¡Capítulo seis!

Iba a subirlo ayer, pero estuve ocupada uvu

Disclaimer: Los personajes son de Isayama Hajime, si fueran míos, sería un todos con todos.

Advertencias: AWWWWWWWWW YEAAAAAAAAAAAH(?

Disfruten.


Sentía su cabeza muy pesada, tanto que casi se le hacía difícil mantenerla erguida.

―Ouch ―su cabeza hizo un sonido sordo al golpear contra su mesa ―, eso debió doler ―dijo Marco, quien estaba sentado a su lado.

―Es que me levanté un poco temprano… ―giró su cabeza un poco para mirarlo ―Marco… Consígueme comida… ―pedía en un tono tenue, como si estuviera a punto de morir.

El azabache rio ―. Eso quisieras; debo ir a mi siguiente clase.

Jean trató de detenerlo, pero casi no le quedaban fuerzas. Todo esto era culpa de Armin, si tan solo no hubiera querido ayudarlo… ¿Por qué era culpa del rubio? Porque sí, porque siempre ponía esa cara con esos gestos que te impedían decirle que no.

Era gracioso, porque Armin nunca había tenido esa intención. Nunca había mirado a Jean de ninguna forma especial. Pero claro, para el castaño era más fácil decir eso a asumir la culpa de haber caído a los pies de Armin.

Jean se sonrojó furiosamente.

―Oye, ¿estás bien? ―Preguntó Connie sentándose a su lado.

―S-Sí. ¿Qué quieren? ―Preguntó desconfiado.

―Queremos disculparnos por lo de anoche ―dijo Sasha, al otro lado de Jean ―, no sabíamos que te sentías mal.

Jean escondió su cabeza entre sus brazos, aún sobre la mesa, tratando de ignorarlos.

―Trajimos una ofrenda de paz…

El delicioso olor de un omelette recién hecho llegó a sus fosas nasales, obligándolo a levantar la mirada.

―Están perdonados… por ahora ―dijo antes de devorar la comida.

Apenas terminó su última clase, fue directo a su casa. Se dirigió al subterráneo, no tenía ganas ni energía para caminar ese día. Se sentó y dormitó un rato, vigilando vagamente cada parada, para no pasarse. Más de una vez sus ojos habían viajado a través de cada pasajero, buscando alguna cabellera rubia, aunque no obtuvo ningún resultado.

En la cuadra que le quedaba a su casa luego de bajar del transporte siguió pensando en lo mismo, incluso cuando llegó a su departamento, cuando cerró la puerta, cuando se quitó los zapatos y se acostó en su cama. Incluso cuando se durmió, Armin, su rostro, sus mejillas y su sonrisa fueron su último pensamiento.

Sin embargo, no soñó nada; debió haber sido por el cansancio. A la mañana siguiente se despertó complemente renovado, de buen humor e inexplicablemente feliz. Se vistió y se preparó para salir. Había una gran sonrisa dibujada en su rostro que se quebró pedazo por pedazo en cuanto entró a la cafetería de Armin.

―Ugh, ¿Qué vas a pedir?

Jean frunció notablemente el ceño, pero su orgullo le impidió preguntar por Armin ―. Un café.

―Tu nombre ―. Preguntó Eren con sequedad, con el vaso en una mano y un marcador en la otra.

―Jean.

Yan… ―Dijo Eren mientras lo escribía.

― ¡Espera! ¿Cómo lo escribiste? ―Preguntó con recelo, Eren le mostró el vaso ―. No, se escribe J-e-a-n ―deletreó.

― ¡Oh, sí! ¡Ya sé cómo! ―Los ojos de Eren brillaron en malicia. Jean volvió a fruncir el ceño y pagó.

Luego, al final de la barra recibió su bebida.

―Que lo disfrutes ―Eren sonrió y Jean observó su nombre en el vaso, Cara de caballo, seguido de un corazón, más feo que los de Armin, cabe agregar.

Endulzó su café y decidió sentarse en el segundo piso de la cafetería. No podía evitarlo, pero seguía pensando en Armin. Se sentía como un tonto al admitirlo –dentro de sus pensamientos–, pero lo comenzaba a extrañar. ¿Y si estaba enfermo? ¿O le había pasado algo? No, no, no, eso no sería posible. Eren parecía un amigo cercano suyo, si le había pasado algo, lo más seguro sería que el café estuviera cerrado.

Terminó el café y decidió irse, ya que, no tenía nada qué hacer allí.

En la hora del almuerzo, pensó en buscar a Armin cerca de la facultad de Letras. Sus sospechas no eran equivocadas. Lo vio sentado en un banco, algo alejado de los demás. Estaba comiendo un sándwich y tenía la mirada perdida. Iba a gritarle, para llamar su atención, pero se detuvo al ver que Eren y otra chica se acercaban a él. Armin seguía serio, pero sonreía apenas cuando ellos reían, a pesar de que no se le veía con ganas de ello. Luego de un rato, los tres se fueron, sin embargo, Jean seguía parado allí. Escuchó el lejano timbre, anunciando las dos en punto de la tarde y que estaba cerca de llegar tarde a su siguiente clase.

A la salida, volvió a buscarlo. Le preguntó a Marco si sabía a qué hora terminaban las clases del rubio. Su amigo le había dicho y lo había agradecido. Por eso se encontraba en ese momento en la puerta de la facultad, listo para emboscarlo. En cierto momento, pensó que tal vez había salido por otro lado o que ni siquiera había asistido a las clases de la tarde. Pero finalmente, Armin salió por la puerta. En cuanto vio a Jean, su cara cambió por una sorprendida.

―Oye ―sonrió apenas —, ¿Me estabas esperando?

Jean bufó ―. Cómo crees… ―luego lo miró ―. Pero tal vez sí. ¿Tienes ganas de caminar a casa?

Armin asintió y ambos comenzaron a caminar. No era camino tan largo como para hacer a pie, así que caminaban tranquilamente. Jean miraba de reojo a Armin, el cual solo miraba al frente.

El rubio tenía la mirada seria, entre triste y cansada, y Jean estaba un poco preocupado. Quería preguntarle, pero no sabía cómo abordar el tema.

―Tienes una mirada muy punzante ―dijo Armin y Jean se sonrojó un poco al verse descubierto ―. ¿Pasa algo?

―Es que ―se rascó la nuca nervioso ―, pareces no sentirte bien.

Armin lo miró perplejo ―. ¿Por qué lo dices?

―Pues, tus ojos no están brillantes y no sonríes ―Jean lo miró ―. Esa cara no cuadra mucho con el resto de ti.

― ¿Mi cara…? ―Armin se tocó una mejilla, un poco preocupado ―. ¿Tú lo crees?

―Por supuesto, personas como tú siempre tienen que sonreír.

― ¿Por qué?

―Porque si no, personas como yo no saben cómo hacerlo ―Jean se quedó congelado en su lugar, ¿Qué demonios acababa de decir?

Armin siguió caminando como si nada, hasta que notó que Jean no seguía ―. ¿Vienes?

El castaño lo analizó por un momento, pensando qué pasaría después a partir de su confesión. ¿Qué podría ser lo peor que pasara? Ese fue su pensamiento, y por eso lo siguió.

Siguieron caminando, en silencio, como si nada. Luego de un rato, cayeron en una conversación banal, pero no menos entretenida. Jean notó que Armin parecía sentirse mejor, bromeaba y sonría un poco más.

Llegaron a la casa del rubio primero.

―Entonces, nos vemos mañana ―Jean le sonrió de lado.

―Claro que sí, Jean ―Armin abrió la puerta de su casa, y la mantuvo así ―. Oye…

Jean se acercó un paso y lo miró cuando lo llamó, Armin estaba sobre el escalón del pórtico y casi le igualaba la altura a Jean ―. Gracias por acompañarme ―dijo mientras lo abrazaba por los hombros.

―No es nada… ―Jean también lo abrazó con fuerza, aunque se encontraba un poco sonrojado ante el abrupto toque.

Se separaron a penas y Armin volvió a acercarse, uniendo sus labios con los de Jean. Tenía los ojos cerrados y las mejillas casi pálidas, claro, en comparación con las del otro chico. Las de Jean parecían estar casi en llamas y sus ojos fuertemente cerrados. Seguía abrazando a Armin, pero estaba estático en su lugar, no correspondía el beso ni se alejaba para cortarlo.

Luego de unos segundos, Armin cortó el beso suavemente y se fue sin siquiera mirar al castaño. Después le cerró la puerta en la cara.

Jean estaba parado, delante del pórtico, seguía rojo como un tomate y estaba atónito por lo que había pasado. Si aún le quedaban dudas, ahora ya no dudaba de la homosexualidad del rubio. Pues lo había besado. En los labios. Durante más de uno, dos y tres segundos. Lo que más le sorprendía era que no lo había detenido.

Que hasta… le había gustado.


FUCK YEAH, THEY ARE SO DAMN GAY.

He de decir que este es de mis caps favoritos uvu

No tengo mucho más para decir... ¡Gracias por leer!

Smell ya~


A favor de reviews sin discriminar. Si me dices qué está mal, lo puedo mejorar.