.
Si fueran pájaros…
2. Pequeño mío
.
Kasamatsu jamás odió tanto la primavera. Es decir, ¿había necesidad de todo ese circo?
Ya era un ave adulta; había dejado el nido hacía varios meses. Ni vestigios del cascarón. ¡Comía solo! Ya no necesitaba de nadie, más que de su propio instinto de supervivencia. Pero con aquella nueva y todavía experimental autonomía, también debía aceptar —con el mayor de los pesares— su actual "responsabilidad".
—Hola~... ¡PIIII!
No podía.
¡No quería que ningún plumífero con cara de bobo se le acercara! Al menos no con aquellas intenciones. Y, tal y como era previsible, al primero que se le acercó, lo mandó a volar de una firme patada. Justo en el trasero. Chato le ha de haber quedado.
En lo alto de aquel viejo árbol de moras, decenas de aves de variados colores se habían juntado en busca de su alma gemela. Era primavera después de todo, había que seguir las indicaciones de la madre naturaleza. La especie no se perpetuaría sola; la temporada para empollar se estaba acercando... Y Kasamatsu no podía estar menos feliz.
—Kasamatsu-san, si sigue comportándose así, ahuyentará a todos.
—No sé si tendré tanta suerte.
El aura asustada y defensiva del pequeño azulado contrastaba de cierta manera con su tenue sonrojo; Kuroko lo pudo notar al instante. Su ceño se fruncía, acaso queriendo advertir a cualquier extraño que se le acercara; diciendo con su mirada algo así como: "Acércate y serás pollo frito, h*** d* p***". Le era imposible evitarlo. Como si alguien pudiera. La mayoría de los que allí andaban revoloteando ¡eran machos! Por lo que la demanda era mayor de lo que él hubiera imaginado en sus peores pesadillas. Todos desconocidos, jamás los había visto, y, aún así, más de la mitad se le intentó acercar con un: "Oye, bonito, te invito a mi árbol~".
Patada.
Otros machos, más insistentes, osaron llevarle ramas y pasto seco cual ofrenda y muestra de su "machocidad". Como si él estuviera dispuesto a aceptar a la primera ave con iniciativa que se le apareciera por el pico.
Doble patada.
Finalmente, algunos otros —atrevidos— sólo se le tiraron encima a "procrear", pero volaron, por supuesto, con la misma velocidad.
Kagami y Kuroko veían al pobre Kasamatsu a punto de llegar a su límite, jadeaba y fruncía el ceño armándose de valor para continuar repeliendo a aquellos gigolós emplumados, flexionaba sus pequeñas patas dispuesto a usarlas las veces que fueran necesarias.
Pero cuando la pequeña bola azul dio el último suspiro de cansancio y alzó la vista para ver a su próxima víctima...
—¿Ha?
—Se lo dije.
Al final, dispersos entre las ramas de aquel enorme árbol, todos ya habían conseguido a su pareja. Todas y cada una de las pequeñas aves se acurrucaba felizmente junto a su conquista. Se veían muy enamorados.
Solo entonces, Kasamatsu se dio cuenta de que el único que quedó solo allí fue él.
Solo.
Él.
.
.
.
¡Lo logró!
Ah, su felicidad fue tan grande que hasta Kuroko sonrió tibiamente (incluso Kagami parecía compartir su felicidad, aunque mucho más incrédulo) al verlo saltar y piar como no lo había hecho en todo el día.
—Holaaa~
Ay, no. La felicidad le había durado tan poco.
Después de un par de horas en que ya no escuchó a la abuela, Kise supo que ella había tomado su habitual siesta y, por lo tanto, era su oportunidad de escapar.
De por sí ya había visto a la dulce Mayu abrirle la jaula para darle de comer. Era un mecanismo bastante sencillo después de todo. Solamente se trataba de un gancho, estratégicamente colocado para que su puerta quede sujeta a aquellas finas rejas doradas.
Pero de todas las veces que había salido sin permiso, nunca le había parecido tan difícil.
Porque sabía que, a diferencia de las otras veces, esta vez no volvería.
Sus grandes ojos dorados quedaron mirando la figura de la apacible anciana, que sentada en su mecedora tomaba su merecido descanso vespertino. Después del cual seguro despertaría para acercarse a verlo cantar y dejarle algo de comer...
La extrañaría.
—Lo siengto, abuelag —pío tristón, llenándose el buche con el último bocado de su adorado alpiste.
El último recuerdo de su amada abuela.
Sacrificar un amor por otro amor...
.
.
—Y el Sol, querido mío, no alumbra tanto como tus ojos~
—¡QUE TE LARGUES!
Kuroko era igual testigo que Kagami de aquella inusual escena. Un extravagante intento de cortejo a la orilla de un pequeño estanque, y Kasamatsu que seguía empeñado en espantar al visitante que había llegado a "enamorarlo". Moriyama, piaba llamarse aquel pardo pajarillo poeta. Y por un momento, la feliz pareja creyó que debería intervenir para ayudarlo, pero Kasamatsu sabía defenderse bien. Tal vez demasiado bien.
—¿Está rechazando al último macho que le queda?
—Eso parece.
—Kuroko, mejor vámonos. Está loco.
—Kasamatsu-san no está loco, Kagami-kun. —Volvió su vista a ellos— Yo creo que todavía no encuentra a ese alguien especial con el que quiera formar una familia.
—¿Y crees que eso sea en esta primavera? Porque de lo contrario se quedará solo... Supongo.
—Qué insensible, Kagami-kun. Algunos no tienen la suerte de encontrar a su pareja en su primavera inaugural…
Kasamatsu estaba perdiendo la paciencia. ¿Qué parte de "¡fuera de mi vista!" no entendía?
—Te prometo, amado mío, hacer el nido más hermoso que hayas visto. Porque será~… nuestro nidito de amorssshhhggg.
Patada triple con salto mortal.
El pequeño pajarillo, Moriyama, voló tan lejos que se perdió de la vista de Kasamatsu, incluso de la de cualquiera, al cruzar un frondoso arbusto. En cuanto lo hizo, Yukio no pudo más que caer de sentón sobre el césped, exhausto.
Sus plumas desarregladas por el esfuerzo. Su respiración intentando tranquilizarse.
Sus pequeñas patas se acercaron apenas a mojarse en el agua de aquel gran charco que se extendía a su lado. Chapoteó débilmente y luego sólo suspiró por última vez antes de detenerse. Cuando el agua comenzó a aclararse, se pudo ver reflejado en el estanque. Se veía terrible.
Greñudo y cansado era poco.
Sin embargo, sus ojos se abrieron con un poco más de impresión al notar la figura redonda y amarilla que comenzó a dibujarse a su lado.
—¿Ha?
Suspiró casi inaudiblemente, incrédulo, al girarse y ver de pronto, frente a él, a un emplumado amarillo, cual limón, allí parado. Con una expresión más que ensoñadora y una pequeña flor blanca en su pico.
.
.
.
N/A: Awww, estos dos me dejan tarada de amor. Lamento mucho la demora. Espero que les haya gustado, que la espera haya valido siquiera algo. También aprovecho para aclarar que esto no va a quedar como un intento de fic. Lo voy a concluir como se debe: con amor ;3
Gracias por los comentarios y seguir la historia. ¡Hasta la próxima!
