas más tenía que decepcionar para sentirse satisfecho?
Se sentia tonto e inútil. Su cabeza siempre estaba en las nubes pensando en voleibol y por primera vez en su vida deseo ser listo. Deseo tener sus instintos tan afilados como Tuskishima.
Dejar de tener la cabeza llena de aire y poner los pies sobre la tierra por una vez en la vida.
Se odio por ser tan torpe y por dejar pasar la mejor oportunidad de su vida enfrente de sus ojos.
Su madre se bajo del auto y dejo que Hinata saliera a su paso.
Bajo su bicicleta y la acomodó en el patio donde siempre la encadenaba.
Observó al cielo despejado desde el patio de su casa, escuchando los tacones de su madre chocar contra la madera en el entrada de su casa, seguido por el rechinido de la puerta principal.
Tomó su mochila y la maleta de entrenamiento que se encontraban dentro del auto, sin mucho ánimo.
Dejó que la puerta rechinara una vez más y se adentró en su hogar, dejando sus zapatos en la entrada. Caminó en silencio por el pasillo observando a su madre quien se encontraba con ambos brazos extendidos sobre la cocineta, claramente preocupada sobre él.
-¡Sho! –escuchó a su hermana gritarle desde la sala- ¡Ven a ver la tele conmigo, hermano! ¡La tele!
-Ahora no Natsu… -contestó fingiendo una sonrisa.
Subió los escalones y sin más se tiro en la oscuridad de su habitación.
En fin, ahora tenía mucho tiempo libre.
Para escribir la carta.
Para entrenar solo.
Para…
Para olvidarse de Kageyama.
-XoxoxoxoxoxoX-
Dije que la cosa iba a mejorar ¿verdad? Pues algo así como que mentí MUAJAJAJAAJA
Este capítulo fue un dolor en mi kokorito porque aaah esta vez ya hice sufrir a Hinata lo que tenía que sufrir por rechazar a Kageyama tantas veces, pero ahora si les juro que ya al fin se vienen cosas buenas para estos dos.
Es un capitulo muy especial para mí porque ambos ya se dejaron ver completamente frustrado el uno por el otro, lástima que Hinata quiera dejarlo todo para que Kageyama no sufra más (según él) JAJAJA el no entiende : ( Nuestro bebé no entiende que Kageyama lo hizo por amor al hablar con Kana para que no lo suspendieran Y oh god al fin Kana se dio cuenta qu hay algo torcido en Kageyama (celitos much?)
JEJEJE pues que más les puedo decir?
Muchas gracias por los reviews, los follows, los mp's y los favs de verdad que esas son cositas que me alegran durante la semana porque me da gusto saber que les gusta la historia y que poco a poco las voy matando conmigo… que diga… que? Borma, broma pero de verdad me anima mucho leer sus comentarios y me animan a hacer más largos cada capitulo como este, pero es que una vez que me siento a escribir pum! Ya tengo 20 páginas donde no llego a nada con los cuervitos, pero para allá vamos pasito a pasito.
Conteste algunos reviews durante la semana aún me faltan algunos, lo siento pero juro que los contestaré! Si puedo en un ratito más~
Hay algunas personitas que me dejan review sin cuenta de fanfiction y no les puedo enviar mp : c entonces no se si le parecería bien que les contestara por aquí en un espacio aparte ¿Díganme, si?
Muchas gracias por leer y espero hayan disfrutado del capítulo.
¡Nos leemos pronto!
¿Review?
YES pls ; )
Ciao~~~~~
