Hola.

Este es el segundo cap de mi besho Jearmin *u* Cabe aclarar que estos caps son todos muy continuos, o sea, no voy a recapitular cosas de capítulos anteriores, así que... si alguien no lo entiende (en capítulos más adelante), tendrán que fijarse atrás c:

Disclaimer: Los personajes son de Hajime Isayama, si fueran míos, sería un todos con todos.

Advertencias: Puede ser que haya un poquito de OoC, trato de que no sea así, pero ya que.

Disfruten.


La última campanada del mediodía había sonado. El salón donde Jean se encontraba se vaciaba lentamente mientras él terminaba de guardar sus libros. Su estómago gruñó y volvió a maldecir al chico de la cafetería, que le había vendido tres facturas pequeñas. Buscó con la mirada a Marco, su compañero de apuntes, para que le ayudara a estudiar inglés y además le invitara el almuerzo, pero resultaba que era inteligente. Marco ya había escapado de él y su estómago hambriento.

Le quedaba una hora libre hasta su próxima clase, si se apuraba, podría ir a su casa a comer algo. Tomó su mochila y caminó veloz a la puerta. Salió del edificio principal de la facultad y entró en el subterráneo. Subió y se sentó, ya que a esa hora, solía estar vacío. Paseó su mirada por el vagón, solo por fisgonear y con quién se encontró: el rubio que le había robado.

Armin estaba sentado al lado de la puerta, llevaba anteojos de lectura y un libro entre sus manos. A partir de lo que poco que Jean percibía de su ropa, parecía que recién había salido de trabajar. Lo miró fijo, de esa manera en que cuando hay contacto visual, se vuelve incómodo. Por suerte, el otro no miró; parecía estar muy ensimismado en su lectura.

Jean volvió a pensar en él y en lo raro que era. ¿Cómo un chico podía parecer tan femenino al punto de resultar atractivo…? Pero no. Por supuesto que a él no le parecía atractivo, que estupidez.

Jean era un macho pecho peludo con gustos tan masculinos que el siquiera pensar que Armin le podía resultar atractivo, le hacía reír.

Suspiró y se levantó, ya casi llegaba a su parada. Se sorprendió al ver como Armin salía detrás de él y que incluso decía un pequeño permiso, ya que él se había parado en el medio. El rubio ni lo había mirado, solo se alejaba rápidamente hacía las escaleras mecánicas. Jean lo siguió, y no por seguirlo, sino porque iba en la misma dirección que el rubio.

Caminaba un par de pasos detrás de Armin, y no porque lo siguiera, simplemente porque así quería ir él. Armin seguía concentrado en su libro, demasiado como para caminar por la calle. Y era verdad, porque de un momento a otro, Jean perdió de vista la cabeza rubia.

El chico estaba acostado en el suelo ante la inminente caída al pisar un pozo. Jean iba a seguir de largo, avanzó unos pasos, pero…

―Oye, ¿Te caíste?

Armin lo miró con sarcasmo ―, en realidad quería saludar al suelo de cerca… ―masculló y se levantó.

Jean no supo si reír u ofenderse, pero lo ayudó a recoger sus cosas.

―Gracias ―dijo Armin, y siguió caminando como si nada, de nuevo en su libro.

―Oye, no quiero ser metido ―dijo Jean apenas ―, pero si vas leyendo así de concentrado, podrían robarte o podrías volver a caerte.

Armin iba a responder, pero otra vez pisó otro pozo. Antes de que besara el piso de nuevo, Jean lo tomó del brazo, evitando la caída.

―Tal vez tengas razón ―Armin lo miró riendo suavemente ―. Oye, te veo cara conocida… ¿Nos conocemos?

―Me vendiste café hoy.

― ¡Oh! Jean, el francés ―. Dijo sonriendo.

― ¿Francés? ―Jean rio ―. Solo el nombre.

Armin asintió sonriendo y miró al frente, Jean lo imitó.

La situación era rara, ninguno sabía cómo hablar con el otro, o sea, eran desconocidos. Ni siquiera sabían por qué caminaban juntos.

― ¿Vives por aquí? ―Preguntó Jean.

―Sí ―asintió ―. Aquí.

―Mi casa está a dos cuadras ―dijo Jean ―, adiós, Armin.

―Nos vemos, Jean.

Armin entró en su casa y Jean lo perdió de vista.

Eso fue raro.

Una semana pasó, de nuevo se encontraba con el remordimiento de tener que enfrentar la evaluación de inglés, porque no, no había estudiado nada.

Pero qué pasó: ¡El profesor no apareció! ¡Otra semana más para estudiar!

Salió de la facultad, dispuesto a estudiar exhaustivamente, sin embargo, al pasar delante de la cafetería de Armin, no pudo evitar entrar. Después de todo, el café era bueno.

―Buen día ―saludó Armin ―, ¿Qué va a llevar?

―Quiero un café ―dijo Jean ―. Solo café ―agregó rápidamente.

Armin sonrió cómplice ―. Sería $10.

Jean pagó y se sentó en la barra, cerca del otro chico. Sacó los apuntes de Marco, dispuesto a estudiar un poco. Luego de unos minutos, recibió el café de parte del rubio; en él estaba su nombre de nuevo, además del corazón. Jean miró apenas a Armin, pero éste se veía muy concentrado sacándole brillo a la cafetera. Su encogió de hombros y devolvió su atención a los apuntes.

Leía y releía, aprendía de memoria la forma de escribir cada palabra. Qué gracioso, ni idea de qué significaban las palabras. Volvía a revisar su diccionario, las transcribía, veía como Armin iba de un lado a otro, lavaba vajillas, copiaba las hojas de Marco. Suspiró y tomó su vaso en el momento justo en que la campanita de la puerta sonaba.

― ¡Armin! ¡Ya sabes qué!

El rubio asintió y le preparó el pedido a la chica, la misma de la semana anterior. Cuando la chica corrió para tomar su bolsa de un manotazo, sin querer, golpeó a Jean el brazo, haciendo que su café cayera sobre él.

― ¡Maldición, Sasha! ―Claro que conocía a esa chica, pero esa era historia para otro momento.

― ¡Lo lamento! ―Dijo y se fue, sin siquiera reparar en que el chico supiera su nombre.

Armin se acercó a Jean para limpiar el mostrador. Luego se fue y regresó con otro vaso de café.

―Gracias ―dijo Jean.

― ¿Estudiando? ―Preguntó Armin.

―Humjum ―respondió apenas, revisando las hojas para asegurarse de que seguían intactas ―. Inglés.

That's pretty easy… ―dijo apenas.

― ¿Sabes inglés? ―Preguntó asombrado ―. ¿Podrías ayudarme? No entiendo nada de nada.

Nunca se lo hubiera esperado.

En la media hora que se había quedado en la cafetería, Armin lo había ayudado con inglés, lo cual se le daba muy bien. Jean estaba sorprendido de cuánto había entendido, ni Marco había llegado tan lejos enseñándole.

―Oye, ya debo irme ―dijo Jean ―. Gracias por explicarme, nos vemos luego.

―De nada, que te vaya bien.


Espero que lo hayan disfrutado, si fue así, pueden decirlo con un review.

¡Gracias por leer!


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