CAPITULO 4

Pasión y necesidad

Con un último y enorme gemido, Milk llegó al orgasmo y, sin poder evitarlo, se derrumbó en el suelo de la ducha mientras el agua tibia recorría su piel ahora sudorosa y algo enrojecida por el calor.

En cuanto se recuperó, comenzó a sentirse fatal y tremendamente arrepentida por lo sucedido..- Oh, Kami...he vuelto a hacerlo...- Dijo comenzando a llorar. - ¿Como...como he podido?...¿Qué me está ocurriendo?...- Susurraba entre lágrimas. - ¡Todo esto por tu culpa!. ¡Esto es en lo que me has convertido! – Exclamó furiosa mientras sentía un enorme sentimiento de rabia en su interior. – Maldito seas, Son Goku...- Sollozaba. – Maldito seas!...-

Al día siguiente, Milk despertó y las imágenes de lo ocurrido la noche anterior volvieron a hacer aparición en su mente. Sintió un nudo en la garganta mientras hacía un enorme esfuerzo por apartar esos recuerdos de su cabeza. Se levantó de la cama sin muchas ganas de hacerlo, y después de vestirse, se dirigió a la habitación del pequeño Trunks para ver si ya estaba despierto y comenzar a prepararle el desayuno. En cuanto le vio, aún profundamente dormido en su cunita, sonrió con ternura y pronto desaparecieron todos aquellos pensamientos de momentos atrás. Salió del cuarto en silencio y se dirigió a la cocina con ánimo de preparar el alimento para el pequeño bebé.

Mientras..en el cuarto situado justo enfrente del suyo, el príncipe se giraba en la cama, dándole la espalda a la luz del día que se colaba entre las rendijas de la cortina del balcón. Aun no tenía intención de levantarse. Lo cierto es que no tenía nada que hacer, y solamente durmiendo, conseguía evadirse de aquellos pensamientos que le hacían recordar la causa de su actual estado. Además, recordó que Bulma estaba fuera y que probablemente no regresaría en unos cuantos días mas, con lo cual, ni siquiera podría distraerse manteniendo sexo con ella. Gruñó molesto mientras sus ojos permanecían cerrados. Todo parecía salirle mal, justo al revés de como lo tenía planeado...Cada vez que se ponía una meta, un reto, todo acababa por desmoronarse. Hasta el momento, nada de lo que se había propuesto lo había logrado, y la causa principal de su fracaso siempre tenía que ver con las acciones del ser que más detestaba en estos momentos...Kakarotto...Por su culpa no pudo lograr su venganza contra Freezer matándole con sus propias manos y hacerle pagar todas las humillaciones que el maldito lagarto le hizo pasar durante el tiempo en el que lo mantuvo esclavizado y a su servicio...Tampoco pudo alcanzar su deseo de vencer a Cell y ser vanagloriado y temido por todos los patéticos habitantes de este jodido planeta...

¿Por qué?...¿por qué ese descerebrado siempre tenía que quedar por encima suya?...Incluso estando muerto, se mantenía en una posición más elevada que él, puesto que su fallecimiento había sido con honor y todo el mundo le recordaría eternamente como el estúpido héroe que empeñó su vida para salvar la de los demás. Con este último pensamiento, su ki comenzó a elevarse y sus puños agarraron con fuerza las sábanas.

En ese instante, logró escuchar el sonido de la puerta de al lado cerrándose, acompañado por la estridente voz de la mujer de Kakarotto, la cual no paraba de decir tonterías a su hijo, del mismo modo que le había visto hacerlo a Bulma todos los días. - ¡Hmpf!.. Tratándole así, el mocoso se convertirá en un débil y sensiblero humano al igual que todos los malditos habitantes de este planeta. – Pensó.

De pronto, recordó lo sucedido la noche anterior...A su mente le vinieron las imágenes de la mujer masturbándose en la ducha y la excitación que le supuso verla y escucharla gemir como a una perra en celo...

Sonrió...Tal vez, si que tenía algo que hacer hoy...

Al cabo de un rato, Milk acababa de terminar de darle el desayuno al pequeño Trunks, y se entretenía jugando con él mientras el niño reía a carcajadas alentado por las carantoñas y las muestras de cariño que la mujer le dedicaba.

En ese momento, el príncipe entró a la cocina y nada más verle, la mujer pronunció:

- Buenos días, Vegeta. –

El ni siquiera se inmutó, caminó hacia el refrigerador sin prestarla la más mínima atención y lo abrió. Su mirada se dirigió al interior para tratar de escoger algún alimento que le sirviera para saciar su hambre matutina.

La mujer suspiró resignada. – Saiyajin maleducado...- Se dijo a sí misma. Entonces, viendo que él no se decidía por ninguno de los alimentos preparados que se encontraban en la nevera, pensó que tal vez si le cocinaba alguno de sus platos, su humor mejoraría, puesto que nadie mejor que ella conocía el enorme apetito que poseían los saiyajins y lo mucho que éstos agradecían una buena comida.

- Puedo prepararte algo para desayunar. ¿Qué te apetece?. – Le preguntó amablemente.

El hombre ni siquiera se giró hacia ella para contestarla.

- Nada de lo que tú cocines, mujer. No tengo intención de morir envenenado. – Dijo mientras agarraba un par de frutas de la nevera y un recipiente que contenía algo de embutido.

Milk no podía creer lo que escuchaba. Ese hombre era de lo más desagradable, y lo peor de todo es que tendría que soportarle durante los días que permaneciera viviendo en esa casa como invitada. Tenía que hacer algo para tratar de evitar cualquier tipo de enfrentamiento con él, asi que, pensó que lo mejor sería dejar las cosas claras cuanto antes.

- ¿Envenenado?.- Exclamó enojada. - Escucha, Vegeta: Soy plenamente consciente de que mi visita aquí no te resulta muy agradable, pero Bulma me ha pedido que me quede a cuidar de Trunks mientras ella está fuera, y yo acepté encantada de poder hacerle este favor. – Repuso mientras le observaba sentarse frente a la mesa de la cocina. - Además, tú tampoco es que me caigas demasiado bien, pero al parecer, no tendremos más remedio que convivir juntos durante un tiempo, asi que...lo mejor será que pongamos los dos de nuestra parte e intentemos que dicha convivencia sea lo más civilizada y adulta posible. – Concluyó, esperando una respuesta.

Durante todo el tiempo que duró el pequeño discurso de la mujer, Vegeta se concentró únicamente en acabar su comida y no la miró ni una sola vez.

- ¿Has terminado, mujer?. – Preguntó en cuanto ella cesó de hablar. Milk asintió con la cabeza en respuesta, y por primera vez desde que entró en la cocina, el príncipe dirigió su fría mirada hacia ella y dijo: – Bien, ahora escúchame tu a mi: No tendrás ningún problema de convivencia conmigo, a menos que continúes molestándome como hasta ahora. Lo mejor para ti, es que me ignores del mismo modo que yo lo hago contigo. – Y diciendo esto, se levantó de la mesa y salió de la cocina.

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El resto del día pasó con total normalidad. Vegeta se pasó la mayor parte del tiempo encerrado en su habitación y Milk decidió salir a pasear con Trunks después de comer. Al caer la tarde, regresaron a la casa, y nada más entrar, la mujer escuchó sonar el teléfono. Giró su cabeza y vio a Vegeta tumbado en el sofá del salón sin inmutarse y sin ninguna intención de levantarse a contestar. Gruñó algo enojada sin importarle que él la escuchara, y con el bebé en brazos, agarró el auricular y dijo:

- ¿Dígame?. – Preguntó mientras le dirigía una furiosa mirada al príncipe.

- Hola, Milk. Soy Bulma. –

La viuda Son enseguida comenzó a preguntarle a su amiga por su padre, y esta le contestó que el Sr. Briefs había padecido un amago de infarto y que los médicos le recomendaron permanecer en observación durante unos días más. Durante un buen rato permanecieron hablando por teléfono las dos mujeres y Milk, amablemente, se ofreció a quedarse a cuidar de Trunks durante todo el tiempo que Bulma necesitara. La peliazul se lo agradeció infinitamente y, después de despedirse hasta el día siguiente, colgaron.

Toda la conversación fue escuchada por el príncipe, el cual continuó tumbado como si nada. La noticia de la enfermedad del padre de Bulma no le afectó para nada. Al fin y al cabo, ni él ni su demente esposa le importaban lo más mínimo.

Milk, al término de su conversación con Bulma, se dirigió con el niño a la planta de arriba, con ánimo de bañarle para después darle la cena y acostarle en su cunita.

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Pasado un rato, y después de haberse asegurado de que el bebé se había quedado dormido, Milk bajó de nuevo a la cocina a prepararse la cena. Al terminar, fregó los platos y se dirigió hacia el salón con la idea de ver un poco la televisión antes de acostarse. Nada mas entrar, se sorprendió al ver a Vegeta en el mismo lugar que unas horas antes, tumbado en el sofá, en silencio y sin apenas moverse.

- ¿No te cansas de estar todo el día sin hacer nada?. – Le preguntó mientras se sentaba en el sofá de enfrente.

El príncipe le dirigió una fugaz mirada y contestó de forma impertinente:

- ¡No me molestes, mujer!. –

Milk ya no pudo contenerse. Estaba harta de las contestaciones maleducadas y groseras de ese hombre.

- ¿Molestarte?. – Dijo. - ¿Acaso no escuchaste sonar el teléfono cuando llegué?. – Le recriminó por lo sucedido horas antes. - Que yo sepa, no soy tu criada. –

- ¡Nadie te dijo que contestaras!. Y ahora, esfúmate. – Le increpó el saiyajin alzando la voz.

Milk sentía que no podía soportarlo más. ¿Acaso este hombre le hablaba así a todo el mundo, o era a ella sola?. Tenía que saberlo...

- ¿Por qué me hablas de ese modo, Vegeta?. – Le preguntó sin pensarlo. - ¿Es porque soy la esposa de Goku¿es por eso?. – Insistió.

El saiyajin alzó las cejas en señal de sorpresa al escucharla. – Al parecer, la diversión va a comenzar mucho antes de lo previsto...- Pensó, mientras su rostro esbozaba una sonrisa de medio lado. Incorporó su cuerpo en el sofá hasta quedar sentado frente a ella y cruzó los brazos. La miró fijamente y le dijo:

- No, mujer...tú ya no eres la esposa de ese estúpido...Ahora eres su viuda...¿o acaso lo has olvidado?. – Y comenzó a reir a carcajadas.

Ella le dirigió una mirada llena de odio y resentimiento mientras le observaba reirse de ella a todo pulmón.

- ¿Cómo puedes ser tan cruel?...¿Qué es lo que te ha hecho mi Goku para que le odies de esa forma?- Le preguntó con rabia, mientras se levantaba como un resorte del sofá, encarándole. Inmediatamente, Vegeta dejó de reir e hizo lo mismo.

- Tengo muchos motivos para odiar a ese gusano. – Dijo con desprecio. - Casi los mismos que tú...- Añadió después, casi adivinando la reacción de la mujer al escucharle.

- ¿De..de qué hablas?. – Preguntó Milk confundida.

Vegeta volvió a sonreir de medio lado, y caminó hacia ella acercándose hasta encontrarse a tan sólo unos pocos centímetros de su posición.

- Tu amado esposo te ha abandonado, a ti y al mocoso. – Comenzó a decir sin ningún tipo de problema. - Y estoy enterado de que no es la primera vez que lo hace, aunque esta ocasión parece ser la definitiva. – Añadió después. - ¿Acaso no es motivo suficiente para merecer tu odio?. – Preguntó convencido de que así era.

Milk no podía creer lo que oía. ¿Por qué insistía este hombre en hacerla sufrir?. ¿Qué ganaba él recordándole su desgracia?. Y esa última pregunta...¿como iba a responderla si ni tan siquiera ella estaba segura de la respuesta?...

- Te...te equivocas...yo...no...- Dijo, comenzando a ponerse nerviosa.

- A mi no me engañas, mujer. – Le interrumpió el saiyajin con voz ruda. - Se muy bien lo que sientes. Lo leo en tus ojos. – Indicó mientras acercaba su rostro al de ella y la obligaba a enfrentar sus miradas. - Todos los días, sin faltar ninguno, te preguntas los motivos y qué fue lo que hiciste mal para que él no desee volver¿no es cierto?.- Dijo, mientras volvía a alejar su cara y comenzaba a caminar, pasando por el lado izquierdo de ella y deteniéndose justo a su espalda. - Has llegado a pensar que nunca le importasteis lo suficiente, porque si fuera así, él no hubiera preferido entrenarse en el espacio o en el otro mundo, antes que regresar con su familia...- Continuó diciéndole mientras observaba la espalda de la mujer moverse a causa de su agitada respiración. - Le odias porque crees que él siempre os ha considerado un estorbo y porque ahora te has dado cuenta de que el tiempo que ha permanecido con vosotros, tu le has servido de criada y de concubina, mientras que él esperaba la ocasión perfecta para largarse...una vez más...- Concluyó, a la vez que se situaba de nuevo frente a ella, cara a cara. Se felicitó a sí mismo, cuando comprobó que estaba consiguiendo con éxito sus propósitos. La mujer se encontraba en estado de shock, su mirada se encontraba perdida, con los ojos cristalinos en un claro signo de desesperación. Sus labios estaba entreabiertos dejando escapar repetidos jadeos por la rapidez con la que inhalaba y exhalaba aire, y estaba seguro de que si se acercaba un poco más a ella, su agudizado sentido del oído le permitiría escuchar los acelerados latidos de su corazón.

- Pero lo peor de todo...- Continuó diciendo sin ningún tipo de remordimiento. - Es que ninguno de tus amigos, ni siquiera tu propio hijo, es capaz de verlo de ese modo. Para todos esos estúpidos, Kakarotto es un héroe, al que alaban y admiran, mientras que por ti...lo único que sienten es lástima...Pero tu sabes que él no se lo merece, que no merece esos elogios. - Repuso, consciente del efecto que estaba produciendo en ella. - Y yo estoy de acuerdo contigo, mujer...- Añadió haciendo una pausa, mientras volvía a acercar de nuevo su rostro al de Milk. - Tu y yo...somos los únicos que conocemos su otra cara...los únicos que sabemos lo que hay detrás de esa estúpida sonrisa con la que trata de ocultar al verdadero Kakarotto...-

En ese momento, Milk ya no aguantó más. Gritó desesperada mientras tapaba su rostro con ambas manos y salió corriendo de allí, dirigiéndose directamente hacia las escaleras.

El príncipe la siguió con la mirada hasta que ella desapareció de su campo de visión. A los pocos segundos, logró escuchar un sonoro portazo que le indicaba que la mujer se había encerrado en su habitación, y que no saldría de allí hasta que no descargara toda la rabia y la frustración que sentía. Sonrió complacido. Desde que terminó el juego de Cell, no se había sentido tan bien...y sólo por unas "pequeñas palabras"...Al parecer, su ansiada venganza estaba mucho más cerca de lo que jamás imaginó...

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Pasadas unas horas, Milk intentaba dormir después de haber logrado calmarse un poco tras haber permanecido llorando sin parar desde que se marchó despavorida del salón, huyendo de las palabras pronunciadas por Vegeta...Unas palabras que, siendo crueles, reflejaban claramente una realidad, lo que verdaderamente sentía y que la estaba atormentando día a día desde que se enteró de la muerte de su esposo.

De pronto, escuchó llorar al pequeño Trunks. Se levantó presurosa, y se dirigió hacia el cuarto infantil. Nada más entrar, se aproximo hasta la cuna y lo cogió entre sus brazos, comenzando a arrollarle y a susurrarle palabras tiernas para lograr tranquilizarle y volver a dormirle.

No lo logró hasta pasado un buen rato, y después de soltar un sonoro suspiro, salió de la habitación y cerró la puerta de nuevo con sumo cuidado para no despertarle. Se dirigió a su habitación de nuevo, y antes de entrar, se quedó indecisa unos segundos. Sabía que si intentaba dormir, le sería imposible, y decidió que lo mejor sería bajar a la cocina para prepararse una tila o algo que consiguiera hacerle conciliar el sueño.

En cuanto llegó allí, encendió la luz y se asustó al encontrarse con Vegeta, el cual nada más verla, dijo:

- ¿Ya ha dejado de berrear el mocoso?. Menos mal...empezaba a pensar que tendría que irme fuera de la casa para poder escapar de sus malditos llantos.- Gruñó molesto. Se levantó de su asiento con ánimo de salir de la cocina y dirigirse de nuevo a su habitación para continuar durmiendo.

En ese momento, Milk se fijó que el príncipe solo vestía unos boxer y que parecía no darle demasiada importancia a que ella le viera con tan poca ropa. Retiró algo avergonzada su vista de él y se dio la vuelta. Vegeta la miró extrañado al principio por su reacción, hasta que entendió a qué era debido...- Vaya...si que se escandaliza esta mujer por nada...Creo que voy a divertirme un rato más...- Pensó mientras sonreía de medio lado.

- No entiendo que es lo que tanto te incomoda, mujer. – Dijo poniéndose de nuevo frente a ella. - Además, tu tampoco es que estés muy tapada que digamos...- Le indicó, dirigiendo su mirada hacia el corto y escueto camisón que ella vestía, y que no dejaba mucho a la imaginación.

- ¿Qué?...- Exclamó Milk imitándole. -¡Ah!. – Soltó un pequeño grito mientras se tapaba con los brazos completamente avergonzada. La verdad es que no se había dado cuenta hasta ahora, de que con las prisas por ir a atender a Trunks, se le olvidó ponerse la bata encima.

Vegeta no pudo evitar soltar una carcajada. Le divirtió observar esa reacción tan espontánea de la mujer. Lo cierto es que empezaba a caerle algo mejor, aparte de que ese sentido de la moral tan pronunciado y su personalidad tan púdica y recatada, provocaban que comenzara a crearse una imagen de ella que estaba resultándole hasta incluso excitante y provocadora...

- Ya no tiene mucho sentido que te cubras¿no crees?. He tenido tiempo suficiente de verlo todo. – Repuso con una irónica sonrisa. Tenía que reconocer que esa mujer, y su hermoso cuerpo, estaban empezando a atraerle más de lo debido. Recordó en ese mismo instante las imágenes de la noche anterior en la ducha y lo mucho que disfrutó observándola en ese momento tan íntimo.

- Tu estarás muy acostumbrado a este tipo de cosas, Vegeta. – Le recriminó Milk, ya recuperada de su anterior bochorno. - Pero yo soy una mujer decente y...-

- ¡Bah!, eso no son más que tonterías humanas, mujer – Interrumpió Vegeta. - Te iría mejor si cambiaras esa mentalidad tan retrógrada que tienes...- Dijo, mientras se giraba y comenzaba a caminar hacia las escaleras, de espaldas a ella.

Justo antes de subir el primer escalón, escuchó decir en un susurro casi inaudible:

- Vegeta...- El hombre se giró de medio lado atendiendo a su llamada. - ¿Tu...tu..hubieras hecho...lo mismo que...él?...¿Hubieras abandonado a..tu familia?...- Le preguntó tímidamente mientras continuaba rodeando su cuerpo con sus propios brazos, en una imagen que al príncipe le pareció extremadamente dulce y sensual.

Sin pensarlo, comenzó a caminar lentamente hacia ella en silencio. Se detuvo hasta que tan sólo unos pocos centímetros los separaban, y mirándola fijamente, contestó:

- Afortunadamente...yo no me parezco en nada a Kakarotto. ¿Responde eso a tu pregunta, mujer? – Dijo, de la forma más suave que su grave voz le permitía utilizar.

Ella no dijo nada. Se limitó a bajar la cabeza, apesadumbrada...comenzando de nuevo a sentir que todos aquellos sentimientos de rabia y dolor resurgían de nuevo con más fuerza aún si cabe...Jamás se había sentido tan débil y desvalida...y lo extraño de todo, es que la única persona que parecía darse cuenta de lo que en realidad ansiaba, era el hombre que tenía frente a ella en estos mismos momentos, el mismo cuya mano acababa de posarse suavemente en su rostro y que comenzaba a navegar hasta su cuello, acariciando con dulzura su cabello haciéndola estremecer. Cerró los ojos durante unos segundos...y cuando los abrió de nuevo, se encontró con el rostro de él acercándose, hasta que sus labios se posaron en los suyos en un roce fugaz y apenas perceptible. Volvió a repetirlo en dos ocasiones más, hasta que finalmente, el beso se prolongó, sintiéndolo tan deleitable, que no tuvo más remedio que corresponder a él con ansiedad.

Aferró sus brazos al musculoso cuello del hombre mientras se besaban, y su cuerpo tembló un instante, en respuesta a la agradable sensación de calor que la piel de Vegeta le provocó al contacto con la suya.

Segundos después, el príncipe dejó sus labios y comenzó a viajar por su cuello, mientras sus manos se posaban en distintas partes del cuerpo femenino con la clara intención de no saltarse ninguna de ellas, como queriendo borrar las huellas que podría haber dejado allí su rival, su enemigo...La sola idea de saber que era su mujer la que estaba entre sus brazos, conseguía hacerle excitar más de lo que lo había estado nunca...Ya nada podía detenerle, nada conseguiría evitar que fuera suya, y alentado con la idea de lograrlo lo antes posible, levantó a la mujer con sus brazos y la colocó entre su cuerpo a horcajadas, e incitándola a que ella le rodeara con sus piernas. Caminó dos pasos, hasta que la espalda de la mujer contactó con la pared.

Ella se sentía como una marioneta entre sus brazos, pero no le importaba. Estaba dispuesta a dejarse llevar...necesitaba sentirse deseada, ansiaba con desesperación ser dominada por la naturaleza salvaje de ese hombre que, con su mirada, parecía ser capaz de penetrar en el interior de cualquier cosa que se le pusiera por delante. De pronto, notó un fuerte tirón y vio caer fugazmente al suelo los restos de su camisón. Al instante, sintió los labios y la húmeda lengua del príncipe posarse sobre sus senos. Una y otra vez, notaba como los devoraba con ansia, los mordisqueaba y succionaba repetidamente sus pezones. Suspiró. Gimió. Gritó como nunca antes lo había hecho, deseosa ya por fundirse con él, sedienta de percibir su furia saiyajin agitándose en su interior...

- aah...aahh...Vegeta...tómame...hazlo ya...- Pronunció entre gemidos.

El príncipe no se lo pensó dos veces. Se deshizo de sus boxers y arrancó de un tirón las bragas que tapaban el húmedo y excitado sexo de la mujer. Aferró sus manos a las nalgas femeninas y, de un sólo embiste, la penetró.

- aarrgghhh...hmmmmm...- Gritó la mujer, comenzando a gemir desesperadamente mientras el hombre profundizaba en ella cada vez más. Su mente ya no respondía a la razón, era su cuerpo el que mandaba ahora, y lo único que le pedía era más y más placer...Clavó con fuerza las uñas en la espalda desnuda del príncipe, el cual respondió aumentando la fuerza y la velocidad de sus embestidas.

Vegeta hacía todo el trabajo, ella apenas se movía, pero no le importaba. Suponía que esta era la primera vez que la mujer practicaba sexo de esta forma, lo cual conseguía excitarle aún mas. Prácticamente era como tener a una virgen entre sus brazos, como si fuera una hembra en su primer celo, a la cual estaría totalmente dispuesto a enseñarla todos los secretos del placer y la lujuria.

De pronto, la sintió convulsionar un instante, como primer aviso de que su orgasmo estaba por llegar. Aceleró el ritmo y se aferró más a ella. Quería sentir su culminación como si se tratara de la suya propia. Al instante, la escuchó gritar y estremecerse con tal furia, que parecía un volcán a punto de entrar en erupción, mientras que, su agudo oído captaba con total precisión los fuertes y rápidos latidos de su corazón saliéndose de su pecho.

Alentado por la explosión de gozo de la mujer, sintió repentinamente acercarse su éxtasis. Su respiración se agitó aún más, y comenzó a moverse con más ímpetu, hasta que, cuando supo que ya no podría contenerse por más tiempo, salió de ella. Apretó aún más los dos cuerpos, logrando que su pene no perdiera el contacto con la piel de la mujer en ningún momento, e inmediatamente después comenzó a realizar movimientos de fricción mientras eyaculaba y jadeaba de placer y deleite.

Llegada la calma, y mientras ambos regulaban sus respiraciones, se mantuvieron durante unos segundos abrazados y en la misma posición. La cabeza de Milk reposaba sobre uno de los hombros de Vegeta, y su negro y largo cabello cubría su rostro y parte de la espalda del príncipe.

- ¡Oh, Kami!...¿qué hemos hecho?...- Escuchó decir el hombre sobre su oído izquierdo. Sabía que esto iba a ocurrir, que en cuanto terminaran, ella comenzaría a sentirse arrepentida y avergonzada por lo sucedido. Se separó un poco, y ella enseguida posó sus pies sobre el suelo.

- Nada que no deseáramos. – Contestó él con su típica sonrisa. – Aunque...he podido darme cuenta de que tú estabas mucho más necesitada que yo, mujer...- Añadió con sarcasmo, lo que provocó que, mucho antes de que su instinto le avisara, recibiera en su rostro una enorme bofetada, la cual, evidentemente, no le causó ningún daño.

Se miraron fijamente durante unos segundos, hasta que ella, con lágrimas en los ojos, le empujó y salió corriendo rumbo a las escaleras.

- ¡Mujeres!...¿quién demonios las entiende?. – Farfulló el príncipe recogiendo sus boxer del suelo y comenzando a ponérselos. – Pero esta me la pagas, mujer. La próxima vez no te lo pondré tan fácil. Vendrás a suplicarme que te posea de nuevo...Ya lo verás...- Dijo furioso para sí mismo y con un nuevo reto en su mente que no cesaría hasta ver cumplido.

CONTINUARA...

Ooohhh...Estamos emocionadísimas con vuestros reviews y con la aceptación que está teniendo nuestra historia.

Somos conscientes de que a las numerosas fans de las parejas VegetaxBulma y GokuxMilk, no les está haciendo mucha gracia la idea de juntar a estos dos, pero...esperamos que los motivos que explicamos en la historia, os ayuden a comprender la situación de ambos personajes.

Muchísimas gracias por vuestro apoyo, y esperamos que continueis leyéndolo y disfrutándolo como hasta ahora.

Saludos,

DioXa y Saiya Elite.