¡Hola a todos! Sí, sé que demoro bastante en actualizar, pero lo que interesa es que aparezco tarde o temprano jeje. Quizás lo cosa siga yendo algo lenta y aburrida, pero prometo que los misterios e intriga no demorarán en aparecer para darle sabor a su vida. Gracias a quienes le han dado una oportunidad a esta historia y continúan leyéndome. Nos estaremos leyendo pronto. ¡Lindo fin de semana, bye bye!
Capítulo III
Conocimiento
Se había encargado de dar un par de vueltas más a la zona. Debía asegurarse totalmente de que no se había equivocado al volver y dejar a alguien esperando por su ayuda. Y aunque su acción había traído como consecuencias el profundizar aún más en ese bosque, al menos tenía la certeza de que todo había sido, posiblemente, producto de su imaginación.
—…La tarde ha caído y no hemos llegado aún. Lo peor es que no sé en dónde estamos exactamente –justamente lo que Steven le había prohibido que hiciera-. Posiblemente si rodeamos la cordillera inevitablemente llegaremos al otro lado de la ciudad… Aunque eso podría tomarnos demasiado tiempo.
Pero no tenía más remedio que hacerlo, incluso si ya no tuviera las fuerzas suficientes para continuar. Había una tarea que le habían confiado y no debía claudicar; no después de la fe depositada en su convicción.
Aron iba por delante, atento a cualquier movimiento sospechoso de los arbustos adyacentes. Shade por su parte se limitaba a agudizar la mirada para no tropezarse y no alejarse demasiado de las faldas de la montaña.
—Presiento que tendré que tragarme un sermón de vuelta a casa –la frescura de la noche era algo agradable cuando se ha estado sufriendo de bochorno todo el bendito día-. Pero tenemos una buena iluminación –la pálida y redonda luna, acompañada de su brillante batallón de estrellas, aportaban un místico escenario que no podía ser ignorado-. Fue una fortuna que encontráramos esas bayas, ¿verdad Aron?
Su siguiente paso se tambaleó abruptamente entre una lucha entre no caerse y no pisar a lo que estaba sobre el piso. ¿Qué hacía esa pequeña criatura durmiendo a pierna suelta en medio de lo que podría considerarse como un sendero?
—Por poco y lo piso…-rodeó al pequeño Zorua para no meterse en problemas innecesarios, sin embargo, éste no tenía esa misma idea pasiva-. No, no jales de mi mochila –ella halaba y ese pequeño hacía lo mismo.
Lo siguiente que escuchó fue aquel largo y sonoro silbido. Uno que sosegó al siniestro pokémon y le hizo desistir de su futura travesura.
—Discúlpalo, es travieso y ama meterse en problemas con los extraños –si la luz natural del ambiente no le permitía distinguir adecuadamente el rostro de aquel hombre, la farola que llevaba consigo le ahorraría el esfuerzo de entrever en la oscuridad.
—¡…Es usted, West Phoenix….! –sus ojos se abrieron como platos soperos mientras el pequeño Aron literalmente estaba dando saltitos de alegría.
—De modo que tú eres la persona que se encargaría de traerme esa vital pieza –acarició su amplia barbilla partida, como conmemorando un viejo recordatorio-. Debes ser Shade, ¿no es así? –ella asintió ávidamente-. Steven me habló ayer por la noche diciéndome que mandaría a alguien para mi pedido.
—Y aquí está, sano y salvo –estipuló, tomando la mochila entre ambas manos-. L-Lamento la demora, pero tuvimos algunos inconvenientes en el camino.
—Lo importante es que ambos están bien. Este bosque es un poco peligroso…-mencionaba el canoso hombre de bonachón bigote-. De momento será mejor que me acompañes. Estoy seguro de que ambos deben estar cansados y hambrientos –a ambos se les iluminaron los ojos ante la promesa de comida.
Una media hora más de caminata en manos de un excelente guía que se conocía la zona como la palma de su mano, fue más que suficiente para arribar a aquella localidad poco visitada de la Ciudad Algaria.
Tuvo que dejar su curiosidad de inspeccionar para otro momento. Por ahora seguía los pasos de ese hombre.
—¿Y cuál era el motivo por el que andaba a estas horas en el bosque, Sr. West? –rogaba que el motivo no fuera una llamada del ex campeón preguntando por si ya había llegado el paquete.
—Estaba buscando algunos fósiles pokémon, Shade –expresó sueltamente, con una gran sonrisa. Se veía que era bastante alegre el hombre-. Los requiero para probar el funcionamiento de la máquina que se ha estado construyendo en Devon S.A. desde hace varios años atrás.
—¿Entonces no ha tenido éxito consiguiendo fósiles?
—Tengo algunos, pero quisiera conseguir otros provenientes del resto de las regiones. Es por eso que iba en busca de más, para poder intercambiar y esas cosas.
—Comprendo –aceleró el paso para estar a la par de aquel hombre-. Quisiera ver esa máquina, si es posible –expresó.
—Ohh, ¿una jovencita interesada en la paleontología?
—En realidad quiero familiarizarme lo más rápidamente posible con todo mi entorno… Perdí la memoria, así que tengo enormes lagunas mentales. Y es una condición desesperante.
—¿Algún traumatismo severo? Quizás algún fuerte shock emocional que te hizo bloquear todos tus recuerdos –conjeturaba con creciente interés.
—Un fuerte golpe en la cabeza –suspiró.
—Lo mejor que puedes hacer es experimentar numerosas vivencias, Shade. Se dice que los recuerdos bloqueados pueden ser accesibles cuando confrontas ciertas similitudes que pudieron acaecer anteriormente en tu vida.
—Hasta el momento nada.
—No te preocupes. Además, estás en buenas manos. Steven no te dejaría desamparada.
—¿Siempre es así de altruista? –curioseó.
—Puedo decir con plena seguridad de que sacó ese lado de su hermosa y amable madre. Ella era una persona excepcional, muy querida por todos –relató con enorme añoranza.
—¿Así que su mamá…? Me gustaría conocerla –confesó sinceramente. Aunque su pequeña sonrisa se esfumó al notar el semblante sombrío del risueño hombre; sintió que había dicho algo inapropiado que le obligaba a disculparse de inmediato.
—Lamentablemente su madre ya no está más con nosotros -su mirada se había apagado instantáneamente ante tal hecho-. Desapareció cuando Steven aún era un niño y nadie la ha visto desde ese entonces.
—Yo...siento haber hecho un comentario como ese.
—No podías saberlo, así que no te preocupes -le obsequió una pequeña sonrisa; una manera muy particular de que las cosas estaban bien-. Únicamente no menciones este tema frente a él. Aunque cuando dice que no le importa hablar al respecto, es claro que le afecta.
—Mi boca será una tumba -juró solemnemente.
—Ya hemos llegado -se detuvieron frente a ese enorme edificio. Muy posiblemente la construcción más alta de toda la ciudad.
—¡Qué enorme! -debía levantar su mirada tanto como le fuera posible para contemplar hasta dónde llegaba tan ostentosa construcción.
—Primero cenaremos algo y ya después vendrá el recorrido del lugar.
Tras entrar se percató de lo impecable que era todo y de lo fuera de lugar que estaba. Ya que no sólo iba toda sucia, sino también sus vestimentas harían rugir a la alarma del mal vestir. Y que ese grupo de impecables señoritas se rieran a su espalda apoyaba la noción de que debía conseguirse pronto un buen guardarropa.
Dejando a un lado aquel episodio, se dirigieron al elevador. Era una experiencia nueva para los dos visitantes; y contra todo pronóstico lo disfrutaron y desearon repetir.
La primera planta era el comedor comunal. Incluso había algunos hombres de bata, charlando amenamente.
—Iré a traerles algo, así que tomen asiento -el canoso hombre se retiró, dejándoles la elección de buscar donde cenar a ellos.
—Este sitio me gusta -Shade eligió una mesa al fondo, pegada a la única panorámica que allí había-. Me pregunto qué hora será...
—¿Ha escuchado lo que pasó en Johto? -la charla parecía tornarse interesante a un par de mesas de distancia.
—Ah, hablas del atentado de las Ruinas Alfa, ¿no es así?
—No solamente destruyeron parte de esas importantes ruinas, sino que atraparon a todos los Unowns que allí habían sin miramiento alguno -comentaba un tercero.
—La policía no tiene sospechosos, así que se ha quedado en un robo a gran escala -concluía el cuarto joven que compartía la mesa con esos tres parlanchines compañeros de trabajo-. Quizás es el temido regreso del Equipo Rocket.
—Parece ser que todavía se sigue hablando al respecto -esas simples palabras sacaron a Shade de su trance. Había estado escuchado atentamente la conversación de esos hombres.
—Los Unowns son criaturas capaces de interpretar los pensamientos y sentimientos humanos, así como los de los pokémon... Cumplen los deseos y sueños de las personas...
—Exactamente... O al menos eso es lo que el hombre ha creído hasta ahora. Pero son meras especulaciones porque nadie ha dado fe de que algo como eso haya pasado -ya había colocado la charola con apetitosos platillos. Hasta tomó asiento frente a ella-. También se les adjudica que puedan distorsionar la realidad.
—Yo creo que es verdad lo que se dice sobre ellos... Si hay pokémon como Jirachi que despierta cada mil años y es capaz de conceder un deseo, algo como lo que hacen los Unowns no es tan descabellado.
—Ya lo veo... Tu pérdida de memoria parece ser sorpresivamente muy selectiva.
—¿Qué quiere decir?
—Que estoy intrigado por tu falta de recuerdos... Se supondría que no conmemoraras datos como éstos a menos que fuera conocimiento recientemente adquirido. ¿Entiendes mi punto, Shade?
—De alguna manera -no demoró en probar aquel curry; picoso pero delicioso.
La cena concluyó entre las anécdotas de aquel prominente investigador y la lluvia de preguntas que esa joven le ofertaba cada dos párrafos.
—En la tercera planta tenemos el área donde los fósiles son resguardados y cuidados para que podamos emplearlos en la prueba piloto de la siguiente semana -informaba West mientras transitaban por el citado departamento.
—Aquí no parece haber descanso. Ahora veo por qué Steven es algo compulsivo con sus labores.
—Al ser el próximo líder de empresas Devon, es usual que esté lleno de trabajo. Aunque aun así se las ingenia para hacer lo que más ama.
—Su pasión por las piedras -para ella todos esos trozos de roca eran iguales. Solamente las piedras elementales eran distinguibles.
—Jajajaja. Parece que ya has captado su esencia primaria -bromeó.
—Es un hombre con gustos excéntricos, sin duda.
Después de haber terminado de hacer turismo por todo el lugar, llegó el momento de tomar un bien merecido baño y dejarse seducir por Morfeo. Había sido un día de locos, así que era el momento de recargar baterías.
Y para el desazón de Shade y Aron, el nuevo día llegó en cuestión de nada. Aunque desearan seguir descansando, debían emprender la retirada.
—Tenemos que cruzar el bosque otra vez, Aron -susurró para su amigo, uno que se metió entre las cobijas una vez más-. Me pregunto qué estará haciendo... Bueno, seguramente algo relacionado con piedras.
No había nada mejor que acompañar una tranquila mañana con una taza de café y más si se está hojeando el periódico matutino. Sin embargo, alguien no deseaba que prosiguiera con su lectura.
Alguien tocaba insistentemente a su puerta, por lo que no tuvo mayor elección que abrir.
Lo único que encontró tras abrir fue aquella caja de madera con el etiquetado de frágil por todos lados.
—¿Y esto...? -su curiosidad era imperante y le orilló peligrosamente a tomar el perfecto cubo de madera-. Bastante ligero, pero queda claro que hay algo dentro -bastó agitar tenuemente su interior para admirar la tarjetilla que se desprendió de abajo de la caja-. "Cuatro puntos cardinales, perpetuos pero cambiantes por el paso del tiempo" -leyó pausadamente, analizando cada palabra-...Otra vez el mismo remitente...-lo que empezó siendo una posible broma estaba tornando aires totalmente diferentes.
Entró de inmediato. Colocó el paquete sobre el escritorio de su modesto despacho y dio inicio a la inspección de su contenido.
Allí estaban de nuevo aquellos trozos de piedra. No obstante, poseían diferente coloración y textura.
—¿De qué lugar se supone que son esta vez? -pensó-. La primera vez fue de Sinnoh, de las Ruinas Sosiego, donde terminamos conociendo a Shade...
No lo admitiría de buenas a primeras, pero tenía una ligera hipótesis que relacionaba a ese remitente misterioso con esa joven.
¿Era posible que el propósito de ese tal Liam fuera que la conociera? Era un razonamiento lógico, pero poseía un gran fallo: no había una certeza total de que acudiera a tal lugar ese mismo día y a esa hora especifica.
Todo estaba demasiado fríamente calculado para ser cierto.
—¿Quién eres y qué es lo que pretendes con esto? ¿Darme un mensaje acaso? -simplemente no iba dejarse amedrentar tan fácilmente. Habría de llegar al meollo del asunto.
Su tiempo en aquel centro de investigación había llegado a su fin. Así que se despidió del amable West y emprendió la retirada; ahora con provisiones adecuadas para la travesía.
—Ha sido una pasada el recorrer ese sitio. La tecnología es sorprendente, ¿no te parece Aron? -preguntó al desaparecido pokémon. ¿Dónde se supone que estaba si hace poco estaba a su lado?
—¿No crees que eres demasiado confiada con los desconocidos? -cuándo apareció ese chico en su camino?
—¿Eres Liam, cierto? Ayer casi me matas y hoy también -ni siquiera había abandonado aquella zona poblada y ya se topaba con desconocidos.
—Una querida amiga mía vive en este lugar y quise venir a visitarla aprovechando que ando por aquí -sus doradas pupilas permanecían fijas en ese Aron al que le daba de comer sobre la palma de su mano.
—Parece que le agradas -no le importó agacharse frente al peli blanco-. ¿De dónde eres?
—Johto -su respuesta no podía ser más escueta-. Provengo de la ciudad donde grandes entrenadores dragón han emergido.
—Los pokémon dragón son difíciles de controlar, por su carácter dominante.
—¿Lo crees? Yo los veo más como criaturas que buscan a alguien que sea digno de su poder -se levantó, guardando sus manos en sus bolsillos-. Ten un buen viaje, Shade.
—Lo mismo -retomó su andar, dejando atrás en poco tiempo al extraño chico-. Y creía que Steven era bastante particular, pero ese chico no se queda atrás. Aunque, ¿habrá acampado en el bosque?
Para cuando logró llegar a casa después de su cansado viaje, no tuvo tiempo ni siquiera para soltar palabra alguna antes de hacerse a un lado para dejarle pasar. ¿Por qué tenía tanta prisa y a dónde se supone que iba?
En el aire sólo había un "volveré pronto y no te metas en problemas".
—Ha salido volando prácticamente -susurró Shade, mirando hacia la salida de la casa. Estaba sola junto con Aron-. Me pregunto si demorará mucho en regresar...
Suspiró resignada y llevó sus cosas hacia su habitación. Sabía que había algo que tenía que hacer o no podría acercarse a la cocina.
Y tras terminar se dirigió a enfrentar al guardián de los nauseabundos restos de comida.
—Bueno, al menos lo intentó -se apreciaba agua jabonosa, una esponja y una bolsa negra al lado del refrigerador-. Debo hacerlo sí o sí.
Si no terminó vomitando fue por mera férrea voluntad, ya que el olor se había intensificado desde que se fue.
—Al fin...acabó la pesadilla...-aunque juraba que ahora era ella la que apestaba-. Todavía tengo bocadillos que me dio el Sr West, pero no van a durar para siempre...-fue entonces cuando sus ojos apreciaron aquel sobre arriba del refrigerador con una pequeña nota-. Claramente piensa en todo -rió por lo bajo ante la buena puntada del peli azul-. Tengo que sobrevivir hasta que regrese.
Estaba consciente de cuántos días había estado fuera de la ciudad, así como del hecho de que lo que había dejado era insuficiente para subsistir apropiadamente durante las dos semanas que estuvo ausente.
Y quizás se planteaba la mejor manera de explicar su ausentismo. Así como una posible disculpa.
Así que para cuando estuvo a la entrada de su casa, demoró un poco en tocar. Aunque lo extraño fue que al primer impacto de su puerta contra la puerta, ésta cedió sin dificultad alguna.
—¡¿Pero qué...?! -él sólo pensó en la peor posibilidad. No obstante, cuando ya estuvo adentro quedó bastante sorprendido.
El piso estaba rechinante de limpio y todo el lugar desprendía un olor agradable. Las vitrinas relucían, dándole una mejor vista a su colección personal de rocas. Incluso aquellos cuadros que estaban ladeados, lucían centrados.
Se había realizado una limpieza exhaustiva que se apreciaba sin dificultad alguna.
—Joven Stone -aquella mujer entrada en años le saludó cordialmente. Venía desde la cocina.
—Buenas tardes -respondió a su saludo cortésmente.
—Steven, al fin regresaste -allí estaba ese rostro conocido. Y curiosamente llevaba un delantal puesto-. Bienvenido.
—Vendré mañana para enseñarte algo más, Shade -se despidió la anciana alegremente.
—¿Qué ha pasado? -porque Steven no se enteraba de nada. Aunque simplemente le bastó dirigirse a la cocina para obtener su respuesta.
—Ya que íbamos a morirnos un día de estos de hambre, le pedí a ella que me enseñara a cocinar... Sólo sé hacer cosas básicas, pero creo que es suficiente para que podamos comer -mencionó altivamente.
—¿Curry? -aquella olla estaba repleta de aquel preparado marrón con verdura picada.
—Justamente. Y también hay arroz -señaló aquella arrocera que estaba en marcha-. Cuando limpié encontré muchas cosas, como esta vaporera.
—Gracias por encargarte de la casa -incluso mostrando atisbos de vergüenza se le veía cargado de serenidad-. Lamento haberme ido así de repente. Tuve una emergencia.
—Descuida. Ya me contaron sobre tu ajetreada vida -expresó con una sonrisilla burlona-. Imagino que tienes hambre, así que sentémonos a comer.
—No puedo rechazar tan cortés oferta -le siguió el juego.
Las salidas ocasionales de aquel ex campeón ya no le extrañaban en lo más mínimo. De hecho podría decirse que se acostumbró rápidamente a ese particular estilo de vida sin demasiado problema; al fin y al cabo, cuando él no estaba podía tener más libertad de explorar la ciudad o de incluso adentrarse un poco en aquel bosque junto con Aron.
Así que con una puerta cerrándose tras la usual despedida, tuvo la casa nuevamente para ella sola y Aron.
—¿Qué podríamos hacer? Regresará hasta pasado mañana, así que…
Su compañero fiel solucionó su dilema trayendo en un santiamén aquella cubeta entre su hocico, y claro, no podía faltar una pequeña pala. Alguien había adquirido las manías de su entrenador a pulso.
—No hemos ido a la zona de los manglares… Quizás hallemos algo interesante por allí –sonrió campante.
¿Hacía cuánto tiempo que no pisaba aquel fastuoso y afamado lugar? Posiblemente desde que entregó su título de campeón a Plubio; la persona que desde su punto de vista, era la más apropiada para portar semejante honor y responsabilidad. Y aunque quisiera maravillarse con la vista que se apreciaba de camino a la Liga Pokémon, le estaban esperando por lo que debía de apresurar el paso.
Tras un apretón de manos, ambos accedieron al recinto.
—¿Cuál ha sido la razón por la que me has llamado Wallace? –interrogó Steven con premura.
—Necesitamos de tus conocimientos, querido amigo mío –estipuló con una seriedad pocas veces vista.
—¿Qué es lo que sucede?
—¿Has escuchado el rumor sobre el saqueo y vandalismo hacia las Ruinas Alfa, no es así? –Steven asintió-. Todos saben que lo único que hay allí son Unowns y que éstos claramente no se dejan ver por las personas así como así, por lo que… ¿qué es lo que buscan allí?
—Dudo que sean simples saqueadores –musitó, agudizando su mirada. Trataba de hallar una respuesta.
—Se han encontrado zonas en las que han removido ciertas cantidades de roca, como si hicieran un sondeo de acuerdo a un dado fraccionamiento de la zona. Así que deben estar buscando algo relacionado con la composición de las ruinas. Y bueno, es allí donde tú entras, amigo mío.
—…Si encontramos algo inusual en los componentes de dichas ruinas podríamos conjeturar sobre el objetivo que persigue el que esté detrás de estos ruines actos…
—Con lo apasionado y obsesivo que puedes llegar a ser para estas cosas, eres el candidato perfecto –si eso era una especie de halago, el peli azul no lo tomó de buena gana-. ¿Qué? No soy yo el que tiene a una bonita joven viviendo bajo mi techo y dejándole todas las tareas de la casa como si fueran marido y mujer –pronunció con lentitud, arrastrando palabra por palabra y si eso no era suficiente, también le codeó con vileza-. De esto se trata nuestra juventud, Steven… ¡De ese oleaje indómito de apasionadas y profundas emociones que golpean desbordantes contra nuestro corazón! –poetizó con tono vehemente y la mirada cargada de júbilo, luciendo magistral mientras llevaba a cabo aquella pose que tanto le caracterizaba.
—Me voy a Johto…en este momento –alguien ya se dirigía hacia la salida. Lástima que el otro le detuviera e incluso le echara el brazo encima.
—No te olvides de esto –sobre la mano del ex campeón se encontraban esos dos tickets de ferry.
—¿Por qué dos?
—No pensarás dejar a esa pobre chica con amnesia sola por tanto tiempo, ¿verdad? –que Steven desviara su mirada hacia otro lado, lo decía todo-. Te aclaro que tú fuiste el que quiso ayudarla –se apartó de su lado, cruzándose de brazos-. Además, conocer otros aires podría ser benéfico para su memoria.
—Podrías tener razón –guardó los boletos sin más-. Te hablaré si encuentro algo sustancial –comunicó. Aunque no entendía el porqué de esa amplia sonrisa; era como si tramara algo.
—Tómate tu tiempo, Steven.
Su calzado había quedado atrás mientras le hacía compañía al resto de su ropa.
El día era precioso, con un clima agradable y no quería pasearse por aquella espectacular zona de manglares cuidando de no mojarse mientras se apartaba de la diversión. Así que no era mala idea usar ese sencillo traje de baño negro.
—¿Estarás bien allí, Aron? –el pequeño estaba moviéndose con cierta agilidad sobre las gruesas y salidas raíces de esos árboles para abarcar terreno-. Eres todo un aventurero –le siguió sin más.
Tuvieron la precaución de alejarse de los pokémon salvajes que allí vivían, ya que no estaban en condiciones para pelear; así como tampoco contaban con la ventaja elemental de su lado.
—¿Qué es lo que quieres alcanzar?
Se aproximó hasta donde Aron se encontraba. Estaba muy dispuesto a romper con sus patas la raíz que entorpecía su visión y que al mismo tiempo llevaba hasta el objeto que captó su atención.
—No lo hagas, o caerás y estaremos en problemas… Eres muy pesado y es imposible que pueda cargarte –acarició la cabeza del animalito para tranquilizarle-. Es más fácil que me sumerja y la tome por ti.
La zambullida fue mucho más tardada de lo que se imaginó, sin embargo, el objeto hallado valió el esfuerzo y tiempo invertidos. Al menos así lo creyeron sus actuales propietarios.
En su mano se encontraba aquella piedra semipreciosa, altiva, brillante, embebida de un verde suave que podría cautivar a cualquiera sin demasiado esfuerzo. Una joya que indudablemente se vería hermosa en cualquier artilugio que la poseyera.
—Me pregunto qué será… Es muy bonita…-la verdadera magia parecía haberse materializado en ese mineral en cuanto la alzó hacia lo alto, permitiendo que los rayos solares incidieran sobre ella, como una lluvia matinal-….Increíble…-se quedó totalmente enganchada ante lo que sus ojos admiraban atónitos y maravillados. Ella juraba que en ese pequeño fragmento se podía apreciar el celeste mar en constante movimiento; era como sumergir toda su humanidad en las peligrosas entrañas de ese inmenso cuerpo de agua.
No sabía por cuánto tiempo había estado sentada frente a aquella pila de heno, de lo único que tenía cuenta es que los tibios rayos del sol se filtraban maravillosamente desde la ventana, dándole tanto claridad a esa parte del establo, como la calidez necesaria para que esos seis pequeños huevos terminaran de empollarse.
Y aunque deseaba extender sus manos y tomar entre sus brazos alguno de esos huevecillos, se abstuvo, tanto porque sabía que estaba prohibido como por la llegada de aquel anciano. Uno que acarició su pequeña cabeza como recompensa por su entereza y dedicación.
—Abuelo, ¿aún les falta mucho para que nazcan?
—No comas ansias mi pequeña. Pronto nacerán y contemplarán nuestro hermoso mundo –mencionó sonriente. Incluso se tumbó al lado de su adorable nieta.
—¿Por qué seis, abuelo?¿Algún motivo en especial por ese número?
—Por las virtudes que nuestro pueblo posee… ¿O es que ya no las recuerdas?
—¡C-Claro que sí…! En la escuela nos la enseñaron… Amar, Respetar, Ayudar, Participar, Dar, Unir…-numeraba con cada uno de sus pequeños dedos.
—Exactamente… Cada una de esas virtudes son necesarias para que nuestra ciudad pueda mantener su unidad y seguir respirando paz y armonía… Es por eso que cuando nuestros compañeros nacen, cargan consigo el símbolo de cada una de estas virtudes… Para que estén siempre a nuestro lado y jamás las olvidemos… Debemos hacer el bien y evitar en la medida posible el uso de la violencia.
—¿Pero si la persona es muy mala?¿Y si ha hecho cosas realmente crueles? –llevó su mirada hacia el envejecido hombre. Exigía una respuesta satisfactoria.
—Debe ser castigado, claramente. Pero nunca con la muerte… Eso solamente nos haría a nosotros un peor monstruo que ellos –aclaró su garganta, enfocando su atención en su nieta-. Pero no debes preocuparte por nada. Gente como esa jamás llegará a esta ciudad.
—Es cierto. Ellos están para protegernos, ¿no es verdad? –sus labios dibujaron rápidamente una amplia sonrisa, bañada en esperanza y enorme ilusión.
—…Claro que sí, después de todo, son los Cuatro Guardianes Celestiales y no poseen rival alguno…
¿Qué había sido todo eso?¿Cómo fue que su mente se trasladó a aquel momento que no le resultaba en lo más mínimo familiar?¿Por qué tenía ese hormigueo carcomiéndole el corazón al tiempo que sentía esa pesadez en su garganta?¿Cuál era el motivo que provocaba el frágil desliz de esas tibias pero escandalosas lágrimas si consideraba que esa memoria era entrañable y amena?
Sacudió su cabeza para salir del estupor y secó sus mejillas con velocidad abismal. No quería estar en ese estado por demasiado tiempo.
—Bien, supongo que es un avance… ¿Pero tiene que ser tan lento el proceso? –se recargó sobre las soberanas raíces que habían evitado que cayera contra el suelo en cuanto su mente accedió a su inconsciente-…En verdad quiero recordarlo todo sobre mi pasado… Quiero saber quién soy en realidad…
