CAPITULO 2

Odio y desesperación

También, en Capsule Corp, la normalidad había regresado a las vidas de sus habitantes. A pesar de que Bulma siempre se había considerado una mujer fuerte, todavía no podía creerse que su amigo Goku, aquél a quien siempre consideró su hermano menor, había muerto y que ya nunca, jamás regresaría, puesto que se negó a que lo resucitaran, y decidió quedarse a entrenarse en el más allá. Recordó lo mal que se tomó aquella noticia Milk, y lo mucho que le afectó.

Desde aquél primer día en que su vehículo chocó con él en ese bosque, supo que aquél niño inocente e ingenuo se convertiría en una de esas personas a las que es difícil olvidar cuando se cruzan en tu camino. El sólo, había cambiado, para bien, las vidas de la mayoría de las personas que tuvieron la suerte de conocerle: Yamcha, Krilin, Ten y Chaoz, Piccolo, Milk...e incluso la de Vegeta, el frío y despiadado príncipe de los saiyajins, el hombre del que ella se enamoró locamente y el mismo que se había convertido en el padre de su pequeño hijo.

Quizá, estos dos últimos, Milk y Vegeta, eran los que menos habían asimilado su muerte, cada uno a su manera, claro está.

En el caso de Vegeta, después de que terminó la batalla contra Cell, ella creyó que el príncipe regresaría al espacio y se marcharía del planeta para siempre, puesto que al haber muerto Goku, pensó que ya nada lo retendría en la Tierra. Pero no fue así...Unos pocos días después, el príncipe volvió a su casa, y ella lo recibió con los brazos abiertos, ilusionada con la idea de comenzar una nueva vida juntos, ya como familia. Pero, pasaron los días, y empezó a darse cuenta de que aquél hombre que regresó junto a ella, no era el mismo que salió de su casa el día que hicieron su aparición los androides. Apenas hablaba con ella, casi no comía y estaba segura de que tampoco dormía lo suficiente. Lo peor de todo, es que ni siquiera entrenaba. Abandonó cualquier cosa que le recordara a la lucha y a los combates, y pasaba muchas horas de su tiempo, encaramado en el balcón del cuarto que compartían, y con la mirada perdida en un punto al azar. Por mucho que lo intentaba, Vegeta no atendía a las palabras de ella, y se negaba a participar en cualquier conversación que estuviera relacionada con Goku y con su muerte, cosa que ella tuvo que dejar de hacer, puesto que lo único que conseguía era que el príncipe se enojara y saliera volando de la casa para no regresar hasta muchas horas después.

Nada conseguía hacerle reaccionar...bueno... casi nada...El sexo era lo único que parecía hacerle olvidar lo que fuera que le estuviera atormentando, y todas las noches, sin faltar ninguna desde que regresó, descargaba, junto a ella, toda la frustración y la ira acumulada durante el día a modo de largas e intensas sesiones llenas de lujuria y placer. Lo malo es que, al terminar, él regresaba de nuevo a su estado de depresión, y ella a continuar preocupándose por él.

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Comenzaba a caer la noche en aquél frío y angosto desierto situado en algún lugar de la Tierra. El viento helado comenzó a soplar, arrastrando polvo y arena a su paso. Encima de aquella montaña, su furia se hacía notar mucho más, debido a la altura, y ahí, justo en la cima, se encontraba la figura de un hombre al que no parecía afectarle nada de lo que sucedía a su alrededor.

Se preguntó cuanto tiempo llevaba allí, sin moverse, vagando a través de sus pensamientos. Recordó que se marchó de la casa después de que Bulma volviera a insistir en molestarle con sus estúpidas muestras de preocupación hacia él. ¡Maldita sea¿es que la mujer nunca iba a entender que no quería ni siquiera escuchar su nombre, su maldito nombre?... - Kakarotto...- Comenzó a decir apretando los puños. - ¿Cómo osaste morir?...¿Cómo...cómo te atreviste a sacrificarte por mi?...¡Nunca te pedí que lo hicieras!...¡Yo estaba dispuesto a morir, a entregar mi vida por este maldito planeta!. Me entrené durante años sólo para eso, y tu tuviste que entrometerte...¡Tuviste que humillarme de nuevo!...- Exclamó gritándole al viento, como si éste fuera a encargarse de transmitir su mensaje. Se dejó caer de rodillas al suelo. - Todas las noches te apareces en mis sueños, torturándome con esa estúpida sonrisa que esbozaste justo antes de desaparecer. ¡Te odio, Kakarotto!...no sabes cuánto...- Dijo, mientras sus manos se apoyaban en el suelo, y un par de lágrimas de rabia y dolor, caían a su lado, fundiéndose en la arena. - Pero más me odio a mí mismo...Odio todo lo que fui, lo que soy...Ya nada me importa...Ya no existe ningún motivo que me impulse a seguir luchando, y nunca más lo haré...nunca más volveré a pelear...-

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Al día siguiente, Bulma se levantó de la cama y se dispuso a ducharse para después vestirse y bajar a desayunar. Decidió dejar que Vegeta continuara durmiendo, puesto que la sesión de anoche había sido tan intensa como siempre, y él parecía estar agotado cuando regresó de donde fuera que estuviese durante toda la tarde. Recordó que ni siquiera se molestó en preguntárselo, ya que nuevamente se encontraría con el silencio en respuesta, y además, tampoco tuvo mucho tiempo de hacerlo, porque enseguida lo sintió acariciándola de esa forma que sólo él sabía, y que propició el inicio de un nuevo encuentro entre sus dos cuerpos, de forma salvaje y pasional, tal y como últimamente se había convertido su vida sexual con él...

Más tarde, decidió ir a visitar a Milk. Habló con ella por teléfono hacía dos días y parecía continuar tan afectada como al principio. Pensó que hacerle una visita sorpresa conseguiría animarla un poco, y de paso, ella también lograría dejar atrás durante unas horas esa preocupación que sentía por Vegeta. Dejó a Trunks al cuidado de su madre, y se marchó de la casa.

Cuando llegó, descendió de su vehículo y lo encapsuló. Se dirigió inmediatamente hacia la puerta de la vivienda de los Son, y llamó.

- ¡Bulma!. – Dijo Milk nada más abrir. - ¿Qué haces aquí?. – Preguntó sorprendida.

- Hola, Milk. El otro día por teléfono me dejaste preocupada y he decidido venir a verte – Repuso la peliazul con una sonrisa.

- Gracias, pero no tenías que haberte molestado. – Contestó Milk invitándola a entrar dentro de la casa con un gesto. - ¿No has traído contigo al pequeño Trunks? – Preguntó extrañada.

- No es molestia, Milk. – Dijo Bulma abrazándola. - Dejé a Trunks en casa con mi madre. Creo que tenía pensado salir con él de paseo por la ciudad y llevárselo a comprar pastelitos – Exclamó sonriendo de nuevo.

La viuda Son le devolvió la sonrisa y ambas comenzaron a caminar hacia la cocina. El fogón estaba encendido, y un montón de diversos tipos de alimentos se encontraban dispersos por toda la encimera.

- Estaba terminando de preparar la comida. – Dijo Milk regresando a su tarea. - ¿Quieres quedarte a comer con nosotros? – Preguntó.

- Pues...me gustaría mucho, gracias. – Contestó Bulma colocándose a su lado con ánimo de ayudarla. - ¿Y Gohan?. – Dijo, extrañada de no verle por allí.

- Le di permiso para que saliera a dar una vuelta. – Repuso Milk. - Ha estado estudiando mucho estos últimos días. No creo que tarde mucho en regresar. –

Bulma notó la tristeza en el tono de voz de su amiga. Sabía lo mal que lo estaba pasando, no sólo por ella, sino también por el pequeño Gohan, que de nuevo, había vuelto a quedarse sin padre...

- ¿Cómo está?. ¿Qué tal lo lleva?. – Preguntó sin poder evitarlo.

Milk se quedó durante unos segundos en silencio, hasta que, sin levantar la vista de la cazuela, dijo:

- Bueno...Es un niño muy fuerte...como su padre...- Pronunció con la voz temblorosa.

En ese mismo momento, escucharon la puerta y se giraron para ver a Gohan entrar. Bulma se dirigió inmediatamente a abrazarle con cariño, y al cabo de un rato, los tres se sentaron a la mesa y compartieron momentos de charla sobre los estudios del niño y sobre los nuevos experimentos que Bulma y su padre estaban llevando a cabo.

Así pasaron las horas, y Gohan se retiró de nuevo a su cuarto para seguir estudiando. Las dos mujeres se quedaron sentadas en el salón mientras tomaban café. De pronto, Milk se percató de que Bulma no había mencionado nada respecto a ella y a su relación con Vegeta. En sus largas conversaciones telefónicas, la peliazul le había comentado que el príncipe saiyajin se estaba comportando de una forma extraña, y que incluso, había dejado de entrenar y de utilizar la cámara de gravedad que él mismo les exigió a ella y a su padre que le fabricaran, años atrás. Milk nunca supo entender qué pudo ver su amiga en un hombre como Vegeta, ni tampoco como fue posible que se enamorara de él, pero el hecho de que se convirtiera en un aliado en la lucha contra Cell, y que además, hubiera aceptado su responsabilidad como padre y permaneciera al lado de Bulma, casi la mantenían convencida de que finalmente, el despiadado príncipe podría haber cambiado, al igual que lo hizo Piccolo.

- ¿Y tú como estás, Bulma?. – Le preguntó.

- Pues..no muy bien, la verdad. – Contestó su amiga suspirando.

- Vaya...lo siento...- Repuso Milk. - ¿Aún continúa comportándose así?. – Dijo refiriéndose a Vegeta.

- Si...y cada vez peor. – Asintió la peliazul. - Ya no se que hacer para hacerle reaccionar, Milk. Me siento completamente impotente...- Añadió, haciendo un gran esfuerzo para no derrumbarse ante su amiga.

- ¿Por qué crees que está así?...Es extraño¿no crees?. – Repuso Milk confundida.

Bulma la miró fijamente. No estaba segura de cómo iba a reaccionar su amiga cuando le dijera lo que ella pensaba, pero aún así, se decidió a revelárselo:

- Bueno...yo creo que es por...Goku y su muerte...- Dijo, intentando no darle demasiada importancia.

- ¡¿Qué?!. – Exclamó sorprendida Milk. – Lo que acabas de decir no tiene ningún sentido, Bulma. Ese hombre siempre deseó ver muerto a mi Goku. Debería estar contento, y no al revés – Remarcó, tratando de que sus palabras le hicieran ver lo evidente.

- Es más complicado de lo que parece, Milk. – Comenzó la peliazul a explicarse. - Al parecer, él cree que Goku lo ha humillado con su muerte. Su orgullo no le permite aceptar que Goku sacrificara su vida por salvar la suya..- Terminó de decir. Aproximó la taza de café a sus labios y bebió un pequeño sorbo, mientras esperaba la contestación de Milk, la cual permanecía en silencio, como si estuviera meditando sobre las últimas palabras que había pronunciado su amiga.

- Saiyajins...¿quien los entiende?...- Exclamó, suspirando en resignación pasados unos segundos.

- Tienes toda la razón, Milk.- Contestó Bulma sonriendo. - Oye...estaba pensando...¿por qué no te vienes unos días a mi casa?.- Le preguntó mientras posaba la taza de café en la mesa.

- ¿Qué?. – Exclamó la viuda de Goku.

- ¡Vamos, anímate, Milk!. – Continuó diciendo Bulma algo entusiasmada. - Las dos necesitamos despejarnos un poco de todo esto. Encerradas en casa y lamentándonos todo el tiempo, no lograremos nada útil, aparte de que lo único que conseguimos es deprimirnos aún más. –

Milk la miró incrédula. Recuperando de nuevo su bajo estado de ánimo, repuso:

- No creo que sea una buena idea. Yo...yo no tengo muchas ganas de nada...-

Bulma se levantó de su asiento, y se sentó de nuevo en el sofá situado justo al lado del de su amiga. Acercando su rostro al suyo, le dijo suavemente:

- Milk, tú sabes que a Goku no le gustaría verte así. El desearía que estuvieras feliz. –

La mujer tuvo que admitir que su amiga tenía razón. Por nada del mundo, Goku desearía que por su culpa, ella se encontrara en esta situación.

- Pero..¿y Gohan?. – Preguntó, tratando de buscar una última excusa que lograra librarla de aceptar su propuesta.

- Puede venir con nosotras. – Contestó inmediatamente Bulma. - O mejor aún...¿por qué no le dejas que se vaya a entrenar con Piccolo a las montañas durante unos días?. Se que a ambos les haría mucha ilusíón, estoy segura. – Dijo, convencida de que el pequeño se mostraría feliz con la idea, no sólo por poder pasar un tiempo con su amigo, sino también por el hecho de que su madre saliera de ese estado de depresión y lograra recuperarse un poco.

Pasados unos segundos, y viendo que Milk no decía nada, volvió a insistir:

- No te arrepentirás. Será estupendo. Iremos de compras, tomaremos el sol en la piscina, saldremos a pasear con Trunks...¡Anda..dí que si!...- Exclamó entusiasmada.

- No sé...yo...- Pronunció la viuda Son tímidamente, sin todavía decidirse.

- Milk, mírame. – Le dijo Bulma agarrando su rostro con ambas manos. - Eres una mujer joven y bonita. Tienes toda una vida por delante y un hijo maravilloso que se preocupa por ti. Llorar durante todo el día no hará que Goku regrese...y lo sabes...- Añadió sin pensárselo.

De pronto, Milk no pudo contenerse ya por más tiempo, y sin poder evitarlo, se echó a los brazos de su amiga mientras decía:

- ¡Oh, Bulma!...Le echo tanto de menos...- Dijo llorando amargamente.

- Lo sé...Todos le echamos en falta...- Contestó la peliazul consolándola, y comenzando a sentirse emocionada ella también. Permanecieron durante un rato abrazadas y llorando en silencio, hasta que, finalmente, se separaron. Bulma limpió suavemente las lágrimas que aún resbalaban por el rostro de su amiga, y después de hacer lo mismo con las suyas, pronunció:

- Vamos...te ayudaré a preparar la maleta...-

CONTINUARA...

En nombre mío (DioXa), y en el de Saiya Elite, os damos las gracias por vuestros reviews. Esperamos que todos los demás capítulos que vengan, os agraden del mismo modo que hasta ahora.

Como veréis, estamos escribiendo un capítulo cada una alternativamente, y esperamos que eso no resulte ningún incoveniente para la lectura, puesto que somos conscientes de que nuestros estilos son diferentes, dado que algunos comentarios o frases hechas, son característicos del lenguaje utilizado en cada país del que provenimos cada una de nosotras.

Gracias de nuevo, y esperamos vuestros comentarios.