¡Muchas gracias por los reviews, los favoritos y alertas! Les traigo la continuación del fic, espero que les guste. Este capítulo me lo curré mucho, la verdad es que lo escribí varias veces porque no me gustaba como se iban dando las cosas. Ahora me pareció digno de entregárselos, así que acá va. ¡Disfrútenlo!
Rukia Kuchiki
Capítulo 2:
La noche lo encontró en la misma habitación donde recibiera aquella noticia. Había tomado asiento en el suelo, apoyando la espalda en una de las paredes junto a la puerta, las rodillas flectadas y los brazos sobre ellas. No pensaba en nada realmente, o pensaba en todo a la vez. Pero nunca tuvo la intención de retirarse del lugar, quizás era su terquedad o más bien un desgano que lo embargaba, una letanía que lo mantenía en la misma posición que adquirió unos minutos después que Rukia se marchara de la casa en compañía de su hermano…
-De su esposo –se corrigió en voz alta sólo perceptible para él, palabras que parecían retumbar como eco en la vacía estancia.
No podía borrar el rostro de infinita desdicha que la morena mostró ante él, aquella imagen se repetía frente a sus ojos secundada por la oscuridad. Podía salvarle la vida mil veces mostrando la mayor de las valentías, sin miedo, con seguridad… Pero su rostro, esa mirada alicaída, esa mueca en sus labios. ¡Ese rostro sólo podía llenarlo de terrores y angustia! Y no podía hacer nada esta vez. Aunque se le pasó por la mente raptarla y llevársela lejos, y ante esa idea logró esbozar una sonrisa.
El chirriar de una puerta lo sacó de sus pensamientos, pudo escuchar unos pasos salir aceleradamente de la casa y los sintió perderse a lo largo del jardín. Pronto el ruido seco del portón principal y a lo lejos otros pasos. No se inquietó, simplemente se mantuvo allí en silencio y acompañado de sus propios pensamientos.
El joven sirviente de la casa corrió al encuentro de los recién llegados. Él se veía tan serio y seco como siempre, caminaba varios pasos adelantado a la pequeña mujer, quien se mantenía en silencio con la cabeza gacha. El muchacho saludó a la pareja, ella le dedicó una triste sonrisa.
-Su amigo la espera en la sala –le dijo el chico a Rukia al oído, ella se sorprendió y el jovencito lo leyó en ella –No se ha movido de ahí.
-Debí imaginarlo…
Byakuya se volteó a ver a la morena. Había escuchado claramente y, honestamente, no esperaba una reacción diferente del pelinaranja. Internamente lamentaba mucho que Rukia tuviera que pasar por todo esto, e incluso llegó a sentirlo por Kurosaki. Pero era el precio que todos debían pagar, pertenecer al círculo de las cuatro familias era un privilegio que traía adjuntos deberes ineludibles.
-Yo… -alzó la voz la muchacha al verse descubierta por Byakuya.
-Me encargaré de eso –habló el moreno.
-No, por favor, déjame hablar con él –pidió acortando las distancias entre ambos. Lo miró a los ojos suplicante, pero sus ojos no se encontraron con los propios –Nii… Byakuya, por favor.
-Nanami –alzó la voz el hombre y el joven sirviente bajó la vista –Lleva a Rukia a su habitación.
-Kuchiki-sama –la llamó el muchacho y la morena lo siguió sin quitarle la mirada a Byakuya de encima.
Byakuya caminó a paso calmo hasta el interior de la casa, para cuando notó que Rukia había sido llevada lejos y se perdía en la inmensidad de construcción junto con Nanami, decidió hacer su entrada triunfal a la sala. Dio par de pasos al interior, todo estaba a oscuras. Encendió la lámpara de gas junto a la puerta y recorrió la habitación con la vista, cada rincón, cada espacio. Pronto sus ojos captaron la figura alicaída de Kurosaki sentado junto a la puerta.
-De pie –ordenó el moreno.
Ichigo alzó la vista y lo ignoró por completo.
-De pie, he dicho, mocoso insolente –dijo sin cambiar su tono impositivo. Ichigo mantuvo el contacto visual, pero no hizo amague de moverse de su sitio. –Que no se te olvide que estás en mi casa.
-No lo olvido –respondió poniéndose de pie, no obedeciendo, sino para verlo cara a cara. -¡Rukia! –gritó a todo pulmón hacia la puerta.
-No vendrá –dictaminó Byakuya con su rictus inamovible.
-Eso no lo decides tú –gruñó Ichigo volviéndose a mirarlo. –La voy a sacar de esta casa, por las buenas o por las malas. –le advirtió a un calmado Byakuya, que parecía estarse divirtiendo. -¡Rukia!
-Es inútil –continuó Kuchiki acortando las distancias con el muchacho –No lograrás sacarla de aquí, porque ella no quiere ser rescatada esta vez, Kurosaki.
Ichigo frunció el ceño.
-No te creo ni una sola palabra –gruñó amenazante -¡Rukia!
El sonido de unos pasos se acercó por el corredor. Ichigo sonrió triunfante ante el estático rostro del moreno. La figura de Rukia se dibujó bajo el dintel de la puerta, otra vez la misma mirada entristecida y esa mueca de desagrado en los labios.
-Rukia…
-Ichigo… yo… -dijo la muchacha alternando las miradas entre Byakuya e Ichigo. –Yo… lo siento…
El pelinaranja volvió a sentir aquella sensación de quemazón en la boca del estómago. El cuerpo se le tensaba y tenía la necesidad imperiosa de golpear algo o alguien, de preferencia cierto moreno frente a él.
-Kurosaki –Byakuya alzó la voz –No voy a permitir que hagas escándalos en mi casa y en presencia de mi mujer. Retírate.
Ichigo apretó los puños, hubiera deseado no dejar a Zangetsu en la habitación que amablemente le habían facilitado para permanecer en el Seireitei. Miraba a Rukia, quien prefería no encararlo y permanecía estática junto a la puerta, pero aún tenía una esperanza, ella había acudido a su llamado. No estaba todo perdido… Iba a sacarla de esa situación al precio que fuera.
Se volteó hacia la puerta.
-Volveré –dijo antes de salir de la sala, pasando junto a Rukia, pero prestar atención a su presencia –No voy a permitir esta aberración.
Byakuya le dedicó una mirada indiferente. Ichigo salió definitivamente de la sala y de la casa. Rukia se quedó viendo por donde antes se había perdido su amigo, soltó un suspiro.
-Creí haber dicho que te quedaras en tu habitación –dijo el moreno al tiempo que salía de la sala.
-Lo siento… -bajó la cabeza avergonzada por su desobediencia –Byakuya… Gracias.
-¿Por? –le hizo una seña para que saliera de la sala y ambos comenzaron a caminar por el pasillo.
-Por no lastimar a Ichigo… Es algo voluntarioso, él no comprende… Gracias por mantener la calma. –su tono de voz estaba cargado de tristeza.
Byakuya la observó en silencio. Desde el anuncio del compromiso de ambos que Rukia había pasado de ser una chiquilla a una mujer, una bastante seria. Fue un cambio abrupto, como si de pronto le hubieran robado las esperanzas y los sueños… ¿Sueños? ¿En una familia noble? Quizás ella sí quería ser rescatada después de todo.
-Sabes que nunca podrá ser, ¿verdad?
-¿Qué cosa? –preguntó la morena intrigada ante las palabras de Byakuya.
Él se detuvo en medio del pasillo y miró a los ojos de la pequeña muchacha.
-Kurosaki… -dijo arrastrando la voz –Él es humano… -ella se sonrojó y desvió la vista –Con ello sólo traerías la muerte y la desgracia, tanto para ti como para él. Para él… esto es lo mejor que podría haber sucedido.
-Lo sé –murmuró Rukia con su vista al suelo –Espero que Ichigo así lo entienda… -alzó la mirada para ver directo a los ojos del que antes fuera su hermano –Y espero poder aceptarlo algún día.
-Eres muy joven aún, Rukia –comentó el hombre saliendo de aquella caraza de frialdad que lo caracterizaba –Con los años comprenderás que el amor adolescente no es más que un impulso, un sentimiento nada profundo que lleva a cometer muchos errores… -calló de pronto –Vete a tu habitación, es tarde, deberías descansar.
Ella asintió y se desvió por un pasillo, Byakuya la siguió con la mirada. Rukia aún pensaba en las palabras del moreno. ¿Qué quiso decir con toda esa charla? Se llevó las manos al rostro, estaba hirviendo. ¿Por qué se indispuso tanto cuando Byakuya le nombró que Ichigo no podía ser en su vida? ¿Y luego eso del 'amor adolescente'? Abrió la puerta de su habitación y cerró por dentro, apoyó su espalda contra la madera y rodeó su cuerpo con sus brazos.
-Ichigo…
* * * * *
¡Maldita tranquilidad de ese lugar! Nada podía distraerlo de sus pensamientos y, si bien no estaba en su naturaleza ser calculador, intuía que era lo mejor de momento… Debía ser paciente. Actuaría sin impulsos y planearía cada paso y acción a tomar desde ahora en adelante.
Se preguntaba, ahora sentado en su cama y mirando por la ventana, si es que acaso… No, no podía pensar en eso, ni imaginarlo. Pero si ambos estaban casados… de otro modo… ¡Qué asco! Negó con la cabeza desordenando sus cabellos, eso no podía haber sucedido, no podía imaginárselo, ni tampoco deseaba hacerlo. Pero la sola idea de figurarse a Rukia en brazos de Byakuya le hacía hervir la sangre. La sacaría de esa situación, lo juraba.
-Rukia…
* * * * *
Recordaba aquel instante cuando la noticia le fue entregada de una manera tan inesperada, el rechazo de, en aquel entonces, su hermano. La abandonó en ese instante, dejándola sola a merced de la familia… quizás no podía verla a la cara, aún no podía. Entendía que para Byakuya dejar atrás a Hisana debió ser tremendo, más aún desposar a quien él no amaba. Pero él tenía razón, era lo correcto. Sin embargo las cosas no habían cambiado en ningún sentido, jamás la había tocado ni había hecho el amague de acercarse a ella. Su relación era totalmente ficticia, un acuerdo tácito entre ambos.
-Vas a tener una boda hermosa –recordaba las palabras de una de las ancianas aquel día –Vas a ser la novia más bella de toda la Sociedad de Almas…
Pero Rukia en ese momento no tenía mente para pensar en trivialidades. No supo nunca porqué, pero cuando recuperó la conciencia sola en su habitación se largó a llorar. Dentro de su corazón gritaba el nombre de la única persona que podía sacarla de aquel embrollo, de la única persona que sabía podría hacerle frente a todos por rescatarla de lo que se había convertido en un infierno en vida… Irónico.
Y desde ese día, despertaba cada mañana esperando que al abrir los ojos se encontrara en la habitación de las hermanas de Ichigo, escuchando los escándalos de Isshin y al pesado de Kon. Incluso el mismo día de su boda, mirándose al espejo, toda ataviada… Se veía realmente hermosa, eso decían todos, pero aquel día apareció esa mueca en sus labios, esa mueca que ahora mismo podía detectar aún sin mirarse.
Fue una ceremonia hermosa, cualquier chica soñaría tener una por lo menos la mitad de maravillosa y elegante. Sin embargo, Rukia no puso atención en los bellos arreglos florales, ni en la enorme cantidad de invitados, sólo deseaba ver el rostro de una persona entre ellos y que, como en las películas que veía en casa de los Kurosaki, la sacara en plena ceremonia. Pero no siempre se puede esperar la llegada del héroe. Y ese día el héroe no apareció, eso se dijo cuando la ceremonia hubo terminado… ¡Qué terror tenía en ese momento! Agradeció cuando luego de dejarla en su habitación aquella noche, Byakuya se marchara a la propia como si siguieran siendo los mismos hermanos de siempre.
-Nii-sama… extraño llamarte así…
* * * * *
Byakuya contemplaba el retrato de Hisana en completo silencio, como solía hacerlo, dedicarle siempre unos minutos del día. Se sentía traicionando la memoria de su mujer, sí ella era su mujer, Rukia era su hermana y así permanecería. Había prometido a Hisana encontrarla y ayudarla, si para eso era necesario todo esto, lo haría. Pero el precio que estaban pagando era alto y estaba causando daños colaterales. Sin siquiera desearlo se vio pensando en el mocoso pelinaranja. Sus palabras cargadas de dolor, su actitud herida… ¿Hasta qué punto estaba dispuesto a llegar ese niñato? Sabía la respuesta.
Finalmente y después de bastante tiempo comenzaban a aflorar los verdaderos sentimientos en ese par de muchachos. Siempre lo supo, para él no era misterio que ambos amigos estaban enamorados, no era un cuestionamiento para nadie que los conociera. Pero no mintió cuando le comentó a Rukia que entre ambos jamás podría suceder algo… Eso llevaría a su familia a la deshonra y otra familia noble pasaría a ser sacada del círculo. No permitiría que ello pasara. Ahora tendría el control de esa situación por lo menos. Sin embargo, si él tuvo la capacidad y el valor de elegir, ¿por qué Rukia no? Y sabía que había sólo una persona capaz de darle ese valor a la pequeña morena.
-Kurosaki… -negó con la cabeza antes de levantarse para marchar a su habitación.
Pero Byakuya no contaba con los planes de Ichigo y su, aunque algo bruta, astucia.
* * * * *
-¡Fuego! ¡Fuego! –gritaban todos desesperados por el Seireitei.
A lo lejos del lugar, un pelinaranja sonreía malicioso cargando a Zangetsu.
-¿No temes que te descubran, Kurosaki? –preguntó Ganju a su lado.
-Nah –exclamó con un humor recobrado –De todas maneras, si descubren el origen del fuego creo que inmediatamente pensarán en los Shiba –rió malicioso.
Ganju le dedicó una mirada cargada de molestia.
-¿Y ahora qué? –preguntó el robusto joven.
-Me tendrás que aguantar un par de días en tu casa… -le informó como si nada –Tengo algunos que arreglar antes de poner en marcha mi plan.
-Esa muchacha se mete en demasiados problemas… -bufó Ganju.
Ichigo asintió. Ambos desaparecieron entre las callejuelas, mientras el fuego seguía consumiendo el hospedaje del Gotei 13.
