¿Me odian? Se que me odian

Se que me tarde mucho en escribir (Un mes exacto para la actualización) y lo sé por sus reviews que hacían que no olvidara que tenía que continuar la historia (T-T) Lo siento mucho, pero uuunf pasaron muchas cosas antes de que pudiera volver a escribir y este cap simplemente no salía como quería, tengo varios borradores del mismo cap, incluso unos a mano y ninguno me gustaba. Creo que el lunes al fin llegue a una idea decente y el viernes termine el borrador completo. Aparte lo pude terminar gracias a una de mis amigas que me ayudo con sus bellas palabras de aliento (ya parecemos Bokuto y Akashi ¿no?)jijijiji.

Gracias HorseFreckled Girl por darme animos para no rendirme con el capitulo.

Sin más las dejo leer y espero que les guste ¡Nos leemosabajo!

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

Haikyuu!

ORANGE JUICE

Capitulo.10 ¿Me escuchas?

Recibido a las 5:58 am

De: Sugawara

"Estas bien? Ya paso una semana y

no haz hablado con ninguno de nosotros,

sólo contéstame ,si?…

por favor".

Enviado a las 6:00 am

De: Hinata

"Estoy bien"

Ese era el decimo mensaje en la semana y eso sólo aumentaba el conteo de Suga quien mantenía su manía de cuidar del equipo como su propia familia y que decir de los demás pues la mayoría del equipo se aseguraban de mantener contacto con el pelirrojo; ya fuera por fotos o pequeños mensajes de texto contándole como había ido el entrenamiento.

Después del accidente y su primer día de suspensión los primeros en contactarle para saber que tan mal le había ido en casa fueron sus superiores de segundo, quienes ardían de irá al no haber estado presentes para defenderlo cuando su compañero de grado se había vuelto loco contra él. Asegurándole que si hubieran estado ahí les hubieran pateado el trasero a todos hasta que no se pudieran volver a sentar en toda su vida.

Todos y cada uno se mantenían al corriente con el pelirrojo, incluso el presuntuoso de Tsukishima se había dignado a enviarle un mensaje de texto, no muy agradable, pero a fin de cuentas se había tomado la molestia de enviarle algo, todos en contacto con él menos uno…

Kageyama por su puesto.

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

Se talló sus ojos y suspiró al notar nuevamente el reflejo dorado del sol golpeando las cortinas, junto con el sonido cortante del ventilador dando vueltas en el techo, hipnotizándolo para evitar que se levantara de la cama.

Estar suspendido le había regalo demasiado tiempo libre y sobreanalizar los objetos que le rodeaban en su habitación se había vuelto su nuevo hobbie; Aprender de los químicos o ingredientes en las etiquetas de los productos venia siendo un tipo de aprendizaje que no sabría si en algún momento en el futuro pudiera ser útil pero quisiera o no esa era una habilidad que había obtenido con el paso de los días.

La tarea le era traída hasta su casa alrededor de las 5 de la tarde por uno de los delegados de la clase, pues nadie del equipo compartía grupo con el para encargarse de ayudarlo con sus tareas y trabajos extras que tenia que realizar durante sus suspensión, por lo que no tenia ningún tipo de compromiso por toda la mañana. Lo cual lo frustraba aún más pues no tenia sentido estar despierto a plena madrugada si lo único que lo mantenía cronometrando su sueño era la costumbre de levantarse a correr apenas y dieran las 6 am, costumbre que no parecía desaparecer por más tarde que decidiese dormir.

Cumplía con sus deberes sin chistar y terminaba su tarea con la ayuda de los apuntes de sus compañeros para no cometer suicidio antes de que los exámenes volvieran para burlarse en su cara. Era como caminar a cuestas sobre lodo.

No se quejaba y sólo se dedicaba a separar algunas horas para el entrenamiento en solitario, pero una persona con la energía de una planta nuclear no podía llenar las horas vacías en las que su estamina suplicaba por movimiento, y debía ser honesto admirar las gritas del techo o las etiquetas en las botellas no eran para nada entretenido. Mantenerse por horas en la cama esperando a que el día terminara era un rotundo y redondo no.

Escuchó las zapatillas de su madre acercarse y pasar de largo por su puerta, seguido del sonido de su aguda voz levantando suavemente a su hermana para llevarla al kínder.

-Natsu vamos, que ya es tarde. Te espero abajo cariño – escuchó la puerta rechinar una vez más y como sus pasos lentos se detenían ligeramente frente a su puerta, dudando quizá si debía tocar.

No era como si su madre lo odiara, todo lo contrario. En su familia eran raros los castigos. De hecho era la primera vez que alguien había sido suspendido dentro de su casa, así que castigar a Hinata estaba un poco fuera de lugar, aún así se notaba que su madre había creado un pequeño distanciamiento entre ellos, lidiando con la situación de la mejor manera posible sin tener que lastimar sus sentimientos con duras palabras que no arreglarían lo sucedido.

Dos golpes ligeros llamaron su atención y volteó su rostro a la puerta de madera que permanecía estática frente a su cama.

-Sho… - dijo ella con voz suave tocando una vez más- Sho, no vayas a olvidar la carta. Asegúrate de llevarla a la escuela como te pidió el prefecto ¿si? –no espero a recibir una respuesta pero continúo después de hacer una debida pausa al escuchar los pasos apresurados de su hermana al correr por el pasillo jalando de su madre- ¡Natsu!... ¡no!... hijo te dejé tu uniforme en la lavandería tómalo y ve a la escuela a que te revisen eso. Nos vemos en la noche… ¡Nats! –los jaloneos de su hermana se hacia evidentes al evitar que su madre hablara claramente- Nos vemos en la noche hijo, con cuidado ¿si?

Ni siquiera espero por una respuesta cuando sus zapatillas ya estaban en movimiento, siendo seguidos por los pasos atolondrados de su hermanita corriendo por la duela para alcanzar a su madre.

Unos minutos después el auto estaba arrancando y la casa completamente sola para él.

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

La carta en su mochila y el uniforme recién planchado enfundaban su vestimenta después de no usarlo por más de cuatro días. Se acomodó la correa y se arregló un poco el cabello revoltoso antes de montar la bicicleta una vez más para ir a la preparatoria.

Lo habían citado a la hora de la salida para que no se encontrara con nadie de los afectados en el accidente, todos a diferentes horas para evitar cualquier tipo de disturbio mayor. Cosa que no hubiera sido tanto problema ya que a como había entendido mediante los mensajes de texto de Tanaka y Nishinoya los chicos de tercero no le guardaban ningún tipo de rencor, pues seguían culpando de todo al de segundo. No le alegraba mucho seguir delegando aquella responsabilidad, pero si pensaba bien las cosas todo lo que vino después de aquel accidente no había sido totalmente su culpa pues quienes siguieron con el acoso habían sido sus superiores, por lo que se sentían mal con él por haberse llevado el peor castigo pero al mismo tiempo le agradecían por evitarles que los suspendieran en su ultimo año escolar.

Sea como sea lo más seguro era que el chico de segundo aún le guardaba algo de rencor. Pero la idea de encontrárselo no era tan mala como la de encontrarse a quien los había salvado de la suspensión: Kana.

Si bien había hecho la carta, las palabras que estaban entintadas en aquella hoja de papel no reflejaban lo que en realidad sentía.

Estaba agradecido por evitar que lo suspendieran, pero en todo caso eso se lo debía a nadie más que a Kageyama, pues fue quien suplico por él, y por otro lado aún había algo en ella que no podía descifrar completamente, sentimiento que había despertado en él desde su encuentro en la enfermería.

Suspiró pesadamente mientras movía los pedales, sintiendo la ligera capa de sudor provocada por el sol de medio día. Ya no se sentía tan presionado como los días anteriores cuando había perdido el control. Si bien había escuchado las palabras del profeso Takeda, aprovechado el tiempo perdido para calmar las aguas revoltosas de sus sentimientos.

Estaba tranquilo y su corazón en paz.

Sabia lo que sentía hacia Kageyama pero también sabia que todo aquello debía parar. Confrontarlo directamente había resultado en un fracaso rotundo así que por ahora, dejaría que las cosas siguieran su lugar sin intervenir demasiado. A fin de cuentas la confesión de Kageyama había llegado desde algún rincón retorcido del universo y lo más que habían compartido hasta el momento sin siquiera tener que mover un dedo eran unos cuantos besos que apenas y si podía recodar su sensación.

No era que se hubiera rendido, era que ya no quería causarle más problemas a nadie. Mucho menos a quien amaba.

Así que no había más que hacer; Si las cosas se daban ó si Kagayama se había dado a la tarea de cuidar de Kana era una situación que seguro llevaría a algo y de eso estaba seguro, pero conociendo a su setter ese era un tipo de situación de la cual no podía estar muy seguro ¿Kageyama de enfermero? Tendría que verlo para creerlo, pero si recordaba la forma en la que el chico había regresado para ver el estado de Kana y comprobar sus heridas lo dejaban en duda. Dejando todo eso, sus problemas estaban resueltos. Cualquiera de las dos opciones llegarían a un resultado definitivo, por lo que preocuparse era un intermedio del que ya no se podía dar el lujo. De una u otra manera tendría que aceptar el resultado.

Estacionó lo bicicleta y recorrió los pasillos casi vacíos de la escuela. Si ponía la suficiente atención podría jurar que escuchaba el rechinido de los tenis de sus compañeros entrenando en el gimnasio. Pero claro, pensar en aquello era una locura, la soledad lo había hecho creer que sus sentidos se habían agudizado seguramente.

Dio unos cuantos pasos y con una reverencia se introdujo en la sala de oficinas donde él prefecto le saludo seriamente. Se introdujo dentro de aquella oficina fuertemente iluminada, mientras las ansias del recuerdo de golpear un balón con su palma ardían en su sangre. No podía hacer nada al respecto más que aguantar y terminar con ese castigo de una vez por todas.

Escuchó al prefecto hablar una vez más sobre su irresponsabilidad y después las palabras se fueron distorsionando hasta que no tenían forma y sólo se dio a la tarea de asentir cuando lo creía necesario.

Observó como el hombre estampaba su firma al final de la hoja, obligándolo a poner la suya junto con su nombre también. El sonido del sello entintado de la preparatoria estampar con el papel y listo, podía regresar a casa.

No hubo advertencias ni más regaños por lo que se dio a si mismo la libertad de asomarse al gimnasio libremente; unos segundos eso era todo lo que necesitaba para calmar sus ansias de correr hasta su casa. Sólo observaría, quizá por la ventana para que sus amigos no se distrajeran. Todo lo que necesitaba era una probadita de lo que amaba para saber que podía aguantar una semana más en ese estado de parálisis.

Camino con cuidado por los pasillos tratando de no toparse con nadie, sin siquiera hacer ruido con las zapatillas blancas. Sus manos estaba enrollados en la correa de la mochila y sus labios se craqueaban con emoción y nerviosísimo.

Se acercó sigilosamente y bajo los escaloncillos con cautela, agradeciendo que las practicas se realizaban a puerta cerrada y por la hora probablemente tanto los maestros como las managers se debían encontrar adentro del edificio, así que no se preocupo por encontrarse con ninguno de ellos en el pasillo principal.

Escuchó los gritos y su piel se erizó lentamente mientras su cuerpo tomaba calor por la emoción.

Recargó uno de sus pies en la pared y con sus manos se tomó de los barrotes de las ventana fuertemente. Tardó unos segundos en incorporarse a la altura de las ventanas al tratar de llegar a la orilla de esta. Intentando no resbalarse con el muro mientras clavaba sus tenis en la pared, acumulando la fuerza en sus extremidades para no resbalarse. Se elevó unos centímetros y su corazón se llenó de alegría al observar lo que más amaba en el mundo. Todos y cada uno de sus compañeros dando el 100% en lo que parecía un partido de practica.

Recorrió la cancha de izquierda a derecha mientras la pelota viajaba en el aire, elevándose suavemente con las manos de Sugawara para colocar el balón para Asahi quien remataba con fuerza desde el fondo de la cancha.

Su rostro debía estar rojo de emoción o su corazón demasiado acelerado porque podía sentir sus mejillas arder calentando sus mejillas . O si lo pensaba bien, podía ser que el sol que pegaba contra su espalda y la ventana lo estaba insolando, pero eso no le importaba, tenia ganas de estar ahí, de jugar con ellos, no de sólo observar.

Sus ojos entristecieron un poco, entrecerrando la mirada con melancolía al saber que todo aquello lo esperaría hasta dentro de una semana más si es que tenían piedad con el.

Sus dedos se soltaron ligeramente de los barrotes y cuando estaba a punto de dejarse caer para regresar a su casa, el balón se levanto una vez más pero esta vez del lado contrario. Un segundo setter estaba en la cancha jugando para el equipo. Se agarro con fuerza y lo observó: Kageyama estaba en la cancha, jugando, había regresado al fin. Su corazón dio mil vuelcos al observar como el pase era rápidamente colocado para Tanaka con precisión y sintió envidia.

Rápidamente analizó al azabache y observó su pierna que aún permanecía vendada sólo cubierta por la pequeña sandalia ortopédica que mantenía su pie firme y se preguntó si Kageyama se encontraba en condiciones para jugar en su estado. Sus ojos fijos en su pierna llenando su cabeza de mil preguntas sin respuesta, para cuando se dio cuenta, un apar de ojos azulados y afilados ya estaban observando los suyos desdé la cancha. El balón voló una vez más para su posición y sabiendo lo que podría pasar dejo que sus brazos se soltaran de los barrotes escapando del lugar.

Escuchó un par de gritos que lo quisieron hacer regresar. Imaginarse a Kageyama lastimándose una vez más por su culpa no ayudaba a realizar sus escape forzado, pero después de algunas risas perdidas entre el murmullo lo traqnuilizaron. Nadie se reiría de una herida ¿verdad?

Intentó caminar rápido, pues correr no era una buena idea, no a la mita de su castigo y no dentro de la escuela, pero cuando escucho la puerta de metal rechinar a sus espaldas se detuvo sobre sus pasos instintivamente, esperando ser llamado por el azabache.

Su corazón se detuvo por unas milésimas y contuvo la respiración esperando por lo inevitable.

-¡Hinata! –un tipo de placer que sólo se siente cuando la persona amada pronuncia cada letra de tu nombre conjuugandola dentro de sus labios.

Se rehusó a dar la vuelta pero aún así contestó con los músculos tiesos y elevados como una estatuilla de marfil, sin dar una reacción completa.

-¡Ka-Ka-Kageyama! –tartamudeó mientras los pasos del azabache se acercaban y se instalaban al frente de él.

El azabache observo hacia la dirección en la que cuerpo del pelirrojo se dirigía y lo miró con curiosidad, intentando descifrar que trataba de expresar con su cuerpo.

-¡Que haces idiota? –preguntó curioso observándolo de arriba abajo.

-¡Ah! Yo.. ahm …

El moreno le encestó un golpe en la cabeza y en un segundo hizo que el pelirrojo reaccionara. Acomodando las tuercas que se habían quedado sin aceite.

-¡¿Qué te pasa Tontoyama?! –gritoneó el menor con su tono habitual, sobándose la zona herida que comenzaba a inflamarse en un chichón.

Kageyama no respondió más tomó de la cabellera anaranjada del menor y la revolvió con brusquedad, entrelazando sus dedos con cada fibra de su cabellera.

-¡Owowowowowow! –se quejaba el menor mientras era zarandeado -¡Basta…!

-¡Mañana…! –Kageyama detuvo el movimiento pero se aseguró de tapar los ojos del menor con su propio cabello para evitar que lo viera directamente mientras articulaba su oración.

-¡Kageyama! ¡Ey! –el pelirrojo intentaba quitarse la venda humana sobre sus ojos.

-¡MAÑANA! –enfatizó con fuerza el moreno una vez más, aplastando el rostro del menor para empujarlo hacia atrás-… mañana… ven a mi casa a las 6, en tu bicicleta y no es pregunta.

Hinata se liberó del agarre del mayor y levantó el rostro para observar el contrario, el cual estaba sonrosado hasta las orejas junto con ceño fruncido muy marcado.

-¡Y… Y… Y… deja de hacer el idiota! –finalizo el azabache encestándole un segundo golpe en la cabeza antes de alejarse rápidamente de él. Se detuvo antes de entrar al gimnasio y volvió a mirar a Hinata a los ojos quien aún se apretaba la cabeza con fuerza– A las seis, idiota.

Cerró la puerta y se interno en el gimnasio dejando a un muy confundido Hinata sobándose la cabeza en medio del pasillo.

Observó la cortina de metal recorrerse y sonrío ligeramente para salir a paso rápido de la escuela, con el corazón saltándole del pecho. Algo bueno le había pasado o más bien, se sentía como que algo bueno había pasado.

Tomo su bicicleta y se marcho a casa. Se marcho tan rápido como las piernas le permitieron pedalear, tan rápido como las colinas lo dejaron deslizarse y tan fresco y ligero como el aire mismo.

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

Poco había planeado y poco había internalizado la razón por la que Kageyama lo había citado a su casa. Si bien no había mantenido contacto con el chico desde el lunes se le había hecho extraño que el pelinegro hubiera hecho algún movimiento antes que él o mejor dicho que el pelinegro quisiera tener algún tipo de conversación con él.

No había dormido mucho y mucho menos había degustado algo de alimento pues los nervios lo estaban matando y sus acostumbradas vueltas al baño cuando los nervios lo atacaban no estaba permitidas ese día. Debía ser fuerte.

¿Tenía pedido permiso para ir a ver a Kageyama? No

¿Lo volverían a castigar después de salir de casa? Sí

Pero valía la pena, era una oportunidad de solucionar las cosas. De hablar con Kageyama y saber que estaba pasando de un buena vez por todas, y de ser necesario, terminarlo como debía ser y esperar porque el tiempo les regresara el combo dinámico en el que se habían convertido.

La alarma sonó una vez más y la rutina de esa semana había comenzado de la misma manera que los otros 4 días a excepción de que en sábado no había mucho que hacer en su casa, las reglas seguían siendo las mismas; hacer sus deberes, estudiar, ponerse al corriente con los apuntes y entrenar lo más que pudiera.

Su madre corriendo para despertar a Natsu y pasando de largo su puerta para dejarle el desayuno en la mesa sin prensarlo, con algún tipo de nota que le hiciese saber la hora en la que regresaría. Como era fin de semana probablemente su madre y hermana se irían a casa de sus abuelos pero no podía contar con ello al cien por ciento aún así tomaría el riesgo de todas maneras, esperando que los castigos hogareños empezaran por su culpa.

Esperó a que el coche arrancara y se levantó de la cama para salir a correr. A correr con todas sus fuerzas hasta que no sintiera las piernas y su cuerpo se agotara o hasta que su corazón decidiera que si iba a palpitar así debía ser por el esfuerzo físico y no por una persona.

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

Al cuarto para las seis ya se encontraba al enfrente de la casa del azabache, decidiendo si era una bue idea o no tocar el timbré antes de tiempo ¿Se vería desesperado si llegara quince minutos antes? ¿No verdad? No…

Ya se había asomado por la barandilla, notando la ausencia del auto en la cochera justo como la primera vez que había visitado su casa. Por lo que suponía que su madre debía andar fuera, así que podía contar con un encuentro a solas con el moreno. Cosa que lo ponía un cincuenta por ciento más nervioso de lo normal.

Rascó su cabeza y unió sus manos mirando de un lado a otro mientras su bicicleta reposaba en el suelo esperando por su siguiente movimiento. Los vecinos comenzaban a mirarlo extrañado por lo que debía tomar una decisión pronto.

-Tch… ¿Cuánto tiempo más piensas estar parado ahí? –escuchó una voz que lo llamaba desde el segundo piso haciéndolo respingar del susto.

Levantó el rostro y observo a Kageyama recargado en sus antebrazos observándolo con aburrimiento desde la ventana.

-¡Kageyama! –gritó sorprendido.

-¡No grites idiota!

-¿¡Cuánto tiempo tienes viéndome desde ahí?!

-El suficiente para confirmar lo tonto que estas.

-¿Es así? ¡Pues toma! –Hinata comenzó a aplastar el botón del timbre insistentemente molestando a Kageyama- ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma!¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma!

-¡Aaaaaaah! ¡Basta! ¡Basta! –contestó enojado alejándose de la ventana, mientras Hinata seguía con su actividad de molestar la azabache.

-¡ESTÚPIDO TONTOYAMA!

-¡QUE BASTA IDIOTA! ¡DETENTE! –gritó, asomándose ahora desde la puerta.

Hinata dejó de aplanar el timbre y observó a Kageyama quien iba con un pantalón negro de mezclilla ajustado a las piernas; arremangado del lado de su pie lastimado para hacerle espacio a la férula, una camiseta blanca básica y un blazer turquesa sobre sus hombros.

Sus mejillas se sonrojaron y se dío la media vuelta rápido para tomar su bicicleta del suelo.

-No, no la metas –se apuro a advertir el pelinegro.

-¡Aaaaah! ¿Qué? Me haces venir hasta acá y ni siquiera me vas a dejar entrar a tu casa, no tienes modales Kageyama…

-No es eso –el moreno se agacho ligeramente en el suelo y tomó una pequeña mochila que estaba en la entrada- tu y yo ya nos vamos.

-¿¡Qué?!

-Como dije: ¡ya nos vamos!

-¡¿Haaa?!

Kageyama caminó hasta Hinata y sin esperar a que el menor se sentara en la bicicleta este se sentó en la parte trasera expectante.

-¿Qué no me vas a llevar?

Hinata lo observó extrañado pero disidió que lo mejor era continuar con aquello. Se montó en la bicicleta y observo hacia adelante mientras sentía como las manos del azabache se atravesaban sobre su estomago una vez más.

Se sentía bien.

-¿Y donde se supone que voy a llevar a su majestad? –cuestionó con picardía provocando que Kageyama apretara su puño sobre su pequeño estomago, sacándole el aire.

-¡Pueef! Que diga, que diga… ¿a dónde te voy a llevar Kageyama-san?

-Al hospital…

-¡¿Eh?!

-¿Cuantas veces más me vas a hacer repetirlo? El hospital… ¡vamos al hospital! ¿Te quedaste sordo durante la noche o qué?

-¿Y tu mamá? ¿Qué no te podía llevar ella?

-Se fue por unos días…

-Ohhh

-Como que "oooh" no necesito tu lastima ¡Vámonos de una vez cabeza de aire!

Hinata subió sus piernas a los pedales y comenzó a girarlos con fuerza, sintiendo el peso del contrario descansar en la parte trasera de su bicicleta y el contacto cálido de su brazos abrazando ligeramente sobre su cintura.

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

El recorrido al hospital fue menos incomodo de lo que pensó, era como si el tiempo que había transcurrido entre ellos no hubiese pasado para nada, pues casi todo se sentía igual menos el ritmo cardiaco que se aceleraba en su pecho, quizá por pedalear con fuerza o por sentir a Kageyama cerca suyo. Regalándole su voto a la segunda opción.

De cualquiera manera, estaba feliz y no había palabras que pudieran cambiar ese hecho.

-Hinata… -llamó el azabache cuadras antes de llegar al hospital.

-¿Hmmmm? –contestó el menor con las mejillas rojas, volteando ligeramente para observarlo.

-Idiota…

-¡TONTOTAYAMA! –vocalizó con toda fuerza estacionándose fuera del hospital para ser callado por los enfermeros que estaban descansando a en las banquillas frontales- lo siento…

Ambos chicos rieron ligeramente mientras se acomodaban en las barandillas para bicicletas.

Kageyama se dirigió a la recepción seguido por Hinata. Se sentaron juntos en la sala de espera, sin cruzar muchas palabras sólo observando el blanco de las paredes y escuchando el paso casi silencioso de las enfermeras que se paseaban enfrente de ellos mientras esperaban a que su apellido fuera llamado.

Cuando el doctor por fin lo llamó para el chequeo, Kageyama le aventó su mochila dejándosela caer en las piernas para evitar que se levantase de la banquilla

-Espérame a aquí.

-¿Qué soy tu perro o qué?

-Algo así… -Pronunció el azabache con un sonrisa maliciosa, dejándolo sin palabras.

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

De diez a quince minutos habían pasado y Kageyama no había salido del consultorio del doctor y lo poco o mucho que podía observar desde la ventanilla opaca de la entrada no le daba mucho a entender la situación por lo que decidió hacer un pequeño recorrido por los pasillos del hospital cargando ambas mochilas consigo.

Pasillos largos y verdosamente iluminados con sus incontables puertas de especialidades y laboratorios.

Para cuando iba a dar vuelta en la ultima puerta del pasillo su cuerpo se detuvo, reconociendo una voz del otro lado de la puerta.

-Gracias doctora –dijo la voz femenina- sonriendo desde su silla.

-Iré por las cremas, vuelvo en un segundo Kana.

Sus piernas se paralizaron y la perilla del consultorio giró para revelarlo frente a la puerta, obligándolo a intercambiar miradas entre la chica y la doctora.

-Hhmm… ¿Estas perdido muchacho? –cuestionó la doctora.

-¡Ah! Nnn… no, no, no para nada. Yo sólo…

-Es mi amigo doctora… -contestó la chica.

-¡Vaya que atento novio! Hasta te carga la mochila… si quieres pasa- dijo la doctora empujándolo adentro de la habitación junto con la chica.

La puerta se cerró y Hinata sólo pudo sonreír nerviosamente.

-Hola, Shouyo.

-Hola... Kana –contestó el pelirrojo.

-¿Qué haces aquí? –preguntó curiosa.

-Yo… hmmm… acompañaba a Kageyama…

-Hmmmm… -vocalizo sínicamente- ¿Y te lo pidió específicamente a ti?

Hinata se heló ante la forma tan directa en la que estaba siendo tratado, por lo que decidió cambiar el curso de la conversación.

-¡Ah! –exclamo hurgando entre su mochila- Toma, pensaba ir directo hasta tu casa para entregarte esto, pero si ya estas aquí creo que podría entregártelo de una vez. Si no tienes problema...

La chica extendió la mano recibiendo la carta de disculpas, abriéndola rápidamente y escudriñando entre sus palabras, posiblemente juzgando la sinceridad con la que estaban escritos sus sentimientos o quizá si sólo era mero compromiso lo que detectaba entre sus oraciones.

Terminó de leer y lo observó unos segundos sin una expresión descifrable en su rostro para luego guardar el documento dentro de su bolsa de mano.

-Recuerda que… -comento Hinata tratando de romper la tensión desde la pared, donde sentía que Kana portaba una espada y lo acorralaba contra el muro- …Si necesitas que pague algo me puedes decir.

-No hay problema -contestó rápidamente- sólo he gastado en esta consulta y la medicina es solo para calmar el dolor.

-¿No te dejara marca?

-No, ninguna. Es sólo un moretón y después de todo… no fue tu culpa al cien por ciento así que no me parece justo.

Hinata sonrió ante el comentario y se observo aliviado de que su piel no se marcaria por su torpeza. Relajó su cuerpo al sentirse desligado de algo tan trágico para una chica. Nunca había tenido novia, pero había pasado tanto tiempo con chicas que sabia perfectamente lo fuerte que resultaba para ellas quedar marcadas por cicatrices. Así que estaba sinceramente feliz por ello.

-Gracias –dijo el pelirrojo.

Se dio la media vuelta y sostuvo la manija entre sus manos intentando salir del consultorio, comprendiendo que sus asuntos ahí estaban terminados.

-Tu y Kageyama… -dijo la chica erizando la piel del pelirrojo- El se veía realmente decidido a salvarte de aquel golpe ¿sabes? Todos en la escuela hablan de lo valiente que fue. Incluso creo que ahora es más popular entre las chicas.

Hinata dio un giro de noventa grados, sólo encarándola completamente con su rostro.

-¿Hmm? –murmuro el pelirrojo- ¿así es?

-Tal vez debería invitarlo a salir de una vez ¿no crees? Antes de que las demás chicas se me adelanten.

Se hizo un silencio que sólo era llenado por la corriente de energía que era transportada por los focos de alógeno en el techo. La perilla perdió peso resonando en la habitación, seguido por los dos pasos que dio Hinata para hacerle frente completamente.

-Lo siento pero… -el pelirrojo hizo una pausa mirándola a los ojos. Enmarcando un rostro de ternura y tristeza, decorado por el sonrojo sobre sus mejillas, pronunciando sus verdaderos sentimientos:– pero a mi me gusta Kageyama…

La chica se recargó en el respaldo del asiento poniendo sus brazos como almohadillas para cubrir su rostro.

-Lo sabia… -confesó.

Hinata hizo una reverencia discreta, mientras la chica esconda su rostro entre sus brazos, cubriendo las lagrimas que se empezaban a escurrir por sus mejillas.

Bajó su rostro y se dio la media vuelta presionando la manija para salir rápido de aquella habitación. Su mirada clavada en el suelo sintiendo como topaba con algunas personas que lo regañaban al caminar sin poner atención al camino, más no hizo caso.

Observaba sus pies levantarse pero no podía elevar el rostro.

Ahora si lo había hecho, había confesado sus sentimientos con la persona que al igual que el amaba a Kageyama, una persona que siempre había estado segura de sus sentimientos.

Sintió que el aire le faltaba, pues sabia como se sentía ese sentimiento, el de perder algo muy valioso para ti sin darte cuenta.

Su rostro chocó con el pecho de alguien más alto que el y se sobo la nariz adolorida. Observó el suelo reconociendo el par de pantalones, ahora acompañados por un par de zapatillas iguales. Elevó su rostro y se encontró con el estoico de Kageyama.

-¿Qué estas haciendo?

-Ne-ne-ne-necesito ir al baño.

Kageyama le encesto otro golpe en la cabeza y se encamino con el baño, mientras Hinata intentaba no saltar de alegría al darse cuenta que Kageyama ya no tendría que usar aquella férula nunca más.

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

-¿Cómo te sientes de tu pierna? –preguntó el pelirrojo fuera del edificio.

Kageyama sonrió siniestramente.

-Excelente –de sus ojos salían llamas decidías a quemar cien pueblos con el fuego de su juventud- Podría ir a retar a Oikawa a un partido ahora mismo.

-¿¡Qué?! –dijo exaltado.

-Era broma… -contestó el moreno confundido por la forma en la que el pelirrojo no había comprendido su humor.

-No me asustes así Kageyama, que te acabas de recuperar…- el chico camino unos pasos delante de él y tan pronto como desencadeno el vehículo se subió en este para mostrarle el asiento trasero al moreno, extendiendo su brazo como un buen mozo– Un ultimo paseo ¿Su señoría?

-Cállate ¡No! –Kageyama se acercó poniendo su mano sobre la suya par apartarla del volante y con su cuerpo lo empujo hacia atrás de la bicicleta, obligándolo a sentarse en su supuesto asiento reservado para él.

-¿Qué pasa?

-Déjame… déjame conducir esta vez –pronunció observando hacia el frente.

-¿Aaaah?

Fastidiado, giro su torso ligeramente para tomar una de las manos del pelirrojo que flotaban en el aire sin saber que hacer, y la estiro para que lo rodeara de la cintura.

-¿Lo hago yo? –preguntó, intentando jalonear su otra mano.

-Basta, basta, que lo hago yo mismo. Vaya, tan brusco como siempre Kageyama –contestó el pelirrojo esperando para hundir su brazos alrededor del cuerpo del mayor.

Como su estatura era más chica la forma en la que se había sentado le permitía pegar completamente su pecho a su espalda y rodear con sus brazos su cuerpo, con una pierna a cada lado de sus costados. Abrazándolo con todo su cuerpo.

El aroma a Kageyama, su champo y al detergente que lo envolvía mientras los pedales se movían, acariciando su escancia para restregarla contra sus sentidos.

Estaba rojo, ardía y apenas y si podía contener la sonrisa que no podía ocultar más que en el cuerpo del contrario, sintiéndose tremendamente avergonzado de tener que abrazarlo como la novia tímida que intenta ocultar su rostro en la primera cita. Tenia razón Kageyama al quejarse el día que habían llegado a la escuela en esa misma posición la primera vez que lo intentaron, adelante no era tan vergonzoso como en la parte trasera.

Espero escuchar por algún tipo de reproche por la cercanía que había creado. Por enterrar su rostro en su espalda, por abrazarlo con el suyo, pero nada, Kageyama sólo pedaleaba hacia el frente con fuerza.

Tan avergonzado como él o no. El hecho de imaginar su rostro mientras sentía su calor era suficiente.

El sonido de los pedales, las voces de las personas alejándose en la distancia y el suave toque de la noche que se asomaba mientras avanzaban sobre el pavimento.

Se abrazo más fuerte y un pequeño respingo le llamo la atención.

¿Era posible sentirse tan bien por tan sólo un abrazo?

-¡Ey! ¿Me quieres asfixiar antes de que llegue a mi casa? –le reclamó el moreno volteándolo a ver, a lo que Hinata sólo respondió con una sonrisa honesta, obligándolo a regresar su vista al frente inmediatamente algo nervioso- no que me moleste… la verdad.

Volvió a pegar su rostro sobre la tela de su suéter turquesa y cerró los ojos pensando en todo, todo lo que les había pasado hasta ese momento y las ganas de llorar se volvieron a acumular en sus lagrimales.

"Desde el momento en que te lastime la forma en la que me preocupe por ti en la enfermería ¿Cómo pude ser tan tonto para no darme cuenta de lo mucho que te quiero?...Incluso, incluso si tuviera la oportunidad de hacerlo todo otra vez, seguramente… aún no sabría que hacer, aún cuando me arrepiento tanto de todo Kageyama"

El camino fue un tanto diferente a la primera vez, ruidoso y silencioso al mismo tiempo. En el punto que ambos podían aguantar de la embarazosa situación. Pues el camino era largo, las risas de los niños, las vueltas rápidas y lo poco acostumbrado que estaba Kageyama a montar en bicicleta habían hecho del recorrido algo interesante.

Las pausas para descansar su pierna recién recuperada y las constantes peleas habían logrado que llegaran en el doble de tiempo. Con la noche encima de sus cabezas, alumbrándose por los pequeños faroles que se encendían uno por uno a su paso, mientras el azul consumía el rosa del cielo.

Los frenos sonaron y la campanilla de la bicicleta se quejó al forzar la parada con brusquedad.

Los zapatos de Kageyama se posaron el suelo haciendo resonar el polvo acumulado sobre el pavimento. El calor en su espalda se entibiaba al sentir como los brazos del pelirrojo se soltaban de su cuerpo para ponerse de pie a su lado y cambiar de posición finalmente.

El moreno sacó sus llaves del pantalón mientras Hinata esperaba sobre el vehículo para entregarle su mochila y despedirse, con la sensación de felicidad que se había instalado en la boca de su estómago. Suficiente felicidad para aguantar una semana más.

El movimiento era lento y el candado caía en manos del mayor con suavidad.

-¿Listo? –preguntó el pelirrojo.

-Listo…

-Entonces toma –el menor le extendió su mochila al moreno quien la recibió sin algún tipo de expresión.

-Gracias… –contestó colocándose la mochila sobre su hombro- …por llevarme y por todo lo demás… –articuló desde el fondo de su corazón evitando su mirada, ligeramente apenado.

Hinata lo observaba mudo e incrédulo, por escuchar tan planas pero sinceras palabras proviniendo de Kageyama.

-De na…

-Claro... aunque fue tu culpa desde el principio… -finalizo.

-¡¿Qué?! –el menor elevó su puño y le dio un golpe suave en el hombro, recargando el puño en el pecho del moreno para ocultar su rostro bajo el flequillo- mmm… me alegro… de que ya estés bien… Tontoyama.

-Hinata… -nombró el mayor sosteniendo su mano desde la muñeca, alejándola suavemente de su pecho pero sin soltarla. El sentimiento tibio se instalaba en su corazón una vez más.

-¿hmmm? – pronunció nervioso con los ojos abiertos de par en par. Observando cada fracción de su rostro, intentando descifrar las palabras que saldrían del moreno. Emocionado por sentir el pulso del contrario acelerarse con el rose de su manos. Siendo testigo del rosado de sus mejillas, tan rojas como las suyas y la mirada oculta que se rehusaba a mirarlo directamente mientras asegura el contacto de sus manos.

Era el tipo de sentimiento que te provoca cuando sabes que alguien esta nervioso contigo. Alguien que te gusta, la felicidad de saber que sus manos tiemblan cuando rozan tu piel porque están extremadamente felices de hacer contacto contigo.

Sus palpitaciones aumentaban al igual que las contrarias y no podía hacer nada al respecto para ocultarlas.

-Hay algo que te he querido decir desde hace un tiempo… -su corazón se contorsionaba y las manos le temblaban ligeramente por el movimiento del contrario o por el propio, ya no sabia- …deberías… -sus labios se movían lentamente, como si quisiera ocultar su voz entre la oscuridad, hablando más pausado de lo normal- …deberías… –repitió, pero esta vez soltando su mano, dejando la mano del pelirrojo flotando en el aire para esconder la suya en su bolsillo- deberías ir con cuidado. Eres muy brusco en la bicicleta y te podrías lastimar. Suficiente tuvieron conmigo ¿no?

Hinata estaba atonito, con la boca abierta, incrédulo ¿Era sólo el? ¿Se lo había imaginado todo? Las palpitaciones, el calor, el temblor de sus manos ¿Todo?

-¿Ehhh? –contestó gravemente decepcionado.

-¿Qué? Te digo que eres muy distraído podrías salir lastimado –dijo molesto observándolo entre parpadeos nerviosos.

-¿Qué con eso? ¿Eso era lo que querías decir? –reprochó el pelirrojo, apretando su mano sobre el hule del manubrio.

-Idiota… estoy preocupado ¿Sabes? Esos viajes contigo eran algo…

-¿Enserio? –cuestionó una vez más.

-¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué es lo que quieres que te diga?

-¡Nada!¡Entiendo! ¡Gracias por preocuparse por mi su alteza! –grito bruscamente.

-¡¿Aaaah?! ¿Y ahora porque te enojas?

-¡Por nada!

-¿Pero…?

-¡Que nada! –reafirmó el menor con los labios apretados y el ceño fruncido.

-¡Hina…!

-¡Nada…! –volvió a repetir pero esta vez soltando la bicicleta para empujarlo con sus manos y hacerlo retroceder unos pasos hacia dentro de su casa, provocando el rechinido de la barandilla- ¡Así que vete!

-¡Ey! –contestó irritado mientras era empujado- ¿Porqué te enojas tanto?

-¡Nada, nada, sólo apúrate y entra en tu casa de una vez!

Kageyama lo observó, entrándose con la mirada frustrada del menor- Oh..Okay –aceptó sin poner más fuerza.

Hinata retrocedió y tomó su bicicleta del suelo montándose una vez más para conducir hacia su casa.

-Nos vemos… -finalizó el azabache detrás de la barandilla.

-¡NOS VEMOS,TONTOYAMA! –gritó furioso mientras el otro lo observaba desde su casa sin idea alguna de lo que había provocado.

Apretó sus labios y comenzó a pedalear molesto, moviendo toscamente las piernas sobre los pedales, dando unas cuantas vueltas a la cadena sin avanzar demasiado deteniéndose a la decima, intentando no mirar hacia atrás porque sabia justamente lo que iba encontrar.

"ring, ring"

El ruido de una segunda bicicleta se burlaba al cruzar a su lado, con las risas aguadas de una pareja alegre quienes sonaban la campana para obligarlo a observarlos.

Su rostro dio media vuelta encontrándose con la distancia en la que desaparecía la pareja y con el porche vacío del azabache el cual no quería observar, porque sabia que él ya no iba a estar ahí.

Se bajó del vehículo y caminó hasta la esquina de la callé dando la vuelta sin dejarse quebrantar, resonando la cadena que se movía con lentitud. Observó al pavimento que poco a poco se volvía más oscuro con el paso de los minutos y al mismo tiempo se volvía más borroso por las lagrimas que se acumulaban en sus parpados.

Había comenzado a llorar una vez más por lo iluso de su corazón.

-¿Porqué? –lloraba reclamándolo al cielo- ¡¿Porqué?! -repitió con las mejillas empapadas. Subió uno de sus brazos intentando limpiarlas fallando al humedecer su rostro con el rose de su brazo contra sus lagrimales que no cesaban de mojarse.

Se le hacia un nudo en la garganta y el hipo evitaba que volviera a reclamarle al cielo de su situación.

Bajó su rostro y comenzó a caminar lentamente, arrastrando la bicicleta a su lado mientras intentaba frenéticamente secar lo que no podía secar. Gimiendo incontables veces.

¿Era imposible regresar el tiempo?

Sus parpados se abrieron de par en par y en su espalda se instalaba el tibio toque del pecho que lo abrazaba por detrás. Luego alrededor de sus brazos, en sus manos y en la cabeza. Siendo abrazado por un cuerpo más cálido que el suyo, haciendo que sus lagrimas parasen y terminaran por acumularse en sus pestañas. Dejando resbalar las ultimas gotas por sus enrojecidos e hinchados ojos.

El calor y la respiración ajena se instalaban a su costado, cerca de su odio.

-También… quería decir que me gustas.

El rostro acalorado del azabache apenas se elevaba unos centímetros al lado del pelirrojo, obligándolo a agacharse para estar a su altura y así susurrar las palabras que solamente estaban dirigidas para al pelirrojo y nadie más. Sentía su respiración sobre sus lagrimas secas, enfriando su rostro. Sus ojos estaban acuosos como los suyos, y al sentir el temblor de su cuerpo abrazándolo no pudo evitar elevar sus manos sin meditarlo, soltando por ultima vez su vehículo y dejándolo reclamar con un fuerte estruendo en el suelo.

Apoyó ambas manos en las mejillas del mayor, tratando de capturar su rostro entre ellas, observando el rosado de sus labios, y lo nervios que lo ponía la cercanía de su cuerpo.

No dudo más y cerró sus ojos, estirándose de puntillas para alcanzar los centímetros que lo separaban del mayor quien se acomodaba a su estatura original.

Y lo beso.

Tibios y húmedos labios con sabor a felicidad. Cálidos y protectores brazos que rodeaban su pequeña figura.

-XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX-

¡LO TERMINE! *se escucha música celestial*

No estoy muy segura de que este completamente correcto pero aún así lo voy a subir porque ya no me aguanto las ganas de que lo lean y sufran tanto como yo que diga… ¿Qué?

Ah que cosas este capitulo termino siendo igual de largo que el anterior y eso que lo escribí en una semana, ni yo me la creo. Le metí más ganitas sólo por ustedes, si es que siguen ahí : (

Les platico rápidamente si es que me pueden perdonar:

Hace meses que anduve en vueltas con mis papas para comprar una computadora, ya saben presupuesto, calidad, necesidad y esas cosas, a fin de cuentas hace apenas unas 2 semanas me hice de ella pero pues ya sabe nueva = a cero programas y pues ya saben es empezar desde cero cuando compras una computadora y pues por el trabajo y otra razones no tuve mucho tiempo. También de que la otra computadora ya es una basura con virus.

Y bueno si me siguen en tumblr habrán visto mis quejas (me la vivo quejándome sorry) de que estuve trabajando de día y de noche varios días porque en la mañana iba a la oficina y en la tarde-noche a grabar unos cortometrajes y pues bueno eso me dreno la energía por otra semana.

Y luego ¡Oh sorpresa! se llego mi cumpleaños (el 27 hurra! Dinero dinero dinero dinero(8)) no hice mucho pero pues me ocupe con mi familia y amigos y es hasta este semana que pude escribir, pero no crean, entre descanos aprovechaba para escribir pero ninguna idea era buena hasta que al fin termine con esta y no me sentí feliz hasta que recibir la bendición de mi amiga HorseFreckled Girl quien siempre lee mis borradores gachos sin pies ni cabeza ¡Gracias baby te las debo! (ella esta escribiendo un jeanmarco adorablemente triste léanlo : ( )

Jejejejeje pero dejando mi vida desastrosa y mal organizada ¿Qué les pareció el capitulo? ¿Les gusto? ¿Lo odiaron? ¿Me odiaron? ¿Era predecible? Aaaaaah muero por leer sus reacciones de verdad.

De verdad muchas gracias por ser tan pacientes y por dejarme siempre sus lindos comentarios, mañana mismo me asegurare de comentar los reviews anteriores y de ser posible darle una segunda corrección a este capitulo para agregar las respuestas también de los mensajes de las chicas que no tienen cuenta.

¡Los quieroooo!

P.D

Casi lo olvidooooo, yes babys ya casi nos acercamos al final, no estoy segura si serán unos dos o tres capítulos más pero ya estamos cerca y sí, ya ahora si, ya se viene el lemon, ya se besaron estos babys ya no hay vuelta pa' atrás.

Mañana contesto todoooo besooooos.

Dejen un review bonito pls, por mi, por Maginer.

ciaooooo

Mara

Omggg pues ya se fue la odiada Kana (mi bebita) La odiaba porque se metia con nuestro Kagehina pero pues que puedo hacer yo la cree, es mi frijolito negro del arroz. Jajaja ¡Muchas gracias por el review espero te haya gustado esta actualización!

sayuri

jejejejej ¿Ahora si hubo más romance entre hinata y Kageyama? ¿eh?¡Eh? ¡Eh? *ojitos brillosos* Ya pronto pronto se vendrá mucho mucho más entre reste par de idiotas así que no te apures, te tengo cubierta jijiji ¡Muchas gracias por el review! Saluditooos

moon

Soy la peor lo sé :(( me tarde eones en actualizar pero bueno al fin ya pude actualizar y espero que la próxima no me tarde tanto ¡Haré mi mejor esfuerzo! Espero te haya gustado el capitulo pequeña ¡Gracias por el review!

aknilo

NOOOO NO LLORES! estos dos van a estar juntos por toda la eternidad aunque Furudate no nos lo diga (o espera si nos lo ha dicho "Mientras yo este aquí tu serás invencible!") So Kagehina5ever jijijiji Espero te haya gustado el nuevo capitulo ¡Gracias por el review!

A las demás personitas que tienen cuenta ya saben que siempre contesto por MP y en unos segundos lo hago, las quieroooo.