¡Buenas tardes gente! Muchas gracias por sus lecturas y darle una oportunidad a este fanfiction, especialmente porque ni es yaoi ni es con la usual pareja con la que ponen a Steven. Segundo, agradezco a Delighted por ser la primera en comentarme y darle follow al fic *-*9. Disfruten mucho del capítulo de este día y bueno, cualquier duda existencial o crítica constructiva es bienvenida. Sin más, ¡see you later!

Capítulo II

Nuevo entorno

En cuanto sus pasos cruzaron el umbral su atención fue atrapada sin dificultad alguna por la particular decoración que imperaba en la sala. Y es que no había manera de no notar aquellas vitrinas que exponían cándidamente lo que indudablemente eran especímenes rocosos raros y muy preciados para el propietario de aquella casa.

Asimismo también se apreciaban algunos cuadros de bonitos y cálidos paisajes coloridos, y que podrían ser admirados por largo rato. Era como si su función primordial fuera la de propiciar un ambiente calmo para los invitados.

Un poco más adelante se apreciaba el comedor con únicamente cuatro sillas y un pequeño florero mullido de sintéticas gardenias en el centro. La cocina se ubicaba justamente a escasos metros de allí; poseyendo lo más elemental para poder preparar y conservar los alimentos.

Escaleras que conducían a la segunda planta y una pequeña habitación que fungía como un almacén, fueron los últimos aspectos que ocuparon su atención.

—Es bastante particular tu casa –comentó ella, dirigiendo sus pasos hasta una de las estanterías más próximas-. Contemplo que realmente te apasionan esta clase de cosas.

—Sí, todos comentan algo como eso –a su parecer era de las pocas personas que le dio un adjetivo aceptable a su hogar y hobby-. ¿Ha sido buena idea aceptar ese nombre?

—Es preferible a no tener ninguno. Además, suena bastante bien –sus pupilas iban entre esos dos pedacitos de meteorito que tenía en frente; no hallaba la diferencia entre uno y otro.

—¿Tienes algún interés por la geología? –interrogó con cierto fascinación, incluso se postraba a un lado de la joven.

—¿En qué se diferencia uno del otro? –le miró de soslayo. Éste por su lado lucía pensativo, buscando las palabras adecuadas para ofertar su explicación.

—La respuesta es mucho más simple de lo que pudieras imaginarte, Shade –iba a soltar lo más fundamental de su discurso, pero ese familiar tono interrumpió la plática informativa; se trataba de su pokénav-. Discúlpame un momento.

—Es ese extraño aparato nuevamente…-susurró, viendo al joven ascender por las escaleras con cierta prisa.

Y antes de que pudiera seguir explorando la particular colección del ex campeón de Hoenn, ya lo tenía nuevamente frente a ella.

—Te mostraré el pueblo para que te familiarices con tu entorno -indicó. Y prácticamente ya había abierto la puerta para cederle el paso.

—Por supuesto -estipuló con cierto ánimo.

Si bien ya había experimentado la cálida brisa del mar que se colaba desde la costa, no le incordiaba probarla de nuevo. Y aunque el sol estaba en todo su esplendor, nadie lucía perezoso o cansado; todos los pobladores estaban activos y lucían de lo más amistosos.

—Aquí tenemos una Tienda Pokémon; allí encontrarás desde pokeballs o medicinas para salvaguardar la salud de tus compañeros -Steven se había detenido frente a aquel establecimiento de techo azul marino y albinas paredes.

—¿Te refieres a esas esferas rojas, verdad? -él asintió-. ¿Realmente es posible que no recuerde algo como esto? ¿O será cosa de que vengo de un sitio donde no hay esta clase de cosas sorprendentes...? -se auto cuestionaba. Y es que entre más conocía del mundo a su alrededor, más sofocada se sentía.

—Debes tomártelo con calma. El estrés no es bueno.

—Siento que el más estresado de los dos, eres tú, Steven -mencionó. Aunque su interés estaba puesto en las puertas eléctricas de la tienda; era casi como magia que pudieran abrirse automáticamente.

—Bien podrías tener razón -suspiró, masajeando su sien con cierto nerviosismo.

—Sé que no soy de gran ayuda en mi estado actual, pero si hay algo que pueda hacer, dímelo.

—Agradezco el gesto, pero no es ni prudente ni considerado que mande a una convaleciente al otro extremo de la ciudad a entregar un paquete.

—¿Y por qué no? -rodó los ojos ante la intachable compostura del hombre-. La herida del brazo es superficial y estoy segura que puedo seguir una dirección.

—Hay un pequeño bosque antes de llegar al suroeste de la isla. Así que estarías en riesgo -estipuló. Su lógica no podía ser cuestionada.

—No me gusta...estar sin hacer algo. Es decir, alteré tu itinerario y esas cosas. Y con tu amabilidad no haces las cosas mejor, ¿sabes? -¿eso era un reclamo descarado? ¿Se estaba quejando de que procurara su salud? ¿Acaso era cosa de su orgullo?-. Déjame ayudarte en algo para pagar tu hospitalidad.

—No es necesario -replicó. Era la primera persona que quería pasar por alto su buena voluntad sin atender a razones.

—No me gusta estar en deuda con las personas -se cruzó de brazos, como quien ofrece un ademán para darle más peso a sus palabras.

—Es bueno ver que hayas recordado algo sobre tu persona, pero...-ese par de ojos lo veían fijamente, negándose a caer ante sus hilarantes vocablos.

—Yo seré cuidadosa -estipuló-. Además... Dijiste que hacía un tiempo que no te pasabas por tu casa y tenías tiempo para relajarte. Así que aprovecha mientras yo voy a entregar ese paquete -Stone sólo exhaló con resignación. Ella había usado sus propias palabras en su contra; y lo peor del caso es que estaba en lo cierto.

—Eres bastante necia. No me imagino cómo serías en una batalla.

—Eso es un sí, ¿Steven? -sonrió con satisfacción. Sabía que se salió con la suya.

—Con dos condiciones. La primera, llevarás a un compañero contigo. Segundo, irás y volverás sin desviarte de la ruta.

—Suena muy razonable -eran indicaciones sensatas al fin y al cabo.

—Ahora continuemos con el recorrido...

Pareciera como si las interrupciones estuvieran a la orden del día. Aunque ahora el motivo era uno totalmente diferente y para no variar, giraba alrededor del peli plateado.

Él además de ser afamado por su magistral técnica de combate, también poseía popularidad entre las mujeres; nada como un joven apuesto, educado e inteligente. Indudablemente el prospecto perfecto por más de una razón.

—Debe estar agotado de su viaje, ¿no es así joven Stone? -cuestionaba una bonita chica con notable interés.

—Es recomendable tomarse algunas vacaciones. El trabajo en exceso es malo -decía otra con preocupación propia de alguien enamorada.

—Si aún no ha comido, puedo llevarle algo para que no pase hambre.

—Yo también debo hablarle de "usted" -fue en ese momento en que Shade caía en cuenta de que lo había tuteado vilmente.

—Agradezco su oferta, pero estamos bien de momento -sonrió tenuemente, logrando que ese grupo de féminas se deleitarán con su bonito rostro-. Sólo quisiera pedirles que fueran corteses con mi invitada. Estará viviendo aquí por un tiempo -pidió con amabilidad y diplomacia digna de un futuro jefe de negocios.

—...Ungh...-ella pudo sentir que esas amistosas y amorosas miradas ahora la atravesaban con envidia y odio puro-. Empiezo a creer que irme a ese bosque sola, es más seguro que quedarme en este pueblo con esas mujeres -dijo por lo bajo mientras fingía una cordial sonrisa.

—Ahora si me permiten -se excusó, abandonando el circulo humano del que era el epicentro-. Debemos continuar nuestro recorrido. Así que hasta luego -se despidió. Y aunque esas mujeres devolvían el gesto con cordialidad, no era igual con la "intrusa".

—Es usted todo un casanova, joven Steven -mencionó hasta hallarse lo suficientemente lejos del grupito de fans de Stone.

—No tienes que llamarme de usted. Segundo, ¿de dónde sacaste esa palabra? Tercero, no lo soy.

—Pero todas ellas quieren algo contigo. Incluso alguien con amnesia como yo puede notarlo -aseveró con humor.

—Tengo otros planes de por medio antes de pensar en ello.

—¿Salir a ver el mundo? ¿Embarcarte en una aventura que te haga sentir vivo? Al menos yo haría algo como eso... La emoción de descubrir algo desconocido o nuevo, es agradable y adictiva.

—Algo por el estilo -sus pasos se habían sincronizado con los de ella para no dejarla atrás-. Sin embargo, tengo obligaciones que cumplir.

—Supongo que ya hallarás el tiempo para ello -agregó antes de acelerar su paso. No sabía con exactitud qué era tan enorme y concurrido sitio al cual arribaron.

—Es el Gimnasio Pokémon de nuestra ciudad. Aquí vienen a probar su valía todos aquellos entrenadores que deseen postular para enfrentarse a la Elite Four y obtener el título de Campeón.

—Vaya que hay contendientes -fácilmente había contado a más de diez chicos, muchos de ellos que no pasaban de los once años-. ¿Pero no es arriesgado que niños salgan a la aventura con los peligros que hay?

—Se les da un compañero para su viaje, así que ya no están solos... Aunque claramente es osado.

—Estos niños sí que tienen valor -su heterocromática mirada se trasladó a un par de cuadras abajo-. ¿Y eso de allí es...?

—Un Centro Pokémon. Es prácticamente un hospital para pokémon.

—Una ubicación bastante acertada considerando que el gimnasio está detrás de nosotros.

El resto del recorrido por la candorosa Ciudad Algaria se suscitó sin problema alguno. Y gracias a la buena guía de Steven, pudieron abarcarlo prácticamente todo. Incluso el punto de partida que Shade debía seguir para entregar aquel importante encargo al día siguiente.

Sin embargo, el hambre y cansancio hicieron mella en los dos, por lo que se limitaron a regresar a casa. Pero para cuando se enfocaron en buscar algo de comer, se percataron de que el interior del refrigerador sólo albergaba alimentos caducos y mohosos. El sentimiento de desasosiego invadió a ambos.

—Ahora puedo notar y oler que hace mucho tiempo que no te pasabas por aquí -su voz sonaba graciosa gracias a que su nariz estaba siendo apretada por un par de dedos y evitar así la pestilencia.

—Tendremos que comprar algo para cenar -cerró en automático el frigorífico para ya no marearse con el hediondo olor de su interior.

—Pensaba que sabías cocinar.

—No es una de mis cualidades más resaltables -se excusó magníficamente.

—Ahora entiendo por qué Iana me dijo que venirme a vivir contigo era suicidio -expresó frescamente. Steven por su lado agradecía tener tanta paciencia y que esa mujer no estuviera allí para que le sermoneara al respecto.

Tras una breve salida y el que hubiera establecimientos de comida cerca de su domicilio, pudieron gozar de algo comestible y que indudablemente sabía tan bien como lucía. Por lo que tomaron asiento en el pequeño comedor.

—Lamento que hayas tenido que ver algo como eso –incluso alguien como él podía experimentar ese sentimiento llamado como pena.

—No hay problema. Pero hay que limpiar eso o no se podrá meter nada allí… Y considerando que no sabes cocinar y yo no recuerdo sí sé preparar algo, estamos en problemas.

—Generalmente por mis constantes salidas y que las amables vecinas solían traer ocasionalmente algo de comer, no me preocupaba mucho el asunto en cuestión.

—Dudo que vuelvan a traerte comida tan frecuentemente –puntualizó tras terminarse su última bola de arroz.

—¿Por qué lo dices?

—Llámalo intuición femenina –sonrió ladinamente, esperando a que él captara la indirecta-. ¿O es muy inocente o en verdad considera que los gestos de esas mujeres son mera amabilidad?¿Cuál de las dos?

—Ahora hablemos sobre la entrega –se puso de pie, dejando su cena a medias, empezando a sacar algunas cajas que se escondían bajo el único librero que había en la sala-. Lo que debes de entregar es justamente este paquete.

—¿Se puede saber qué es lo que contiene? –la caja seguramente no excedía los 30 centímetros de largo. Y aunque creyó que era ligera, cambió de idea en el momento en que la sujetó entre sus manos; era pesada.

—Es una cápsula que es de vital importancia para el funcionamiento de una máquina de reanimación de fósiles –explicó-. Hay un camino perfectamente delimitado para llegar al otro lado del bosque, sin que tengas que cruzar las escarpadas montañas.

—Así que es costosa y valiosa –puso el inestimable paquete a un lado suyo, siendo cuidadosa de no dejarlo muy a orillas de la mesa.

—El hombre al que debes entregárselo se llama West Phoenix –porque el nombre no era suficiente, le entregó esa fotografía-. Y ya que el camino es largo, es recomendable que te vayas temprano.

—Entendido –incluso con una tarea en hombros le emocionaba el saber que saldría a explorar un lugar totalmente desconocido.

—Y abstente de desviarte o entretenerte –amenazó sutilmente. Era como un padre sobreprotector y estricto.

Fue en ese momento en que entendió lo que significaba el concepto de "temprano" para ese hombre. Seguramente ni siquiera eran las siete de la mañana ya que el cielo se encontraba oscuro con tenues atisbos de claridad; incluso se sentía el aire frío y el que no contemplara a ninguna persona transitando por la ciudad solamete acentuaba el hecho de que habían madrugado demasiado.

Al menos había tenido la delicadeza de acompañarle hasta la entrada que conectaba a la ciudad con esa zona natural. Y tal como él lo dijo, allí estaba el camino, delineado por el constante tránsito de las personas por esa zona.

—Mientras no te salgas del sendero, no tendrás dificultad alguna para llegar.

—Así que tú serás mi compañero de viaje –sus ojos enfocaron al pequeño Aron que le miraba con enorme curiosidad; no tenían ni media hora de haberse conocido.

—Cuídense mutuamente –observó a esos dos con seriedad.

—Andando entonces –Shade dio los primeros pasos, llevando a cuestas aquella mochila que guardaba recelosamente el importante paquete. El pequeño siguió su andar al poco tiempo.

A pocos metros de haberse adentrado en aquel mundo de altos y robustos árboles pudo percatarse de la frescura imperante; era como haber entrado a un lugar totalmente diferente, donde no sólo la panorámica lograría fascinar hasta al más fanático de la tecnología, sino se respiraba un aire mucho más ligero, puro y motivador.

Y entre más tramo recorría, más interés mostraba por su alrededor. Desde los sonidos particulares de cada criatura allí presente, hasta la flora tan colorida y variada. Incluso se encontraba ocasionalmente con algún pokémon endémico que le observaba con curiosidad; como si examinaran sus intenciones.

No había nada de malo en correr y sentir el viento rozando el rostro. El problema venía después de haber recorrido varios metros con esa modalidad y sentir que los pulmones requerían un receso para llenarse totalmente.

—Creo que me he emocionado innecesariamente…-se dejó caer de rodillas contra el suelo, respirando agitadamente-. Lo siento, debe ser difícil para un pokémon tan pesado como tú.

Aron se limitó a tumbarse sobre el piso y sacar la lengua; estaba muy fatigado.

—Steven dijo que nos tomaría aproximadamente un par de horas en llegar… Aunque… al menos ya ha amanecido –lo poco que podía apreciarse del amplio cielo le mostraba su candor y ese entrañable tono celeste que aludía a que la noche había sucumbido al fin.

Indudablemente había sido una mala idea aventurarse de esa manera sin siquiera llevar una botella de agua consigo o algún bocadillo. Aunque su único consuelo era que no estaba sola en ese dolor y que su querido compañero de viaje estaba igual.

—De todos modos no había nada comestible en ese refrigerador –suspiró, secando su frente del sudor. El calor era más marcado en ese momento del día-. Supongo que ya estaremos cerca, ¿no? –habló para Aron. Ahora miraban lo realmente imponente que era la cordillera montañosa. Estaban apenas al pie de la misma-. Bueno, continuemos o no llegaremos si descasamos cada quince minutos.

No dieron ni dos pasos cuando escucharon aquel estruendo perforándole los tímpanos, tanto por la proximidad del incidente, como por la innegable naturaleza de aquel grito. Alguien parecía no haber sido demasiado afortunado.

—¡¿Escuchaste eso…?! Se oyó como alguien…cayendo bruscamente –su mirada se dirigió hacia su izquierda. El funesto ruido provenía de aquella zona-. ¿Crees que…debamos ir a ver qué ha pasado? –ambos se miraron, asintiendo de manera silenciosa-. Si nos fijamos por dónde vamos, no creo que debamos preocuparnos por perdernos.

Corrieron tanto como sus piernas se lo permitían, al mismo tiempo que cuidaban en no convertirse en futuras víctimas en busca de ayuda. E ignorando totalmente que conforme más avanzaban, más se adentraban en el espeso corazón del bosque, llegaron a lo que indudablemente podía ser clasificado como un claro y de donde posiblemente hubiera provenido el alarmante ruido.

—…Increíble… -estaba fascinada por el dorado mundo que le ofrecía ese mar de vistosos y enormes girasoles. Es que era imposible no detenerse a admirarlos por largo rato; era innegablemente hermoso-. ¿Ah? –volvió en sí en cuanto Aron jaló de sus botas-. ¡Es cierto!

Sin mayor dilación ambos se separaron, buscando el más mínimo indicio de que alguien estuviera en apuros. Aunque en apariencia no parecía haber nada extraño o eso era lo que ella pensaba hasta que escuchó a Aron llamarle para que fuera hasta donde se ubicaba.

—Eso sí que ha sido una horrenda caída –entre tanta flor era difícil visualizar aquel angosto hoyo. Era algo así como una trampa que alguien había dejado a posta.

—¿Q-Quién…anda allí?

—Menos mal que estás consciente –el rostro de Shade y Aron se visualizaban con facilidad, apreciando la escena-. ¿Te duele algo pequeña?

—No…-su tímida y rosácea mirada enfocaron a esa joven-. Me resbalé por accidente… Pensé que nadie me escucharía.

—Andábamos de paso y te escuchamos.

—Está muy alto –la pequeña castaña contemplaba lo lejana que estaba su libertad en esos momentos.

—Quizás podamos hallar algo con lo que puedas subir, así que espéranos aquí.

—¿De verdad vas a ayudarme? –cuestionó. Parecía incrédula por la buena acción de un extraño.

—No creo que te guste estar allí abajo. Además, sería cruel dejar a una niña tirada a su suerte.

—G-Gracias.

—Eso dímelo cuando haya logrado sacarte de allí.

Buscar alguna clase de liana o parecido era mucho más complicado que decirlo, aunque no por ello iba a darse por vencida. Y que ahora estuviera toda polvosa como si hubiera estado en ese bosque por semanas y no un par de horas, era la muestra factible de que indagó lo suficiente.

Aunque era una lástima no haber obtenido ningún resultado positivo.

—La única opción que tenemos es cavar e ir escalonando el suelo –era el plan más viable que en ese momento les quedaba-. Bien, vayamos de una vez, que nos hemos alejado bastante del claro.

—"Nubes oscuras, ¿quién las atravesará? Quien fe tenga, su suerte probará."

—Estoy…segura de que estamos nosotros dos, ¿no Aron? -el pokémon acero/roca parecía igual de confundido que ella. ¿De dónde provenía esa voz que tarareaba con candor aquella corta oración?

—"Rayos y truenos, ¿quién los esquivará? Nadie osa hacerlo. ¿Qué razón habrá?"

—Se oye como un chico…pero…-ambos miraban en todas direcciones sin hallar absolutamente nada más que naturaleza. Por extraño que pareciera, no había ningún pokémon salvaje en ninguna parte.

No sabía qué era lo que le dejaba más patidifusa, el no escuchar más esa extraña canción o que todo se tornara desesperadamente más silencioso. Era como si estuvieran jugando con su mente.

—¿Acaso fue una alucinación…? –fue lo único que soltó al tiempo que retrocedía. Grave error; parecía haber chocado contra algo-. ¿Ah…?

Faltó poco para que saltara del susto. Pero gracias a que se calmó, evitó pasar un momento vergonzoso frente a ese joven.

—Luces como si hubieras visto a un muerto.

Sus pupilas poseían el envidiable dorado del oro y su piel era tan pálida que denotaba que no se exponía demasiado al sol o si lo hacía, era por períodos casi mundanos. Y el tono albino de su cabellera tampoco le ayudaba a pasar desapercibido.

—D-Disculpa, no vi que estabas…por aquí. Me has tomado por sorpresa –poco le faltó para sufrir un ligero mini infarto.

—No es usual ver caras nuevas por aquí –espetó, guardando sus manos en sus bolsillos. Incluso contempló una suave sonrisa burlona en sus labios-. ¿No eres oriunda de esta ciudad, verdad?

—Estoy viajando –era una clara mentira, pero no creía inteligente decirle todo así como así a un completo desconocido.

—…Respuesta inteligente –felicitó con ánimo-. ¿Acaso te has perdido del camino?

—No.

—Mi nombre es Liam, por cierto –se presentó, extendiendo su mano hacia ella.

—Shade, un gusto –le costaba creer lo gélido que estaba. Aunque seguramente se debía a que andaba únicamente con esa camisa negra sin mangas y un pesquero tono caqui-. Imagino que andas curioseando.

—Me gusta cambiar de aires de vez en cuando –estipuló.

—Lamento tener que dejarte, pero tengo cosas importantes que hacer –el chico se hizo a un lado, permitiéndole continuar con su camino-. Espero no se haya desesperado por estar esperando tanto tiempo.

O su memoria a corto plazo de verdad estaba más que defectuosa o se había confundido de camino en cuanto regresaba hacia el claro. Es que lo único que estaba frente a ella era un gran espacio bañado por los rayos del sol, ausente de cualquier flor, corrompido únicamente por hierbajos y ese pequeño grupo de Poochyena.

—Volvimos sobre nuestros pasos. Incluso la marca que dejamos está aquí –acarició ese pequeño rasguño que Aron dejó en la endurecida corteza de un venerable arce-. ¿Entonces qué ha pasado aquí…?¿Hemos…alucinado…? –sin importar cuánto intentara cuestionárselo, lo que había visto en ese pareja hace más de una hora atrás había sido real; al menos así fue como lo experimentó.

¿Qué es lo que podría estar mal con esa apetitosa y casi gourmet comida que descansaba a tan escasa distancia de aquel comensal como para que pasara totalmente desapercibida?¿Por qué toda su atención estaba puesta en la magnífica vista que tenía a menos de medio metro de donde permanecía de pie?¿Había algún significado especial tras la manía que su mano derecha con jugar con aquel dorado encendedor?

—¿Sucede algo Sr. Zhero? –interrogó el segundo hombre presente en tan majestuoso y cuidado despacho.

—Desde las Ruinas Alfa pasando por las Ruinas Sete hasta culminar en las Ruinas Sosiego. Toda la búsqueda ha sido infructuosa, James.

—Ha sido inspeccionado hasta el último recoveco de esas ruinas, mi señor. No hemos hallado pista alguna de dónde se podrían ubicar el resto de las cuatro llaves. Asimismo…-se abstuvo de continuar, clavando su castaña mirada en la revuelta cabellera carmesí de ese alto hombre trajeado-…se duda totalmente de que haya quedado sobreviviente alguno, incluyéndolos a ellos…

—¿Tienes pruebas absolutas de tal declaración? –siseó con hosquedad, clavando sus ambarinas pupilas en él. Era como una bestia salvaje y hambrienta, dispuesta a engullirlo en el momento en que dudara de su propia resolución.

—Nuestros hombres sometieron a todos sin dificultad alguna. Y las únicas molestias terminaron sucumbiendo a nuestro número y fuerza, mi señor –había sentido que su vida había peligrado momentáneamente e internamente se alegró de que el pelirrojo retornara su atención en la ciudad que se ubicaba varios pisos abajo.

—Con una no es suficiente –sus pasivas manos pasaron a ser macizos puños en un simple parpadeo-. Debemos hallarlos, debemos buscarles hasta por debajo de las piedras. Porque los sabios no permitirían que murieran tan fácilmente, no cuando guardan la clave para una de las utopías más grandes con las que la humanidad ha soñado.