VIGESIMONOVENO INTENTO
—¿Diecisiete segundos? —preguntó María—. ¡Eso es magnífico, Yashiro-san!
—¿Verdad que sí, María-chan? —respondió él—. Nadie más que tú comparte mi alegría.
—¿Puedo verlo? —le pidió ella.
—Sí, claro… —responde él lleno de orgullo de sí mismo.
Y allí, delante de la niña, con grandes gestos teatrales en beneficio de su audiencia, Yashiro expone su mano desnuda y luego toma el teléfono. Ella abre los ojos, admirada del pequeño milagro del que es testigo.
…, once, doce, trece, catorce, quince…
—¿Pero puede hablar a la vez que lo sostiene en la mano? —pregunta ella.
—No, no puedo.
Frrzzz…
—Ah…
