Capitulo II: Ermac, Scorpion y Aaskargad.

La muerte los había acorralado. Los había tocado con esa mano tan fría, tan silenciosa, tan mortal…

Yo mismo les aseguro que la muerte no perdona a nadie. Y ante ellos no iba a hacer una excepción.

Pero como fuertes y valientes guerreros no podían perder. Todo estaba en sus manos. La muerte ya no les asustaba. Solo les asustaba la idea de perder. Todo recaía en sus hombros.

PARTE I: La invasión Tarkatan.

Outworld

Templo Beetle Lair

Hanzo Hasashi entro en el templo. Ermac se encontraba entrenando solitariamente. La relación que ellos dos tenían, era simplemente de compañeros. Si bien Hanzo nunca se llevó bien con demás guerreros, tal vez Ermac había sido diferente.

Hanzo se acercó lentamente, con los brazos cruzados, dando crítica a la forma de entrenar de Ermac mentalmente.

- Ninja rojo, Ermac. – Le dijo al entrar.

Ermac dejo de entrenar, pero no se dio vuelta.

– ¿Qué quieres de nosotros, Shirai Ryu? – le dijo Ermac, totalmente indiferente.

Scorpion levanto las manos.

– No vengo en búsqueda de batallas, Ermac. Vengo a buscar tu compañerismo. – Volvió a cruzarse de brazos.

Esta vez, Ermac se dio vuelta.

– ¿Compañerismo? – Pregunto Ermac, incrédulo.

Hanzo se le acerco unos pasos.

– En todos los reinos eres conocido por tu sed de venganza hacia Shao Kahn, ninja rojo. Pero nunca se te ha visto la forma de demostrar de que ya no estaba bajo la subordinación de Shao Kahn – Hanzo volvió a cruzarse de brazos. – Así que nunca has logrado limpiar tu nombre después de todo. Imagino que, cuando Shao Kahn murió, tú perdiste todas tus esperanzas de poder vengarte. Perdiste la forma de demostrar tu cambio. ¿Y quién te lo daría en cambio? – Hanzo se dio media vuelta, y señalo toda la ciudad del reino de Outworld. – Todo un reino, para ningún reinante. La idea de Shao Kahn, al igual que el de Onaga, era conquistar todos los reinos, para lograr que Outworld sea el único, y el más grande; por suerte no contó con la fuerza de Earthrealm. Pero creemos que Shao Kahn no se ha rendido todavía. Creemos que sigue juntado fuerzas.

– ¿Qué dices? Shao Kahn murió, Hanzo. Murió en el torneo.

Scorpion volvió a darse la vuelta, y se volvió a cruzar de brazos.

– Eso es lo que él quería que todos creyeran. Dime, Ermac, ¿Qué es mejor para un guerrero, que el enemigo conozca sus planes, o atacar de sorpresa?

Ermac lo miro. Empezaba a comprender lo que el Shirai Ryu estaba diciendo. Y tenía razón.

– Shao Kahn ha estado oculto todo este tiempo, tratando de no hacerse ver por espías. Si alguien sabía que volvió a la vida, o que al menos no estaba muerto, los guerreros de la tierra vendrían, y él no hubiera tenido tiempo de completar su ejército. Por suerte, un paso en falso, y unos de nuestros ninjas pudo descubrirlo.

– ¿Y cuál es su ejército? – pregunto Ermac.

– Creemos que están reclutando (o creando) nuevos hombres. Guerreros expertos en lo que hacen, dispuestos a dar la vida por Kahn. – Scorpion señalo todo el templo– En todos los reinos, cualquier tipo de ser daría toda su voluntad por una promesa falsa. – Scorpion vio que Ermac no entendía, así que se explicó – Creemos que Shao Kahn no está solo. Creemos que esta con Shinnok, y probablemente con Quan Chi y su clan. Por eso necesitamos a los mayores guerreros que dispongamos, y rápido, porque creemos hay poco tiempo.

– ¿De dónde sacaron que esta con Shinnok y con Quan Chi – pregunto Ermac, que se había cruzado de brazos?

– No podría haber revivido solo. Y Shinnok no hubiera podido revivirlo bajo el Netherrealm. Necesitaba escapar, y solo Quan Chi podría hacerlo. Pero esta guerra no tendría sentido si solo fueran ellos tres. Creemos que Quan Chi está convenciendo a demás clanes para que se unan a la Hermandad de la sombra. Creemos que los clanes que se unen, pueden ser el clan del dragón Rojo, el clan tengu y otros clanes también nuevos.

Ermac negó con la cabeza rotundamente.

– ¿Cómo podemos creerte eso, Hasashi? ¿Cómo podemos confiar precisamente en TI? ¿No has ocasionado suficientes problemas como para que ahora pidas confianza? El que descubrió la actividad de Shao Kahn, fue un Shirai Ryu. ¿Cómo sabemos entonces, que nos estas engañando? No hay testigos, además de tus propios hombres. – Volvió a negar antes de continuar: – No podemos ayudarte, Hasashi. Desconfiamos de ti.

Scorpion suspiro.

– No pido que confíes en mí, sino en los protectores de Earthrealm. Mira Ermac, si nuestra suposición es cierta, tenemos muy poco tiempo. ¿Estas, o no, guerrero Outworlder?

Ermac se quedó meditando. Tenía dos opciones: aceptar, o declinar. Si aceptaba y era verdad lo que Scorpion decía, serviría en una batalla contra Shao Kahn. Si era falso, habría caído en una trampa muy elaborada. Si declinaba y era verdad lo que Scorpion decía, estaría fallándoles a todos los protectores de la tierra. Y si era falso…

No podía negarse. Era su única oportunidad, era la última vez que podría haberse vengado de Shao Kahn. No, tenía que aceptar.

Ermac asintió con la cabeza.

– Está bien, Hasashi, aceptamos. ¿Qué haremos ahora?

Scorpion bajo los brazos y se fue acercando lentamente hacia la salida.

– No es sencillo ser un grupo, Ermac. Tenemos que acostumbrarnos al estilo de lucha de los protectores de la tierra.

Ermac se encogió de hombros.

– Yo tengo mi propio estilo de lucha, Hasashi. No cambio mi forma de pelear.

Bajaron como pudieron de la montaña. El cielo estaba anaranjado, y la tierra tenía un tono morado, aunque la montaña tenía un color gris. Esa mañana, cuando Scorpion había llegado a la ciudad de Lei Chen, había una quietud tranquilizante, y los únicos seres que se encontraban en ese momento eran aquel aldeano y la mujer que había sido invadida por Tarkatans.

Pero cuando bajaron por la mañana, se encontraron con un escenario totalmente diferente. Todas las casas estaba prendidas fuego, y las casas de piedra se encontraban destruidas. Había seres gritando, corriendo de un lado para otro, siendo acorralados por Tarkatans que los encerraban. Los Tarkatans ya habían empezado la masacre, y ya habían matado a varias personas; la gente que no caía en las garras de los Tarkatans, quedaba prendida fuego debido a los barriles explosivos que caían en la ciudad.

Los dos guerreros no sabían cómo actuar. Se sentían confundidos, y no sabían cuál era el primer paso que tenían que dar. Ermac fue el primer en gritar.

– ¡Tenemos que salvar a Aaskargad! ¡Está en peligro! ¡Demuéstranos tu confianza, Hasashi! – Ermac salió corriendo en dirección al norte, y Scorpion lo siguió. Llegaron a la casa que Hanzo había visto al llegar a la ciudad.

Ermac abrió la puerta de un golpe, y comenzó a gritar. "¡Aaskargad!" gritaba. Scorpion buscaba por las afueras, pero no la encontraba por ningún lado.

– ¡No está en la casa! – Grito Ermac después de su búsqueda, saliendo de la casa, de donde salía humo también. – ¡Seguro que esas bestias se la han llevado! ¡Tienes que acompañarnos, Hasashi! ¡No debemos permitir que la maten!

Hanzo vio un grupo de Tarkatans que se llevaban un grupo de personas. Por la apariencia, Hanzo supuso que se trataban de Edenianos.

– Allí va un grupo de Tarkatans – dijo señalando el grupo que se alejaba. – Creo que son Edenianos los cautivos.

Ermac se volvió hacia Scorpion.

– Hanzo, tienes que acompañarnos. Por lo que más quieras, tienes que ayudarnos a que Aasky no le pase nada. ¡No podemos permitir que muera!

Scorpion negó con la cabeza.

– Casi ni conozco a esa dama, Ermac. Además, Shao Kahn no espera.

Ermac lo miro con exasperación en los ojos.

– Por favor, Hanzo, por lo que más quieras, debes ayudarnos de los Tarkatans.

¿Quién era esa joven por la que Ermac estaba tan obsesionado? Hanzo no lo sabía. Pero, ¿Qué hacer en esa situación?

Scorpion tenía dos opciones: acompañarlo e ir por los Tarkatans, o ir a por más clanes.

Si se quedaba, corría el peligro de perder tiempo valioso, que les sería útil. Si se iba, perdía la confianza de un guerrero que les sería muy importante. ¿A dónde la llevaban los Tarkatans? ¿Qué harían con ella? ¿Cuantos eran? Si tan solo supiera eso, a Scorpion se le hubiera hecho muy fácil la decisión. Pero estaba eligiendo a oscuras, sin saber que era mejor para él.

Si volvía a Earthrealm perdería la confianza de Ermac, además de que estarían perdiendo a un guerrero en la lucha contra Shao Kahn. Pero si se quedaba, tal vez perderían muchos más…

¿Sabia acaso cuando Shao Kahn atacaría? ¿Sabía acaso si era verdad aquella suposición? No.

Pero si sabía que, la "hermana" de Ermac si había sido raptada, y probablemente torturada.

Scorpion miro a Ermac y entrecerró sus ojos.

– Solo iremos con la condición de que entrenaras junto a los protectores de la tierra…

– ¡Hecho! – Dijo Ermac antes de salir corriendo en dirección hacia los Tarkatans.

Hanzo Hasashi lo siguió, y estuvo a punto de chocar con el cuándo se detuvo frente a unos arbustos.

– ¿Qué sucede? – Le pregunto Hanzo.

Ermac tenía el ceño fruncido, y por su apariencia estaba pensando con determinación.

– Son muchos.

Scorpion miro a los Tarkatans y se quedó petrificado con lo que vio.

Ermac tenía razón; había muchos. Cientos, cientos y cientos de Tarkatans, donde marchaban formando un circulo donde en el medio había una plataforma de madera con ruedas de madera también, que se movía lentamente. Tenía rejas y era pequeña; adentro se podía divisar gente apretada. Los Edenianos.

Scorpion miro a Ermac, y luego miro de nuevo al grupo Tarkatan.

– ¿Qué haremos a continuación?

– No lo sabemos. Es muy arriesgado atacar ahora. Deberemos perseguirlos y entrar en su guarida, allí veremos de tratar de hacerlos escapar.

Scorpion se volvió hacia él y se lo quedo mirando unos momentos.

– Eso va a ser imposible, ninja Rojo. Perderemos mucho tiempo.

– Puedes irte Hasashi, nosotros solos nos arreglaremos.

Hanzo lo miro incrédulo.

– ¡Qué dices! ¡Eso será imposible! ¿Tu solo con una centena de Tarkatans? Sé que son torpes, pero también muy fuertes.

Ermac se volvió hacia Hanzo, todavía con el ceño fruncido.
– No tengo elección, Shirai Ryu. Debo salvarla.
Diciendo eso, se alejó marchando detrás de los arbustos y árboles que rodeaban el camino. Marchaba a una distancia de unos siete metros, escondiéndose detrás de los árboles, para evitar ser descubierto.

Hanzo Hasashi lo miro un momento, meditando la situación, y luego se fue acercando al ninja Rojo.

– ¿Tienes algún plan en concreto? – le pregunto cuando llego a su posición en vos baja, para que no lo escuchasen.

Ermac negó con la cabeza.

– Todavía no. Tenemos que averiguar su guarida. Luego cuadraremos un plan.

Scorpion comenzó a caminar cruzándose de brazos.

– No sé cuánto tiempo más podremos perder, Ermac. Cada segundo vale oro.

– Lo cierto es que no creemos que suceda nada. Es decir, que Shao Kahn nunca revivió. Sentimos discrepar a tus suposiciones, pero nos suena bastante estúpido todo eso.

Scorpion levanto una ceja.

– ¿Por qué?

– No lo sabemos, simplemente es difícil de creer.

– Nosotros tampoco lo creímos en un momento, pero a veces hay que abandonar el escepticismo.

– No somos escépticos. Solo somos realistas.

"Que realidad tan pesimista" pensó Hanzo Hasashi. Quiso cambiar el tema.

– Cuando llegue a esta ciudad, esa mujer me dijo que te conocía, y que era como una "hermana". ¿A qué se refería?

– Un día la encontramos caminando solitaria por el desierto que está cerca de aquí. Dijo que no recordaba su nombre, ni que sabía de donde venía, ni a que venía. Aquí, en Outworld, si no te sabes cuidar, terminas muerto. Así que por lastima decidimos tenerla en nuestro hogar. Supusimos que sería Edeniana. Algunos Edenianos perdieron la memoria al llegar aquí, y terminan perdidos por todo Outworld sin saber dónde están. Ella al principio pensó que había muerto y que estaba en el Netherrealm. – Explico Ermac.

– ¿Hay alguna forma de que Edenia se separe de Outworld? – Pregunto Hanzo.
– Si, pero no es muy viable. – Contesto Ermac.

– ¿Qué? – Volvió a preguntar Scorpion.

– Que el emperador en cuestión sea el que quiera separar a Edenia de Outworld. Lo haría por arte de magia, como fue unida.

Scorpion se quedó pensativo. Se dio cuenta de que estaban perdiendo el tiempo, pero quizás…

Quizás…

A Hanzo Hasashi se le ocurrió una idea. Tal vez funcionaria. Tal vez.

PARTE II: Ryu Kasasashi

Entonces lo vi…

En medio del desierto, aquel sujeto caminaba, todo envuelto en ropajes negros y rojos.

Sus ojos, verdes puros, emanaban un brillo verduzco.

Dijo que había perdido el nombre. Dijo que ya no era más quien era. Dijo que era un nuevo individuo.

El, era el emperador de Outworld.

Edenia
06:31 p.m.
Cercanías de la pirámide de Argus.

Relato de Ryu Kasasashi:

Se supone que tengo que contar como me volví emperador de Outworld. Pero yo creo que más que eso, debería explicar algo más complicado: quien soy. Toda mi vida me encontraba confundido, no sabía que era, o que hacía. Tampoco lo supe hasta mucho tiempo después.

Me usaron como un arma letal. No sé cómo fue mi nacimiento. No sé quién fue mi padre, quien fue mi madre, ni mis hermanos ni nada. Solo asesinaba gente. Donde vivía, todos me trataban con respeto, sabían que yo era poderoso.

Pero yo no quería eso. Yo no quería asesinar gente, no quería ser un arma. Quería ser normal, quería sentir, ser y pensar, como las otras personas; pero no podía. No tenía sentimientos, ni lograba pensar con claridad. Mi mente era controlada, me decían que pensar, que decidir, a quien matar…

No tenía propia elección.

Vague por Outworld, todavía dominado por la fuerza de Shao Kahn. Vagaba por los desiertos de Outworld sin dirección alguna. Fue entonces cuando conocí a Kenshi.

Kenshi era un espadachín ciego, que logro retirarme la opresión de Shao Kahn. Eternamente agradecido, le enseñe la telequinesis. Por fin era libre.

Solo cuando fui liberado de la opresión de Shao Kahn, me di cuenta de las personas a las que había matado. Me di cuenta del sufrimiento que había causado, de las almas que había usurpado. Me di cuenta de que nadie estaba conmigo, que solo era algo, no alguien. No servía como persona, sino como arma. Sentí por primera vez, el primer sentimiento, y a partir de ese momento, el más claro: arrepentimiento. Me arrepentía de todo el dolor que había causado, del miedo que provoque a miles de personas. En otras palabras, creía que era un monstruo. ¿Y después de todo, no lo era? No era una persona, era una criatura. Un ser que tiene millones de almas dentro de él no es un humano.

Luego de la alianza mortal, fue Onaga quien se había hecho cargo de las millones de almas que mataba. Cuando conocía Liu Kang, me ofrecí a ayudarle para redimirme de mi pasado, ayudándoles a salvar las almas de los que habían muerto a manos de Onaga. Sin embargo, mi consciencia no estaba del todo limpia. Me quede a vivir en Outworld, y vagaba por los desiertos.

En aquel momento había conocido a Aaskargad. Como siempre, estaba vagando por los desiertos, cuando siento una presencia con un dolor muy grande. Esto era muy raro, ya que la mayoría de las presencias de Outworld irradiaban odio. Así que, con mucho empeño, comencé a buscar a esa persona.

Me la encontré tambaleándose por el desierto, estaba muy cansada y casi se desmayaba debido a la falta de hidratación. Casi instantáneamente, supe que era Edeniana. No sabía cómo, pero lo supe. Y también supe que había estado atrapada en el desierto por mucho tiempo, sin saber qué hacer. Pensé que sería una buena idea ayudarla.

La había tomado de los brazos, y la ayude a entrar en la ciudad de Lei Chen, donde deje que entrara en mi casa. La deje dormir por un tiempo muy largo, pero tuve que despertarla para hacerla beber algo. Ella tomo largos sorbos de agua, y luego abrió los ojos. Tenía los ojos azules como el mismísimo mar, y tenía grandes ojeras. También estaba rasguñada por varias partes del cuerpo y tenía los labios resecos. Cuando me vio dio un respingo.

Ella dijo que me conocía, o al menos, que me había visto, pero no de la forma que yo esperaba. Me dijo que ella vio como YO mataba a SU padre. No era precisamente el mejor recuerdo para conocer a alguien…

Ella escapo de mi casa, diciéndome que no quería volver a ver al asesino de su padre. Aquí sentí el segundo sentimiento de toda mi vida: dolor. Sentía dolor de que mi pasado me juzgaría eternamente en el presente y en el futuro. Sentía dolor de que por más que hiciera lo hiciera, todos me seguirían recordando como Ermac, el asesino. Pero luego de mucho tiempo de estar pensando, me llego mi tercer sentimiento: comprensión. Sabía que era difícil perder a alguien; y sabía que sería más difícil perdonar al asesino de este. Así que por el momento, la deje ir.

Lo que hice después, aun ahora me resulta confuso, ya que tenía demasiados pensamientos en la cabeza como para entender lo que hacía. Me había dirigido a Earthrealm y recorría sus paisajes ayudando a Aldeanos con sus trabajos cotidianos. Sentía que si no me aceptarían en Outworld, en Earthrealm sería mejor. Vague mucho tiempo por las montañas de China, visitando a ciertos guerreros de aquella zona, como Scorpion, o Sub-Zero. También viaje a la Academia Wu shi, visitando a los protectores de la tierra.

Pero hiciera lo que hiciera, no podía dejar de pensar en aquella joven. Parecía tan indefensa, tan perdida…

No tenía ni idea de lo que le podría estar pasando. No tenía ni idea si seguía con vida si quiera…

Hable con Raiden, el Dios del Trueno. A lo mejor, él sabía que hacer…

–"Solo tú eres dueño tus actos, Ermac" – Me dijo. –"Solo tú sabrás que hacer". "Pero esa joven no te perdonara así como nada. Has matado a su padre, Ermac. Eso debe doler mucho."

– "¿Cómo le explico que ya no soy un asesino?" – Le pregunte.

Raiden sonrió.

– "Repito Ermac: solo tu sabrás que hacer."

Si bien no me había sido demasiado útil la conversación con Raiden, me había dejado mucho en que pensar. Solo yo sabría qué hacer. Pero, ¿Cómo aliarte con una persona que asesinó a una persona muy especial para ti? Bueno, si nadie estaba dispuesto a darme una respuesta, seria yo mismo quien se encargaría de averiguarlo. Volví a Outworld.

PARTE III: El nuevo secuestro...

Solo la muerte era su amigo.

Solo la oscuridad lo acompañaba.

Solo el silencio lo escuchaba.

El emperador muerto. Nadie lo recordaba.

Solo las ganas de venganza lo mantenían vivo.

Él no era dueño de su mente. La sed de venganza y la ambición de poder era el dueño de su mente. El no controlaba sus acciones. El ya no era el mismo.

El, era Shao Kahn.

Hanzo Hasashi y Ermac se encontraban escondidos detrás del campamento Tarkatan, al este de la ciudad Lei Chen. Horario: 24:00

Hanzo Hasashi y Ermac se escondieron detrás de unos árboles caídos, cerca de la guarida que tenían los Tarkatans. No querían ser descubiertos, si querían terminar rápido.

Al parecer, la forma de torturar de los Tarkatans era rápida y sencilla: tomaban a un Edeniano al azar, y lo metían a una fosa de fuego ardiente.

La fosa era un pozo de gran profundidad, que los Tarkatans se habían encargado de llenar de madera para crear fuego. Se encontraban en lo más recóndito de un bosque, no había ningún pueblo o ciudad a kilómetros.

Ermac y Hanzo pensaban determinadamente alguna forma de lograr sacar a Aaskargad de las manos de los Tarkatans, pero por el momento, era imposible.

– Bien, creo que tengo un plan – dijo en voz baja Ermac. – No será fácil, pero tendremos que crear una emboscada. Creemos que podremos distraerlos lo suficiente, y quedaran pocos de los cuales tú podrás encargarte. No será sencillo, te lo advertimos.

– ¿No hay alguna otra forma? Más sencilla, quiero decir. Esta es muy arriesgada.

– Tendremos que arriesgarnos. No podríamos fallarle de nuevo a Aaskargad.

Scorpion levanto una ceja.

– ¿De nuevo? – Pregunto.

Ermac negó con la cabeza.

– Eso no interesa. A nuestro plan, ahora.

Justo cuando se iba a levantar, Scorpion lo toma del brazo y lo obliga a agacharse de nuevo. Ermac lo miro con cara interrogativa, pero Scorpion, con un gesto, le señalo el campamento Tarkatan. Ermac vio que se aproximaban algunas criaturas de gran tamaño.

– Onis… – le dijo Scorpion en una voz muy baja, casi un susurro.

Los Onis se acercaban lentamente, observando todo en el lugar donde se encontraban. Los Tarkatans no tardaron en percatarse de su presencia. En el intento de un Oni por robarse a un Edeniano, un Tarkatan le corto la cabeza con una de sus cuchillas de sus brazos. La guerra no tardo en comenzar.

La mayoría de los Tarkatans era evidente, pero los Oni, al ser de mayor tamaño y mayor fuerza, masacraban lentamente a la mayoría.

Scorpion, que estaba concentrado y a la vez fascinado con la batalla, sintió un codazo de parte de Ermac.

– Puede ser nuestra oportunidad. Después de todo están tan metidos en la pelea, que no notaran que se han llevado un prisionero.

Scorpion asintió con la cabeza.

Se acercaron agachados, y lentamente a la plataforma que estaba en medio de la arena de batalla. A sus lados, caían Tarkatans y Onis destrozados, con los cuerpos masacrados. Los Onis utilizaban su fuerza para desmembrar a los Tarkatans, pero estos utilizaban sus cuchillas para degollar o mutilar a los Onis. La guerra estaba muy pareja.

Scorpion y Ermac casi llegaban, les faltaba muy poco tiempo. Sabía que tenían que apurarse, porque la guerra estaba acabando. Había sangre, tripas y cuchillas tiradas por el piso.

Los Edenianos estaban atónitos con la batalla. La mayoría estaba llorando, y otros desmayados por el miedo. Hanzo y Ermac llegaron lentamente, y de una patada, Ermac rompió la cerradura de la plataforma.

– ¿Dónde está? – Pregunto Hanzo, mirando por sobre toda la gente.

Los Edenianos que se habían percatado de que la puerta estaba abierta, comenzaron a escapar rápidamente. Scorpion y Ermac seguían sin poder encontrar a Aaskargad. La gente seguía escapando, y no había rastro de Aaskargad. Ermac comenzó a sentirse nervioso. "A lo mejor llegamos tarde, y ya la mataron."

Un Oni se percató de que los Edenianos se escapaban, y se apresuró a entrar en la plataforma. Miro a los Edenianos, y tomo a una persona al azar. Se alejó de allí corriendo, y llamo a sus compañeros para una retirada.

– ¡Era Aaskargad, volvieron a secuestrar a Aaskargad! – grito Ermac.

Scorpion le señalo a los Tarkatans y Onis que seguían en lucha, que ya eran pocos. Los dos se alejaron al escondite donde estaban antes.

– Muy bien – dijo Hanzo cuando llegaron–, ¿Tienes algún plan?

Ermac negó con la cabeza.

– Los Onis son mucho más brutales, fuertes y violentos que los Tarkatans. La única ventaja es que no son tantos.

– Deberemos seguirlos, a menos que sepas donde se ocultan.

Ermac negó con la cabeza, y comenzaron a alejarse agachados del campamento de los Tarkatans. La situación se repetía de nuevo: criaturas con Aaskargad secuestrada, y ellos caminando tras ellos a una distancia considerable. "Más vale que Ermac valga la pena de todo eso" pensó Scorpion.

Ya llevaban caminando muchos kilómetros, cuando Scorpion y Ermac (que venían hablando) se dieron cuenta de que los Onis habían desaparecido. Se habían escapado, y Scorpion y Ermac no tenían ni la menor idea de a donde pudieron haber ido.

– ¿Dónde están? – pregunto Scorpion.

– No lo sabemos…– contesto Ermac, que comenzó a dar vueltas para tratar de divisar a los Onis.

Era inútil. La habían perdido, otra vez. Pero ahora no tenían a nadie a quien seguir, ni a donde ir.
Un pensamiento atemorizo la cabeza de Ermac: No sabía si quiera de donde estaban ellos. Sabía que el campamento Tarkatan estaba al norte de Lei Chen, pero habían caminado mucho tiempo con los Onis cambiando de dirección muchas veces. No solo no sabían de donde se habían ido los Onis con Aaskargad, sino que ellos también estaban perdidos.

Bueno, acá esta el segundo capitulo, que en lo personal me costo escribirlo. Muchas gracias por sus criticas, las voy a tener MUY en cuenta. Recuerden, a lo mas mínimo, díganmelo, todo sirve. Muchas gracias a todos. Tarde en escribir este capitulo, ya que no tenia idea de como organizarlo, pero el tercero sera un poco mas sencillo. Bye!