Gui: Aquí se ve por qué esto no puede funcionar. Es decir, empieza bien pero...
Disclaimer: Jotaká está con sus cosas y yo... yo estoy con sus cosas también.
Hay luz ahí arriba
III.
No pudo resistirse. Había comido con él tres veces, aunque a la segunda, ella no había intentado ni hablarle. A la cuarta, Scorpius la miró. Mientras hablaba, ella hizo un gesto, algo, no recuerda qué, pero hizo que la mirara. Y ella le estaba mirando, como se hace cuando se demuestra que se escucha lo que está contando una persona, y entonces se formó un pasaje entre ellos y se la comió con los ojos, la devoró con la mirada mientras hablaba. Sólo estaba ella, que seguía mirándole con calma, que seguía escuchándole. ¡Cuánto habría querido Scorpius que bebiese sus palabras con adoración! Sus ojos eran el centro de todo, sólo le miraba los ojos, pero eran ojos impresionantes, ojos que escuchaban, ojos que le miraban, ojos que vivían por él, por ese instante, por ese momento, y su dueña en estos momentos sólo le veía a él. La había vencido.
Rose se fue hacia el patio pensativa. Scorpius Malfoy la había mirado tan intensamente mientras hablaba que no había sabido qué hacer. Fuera, Tera fumaba. Se le acercó, bajo la llovizna de enero que derretía la nieve.
–¿Qué se supone que está haciendo este chico? De verdad tenía la impresión de que estaba obnubilado por mí. ¿Tú crees que hace eso con todo el mundo?
Tera hizo una mueca interpretable como "ni idea". Rose se quedó a su lado, medio sentada medio de pie, frotando su dedo gordo contra los demás dedos en la mano, con fuerza, como nerviosa, y después haciendo círculos con el mismo dedo. Su mirada estaba perdida en el vacío y su cara indicaba peligro de acercamiento.
Ya no quedaba nieve y la lluvia se había ido a mojar otro sitio cuando Rose explotó, seis días más tarde. Llevaba seis días sin comer con los Ravenclaws y sin embargo seis días buscando a Scorpius Malfoy, pasando delante de él "casualmente" y comprobando que sí que la miraba todo el rato. El asunto le mosqueaba, el chico no era tan feo, ni siquiera era desagradable, pero era raro. La miraba y luego parecía retractarse e ignorarla. Además de algo bipolar, era machista y conservador. Y ella seguía buscándole. Para que la mirara otra vez. Como si hacer que la mirase hiciese que, de alguna manera, ella ganase la guerra. Guerra que no existía más que en su cabeza.
Era un día normal, Rose pasaba por la biblioteca haciendo que le fastidiaba muchísimo porque se había fijado que Scorpius iba para allá. Dejó el libro que había estado mirando porque estaba en frente de la mesa en la que estaba Scorpius y vio que él se levantaba. De repente, le entró miedo. Miedo y excitación. Se encaminó hacia la salida, imaginando que Scorpius la seguía, hechizado. Se paró un par de veces medio segundo, por recolocarse el zapato con hastío, y se abrió paso entre los chicos que pasaban por ahí. A la salida, se agachó para comprobar que su zapato no tenía nada raro (es decir, para hacer como que comprobaba su zapato por un potencial dolor que no existía pero que le hacía esperar al chico rubio).
Scorpius salió medio corriendo de la biblioteca y ni siquiera la vio: se tropezó con ella. Le pisó la mano, más exactamente, y todo su cuerpo pasó por encima del de ella, directo hacia el suelo. Rose gritó una palabrota monumental, Scorpius consiguió no caerse apoyándose en la espalda de Rose, Rose se medio levantó del dolor, Sorcpius perdió el equilibrio y acabó en el suelo, es decir, con una mano y una rodilla en el suelo, Rose le apartó de una patada y se puso en pie molesta y empujándole y Scorpius, con las dos manos en el suelo, sintió en él la bestia del odio. Con su varita en la mano le habría lanzado al menos una imperdonable.
–¿Qué demonios hacías en el suelo? –No dijo demonios. Dijo una palabrota. Y la dijo gritando. También dijo un adjetivo malsonante entre "el" y "suelo".
Esa fue la razón por la que Rose explotó. Rose, que había comprobado que Scorpius la seguía, pero que había recuperado su malhumor y su mal genio en menos que mata un basilisco.
Se gritaron el uno al otro, desahogándose, acabaron repitiendo "bien" con mal tono, como en las películas románticas malas, se separaron, cada uno se fue por su lado y se evitaron el resto del año. Cada vez que una tentación de relación (cordial) aparecía, se acordaban del asunto y se repetían "es un/una…" otro insulto. Y punto.
Obviamente no ha acabado. Tenía escritos estos tres capítulos, y el resto, aún no sé si habrá uno o dos, vendrán de aquí a poco.
Gui
SdlN
