Disculpen la demora, he tenido un mes bastante agitado con mucho trabajo, además de no encontrar la manera correcta de continuar el fic. ¡Muchas gracias por sus reviews! Espero que disfruten el siguiente capítulo y espero subir el próximo prontamente... Sin más los dejo con el tercer capítulo de
Rukia Kuchiki
Capítulo 3:
-Pues… -Kuukaku bebió de su taza de té seguida por la mirada de su hermano y su huésped –Para planes no tienes nada de pasta –se sonrió maliciosa.
Ichigo le regaló una mirada cargada de resentimiento y gruñó por lo bajo.
-Me temo que mi hermana tiene razón, Ichigo –comentó Ganju mirando al pelinaranja al otro lado de la mesa –Después de todo el escándalo que armaste en la casa Kuchiki, ¿esperas que te reciban con los brazos abiertos?
-Tengo el presentimiento que Byakuya no se opondrá –la voz de la morena mujer plantó algunas esperanzas en Ichigo –Conozco algo a ese personaje y, me temo, que todo esto no fue en lo absoluto parte de sus planes. –volvió a beber de su té –Más bien me arriesgaría a afirmar que estaría más que encantado que lo sacaras de este embrollo. –sentenció ante el asombro del muchacho. –Pertenecer a las familias nobles tiene sus compromisos…
-Eso dijo Rukia –suspiró Ichigo apoyando la cabeza en una de sus manos.
Ambos hermanos lo contemplaron con algo de tristeza. Ganju palmoteó la espalda del pelinaranja.
-Saldrás de ésta, como siempre –le dijo pacificador.
Kuukaku guardó silencio, el siguiente paso decidiría el triunfo o el total fracaso de los osados planes de Ichigo, y para ello ella estaba dispuesta a ayudarle. Después de todo le caía en gracia ese pelopincho.
-¿Cómo hacerte entrar en la casa Kuchiki bajo la aprobación de Byakuya? –preguntó la morena en voz alta, más para sí que para ser escuchada por los muchachos.
Las miradas de ambos hermanos se cruzaron por un segundo, sendas sonrisas se dibujaron en sus rostros.
-Dime algo, Ichigo… -habló nuevamente la mujer con una mirada intrigante. -¿Hasta qué punto serías capaz de llegar con tal de sacar a esa muchacha de esta situación?
-Creo que la respuesta a esa pregunta nos quedó más que clara hace un tiempo atrás… -bufó Ganju bebiendo de su taza de té. Ichigo guardó silencio, la morena acercó su taza a los labios. -¿Has pensado integrarte a alguno de los escuadrones del Gotei 13, Ichigo?
-No, en realidad…
Kuukaku suspiró y dejó la taza sobre la mesa.
-Pues comienza a pensártelo, porque mañana irás pedir tu ingreso. –declaró la mujer. –Pero debes tener en cuenta que una vez dentro ya no puedes salir.
Ichigo la observó detenidamente.
-¿Y eso es un problema?
Ambos hermanos sonrieron satisfechos al tiempo que los tres se levantaban de la mesa.
* * * * *
Nanao ingresó a la oficina a primera hora de la mañana, como todos los días, siempre era la primera en llegar y poner en orden el lugar, aunque siempre permanecía impecable, dado que era realmente la única que trabajaba ahí, su Capitán brillaba por su ausencia.
No menor fue su sorpresa para cuando abrió la puerta divisó una cabellera naranja sentado en un sillón dándole la espalda a la puerta. Honestamente llegó a pegar un respingo, no era usual ver a nadie, si no estuviese muerta hubiera creído que se trataba de una aparición.
-Kurosaki-san –llamó suavemente y el muchacho se volteó a verla.
-Buenos días, Teniente Ise –saludó como si nada tuviera de particular su visita. –¿El Capitán Shunsui tardará mucho en llegar?
-Usualmente no aparece hasta pasado mediodía –respondió la mujer pasando junto a él para dejar aquel pesado libro que siempre cargaba entre sus brazos sobre el escritorio. -¿Puedo ayudarte en algo? –quiso preguntarle qué demonios hacía ahí, pero su discreción se lo impidió. Pero algo en la formalidad de Kurosaki la hizo preocupar.
Ichigo se puso de pie y sacó un papel de entre su shihakusho, se lo extendió a la morena, quien se calzó las gafas antes de poner la vista de lleno en la lectura. Tuvo que aguantar una exclamación de sorpresa, la cual reemplazó por otro acodomo de sus lentes y dejando el papel sobre la mesa.
-Pues… -volvió a acomodarse los lentes –Puedes unirte a tus funciones, Kurosaki, en el cuartel se te darán tus tareas. –Ichigo asintió –Kurosaki… ¿Por qué el octavo escuadrón? –hizo una pausa –Podrías haber solicitado la división que deseases, con un rango mayor…
-¿Qué le hace pensar que deseo estar en otra parte que aquí, Teniente? –preguntó de buen humor –Si me disculpa, tengo algunos deberes que atender.
-Sí, sí, vete… -le dijo extrañada viéndolo perderse por la puerta. -¿Qué tramas muchacho? –se preguntó a sí misma volviendo la vista a aquel papel sobre la mesa y vagando hasta la ventana. Afuera pudo ver pasar una alta figura de cabellos oscuros –Kuchiki… -murmuró y se sonrió dulce.
* * * * *
Se las arregló para ahora cargar una pila de enormes papeles que sobrepasaban su cabeza. Caminaba por el Seireitei con suma calma y disfrutando el tibio sol del mediodía. No le molestaba estar de mandadero de aquel sujeto que estaba por sobre él, y quien se deleitaba de tener de subordinado al shinigami sustituto, ahora parte del Gotei 13. Es más le divertían los aspavientos de su superior sobre la responsabilidad, la antigüedad en el cargo… Quizás ese hombre hablaba demasiado.
Casi llegaba a su destino y se detuvo ante la puerta para cuando una voz conocida le llamó la atención.
-Espera, te abro la puerta, ¡vaya si estás cargado! –Rukia abría la puerta a quien aún no había reconocido tras tantos papeles. –Ya está. –se hizo a un lado para que el sujeto ingresara a la oficina de su Capitán, para cuando éste pasó junto a ella.
-Gracias, enana.
-¡Ichigo! –exclamó y pegó un respingo que la llevó a perder el equilibrio y empujar al muchacho, quien soltó todos los papeles, los cuales volaron por los cielos.
Una carcajada salió de dentro de la oficina y la silueta del Capitán Ukitake se dibujó bajo el dintel.
-¡Pero qué desastre han armado! –rió de buena gana al tiempo que ambos chicos recogían los papeles apresuradamente. –Cuando terminen de recoger eso, déjenlo sobre mi escritorio, tengo una reunión urgente –se retiró aún risueño, menuda sorpresa se había llevado la pobre chiquilla.
-¿Qué estás haciendo aquí? –murmuró Rukia tomando varios papeles con ansiedad.
-Mis tareas –respondió Ichigo sin darle mayor importancia.
-¿Tareas? –preguntó la morena poniéndose de pie con una pila alta de documentos –Estas son tareas de un oficial del Gotei 13, no de un shinigami sustituto.
-Exactamente –Ichigo siguió el movimiento de la chica y dejó los documentos sobre la mesa del Capitán –Bueno, Rukia, me esperan en el escuadrón, tengo otra ruma de papeles que llevar a Toushiro. ¡Nos vemos!
Y sin más se perdió veloz por el corredor, dejando a la chica con los papeles en las manos y con la sensación que Ichigo estaba huyendo de ella. Dejó los documentos sobre el escritorio y cerró la puerta por fuera. Soltó un suspiro.
-Estúpido Ichigo, ¿qué has hecho? –susurró y aquella mueca de desagrado desapareció de sus labios por un segundo.
* * * * *
-Estúpido, estúpido incendio –gruñó el superior mientras ordenaba una serie de documentos sobre el escritorio –Debo levantarme una hora antes todas las mañanas… -Ichigo lo observaba de reojo mientras fingía releer unos papeles. -¡No metas tu nariz en esos documentos, Kurosaki! –el hombre alzó la voz logrando que el pelinaranja lo mirara por sobre el borde del papel -¡Es información exclusiva!
-¿Tan exclusiva como cuánto se gasta en escobillones? –se burló dejando el documento a un lado.
-¿Qué has dicho?
-Nada, nada –bufó aún burlón -¿Decías sobre un incendio?
-Hace un par de días que el hospedaje del Gotei 13 ardió en llamas sin explicación alguna –comentó mientras la ruma de papeles seguía creciendo saliendo de quién sabe dónde –Ni pensar en mi hermosa colección de mariposas, era un maravilloso insectario –suspiró, el muchacho no puedo evitar pensar en cuán extraño era ese sujeto –Pero levantarme al alba…
-Es bastante humillante…
-¿Qué cosa?
Ichigo había captado su atención, era el momento perfecto.
-Ya sabes, viajar tanto, con todas las labores que ya cumples dentro del Gotei 13… Debería haber algún tipo de plan de emergencia, habiendo tantas casa lujosas con miles de vacías habitaciones.
El hombre lo miró intrigado una fracción de segundo.
-¡Tienes razón, muchacho! Ya sabía que ese cerebro tuyo no estaba ahí nada más para teñirte el cabello color zanahoria –rió burlón, Ichigo frunció el ceño -¿Cómo no se me ocurrió antes? –exclamó orgulloso de sí mismo -¡Soy brillante! –suspiró –No más despertares al alba… -guardó silencio pensativo –Zanahorio… -el muchacho lo miró -¿Dónde te hospedas?
-En el cuartel, supongo…
-No, no, no –canturreó –El cuartel es para los de bajo rango y tú, pequeño saltamontes, eres mi subordinado –le revolvió el cabello, Ichigo gruñó por lo bajo –Yo me aseguraré que duermas en una cómoda y lujosa cama en la mejor mansión del Seireitei… ¿Qué te parece… La casa Omaeda? ¿Dónde el Capitán Ukitake? La vista es hermosa… No, no, no… Te mereces el lujo, la elegancia… -chasqueó los dedos –Te conseguiré una habitación en la mansión Kuchiki… ¿Qué tal?
"Excelente" pensó el muchacho.
-Muy agradecido –dijo fingiendo modestia, después de todo los planes de Kuukaku estaban saliendo a pedir de boca y bastante más sencillo de lo que esperaba.
* * * * *
-Mi casa no es ninguna posada –la voz de Byakuya Kuchiki se alzó imponente en la sala de reuniones de los capitanes del Gotei 13.
-Todos debemos sacrificarnos en tiempos de necesidad –el Capitán General interrumpía la creciente discusión que se armaba entre los poseedores de las mansiones seleccionadas para convertirse en albergue de los shinigamis hasta la reconstrucción del hostal. –Que no se discuta más…
Byakuya mantuvo silencio, pero no estaba en lo absoluto de acuerdo con la disposición. ¿Por qué no utilizaban el hospital? Ah, cierto, hubo un fallido intento de tomar por enésima vez el control sobre el Hueco Mundo y todo el batallón regresó gravemente herido. ¡Qué conveniente! Ahora no tenían camas en el hospital ni camas en el hospedaje. Quizás decidiría ir unos días a alguna parte, a dirigir alguna movilización a quien sabe dónde.
-Cambiando el tema –el Teniente del Capitán General imponía orden en la sala –Necesitamos de dos Capitanes, sus tenientes y un batallón para una misión en la ciudad de…
Byakuya alzó la mano, indicando que estaba dentro de la misión. Todos se sorprendieron, incluso Renji cuando le fue comunicado que se trasladarían al atardecer al mundo humano. Nunca pensó que Kuchiki se prestara para realizar ese tipo de tareas, menos que se ofreciera voluntariamente, según llegó a sus oídos. Debía ser una misión realmente importante. Lo mismo pensó Rukia, cuando al llegar a casa se encontró sola en el comedor a la hora de la cena y su joven criado le entregó una nota de su esposo. No volvería dentro de un mes.
-Por cierto, Kuchiki-sama –el joven criado retiraba el plato de la mujer –La trasladaremos al ala oeste de la mansión –Rukia lo miró extrañada –La mansión ha sido destinada para albergue de oficiales shinigami… -ella no cambió su expresión –Ya sabe, el incendio… -asintió en silencio –El Señor no quiere que se la importune con la presencia de personas inferiores…
-Está bien –respondió alzando los hombros -¿Cuántos son?
-Sólo uno, señora –dijo el muchacho.
-¿Y por sólo uno debo moverme de mis aposentos? –exclamó molesta –Por ningún motivo. –hizo una pausa -¿Y quien es ese sujeto?
-Un oficial de bajo rango del escuadrón 8 –respondió el joven –Sólo sé eso. Deberían haber sido más, pero extrañamente todos los que habían sido enviados acá han declinado su puesto en la última hora.
-Pues, ya lleva bastante retraso ese sujeto –bufó la mujer –No es de caballeros hacer esperar a una mujer para la cena.
El joven rió suave.
-No vendrá a cenar, tiene turno nocturno –le dijo tranquilamente –Se me ha entregado su horario… No se preocupe, señora, no creo que se lo tope muy a menudo.
Rukia bajó la vista a su vaso de agua.
-No sería del todo malo, después de todo… -suspiró –Con esto que Byakuya esté lejos, me sentiré un poco sola en esta enorme casa… Aunque pensándolo bien, siempre me he sentido algo sola en este enorme lugar –murmuró para sí.
El joven criado se retiró del comedor con el plato de la mujer, perdiéndose en la cocina.
