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Si fueran pájaros…

3. Una flor para ti, un reto para mí

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Kasamatsu, todo greñudo como estaba, se detuvo a observarlo. Algo extrañado, ciertamente. El pequeño fruncir de su entrecejo lo demostraba; quizás hasta hacerlo ver algo confundido. De alguna forma lo estaba. Pues de todos los gigolós plumíferos que vio sobrevolándolo a lo largo de ese extenuante día, ninguno de ellos se parecía a ese, que, sin haber pronunciado sonido alguno, sólo se presentó de pronto con una pequeña flor blanca en el pico; mirándolo con esos enormes y brillantes ojos dorados.

—Kagami-kun, creo que debemos irnos —le pió quedamente Kuroko, estando, ambos, sólo un poco más alejados de donde se encontraban Kise y Kasamatsu.

—Pero quiero ver qué sucede —lo pensó un poco mejor—. Eso creo… —Y un tenue sonrojo lo abordó y quedó oculto entre sus plumas rojas, de sólo imaginarse cómo podría terminar ese par.

—Qué pervertido, Kagami-kun.

El pequeño regordete de plumas amarillas dio un pequeño salto y con un feliz aleteo dejó la diminuta flor frente al, de pronto sorprendido, Kasamatsu, que retrocedió con el mismo ademán.

—Para ti~

Casi cantó Kise.

Y en respuesta Kasamatsu parpadeó confusamente. Ese limón con patas parecía brillar como el mismo Sol. Tuvo que esforzarse y volver a recordar lo mal que la había pasado ese día para recuperar su ceño fruncido.

—¿Y qué quieres?

No iba a dejar que lo embaucaran con una simple flor. Él se había prometido sobrevivir a esa primavera así tenga que hacerse un bunker debajo de la tierra, cual "pájaro topo", y no salir hasta que aquella guerra amorosa acabe. No necesitaba de ningún compañero para… "concebir", digamos. ¿Esa era la palabra? Como sea; ¡la jodida madre naturaleza podía esperar sentada!

—Um… Este… Yo…

La mirada de Kasamatsu lo intimidó. Kise por un momento no supo cómo seguir…

—Le traje un regalo —con un suave movimiento de su pico le acercó todavía más la flor.

—No, gracias.

La confianza de Kise declinó.

—¿No… te gustan las flores?

—No —sentenció Kasamatsu—. Me caen mal. Prefiero las semillas.

—Oh… Pero no son para comer —repuso incrédulo, asombrando notoriamente a Kasamatsu que sólo las tomaba para eso.

—¿Entonces? —preguntó curioso.

—Puedes usarlas así —dijo poniéndole la flor entre las plumas de su cabeza, a un costado. Se alejó un poco y lo vio. Un sonrojo se apoderó de él al ver la tierna confusión de Yukio con la flor en la cabeza.

—No sabía que se podían usar así —dijo Kasamatsu alzando la vista para intentar ver cómo le quedaba la florecilla que adornaba sus plumas azules.

—Sí... —Kise podía oír el latir de su enamorado corazón—. Son bonitas. La abuela tiene muchas y creí que no se enojaría si te traía una...

—¿Quién es la abuela?

—Um... Pues la abuela... Cómo explicarte. Ella es la humana con la que vivo.

—¿Humana? —se asustó Kasamatsu— ¿Vives con una humana?

Kise no supo qué responder a eso. ¿Decirle la verdad lo perjudicaba o no?

—Sí… —dudó.

—Vaya...

A Kasamatsu le brillaron los ojitos pues sólo sabía que debía alejarse de los humanos, todo aquel ave adulta que conoció le advirtió siempre de ello, y aquel rubio había sobrevivido a uno. Vivía con uno. Estaba maravillado.

—¿Quién es ese? —preguntó Moriyama que todavía estaba quitándose la tierra y las hojas que quedaron entre sus desarregladas plumas.

—No lo sabemos. Sólo se apareció para hablar con Kasamatsu-san —respondió Kuroko.

—Ha de ser su novio. Supongo —dijo Kagami ladeando la cabeza—. Eso explica porqué alejó a todos los otros machos.

—No puede ser... —Moriyama sonó desilusionado.

—¿Cómo te llamas?

—Soy Kasamatsu Yukio.

—¡Yo soy Kise Ryouta!

Kasamatsu entrecerró la mirada al ver la luminosidad de aquella mueca de alegría… que no duraría mucho…

—Explícame qué es todo esto, amor mío. ¿Quién es este intruso? —llegó Moriyama haciendo oír todo su despecho.

—¿Q-qué? —Kise creyó que su corazoncito iba a romperse—. ¿Amor mío? —¿Es que Kasamatsu ya tenía pareja? ¿Tan tarde llegó?

Yukio abrió los ojos de la impresión, incrédulo y abochornado.

—¿Y TÚ QUÉ DIABLOS HACES AQUÍ? ¡CREÍ QUE TE HABÍA MANDADO A VOLAR!

—Tranquilo, amado mío, siempre volveré por ti.

—Kasamatsucchi —Kise le pedía una explicación.

—Por cierto, tienes algo en la cabeza —dijo Moriyama y le sacó la flor para luego tirarla delante de las patas de Kise, que sólo atinó a abrir el pico, ofendido.

—¡Oye! ¡Yo le regalé esa flor a Kasamatsucchi!

—Pues busca a otro, segundón. ¡Yo vi a Kasamatsu primero!

—¡No es cierto!

—¿Quieres preguntárselo a mis puños? —amenazó—. Oh, espera. No tengo. Bueno, de cualquier forma, te haré tragar tierra, canario domesticado.

Kise frunció el entrecejo como jamás lo hizo. Era la primera vez que alguien lo invitaba a una pelea… o eso creía, pero no sabía cómo reaccionar ante eso. ¿Debía aceptar el reto y afrontar las consecuencias? Si quería una oportunidad con aquel pajarillo azul, algo le decía que debía hacerlo. Por su parte, Kasamatsu observaba la situación sin razonar muy bien sobre qué hacer para detener a ese par de idiotas.

Cuando la abuela Mayu despertó de su siesta vespertina advirtió no sólo que ya estaba atardeciendo sino que además el cielo comenzaba a cubrirse de pasajeros nubarrones grisáceos. Seguramente algún chubasco de primavera no tardaba en caer...

—Oh, parece que lloverá… Qué bueno que no estás afuera, ¿verdad, Kise-chan? —le sonrió cálidamente a la jaula que estaba a su lado, pero su gesto duró poco cuando vio que Kise no estaba allí, y sólo quedaba su bonita jaula… abierta.

Vacía.

Mientras tanto, un reto de vida o muerte se estaba disputando en su mismísimo jardín por, nada más y nada menos, que el amor de un arisco y salvaje pajarito.

—Bah, hagan lo que quieran —Kasamatsu, desde lo alto de un árbol, se dio media vuelta y se perdió entre el verdoso follaje. Poco le importaba lo que ese par hiciera.

—¿Lo entiendes? —Moriyama le preguntó a Kise—. El primero que logre cautivar a Kasamatsu con la melodía de su canción será quien se quede con él —le pió con altanería, seguro de que le ganaría a ese canario con sobrepeso.

—¿Cómo un concurso de karaoke? —Kise sonaba entusiasmado. A veces la abuela le prendía la radio o le cantaba para que él la siga, y siempre fueron un buen dúo. A él le gustaba mucho cantar.

—¿Karaoke? —dudó su contrincante—. No. Bueno, como sea, ¿estás preparado?

—Está muy alto… —suspiró Kise al ver hacia arriba— Espero que me oiga…

—Oye, te estoy hablando, ¿estás listo?

Con un gesto de su cabeza Kise afirmó más convencido de lo que se sentía en realidad.

Pero ni bien amagaron con emitir el primer sonido, una gota de lluvia cayó a un costado de ellos, llamando la atención de ambos. Kuroko y Kagami, a un costado, alzaron las miradas al cielo y vieron los nubarrones que rodearon el cielo recientemente despejado.

—Kagami-kun.

—Sí, mejor volvemos a casa, Kuroko.

—¿Qué hacemos nosotros? —le preguntó Kise a Moriyama.

—Tú no sé… pero yo… ¡Uwaaa! —pió asustado mirando a lo que llegaba detrás de Kise. Éste observó con interrogación su mueca y luego cómo se fue a toda prisa sin más.

—¿Kise-chan?

Oh, oh. Esa voz…

—¿...Abuela? —pió un incrédulo Kise; aunque ella no pudo entenderlo; al girarse y verla apenas agachada detrás de él, usando un piloto para no mojarse con la lluvia y sonriendo con una inmensa dulzura y emoción por haberlo encontrado.

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N/A: Adsadsadas! Yeah, actualización. Aw! no sé por qué, enserio, pero cualquier cosa que hago con Kasamatsu me hace querer besuquearlo todo (?). Adoooro a este personaje. Y bueno, tal vez se hayan dado cuenta que Moriyama es mi tercero en discordia favorito cuando se trata de KiKasa XD

Por otro lado, este capítulo se me hizo una completa y dulce cursilería, aún así espero que les haya gustado ;3

Así las cosas, gracias por la lectura! Hasta la próxima!