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Si fueran pájaros...
4. Kasamatsucchi…
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Los días de lluvia subsiguieron casi continuamente a lo largo de toda esa semana. Las noches seguían igual de cálidas que en las tardes no obstante. Y en medio de aquel panorama lluvioso no había otra cosa que un pajarillo pudiera hacer más que buscar un refugio para resguardarse allí hasta el día siguiente.
Y Kasamatsu no fue la excepción. Él también debió buscar un sitio que por lo menos lo proteja de la lluvia. Y estaba muy satisfecho con lo que había encontrado. Ya que si bien parecía ser el nido de alguien más (tal vez una ardilla), al ver que no había nadie en casa, decidió meterse. ¿Quién lo culparía? Mejor aún, quería ver al valiente que se atreva a correrlo del hueco de aquel árbol… Una buena patada en el trasero lo calmaría…
Sintiendo un pequeño estremecimiento erizó todas las plumas de su rechoncho cuerpo azulado, sacudiéndose a la vez el agua de lluvia que había logrado mojarlo, para luego volver lentamente a su estado normal. Con un pequeño suspiro, Kasamatsu volvió su vista hacia afuera, notando, a través de las hojas y ramas que lo ocultaban, cómo las gotas de lluvia caían cada vez con más lentitud mientras avanzaba la noche… Y cómo un poco más allá del pasto y la fuente donde le gustaba bañarse, las luces brillaban desde el interior de aquella casa.
"Debe estar bien… Después de todo, volvió con su humana…", pensó Kasamatsu, intentando convencerse de que Kise en realidad se la estaba pasando muy bien allí.
Desde que Kuroko y Kagami le dijeron que la humana de Kise se lo había llevado de nuevo con ella, Kasamatsu comprendió claramente una cosa:
Sus vidas pertenecían a mundos muy diferentes…
Aunque… otro pajarillo, a muchos metros de distancia de él, no pensara lo mismo. Pues también pensaba en él… en ellos.
—Kasamatsucchi…
Kise se repetía cada tanto, como si decir su nombre lo hiciera sentirlo un poco más cerca. Allí, acurrucado en la suavidad del paño que la abuela le dejaba los días de lluvia, miraba hacia la ventana de la sala donde estaba, a través de las rejas de su jaula. La tenue lluvia caía empañando los vidrios, como la nostalgia y la esperanza de volver a ver a Kasamatsu hacía brillar sus grandes y bonitos ojos dorados.
—Quiero verte… —le pió dulcemente a un punto fijo en la ventana, observando dulcemente hacia la copa de aquel árbol donde, sabía, Yukio estaba protegido.
La mañana siguiente despertó a todos con un Sol radiante, aunque algunas nubes todavía continuaban su curso sobre el cielo. Los árboles seguían mojados. Del mismo modo, el pasto de los jardines lucía verde y muy húmedo. Tan húmedo que a la mayoría de las aves del lugar se les hizo irresistible.
—¡Kuroko, mira lo que encontré!
—Esa es una agujeta, Kagami-kun —explicó tranquilamente.
El pequeño Kagami dejó caer sus ánimos al darse cuenta que no era una lombriz gigante la que encontró sino la agujeta perdida y sucia de alguna zapatilla… Pero se imaginó entonces qué tan grande y fantástica sería esa zapatilla si la agujeta que había cazado era larguísima.
Oh, sus ojitos rojos brillaban de la emoción.
—Kasamatsu-san, ¿no es demasiada comida para usted? —preguntó Kuroko al verlo juntar su séptima lombriz sobre una verde hoja, además de que ya tenía algunos brotes de muy buena pinta, según Kuroko.
—…No es sólo para mí —Kasamatsu murmuró sonrojado. Lo suficientemente bajo para que el pequeño de color celeste no lo escuchara.
Ya que había dejado de llover, Kasamatsu pensaba en pasar a visitar a Kise. Sólo por cordialidad. Él le había tratado muy bien —mejor de lo que cualquier plumífero "desesperado de amor" lo había hecho—, así que no veía nada malo en ir a ver qué tal le iba en su casa y llevar algo para compartirle. Sólo esperaba que al tal Kise le gustaran las lombrices de ese lugar. Debía ser así. ¡Seguro! Eran las más sabrosas a cuatro manzanas a la redonda… Y si no, ¡que vaya a buscar las de su querida abuela!
Qué más daba.
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—Kise-chan… ¿qué te sucede?
La dulce voz de la abuela estaba ensombrecida por la preocupación al ver que Kise no salía de aquel pequeño hueco que había hecho en la manta que le dejó. Sólo estaba allí, observando hacia la ventana con una mirada triste y cansada. Comía y bebía sin entusiasmo. No subía a hamacarse en su aro. Ni siquiera cantaba… y eso era lo que más la preocupaba.
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—Kasamatsu, eso se ve delicioso —sonrió Moriyama al encontrarse con él en el jardín, en medio de su búsqueda por sus "movedizos almuerzos"—. Pero no te hubieras molestado, «mi cielo» —obvió lo último—… No importa, pero a partir de hoy seré yo quien saldrá a por nuestro alimento y el de nuestros futuros polluelos~.
—¿De qué diablos estás hablando? —Kasamatsu se limitó a fruncir el ceño con aburrimiento; ya se había acostumbrado a sus burradas.
—Pues de las lombrices…
—No son para ti.
Dicho esto, Yukio se giró sobre sus pequeñas patas negras con toda la dignidad posible y comenzó a caminar arrastrando consigo la hoja repleta de "comida movediza".
—¿Adónde vas?
—No te incumbe, Moriyama.
—Irá a visitar a Kise-kun —interrumpió Kuroko, que nadie supo cuándo apareció por ahí.
—¡¿Qué?! —protestó de inmediato el pardo pajarillo.
Kasamatsu estaba demasiado abochornado como para volverse y refutar sus especulaciones al grito de: «¡No es así! ¡Y en todo caso, qué diablos les importa!». Así que siguió caminando, un poco más a prisa, sin hacerles caso.
—¡Espera, Kasamatsu! ¿Vas a meterte a esa casa? ¿Estás loco? ¡Quién sabe cuándo puedas volver a salir! ¡Por favor, no lo hagas! —Moriyama comenzó a piar a viva voz—. ¡Por favor! ¡Te prometo no volver a llamarte "mi amorcito", ni "mi querubín", ni "mi pollito bebé", pero por favor no vayas!
Kasamatsu alzó una de sus pequeñas cejas al verlo prácticamente tirándose a sus patas para evitar que diera un paso más. Incluso Kagami y Kuroko se extrañaron al verlo tan espantado con la idea de ir a visitar a Kise.
—¿Por qué no? —inquirió Yukio frunciendo el ceño en señal de duda.
—¡Porque no, Kasamatsu! ¡Si te atrapan, te meterán en una jaula y no te dejarán salir nunca más! Hazme caso, no vayas.
—No es así, Moriyama —entonces contrapuso tranquilamente— Kise salió. Tú lo viste.
—Y no sé cómo lo hizo —le dijo sinceramente— Pero, créeme, de seguro no lo hará más…
Entonces un silencio se formó entre todos. Kasamatsu calló. Kuroko tuvo un mal presentimiento. Y Kagami terminó de tragar su agujeta.
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N/A: Estaba segura, segurísima, que ya había publicado este capítulo. ¡Lo mal que estoy! Pero en fin, de nuevo con estos "pollitos" super tiernos, adorables, besuqueables… Y, aw, me limpio las babas; esto te deja una sensación taaan "fluffy". Oh, aquí viene el arco iris.
¡Gracias por la lectura! ¡Nos estamos leyendo en el próximo cap!
