¡Muy buenas tardes a todos! Espero que tengan un buen fin de semana y que lo estén disfrutando. Yo como amanecí un tanto inspirada y motivada, me puse a escribir la continuación de este fanfic; y ya que he terminado el capítulo, lo subo XD Porque ya había pasado un buen rato desde la última vez.

¡Agradecimientos especiales a Delighted-Moonlight por comentar y estar al pendiente de mi historia! Al igual que tú, yo también me desaparezco lol.

¡Sin más, disfruten y hasta la próxima! Matta ne~

Capítulo 6

Mensaje oculto

Enmudecieron en cuanto colocaron toda su atención en lo que lucía tan entrañablemente próximo a ellos. Sencillamente las palabras habían perdido importancia y tonalidad; era como si el silencio fuera mucho más apremiante.

Pero no podían emitir comentario alguno. No cuando se habían concentrado en observar lo que a simple vista podía ser considerado como la joya más hermosa que pudieran haber contemplado.

Su estructura amorfa no le reducía valor ni elegancia; podría decirse que era una de las razones por las que su interior se notaba tan vehemente e hipnotizante.

El fuego, bravío e intransigente, luchando por imponerse y mostrar su belleza. La tranquilidad del mar reafirmando su imponente fuerza y excelso juicio. Y la extraña potencia que hacía posible que ambas naturalezas opuestas pudieran coexistir dentro de aquel caso traducido cristal

Ese era justamente el fenómeno que los había cautivado y les llevaba a cuestionarse si de verdad existía algo como lo que tenían frente suyo.

—¿E-Están viendo lo mismo que yo? —preguntó circunspecto Brust. Deseaba saber que no era el único que estaba aparentemente alucinando.

—Sí... Claramente... —Steven sencillamente no podía apartar su atención de las entrañas de aquel enorme pedazo de piedra. No podía existir algo como eso.

—Es verdaderamente preciosa —profesaba Roxanne. Y claramente esos dos hombres pensaban igual.

—Pero... ¿Cuál será el punto de todo esto? Por qué nos están mostrando algo así?

—Quizás...¿haya algún significado? —el peli plateado tampoco podía meditar la situación con demasiado lógica.

—¡Miren! ¡Algo va a suceder! —les alertó la blonda de inmediato.

Sus ojos lo contemplaron. No existía error alguno. Aquello pronto habría de tornarse un mar de fragmentos.

Era como escuchar miles de cristales romperse simultáneamente por una gran fuerza.

Instintivamente se protegieron ante la vertiginosa lluvia de pálidos cristales aun cuando sabían que todo no era más que una mera recreación. Para ellos todo fue demasiado real. Incluso lo sentían así pese a haber regresado al mundo real.

—Fue...de locos... —Jayson sacudió sus ropas por inercia. Era como si creyera que alguno de esos pequeños objetos se hubiera adherido a sus vestimentas.

—Lo fue —le dio toda la razón su colega.

—Y los Unowns han desaparecido —la mirada de la rubia buscó en todas direcciones a los escurridizos pokémon, pero todo fue en vano.

—¿Qué tan noche será? —el moreno examinó su reloj de mano. Eran más de las diez.

—...Y ella no se ve en ninguna parte... —el comentario de Roxanne alertó a cierto ex campeón.

—Iré a buscarla. No son horas para que ande fueras —y era cierto. Así que se marchó de allí con una clara intención.

No le costó ubicarse, así como tampoco hallar aquel arroyo. Pero sabía que vendría el mayor problema de todos: encontrarla en tan frondoso bosque.

Metagross hizo posible el cruce gracias a su levitación y al mismo tiempo le permitiría desplazarse con mayor facilidad; no debían de existir demasiados pokémon que quisieran interponerse en su camino.

—¿Dónde se habrá metido esta vez? —mantenía sus sentidos alerta tanto para localizarla como por si alguna criatura deseaba sorprenderle.

No sabía con exactitud cuánto se había adentrado en aquel pequeño bosque, pero sabía que instintivamente había estado siguiendo aquella pequeña luminaria.

—¿Un farol acaso? O quizás algo más grande... —murmuraba para sí mismo.

El final de su recorrido llegó en un santiamén. Justo cuando su mirada se topó con esa anciana que sostenía férreamente una lámpara de aceite entre sus manos. Detrás de ella se postraba una pequeña pero acogedora cabaña.

—¿Se ha perdido joven entrenador? —ideó la mujer, clavando sus castaños ojos en Steven.

—Buenas noches —los modales ante todo—. En realidad estoy buscando a una joven... Cabello celeste, con heterocromía y un Aron. ¿La ha visto por un casual?

—Parece que esta noche ambos estamos de suerte, joven —habló, guiándose hacia la entrada de su hogar—. Encontré a una joven durmiendo bajo un árbol, cerca de aquí. Me preocupó dejarla allí con tantos pokémon salvajes, por lo que la traje conmigo a casa —ambos ya habían pasado al abrigador y cómodo interior.

Y ciertamente allí estaba la muchacha que estaba buscando, durmiendo profundamente sobre la única cama que había. También se observaba un gran Machoke; seguramente el encargado de transportar a la chica.

—Siento las molestias que pudiera ocasionales —se disculpó de inmediato.

—Descuida muchachito. No hay razón para que te excuses —se dirigió hacia su pequeña cocina para sentarse a la mesa-. Perdona mi atrevimiento, pero no son de por aquí, ¿verdad?

—Estamos de paso solamente —estipuló.

—Deben de tener mucho cuidado. Se oye que hay un grupo de chicos malos haciendo un caos por todo Johto.

—Hemos escuchado al respecto.

—Oh, esta juventud. Ya no guardan respeto por nada. Mira que corromper de ese modo las ruinas —claramente estaba entristecida ante un hecho como ése.

—¿Corromper...? —era un buen adjetivo a emplear para lo que habían hecho esos rufianes, pero quizás había otro motivo para emplear ese calificativo—. ¿A qué se refiere con ello?

—Que existe algo dentro de esa a ruinas que no debe ser perturbado... —respondió seriamente— porque podría traer enormes desgracias. Tanto para humanos como pokémon.

—¿Y eso sería? —podría ser una idea descabellada y fantasiosa, sin embargo, cualquier tipo de información valía en ese momento.

—No se sabe con exactitud, pero se dice que ha estado allí por más de un siglo entero.

—Así que siguiendo ese esquema. ¿Ese sería el motivo por el cual las ruinas han sido corrompidas y destruidas en parte?

—Y ellos también están siendo cazados sin compasión —expresó llena de coraje y tristeza.

—¿"Ellos"? ¿A quién se está refiriendo?

—A los Unowns...

—Es cierto. Hasta el momento han estado detrás de ellos junto con la destrucción de las ruinas... ¿Pero por qué?

—Ellos son posiblemente las criaturas que están más conectadas a los misterios más entrañables de nuestro mundo... Posiblemente los Unowns saben una verdad que alguien desea conocer a todo lugar...

—Ese algo que yace en las ruinas...

—Bueno, esas son las conjeturas de la gente vieja como yo —agregó con mejor humor.

—Yo creo que podría existir algo de verdad en todo lo que dice —confesó Steven. En un mundo dominado por criaturas mágicas todo era factible.

—Eres un buen chico. Así que creo que las cosas están bien de este modo —él iba a pedir una explicación hacia eso último que lo dejó totalmente patidifuso, pero alguien parecía al fin haber despertado.

—¿Dónde... estoy? —estaba totalmente desubicada. Nada allí le resultaba familiar; no hasta que se topó con el ex campeón—. ¡¿Steven?!

—Te quedaste dormida en medio del bosque y esta amable mujer te salvaguardó —aclaraba el joven.

—¿Ah? ¿De verdad? Vaya vergüenza —enfocó su mirada en la anciana que le había salvado, dedicándole una pequeña sonrisa—. Muchas gracias y disculpe las molestias. Aunque juro que lo último que vi fueron a esos pokémon. Entonces, ¿me desmayé sin más?

—Lamentamos haberla infortunado a estas horas. Así que procederemos a retirarnos —y con esa idea en el aire, Shade se puso de pie y caminó hacia Steven.

—Buenas noches —ella fue la primera en salir, seguida en poco rato por él.

—¿Qué tan descuidada puedes llegar a ser? —sabía que algo como eso le soltaría en cuanto estuvieran a solas.

—¡No es lo que parece! —él la miró con la intención de que se diera a explicar—. Verás lo que pasó en realidad fue...

No demoró demasiado en contarle lo acaecido, no cuando era bastante breve su pequeña aventura recién vivida. Sin embargo, Steven parecía estar más serio que de costumbre.

—¿Qué pasa?

—Es que nosotros también tuvimos un encuentro con los Unowns... Pero ellos nos mostraron algo muy extraño... —en definitiva todo estaba volviéndose muy desconcertante y las respuestas parecían poseerlas únicamente esos pokémon.

—Pues como dije. Ellos parecieron haber creado esa cabaña y luego la desaparecieron sin más... Cuando me di cuenta, ya estaban allí. Aunque no eran tan numerosos... —mencionó más que segura de ello.

—También está lo de esos chicos... Qué bien podrían estar relacionados con lo de las ruinas... Demasiados misterios y pocas respuestas.

Habían pasado únicamente un par de días desde que el extraño acontecimiento se suscitó y ahora lo único que tenían en manos era aquel perfectamente elaborado dibujo que les recordaba que lo que habían visto no había sido un mero sueño o producto de una alucinación colectiva. Aunque quizás el saber que todo fue una mera ilusión les permitiría seguir y no cuestionarse sobre lo que vivieron esa noche.

—Dibujas increíblemente bien, Roxanne —volvió a felicitarla en cuanto contempló una vez más aquella espléndida gema; se había esmerado en ponerle los tonos adecuados que prácticamente parecía como si fuera a cobrar vida en cualquier instante.

—Es una de mis tantas cualidades —mencionaba la mujer de manera muy modesta-. Y veo que ya te están quedando mejor los pokélitos —felicitaba la blonda en cuanto contempló aquella pequeña cesta llena de esos coloridos pastelillos.

—Es porque me has ayudado en realidad —confesó.

—Debe ser duro no recordar nada sobre tu pasado —comentó, centrando sus pupilas en quien todavía continuando apreciando su obra de arte.

—Lo es, pero de momento no gano nada con alterarme. Quiero creer que todo eventualmente volverá a mí de un modo u otro. Solamente espero que no tarde demasiado…—suspiró con cansancio.

—De todos modos no puedes quejarte de nada, estás siendo cuidada por un apuesto hombre —mencionó con inocencia fingida, guiñándole el ojo en son de complicidad.

—No es lo que parece, ya te lo dije —replicó. Era inútil intentar discutir al respecto—. Somos amigos y estoy sumamente agradecida con lo que ha hecho por mí.

—¿No te gustaría venir conmigo a Ciudad Malva a comprar algunas provisiones? —preguntó, cambiando abruptamente de tema.

—Por supuesto que sí —una amplia sonrisa le dominó el rostro ante semejante petición. Después de todo, lo que más ansiaba era explorar los alrededores y qué mejor una ciudad.

En cuanto colocó el primer pie en esa concurrida ciudad al sur de Johto, supo que había valido la pena toda la travesía bajo el inclemente sol del mediodía. También entendió el entrañable encanto que guardaba todo el lugar y que seguramente había enamorado a muchos visitantes.

Donde quiera que colocara se podía apreciar pequeños rascacielos, establecimientos muy variados, un gran número de personas transitando por las callejuelas y esa enorme actividad propia de las grandes ciudades.

—Es realmente enorme —mencionaba la peli azul conforme empezaba a seguir los pasos de la rubia.

—Por supuesto que lo es. Especialmente porque cuenta con un líder de gimnasio —ella se encargaría de guiar a Shade—. Cuando tengas más compañeros, podrías intentar probar suerte. Aunque eso sí, los líderes de gimnasio son enemigos formidables.

—Es una idea que me he venido pensando —su mirada se deslizó hacia su Absol, quien decidió salir de su pokeball para acompañarle.

—Después de que terminemos podríamos visitar la Torre Bellsprout —recomendó—. Está justo al norte de la ciudad y quizás podrías capturar algún pokémon para incrementar tu equipo.

—¿Qué es lo que anda sobrevolando esos edificios…? —no había ubicado la susodicha construcción, pero había logrado avistar algo que no formaba parte del cielo de Ciudad Malva.

—¡¿Un Charizard…?! —fue su grito exclamativo antes de que se agachara velozmente junto con la peli azul. Sus buenos reflejos les valieron no salir volando ante el descenso tan precipitado y agresivo de ese lagarto de fuego.

—¡¿Otra vez ha vuelto a aparecer?!

—¡Que alguien llame al líder de gimnasio!

—¡Está destruyéndolo todo, que alguien lo detenga! —muchas voces más se unieron al escándalo colectivo que surgió en cuanto el pokémon de fuego empezó a bajar su altura de vuelo y rondar entre los edificios y casas.

—Parece bastante enfadado —Shade aún continuaba tumbada sobre el suelo al lado de la rubia.

—Si dejamos que continúe haciendo lo que quiera, terminará incendiando la ciudad —y lamentablemente estaba en toda la razón.

Y antes de que pudieran siquiera enviar a sus compañeros a la lucha, se escuchó ese fuerte alarido. Era uno que provenía directamente de ese enfadado Charizard; al parecer alguien había decidido tomar cartas en el asunto antes de que personas inocentes pudieran salir lesionadas y empezar a enfrentarle directamente.

Ese fiero lanzallamas no significaba nada si cuando intentaba impactar directamente contra el aerodinámico cuerpo de Pidgeot se encargaba de evadirlo en el momento exacto para inmediatamente después arremeter con un rápido ataque ala; logrando así desbalancear ligeramente a Charizard.

—¡Ataque rápido, ahora! No permitas que se recupere —no era un simple entrenador el que había aparecido a salvar el momento, sino el mismísimo Falkner.

—Así que el líder de gimnasio ha aparecido. Eso será de gran ayuda, ¿no lo crees Sha…? —sus palabras las recibió el inmenso vacío. La chica ya no se encontraba allí, se había extraviado de su centro de atención—. ¡¿Pero dónde se ha metido ahora?!

No se había escabullido de su acompañante únicamente porque sí. Existía una razón de peso que le obligó a movilizarse lo más pronto posible para no perder de vista a su objetivo; uno que para colmo se encontraba corriendo a toda velocidad, mientras gruñía en todas direcciones en cuanto la gente se cruzaba en su camino.

¿Qué es lo que pasaba con su Absol?¿Por qué estaba comportándose de ese modo y cuál era su afán en dirigirse hacia el norte de la ciudad?¿Qué había allí que quisiera buscarlo con tanta insistencia?

—¡Absol, detente! —pedía inútilmente Shade ya que el siniestro pokémon no frenaba su avance.

Lo único que conseguiría si continuaba clamando por obediencia, sería cansarse antes de que pudiera alcanzarle. De manera que se limitaría a seguir sus pasos cuidadosamente y ver si podía hallar el motivo de su comportamiento.

—Ungh…Esta es la Torre Bellsprout…Es mucho más grande de lo que pensaba…—alzó su mirada hacia lo más alto de la pagoda mientras recuperaba el aliento y pensaba que sería un dolor de cabeza hallar a Absol cuando había tantos pisos que inspeccionar.

Se resignó a entrar y comenzó con la necesaria búsqueda. Una que parecía haber concluido en el último piso en cuanto sus ojos contemplaron a su bribona amiga en compañía de aquel hombre mayor de vestimentas budistas.

—¿Eres tú la dueña de esta criatura? —ella asintió al tiempo que se aproximaba hasta donde ambos se postraban.

—Lamento las molestias que pudiera haberle causado. Repentinamente salió corriendo hacia aquí y no pude detenerla.

—No creo que debas disculparte por su desplante, señorita —mencionó, pasando su calma mirada de ella al albo pokémon—. Si está aquí es porque ha previsto una catástrofe.

—¿Una catástrofe? —caviló confusa.

—Cada vez que un Absol aparece ante la gente, ocurren calamidades naturales como terremotos o maremotos… Y la gente tontamente los señala por ser criaturas que llevan consigo la mala suerte.

—Eso justificaría por qué razón se puso a gruñirles a todos los que nos topábamos…

—Quizá deseaba hallar a alguien que pudiera traducir su mensaje a todas las personas y evitar así, grandes desgracias —comentó seriamente. Incluso cuando se veía tan sereno, esos gestos de preocupación torcían su ceño—. Eres muy servicial —sin miedo alguno, acarició el mentón de Absol, como un premio por su buena obra.

—Pues entonces lo mejor será que avisemos a las personas para que na…

Nadie podía decir nada más. No cuando lo único que les importaba en ese momento era sujetarse tan fuerte como era posible al desquebrajado suelo y no mirar hacia lo que yacía más abajo, a decenas de metros y que les llamaba con la vehemente fuerza de gravedad.

La tierra se había agitado en cuestión de segundos con enorme poderío, como si rugiera con furia y quisiera dejar un violento mensaje. Y pese a su casi efímera duración, había causado los suficientes estragos como para sumir a la ciudad entera entre caos, pánico y numerosas construcciones seccionadas a la mitad.

Y la Torre Bellsprout tampoco había quedado en mejores términos.

—¡Sujétate fuertemente, no vayas a soltarte! —gritaba el hombre desde el otro lado de la torre. La pagoda había quedado dividida casi en su totalidad, manteniéndose tambaleante y endeblemente unida por ese par de vigas de madera que conectaban a ambas secciones.

—Quédate en donde estás Absol —recomendaba, aferrándose tanto como podía a la orilla de piso que aún no se había destruido—. Si hay más peso de este lado, esto se desplomará —el siniestro pokémon literalmente estaba sobre las traviesas que permitían que esa construcción no se desplomara en su totalidad.

—No estaba esperando a que esto sucediera tan pronto —habló, intentando subir hacia lo que quedaba de piso y sentirse un poco más lejos del suelo. Pero desistió en cuanto sintió el horrendo bamboleo que estremeció los cimientos de la torre—. Tendremos que esperar a que alguien venga a ayudarnos.

—El problema es que toda la ciudad está en problemas. No somos los únicos que estamos en apuros —podía sentir cómo sus manos se resbalaban poco a poco; así como el lento pero constante desquebraje de la madera—. ¿Cuánto tiempo resistirá este sitio? Espero lo suficiente para que podamos salir de aquí y no morir sepultados entre un mundo de escombros.

No gritó porque no tuvo el tiempo suficiente para ello. Solamente había podido lograr reaccionar con la suficiente agilidad como para frenar su caída sujetándose de lo primero que tuvo a la mano en cuanto llegó al piso inferior.

—¡Ey, ¿estás bien?! —exclamó lo suficientemente fuerte como para hacerse escuchar. Pero al no obtener respuesta alguna se aventuró a echar un vistazo hacia abajo. Allí estaba, sujetándose tanto como podía, luchando por no volver a caer.

—…Necesito encontrar a los demás… Tengo que hallarlos y avisarles de lo que está pasando… Si no hacemos nada, entonces…—el hombre no comprendía por qué motivo estaba diciendo algo como eso y sobre todas las cosas, ¿por qué estaba intentando subir hacia el escaso piso que todavía quedaba sabiendo las consecuencias que eso acarrearía?

—¡Detente, si haces eso, esto será más inestable y podríamos caer!

—Ungh…Mi…cabeza…Siento que me va a estallar…—musitó, casi como una oración secreta—. ¿Pero qué estoy intentando hacer?¿Cómo es que ahora estoy en el piso de abajo?¿Por qué…no recuerdo nada de cómo llegué aquí?

—¡Agárrate, ha empezado nuevamente a temblar!

¿Cuántos dígitos tendría que teclear para que la primera muralla de sólido y grueso acero empezara a ceder y permitirle el tránsito por aquel ancho pasillo iluminado artificialmente por numerosas lámparas de pared?¿Es que ahí terminaba el último escalón de seguridad? Aparentemente tendrían que cruzar unas cuantas puertas más para poder estar seguros de que nada indeseable pudiera acceder hasta donde se encontraban.

Tampoco era como si existieran tantas personas que se atreverían a husmear en las entrañas del suelo.

—Sr. Zhero, sea bienvenido —saludó con enorme respeto quien indudablemente estaba a cargo de todo.

No eran todos esos numerosos hombres de bata lo que importaba atender, sino lo que existía en el centro de tan monstruoso laboratorio tecnológico. Sí, eso que no pasaría desapercibido por nadie sin importar lo distraído que se pudiera llegar a ser.

—¿Qué es lo que tenemos ahora, profesor? —preguntó con enorme interés, sin despegar su ambarina mirada de lo que ocupaba prácticamente un tercio de todo el espacio que allí existía.

—Hemos estudiado cuidadosamente sus componentes y no hemos hallado absolutamente nada relevante. Es decir, posee asociaciones de varios minerales de manera heterogénea, con una composición química variable… En breves palabras, no es más que una roca de forma muy curiosa.

Aquella base fuertemente sedimentada sobre el piso era lo único que impedía que aquel icosaedro regular de piedra cayera y se destruyera con una celeridad abrumadora. Y simultáneamente permitía que pudiera ser observado y estudiado cuidadosamente.

—¡P-Pero…eso no es lo único que tenemos en el informe! —palideció en cuanto sintió era severa mirada sobre él. Estaba claro que vino a escuchar algo más de lo que ya se veía a simple vista.

—Escucho —parecía ser que él era el único que tenía la autorización para palpar la áspera superficie de tan particular piedra. Era como si buscara que su tacto pudiera brindarle algo de información.

—Hace unos días…algo extraño ocurrió —habló con tartamudez el científico, pero se encargó de aclarar su garganta.

—Sea directo y déjese de rodeos innecesarios —estipuló fríamente el pelirrojo.

—Más allá de las técnicas químicas analíticas, empezamos un monitoreo diario a razón de que uno de mis ayudantes creyó estar escuchando un ruido extraño cerca de donde permanecía este poliedro rocoso. Creía que estaba oyendo cosas que no, pero…cuando utilicé un estetoscopio que tenía entre mis cosas viejas, me llevé una enorme sorpresa. De hecho, todos quedamos anonadados. Algo como eso simplemente no podría estar…

—¿Ocurriendo? —completó el oji dorado—. Lo que les he traído para que investiguen no es una mera piedra antigua con forma curiosa. Es la recompensa por todos mis años de esfuerzo e investigación.

—Es como si…hubiera algo vivo dentro de esa roca…Como si un corazón hubiera decidido empezar a latir…—mascullaba el científico sin dar crédito a lo que él mismo había escuchado.

—¿Ha sido constante? —el hombre negó con la cabeza—. Quiero que me hagas un informe sobre los días en los que has detectado esa actividad, ¿entendido?

—A la orden, señor —aunque había aceptado la orden, había algo que él deseaba saber—. Y disculpe que sea así de impertinente, ¿pero…qué se supone que es eso?¿De dónde la ha sacado?

—Existen cosas que son mejor no contar a nadie —había concluido con su inspección y ahora se enfocaba en el hombre que seguía sus órdenes—. Su obtención es prácticamente un milagro; algo que no muchos podrían siquiera imaginarse… Y es algo que ahora me pertenece únicamente a mí.