¡Muy buenas tardes a todos! Una vez más vine para dejarles un poco más sobre esta historia. Espero sea de su agrado y continúen leyendo hasta el final, os prometo que no se arrepentirán :3
Tengan un bonito inicio de fin de semana, cuídense y nos estaremos leyendo =) Au revoir~
Capítulo IV
Malos entendidos
Su rostro no engañaba a nadie. Realmente se le veía emocionada tras abordar tan imponente y enorme ferry. Uno que les llevaría hasta tierras lejanas y totalmente desconocidas, al menos para ella. Y aunque era una travesía de varios días ninguno estaba realmente inmutado.
Al menos eso era en el aspecto del transporte. En cuanto llegó el momento de apreciar los camerinos designados, reaccionaron colosalmente. Y es que alguien no había apreciado ese pequeño detalle. Razón por la que ahora se encontraban en medio de ese camarote.
—Ese Wallace la ha vuelto a hacer...-Steven no debió haber bajado la guardia y creer que no saldría con una travesura.
—Es espacioso y tenemos vista al fondo marino -Shade estaba disfrutando del par de ventanillas que poseían; allá afuera había enorme variedad de pokémon acuáticos.
—Tomaré la de la izquierda -notificó el peli azul.
—Está bien -le observó de soslayo. Había dos camas individuales separadas por un buró y su curiosa lámpara en forma de Sunflora.
—Has estado criando muy bien a Aron -el pequeño se había aproximado hasta él con la intención de que le acariciara-. Han estado peleando contra otros pokémon, ¿cierto...? -un tenue escalofrío recorrió la espalda de la joven; les había cachado.
—No tantos como crees, Steven -se giró hacia el chico para encararle-. Y en su mayoría eran de entrenadores que se pasaban por la ciudad -se justificó-. Pero esas cosas no tienen importancia... Mira esto -de la bolsa de su short había sacado dos pequeñas piedras, una de un verde suave y otra de un tono carmesí templado; ella sabía que las piedras eran su debilidad, así que había que sacar ventaja de ello.
Tomó ambas sin mayor dilación, examinándoles con su ojo experto. Y por los gestos faciales que hacía, estaba complacido de lo que veía.
—...Lucen como alejandritas... Son bastante raras, especialmente con tan buen grado de pureza. Aunque...es extraño -puso ambas contra luz. En una se apreciaba la bravura del mar y en la otra, la sed caótica del fuego-, ya que deberían adquirir un determinado color tras la incidencia de la luz, sin embargo, son diferentes para cada caso -estaba intrigado al respecto-. Quizás es otro tipo...
—Las hallamos por la zona de manglares.
—He examinado esa parte varias veces y no recuerdo haber encontrado nada significativo.
—Aron tiene buen olfato para esto -y no mentía-. Se parece a ti.
—¿Puedo...? -ella se adelantó a su propuesta y afirmó-. Quizás terminé contratándoles como asistentes -ironizó.
—Nos lo pensaremos -bromeó.
La hora de la comida llegó y eso sólo significaba una sola cosa: era momento de dirigirse hacia el restaurante del barco y ver algo en la carta que fuera de su agrado.
Desde el techo colgaban esos ostentosos y llamativos candelabros de cristal que aportaban su grado de elegancia al ya pomposo lugar.
Un piso protegido y resaltado gracias a aquella carmesí alfombra, mesas vestidas de albos manteles y decoradas con exuberantes flores naturales, y música instrumental de fondo, eran los indicativos de que viajaban en primera clase.
—Tu amigo sí que tiene influencias o dinero -Shade y Steven ya habían tomado asiento y ahora hojeaban el menú.
—Él es...excéntrico en muchos sentidos. Después de su automóvil volador, ya me espero lo que sea con él.
—Mencionaste que es el actual Campeón de la Liga, y que además es un increíble Coordinador; tengo mucha curiosidad de conocerlo.
—Él parece tener ese mismo deseo... Pero por razones distintas -suspiró desganado.
—Algún día me gustaría probar suerte con alguien tan bueno como él o con alguien como tú -hablando de comentarios que descentralizaban al joven Stone.
—¿Quieres ser una entrenadora?
—¿No puedo?
—Nunca dije que no podías. Es sólo que me tomaste en curva, es todo. ¿Puedo saber el motivo?
—...Conocer nuevas regiones –respondió rápidamente-. Y claro, porque es emocionante combatir. Y si quiero hacer algo como eso, necesito ser una entrenadora -versó con el entusiasmo de un crío.
—Necesitarás compañeros de viaje, confiables y fuertes...ya que hay gran peligro allá afuera.
—Si niños de diez pueden hacerlo, creo poder lograrlo también -ejemplificó.
—Pues creo que ya tienes a tu primer compañero -no lo decía sólo porque sí. Ese Aron miraba con enorme seguridad a la joven.
—Pero si es tuyo. Son como familia... Yo no puedo aceptarlo –negó moviendo sus manos de acá para allá.
—Odio admitirlo, pero te quiere más a ti que a mí -sonrió socarrón-. Así que está bien. Sé que lo cuidarás bien, Shade –insistió.
—Cuidaré muy bien de él -ese Aron estaba igual de feliz que ella.
—Necesitarás esto también -frente a ella se hallaban esas miniaturas de ultraballs-. Son más efectivas que las normales y te irán bien ya que estás comenzando.
—¡Muchas gracias!
Steven se quedó completamente como una piedra, tanto por su acción como por no saber cómo reaccionar en momentos fortuitos como esos. No había nada malo en un abrazo, pero fue ten repentino que lo dejó en blanco.
Él sólo miraba el puesto vacío frente a él y experimentaba aún la sensación de aquel abrazo lateral.
—Ahora sí podremos ampliar el equipo, Aron -ya había vuelto a su sitio y charlaba amenamente con su pequeño compañero de acero.
—Ah...-sacudió su cabeza y retomó el tema en el que estaba-. Imagino que querrás hacerte del título de Campeón, ¿verdad? Deberás hacerte de las ocho medallas para poder desafiar a Wallace.
—No estoy interesada en el título. Sólo quiero enfrentarle y si para ello debo obtener las medallas, lo haré -aclaró con tintes de seriedad-. No creo ser capaz de llevar una carga tan grande, y sobre todo, siento que no podría estar quieta, esperando a que vengan a retarme.
—Tu honestidad puede ser abrumadora para muchos -se cruzó de brazos, mirándole fijamente-. Pero es una cualidad que me agrada.
La charla podría haber continuado, pero el repentino trajineo de los pasajeros junto con sus agudos gritos pusieron en alerta a ambos. ¿Qué estaba pasando?
La gran mayoría de las mesas habían sido volteadas y mucha de la utilería estaba hecha añicos. Sin mencionar que casi toda la alfombra estaba empapada.
Quién diría que habría un polizonte a bordo y que quisiera brindarles un verdadero espectáculo.
—¡¿Un Mudkip?! -exclamó Shade en cuanto vio al pequeño lanzando chorros de agua a diestra y siniestra.
—Hay que detenerlo -estipulaba Steven-. Y creo que está es la oportunidad perfecta para ustedes dos -miró a la futura entrenadora, indicándole que debía de ir por ese revoltoso pokémon.
—Podemos manejarlo, Aron.
Evadir los chorros de agua no era demasiado problema. Pero estar a la defensiva no iba a ser suficiente, no cuando ese Mudkip lo menos que quería era quedarse quieto; motivo por el que las embestidas comandadas por Aron no estaban siendo efectivas. Aunque gracias a su defensa férrea el único que se lamentaba por arremeter en su contra era ese pokémon.
—Sólo terminarás lastimándote seriamente si sigues con eso.
Aquel mundo de burbujas impactó contra el piso, denotando que claramente había fallado y ahora debía resistir el embiste de Aron.
Había que felicitarle por no rendirse y estar al pie del cañón. Pero la situación no podía seguir más tiempo de esa manera.
El esférico fue lanzado, no obstante, retornó en un santiamén a la mano de Shade.
—Tiene entrenador...-expresó con cierta incredulidad.
—Pues deberíamos quizás… -le sorprendía que ese pequeño todavía tuviera energías para lanzador un chorro de agua y correr hacía el piso superior. ¿Querría que le siguieran?
Ambos terminaron persiguiendo al pequeño pokémon entre el ancho pasillo de la clase alta de del barco.
Para cuando se dieron cuenta se había detenido frente a una puerta en particular. Incluso estaba empujándola para abrirla; pero su esfuerzo era totalmente inútil.
—¿Y si su entrenador está en problemas y quiere que le ayudemos? -la conjetura de Shade podría ser muy acertada.
—Pero está completamente cerrada con llave -Steven ya había intentado abrir, pero nada.
—Pues él no va a detenerse fácilmente.
No sabían qué era más doloroso, verlo embestir contra esa puerta de acero que no cedería nunca sin importar lo que se esforzara o que sus heridas fueran en aumento.
—Iré a pedir las llaves.
—No hay tiempo para ello -su mirada señalaba al audaz Mudkip que no aguantaría mucho de seguir así-. Aron, ayúdale.
—Tienes razón -con su Aggron aportando su granito de arena, la situación ya no era tan peliaguda.
Sí, había alguien herido y que exigía atención médica urgente, pero no quien estaban esperándose.
¿Cómo habían osado dejar a aquel Absol tumbado sobre el cojinete mientras agonizaba entre una clara fiebre y esa herida en su costado derecho?
—Se ve terriblemente mal -ella intentó acercarse, pero ese fiero guardián le cortaba el paso-. No voy a herirlo, sólo quiero ayudarlo.
—Necesitamos asistencia médica o no podría salir de ésta –Steven se apresuró a buscar ayuda. Cada minuto contaba.
Tras un poco más de insistencia pudo acercarse al malherido pokémon siniestro, agacharse frente a éste y revisar si aún continuaba respirando. Para su suerte todavía podía escuchar las pulsaciones de su corazón; aunque su pequeño atrevimiento había tenido un ligero coste.
—Si todavía eres capaz de reaccionar así, entonces debes estar mejor de lo que luces –aquel arañazo sobre su mano lucía peor de lo que en realidad dolía.
—¿Es aquí donde hay un pokémon malherido? –Shade reconoció de inmediato a esa mujer que permanecía al pie de la puerta; era imposible no hacerlo cuando llevaba ese característico uniforme de enfermera y ese par de Chansey a su lado.
—En realidad son dos –Mudkip yacía tumbado sobre el suelo, intentando recuperar el aliento perdido.
—Por favor, permítenos trabajar. Te aseguro que ellos dos estarán en buenas manos –habló como toda una profesional.
Ella abandonó la habitación junto a Aron para que pudiera trabajar y lograr que esos dos pequeños escaparan de cualquier peligro. De momento debía de buscar un poco de alcohol y una venda, ya que esa herida superficial continuaba sangrando.
Sin embargo, en su trayecto de vuelta a su camarote terminó chocando accidentalmente con alguien que no únicamente iba en sentido contrario, sino que parecía llevar toda la prisa del mundo. Lo cual provocó que ambos cayeran contra el suelo.
—Ungh… Lo siento, no miré por donde iba –ella fue la primera en disculparse.
—Tengo prisa y la gente interponiéndose en mi camino –chasqueó la lengua con malhumor. Incluso ya se había puesto de pie, mirándole detenidamente –vaya actitud tan borde que se cargaba el chaval-. Como sea, debo poner en su lugar al insolente que tiró abajo la puerta de mi camarote.
—Ey, espera…¿tú eres el entrenador de un Mudkip y un Absol? –cuestionó con el humor perturbado.
—¿Ah, te refieres a esos inútiles? Lamentablemente sí… Sencillamente no están al nivel del resto de mi equipo, por lo que los dejé en la habitación para que no molestaran mientras me encargaba de ganar algunas batallas.
—Pues uno de ellos está severamente herido –se puso de pie, por mero impulso. Esas palabras dichas tan a la ligera acompañadas de esa mirada de prepotencia estaban haciendo hervir su sangre sin dificultad alguna. ¿Cómo podía ser tan cretino e inhumano?-. Los pokémon no son débiles, son sus entrenadores los que en ocasiones no saben manejarlos o mejor dicho, no hacen uso de una buena estrategia… No culpes a esos dos por tu propia incompetencia –sentenció crudamente, sin endulzarle las palabras ni un poco.
—¿Me sermonea la persona que tiene un pequeño y estúpido Aron? –su carcajada posiblemente podía escucharse hasta el aflasto-. Mejor úsalo de pisa papales -el pequeño pokémon le gruñó sin condolencia alguna, clavando su enfurecida mirada en él-. Quítate de mi camino piedra con patas.
El primer error de ese hombre fue soltar esa sarta de insultos hacia tal temperamental criatura. El segundo, fue el patearlo para quitarlo de su camino.
—Eres un idiota…tanto por lo que le hiciste a tus pokémon, como por patear a un pokémon de acero y más si sabías que podía hacerte una defensa férrea –Shade sólo miraba al chico girar sobre el suelo, quejándose de un punzante dolor en su pie derecho; seguramente un par de dedos se fracturaron en su estúpido acto.
—¿Qué ha pasado?
—¡Ese chico está llorando del dolor!
—¡¿Pero qué ha pasado?! –no sorprendía que unas cuantas cabecitas chismosas hubieran decidido asomarse desde sus camerinos a ver lo que pasaba en el corredor.
—…Quiso hacerle daño a mi Aron, así que lo pateó indiscriminadamente. Pero cualquiera sabe que eso es un acto no muy inteligente –les dijo ella para saciar la sed de cotilleo que poseían esos ricachones-. Así que con su permiso –ya no tenía más razones para permanecer allí y menos que ahora todos querían enterarse del chisme.
Tras estar de vuelta en su habitación se limitó a dirigirse hacia el baño para lavar su herida y ponerse un nuevo cambio de ropa; la escandalosa sangre había teñido parte de sus vestimentas y no le hacía gracia ir de acá para allá con algo como eso.
Desinfectó la herida con lo que encontró en el salón de baño y buscó una pequeña venda para terminar con el trabajo y no ser sorprendida de nuevo por manchas carmesí en sus ropajes.
—Hay una piscina, ¿cierto? –empezó a hacer memoria al tiempo que abandonaba el cuarto de baño, tomando asiento en su respectiva cama-. Deberíamos ir a disfrutar un poco. Después de conocer a ese patán me ha quedado un mal sabor de boca, Aron.
—Te alegrará saber que esos dos están fuera de peligro y pronto podr…
El ex campeón de Hoenn enmudeció. Sentía que la quijada se le había quedado un poco trabada en cuando notó que había cometido el gravísimo error de haber entrado sin pedir consentimiento.
Ante sus ojos yacía una chica de pie, terminándose de quitar esa terca blusa que no quería quedar al primer jalón. Por lo que tenía frente a él a una joven en ropa interior, terminando de librarse de lo único que cubría su parte superior.
—¡L-Lo…siento…! -vociferó con notable vergüenza tanto en su timbre de voz como en su rostro. Ahora había aprendido por las malas que debía tocar siempre.
—¿Steven…? Me pareció escucharlo…-ahora estaba totalmente sola y no comprendía qué había pasado-. ¿Será que es muy feo este traje de baño, Aron? –el pequeño no comprendía de modas, así que rodó los ojos.
Había tomado la mejor elección de todas en cuanto decidió ir a la piscina para tomar un poco el sol y darse un buen chapuzón. Ya que no sólo había un clima envidiable y propio de verano, sino también mucha gente divirtiéndose a lo grande.
Y aunque le costó algo de trabajo persuadir a cierto hombre para que le acompañara, al final lo logró y ahora contaba con su presencia. Aunque continuaba evadiéndole un poco la mirada por el momento vergonzoso que él mismo creó.
—Ya te dije que era un traje de baño, Steven –soltó por novena vez de camino a la piscina.
—Tocaré la próxima vez.
—Aunque si lo piensas bien…los trajes de baño y la ropa interior son prácticamente lo mismo…-lo había dicho a posta para hacer que Stone terminará ruborizándose tenuemente.
—¡Shade!
—Ya, ya, me disculpo… Aunque…-pasó su mirada en el joven de bermudas negras y camisa blanca-, ¿por qué la camisa?¿No es mejor únicamente con el short?
—Así estoy bien –ya estaba recompuesto de la bromita de la chica.
—¿No piensas meterte en el agua entonces? –curioseó, examinando sus gestos con cuidado.
—Estoy bien de este modo –repitió, a la vez que se dirigía hacia una silla playera de madera con claras intenciones de tenderse allí y reposar.
—Ya vas a estar trabajando quién sabe por cuánto tiempo, así que debes relajarte un poco, Steven.
Ella le había tomado del brazo sorpresivamente mientras que Aron aportó un suave empujón para mandar a Stone dentro de la piscina. Mala idea de estar muy cerca de la orilla y tener a una chica como ella queriéndote arrojar a esa masa de agua sin pensárselo dos veces.
Claramente esa camisa era un verdadero estorbo en esos momentos. Aunque al mismo tiempo podría considerarse como un verdadero regalo divino; al menos así lo veían varias jovencitas de alrededor que se deleitaban de la albina prenda pegándosele al bien cuidado abdomen y torso del ex campeón.
—¿Refrescante, no es así? –preguntó inocentemente. Él solamente sacudió su cabellera.
—Pequeños bribones –canturreó.
—No es tan malo, no te quejes –ella por su lado estaba más que bien en el agua-. No pasará nada si te relajas y diviertes como el resto. Incluso tu cuerpo te lo agradecerá.
—Volverás a tirarme aquí si me salgo, así que…no me queda más remedio –aquella sonrisa espontánea fue la mejor respuesta que pudo obtener. Y por alguna razón le resultó de lo más linda-. ¿Sucede algo? –cuestionó ante el repentino mutismo de la chica.
—Nada. Disculpa –expresó rápidamente-. Veamos lo que el señorito Stone es capaz de hacer –le desafió-. ¿Una carrera de aquí al otro lado de la piscina, te parece?
Debían haber advertido que estar haciendo tanta actividad física terminaría por abrirles el apetito, así que tuvieron que abandonar la piscina y buscar algo para comer.
—Ahora que recuerdo no empezamos siquiera a comer por lo que sucedió con Mudkip y ese Absol –Shade estaba sentada al borde de la piscina, chapoteando un poco el agua. Steven por su lado estaba a su lado, ya sin esa empapada camisa encima.
—Ciertamente me muero de hambre, que hasta creo que estoy oliendo algo delicioso de comer…
No eran alucines propios de la inanición, en realidad no había olido mal. Había algo que estaba provocando que más de uno quisiera acercarse a esa pequeña área donde alguien trabajaba afanosamente frente a aquella parrilla, viéndosele más que concentrada en su tarea por hacer no sólo perfectas crepas sino unas verdaderas obras de arte.
—…¿Qué son? Se ven exquisitas –porque Shade movida por su estómago se dirigió hacia ese sitio.
—Crepas –habló la mujer con una sonrisa llena de confianza-. Son una especialidad culinaria de mi tierra natal.
—¿Están a la venta? –fue la pregunta de Steven.
—Para un caballero tan apuesto como tú, hay precio especial –le guiñó el ojo coquetamente.
—¿Te ha dado frío repentinamente? –estaba claro que Stone sintió un tremendo escalofrío en cuanto esa alta y bien fornida rubia le coqueteó de esos modos.
—No…en realidad…
Había sido una buena compra. El precio era accesible y el sabor era incomparable con cualquier otra cosa que hubieran tenido la oportunidad de probar anteriormente; y bueno, gracias a su apetito terminaron comprando varias piezas. Así que ahora comían cerca de la piscina, como otros más.
—Nunca antes había visto a ese pokémon…-la mirada de Shade no se había despegado de ese rosáceo y encantador pokémon; es que era ternura a niveles estratosféricos.
—A mí tampoco me parece del todo familiar…-aquella monada estaba tomando el sol a su lado, comiendo alegremente lo que su dueña había preparado especialmente para ella.
—Es normal, ya que dudo que alguno de los entrenadores de Hoenn sepan cómo hacer evolucionar a Eevee a su tipo hada –respondió la mujer de mirada violeta-. Su nombre es Sylveon. ¿Una lindura, no es cierto?
—Lo es… Aunque no sabía que existía ese tipo.
—Ni yo…-secundaba Stone-. Nunca se deja de aprender cosas nuevas. Aunque eso me despierta una curiosidad al respecto. ¿De dónde viene usted?
—Oh, no me llames de usted –pidió con amabilidad-. Mi nombre es Roxanne, encantada de conocerlos –se presentó la mujer. Ese par hicieron lo mismo en breve-. Vengo de Kalos para maravillarme del sabor de Johto. Aunque hice una parada momentánea por Hoenn.
—¿Kalos….? Mmm…Está bastante retirado de aquí –Steven sentía enorme curiosidad por un territorio que apenas había tenido oportunidad de conocer a través de los libros.
—¿Y qué tal es?¿Hay nuevos pokémon por allá?
—Es un sitio increíble. Estoy segura de que a ambos les gustaría, especialmente si deciden ir a Luminalia. No hay mejor lugar para el romance que allí –soltó como toda una enamorada empedernida-. Ver a parejas como ustedes me hace recordar mis días mozos.
—¡¿Pareja…?! –si no querían parecer justo lo que no eran, lo estaban haciendo mal-. No somos eso.
—¿En serio? –rió con cierta malicia-. Me disculpo por ello…
—¿Otra vez andas importunando a una pareja, florecilla mía? –una cuarta voz se unió a la plática cooperativa; misma que mostró a su portador en breve.
—¿Florecilla? –a Shade eso fue lo único que se le quedó en la cabeza.
—¿Cuántas veces piensan confundirnos con ese término? –exhaló Steven.
—Les ofrezco unas enormes disculpas, pero ella no ha tenido mala intención –ambos enmudecieron. No sólo era alto, con un bronceado envidiable y lo suficientemente apuesto para causar envidias, sino que parecía ser un buen tipo.
—Ah, no pasa nada –ella flipaba viendo al castaño siendo meloso con quien claramente era su pareja.
—¿Soy el único que piensa que estamos de más aquí?
—Disculpen mi descortesía, mi nombre es Brust Jayson. Soy el encargado del Instituto Paleontológico del Pueblo Petrofligo, en Kalos… Tú tienes que ser Steven Stone, ¿no es así? –él muchacho asintió. Al fin alguien que hablaba su mismo idioma-. Un gusto conocerte. He escuchado muchas cosas buenas de ti.
—El placer es todo mío.
—Ahora que ha encontrado a alguien con su misma pasión no va a callarse en horas –estipuló la blonda, sonriendo de oreja a oreja.
—Eso no lo discuto…-suspiró.
—Te mostraré algo que indudablemente te va a encantar, especialmente por tu amor por la geología, Steven.
—¿Y si damos una vuelta por allí, Shade? –propuso Roxanne.
—Sí. Dejémoslos con su amor por los fósiles y las piedras.
Extrañamente su recorrido por el barco concluyó en la enfermería. Había dos pacientes que quería ver con cierta insistencia, así que no dudó en darse una vuelta por allí. Y la enfermera a cargo pudo notarlas de inmediato, sugiriéndoles que pasaran y vieran a esos dos dormidos pacientes.
—Necesitan descansar y pronto estarán bien –habló la buena mujer-. Me cuesta creer que su entrenador haya dejado que su condición empeorara.
—¿Y su entrenador? –preguntó Shade.
—Vino, pero…-la enfermera suspiró, incluso su mirada se había llenado de enorme molestia-, dijo que ya no los necesitaba y que podía dárselos a cualquier otro entrenador. Dijo algo peor, pero no voy a repetirlo.
—Vaya que es todo un personaje el chiquillo –Roxanna ni lo conocía, pero quería darle un poco de humildad.
—Espero que acepten a otro entrenador.
—¿Y qué hay de ti?¿No quisieras llevártelos contigo? –la mirada de ambas mujeres se dirigió hacia su persona, creando una presión social-. No creo que te rechacen después de que fuiste la que les ayudó.
—Pues… por mí no hay problema…
—Mira, te han venido a saludar –la rubia señaló a esos dos que habían decidido dejar sus pequeñas camas e irles a ver-. Son unos primores.
—Deberían estar descansando –espetaba Shade. Ese par no le escucharon y simplemente avanzaron hacia ella, quedando sentados frente a sus pies. Ésta simplemente se puso a su nivel visual-. Algún día le devolverán el favor a ese entrenador suyo –sonrió con espontaneidad, dirigiendo sus dos manos hacia la cabeza de ese par.
