PRIMER INTENTO
Estaba un poquito harto de que lo miraran como si fuera un marciano debido a su 'problemilla' con la tecnología… Sí, sí, ni que fuera un extraterrestre… Aunque la verdad sea dicha, tal habilidad de poca utilidad le había servido en la vida, salvo como medida de presión con su representado, por lo demás, con resultados negativos.
Y eso sin contar el sueldo que se dejaba en guantes de látex. Sí, la empresa le costeaba los celulares y otros pequeños dispositivos, pero los guantes tenía que pagárselos de su propio bolsillo.
Así que por propia iniciativa (y por la salud de su cartera) quiso aprender a controlar su 'superpoder'.
Empezó (porque de alguna forma tenía que empezar…) con las técnicas de concentración de un faquir que había visto en la tele. El hombre alcanzaba tal estado de introspección y abstracción que el mundo externo no le afectaba ni podía dañarlo. Solo que en su caso, de aplicar la misma técnica, sería justo lo contrario, es decir, que él no afectara al mundo exterior, entiéndase, a su propio teléfono móvil…
Pues bien, allá fue el valiente… Se sentó en la mesa de su despacho, con el celular frente a él, mirándolo como si lo estuviera retando a un duelo.
Se quitó el guante de látex de la mano derecha.
Puso la mano desnuda en la mesa.
Inspiró.
Tomó el móvil.
Uno, dos, tres…
"Concentración", se dijo.
…, ocho, nueve, diez…
Frrzzz…
El olor a plástico y cables quemados le llegó enseguida a la nariz.
"Maldición".
