HAIKYUU!
ORANGE JUICE
Capitulo 11. Dearly Beloved
Sentir sus labios una vez más sobre los suyos hacía que sus piernas se derretían; convirtiéndose en liquido y al mismo tiempo fundirse con el pavimento. La única razón por la que podía asegurar que se mantenían en materia solida era por la fresca briza nocturna que enrollaba sus cuerpos, recorriéndole la espalda, erizando cada parte de su piel, perfecto para mantenerlo en una única pieza.
Sus manos se aferraban a la tela del mayor, arrugando el suéter turquesa que le había paralizado el corazón. Era un delito su vestimenta frente a la del moreno pero más bien era una delito que Kageyama se vieran tan bien en ropa casual, secretos tan recelosamente guardados debían ser castigados con un arresto domiciliario pero en su casa, bajo llave donde nadie más pudiese verle.
Si tenia ese tipo de atuendos en su repertorio era una enigma recordar aquella gorra con las letras en mayúsculas entornadas en tinta negra, gritándole a la multitud: "HOOLLYWOOD".
Si comenzaban una relación iba a demandar que comenzara a vestirse así todos los días, sin lugar quejas.
Una relación…
Las piernas le volvieron a cosquillear con el pensamiento.
Sintió una mano colarse sobre su mejilla para acariciarla con ternura suavemente con sus dactilares. Removiendo los cabellos de su patilla para instalar el calor de su mano sobre su pequeño rostro.
Despego sus pestañas al sentir un ligero tambaleo proveniente del cuerpo ajeno y observó el rostro del azabache contraído con concentración, tal vez haciendo su mejor esfuerzo para aparentar que sabia besar. Las pestañas claramente arrugadas por el nerviosismo que le provocaba besarle y con el seño mas arrugado del normal. Quiso reír, pero también sintió una gran ternura cayendo en la boca de su estomago.
¿Kageyama habría esperado cuánto tiempo por esto? O más bien, si era honesto… ¿Cuánto tiempo había esperado él mismo por esto?
Pensar en la respuesta revolvía el calor que se negaba a tranquilizar dentro de su estomago, como una marea de colores mezclándose sobre un lienzo vacío.
¿Había una forma coherente de explicar lo que sentía?
La forma en la que era sostenido con tanta ternura, no se lo merecía, no de esa forma había sido tan malo que ser tratado de tal forma se sentí incorrecto. Como un objeto precioso e invaluable, como si su mera existencia fuera invaluable. Se sentía infinito y al mismo tiempo frágil al ser acariciado por las delgadas y pálidas manos del azabache. Las mismas manos que lo habían sostenido aquella noche con tanta adoración y que hasta ahora se había detenido apreciar, notando lo delicadas que podían ser. Como sus dedos recorrían las fibras cortas de su cabellera anaranjada, alborotándolos ligeramente.
La forma en que sus labios se presionaban suavemente sobre los suyos y la sensación cálida de su respiración pausada acariciando los poros sobre sus mejillas.
Si hubiera un momento que quisiera detener, seria ese. Que los minutos, los segundos y milésimas se detuvieran justo ahí para jamás separarse de ese sentimiento tan placentero y ese calor que ansiaba capturar eternamente.
Pero debía respirar, en algún punto debía volver a respirar.
Sus labios se separaron finalmente y con una bocanada grande de aire Hinata finalmente inhalo aire dentro de sus pulmones.
-¡Paw! –articuló el pelirrojo con las mejillas rojas y los labios ligeramente hinchados. Exhalando e inhalando desesperadamente.
-¡No aguantes la respiración, idiota! –soltó el mayor alejándose ligeramente de su rostro tapando sus labios con el dorso de su mano. Apenado por no notar la falta de aire en los pulmones del menor.
Su rostro se fue instantáneamente a rojo, humeando por las ventanas de sus oídos. Sin darse cuenta se había concentrado tanto en el beso que se había olvidado completamente de respirar y Kageyama lo había notado.
-Ka-Ka-Kage… ¡Ca-Callate! –intentó iniciar una pelea desviando la atención de su vergüenza, mientras Kageyama lo observaba con ternura.
La ineptitud en la que lo había dejado un simple beso había provocado que su vocabulario se tornara de un 100 a 15 por ciento, dejándolo sin saber que hacer más que aferrase a la ropa del contrario jaloneándola de un lado a otro intentando que ignorara el tema.
Kageyama lo envolvió en un abrazo, recargando su barbilla ligeramente sobre la melena del menor, hundiendo al pelirrojo contra su cuerpo. Haciendo valer cada centímetro más grande de su cuerpo para atraparlo y mantenerlo en calma.
Hubo un pequeño forcejeo mas las manos más pequeñas buscaban por algo de su calor colándose bajo la tela de su suéter e instalándose en su espalda.
Hinata se abrazó a su cintura introduciendo su rostro sobre su pecho. Inhalando nuevamente su esencia, cerro sus ojos e intento hablar mientras acariciaba con sus mejillas la piel contraria cubierta sólo por la camiseta.
-Lo siento… pero pensé que… que ya no me querías –confesó con las pestañas humedecidas.
-De ninguna manera.
Sus lagrimas comenzaron a correr empapando la tela blanca, su ritmo cardiaco era rápido pero al mismo tiempo se sentía en calma. Se abrazo a Hinata, tan fuerte como pudo tanto tiempo como quiso.
Sus brazos actuando como barrera para que nadie mas lo viera, para que nadie más supiera del rostro tan adorable que hacia el pelirrojo cuando lloraba de frustración. Lo había visto una vez hace un año y sabia que esa cara, esa determinación, eran lo que había comenzado algo en el.
-XoxoxoxoxoxoxoxoX-
Los días pasaron y como si la detención hubiera sido sólo una mera ilusión de nuevo se encontraba asistiendo ala escuela.
Hinata estaba parado frente al espejo con las mejillas rojas, intentando arreglarse el cabello que había levantado sin piedad la almohada durante el transcurso de la noche. Estaba tan nervioso que ya había manchado su uniforme con algo de pasta dentífrica tras lavarse los dientes. Mancha que era más que notable y que se rehusaba a salir aunque pasara el cuello una y otra vez con agua.
No tenia remedio, cualquiera que lo viese sabría lo nervioso que se sentía de regresar a la escuela y no era por tener que enfrentar nuevamente en un día a día la probabilidad de encontrarse con los chicos de tercero o peor aún con el chico de segundo que seguiría merodeando los pasillos con rencor. Para él lo peor era la posibilidad de encontrarse con Kageyama a primera hora del día y que notase el desastre en el que se había convertido. La inestabilidad que lo hacia sentir y que hacia que sus mejillas hirvieran como dos teteras sobre leña.
Si bien habían dicho que del amor al odio había un paso pero vaya que le habían hecho caso a la frase y sin darse cuenta.
El hecho de pensar en ello hacia que sus mejillas volvieron a entintarse nuevamente. Pensar en el le daba la energía para intentar remover la mancha blanca de su cuello por ultima vez pero sin éxito. El recuerdo del beso aún seguía grabado en su mente y la forma tan vergonzosa en la que se habían tenido que despedir, había sido algo que no quería recordar.
Por otro lado el hecho de que aún después de eso Kageyama hubiera decidido que no era merecedor de un mensaje de texto durante todo ese tiempo le daba señales cruzadas.
¿En serio? ¿Ni siquiera una llamada?
¿Qué acaso se trataba de una dama de compañía?
¿Qué no eran "algo"? ¿Qué aquello no lo hacia merecedor de unas simples palabras a través de su celular? ¿Era mucho pedir el intercambio de unas cuantas palabras vía mensaje de texto?
No, por su puesto que no. El se había asegurado de enviar un mensaje de buenas noches y hasta donde recordaba no había recibido una sola respuesta. Ni ese, ni los demás días.
¿Vergüenza telefónica? No lo creía.
Se sentía avergonzado de sentirse avergonzado. Se estaba comportando como una chica que no era llamada al siguiente día después de la primera cita o quizá era la sensación de sentirse como una mujerzuela a la que habían dado unos cuantos yenes para el regreso a casa después de una noche de pasión.
Sacudió su cabeza enviando lejos aquellos pensamientos pues sabia claramente que no era así. Bueno, aunque si lo pensaba en su caso ahora eran novios, o eso es lo que presumía pues una invitación formal no había sido formulada pero la podía suponer ¿no? Se habían dicho que se querían, se besaron. Era obvio que lo fueran, si no qué rayos hacia perdiendo el tiempo en el espejo preguntándose cosas tan embarazosas para un chico de 15 años y preocupándose por una mancha dental.
¡Al diablo!
Tenia sentido que se sintiera inquieto por la falta de comunicación durante esos días. Le daba un beso y luego le aplicaba la ley del hielo durante una semana. Era normal que se sintiera un poco molesto.
¿Rey de la cancha? Mas bien rey de hielo.
Casualmente, sólo casualmente sacaría el tema en cuanto tuviera la oportunidad, de esa forma no levantaría sospechas o daría la impresión de una novia psicópata. Si es que acaso el era el único imaginándose cosas podía sacarle la vuelta al asunto pues ya se había vuelto un experto en el tema (involuntariamente). Creando una relación imaginaria que no existía era la ultima de sus plegarias.
Apretó sus labios y se tiró una gran cantidad de agua en el rostro para bajar el calor que se había acumulado tras todos esos pensamientos tan inmaduros.
Quería ver a Kageyama pero el único problema era que aún tenia prohibido participar en las practicas de voleibol hasta que sus clases recuperadoras terminaran y eso significaba una semana más de trabajos forzados dentro del aula, apenas y alcanzando un destello de lo que eran los entrenamientos a la hora de la salida para registrar algunas tácticas y avances en la rutina, listas para ser aplicadas en modo solitario en su patio.
Por otro lado, la relación con sus compañeros de grupo había vuelto a la normalidad, y si se apresuraba lo suficiente para terminar con los trabajos extras podía alcanzar a sus amigos en el club antes de que se marchasen a casa, lo cual ayudaba a sacar el tema de los mensajes de texto.
Tomó su mochila del suelo y montó lo más rápido que pudo su bicicleta para dirigirse impaciente a la escuela. Si tenia suerte, se encontraría con Kageyama antes de entrar a clases y ese tipo de suerte tenia que crearla el mismo.
-XoxoxoxoxoxoxoX-
Se sentía bien regresar a las clases regulares, tomar las de detención sólo lo reunía con la gente más problemática y de bajas calificaciones de toda la escuela, y no es que se sintiera intimidado, claro que no, pero no ayudaba que la gente en esa aula fuera tan... intensa. No era una coincidencia encontrarse por algunas horas con Tanaka y Nishinoya, recibiendo algún tipo de detención por alguna que otra travesura o exceso de entusiasmo durante el día. De hecho era de extrañar que Kageyama ya no necesitara de las asesorías pues su madre se había visto muy reacia a que aprovechara el tiempo "muerto". Probablemente las tutorías que había tomado durante su lesión le habían servido de algo y ahora era algún tipo de genio que no necesitaba clases extras.
Estúpido Kageyama.
Camino por el pasillo principal, esta vez no sentía la necesidad de esconderse tras el primer arbusto que se cruzase en su camino, o crear un camuflaje de piedras para mitificarse con el suelo. Esta vez podía caminar y sentirse parte de la preparatoria una vez más. Y mejor aún podía sentirse libre de ver a la persona que más quería.
-XoxoxoxoxoxoxoxoX-
Los días comenzaban a pasar y sin que el tiempo se moviera o su suerte cambiara, la desaparición de Kageyama al fin se había hecho notoria. Sentirse ignorado durante la semana que sólo podía ir a las clases de la tarde era una cosa, pero ahora que al fin había regresado a las clases regulares y había un 60 por ciento de posibilidad para que se encontrasen por los pasillos y que eso no sucediese, bueno, eso era otra cosa. Si era algún tipo de karma, se lo merecía pero no loe gustaba para nada.
¿Acaso Kageyama le estaba aplicando algún tipo de venganza rencorosa por lo que había hecho? Podría ser… pero aún así no lo creía capaz de hacer algo semejante no después de todo lo que le había dicho. Odiarlo, era un no. Amarlo era… un ¿si? Bueno podía estar seguro de que lo quería, y no de la forma en la que se quieren un par de amigos.
De cualquier forma ahora era lunes, nuevamente inicio de semana y por fin, por todos los cielos, al fin podía regresar a la practica, nuevamente era un estudiante reformado sin ningún tipo de deuda.
Si algo ocultaba el azabache, era seguro que no lo podría ocultar por mas tiempo, y mucho menos si lo tenia a menos de 3 metros de distancia mientras realizaban las practicas. De alguna u otra forma le sacaría la información.
Camino con sigilo hacia el gimnasio, recorriendo el pequeño pasadizo de concreto para llegar a las puertas de metal. Ya se había cambiado, en cuento la campana sonó lo primero que había hecho era aventar cualquier material escolar a la mochila de la forma en la que cayese; libretas, libros notas e impresiones arrugadas, manchadas por la tinta de las plumas que no se había tomado la molestia de tapar. Ya no tenia mas tiempo que perder. Podía regresar al lugar que amaba con la persona que amaba.
No se escuchaban ruidos por dentro del edificio por lo que reafirmo su paso para iniciar un poco de calentamiento y aflojar el cuerpo antes de que llegasen los demás.
Arrastró la puerta con fuerza y se encontró con una cancha vacía que anunciaba de par en par "USAME" salto con fuerza con sus dos piernas hasta donde le permitieron llegar repleto de emoción. Sentir la tablilla del piso bajo sus zapatillas era una sensación que no quería olvidar de nuevo.
-Si haces eso te vas a lastimar… -comento una voz monótona atrás de él.
Sus orejas se levantaron como antenas tal cual cachorro siendo llamado por su dueño y sus ojos abiertos de par en par observaron la figura que se encontraba atrás de el.
-Kage… yama –dijo el chico una sonrisa nerviosa.
Bajo sus brazos, aun envueltos en puños por la emoción de ver la cancha. El sudor comenzaba a bajar por su espalda. La expresión cansada e indiferente de Kageyama no le indicaba nada bueno, pero el sólo quería correr a sus brazos después de un gran salto.
Impulso que tuvo que contener sostenido sus piernas con ambas manos.
¿Era acaso que había tenido un presentimiento acertado y Kageyama le odiaba después de todo?
No, no, no, no podía ser. Esa era su forma de actuar normalmente, si recordaba bien la actitud e Kageyama aún en los momentos mas serios siempre había sido de indiferencia.
Lo único que podía llevar una expresión a su rostro era Oikawa, el voleibol y quizá remotamente él, o eso quería creer, si es que se podía incluir en la lista después de todo había visto varias de su expresiones que quizá nadie más había visto. Rostros exclusivos de su memoria.
-¿Co-co-co cómo estas? –tartamudeó el chico apretándose el estomago por el nerviosismo.
-¿Te refieres al pie? –preguntó el más alto observándole extrañado.
-Sí-sí –Obviamente no se refería a eso, pero si aquello lo llevaba a romper el hielo, seguiría la corriente.
Sius ojos se desviaron hacia la cancha y antes de contestarle se tomó un sorbo grande de agua desde su termo.
-Todo bien.
Estaban muy tensos, se sentía tenso. Su estomago reclamaba por una vuelta al baño pero debía ser valiente y aguantarse las ganas de una diarrea emocional. Debía intentar hablar con el.
-¡Kageyama! –llamó el chico con las mejillas rojas.
-¡Oh! Ya están aquí –gritó Daichi desde la entrada.
-¡Hinata! – corrió Sugawara a su lado para revolverle el cabello- Me da gusto que ya estas de vuelta, no nos vuelvas a asustar así.
Tanto Daichi como Sugawara lo rodearon con preguntas y pequeños gestos de cariño, sin darse cuenta y de poco a poco fueron entrando uno por uno sus queridos amigos, hundiendo en el abismo cualquier intento de conversación que había iniciado con Kageyama, quien al parecer se desentendía de la situación, ignorando ambas: su presencia y la situación entre ellos dos. Haciendo por su cuenta unos estiramientos muy separados de ellos.
Vacio.
-XoxoxoxoxoxoxoxoX-
Los días habían comenzado a rotar con naturalidad y su relación con Kageyama no había cambiado mucho desde que supuestamente habían comenzado a salir juntos.
Llegaban en horas distintas a clases y a veces lograba ver al moreno a la hora del almuerzo cuando lo iba a visitar a su salón para que comieran juntos. Pero el tipo de incertidumbre en la que lo colocaba no ser tocado por el mayor lo estaba volviendo loco. Quizá era vergüenza o cualquier otra cosa, pero Kageyama ni siquiera tomaba su mano en la noche, después de la practica. Prudencia o miedo a ser vistos, eso no lo veía como una posibilidad, debía ser algo más.
Estaba seguro que si lo comentaban en el club no pasaría nada, pues conocía a sus amigos, ellos no era de ese tipo de personas. Comenzando por Sugawara quien le había aconsejado en su peor momento.
Esa noche después de la practica lo había decidido iba a tomar la mano del azabache le gustase o no, y eso estaba fuera de discusión. Que bien si ya había pasado una semana desde que había vuelto y lo poco o mucho que habían convivido no lo hacia sentir como aquella tarde después del hospital.
El sólo hecho de recordar aquella escena le contraria el estomago con calidez.
Hacia frio afuera y la hora de cambiarse de ropa para regresar a sus casas se aproximaba.
-¡Muy bien chicos es todo por hoy! –grito el entrenador Ukai desde las bancas, esperando la respuesta afirmativa por parte de todos sus alumnos. Después de un grito en coro, dio unas palmadas indicando que se podían retirar.
Hinata se espero a que todos se adelantaran a los casilleros para cambiarse, mientras fingía atarse las agujetas para hacer algo de tiempo, tiempo que Kageyama utilizaba par tomar sus cosas sobre las banquillas.
Observó al moreno terminar, quien de forma disimulaba le miraba de reojo "disimuladamente" quizá intentando escapar de él. Cosa que no sucedería.
Si tantas ganas tenia de decirle algo u ocultarle algo, ese era el momento para atacarle. Observó el caminar apresurado y se levanto del suelo con rapidez para seguirle el paso.
-¡Kageyama! –gritó el pelirrojo, observando la forma en la que los hombros del moreno se tensaban al escuchar su nombre.
-¿Qué quieres? –preguntó con disgusto.
-Mooo, ¿Por qué nunca me esperas para que nos vayamos juntos?
-Eres muy lento…
-¡Pero eso es lo que hace un nov…!
-¡Hinata! –el profesor Ukai, demandaba, por su tono, que lo viera con urgencia dejándolo colgado a media frase.
-¡¿Si?! –gritó el pelirrojo.
-A partir de mañana tienes que venir mas temprano a estirar, tus músculos están un poco tensos por no haber practicado con los otros. Tu también Kageyama, los dos deben venir mas temprano ¿de acuerdo? Veo algo tenso a nuestro duo, háganlo juntos antes de cada entrenamiento y ¡Nada de quejas!
-¡Si! –contestaron al unísono.
Ahora si tenia una excusa para pasar tiempo a solas con el mayor. Aunque fuera sólo unos minutos antes de la rutina matutina haría valer cada minuto empezando por el plan de que debía realizar apenas y si se quedaran solos camino a casa.
-Vamos a cambiarnos… -Hablo el azabache caminando unos pasos delante de el, claramente derrotado por una situación que no podía replicar.
-Ah… si…
Caminaron en silencio hasta la sala donde la mayoría de sus compañeros ya habían terminando de cambiarse sólo Tanaka se mantenía sin camiseta hablando algo sobre invitar a una chica a salir antes de las nacionales, donde sólo era aprobador por Nishinoya, quien incomprendida como sus compañeros, en especial Enoshita desaprobaba su comportamiento.
El azabache se dirigió a su casillero, que estaba justo al lado del pelirrojo. Lentamente se comenzó a desvestir, revelando las marcas de sudor helado que hacían brillar su piel blanquecina. Dejando que el menor apreciara anonadado el cuerpo del mayor con la mirada enfrascada en su piel.
Su cuerpo caliente y un ligero cosquilleo que le viajaba por cada centímetro de su cuerpo.
Si le había gustado un hombre, le había gustado uno demasiado atractivo. Sin duda se había hecho gay por él o quizá no fuese totalmente gay, pues la única persona con la que consideraba tener una relación de ese tipo por el momento sólo era Kageyama, cualquier otra persona era algo fuera de la imaginación.
-¡DEJA DE HACER ESO Y CAMBIATE! –Kageyama tomó su cabellera anaranjada violentamente y le dio la media vuelta, casi estampando su rostro contra el metal del casillero. No lo hacia porque la mirada del pelirrojo le provocara rabia, sino por el hecho de sentirse completamente devorado por los ojos avellanas del contrario. Aquella mirada que solo mostraba en determinados momentos, donde develada su verdadero ser ambiento de "algo".
Hinata lo ponía nervioso, sus ojos lo hacían sentir desnudo, como si cada secreto encerrado en su cuerpo se escapara de su piel en cada pestañeo del contrario
-¡Awawawawaw! ¡Lo siento! ¡Lo siento! –chilló el menor intentando separar su rostro del metal frio donde la mano del moreno lo empujaba para alejar su mirada- ¿Por qué siempre eres tan bruto? –preguntó con la mano sobre su nariz revisando si no le estaba sangrando por el golpe.
-¡Cállate y cámbiate! –su voz bajo unos cuantos tonos- ¿Qué no ves que somos los últimos…?
Hinata sobo su nariz y comenzó a hurgar sus pertenencias por un cambio de ropa nuevo.
Tenia que aceptarlo ahora que Hinata era consiente de sus sentimientos, así como él, ahora las cosas eran mas complicadas para el azabache.
El sentimiento de cálido y vacío que se instalaba en sus estomago se estaba volviendo profundo y no lo podía controlar, ambos no sabían como se sentía el contrario, pues la comunicación en este punto era un completo desastre, pero de alguna forma sabia que lo podrían superar.
Para cuando se dio cuenta se encontraba afuera del edificio escolar y todos se despedían pesadamente después de un verdadero y escarmentoso entrenamiento. Al estar el equipo reunido completamente el maestro Ukai le habían salido del alma los peores y mas tortuosos ejercicios para dejarles bien en claro que esa seria la única vez que se les antojaría meterse en problemas.
Miró a su lado; Hinata estaba parado a su lado con las mejillas rojas por la corriente helada que amenazaba con helar sus pequeños pómulos, sus pequeñas manos apretadas con fuerza sobre el manubrio.
El verano aun no había terminado pero por las noches comenzaba a refrescar ligeramente. Observó al pelirrojo quien se notaba nervioso y era evidente la manera en la que sus ojos grandes rodaban de un lado a otro dubitativamente.
Escucho los últimos pasos de sus compañeros alejarse por una calle distinta la de ellos, despidiéndose descuidadamente sólo con una "¡Hasta mañana!" al aire enfrascados en una conversación que desconocía hasta el momento y que claramente no le interesaría en un futuro. El problema que le interesaba estaba a su lado. Un problema nervioso y sospechosamente callado.
Observo a sus compañeros alejarse con algo de melancolía mientras sentía como ligeramente una mano tibia se colaba entre la suya. Un cosquilleo que recorrió sus huesos y el exalto al voltear bruscamente, notando la expresión de quien sostenía la suya.
-Si no quieres… puedes… puedes soltarme –menciono el pelirrojo.
Se quedó en silencio unos segundos y contestó sin verlo directamente:
-Sólo son unas cuantas calles antes de que nos separemos… idiota.
El rostro del menor se ilumino.
-Por Dios, pensé que me odiabas… por alguna razón… otra vez…
-¿Eh?
-Bueno… no haz hablado conmigo desde que regresé a la escuela… pensé que te habías arrepentido… por… pro alguna razón.
El peso en sus hombros comenzaba a desvanecerse.
-Ninguno de los dos hemos tenido tiempo… y lo sabes.
-Si pero…
Kageyama apretó su mano y se agacho a su altura para susurrarle al odio.
-Si supieras… - puso su rostro al lado del suyo, dejando chocar su aliento contra su oído- …esta seria tu oportunidad de huir… pero no te voy a dejar.
El cabello de su nuca anaranjada se erizaba en un respingo al sentir el aliento del mayor chocar contra su lóbulo. Inmediatamente soltó su mano para posarla sobre sus orejas y cubrirlas de un nuevo asalto.
-¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué fue eso?
-Así es como me haces sentir… cada que me tocas… y no entiendo por qué aun dudas de lo que siento…
-¡Es que tu!...
-¿Yo?
-Todo el tiempo distante e indiferente... ¿Cómo se supone me debo sentir si solo me besas y no me llamas? No me buscas ni me hablas a menos que yo vaya hacia a ti ¡¿Que se supone que piense?!
Kageyama retrocedió unos pasos mientras el energético pelirrojo se acorazaba frente a el verborreando sus mas afligidos sentimientos de frustración.
Su rostro se veía al borde de las lagrimas, unidos con la ira e impotencia que sentía en ese momento.
¿Lo había vuelto a lastimar una vez más?
¿Cómo podía hacer entender a Hinata que lo que sentía por el no era una ilusión?
-Salgamos… -soltó el azabache sin siquiera pensarlo dos segundos.
-¡¿Ah?! –cuestionó el menor.
-Tu y yo… a donde tu quieras… te diré todo… todo… lo que quieras saber.
-¿Y porque no ahora?
-¡¿POR QUÉ?! Porque son casi las diez de la noche, estamos sudados y no me quiero perder mas entrenamientos por un resfriado, no ahora que… -Kageyama tapó su boca desviando la mirada, afligido por palabras vergonzosas que estuvo apunto de delcarar.
-¿Ahora que, qué? –Insistió ilusionado.
-¡Nada!
-¡DIME!
-¡NO!
Sus chillidos lo volvían a hacer retroceder perdiendo sus nervios.
-¡AHORA QUE ESTOY CONTIGO IDIOTA! ¡¿CONTENTO?! –un ligero sonrojo cruzaba por sus mejillas dándole sólo un pequeño vistazo por su perfil.
La mueca torcida de felicidad que se ruborizaba sobre el rostro del pelirrojo perdía forma mientras se extendía por sus mejillas, notando la forma en la que Kageyama volvía a ser el mismo frente a él.
-Esta bien –contestó con simpleza.
Kageyama se dio la media vuelta con los ojos abiertos.
-¿Estas seguro?
-Totalmente… la pregunta aquí es: ¿a dónde me vas a llevar?
Sus mejillas se coloraron completamente, no había pensado en ese detalle, una cita indicaba: un plan un lugar, dinero… No había pensando en nada de eso cuando decidió escuchar al estúpido de su corazón y no a la razón. No que no pudiera hacer alguna de esas tareas, el problema es que nunca había planificado una cita, y no tenia idea sobre qué se hacia en ellas. Y por lo que podía suponer Hinata tampoco.
-Po.. po… podríamos juagar voleibol…
Hinata dejo caer su mandíbula, ligeramente decepcionado.
-Y… ¿Cómo se diferencia eso a lo que ya hacemos?
Kageyama pauso un segundo intentando buscar en el suelo una respuesta aleatoria. No se le ocurría nada mas que hacer o peor aún no se le ocurría cosa mas divertida que pasar el tiempo jugando voleibol con Hinata.
El sudor comenzaba a correr por su frente y Hinata lo miraba con esos ojos afilados que solo de vez en cuando lo observaban con perspicacia retadora.
-Es divertido… si lo hacemos los dos… -contestó sin saber que hacer.
Hinata lo miró unos segundos mas directo a los ojos, soltó un suspiro y le regaló una sonrisa que abatió su corazón.
-Tienes razón, no hay nada mas divertido que podamos hacer los dos… peeerooo… -Él pelirrojo alargo la ultima palabra haciéndole saber al azabache que había una sanción detrás de su rápida aceptación.
-¿Pero?
-Iremos a unas canchas privadas que están cerca de aquí, no son muy caras pero a cambio tendrás que enseñarme tooooodoooo lo que te pida ¿trato?
Kageyama lo observó y asintió ligeramente después de unos segundos, apretando sus labios.
-Por mi no… no hay problema… -contestó ocultando su rostro.
Tenia suerte que Hinata fuera tan simple como el.
Escucho la campanilla de la bicicleta de Hinata sonar y el casi inaudible sonido del "click" al encender su lámpara nocturna.
-El sábado a las 2, no lo olvides –pronuncio sobre la bicicleta, que le regalaba algunos centímetros mas de altura. Jaló del uniforme del mayor y le planto un beso en la mejilla- Venganza… por lo de hace rato –pusó sus piernas en los pedales y se arranco tan rápido como pudo- ¡Hasta mañana señor de hielo!
Kageyama se quedo extrañado por el nuevo apodo pero lo dejo pasar.
La luz que emanaba la bicicleta del menor se alejaba con rapidez, mientras el corazón del azabache latía cien veces mas rápido de lo normal. Era tan poco y a la vez demasiado para él. Hinata haría estragos con su persona de ahora en adelante, y lo sabia.
Oculto su sonrisa torcida en el cuello del suéter y se encamino con pequeños saltos hasta su casa.
XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX
Su relación durante la semana comenzó a mejorar y el arreglar el gimnasio juntos, era de alguna forma satisfactorio.
Obtener un poco de tiempo extra a cambio del tiempo perdido los días anteriores, era un alivio, y si su corazón se lo podía permitía decir ó pensar era un mas grande alivio que no necesariamente tenían que estar uno encima del otro a la hora de armar el gimnasio o mientras estiraban sus músculos. Cosa que su corazón aun no podía solapar ya que extrañamente Hinata en algunas ocasiones se quedaba estupefacto después de que aflojara su pie.
Cabía decir que Kageyama era indiferente a los sonidos que emitía durante los estiramiento, especialmente al tronar su hueso recuperado, sonidos placenteros para el odio pelirrojo.
Sonidos que quizá eran utilizados a altas horas de la noche.
Por otro lado cuando terminaban de arreglar la cancha Hinata aprovechaba la oportunidad para colarse por sus costados y abrazarle rogando por unos cuantos pases antes de que llegaran los demás y tuviera que compartirlos; A lo cual Kageyama aceptaba con más facilidad últimamente.
Las miradas y las risitas bajas que los señalaban dentro del gimnasio le daban el indicio de que aquí y allá estaban notando que algo entre él y Hinata estaba sucediendo, no que no le diera mucha importancia pero por el momento eso no le podía preocupar menos. Si todo salía bien, quizá en un futuro hablarían con los demás sobre su relación, de cualquier forma estar juntos no había afectado su participación en la cancha lo cual era lo más importante para los demás y mientras eso no fuera perturbado podrían estar tranquilos.
Respiro tranquilo y al mismo tiempo emocionado. Las cosas que venían podrían ser mas buenas de lo que pensaba.
XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX
El sábado llegaría con un clima soleado y de viento fresco, el tipo de brisa húmeda que indicaba un excelente día. Raspó sus ojos agotados, sepultadas en lagañas acuosas, que de alguna manera habían logrado asimilar algo de fuerza de voluntad para cerrarlos por algunas horas durante la noche. Si es que ver el amanecer contaba como parte de la noche, ya que su estomago y cerebro habían confabulado toda la noche para no dejarlo dormir.
¿Qué?! ¿Se estaba convirtiendo en Hinata? ¡De ninguna manera! De alguna forma tendría que encargarse del nerviosismo que estaba adoptando del pelirrojo.
Su estomago se hizo nudo otra vez al pensar en él, en tener la oportunidad de verlo una vez más en ropa casual, de verlo en un día libre con cero obligación de por medio y mejor aún tener una cita con él. Todo un día con la persona que le gustaba
¿Si eso no era un sueño que más podía ser?
Su rostro se enrojeció ligeramente y decidido taparlo con la almohada mientras sus pies hacían un ridículo baile sobresaliendo de las sabanas. Escuchó una campanilla afuera de su casa, extrañado asomó los ojos por la orilla de la ventana siendo encandilado directamente por el reflejo del sol. Parpadeó varias veces antes de comprender lo que había sucedido.
Dio un salto de la cama y observó la fuerte iluminación que había en su habitación. Completamente blanca por las cortinas ligeras que no cubrían absolutamente nada de luz solar.
Se dio una cachetada en ambas mejillas antes de observar sobre la mesita al lado de su cama, notando la pantalla de su celular en modo silencio y con varios iconos encendidos que sólo indicaban una cosa:
1:30 pm
Se había quedado dormido.
Peor que eso ¿Dónde iba a ver a Hinata? Ni siquiera sabia donde estaba la dichosa cancha ó si había un lugar de ese estilo por su casa. El pelirrojo no le había dicho dónde quedaba el lugar mucho menos dónde se iban a encontrar.
Confirmado, era el peor novio del universo. Había soluciones pero pocas en las que pudiera confiar: Llamarlo desde su casa podría ser una opción, pero por la hora dudaba que el pelirrojo se encontrara en su hogar en el momento y llamarlo a su celular mientras se encontraba Dios sabe donde o montando sobre su bicicleta podría ser peligroso.
Sus manos comenzaron a sudar corriendo de un lado a otro por su habitación, preocupado por el pelirrojo. Primera cita y ya lo había arruinado. No quería que pensara que lo había dejado plantado intencionalmente, suficiente era que Hinata tuviera un poco de inseguridad sobre lo que hacían y él no quería ser quien la reafirmara.
Tenia que actuar, hacer algo y si tenia que recorrer calle por calle hasta encontrar el bendito lugar lo haría. Tomó lo primero que encontró en el piso, limpio o sucio ya no importaba. Reviso su cartera que contenía algunos cuantos billetes que le había logrado sacar a su madre para la ocasión y con apenas una calceta puesta se puso la mochila y salió de su casa a toda marcha.
Agitado y con la ropa echa giros salió de su casa sólo para encontrar a Hinata llenar sus mejillas de aire, intentando contener la risa mientas sus manos intentaban colocar la patita para aparcar su bicicleta.
El pelirrojo volteó su rostro unos segundos, expulsando el aire contenido mientras contenía la risa, regresándole una mirada picara.
-¿Qué rayos te paso a ti?
-¿Eh?
-Ya casi es hora… vine por ti ¿recuerdas?
-¿Ah?
-¡La cita Tontoyama! No puedo creer que la olvidaras –contesto el pelirrojo- y eso que te dije que vendría por ti a las dos.
-¿Ah? –El moreno se enderezo- ¡No lo olvide! ¿En que momento me dijiste eso?
-En la parte que te dije "El sábado a las 2, no lo olvides" ¿no es obvio?
-¡Hinata, idiota! ¿Cómo se supone que deduzca que vendrás a mi casa con una indicación tan vaga?
-Esta implícito en toda la oración… -dijo convencido de si mismo.
-¡Por su puesto que no! –replicó el moreno inclinándose a su altura, con los ojos en blanco.
-¿Pero no estas alegra de que viniera? –el pelirrojo puso una mano sobre su boca, intentando de cubrir una sonrisa burlona con su dedos- …así tendrá tiempo de arreglarse señorita o quizá ponerse dos zapatos iguales… -indico el chico señalando sus piernas.
Kageyama abrió los ojos y observo al suelo notando la ausencia de una de sus calcetas y el par desigual que se conformaba con una sandalia y uno de sus tenis deportivos.
Los colores volvieron a su rostro.
-¡E… E… E estaba preocupado por ti, idiota!- contestó a gritos corriendo adentro de su casa.
Hinata le siguió unos cuantos pasos atrás.
-¿Puedo entrar? –preguntó el anaranjado mientras el otro desaparecía en las escaleras.
-¡Haz lo que quieras! –escuchó seguido de un portazo y el sonido del agua correr sobre el techo.
-"Con permiso" –canturrió antes de entrar, dejando sus zapatos y la mochila en la entrada. Recorriendo en silencio el pasillo oscuro que tantas veces había atravesado en todo tipo de situaciones. Puso su mano sobre la pared intentando contener una sonrisa con melancolía, siendo interrumpido por un estruendo en el segundo piso, seguido de una grosería, pero por el movimiento continúo asumió que quien lo había provocado se encontraba bien.
Continuó hasta la cocina instalándose sobre el desayunador, enrollando sus dedos unos con los otros, estaba ligeramente nervioso, tampoco había consumado sus horas de sueño completas pero por lo que presumía había conseguido más que el azabache.
Orgulloso del puntaje diario sonrió para sus adentros. Aunque había mentido un poco. Sabia que Kageyama estaba en lo correcto nunca habían quedado en el lugar del encuentro pero por la hora y el mensaje no respondido había deducido que la mejor opción era encontrarle media hora antes en su casa.
Recargo sus mejillas sobre sus cachetes, inflándolos infantilmente con los codos sobre la barra.
¿Por qué jamás le contestaba?
Sacudió su cabeza intentando animarse. Hoy seria el día en que le podría preguntar mil y un cosas más así que podía estar tranquilo. Aunque si quería estar tranquilo, el desastre en la segundo planta era indicio de una buena señal.
XoxoxoxoxoxoxoxoxoxoX
Dos de la tarde y el moreno ya estaba listo, batiendo un nuevo record: aseado, con ropa limpia y con desayuno en mano patrocinado por el pelirrojo quien amablemente le había preparado un sándwich y picado algo de fruta fresca.
Era un crimen, y lo volvía a repetir, la ropa casual de Kageyama era un completo crimen a su corazón.
¿Cómo era posible que aún la ropa deportiva le quedara tan bien?
Causa de muerte: Pesqueros ligeramente holgados de color vino con una sudadera sin mangas del mismo color , detalles en color negro contrastados por un par de tenis y calcetines blancos.
Podría jurar que él mismo podría usar todo el atuendo completo y no lucir para nada bien. Sus pesqueros grises con la sudadera ligera azul lo hacían lucir como un niño a su lado.
Hinata subió a la bicicleta posándose como el conductor, mientras Kageyama lo observaba a su lado expectante elevando una ceja objetiva.
-No estarás esperando que me suba atrás de nuevo ¿verdad? –se cruzo de brazos.
-¿De que otra forma esperas que lleguemos? Aparte yo me sé el camino.
-Eso no importa… -Kageyama le quitó las manos del volante y se subió enfrente de él, empujándolo en el asiento trasero.- No pienso pasar mas vergüenza… -continuó, empezando a pedalear haciendo que el menor perdiera el equilibro al instante, pescándose de sus costados con fuerza.
-¡Ni siquiera sabes a donde vas!
-¡Tu me puedes decir!
-¡No! ¡No quiero! -se negó pellizcando sus oblicues, tapándole deliberadamente los ojos provocando un choque contra un poste a no mas de una cuadra de su casa.
-¡AAAH! –gritaron al unísono.
-¡Te dije que yo podía! –replicó el moreno desde el suelo sobándose la parte baja.
-¡No!
-¡AAAAAAH! ¡¿Por qué eres tan terco sólo déjame llevarte!?
-¡No!
-¡Que no vez que intento hacer algo… -su voz bajo unas decimas- …lindo por ti.
Las palabras lo avergonzaron un poco pero Hinata sonrió al escuchar la declaración, parándose de un salto para extenderle una mano al moreno quien avergonzado la tomó al instante.
-Yyyyy… -el pelirrojo extendió la letra jugeton-…¿acaso esperas algún tipo de recompensa después? –comentó con picardía.
La cara del moreno se volvió un tomate, labios apretados y nerviosos que rechazaron la mano del menor para darle la espalda y separarse de él.
-Sólo súbete… -dijo levantando la bicicleta y volviéndose a montar.
Hinata se abrazó a su espalda y rió bajito.
-Ni creas que habrá recompensa como quiera.
El moreno volteó bruscamente, enviándole una mirada asesina.
-¡Eso ya lo se! – El azabache comenzó a pedalear hacia adelante- …sólo dime a donde debo ir.
Hinata rio nuevamente y comenzó a darle las indicaciones atravesando un brazo sobre so hombro derecho haciéndose pasar por gps. Recargo su mejilla en el hombro del contrario, haciéndolo adorable pues sus ojos y la punta de su cabello era lo único que se podía divisar tras la espalda del moreno.
No habían pasado más de 40 minutos cuando por fin habían llegado al lugar: Un deportivo pequeño con unas cuantas canchas y áreas recreativas.
Hinata le extendió un pase al hombre que estaba en la entrada, quien observaba extrañado la escena que recreaban los dos jóvenes al intentar asesinarse sobre una bicicleta individual. Sin mas, el hombre les entregó un numero y un candado para su vehículo para poderlo aparcar y adentrarse en la área recreativa.
El lugar era una especie de deportivo privado pequeño: Unas cuantas albercas de tamaño respetable con toboganes y fuentes, canchas de tenis, una zona de bateo y dos pequeñas canchas de voleibol muy alejadas de los baños o áreas de comida, completamente libres de distracciones y transeúntes curiosos.
El sol aun se encontraba en su apogeo por lo el lugar se encontraba ligeramente vacío, ya que la mayoría acudía al deportivo durante las mañanas cuando el sol aun no se ponía y en las tardes cuando la luz ya no golpeaba tan fuerte. El único sonido dentro del espacio, eran los chapoteos distantes de algunas familias en las albercas con sus hijos.
Caminaron dentro del lugar, observando a las demás personas que se divertían en el agua chapoteando de una lado a otro, rodeados por el olor de la carne humeante lista para ser devorada. A su lado, el pelirrojo atento buscaba la barandilla para llegar a las canchas.
-¿Cómo conseguiste un pase para esto?
-Ohohohoho –rió risueño- yo tengo mis contactos Mr. Kageyama.
Los ojos del azabache sólo atinaron a regalarle una mirada sospechosa, mientras el pelirrojo internamente agradecía las entradas que le había regalado su senpai platinado en un golpe de suerte.
Se acercaron a una de las canchas, la mas alejada de todas, cubierta por unas enredaderas tanto a lo ancho como a lo largo, dejando unos espacios libres muy pequeños para observar el interior. El pelirrojo saco una llave y abrió el portón para introducirse en el espacio junto con el moreno.
Una bodega, área para descanso y espectadores y la cancha.
-Ahora que lo pienso… ¿Cómo vamos a jugar voleibol si sólo somos los dos? Un uno vs uno no tiene sentido…
Hinata levantó su índice tapando los labios del mayor, extendiendo un ligero sonrojo sobre su rostro, silenciándolo abruptamente.
-Puede que haya dicho jugar pero…
-¿Qué?
-Puedo hacer uso de mi novio y que me haga todos los pases que quiera hoy ¿no?
-Me trajiste a este lugar sólo para que te hiciera pases ¡Eres un idiota! Eso lo puede hacer en cualquier lado… -su lengua se enrollaba al notar la palabra "novio" colada entre la frase el pelirrojo, soltada con tanta honestidad- y no… no.. no
-¡Si pero…! –comentó con emoción- Eso en cualquier lado lo podemos hacer esto… no- Hinata elevó sus talones, cerrando los ojos enfrente del rostro del mayor, jaloneando con ambas manos su camiseta para acercar su rostro al suyo y plantarle un beso en los labios, uno que callara todas sus quejas- Por favooooor – suplicó canturreando su plegaria justo después de separarse de los labios del moreno.
Perplejo, achico sus ojos haciéndole saber lo injusto que había sido aquella acción pero sin más reparos accedió a hacer lo que le pidiera el menor.
-Sólo algunos… pero también vas a rematar como yo te diga… y practicaremos tus recepciones que todavía son un asco…
Hinata pusó una mano en su frente haciendo una burla de los cadetes de guerra.
-¡OSU! –gritoneó derecho- ¡Iré por las pelotas! –el menor se encamino a un pequeño almacén contiguo a las canchas, extrayendo un enorme carrito de pelotas dentro de el.
Kageyama sólo atinaba a esconder sus labios bajo el dorso de su mano intentando ocultar la vergüenza que le había ocasionado el beso, controlando lo que podía de sus sentimientos descontrolados en su interior, revolcándose como un tsunami en su estomago.
-Estúpido Hinata… -susurró entre dientes.
Las pisadas del menor se hicieron presentes y el sonido del pesado carrito rechinando hasta su lugar siendo empujado por el pelirrojo quien portaba una enorme sonrisa en sus labios se detuvo a su lado.
Podía ser el sol, el calor o la falta de alimento dentro de su estomago lo que lo llevo a yuxtaponer la remembranza del sol junta a Hinata. En ese momento podría jurar que Hinata era la misma encarnación del astro. Parado frente a el lanzando sus rayos de luz, encandilando su cordura.
No… para el Hinata era el mismísimo sol.
Dio unos cuantos pasos instalándose a su lado, extendiendo sus brazos para recibir un valón de quien sonriente le extendía la esfera.
-Calentemos un poco –dijó el moreno tomando el balón de entre sus manos para estrellarlo ligeramente sobre la melena pelirroja del menor, haciendo fricción en su cabeza para borrar la sonrisa en el rostro del pelirrojo. Si la veía un segundo más su nariz podría sangrar por un choque de calor, producto no sólo del sol en el cielo.
-Owowowowowowow –se quejó el pelirrojo, intentando cubrir sus cabeza con amabas manos.
XoxoxoxoxoxoxoxoX
3 horas de pases, remates y peligrosas caídas los llevaron a terminar tirados en el suelo con los ojos abiertos retando al cielo, la respiración agitada y el sudor corriendo por todas partes de su cuerpo.
Las canchas contiguas ya estaban ocupadas por lo que podían escuchar el rebote del balón y el estruendo de la raqueta al chocar contra la pelota, seguido de las risas y los gritos de frustración combinados con algo de música pasada de moda.
No tenían porque preocuparse, Hinata había separado la cancha por una hora mas, por lo que no serian molestados en un buen rato aunque no la estuvieran ocupando precisamente en ese momento para jugar.
El cielo comenzaba a tomar un color anaranjado y su estomago comenzaba a suplicar por comida, pero en ese preciso momento nada de aquello podía sentirse más que el dolor en sus mejillas por haber sonreído mas de la cuenta en ese día.
Hinata sacaba tanto lo mejor como lo peor de si. Revelaba todos sus colores sin tapujos.
El pelirrojo dio una bocanada, intentando sonreír a la figura retadora que lo observaba a su lado, igual o mas agotado que él.
-¡¿Qué?! ¡¿Quieres una ronda mas?! –preguntó con una sonrisa maliciosa en los labios. Apenas y si podía mover las piernas, que se veían claramente como temblaban del cansancio. Pues un entrenamiento era una cosa otra era jugar tres horas seguidas contra una fuente de energía nuclear llamada: Hinata Shouyo, quien no parecía jamás tener un limite.
-No puedes ni mover las piernas… -reclamó el anaranjado.
-¡Eso crees! –el moreno intentó ponerse en pie, cayendo al suelo a los pocos centímetros de haber levantado el trasero del suelo- ¡Aaaaah! –exclamo con sorpresa y pesadez al caer de sentón.
-¡Te lo dije! –comentó entre risas.
-¡Cállate! Apuesto que tu tampoco te puedes mover –reclamo el mayor.
Hinata extendiendo su mano para tocar con sus yemas las del moreno, quien tenia los brazos extendidos a sus costados.
-Ya lo creo… -La mano del moreno dio un respingo al sentir el contacto, pero al recordar que era la mano del menor se mantuvo quieto. Quizá un poco más tenso de lo que debía.
Hinata entristeció un poco al notar el reflejo alerta del moreno y observó al mayor con seriedad, intentando colar su mano completa dentro de la suya para ver la reacción del contrario.
-Esta sudada… -se quejó el mas alto intentando excusarse notando las intenciones del menor.
-Eso no me importa… -pronuncio entrelazando sus dedos. El mayor se dio la vuelta para no verle directamente.
-Okay… -susurró dándole la espalda.
Hinata infló sus mejillas en reproche, cerró sus ojos y contemplo la manera de sacar con delicadeza las preguntas que le inundaban la mente en esos momentos y desde hace mucho tiempo.
-¿Por qué siempre haces eso?
-¿Hacer que? –trató de hacerse pasar por desentendido.
-¡Eso! Te das la vuelta, no me tomas de la mano, evitas mi mirada y que recuerde… sólo me haz besado una vez… "oficialmente" tu a mi, no yo a ti…–pronuncio susurrando lo ultimo más bien para si mismo.
Hubo un silencio por unos cuantos segundos, donde Hinata notaba la ansiedad en el cuerpo del mayor quien seguía sin darle la cara, pero quien movía sus dedos bajo la mano del menor acariciando las yemas del contrario suavemente en muestra de afecto.
Se contrajo dentro de su propio cuerpo y comenzó a hablar.
-Simplemente no puedo…
-¿Qué no puedes? –preguntó, apretando su mano ligeramente para detener la ansiedad.
Sus ropas se arrugaron dando la media vuelta sobre el suelo, para por fin darle la cara. Ambos recostados sobre la grava con las manos entrelazadas y el cuerpo agotado.
-Verte a la cara, tocarte. Simplemente no puedo.
-¿Por qué?
Sus mejillas se coloraron y con un mueca incomoda entre sonrisa y nerviosismo intento articular las palabras que no lograban salir correctamente de sus labios.
-¿No ves lo que haces conmigo? Suficiente tengo con que me hayas dicho que me querías, tocarte parece algo imposible para mi, como si no debiera…
-¡Yo…! –interrumpió el pelirrojo drásticamente provocando que el moreno se levantara del suelo para sentarse con las piernas cruzadas y por ultimo soltando su mano. Hinata le imito.
-¡No! Escucha… -su mirada bajo ligeramente al suelo cavilando su oración- La razón por la que… por la que todos se alejan es porque yo… -el recuerdo de sus compañeros retumbando en la puerta trasera de sus memorias comenzaban a tocar la puerta- Es porque soy impulsivo y los obligo a hacer las cosas a mi manera… ¡Lo sé! –su rostro se comenzaba a contorsionar en tristeza, más la muestra de emociones dejaba pasmado al pelirrojo quien sólo observaba sin saber que hacer ante las palabras arrojadas sin control- Kindaichi… Kunimi… todos por mi… incluso… tu… todos se alejaron
-Kageyama… -susurró.
-Alejo a todos… incluso a ti –declaró encestando un puñetazo en el suelo sin inmutarse por el dolor, claramente frustrado.
-Tu no me… ale…jaste… –coló el pelirrojo entre dientes.
-Lo hice… y tengo miedo… -su rostro se escondía bajo el flequillo- Tengo miedo de alejarte para siempre… es por eso que… es por eso que no hago nada que puedo hacer que me odies…
Hinata no podía con la escena que presenciaba ante si, sus mejillas igual de rojas y los ojos acuosos llenos de emoción observaban al punto de llorar por las palabras de Kageyama.
El chico tenia tanto miedo de perderle y Hinata sabia cuan solo se había sentido el mayor cuando sus compañeros lo ignoraron sin compasión. Aunque el jamás había sentido algo parecido ese tipo de dolor sabia que era muy real. Sabia lo que era trabajar por un sueño, darlo todo y estar solo en ese camino.
-Yo… quiero que… -entre cada palabra su voz iba disminuyendo pero la mirada fija sobre los ojos del contrario se mantenía firme, se inclino hacia delante intentando tomar sus manos quienes se resistían a ser sostenidas, como un animal lastimado- …quiero que lo hagas…
-Pero…
-No voy a tener miedo y jamás me iré… yo ya hice mi decisión…
Kageyama lo encaró, dejando por fin que sus manos fueran atrapadas.
-Entonces… ¿Puedo tomar tu mano?
-Cuando quieras…
-¿Abrazarte?
Ambos mantenían la mirada, uno frente al otro con una pequeña sonrisa colada entre cada silabas.
-Claro
-Y… ¿Cuando quie… quiera to… tocarte… incluso eso?
Sus cabellos se erizaron con la pregunta pero sabia que una relación implicaba aquello, él incluso lo había hecho antes de concretar sus sentimientos claramente. En sus sueños húmedos pero aquello contaba.
-Po… podemos ir… despacio.
-¿No te daré asco incluso entonces?
-Como si pudiera… –negó con las mejillas infladas- juro que no huiré de ti ante nada…
Kageyama volvió a sonrojarse conteniendo una sonrisa escalofriante.
-¿Besarte?
Hinata arrugo sus labios nervioso, retomando su posición.
-Sí
Kageyama intentó ocultar otra sonrisa siniestra que amenazaba con apoderarse de su rostro por la felicidad. Lo observó unos segundos e hizo su ultima pregunta.
-¿Podría hacerlo ahora?
Hinata bajo el rostro ocultando su mirada como lo había hecho el pelinegro. Mejillas ardiendo, totalmente adorable.
-Sí… -susurro.
Hubo silencio y segundos después el mayor silenciosamente acercaba su muñeca a la barbilla del menor para levantarla ligeramente. Cerró los ojos sintiendo el cosquilleo de los labios tibios y resecos posándose sobre los suyos.
Este era su segundo beso real.
El segundo que le daba la persona que amaba.
Esta vez sin ahogar su respiración, sin el temblar de los nervios.
Permaneciendo así hasta que el moreno sacio la necesidad de mantener la boca del contrario atrapada entre la suya.
Se separaron y con la misma cercanía que mantenían Kageyama beso la mejilla del pelirrojo antes de alejarse.
-¿Aunque te bese así, no lo harás?
En sus labios se formo un sonrisa.
-Nunca.
La alarma del cambio de hora sonó, alertándolos de que pronto les recogerían las llaves e la cancha.
-Mejor nos vamos… -anuncio el pelirrojo, levantándose del suelo, sacudiéndose el polvo de la ropa.
-Sí…- Kageyama le extendió la mano para que lo ayudar a levantar del suelo, capturándola entre la suya para hacer valer sus derechos de una vez por todas.
-Me vas a comprar un helado y la cena ¿Sabes? No creas que olvide el trato – le recordó con una sonrisa, apretando la mano del moreno.
Caminaron unos cuantos metros antes de que Hinata se detuviera en seco haciéndolo parar.
-Aunque aun me debes una explicación más….
Kageyama se detuvo confundido.
-Si me quieres tanto… ¿Por qué nunca me contestas mis mensajes?
-¿Ah?
-¡Nunca lo haces! Incluso cuando me odiabas si lo hacías ¿por que… ahora…
-Se ahogo…
-¿Eh? Que tipo de explicación es esa…
-Durante su viaje a Tokio… quizá antes, no estoy muy seguro… un día que fui al baño solo, mi celular cayo en la taza… y pues… se ahogo.
-¡¿Qué?! -Hinata comenzó a reír- todo este tiempo te mande mensajes pensando que me ignorabas… llegue a pensar que era tu amigo con derechos ¿Sabes?
-¿Cómo se supone que llegaste a esa conclusión? –cuestiono el mas alto con los ojos en blanco.
- Y lo de ¿Kana…? –Preguntó claramente celoso.
-¿Kana?
-Los vi en tu porche… el rumor…
-Una bola de idiotas… ella sólo iba algunas horas a ayudar… el primer día se entero sobre lo del celular y se asusto de que no pudiera contactar a nadie a la mano… y como no estabas se invito sola para visitarme los demás días.
-¿Los almuerzos, visitas, conversaciones..?
-Ella… es… agradable… -pronunció entre pausas- y se pa… parece a ti…
-¿¡Como así?!
-Los dos son unos cabezas huecas que no saben cuando parar… y ambos son pelirrojos… pero Kana…
Hinata lo observaba con la mandíbula en el suelo, Kageyama era mas idiota de lo que pensaba y todas sus preocupaciones habían sido por nada.
-…pero Kana… Kana no es tan linda como tu… -declaro enrollando sus manos dentro de sus bolsillos soltando la mano del menor, y sin verle directamente se adelanto tratando de ignorar lo que acaba de decir.
Hinata vacío su furia en una de las pelotas que descanzaba a su lado y la aventó con toda su fuerza en la nuca del moreno en venganza
Una aura negra emano del mayor y el pelirrojo se hecho a correr, huyendo de la fiera que había despertado.
-¡Eres un idiota y no puedo creer que me gustes! –gritoneo adelante del moreno por todo el deportivo.
Kageyama puso los ojos en blanco y comenzó a tirar fuego por los ojos.
-¡HINATA!
"Hagamos que el pasado desvanezca ante nuestro futuro"
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Después de mucho mucho mucho tiempo, vuelvo para entregarles el final ¿? Ya que me falta el epilogo donde ahora si, viene el yaoi hard, ¿Qué creían que primera cita y los iba a poner a coshar? Estos niños no saben ni besar jajajajaj aparte de que quería dejar un final abierto por si querían que avanzara con la serie pero ahora sobre su relación o incluso hacer una segunda parte de la serie no lo se (Hay muchas posibilidades) perooooo de que hay lemon en el/los siguientes capítulos es mas que seguro. Aunque corren el riesgo de que me tarde mil años en escribir nuevamente (¿Lo siento!) llevaba días intentando terminarlo, lo juro.
Este capitulo tenia días que llevaba a la mitad yo creo que mas de unas tres semanas pero apenas me pude aplicar a corregirlo y terminar de escribirlo. Espero no haya quedado muy soso, pero me quería salir de la típica cita común ya que estos dos son muy tontos. Y espero que la explicación de Kageyama haya sido convincente porque esas eran las razones que había planeado desde el principio, y que en mi opinión son muy validas para el personaje.
Por otro lado ya saben, como siempre les pido una gran disculpa y como no me aguanto ya subiré el capitulo. Tratare de contestar todo los reviews que me han dejado hasta hoy ¡MUCHISIAMAS GRACIAS! No saben lo feliz que me hacen saber que hay gente que aprecia esta locura de fic.
Espero sus opiniones para que me digan si continuó la historia sobre su relación o si ya solo hago el epilogo (aunque debo decir que me emociona un poco la idea de seguir con este fic explorando esos aspetcos) sólo dire que serian unos cuantos capítulos retrazando el epilogo un poco más de tiempo. Ustedes me diran.
Aquí contesto los reviews de las chicas que no les puedo enviar Mp.
Un beso a todas y MUCHAS MUCHAS MUCHAS GRACIAS POR LEERME!
AdictaMoon
No no llores y si lloras dejame llorar contigo, awwwn muchas veces me vi tentada a reunirlos en esos momentos de debilidad e Hinata pero no le podía hacer eso a mi bebé tenia que reunirlos en el peor momento paa convertirlo en el mejor momento ¿? Jajaja ya no se ni lo que digo.
Pero bueno ya están juntos y felices como Yaoi manda que diga Dios, si Dios.
Jajajaj muchas gracias por el review y disculpa la tardanza u.u
Maria
Noooo! Ese no era el final! Este es el posible final, claro si es que no quieren que continue con una segunda parte /3 jajaja pero clarooo claro que habrá un epilogo lleno de amor que llevo planenaod desde hace mucho! Y también tengo planeada otra historia terminando esta asi que hay kagehina para largo.
¡Muchas garcias por tu apoyo y no seguimos leyendo!
A las demás mañana mismo les mando un Mp contestando sus reviews.
Dejen review y denme su opinión! Las amo mucho mucho mucho!
Prometo actualizar mas rápido lo juro!
CIAO!
